
LA PASIÓN DE JESÚS
En ALEXANDRINA M. de COSTA
al lector con el augurio que, leyendo y meditando, suba tan, de sentirse decir de Jesús:
«Tú me quieres cuando lloras y cuando sonríes; me quieres en el dolor y en la alegría; me quieres en el silencio y hablando: me quieres en todo»
El tribunal eclesiástico de la diócesis de Braga inició el proceso sobre las virtudes y fama de santidad del me valga de Dios Alexandrina Maria de Costa el 14.1.1967. Interrogados a 48 testigos y aprobados los escritos, fue cerrado felizmente el 10.4.1973. En el mayo siguiente toda la documentación pasó a las Congregaciones romanas. En el diciembre de 1975 los teólogos especializados en dogma, moral y mística dieron su voto positivo sobre los escritos del me Valga de Dios.

Presentación
LA VOCACIÓN DEL CRISTIANO È A. LA PASIÓN DE CRISTO
La invitación de Jesús al hombre porque su discípulo se vuelva comporta la participación y la conformación a su Pasión (Mt 10,16), para establecer una relación de parecido entre el Maestro y el discípulo (Gv 10,4 ss).- La inserción en Él como sarmientos en la vid (Gv 10,17), como incluso la necesidad de quedar en su amor, significa observar su palabra, como por Él quedar en la palabra del Padre significa actuar su palabra, es decir aquella voluntad que le impone de ofrecer la misma vida por el rebaño (Gv 10,17). Según la enseñanza de Cristo, pues, verdadero discípulo es el que revive su misterio de muerte, o mejor el que acoge en si Cristo para revivir su Pasión. Así el apóstol Paolo ha entendido y vivido el misterio de Cristo.- El Evangelio es eso es: «Nosotros predicamos Cristo crucificado» (1 Cor 1,23).- La vida de Paolo es una reproducción viva de la vida de Cristo. «Yo quiero jactarse solamente de éste: de la cruz del nuestro Sr. Jesús Cristo:- porque Él ha muerto en cruz, el mundo ha muerto por mí y mí he muerto por el mundo» (Gal 6,14); «siempre Llevamos y dondequiera en nuestro cuerpo los sufrimientos de Jesús moribundo, para que también la vida de Jesús se manifiesta en nuestro cuerpo» (2 Cor 4,10).- Y el apóstol se siente confitto en cruz: «He sido crucificado para siempre con Cristo...- pues no soy más yo que vivo, pero es Cristo que me vive en mí.- E incluso siguiendo viviendo en la carne, ya yo vivo por la fe en el Hijo de Dios, el que me ha querido y le ha sacrificado mismo por mí» (Gal 2,19 ss).- El deseo de Paolo, en el salto hacia la perfección, es de conocer la fuerza de su Pasión, como de su Resurrección y de quedar configurado a su Muerte (Fil 3,8-11).- - «A través del bautismo que nos ha unido a Su muerte, hemos sido pues enterrados con Él, para que, como Cristo es resucitado por los muertos a través de la potencia gloriosa del Padre, tan también nosotros viviéramos una nueva vida» (Rm 6,4), es decir:- «Le hemos sido unidos totalmente a con una muerte parecida a la suya» (Rm 6,5).- Luego en la vida cristiana, cuando alcanza su vigor, su floración, tendrá que necesariamente manifestarse también esta asimilación a la Pasión de Cristo, con la misma claridad con el que se manifiesta la vida de la Grazia, la presencia del Cristo en el alma.- Por tanto, si tal plenitud es capacitado consigo para cierto connaturalità la experiencia, también Cristo crucificado será la gran realidad de la experiencia cristiana. El propio Jesús ha hablado de la presencia de su Espíritu, cuando los discípulos sean llamados a darle testimonio por la pasión y la muerte (Mt 10,20).- La palabra de Jesús encuentra confirmación en toda la tradición cristiana.- Ignazio de Antioquía escribe: «A través de la cruz el Cristo, en su Pasión, todo os invita que sois sus elementos. El jefe no puede existir aparte sin sus elementos» (Trall 11,2). La hagiografía cristiana es rica en testimonios de esta presencia de Cristo en la vida de los fieles, sobre todo como triunfador sobre el dolor y sobre la muerte.- En la rica fila de los místicos cristianos no son pocos los que han revivido de modo extremadamente realista el drama de la Pasión de Cristo, en su cuerpo y en su espíritu.- Y es gracias a su experiencia de la presencia de Dios y su acción en las almas místicas, que la teología conoce las relaciones íntimas entre las Personas divinas de la Trinidad y su obra en las almas.-
LA PASIÓN EN ALEXANDRINA
El fenómeno de la Pasión de Jesús en Alexandrina se averiguó durante el arco de 17 años:- del 1938 al 1955. En este largo intervalo de tiempo hace falta distinguir dos períodos, en los que el fenómeno se ha manifestado con características diferentes; indicaremos respectivamente con «participación física » y «participación interior » estas dos formas o modos de manifestarse del fenómeno, por comodidad de denominación; hacemos pero bien presente que la Pasión es sustancialmente única, siendo al mismo tiempo nosotros sufrimientos del cuerpo y el alma, física, morales y espirituales, inseparables.- - - - - - -
1. Participación física
En el 1° período, del 3 de octubre de 1938 al 20 de marzo de 1942, el fenómeno ocurrió en días y horas determinadas:- 12 da a las 15 del viernes. Alexandrina revivió ordenadamente las varias fases de la Pasión de la agonía en el huerto a la muerte, en estado de éxtasis. Sus sentimientos y sus reacciones a los dolores fueron hechas manifiestas por actitudes, gestos, expresiones de la cara y todo el cuerpo, fácilmente interpretables os pudo asistir de quién. 2 padre Pinho ha escrito al respeto: «Nosotros tenemos visto desarrollarse al natural el drama de la Pasión, aunque no apparirono los estigmas, porque Alexandrina preguntó que nada apareciera al exterior.- - La Pasión fue violenta y los presentes lloraron sollozando a aquel espectáculo de dolor visible» (cf Cristo Jesús en Alexandrina, p.- 730). El profesor de mística, Mendes doy Carmo, ha afirmado:- ¡«Y un ángel crucificado! ». La maestra del país, Saòzinha, y otros han testimoniado: «Fuimos pasajeros en espíritu en las botaduras lugares de la Pasión de Jesús. Nadie pudo seguir aquellos escenas sin llorar».- La hermana Diolinda, en una carta a p. Pinho habla del fenómeno Pasión revivida el 7.4.1939:- «Mi padre, cosa fue nunca el viernes santo: ¡fue de veras día de Pasión! ¡Antes de iniciar, que vuelve de aflicción tuvo! Temió el transcurrir de aquel día y dijo: "Querría que ya fuera pasado."- La conforté como pude y lo acaricié, a pesar de que también yo estuviera harta de miedo y de aflicción.- - Durante la Pasión no pude no llorar y vi que casi todos los demás presentes lloraron. ¡Qué espectáculo conmovedor! La agonía en el huerto fue larga y afflittiva. Se oyeron gemidos muy profundos y a veces sollozó. ¡No le hablo de la flagelación y de la coronación de espinas! Los golpes de flagelo ellos tomados de rodillas y como si tuviera las manos atadas.- Le acerqué una almohada a las rodillas, pero ella cambió sitio, no lo quiso. Tiene las rodillas en pobre estado. Las percusiones no se contaron: duraron durante mucho tiempo... El se vio desmayarse.- También los golpes de caña sobre la cabeza coronada de espinas fueron innumerables.- Durante la Pasión vomitó dos veces: solamente agua porque no tuvo nada en el estómago. El sudor fue mucho que el pelo fue amasado; le pasé la mano sobre los vestidos y la retiré mojada. Al fin de la coronación de espinas pareció un cadáver. Vinieron a asistir el canónico Borlido (de Viana doy Castelo) y dos personas; tan incluso el dott.- Almiro de Vasconcelos (de Penafiel) y su novia con la hermana Giuditta». A propósito del peso de la cruz que cargó sobre los hombros de Alexandriina durante la fase de la subida sobre el Calvario, recordamos este episodio. Durante la Pasión revivida el día 29.8.1941, el dott. Azevedo invita a uno de los sacerdotes presentes a levantar del suelo a la adivina caída bajo el peso de la cruz (mística).- - Es elegido el más robusto; la coge bajo las axilas, pero todos sus esfuerzos son inútiles. Explica: ¡«Con toda mi fuerza, no logro! ». ¡Alexandrina pesó entonces unos 40 kg! Después de que el Cirineo ha tomado sobre de si la cruz, el dott. Azevedo invita al mismo sacerdote a levantar Alexandrina; este os logra sin esfuerzo. La explicación es evidente:- la primera vez hubieron dos pesos; la segunda vez fue el solista peso de la adivina. En otra ocasión, durante el fenómeno en estado de éxtasis, P. Pinho las impuso de decirle cuál el peso de la cruz. Y Alexandrina en actitud muy grave: ¡«Mi cruz tiene un peso mundial! ».
2. Participación interior
En el 2° período, del 27 de marzo de 1942 hasta a la muerte, Alexandrina revivió fuera la Pasión del éxtasis y no más en días determinados, sufriendo íntimamente de modo que nada filtrara al exterior, más bien a veces cubriendo el drama profundo con una dulce sonrisa.- - - El 19 de junio de 1946 dijo al suyo según director:- «En otros tiempos estos sentimientos y sufrimientos los probé especialmente durante las tres horas del viernes entre las 12 y las 15; los dolores de la Pasión se sucedieron con orden; hoy no.- El desaliento por estos dolores casi siempre persiste, al martes, miércoles, jueves o bien al viernes; en horas no obsesiones ahora pruebo este, ahora aquel otro tormento de la Pasión». Jesús, durante la Pasión, ha sufrido los tormentos infligidos él de los hombres y al mismo tiempo los que se ha infligido Él mismo, en cuanto voluntariamente tiene hecho propio los pecados del mundo (1 Pt 2,24; Is 53,4). Se entregado a la justicia de Dios, se ha encontrado totalmente sólo, no solamente a padecer su agonía, pero también a conocerla. Y tan puros Alexandrina. ¿P. Corne no llama quizás a Jesús «el pecador universal, el pecador de todos los tiempos y todos los lugares, sobre el que Dios hace pesar todo el rigor de su justicia»? Y p. ¿Monsabré «el encuentro de todos los ultrajes y todas las llagas»? Mons. Gay de su parte escribe: «Y la verdad que Jesús, la bendición viviente e infinita, siendo hecha él pecador por todo, tiene que ser maldecido por todo». La muerta física es así la consecuencia de aquella muerte espiritual que es la separación del hombre de Dios. Según Cullmann, sería esta muerte total enemiga de Dios, la causa de la angustia de Jesús en el huerto del Getsemani, más que la crucifixión y sus circunstancias...- No, Él no puede vencer la muerte que realmente muriendo, rindiéndose al mismo dominio de la muerte, el gran distruggitrice de la vida, de la unión con Dios.- Granfield comenta el grito de Cristo crucificado: ¡«Mi Dios! ¿mi Dios, por qué me has abandonado? », afirmando: «El peso del pecado del mundo, la identificación completa de Jesús con los pecadores implican un abandono no sólo oído, pero real de parte del Padre.- - En este grito de abandono es revelado el lleno horror del pecado del hombre». Sólo el amor puede inspirarse en desarrollar un papel parecido. El Cristo doliente no es solamente una manifestación fulgurante de la misericordia divina; pero también es una revelación fulgurante de la malicia del pecado y la espantosa catástrofe en que los pecadores se precipitan, por el hecho mismo que se alejan de Quien sin el que soy un nada y que es el manantial único de cada vida y felicidad.- Todas este verdades no son expresadas en el Evangelio, pero de maestros en ciencias teológicas y en sede experimental en las páginas del diario de Alexandrina, la mística, casi analfabeto según la cultura humana, y de otras almas místicas cristianas.- Bien a razón Jesús le dijo: «La crucifixión que tú tienes es de las más dolorosas que la historia puede registrar». Meditando la se logra realmente a profundizar a nuestro conocimiento del amor del Cristo doliente y redentor. También se hará cuenta de la obra que desarrolló en la redención la Madre de Jesús y nuestro, como también del valor salvador del sufrimiento de cualquiera alma que sepa aceptarla con amor en unión con Jesús.-
3. Los efectos de la experiencia de los místicos
Una segura garantía del auténtico carisma místico es un vigoroso dinamismo eclesial y apostólico, en perfecta sintonía con el magisterio de la Iglesia. La obediencia perfecta y heroica a la autoridad eclesiástica, practicada por Alexandrina, fue reconocida oficialmente por el Tribunal diocesano que desarrolló de ello el proceso sobre las virtudes excepcionales y aprobó de ello los escritos.- Todos los escritos de Alexandrina ya son convalidados también por el voto positivo de los especializados en dogma, moral, mística de las Congregaciones romanas.- Este nos invita a considerar los principales efectos que nacen de la experiencia mística del me valga de Dios: a. Un conocimiento no común ni fácil de los hechos, sentimientos y circunstancias de la Pasión de Cristo, que no se encuentran expresados en los Evangelios, u os son señalados apenas.- b. Un conocimiento particularmente profundo e intenso de los dolores íntimos y espirituales del Salvador, más allá de sus dolores físicos. Una verdadera contribución a la penetración de la psicología de Jesús. c. La revelación del amor indecible, misterioso y casi «absurdo» de Cristo para el hombre. Amor que, en la Pasión y muerte de Jesús, encuentra su expresión más alta.- «Nadie tiene un amor más grande de éste: morir por los mismos amigos» (Gv 15,13).- Obviamente es este el aspecto más conmovedor, porque el alma es conducida hacia el abismo de aquella caridad de Cristo que aquí Alexandrina, con S. Paolo, siente experimentalmente «como superior a cada conoscimento humano» (Ef 3,19).- En esta experiencia de la única oblación redentiva de Cristo, ralea una vez para siempre (Eb 10,10) el alma mística siente más que nunca que la Pasión «es la más gran y estupenda obra del divino amor y conjunto que es un mar de amor y dolor».- S. Giovanni de la Cruz, hablando de las grandes comunicaciones que el Dios hace al alma en los altos grados de la experiencia mística, afirma que «las comunica especialmente los dulces misterios de su encarnación y los modos y las calles de la humana redención»; en otro lugar dice que «el alma se reviste y se transforma en los mismos resplandores del Verbo encarnado y goza alegrías más puras del espíritu aunque este itinerario espiritual es acompañado por lo puro padecer».- - -
MOTIVACIONES ES ORIGEN DE ESTE TRABAJO
«El mundo no comprende lo que sufrió a Jesús» (Diario, 25.10.1945). «Yo querría dibujar en un cuadro todos los sufrimientos de Jesús que siento en mi alma y poder imprimirle en todos los corazones para que sientan y comprendan lo que sufrió a Jesús; y así no pequen más, no lo ofendan más, sólo lo quieran, porque sólo el amor divino sea el fuego por los corazones de toda la humanidad» (Diario, 18.10.1945).- - Este ardiente deseo de Alexandrina incluso nos ha cogido y hemos oído la urgencia de satisfacerlo. Particularmente cercanos a Alexandrina (en calidad de director espiritual) también hemos oído el deber de difundir los tesoros de que el Dios la ha colmado, por el bien de las almas.- - Ya en nuestro volumen Cristo Jesús en Alexandrina se encuentran descritos muchos momentos de la Pasión pero soy tan fragmentados y distanciados en las botaduras deducciones por una sumaria autobiografía, que no presenta aquel cuadro deseado por Alexandrina.- Cavando en la profunda y vasta mina de material precioso de que estamos en posesión, hemos llevado a la luz las piezas más significativas y los hemos compuesto en un conjunto, el más orgánico que ha habido posible. El cuadro elaborado no logra cierto a dar una visión completa por dos motivos: 1. La experiencia enseña cuánto sea difícil expresar con la palabra los movimientos del alma, sobre todo cuando el lenguaje humano tiene que traducir realidad y operaciones divinas.- Muchas veces Alexandrina expresa su sufrimiento en deber dictar, por obediencia, cuánto ocurre en su alma.- Son frecuentes en el Diario estas sus palabras: «Si mi ignorancia supiera expresar...- »; «Supe sentir, pero no sé decir... 2. Por la superabundancia de material. Alexandrina revivió la Pasión de Cristo, en la segunda forma (período del 27 de marzo de 1942 hasta a la muerte), sufriendo semanalmente ahora un aspecto, ahora otro, del martirio de Jesús.- - Hemos elegido las piezas más significativas para ofrecerle al lector un cuadro sintético.- Confesamos que nos hemos aprestado al no fácil trabajo, incluso conscientes de inevitables defectos, porque nos lloró el corazón de dejar enterradas perlas tan preciosas.- ¡Sean pues bien utilizáis! Sean fecundas en ¡muchas almas! Con este agüero hemos hecho la dedicatoria al lector, con secreto pero caluroso voto que, conociendo de más logre querer de más; y queriendo de más logre conocer cada vez más profundamente Cristo Jesús, para dejarlo vivir y crecer en si cuánto más posible.-
SU ESTRUCTURA
El trabajo ha sido dividido en siete «momentos»; cada uno de ellos es constituido por varios cuadros, coordinados entre ellos cronológicamente y psicológicamente; cada uno de ellos está bastante acabado en si y suficientemente independiente de los otros para ser objeto de meditación.- - - El contenido de cada cuadro es expresado por el relativo subtítulo por nosotros junto. Cada cuadro es compuesto de varios fragmentos; a lado de cada uno de ellos es colocado un número; ello es reconducido al final del libro, junto a la fecha correspondiente al dictado de que ha sido sacado. Entre los muchos fragmentos parecidos hemos elegido de ello un solista: aquél que ha parecido allí más expresivo y también más conforme al contexto y lo hemos insertado junto a los otros de modo que formar como una gran taracea.- Hemos excluido repeticiones, en el sentido que cada fragmento es reconducido una sola vez. El lector os encuentra en cambio repeticiones sustanciales de conceptos, de sentimientos, de padecimientos, bajo formas siempre diferentes, con matices diferentes: este «repetirse» ha ocurrido en la realidad; por ejemplo, algunos tormentos ya son presentidos en el jueves, en fin también durante la agonía en el huerto y por fin vissùti sobre la cima del Calvario.- Recurre a menudo también la dolorosa amargura de ver que muchos, demasiados no llevan provecho del Sacrificio.- Vuelve luego insistente, en un creciente continúo el motivo del entrelazarse dolor con el amor, de su complementarità y el triunfo del amor a cada coste.- Son los temas fundamentales, esenciales del Cristianismo y no son repetidos nunca bastante:- ponen en evidencia una introspección rara del doloroso Calvario sufrida por Cristo y revivido por Alexandrina. Y verdadero que la conexión de los «fragmentos de la taracea» no es siempre perfecta.- Pero hemos preferido este inconveniente, a la introducción de frases no pertenecientes al texto de Alexandrina. La traducción siempre es adherente a lo original. Hemos descuidado intencionalmente elegancias literarias y lingüística. A veces pero hemos tenido que cambiar el tiempo de algún verbo por uniformidad de exposición, dentro de un mismo cuadro.- Además, por adherencia al modo actual de sentir, aquí en Italia, hemos reemplazado el «Tú» al «Vosotros »nei habla entre el alma y Jesús. Damos las gracias a algunos queridos amigos por la colaboración que nos han dado.-
Leumann, 2.2.1977 Fiesta de la presentación del Dios
D. HUMBERTO M. PASCUAL, S.D.B.
TODA LA VIDA DE CRISTO SIDO CRUZ Y MARTIRIO
¡1 cuánto costó o Jesús su vida sobre la Tierra! 2 no fue, el huerto con el Calvario, sufrimiento de algunas horas: toda la vida fue Huerto y Calvario. 3 él creció en edad y sabiduría y en Él y con Él creció la cruz. No separó sólo uno instante: en ella creció, en ella sufrió; pero siempre con sonrisa y bondad, con sus miradas llenas de atractivo y atractivo. Así lo vi y mí sentí dentro de, a sufrir en mí y conmigo. 4 fue un ser humano que sufrió; una Vida divina qué venció.
«PADRE LA HORA Y» (GV 17, 1)
«Y es puesto en el número de los malhechores» (Lc 22,36)
5 hoy, jueves, desde la mañana pronto, me sentí muy triste: al ver que todo el pueblo estuvo en espera de nuevos acontecimientos, probé una repugnancia muy grande y junto vergüenza.- Me pareció de ver aquí y allá grupos intentos a hacer comentarios. ¡Mi Dios, me espera el viernes! ¡qué miedo! Mis miradas semejan penetrar en el íntimo de toda la multitud que ocupa las calles: mi alma siente toda. En la costa de una altura, cerca de la entrada de la ciudad, el higo maldito. Más en bajo, un hombre lleva sobre el jefe un jarro de agua.- Se entrelazan citas... 6 con los ojos del alma ve gestos de rencor contra mí; veo a personas que caminan aquí y allá de prisa a prepararme la traición, la conjuración para capturarme. ¡7 ay, como yo veo la traición que me preparan!- 8 cae sobre de mí el peso de todas las humillaciones: no hay ningún mal que no digan contra mí. 9 de lejos, muy lejano, se hacen comentarios; mi nombre corre sobre muchas bocas: es difamado, es envuelto en el barro como hoja que en ello podre. Mi alma siente todo y se deshace en el dolor. ¡10 todo esto que yo siento y veo, les ha ocurrido en Te o Jesús! ¡Son tu sufrimientos; y todo le has sufrido por mi amor!
«Parto pero quedo con vosotros»
11 imprimieron me en el alma la visión de Jesús con los apóstoles. Jesús vio aproximarse la muerte y, casi sin fuerzas para afrontar la separación de ellos, dijo: «Y junta mi hora: voy a morir. Parto, pero quedo con vosotros». Y el Corazón divino de Jesús ardió de amor. Las horas pasaron. El horror del sufrimiento aumentó, pero también el amor creció. Yo sentí mi pecho como un horno y el corazón en le como un recipiente sobre el fuego, estuvo en continua ebullición: cuanto más hirvió, más desbordó; cuanto más desbordó, más se llenó. Jesús se fijó en la Mamá; volvió a fijarse en los apóstoles. En un dolor muy profundo murmuró: «Tengo que dejarvos, pero no puedo separarme de vosotros. Yo voy, pero resto: me ata a vosotros mi amor». Las uniones de amor de Jesús se envolvieron cada vez más al Corazón santo de la Madre y los apóstoles
«Tengo que dar el Cielo al mundo»
12 corre verso de mí la muerte. El sepulcro está listo. 13 mi alma ve que todos ya se preparan para capturarme y quitarme la vida a cada coste. 14 ve todo lo que arrancará la vida del cuerpo. 15 se siente consumir de la visión de la agonía en el huerto y de la muerte. 16 siente en el corazón las cuerdas que mañana atarán el cuerpo; siento las bofetadas y los escupitajos que tendrán que caer sobre el rostro.- 17 ve la gran corona de espinas que, en forma de casco, tendrá que envolver a mi jefe. 18 Mi alma gime y agoniza. ¡Triste jueves! ¡qué me espera nunca! Siento y veo que enseguida mi sangre correrá del cuerpo. 19 siente que las almas tendrán que ser mojadas de ello. ¡20 ya ve la cruz! 21 es de escándalo entre la multitud. El alma llora; el cuerpo tiembla. ¡22 o Huerto o Calvario o muerte u horror, o desaliento!- 23 mi espíritu se mantiene fijo en el Dios. En silencio, voy exclamando: ¡«Mi Dios, mi Dios! ¡Mi padre, mi Padre! ». 24 fija mis ojos al Cielo: ¡«Lo que ocurra tiene que ocurrir! Tengo que dar el Cielo al mundo. Tengo que comprarlo con la moneda de mi soflerenza».-
«Una tristeza mortal me oprime» (Mt 26,38)
25 por la tarde tuvo la impresión de recorrer calles.- Caminé, y fui escarnecida de cuánto me vieron y señalada con el dedo como rea de todas las culpas como el más gran criminal. 26 vio la tierra del huerto, el lugar que habría sido rociado con mi sangre.- En un impulso de amor quise besar y abrazar aquellos terrenal.- 27 más de una vez vino hacia mi corazón la imagen de la montaña del Calvario, grande como el cielo.- - Mi alma vio sobre su cima, cerca de la cruz, la Mamá llorante en gran agonía, rodeada por algunas almas queridas. Vi el Maddalena desatado en llanto. 28 mi corazón repitió: «Mi alma es triste hasta morir de ello». 29 yo me interesé de todas las cosas y mi pensamiento siempre estuvo en el huerto. Caminé por muchas calles y el corazón siempre vivió allá. No mereció la pena hablar por adelantado de aquellos sufrimientos: no habría sido comprendida.
Dos mares inmensos: uno de dolor, el otro de amor
30 el dolor, el desaliento pisaron el corazón: lo destruyeron. El amor lo recreó. Y tan repetidas veces.- 31 mi corazón voló hacia el huerto a beber al manantial de cada dolor.- Llevó consigo otro manantial, más rica ancla: aquel del amor. Este me obligó a beber en la otra. 32 me sintió en mí dos mares inmensos: uno de dolor, el otro de amor. Aquel de amor estuvo sobre el suelo del huerto; y en ello desembocó, pero sin agotarse, el mar de dolor. El amor todo absorbió. 33 un fuego devorador quemó todo mi íntimo llegó hasta los labios secos y áridos: fue fuego de amor, fue fuego de entrega total, fue fuego de vida. 34 el amor vibró; el amor creció, venció, cubrió el dolor. ¡Qué corazón grande, yo tuve! Grande como Dios. ¡Ay, cuánto es grande, grande, infinitamente grande el amor de Dios!
«Para eliminar el pecado le ofrece mismo en sacrificio» (Eb 9,26)
35 el mundo fue todo tinieblas y guerra: fue como un mar inmenso desatado contra mí. Yo me sentí atacada y herida por todo. Pero el corazón quiso; y quiso tanto que, para liberar de las tinieblas cuánto me hirieron, fui a dar la vida.- - 36 por todo el día no pudo apartar mi espíritu del huerto. Pero una Vida suprema, que me estuvo en mí, alivió mi dolor. Esta Vida tuvo en si la visión y el recuerdo de ser descendida sobre la Tierra, mandada por el eterno Padre. 37 yo offersi, por Su amor, a pagar toda la deuda de la humanidad entera.- Solamente su divina Voluntad fue la mía; mi fue su Vida; mi fue su Amor. 38 La voluntad firme y total de cumplir la Voluntad de lo empinado, fue lo que hecho suave el dolor de este día; dolor que no me pareció de un día, sino de muchos años.- Hablé, caminé, trabajé, con el mundo en el corazón.
¡«Jerusalén! ¡Jerusalén! Tú pones a muertas los profetas» (Mt 23,37)
39 de mí partió, hacia la ciudad de Jerusalén, las más dulces y tiernas miradas: fueron miradas de invitación, miradas de compasión. ¡Pero ay, qué yo vi allá salir de, cuál dirige contra mí! 40 lloró, o mejor, lloró mi alma. Mis lágrimas fueron lágrimas de Padre: fueron una incesante invitación al arrepentimiento. ¡Fue la hora de la Grazia, que no habría vuelto más! 41 yo vi lo que la Ciudad fue y lo que habría sido verso de mí. Y lloré por cuanto le habría ocurrido y porque no aprovechó la hora de Grazia que le fue dada. Mi alma lloró y fijó la humanidad entera.- Penetró todo y en todos los corazones que habrían existido.-
«Judas se mete de acuerdo para ayudar a apoderarse de Jesús» (Lc 22,4)
42 mi alma sufrió mucho en ver a Judas contratar, de puerta en puerta, la venta de Jesús. Sus ojos y su pelo parecieron ya ser aquellos de lo malvado. Dentro de mí hubieron los ojos divinos de Jesús, que siguieron a Judas en todo sitio. Todos los pasos, uno por uno, que él hizo así hacia una cruel traición, fueron como apuñalas que se clavaron en el Corazón divinas y ruines y negras cuerdas que lo apretaron cruelmente. 43 se sintió desesperar. La desesperación me estuvo en mí, pero creo no fuera mío; en efecto mi alma se mantuvo en paz. Mi Jesús me hizo comprender que tal desesperación fue aquel de Judas.- Ella hecha más intensas todos los sufrimientos de su santa Pasión.
«Para tomar sobre de si los pecados de los hombres» (Eb 9,28)
44 empezó a sentir y a ver, como luz resplandeciente, la vida del Cielo:- se manchó hundiéndose en la Tierra.- Fue Jesús que vino a sufrir. 45 me pareció vinieran del Cielo reluces de sol que dieron vida a la Tierra, sumergida en espesas tinieblas, iluminándola.- Contra este sol avanzaron nubes negras, espantosas, para cubrirlo.- Me pareció de tener Jesús en mí: contempló este sol y fijó las nubes formadas por todas las maldades. Él se lanzó hacia las nubes para abrazarle, incluso sintiendo asusto de ello. Su divin cuerpo se cubrió de sudor. 46 él lloró, gimió. Lo sentí agacharse bajo el peso aplastante de la humanidad. 47 él tuvo que convertirse en una masa sola con el mundo, tuvo que hundirse en el barro; y tuvo miedo.- Fue como un lanzarse en el fuego para ser quemado. Su divino amor fue muy grande: Lo obligó a unirse a, a revestirse nuestras maldades. ¡La unión de la Pureza suma con el barro inmundo! 48 de vez en cuando , Jesús se fijó en el Cielo y alabó a su Eterno Padre.
«Pero yo soy un gusano y no un hombre» (Sal 21,7)
49 hacia tarde sintió como si me sacaran un bonito vestido, que me otorgó toda la gracia y la belleza, y me hicieran vestir un vestido mundial, que me hizo convertirse en escándalo por toda la gente: ¡tanto fue la corrupción de que fue tejido! 50 sintió como si asumiera toda la maldad humana.- Todo me entró en mí: yo fui el mundo. 51 me pareció de haber venido del Cielo a transformarme en un gusano de la Tierra.- Fui un gusano asqueroso, podrido, corroído, que avanzó siempre cavando dentro de toda la Tierra inmunda. 52 probó tal de ello tormento de no poder resistir. Empezó mi corazón a arder. Sobre este fuego ardiente se abatió un mundo de miserias, toda maldad y furor infernal. Sobre este mundo vino el Cielo. Se reclutó una lucha, una gran guerra: el Cielo contra la Tierra; el Tamaño contra el nada; la Pureza contra el barro. 54 el Cielo bajó sobre la Tierra muerta por el pecado.- Pareció que el firmamento se disolviera en fuego. ¡Mi Dios, que dirige! Sentí que las almas no temieron Dios.
«Una nueva alianza entre Dios y los hombres» (Eb 9,15)
¡55 toda la justicia del Cielo se derramó sobre de mí! 56 el Cielo pareció rechazarme. Pero me hubo en mí una fuerza que no hizo caso a lo que tuve que sufrir. Y yo abrí los brazos para abrazar la inmensidad de aquel dolor; inmersa en ello, quise dar la vida a la Tierra, quise dar luz.- - 57 empezó a sentir calurosamente en mi alma la indignación del Cielo contra la Tierra. Tuve que reconciliar el Cielo con la Tierra. Tuve que ser reconciliado y, al mismo tiempo, dar una nueva vida.- Fui corrupción y debí, con mi sangre, borrar la corrupción. Fui nada y, al mismo tiempo, estuve en las alturas:- tuve la vida misma de Dios y fui de ello la justicia misma. 58 La maldad del mundo subió, subió: llegó al Cielo. Desafió la justicia divina: rechazó el amor. 59 en mis respetos todo es desprecio: ¡de la Tierra y del Cielo!
«Tengo mucho deseado hacer esta cena pascual con vosotros» (Lc 22,15)
¡60 mi alma ve toda mi sangre correr por el mundo; y del mundo todo es despreciado y pisado! Mi carne es de la humanidad comida y enseguida vomitona. ¡Qué gran horror! Mejor sido sido devorada por las fieras. 61 nuevo fuego se enciende en mi corazón. Tengo anhelos infinitos de darme: de ser Hostia por alimento y Sangre por bebida.
LA CENA PASCUAL
«Vais a preparar por todo nosotros la cena de Pascua» (Lc 22,8)
1 Al caer tarde, la gran Cena del amor: ¡Amor que mucha ingratitud ricevette! 2 ve el espíritu y las curas con que es preparada:- veo que será la Cena del amor, de las maravillas como nessun'altra nunca.- Siento que Jesús está dando los órdenes a los suyos y, parándose a cada paso, obsesión con divinas miradas la Ciudad ingrata, el huerto de la gran amargura, el Calvario que lo espera.
«Se puso a mesa con sus apóstoles» (Lc 2,14)
4 subió con Jesús y los apóstoles hacia la gran sala del banquete pascual.- En subir la escalinata, sentí que Jesús fue impaciente de comer aquella Cena con sus apóstoles.- 5 Antes de empezar la ceremonia, vi en llanto a la Mamá y con el pelo soltado, todo inmersa en el dolor.- - Jesús me hizo comprender que, pocas horas después, Ella habría ido en aquel estado a encontrarlo largo las calles de la amargura.- ¡6 fue grande el dolor del divin Corazón por la visión de las lágrimas de la Mamá! 7 vio a Jesús sentarse a comedor con los apóstoles. Mientras se sentó, exclamó entre si: «Comida divina: ¡la Cena de mi amor! ». La sala se iluminó y todos los apóstoles fueron mojados de aquel amor que irradió de los ojos, de los labios, de todo su Ser: Jesús fue todo amor. 8 fue amor, amor, solamente amor; amor para afrontar maldad e ingratitud. Judas, ya no fue Judas: ya se vio en él realmente el demonio. 9 con el demonio en si, no acogió el amor de Jesús.
«Pero he aquí: mi traidor está aquí a mesa conmigo» (Lc 22,21)
10 vio Judas a comedor pero a un poco lejano: mentón saliente, ojos trastornados, pelo hirsuto.- Ya no pareció un hombre: se vio solamente en él una desesperación infernal.- ¡11 fue doloroso y espeluznante leer la falsedad, las malas intenciones en el corazón de Judas; y ser guardadote por sus miradas venenosas!- Judas, imponiéndoselo, Jesús fijó para disimular, pero se fijó en él con malicia.- Jesús lo miró con dulzura y bondad, para atraerlo a Si. 12 le ofreció el Corazón con voluntad de abrazarlo. ¡13 cuánto vuelves a llamar llenos de dulzura! 14 Dulces invitaciones a un corazón de piedra, a una roca que no se deja desplazar. 15 traidor resiste: a nada se se rinde. Pero no se encuentra a su comodidad cerca del cordero, víctima inocente.- ¡Dos cuadros mucho diferentes! Una traición sin igual y un amor sin igual. 16 me tuvo en mí, bien imprimido en el alma, dos miradas: aquel de Jesús y aquel de Judas. ¡Qué diferencia! Aquel de Jesús, tierno, difundió amor; aquel de Judas, trastornado, fue tal que hacer desesperar.- Incluso poseí dos corazones: aquel de Jesús, lleno de bondad y de santos atractivos; aquel de Judas, lleno de rencor y de odio.- 17 se acerca la traición: la venta de lo que hay de más bonito e inocente.- 18 la amargura de mi alma no puede crecer más allá de.
Vertió agua en un barreño y empezó a lavar los pies a los apóstoles (Gv 3,5)
19 vio luego a Jesús tomar en sus manos un gran barreño, colgar del cuello una toalla y lavar los pies a los apóstoles.- 20 sintió que uno, al que llevó mucho malestar dejarse lavar los pies, después de una mirada y pocas palabras, ya estuvo a punto de desvestirse para ser lavado hasta en todo el cuerpo, si necesario.- No sólo 21 Jesús lavó los pies, pero bajó mucho su divin Corazón de quererlos hasta besar.- Sentí que, con su espíritu, lo hizo. ¡Qué lección por mí! ¡Qué humildad, aquel de Jesús! Allá 22 fue estimulado a aprender a ser pequeña:- Él, el Dios de todo, se hizo el más pequeño en el medio de los apóstoles. Él quiso mucho, tan. ¡23 pudiera expresar aquí todo el amor, toda la bondad y la ternura de Jesús, cuáles bien pudiera sentarme a las almas! Pero no sé decir nada mejor. 24 Jesús como sol que aparece al horizonte, dio a cada uno de los discípulos su divino amor en forma de rayos salientes del Corazón. Todos el ricevettero y dejaron iluminar. Solamente Judas se cerró y rehusó de ello la luz radiante.-
«Tomáis y atracones; éste es mi cuerpo... Bebéis de ello todo porque ésta es mi sangre» (Mt 26,26-27)
¡25 que noche! ¡Qué santa noche! La más grande de todas las noches. La noche del más gran milagro, del más gran amor de Jesús. El su divin Corazón fue atado a los que le fueron tanto querido. Para poder partir, tuvo que quedar entre ellos; para subir al Cielo, tuvo que quedar sobre la Tierra. Lo obligó a este su divino amor. ¡26 o sufrimiento querido! ¿Quién te comprenderá? 27 querría que todos conocieran el misterio del pan y el vino transformado en el Cuerpo y en la Sangre del Dios. ¡Milagro prodigioso! ¡Abismo insondable de amor! Por cuánto me sintiera inmersa en aquel misterio, no lo comprendieron al punto de saberlo explicar: sólo lo supe sentir y solamente en Cielo lo comprenderé.- 28 vio al dulce Jesús bendecir el pan. 29 querría saber decir, poder hacer ver las miradas que Jesús levantó al Cielo en el momento de la bendición. 30 con los ojos fijos al Cielo, en llamas de fuego, Jesús rogó a a lo largo de su Eterno Padre. 31 el rostro fue mucho inflamado que pareció tener en si, más que un nuestro parecido, solamente la Vida del Cielo. Ya no pareció Hombre, pero solamente Dios: amor, sólo amor. 32 mucha luz, mucho amor, invadido todo: Jesús, los apóstoles y yo. ¡33 que hechizo! Con los ojos llenos de atractivo y con una sonrisa dulce, bendijo el pan que poco después de distribuyó a todo.- 34 y en aquel entonces de amor y de milagro sin igual sentí que el mundo fue otro: Jesús se dio en alimento a la humanidad. Partió por el Cielo, pero quedó con ella.
«Quién come mi carne y bebe mi sangre queda unido a mí y a mí a él» (Gv 6,56)
¡35 La Eucaristía, mi Dios! ¡Qué maravilla, cuando Jesús la instituyó! Escena conmovedora, escena sólo de amor. Jamás 36 oyó tan al natural la ternura, el amor de Jesús hacia sus apóstoles.- Todos se comunicaron de sus manos, inflamados de amor. ¡Tengo que decir que también Judas se comunicó! Él estuvo más apartado; Jesús tendió su mano divino verso de él, con la Comida celeste.- 37 enseguida después, Judas quedó como un condenado, tanto fue su desesperación. 38 Jesús siempre habló con la misma dulzura y con tiernas sonrisas. 39 Los apóstoles, en aquella hora más que nunca, se llenaron de Jesús.- Se inflamaron de amor y llegaron a comprender cuanto Él les dijo.- 40 experimentó, por algunos momentos, la inmensidad del amor de Jesús: grande como el Cielo y la Tierra; grande como el tamaño de Dios. ¡41 como Él quiso! ¡Como Él quiere! No desea otro que vivimos de Él y por Él. 42 La Mamá, un algo aparte, pero presente, participó en todo.
«En cuanto Judas hubo tomado aquel trozo de pan... salió enseguida» (Gv 13,27-30)
43 no sabe cómo, yo fui el alimento, yo fui la hostia. 44 mi corazón fue copa, fue vino, fue pan. Todos vinieron a comer y a beber a esta copa.- Desde entonces en luego la escena se habría repetido. ¡Pero, qué horror! Vi a mucho Judas comer y beber indignamente: ¡muchas lenguas sucias! Peor ancla: manos mucho indignas habrían distribuido este pan y este vino, manos indignas, corazones llenos de demonios.- ¡Qué horror de muerte! Probé mucho dolor, que me pareció el alma de dolor y de horror se destrozara y el corazón fuera hecho trizas. 45 incluso me sintió en mí la lengua de Judas: lengua que pareció de fuego, después de que hubo comido el pan y bebido el vino bendecido por Jesús.- 46 Judas salió casi enseguida con el bolso del dinero, para ir a vender a Jesús.- 47 huyó desesperado a vomitar aquella Comida que le fue dado. Consumió así su traición.
«Sois mis amigos... os he hecho saber todo lo que he oído de mi Padre» (Gv 15,14-15)
48 todos los presentes quedaron en paz y en amor. ¡49 convite de gran intimidad! Las conversaciones aspiraron a dar consuelo. ¡50 discursos de mucha sabiduría y paz! 51 querría poder hacer sentir a todos los corazones lo que es el amor de Jesús hacia el alma que lo quiere realmente.- 52 sintió el amor con el que Giovanni reclinó al jefe sobre el santo pecho y el amor que en aquel entonces Jesús le hizo sentir. ¡53 cuánto dulcemente se unieron el Corazón divino de Jesús y el corazón del discípulo querido! Jesús se consoló en su discípulo y este en su Maestro. Tal unión hizo suave el dolor angustioso de Jesús. 54 sintió que el dulce Amor difundió alegría, aunque mientras tanto sufrió amargamente.- Muy concentrado y en profundo silencio, vio todo el huerto y el Calvario. Y sobre de Él se abatió, como fiera furiosa, toda la humanidad.
Se despide de la Madre
55 vino por fin la despedida de Jesús de la Mamá bendita: fue el adiós más doloroso. Quedaron chatos de dolor sus Corazones santos.- 56 sintió como si la Mamá besara y Jesús abrazara por la última vez.- ¡Cuál dulzura, la suya! ¡Cuánto fue triste aquella despedida! ¡Ay, como se hablaron él un el otro aquellos dos Corazones! 57 se unió sus rostros santos. Pero más unidos quedaron por el dolor sus Corazones inocentes. 58 se unió sus rostros y los corazones. Se unieron sus amores, para no separarse más. Lloraron sus almas. 59 Jesús Usted besó; y aquel beso fue de despedida. Dejó en el Corazón de la Mamá reluces de fuego: vínculos de amor que los dejaron para siempre unidos.- Jesús fue hacia el huerto y quedó con la Mamá; la Mamá quedó y fue con Jesús.
«JESÚS ' PUERTAS MONTE DE LOS ACEITUNOS» (LC 22,39)
Dos Corazones unidos en el amor y en el dolor
1 mi alma vio a Jesús descender la escalera y encaminarse hacia el huerto. 2 sobre el descansillo del escalera de la escalera la Mamá estuvo, envuelta en un manto, con los ojos lagrimosos: Jesús fijó que estaba alejándose. ¡3 triste separación! Jesús bien supo que pocas horas más tarde Ella habría querido cogerlo entre los brazos, curarle las heridas.- Pero no habría podido tampoco confortarlo al menos un poco con sus dulces palabras de Madre.- 4 ya un algo distanciado, Jesús se volvió a fijarse de nuevo en ella, como para darle otro adiós. Ella se fijó en su Jesús de la cima de la escalera. Jesús desapareció, pero siempre quedaron unidos. 5 vio las miradas tristes de la Mamá, cuando no divisó ya más a Jesús; y vi cuánto su Corazón santo lo siguió, intuyendo cuyo sufrimientos fue encuentro.- ¡Qué unión de dolor y amor, aquel de aquellos dos Corazones!
Hacia la soledad abrazando todo el sufrimiento
6 siente que todo me huye. ¡Y quedaré completamente sola en el huerto, en la más gran agonía! 7 huye hacia la soledad, para poder llorar en silencio. ¡Cuánto lágrimas de derrota! 8 a cada paso que hago, es montañas que caen sobre de mí. 9 a cada paso siente como si me parara para descansar: el alma es cansada. 10 todo el camino es espinoso: grandes ramas de espinas entrelazadas me hieren. Ansiedades y sed de amor se extendieron a todo el mundo; y la recompensa a este amor fueron espinosas mucho vivas y penetrantes, que me envolvieron el corazón en un enredo enorme.- - Las llamas de amor que salieron del corazón, superaron las espinas y se quitaron para arriba. 11 fortificado por esfuerzos interiores, de esfuerzos del amima, caminé. 12 mi alma avanzó hacia el huerto, arrastrada por el amor; el corazón fue abrazado estrechamente a todo el sufrimiento.-
«Voy a morir por ti»
13 lleno de mansedumbre, Jesús con sus miradas divinas siguió de lejano Judas, allá en bajo, de casa en casa, mientras que concluyó la venta; al brazo llevó el bolso con el dinero. Jesús todo vio, pero nada les dijo a sus apóstoles.- 14 lloró ocultamente. 15 los precedió triste y silencioso. Yo vi que ellos no se preocuparon ni sufrieron por lo que estuvo a punto de ocurrir:- caminaron cansados. 16 sobremanera hartos, siguieron a su Maestro con toda tranquilidad. 17 estuvo cansados para las grandes maravillas y por cuánto vieron y oído por Jesús. ¡El viaje se desarrolló silencioso; pero cuánto dijo con su silencio Jesús!- ¡Como los quiso, como les habló aquel Corazón divino mucho oprimido del dolor y de la fatiga!- 18 mientras Jesús caminó anhelante, por todo su cuerpo corrieron gotas de sudor. 19 De vez en cuando, se vuelve va a fijarse en la Ciudad que quedó allá en el fondo. Sus miradas divinas escudriñaron todo, a pesar de la oscuridad.- 20 Jesús se hundió en el sufrimiento: recogió en su Corazón toda la ingratitud y la maldad que vio. Aquel abismo de odio y dolor acompañó Jesús al huerto; y Él me condujo.
Alexandrina con Jesús participa en los dolores del Virgo
21 el Corazón divino de Jesús se sintió pisado por la humanidad. Cerca del Suyo, en el mismo sufrimiento, hubo el Corazón de la Mamá. Yo sentí como si el Corazón de Usted volara hacia Jesús y la violencia del dolor arrastrara junto al corazón todas las venas del cuerpo.- 22 a lo largo del recorrido me atravesó el corazón los suspiros y las lágrimas de la Mamá. No con los ojos del cuerpo, pero con los del alma, lo vi en el pasillo de la sala de la Cena, con el santo rostro entre las manos; lo vi llorar de dolor.- - 23 sintió como si llevara a la Mamá triste dentro de mi corazón como un tiempo Ella llevó a Jesús en su seno seno. Mi corazón fue el sagrario que lo acogió con todos sus dolores, como Ella fue sagrario que acogió a Jesús con toda su vida, divina y humana.- - ¡Con cuál concentración yo lo llevé! 24 Jesús estuvo a punto de llegarles al huerto y a la Mamá todavía lloró. Jesús vio bien y sintió las lágrimas de la Madre bendita.-
LA AGONÍA EN EL HUERTO
«Se echó al suelo y se echó a rogar» (Mc 14,35)
1 arrastrado de corrientes de amor, entré en el huerto. 2 vio sus aceitunos. Vi el claror de la luna palidecido y el scintillìo de las estrellas tristes, como tristes fue el Corazón divino de Jesús.- Todo apareció por a la hojarasca, pero con tal tristeza que sólo invitó al dolor, al silencio, a la concentración.- 3 en la oscuridad de los aceitunos, Jesús aceleró el paso: fue verso
un lugar apartado a rogar. 4 Casi vi los aceitunos a querer cubrir a Jesús con su espesa hojarasca muy verde; los vi testigos de su sufrimiento, como si de Él tuvieran compasión.- 5 los apóstoles se durmieron. 6 en la soledad, yo me sentí las rodillas doblar para rogar.-
También experimenta en si los sufrimientos futuros
¡7 huerto de agonía, Huerto de tristeza! 8 un Huerto, que es el mundo, adoquinado de duras piedras:- una roca irreducible. ¡9 cuantos sufrimientos ve mi alma por si y por el cuerpo! 10 ya oye el dolor del beso ingrato que esta cara recibirá; 11 siente una bofetada, 12 la cara escupida, los ojos vendados.- 13 siente la denegación de Pietro; veo el brasero circundado por personas; oigo el gallo cantar. ¡Dolor indecible, comparable a aquel de la terrible bofetada!- 14 se ve escarnecida, de tribunal en tribunal, entre el alboroto del pueblo. 15 ve el anillo de hierro que está ventanaje en la columna; siento en el corazón los lazos que me atarán a ella.- 16 ve los flagelos que me golpearán el cuerpo y que ya me flagelan el alma: oigo el silbo de las cuerdas y las varas; veo el rencor con que seré flagelada. 17 ya sufre como si fuera lacerada por los flagelos y coronada de espinas; 18 y tan conducta a la galería de Pilatos, con una caña en mano 19 y con una vieja capa sobre los hombros. ¡Yo, en el máximo derribo, entre muchos torturadores! 20 ve la multitud, oigo sus exclamaciones: ¡tengo que ser condenada a muerte! 21 A momentos me parece de morir, de no poder resistir a mucho dolor.- ¡22 en dirección del huerto viene el Calvario! 23 ve el recorrido a lo largo del que tendré que caer por el peso de la cruz. 24 se desalienta por la visión de la subida: ¿cómo deberé afrontarla? ¡oprimida de maltratos!- Empiezo a temblar y todo el suelo parece temblar conmigo. 25 oye la crueldad con la que seré desvestida: ¡se apartan, con los vestidos, pedacitos de piel y carne!- ¡26 siente como si me desvistieran no solamente el cuerpo, sino también el alma! El dolor que la penetra es mortal. ¡27 ve los clavos, el martillo, 28 la cruz erguida! ¡me veo crucificada sobre de ella! 29 todos los sufrimientos se han adelantado. ¡30 ay, qué es el dolor! ¡Qué son los sufrimientos del huerto!- El mundo no las conoce, no sabe lo que sufrió a Jesús. 31 o mi Jesús, sólo quién prueba él puede valorar cuanto Tú has sufrido.
Encuentro a un Calvario de muchos siglos
32 fue el corazón a recibir todos los maltratos. Me pareció que, deshecho en sangre, se arrastrara por el suelo del huerto, como fuera una serpiente venenosa, sobre cuyo todos descargaron las más grandes atrocidades para quitarle la vida. 33 el corazón pero quiso más de lo que fuera herido. 34 se volvió como nube que, en lugar de absorber agua, absorbió cada dolor y martirio; dolor y martirio que se transformaron en sangre que todo el Calvario habría rociado y, en el Calvario, la humanidad entera.- 35 tuvo la visión de la sangre que estuve a punto de esparcir y, al mismo tiempo, de las flores que nacieron de la sangre.- Entre estas flores se propagaron setos de espinas agudas: la mayor parte mojada de sangre. Vi el fruto y vi la ingratitud; vi la gloria y vi el mal. 36 mi corazón fue golpeado por la indiferencia general por el mío para sufrir:- no hay palabras capaces de describir de ello la agonía. Por mi alma, por mi dolor - o, mejor, por el dolor de Jesús - no hubo compasión.- - 37 Jesús no ayudó sólo a un Calvario de un día, pero de siglos muchos y muchos.
El corazón de la Madre ya oye los sufrimientos del Hijo
¿38 y la Mamá, dónde estuvo a aquella hora? 39 mi alma lo vio y el corazón lo sintió tan lejana, allá en el pasillo, cerca de la pendiente de la escalera, a fijar las calles que Jesús recorrió, los lugares dónde se encontró.- Su Corazón, atado a aquel de Jesús, presintió cuanto Él fue a sufrir; y con Él probó el mismo dolor.- - 40 con profundos suspiros murmuró: ¡«Paro mi, mi querido Hijo, cuánto Tú sufres! ». Copiosas lágrimas corrieron sobre su rostro. 41 pasó por a mi corazón las lágrimas innumerables de Usted vertéis.- ¡42 cuánto sufrió por la Reparación y por el fallecimiento de Jesús! 43 tuvo la visión de lo que habría ocurrido después:- una gran multitud siguió a Jesús y, entre la muchedumbre a lo largo del Calvario, la Mamá caminó con ansiedad, en profundos suspiros y en llanto. Quiso ver y ayudar su divin Paro. 44 Jesús sufrió en gran agonía: sufrió por los padecimientos que lo esperaron y por los sufrimientos de la Mamá. 45 él vio donde Ella estuvo: vio el distanaz que los separó. ¡Dolor sin igual! 46 dolor me laceró el corazón y el alma.
Dos árboles: una de muerte y el otro de la Vida
47 vio donde la gran sala fue tratada la venta de Jesús y dónde Judas, desesperado, fue luego a arrojar el bolso con el precio de la sangre inocente.- - 48 vio lejano un árbol al que colgado Judas estuvo. De ello lo vi caer al suelo y estallar: vi esparcirse sobre el terreno lo que el cuerpo contuvo.- La venta de Jesús, la entrega, el beso traidor lo llevaron a aquel acto de desesperación.- Todo sentí en mi alma. 49 yo me sentí el único árbol del mundo que se transformó en vástagos florecientes, cuyo dio nueva Vida: la Vida del Cielo. Pero por este, tuve que afrontar todo el huerto, todo el Calvario y, al final, morir sobre la cruz. No importó la muerte: lo que importó fue dar nuevas vidas. 50 el amor me obligó al dolor: a ojos cerrados, labios mudos, se entregaron a todo. Fui hacia la muerte. 51 en mí sintió que tuve que morir. Y quise morir. Sin la muerte, no habría llevado a cabo la misión que tuve que cumplir sobre la Tierra.
Abraza toda la ingratitud
51 en este momento culminante sintió a Jesús que fijó el mundo. Con profunda tristeza en su Corazón dijo: ¡«Mucha ingratitud hacia mucho amor! Fueron bien no aceptas: ¡sus padecimientos, su divin sangre, su muerte! 52 se lanzó sobre de mí cuánto de brutal tiene la humanidad con su peso.- Me pisó, me abrió el pecho, me quitó la vida.- Pero otra Vida, superior, sublime, muy sublime, dio entrada en el corazón a toda la humanidad y la envolvió en un incendio de amor.- Fue tal la irradiación y la locura de amor, que hizo olvidar toda la crueldad humana. Triunfó muerte y abrazó toda la ingratitud.- 53 este abrazo fue eterno. Jesús, con su luz, me hizo ver y comprender que este fue su abrazo eterno a las almas:- fue por ellos su vida eterna de amor.
Y en el huerto que me llamé al mundo
54 y en el huerto que me llamé al mundo. 55 sobre el suelo del huerto se elevó un mar inmenso, cuyo de donde se abatieron contra mí.- 56 todo alrededor de mí fue mar: golpearon como contra mí las olas furiosas yo fuera el andén. 57 atropellado por este, cayó en la tierra inmunda y manchada. Todas las manchas fueron mías. Temblé de miedo y me pareció que la tierra temblara.- 58 fue cubierto de las iniquidades que atrajeron sobre de mí la justicia del eterno Padre. ¡59 cuantas lágrimas de se avergüenza, en verme revestida de todas las maldades y en encontrarme en tal estado a la presencia del Padre!- 60 La vergüenza de mí mismo y el peso de la justicia divina obligaron la tierra a abrirse y me obligaron a esconderme en ella.- - 61 se hundió en aquel suelo duro. Quedé envuelta 62 como en un manto. 63 yo, todo mondo, toda corrupción y pecado, se pusieron responsable delante del eterno Padre. ¡Sólo fui yo a pagarle esta incomparable deuda!- Por un mar de pecado y corrupción, un mar de sangre y purificación. 64 todo mi ser quedó Huerto. Todo mi ser quedó sangre.
Grano de trigo molido
Racimo de uva prensado
65 fue puesto sobre aquel duro suelo, para ser responsable de todo y escándalo por una gran parte:- éstas fueron rebeldes, martirizzatori, asesino verso de mí.- 66 el mío grito al Cielo irrumpió en la soledad, por las tinieblas de la noche, entre la hojarasca lozana de los aceitunos. 67 gritó mucho, pero aquel grito quedó como perdido en un bosque: tampoco el Cielo me oyó. 68 Usted fue alejado mucho de mí el Cielo, que quedé como si de la tierra no pudiera fijar el firmamento.- - Todo desapareció. Solamente el huerto quedó. 69 el eterno Padre se escondió: pareció no existir. Pero su justicia divina bajó como en negras nubes a pisarme.- 70 el suelo del huerto y la justicia divina fueron por yo como piedras de molino, que me trituraron en dolor y polvo.- 71 yo fui el grano de trigo molido, transformado de harina; y ésta siguió a siendo molida y remolida, hasta desaparecer. Yo fui el pequeño racimo de uva, exprimido en el trapiche. Y después de haber dado todo el zumo, tuvo que todavía someterse a nuevos trapiches, los que le exprimieron todo, hasta el agotamiento.- 72 la sangre goteó mientras, triturada, yo tendí los brazos en acto de oferta.- La justicia divina cargó sobre de mí, pero se calmó en los respetos de la Tierra culpable.-
Abandonado de la Tierra y del Cielo
73 La noche oscura y serena en que no se movió una sola hoja de los aceitunos, si no cuando el dolor hizo temblar todo, invitó a la soledad e hizo sentir de más todo el abandono, hasta aquel del eterno Padre.- - 74 mientras los apóstoles durmieron, Jesús quedó por un poco de tiempo cerca de ellos. 75 en el momento en que Él más tuvo a necesidad de los apóstoles, amigos y compañeros su por lo tanto tiempo, menos los tuvo, menor fue su preocupación:- - durmieron tranquilos, de buen sueño. Jesús sufrió por esta su ausencia. 76 con los ojos fijos al Cielo, habló revuelto a su Eterno Padre. Las estrellas brillantes fueron como lumbres que, por las frondas de los aceitunos, vinieron a iluminar el huerto oscurecido.- - Pero para Jesús no brillaron, no dieron luz: ni a Él el eterno Padre contestó. Pero su alma habló infinitamente e infinitamente su Corazón quiso. 77 mi dolor llegó hasta Dios. Y Su abandono se unió al de la humanidad.- ¡78 y terrible el abandono de parte del Cielo, cuando tengo la impresión de no tener por mí más ninguno tampoco de la Tierra!-
«Padre, si quieres, aleja de mí esta copa... » (Lc 22,42)
79 se sintió de pie. Tuve en las manos trémulas la copa, que no dejó nunca de desbordar: allí cayó dentro de sufrimiento sin fin. Aquella copa fue como una copa que recibe agua de un manantial que no se seca nunca. 80 dentro de mí, Jesús tomó la copa de la amargura y más veces lo ofreció al eterno Padre.- Yo fui Jesús y Jesús fue yo: fuimos la misma oferta al Cielo. 81 en mi corazón sintió a Jesús repetir: ¡«Padre, Padre, Padre! Aleja de mí esta copa, si es posible. Pero se haga Tu voluntad: quiero morir para dar la Vida». 82 en este momento, mientras le preguntó al Padre de alejarle el sufrimiento, pero al mismo tiempo quiso solamente la voluntad de Él, el rostro de Jesús fue bonito, muy sereno, con los ojos fijos al Cielo:... 83 se sintió en mi alma resplandecer como dos solistas. 84 en aquella dolorosa agonía con el corazón dijo: ¡«Jesús, si es posible, aleja de mí este sufrimiento! ». Pero enseguida me tiré con los brazos abiertos verso de Él, como fuera quemada por las llamas, para zambullirse en un mar de frescor y suavidad: «No se haga la mía pero Tu voluntad. ¡O mi Dios y mi Dios! Quiero consolarte y darte las almas».
Ruega apoyado a un duro peñasco
85 vio una calle interminable cubierta de robustos enredos de espinas: ¡todas aquellos espinas tuvieron que herirme! Mi buen Jesús me hizo comprender y ver en el alma, con una luz muy clara, que aquellas espinas habrían herido por los tiempos, hasta que habría existido el mundo, no el mío pero su divin Corazón.- Querría saber expresar a la inmensidad de aquella calle espinosa y el modo como Jesús fue herido. Pero no sé. Supe en cuanto ver y comprender. Y quedé en aquel dolor, en aquella angustia espantosa.- 86 vio la querida Mamá en preocupación, en amargura, en ansiedad.- ¿Dónde se encontró su Jesús? ¿Qué sufrió en aquellas horas? 87 él rogó con el pecho apoyado a un duro peñasco, y fue circundado por grandes enredos de espinas, que se entrelazaron él un en los otros. Mucho dolor causó maravilla y admiración a los ángeles que del firmamento como estrellas, lo contemplaron. Solamente el Cielo comprendió el dolor de Jesús. Después del Cielo, fue la Mamá a comprenderlo y a vivirlo. ¡Cuánto Jesús y la Mamá se quisieron y como se vieron al uno por el otro! ¡Toda la Tierra, hasta los discípulos, ignoraron el dolor de Corazones tanto amantes!
«Su sudor cayó a tierra como a gotas de sangre» (Lc 22,44)
88 ya que la agonía aumentó, me tiré con la para tierra.- 89 sobre el duro suelo, en una oscuridad espantosa, fuertes tremores me invadieron el cuerpo. 90 se postró a tierra en más lugares; en un más solitario fui de nuevo a rogar solo. Después, volví a buscar a la compañía de aquéllos que quise. ¡Qué falta de preocupación, la ustedes! ¡91 en la noche silenciosa, la copa de mi amargura le fue ofrecida al eterno Padre, mientras, despreocupados, él querido de mi corazón durmieron!- - 92 sobre aquel suelo desnudo y duro tembló de susto: pareció que mis sufrimientos se convirtieran en fuego, formaran llamas que pusieron en ebullición mi sangre. 93 el corazón dio tales tumbos que obligar el cuerpo a revolcarse por el suelo y a sudar sangre. 94 sintió que mis venas se sobrepusieron como hilos de un ovillo. Con gran dolor se abrieron y vertieron sangre que ensopó la tierra.- 95 sintió como si tuviera mi vestido, mojada de sangre, pegada al cuerpo. ¡96 o Pasión de dolor y amor de Jesús, que no eres conocida!
«Nos ha liberado de nuestros pecados a través de su Sangre» (Ap 1,5)
97 con Jesús rogó y sudé sangre. Con Él dentro de mí, sentí como su Corazón abierto fuera el mío:- abrí el corazón a toda la humanidad y con Jesús dije a todo: «Yo soy la Calle, la Verdad, la Vida». 98 vio que de su divin Corazón abierto, con sufrimiento anticipado, Jesús dio que beber a las almas.- - Algunos se alejaron de Él, con rechazo y desprecio; no quisieron tampoco tocar la sangre de Jesús.- Otras bebieron de ello con frialdad e indiferencia, como fuera cosa de poco. Otras vinieron a beberlo con más amor. Otras bebieron continuamente con amor intenso.- Vino otra que las superó todo y, con una sed insaciable, bebió, bebió; se introdujo por la llaga del Corazón divino, él perdette en Él, no reapareció más.- 99 la sangre regó la Tierra: rocío fecundo, rocío de amor.- Tuvo que ser, en el curso de los tiempos, rocío de vida y salvación por las almas.- 100 sintió que la sangre derramada borró las manchas del pecado.- Pero, en el mismo momento, sentí y entrevi de lejos, muy lejano, nuevas manchas, nuevos vicios:- no se quiso aprovechar aquel mar de sangre, de aquel mar de purificación.-
El árbol de la cruz florece
101 se vio lavar el mundo con la sangre. Y el árbol de la cruz floreció de mi parte. Pero enseguida una derrota, la derrota causada por el mal, arruinó todo, hasta el tronco. Mis venas fueron las raíces de este tronco y, porque no muriera y siguiera dando la vida, yo tuve que continuar a sufrir y dar mi sangre. La derrota, la destrucción que mi alma vio, me llevó a la agonía.- 102 instintivamente, entre yo repetí: «Mi alma es triste hasta morir de ello». 103 algunos momentos después, me sentí salida por el sepulcro:- la piedra que lo cubrió quedó de un lado. Salí gloriosa a triunfar sobre todos los sufrimientos Esta visión de gloria, tenida por adelantado, no me dio ningún alivio.- 104 y nuevos enredos de espinas vinieron a envolver la copa. Estas espinas emitieron luz que lo iluminó y lo hizo resplandeciente. Pero toda la luz y el resplandor subieron al Cielo. Al alma quedó solamente la noche oscura, silenciosa, triste.-
«Del cielo vino un Ángel a Jesús para confortarlo» (Lc 22,43)
105 postrado por tierra, en un rincón aislado... 106 vino un consuelo del Cielo. 107 No vi a nadie, pero sentí que del Cielo alguien descendió venido a fortificar mi alma, a levantarme de la desnuda tierra, a aliviar mi agonía.- Pero éste tuvo que retomar enseguida. Sentí que para llevar alivio a mi alma fue un mandado por el eterno Padre; pero Su abandono continuó. 108 el Calvario con la cruz no desapareció. El mundo con su maldad siguió a agravando los sufrimientos.- 109 se sintió pero más fuerte para afrontar lo que me esperó. 110 Mientras mi alma consternada luchó en aquel martirio, sentí como si un canal descendiera del Cielo y me atrajera dentro de si. Aquel canal tuvo la Vida divina. Y toda mi vida terrenal, todo mi ser de miserias fue traspasado por ella, como de rayos de sol resplandeciente y penetrante. ¡Qué amasijo! ¡La Tierra con el Cielo! Si me supiera expresar como supe sentir, transcurriría una vida entera a hablar solamente de este, sin nunca acabar.
¡«Os levantadas, vamos! Está llegando el que me traiciona» (Mc 14,42)
111 allá en el huerto, con Jesús agonizante, vi los apóstoles asociados a dormir sin preocupación alguno. 112 los apóstoles durmieron. Judas se aproximó. 113 Jesús, lleno de dulzura y mansedumbre, llamó a los apóstoles por el gran acontecimiento:- la captura. 114 lo oyó exclamar: ¡«Os levantadas, vened! La hora ha llegado». 115 sorprendido por la voz de Jesús, se sacudió. 116 fue necesario que ellos vinieran a ver tan gran amor y tan gran ingratitud: el uno frente a la otra.
«Judas se acercó a Jesús y le dijo: ¡Hola, Maestro! Luego lo besó» (Mt 26,49)
117 oye el trasiego de la gente, el tintinnìo de los arma. 118 ve el espeso grupo de los soldados y, con ellos, un mayor número de hombres que se acercan a Jesús, con bastones en las manos alzadas; llevan el furor del infierno. 119 agotado, con los vestidos empapados de sangre, en una tristeza profunda y casi sin vida, Jesús espera. Ve aproximarse al soldataglia y el traidor. 120 oye una voz que, con toda dulzura, dice al que se acerca: ¿«Mi amigo, por qué vienes? ¿Y con un beso que entregas a tu Dios? ¿Qué mal te he hecho yo, si no te quieras? ¿Y así que correspondes? ». Y padecido a Judas se hace adelante y besa a Jesús. 121 recibe sobre mi cara aquel beso. ¡Beso mucho cruel! Sin embargo todavía consiguió de los labios de Jesús, rebosante de bondad, la dulce palabra de «amigo».- ¡O dulzura o amor del Corazón divino! 122 en el mismo momento ve cómo un puñal muy agudo que se clava en el Corazón divino de Jesús. Con este puñal clavado, Él va hacia la captura, entre maltratos: ya no le será sacado. 123 de aquella gran herida sale rayos luminosos que difunden amor. 124 vio y sentí por mucho tiempo que aquel beso, aquella ingratitud, aquella traición se habrían repetido por todos los tiempos.-
«Si me buscáis, aquí me tenéis» (Gv 18,8)
125 ¿«Quiénes buscáis? Soy yo: eccomi». 126 ve a los soldados caer a tierra y oigo la voz de Jesús: «Os he dicho ya que soy yo. Si me buscáis, aquí me tenéis». 127 los soldados avanzan para capturarlo. Pietro desenvaina la espada y talla una oreja a uno de ellos. 128 ve el cruzarse espadas, veo las armas de los soldados. ¡Qué gran combate, si Jesús, con sus miradas divinas y con la mano alzada, no calmara y calmara todo! 129 ve a Jesús pegar la oreja. 130 obra el milagro: ¡no queda traza de herida! ¡Con cuál delicada bondad, el Dios actúa! 131 Jesús han remediado con mucha dulzura al mal hecho por Pietro. Con la misma dulzura se entrega a los malhechores y se deja atar.- ¡Pudiera enseñar la ternura, la mansedumbre y el amor de Jesús vierto a todos los que lo ofenden!- No hay nada sobre la Tierra que se pueda comparar con Él.-
DE LA CAPTURA A. LA CONDENA
«Me ha tomado en medio un turma de inicuos» Sal 21,17)
1 Jesús salió del huerto, circundado por soldados con armas y de hombres con bastones. 2 lo vio caminar entre ellos, esposado. ¡Mi Dios, como fue maltratado! 3 cayó por las patadas que le fueron dados, golpeó con sus divinos labios de las piedras, quedando de ello muy herido.- - 4 bajo aquella furia de golpes y crueldad, sintió su divin Corazón palpitar dentro de mi pecho, afligido por el dolor y el cansacio tan de parecer que os dejara la vida. ¡5 con cuál trabaja subimos el pendìo después del huerto! 6 cayó repetidas veces; tuve que realzarme y subir sin tener quién me ayudara. 7 soportó cada tormento de aquella vil gentuza. 8 sintió como si la garganta se cerrara y los labios se pegaran: fui muda, sin ser muda. 9 en aquel triste viaje Jesús no habló nunca, solamente su divin Corazón siempre habló:- fue un libro abierto, el libro del amor. No lo leí, pero lo comprendí. Mi divin Maestro, en aquel trayecto, me hizo comprender toda la amplitud de su amor infinito.- -
«Uno de los presentes le dio una bofetada» (Gv 18,22)
10 nos acompañó a la presencia de los sumos sacerdotes. 11 yo sentí los vestidos pegados al cuerpo por la sangre ya condensada.- En la gran sala de Anna vi detrás de Jesús a los hombres con armas y bastones. 12 sintió la bofetada cruel. 13 vio al gran ingrato que osó dar aquella bofetada a Jesús y al rencor con que se lo dio.- Se lo dio en mi corazón. Aquel hombre fue alto, delgado, moreno, de feo aspecto. ¡14 fue muchas las risotadas y las palmadas, como hubiera hecho la más bonita de las acciones!- 15 Jesús ricevette la afrenta con extrema calma y mansedumbre. ¡ Como 16 se hizo pequeño, Jesús! ¡Y como estuvo desentonado! Anna en cambio, en su vanagloria, estuvo vanidoso, viéndose como adorado de cuánto lo circundaron. 17 el dolor de la mejilla no puede compararse para nada con el del corazón.- ¡Ay, mi Dios! ¡Pudiera enseñar el dolor que te causaron!
«Los guardias del templo llevaron Jesús en la casa del sumo sacerdote» (Lc 22,54)
18 subió, después, otra escalinata, a manos atadas, casi completamente agotada. Subí sin tregua, golpeada de palizas y de patadas; tuve la cara cubierta de escupitajos. 19 vio el brasero cerca de que Pietro estuvo con los que se calentaron.- 20 fue llevado a la presencia de hombres severos, de malo carácter, sentados en trono como rey. 21 todavía antes de que fuera elaborada la sentencia contra el cordero inocente, sentí aquella autoridad orgullosa rasgarse de cabo a rabo los vestidos, con un furor diabólico. 22 oyó todo aquel orgullo y aquel falso tamaño.- ¡El Dios de todo fue, entre todo, el más pequeño! ¡Qué confusión, la mía! 23 vio tan al natural los maltratos a mi querido Dios.- Él me hizo comprender que, sin la Vida divina que tuvo en si, no habría podido ser conducido vivo a la cárcel.- ¡Por mi mayor confusión comprendida a fondo que yo estuve en el número de los torturadores que maltrataron al Dios!
«Mi hijos, son aquí solamente por amor»
24 sintió mi alma ir a la cárcel le encuentro a Jesús. 25 tuvo un aspecto triste, desfigurado; estuvo helado: ya pareció un cadáver. 26 tembló de frío: ¡perdió mucha sangre! ¡Como fue agotado! 27 yo sentí su tristeza, su agotamiento y los sudores que le mojaron el cuerpo. 28 se asoció con su dolor, a su tristeza y, como Él, quedó exhausta.- ¡29 estuvo a manos atadas, por cuánto en cárcel! 30 muy triste me dijo: ¡«Ves, pare mi; no se conformaron con catturarmi:mi dejaron puras esposado!- ¡Como es grande la ingratitud de los hombres! ». 31 y, bajo el peso del dolor, añadió: ¡«Pares, pare mi! ¿Soy vuestro padre; me tratáis así? Soy aquí solamente por amor hacia de vosotros». ¡32 el verlo así, a manos atadas, hecho un criminal, cuánto costó a mi duro corazón!- 33 oyó Su voz dentro de mi corazón: «Mi hija, está capturado, estoy esposado por amor de ti. Digo por amor de ti, porque lo que hice por todas las almas también lo hice personalmente por ti.- Acompáñame en mi santa Pasión».
«Sea mi corazón Tu cárcel, pero sólo de amor»
34 sólo fue todo, sin quién lo confortara, le usara una atención, le demostrara amor. ¡35 cuánto padece yo probé! No le dije casi nada, por cuánto quisiera decirle mucho: ¡no pude consolarlo; no supe quererlo! 36 mi pobre corazón habría querido lanzarse a sus pies para ser de Él pisado y desentonado.- ¡Habría querido calentarselos con su amor, y no lo tuvo! 37 Jesús, con mucha suavidad, me invitó a quedar con Él: «Quedas conmigo, mi hija, capturado por mi amor. Yo, por tu amor, me dejé capturar; y del amor todavía quedo apretado». 38 él todavía es atraído por el amor en los Tabernáculos, porque ahora sobre la Tierra no tiene otra morada.- 39 mi corazón voló de la cárcel a los Tabernáculos. ¡Unión indisoluble! 40 lo abrazó y con ternura le dije: «Mi Jesús, viene en mi corazón: sea este Tu cárcel pero cárcel sola de amor. ¡No permitas que yo me ofenda, ni permita nunca que otros te ofendan! ». 41 sintió la unión de Jesús. 42 sintió mis muñecas esposadas con las mismases cadenas. 43 me pareció que mi pelo fuera ensopado de sangre; tan incluso mi vestido, que estuvo pegada al cuerpo.- 44 sintió el cuerpo mucho abollado y cansado, 45 los ojos cerrados en la tristeza más profunda, los labios mudos. 46 se sintió solo, mientras que todo durmió. 47 sufrió por el abandono en que me dejaron los que me fueron más queridos.- ¿Dónde fueron esfumadas sus afirmaciones de no abandonarme? 48 el silencio fue profundo. Reinaron las tinieblas. Sólo el dolor murmuró en el corazón. 49 oyó el dolor de Alguien que lloró al intuir cuanto yo sufrí: este dolor fue amor de Madre. En el silencio, me uní a aquel dolor.
Va a morir, pero es la Vida
50 me pareció de despertarse de sobresalto de una profundidad sueño.- ¡51 vio la cruz, la corona de espinas, los flagelos, la lanza, los martillos, los clavos! 52 vio la montaña del Calvario y, en cima, erigida la cruz. No hubo nadie sobre aquella madera. Jesús me hizo comprender que fue mi cruz y me invitó a ir verso de ella de buena voluntad. ¡53 que visión espantosa! ¡54 La muerte, la muerte! ¡Voy a morir! Fui a morir, pero, al mismo tiempo, fui la Vida. 55 vio a la Mamá, de pie delante de mí, con semblante triste, pero como a sustentarme. Me sentí más fuerte, gracias a su imagen imprimida en mi corazón.- 56 con Jesús irrumpió entre todos los sufrimientos.
«En cuanto fue día... hicieron conducir a Jesús delante del tribunal hebreo» (Lc 22,66)
57 me vino a tomar a la cárcel. 58 sintió que abrieron las puertas y me condujeron fuera. ¡59 me esperó una gran multitud de gente; mi Dios, cuánto carcajeáis oí! ¡60 el dolor de mi alma fue muy grande! no lo sé decir, lo supe solamente sentir. ¡61 bajó las escaleras de la cárcel; que cansacio, la mía! Al fin de ellas tropecé y caí. No pude realzarme. 62 cayó sobre de mí los torturadores: ¡qué rabia infernal, que descarga de bofetadas y de patadas! 63 por grandes escalinatas, fue conducido enseguida a la presencia de los jueces. ¡Cuánto sufrí al sentir a Jesús, tamaño sin igual, sé mucho pequeño delante de ellos, sé justo un nada!- ¡Y ellos, los auténtico nada, llenos de orgullo y vanidad; llenos de tamaño sin ningún poder! El Potente se bajó y se elevaron en su orgullo aquél que no tuvieron nada.
«Una vez más Pietro dijo que no fue verdadero, y enseguida un gallo cantó» (Gv 18,27)
64 vio el brasero cerca del que los enemigos de Jesús se calentaron; entre ellos hubo una mujer, falsa y provocadora, que suplió de mensajero. 65 un poco lejano, fue uno, aterrorizado y tímido, que estaba acercándose: Pietro. ¡66 fue interrogado por aquellas personas; cuáles miradas maliciosas se intercambiaron entre ellos! ¡67 que espero astuto tuvo a la mujer mientras, como un policía, Pietro investigó!- 68 vio a Pietro mientras Jesús renegó; pero sentí que lo hizo solamente por temor. 69 el gallo cantó. Sentí en el alma su canto. Pietro se apartó para llorar. Sus lágrimas corrieron como en mi corazón dos riachuelos. ¡70 como fue grande su arrepentimiento! ¡71 tuviera el mismo dolor de arrepentimiento por mis pecados! 72 el gallo cantó en mi corazón repetido veces. Jesús sufrió horriblemente, pero en silencio. 73 sintió su dolor infinito y su manso amor hacia todo. ¡Cuánto amargura, cuanta tristeza en el Corazón de aquel cordero inocente!
«Luego llevaron Jesús del edificio de Caifa al del gobernador romano» (Gv 18,28)
74 mi alma de nuevo Jesús acompañó a los tribunales. 75 mi corazón y mi alma recorrieron con Él las calles, de tribunal en tribunal, entre la algarabía de odios, calumnias, insultos y esquemas.- 76 salió de la cárcel que fue tinieblas; y tinieblas fueron las calles que recorrí lentamente.- 77 procedió estrechamente con las manos atadas, pero más oprimido fue el corazón: stentava a palpitar. Sin embargo mis labios no se abrieron para pronunciar palabra.- 78 oyó el sufrimiento por la traición y todo aquellos de ello deriváis. ¡Entre los maltratos, el ruido, los esquemas, el corazón sintió un amor loco, un cariño indecible, hasta para el traidor!- ¡Ay, si él quisiera volver a este corazón! ¡Si quisiera reconciliarse! 79 el corazón murmuró: «Tengo sed de vuestros anime:voglio poseerla».
«También Herodes se encontró a Jerusalén.
Amontonado ordenó que Jesús fuera llevado por él» (Lc 23,7)
80 fue interrogado por señores arrogantes, llenos de soberbia: convencidos de poder hacer todo. ¡Frente a mucho tamaño, como fui pequeña! 81 acompañó Jesús al edificio de Herodes, con gran repugnancia. 82 tuvo de frente toda aquella malicia, aquella presunción colmada de falsedad; su soberbia y la vacía autoridad.- 83 vio e incluidos bien toda la malicia de los Erosionas.- 84 se sintió a ojos bajos, labios mudos, bañada de un viejo manto, a oír los esquemas y la algazara del pueblo. ¡85 cuanto dolor en el ser tratado como loca! Pero esta locura fue amor, fue locura por las almas. 86 volvió de Pilatos. 87 sintió la grande, indecible soberbia de los que se creyó a jefes. Oí la humildad y la pequeñez de Jesús.-
«Entonces Pilatos cogió a Jesús y lo hizo azotar» (Gv 19,1)
88 fue conducido a la flagelación. 89 vio los modos escamondas con cuyo a Jesús desvistieron hasta la cintura 90 y lo ataron luego a la columna con grandes cadenas de hierro.- 91 se sintió arrodillado y atada a la columna. Una lluvia de flagelos cayó sobre mi cuerpo y una lluvia de jirones de mi carne y gotas de mi sangre cayó alrededor de mí, manchando al suelo y los que me circundaron.- 92 mi cuerpo fue lacerado con bolitas de hierro o cosas parecidas. 93 me pareció Todo el cuerpo fue una herida sangrante. 94 cayó agotado a los pies de la columna. Y vi dentro a Jesús de mí en el mismo sufrimiento. 95 sintió sus miradas divinas elevarse hacia su Eterno Padre, en un amor indecible. 96 sintió que Jesús inclinó al jefe sobre el pecho, cerró los ojos, estuvo a punto de exhalar. Esta escena se repitió más de una vez.
«Los soldados entrelazaron una corona de ramas espinosas y se la pusieron en cabeza» (Gv 19,2)
97 vio al jefe sacrosanto de Jesús coronado de espinas, los que procuraron al divin cuerpo un baño de sangre. Lo vi, y me estuvo en mí: yo fui, como Él, flagelado y coronada con la misma corona de espinas.- 98 sintió el gran casco de agudas espinas violentemente confitte en mi jefe:- alguien con varas le golpeó para hacerle aún más penetrar intensamente. 99 La corona no me ciñó solamente la frente: no hubo parte del jefe que no fuera herida de ello. Los dolores fueron insoportables. ¡100 que lluvia de sangre cayó de mi jefe, coronado de espinas!- 101 no nos vio para la gran abundancia de sangre que corrió sobre el rostro.- No pude moverme porque tuve las carnes hecho jirones. 102 bañado con vestidos de rey, pero por escarnio, me pusieron en mano una caña. ¡Cuánto barbarie, contra mí! ¡Cuánto fue grande el número de los que se ingeniaron de inventar mayores torturas!
«Jesús vino fuera con la corona de espinas y la capa.- Amontonado dijo: He aquí el hombre» (Gv 19,5)
103 sucesivamente , vi las escaleras a lo largo de las que Jesús subió, después de haber sido flagelado, y dónde dejó huellas bien visibles de su sangre divina. 104 se sintió conducida por alguien, que me dio la mano, a la galería de Pilatos. 105 tuvo el aspecto doloroso del «ecce homo»:- 106 el jefe cubierto de espinas, el rostro empapado de sangre, el cuerpo todo herido y lacerado.- Vi y oí la gran multitud que a una sola voz, bien lejano del tener piedad de mí, gritó preguntando mi crucifixión. 107 mis orejas sintieron recalcar: ¡«Muera! ¡Sea condenado!» Ay, cuales grita, las de la muchedumbre! Sentí el escarnio de algunos que escucharon a aquella numerosa y vil gentuza que condenada me quiso a muerte. 108 Ricevetti la sentencia de muerte. 109 vio la cruz que, poco después, habría sentido sobre los hombros.
«Amontonado dijo: Cógedlo y lo ponéis vosotros en cruz. Por mí, no ha dolido nada de» (Gv 19,6)
110 el pueblo, numeroso, como en una fiesta, esperó para ver a Jesús y quiso oír la sentencia: ¡ahora se alegró al oír la condena a muerte! 111 sintió la dureza de todos aquellos corazones: ¡no se conmovieron al ver a Jesús flagelado, coronado de espinas, condenado a muerte! 112 Jesús, inocentes, no tuvo una palabra contra aquel pueblo.- Sufrió en silencio. Todo aceptó, mientras que su divin Corazón aún más quiso locamente.- 113 unos se fijaron en Él con compasión; otros con odio. Más más allá de la Mamá le apareció; de otra parte la Verónica, en fin todavía algunas mujeres. 114 mi alma lo vio gran montaña del Calvario y, sobre la cima, ya erigida la cruz sobre que tuve que ser crucificada. Esta cruz llegó al Cielo: lo obligó a abrirse y lo hizo resplandecer.
LA SUBIDA A. EL CALVARIO
«Los guardias lo hicieron ir fuera ciudad obligándolo a llevar la cruz sobre los hombros» (Gv 19,17)-
1 Ricevetti la cruz. 2 tomaron la yo: sentí que me la colocaron sobre los hombros. 3 dobladura, pisada por su peso, allí caí bajo en el mismo apuesto donde me encontré. 4 me pareció de hundir bajo el suelo. 5 me hizo recordar mis crucifixiones: sentí el mismo peso de la cruz que me hizo desmayarse. ¿6 bajo aquella carga aplastante, como caminé yo? Como fuera un vermiciattolo de la tierra, escondido en ella. 7 caminó por calles tristes. Sí, no hubo luz; fueron oscuras. Os oyó solamente el escarnio y la algazara del pueblo. ¡8 toda la humanidad llenó aquellas calles! La cruz, Jesús, yo, me envolví en ella: fue como un rollo que siempre rueda. 9 caminó fallecida a lo largo de la subida del Calvario. Y sobre mi muerte llevé la muerte de toda la humanidad: ¡qué peso sobre de mí! 10 sobre mis hombros no llevó sólo la cruz pero el mundo entero: lo sentí bien.
La Madre se abre un paso entre la gente
11 oyó el alboroto del pueblo. 12 fue detrás todo un grito y un alboroto de mí. Fueron no grita de dolor, pero de odio y de injuria.- 13 vio la multitud que me acompañó: ¡pocos amigos, casi solamente hostiles! Los amigos se conmovieron; los enemigos descargaron latigazos sobre mi cuerpo, sin compasión ni piedad. 14 el corazón también sintió lejos las risotadas que vinieron de, densas de escarnio y de satisfacción.- - 15 junto a Jesús los dos ladrones caminaron, con las mismas cruces. 16 el alma vio a la Mamá, a rostro casi cubierto, caminar en llanto todo, muy de prisa, en busca de Jesús.- 17 se abrió un paso entre la gente, para ver dónde pudiera encontrarlo. 18 mi corazón intuyó cuanto sufrió su Corazón de Mamá y con cuál ansiedad Ella fue a la búsqueda.- 19 su Corazón estalló y se disolvió en dolor, haciendo estallar y disolver en dolor aquel de Jesús. 20 por cuanto no se viera, yo sentí la unión, el dolor, la amargura del uno y el otro Corazón.
«Un grupo de mujeres se batieron el pecho e hicieron quejidos sobre de Él» (Lc 23,27)
21 casi al principio, Jesús cayó: se hirió gravemente el rostro y el pecho.- 22 el agotamiento, la tristeza y las heridas de Su cuerpo se reprodujeron en la mía. 23 cayó otra vez; y yo también caí. 24 en las caídas, las espinas penetraron cada vez más profundamente: el jefe sólo fue uno dolor; la cara, pegada y ensangrentado, manchó cada vez las piedras sobre que golpeó. 25 la sangre coló - o mejor yo sentí como si colara -; me dio a los labios, me ahogó: a veces me faltó la respiración. 26 por la carga aplastante, caminó curva y la herida del hombro se agravó. Ya que fui muy curva, sentí y vi caer de mis ojos al suelo frecuentas lágrimas de sangre. 27 me siguió a algunas mujeres: lloraron amargamente a la vista de muchos padecimientos.- Mientras caminé, me fijé en ellas con miradas de compasión. El corazón les murmuró: «No lloráis por mí, pero por vosotros. Lloráis vuestras culpas: soy la causa de mis dolores».
Jesús invita a seguirlo, llevando la misma cruz
28 delante de mí Jesús caminó con la cruz sobre los hombros.- A veces giró atrás su santo rostro:- fijó sobre de mí sus miradas llenas de ternura, invitándome a seguirlo y a ser capacitado para Él mi cruz. ¡29 miradas muchos dulces que invitan y atraen a si las almas! Yo no pude resistir a aquella invitación; no sujeté a aquel dolor.- 30 abrazó fuertemente mi cruz y recorridos mucha calle: quise con todo el amor las espinas que envolvieron a mi jefe. 31 sintió como si fuera yo a llevar sobre la cima de la montaña toda aquella carga, con todos los instrumentos de martirio.- - Los llevé con mucho amor, ellos me apreté fuertemente a y los custodié como fueran el más gran tesoro:- fueron las llaves por el Cielo. 32 La cruz cargó sobre de mí. Pero Jesús no me dejó sola: me acompañó, me ayudó a llevarla.
El amor lo obliga a subir
33 cayó varias veces por el peso de la cruz. 34 fue arrastrado por varios metros a través de cuerdas, con la para tierra. Grandes heridas me quedaron sobre las mejillas, por las carnes laceradas que quedaron sobre las piedras, ensangrentándolas.- 35 en una caída el agotamiento fue tal que no fui capaz de realzarme. Un furor infernal me tiró sobre con gran crueldad: ¡36 fue arrastrado atrás al por muchos rasgos! 37 sintió las cuerdas a la cintura y el cuello que me cortaron. 38 fue como una pelota que rodó de lo alto en bajo y del bajo para arriba, entre los sufrimientos. ¡Fui la pelota de diversión de los verdugos! Bajé, cuando fui arrastrada por el furor; subí, cuando la violencia me hizo subir. Pero, sobre todo, me movió el amor. 39 mis ojos se negaron de fijar las miserias horribles que sentí. 40 fue ciega en la dirección del dolor; pero nos vi bien en la dirección del amor: fue el amor que me obligó a caminar y a vencer. 41 subió la pendiente con todos los padecimientos, pero lo subí con todo el amor para dar la vida. 42 más fuerte, muy más fuerte que la furia de los torturadores fue la fuerza del amor que me arrastró.-
La Madre encuentra
43 me vino encuentro la Mamá. 44 me miró intensamente; yo lo miré intensamente.- Se unieron nuestros corazones en el mismo dolor. ¡45 cuantas cosas se lo dijeron un el otro! El cambio de nuestras miradas fue breve: tuve que continuar maltratado, empujón, arrastrado.- 46 sin tiempo para poderla contemplar, por causa de la prisa de quién me arrastró, el corazón atado a Usted me quedó. Siempre caminé. Incluso ella caminó, conducida por mi mirada, que le hirió y atraído el corazón y el alma. 47 en todo el recorrido no perdetti nunca la unión con Usted: no arrastré solamente la cruz, pero también lo arrastré, o, mejor, arrastré su dolor. 48 nuestros corazones, en el dolor, no se separaron: fueron unidos como de dos hilos de corriente eléctrica.- 49 me acompañó, lejana en apariencia, pero en realidad a mí unido. Nuestros corazones sólo sufrieron en uno corazón. Nuestras lágrimas tuvieron la misma amargura, el mismo dolor, los mismos sentimientos. 50 nuestros corazones se hablaron ininterrumpidamente.
Besa la tierra en la que se hiere
51 caminó silencioso: el alma lloró, mientras que el corazón sangró. 52 sobre de mí pesó la montaña terrible de toda la humanidad. 53 ansioso de dar la vida, sentí como si a cada paso hiciera una excavación en la roca más dura: roca que tuve que ablandar con mi sangre. 54 A mitad del camino, grande fue la caída y la descarga de flagelos sobre mi cuerpo. 55 quedó con una rodilla a tierra y al otro alzado. A un tirón brutal de las cuerdas, que pareció más infernal que terrenal, caí hacia adelante. Las espinas del jefe se clavaron intensamente; mi cara se hirió hasta a enseñar los huesos. Los labios se abrieron ensangrentadas; y besé la tierra en la que me herí. 56 las miradas de mi alma se extendieron sobre la humanidad.- ¡Cuál miradas! ¡cuántas cosas expresaron! ¡A cuantas cosas la invitaron!
El gesto atrevido de la Verónica
56 procede llagado en todo el cuerpo: mis ojos y también las orejas gotean sangre. Mi jefe es solamente espinoso mojadas en la sangre. A cada tirón violento de las cuerdas, mis huesos parecen dislocarse. 57 me viene encuentro una mujer, la mujer querida que tiene compasión de mi dolor. ¡Con cuál delicadeza y amor me limpia el rostro del sudor, de la sangre, del polvo! Vínculos del más apretón amistad atan nuestros corazones. E indecible lo que querría decirella de; las alabanzas que querría hacerle. ¡Como querría que se hablara de este su acto mucho heroico! 58 siente que mi rostro y el amor de mi corazón - que no es mi amor - quedan imprimidos en la tela. ¡59 ella la aprieta al corazón como al mayor tesoro; y lo es, en verdad! 60 aquel retrato sin igual será contemplado hasta al final del mundo.- No solamente 61 Jesús le dejó Su rostro imprimido, pero le donó junto, como premio, su Corazón inflamado de amor.- ¡Cuál gratitud, aquel de Jesús! ¡62 cuál gran recompensa ricevette de Él! ¡63 yo también supiera querer a Jesús como la Verónica lo quiso!
En una caída se desmaya bajo el peso de la cruz
64 cayó bajo el peso de la cruz. Un brazo de la misma me golpeó el pecho y me hirió el corazón. Quedé desmayada por algunos instantes. Los torturadores me fijaron despertados la curiosidad, creyéndome a fallecida. Un nuevo furor me arrastró con fuerza, haciendo chocarme de las piedras de la calle:- nuevos manantiales de sangre fueron abiertos por las espinas de mi jefe. Pero, también así, de mi corazón sólo desatascó amor y compasión para los torturadores. Las podridas reanudaciones, todavía más acelerada; la rabia de los torturadores deseó de verme sobre la cima del Calvario:- quisieron completar sus malvados intentos. Jesús susurró en mi corazón: ¿«Por qué me herís así, si voy a morir por vosotros? ». 65 La Mamá, con las manos cruzadas, Jesús siguió, transfija de dolor.- 66 lo siguió en doloroso llanto. Algunas mujeres lo acompañaron. 67 Jesús caminó, pero como quién mira atrás, para fijarse en su Madre bendita. ¡68 que dolor, aquel de la Mamá, para no poder acercarse a Jesús y realzarlo en sus caídas! Habría querido besarlo, limpiarlo, lavarle las heridas con sus lágrimas. 69 detrás una mujer caminó: no le vi el rostro, pero sólo una espesa melena desatada.
«Pararon uno alguno Simón nativo de Cirene; le cargaron sobre los hombros la cruz y lo obligaron a llevarla detrás de Jesús» (Lc 23,26)
70 estuvo a punto de exhalar a cada paso. Caí, y sobre de mí cayó la cruz. No por piedad, pero por temor quisieron a alguien que la llevara.- Hubo quien siguió llevándola: no por amor, pero por imposición. 71 esta ayuda no fue voluntaria: no de ello ricevetti consuelo.- 72 sin embargo sentí que mi corazón le dispensó mucho amor. 73 estuvo solo hacia la cima de la montaña que me fue sacada la cruz. Pero yo sentí como si siempre llevara de ello el peso. 74 casi caminó sin vida y como si llevara la cruz. La sangre que vertí se transformó en uniones que me unieron a ella. 75 Los labios fueron cerrados, pero el corazón pareció hablar a todo para enseñar a todo su amor.- 76 quiso quién, en el viaje, me confortó y dio pruebas de cariño; quiso quien me maltrató y despreció. 77 mi corazón pareció cubrir toda la Tierra. 78 pareció que un corazón mucho amante no pudiera ser contenido en mi pecho. Su amor pareció quemar todo mi ser.
La sed ardiente del corazón es la fuerza del suyo caminar
79 una Vida de lo alto sustentó mi cuerpo, ya casi cadavérico. 80 estuvo en un estado peor de aquel de un leproso en descomposición.- El corazón
avanzó ansioso: tuvo que vencer, tuvo que morir por las almas. 81 La sed del corazón, sed de morir, sed de abrir el Cielo para hacer aparecer y brillar el sol en las almas, creció, se hizo cada vez más viva cuanto más se aproximó la cima y el momento de dar la vida.- Sed insoportable, sed indecible: sed que no fue mío. 82 mis labios moribundos tuvieron una sed ardiente, pero el corazón aún más estuvo sediento: quiso beber la amargura hasta la última gota; todo quiso sufrir, porque tuvo amor por todo. Todo quiso dar por todo para recibir. 83 La sed ardiente que llevé en el corazón fue la fuerza del mío caminar.
Montaña de muerte para Jesús, de vida por la humanidad
¡84 La vida huyó! ¡la cima no llegó! 85 La montaña se elevó, se elevó. ¡86 pareció llegar a las nubes! 87 fue mucho alto: ¡de la tierra llegó al cielo! ¡Y yo, sin fuerza para subir! 88 cuanto más caminé, más vine menos; mientras más alta, difícil y dolorosa yo vi la montaña.- 89 cuanto más se aproximó el fin, más difícil se volvió la subida: más agonía, más sangre, más abandono, más dolor. 90 no pudo dar un paso sin sentir mis carnes deshacerse y mis nervios destruirse. 91 las salidas de sangre fueron casi continuas. El agotamiento me dobló a tierra. 92 todos los sufrimientos que me vi delante me comprimieron sobre el corazón: fue una opresión que lo ahogó y le quitó la vida. 93 un amor irresistible me ató cada vez más a la cruz.- El amor superó todos los dolores. 94 en esta locura de amor se aproximó la cima. Por mí y para Jesús que en mí subió fue montaña de muerte, pero estuvo a punto de convertirse en montaña de vida por la humanidad.- El dolor aumentó junto al amor.
El alma comprende los misterios del sufrimiento
95 todo el mío vivir fue sumergido en la Pasión dolorosa de Cristo. Mi corazón, ardiente de amor, le fue atado al Padre celeste:- fue Él que quise; fue por Él que quise las almas.- 96 fue, o me pareció de ir, por otro mundo, superior a este, mientras mi corazón acá en bajo sufrió el dolor más triste y profundo. ¡Fue mucho pequeño por lo tanto sufrir! 97 el corazón quiso y allá, sobre la cima que llegó al cielo, el alma los vio la cruz de Jesús y en ella confitto. Yo tuve que unirme a Él. 98 La cruz fue un faro de luz que entró en mi pecho a iluminar todo. Sentí atraída de ello. Para abrazarla, para poseerla, seguí caminando. 99 fue cruz de triunfo, que brilló más que el sol. 100 mi camino es espinas y sangre; y Jesús, todo herido, es cruz, dolor y amor. ¡101 cuál secretos indecibles vio mi alma en así grandes sufrimientos, en tan doloroso viaje y, por fin, sobre el Calvario! Las tinieblas negras de la noche no impidieron sino el alma pudiera sondar todos aquellos secretos, que sólo la sabiduría de un Dios puede y sabe revelar. 102 estuvo oculto, misterios de Redención. 103 unido a esta sabiduría, de cuyo nada sé decir, yo me sentí obligado a sufrir y a agonizar.
¡«Camina! Yo te ayudaré»
104 fue a lo largo del Calvario, triste y desentonada. Siempre el mismo gusano a abrir el camino, sin perder la Vida del Cielo. 105 fue tales y muchas los sufrimientos, que yo no sujeté:- me sentí faltar, no pude de ello más. Quedó exhausto 106 el cuerpo; quedó agotada el alma. 107 me apareció Jesús con su Corazón divino, no doliente, pero lleno de gloria. De todo su cuerpo santo, pero con mayor abundancia de su costado abierto, salieron rayos brillantes de fuego, que vinieron verso de mí. Jesús levantó las manos y, con un dedo apuntado hacia el Cielo, me dijo: «Camina, que yo te ayudaré». 108 caminó haciendo caer, como rocío de sólo amor, muchas lágrimas sobre Jesús y su cruz. Fui, pero no llevé la cruz: no llevé nada. Alguien la opinó y fue capacitado para mí. Fue Jesús el cirineo de todos mis días, el cirineo de cada momento de mi vida.- 109 mi corazón no se separó de Jesús: sólo de Él esperé la fuerza. Mis ojos no pudieron separarse del cielo. Caminé, pero siempre con las miradas bien fijas allá.- ¡El Cielo, el Cielo, el objetivo de todo el mío sufrir! Dar honor y gloria a mi Dios y salvar las almas.- Aceptar y hacer la voluntad del Padre. ¡110 bendecido la cruz! ¡Bendito Jesús que así me la da!
El amor vence, a pesar de todo
111 el corazón jadeante semejó estallar por los fuertes deseos de divisar nuevos mundos de pureza y amor que entregarle a Jesús.- 112 el amor venció, a pesar de que me pareciera de arrastrar a duras penas conmigo el mundo. 113 no fue yo que caminé: fue otra Vida que mi ser tuvo. Esta Vida abrió un nuevo camino en los caminos de la amargura.- Pero éste quedaron chochos, regados con mi sangre.- 114 mi cuerpo dio sangre como una fuente pública: regó los caminos por que pasó. 115 me pareció que fuera yo a esparcir sangre a lo largo del Calvario; pero, en el mismo tiempo, la sangre de Jesús me regó y me abrió una nueva calle que me condujo a su divin Corazón. Fue fuera única, la Calle de salvación. 116 sintió que Jesús me llevó consigo. Él fue el viandante y el condenado. Fue el que sufrió. Pero transmitió su dolor a mi corazón. 117 La calle a su divin Corazón quedó abierto. Todos tuvieron el permiso de recorrerla. Pareció cavada entre peñascos de piedra, de los que él pudo sacar obras maestras; pero fue necesario que fueran regados con la sangre de Jesús, y lo fueron, en verdad. Pero no bastó todavía: fue necesario dar la vida. Y fueron este los anhelos de Jesús.
¡Qué cansacio mortal al final de la subida!
118 ya cerca de la cima de la montaña, sentí a Jesús morir. Ya no pudo dar un paso: hizo más calle arrastrada cruelmente, de lo que hiciera de ello con sus pies. No nos vio por los ojos pegados por la sangre. Y su santo cuerpo estuvo helado, incluso antes de que estar sobre la cruz.- 119 Al fin del viaje, sintió en mi corazón que Jesús cayó. Quiso alzarse y no pudo: los vestidos se enredaron; no el agotamiento no se lo permitió. Los torturadores lo arrastraron con las cuerdas por algunos metros. 120 en mi corazón lo vio y lo sentí levantar los ojos al Cielo en actitud de preguntar socorro.- 121 sus ojos divinos, cerrados o casi hacia el mundo, fueron abiertos hacia su Eterno Padre.- 122 yo me sentí en mí el agotamiento de Jesús. Quise subir y no pude. Quise ayudarlo pero, tierra como fui, no me fue posible. ¡123 que cansacio mortal, al final de la subida! 124 que dolor, el mío: ¡deja a Jesús mucho solista! 125 en todo se asoció a Él y con Él quise morir, por cuánto viera que fue una muerte espantosa.- - 126 A todo se sometió, venciendo mi repugnancia por amor de Jesús.- ¡127 estuvo tan a lo largo del viaje! No me pareció de algunas horas, sino de años, de muchos años.
SOBRE LA CIMA DEL CALVARIO
Se ofrece a la muerte
1 llegó sin fuerzas, sin vida. Llevé en el corazón un peso inmenso. 2 cayó agotado con la para tierra cerca del ya abierto hoyo, en el que tuvo que ser plantada la cruz. 3 sintió como si viniera sobre de mí un mundo de fieras. ¡Qué rabia y que cuelga inmenso yo scancarono encima!- El corazón quedó oprimido y pulsó en gran aflicción:- me pareció exhalar a cada instante. ¡4 que desaliento me siento en mí! Y desaliento de amor. Todo me causa horror: ¡la muerte! ¡la muerte, el abandono o mi Dios! De rodillas, alza los ojos al eterno Padre. Los dò mi señal de aceptación a todo. Me ofrezco a la muerte. Abajo los ojos: los recojo en mí y, en el abrazo más íntimo, aprieto todo a mi corazón. ¡5 abrazar lo que me causa aburrimiento y náusea!
Es desvestido
6 me sacó las cuerdas que me ciñeron el cuello y la cintura: ¡dolores atroces! Me fueron penetradas en la carne, empapándose de sangre. Mientras fueron arrancadas, me dejaron sobre el cuerpo señalas de grandes heridas. 7 cuando me desvistieron, lo hicieron con mucha furia que arrancaron jirones de carne junto a los vestidos:- ¡dolores violentos! 8 los ojos no pudieron abrirse por la sangre, pero la vergüenza me obligó a mantenerlos más estrechamente cerrados: ¡ser desvestida en público! 9 solamente la Grazia adivina pudo tenerme de pie. Me expreso mejor: no mí digo de, pero de Jesús. Enseguida 10 sintió que la Mamá quiso, con su manto, cubrir a Jesús que me estuvo en mí. 11 revivió la vergüenza de Jesús: ¡una cosa mucho profunda! no sé que nombre darle. ¡12 cuál desnudez, la Suya, cuál pudor sin igual!- 13 todo el cuerpo tembló; el rostro quedó como ardiente. ¡14 fue muchas las risotadas de escarnio que resonaron sobre todo el Calvario!- 15 de vez en cuando Jesús levantó hacia el Cielo sus miradas; luego los bajó de nuevo, por más íntimamente sufrir en su corazón.
«Me han horadado manos y pies.
Un turma de inicuos me miran desdeñosas» (Sal 21,17)
16 me distendió sobre la cruz. 17 sintió como si fuera yo misma a distenderme sobre la madera y a entregar manos y pies para ser crucificada.- Fue un abrazo eterno a la cruz, a la obra de Redención. 18 Los elementos de Jesús estuvieron en las mías y en el mío estuvo su divin Corazón. Sólo fuimos nosotros dos en un cuerpo a sufrir. Fue violenta la crucifixión. Sentí como si me arrancaran los brazos y las piernas, tanto fue la fuerza con que le tiraron, para hacerle llegar al punto señalado sobre la cruz. ¡19 que grito doloroso de socorro salió de mi íntimo verso al eterno Padre! ¡Qué miradas suplicantes salieron de mis ojos a fijar el firmamento para inducirlo a compasión!- 20 vio al soldado que, con gran crueldad, dio los martillazos: estuvo impávido, tuvo la mirada cruel y terrorífica.- 21 lo vio levantar para arriba el martillo, y, con toda fuerza, hacerlo caer sobre el clavo. 22 dentro de mi pecho repicó los golpes de martillo.- Quedé con mis muñecas y pies abiertos, como fueran traspasados: 23 sintió que de las heridas de los clavos salieron chorros de sangre.- 24 probó como si otro clavo, más ruin y doloroso, me viniera confitto en el corazón.-
Los martillazos retumban lejanos, pero no conmueven los corazones-
25 fue dolorosa la abertura de las llagas. 26 sintió como si los clavos me traspasaran todos los nervios. 27 no sintió destrozarse solamente los pies y las manos pero todo el pecho: pareció ya no tener dentro nada; todo fue vaciado. 28 el dolor creció tanto que, si no fuera por un milagro, aquel instante habría sido él último de mi vida. 29 cuando luego la cruz fue vuelta, para insistir los clavos, mi rostro estuvo muy herido contra el suelo y salió de los labios un borbotón de sangre. ¡30 cuando fue doloroso el correr algo atrás uno de los clavos insistidos! ¡31 todos los dolores de las heridas y la furia de los soldados se repercutieron en mi corazón y sentí como si los soldados me lo rompieran y molieran a mordiscos, tanto fue su rabia!- 32 vio las lenguas blasfemas que imprecaron contra mí. ¡33 mi calvario, mi calvario! 34 fue Jesús a ser herido, no fui yo. Pero no sé expresarme en otra forma. 35 los golpes que clavaron los clavos no se extendieron solamente por el Calvario, pero parecieron resonar en el mundo.- ¡36 ni los fuertes martillazos que retumbaron lejano, ni la vista de tanto padecer conmovieron los corazones!- -
«Con Él crucificaron otros dos, uno de una parte y el otro de la otra» (Gv 19,18)
37 crucificado, fui levantada para arriba. ¡38 cuál dolores sentí en todas las llagas, cuando dejaron caer tan pesadamente la cruz en el hoyo! ¡Me pareció de caer en un pozo! 39 por los tumbos de la cruz, se recrudeció de más las heridas de las espinas. Desatascó una lluvia de sangre que me mojó la cara. 40 mi cuerpo fue cubierto de espinas, como fuera un rizo: fue todo dolor, fue toda sangre. 41 en cruz, ya no dejó el mío grito al Cielo: ¡«Ayudo, ayudo! ». 42 estuvo con Jesús mucho clavado a Su dolor que no hubo nada que nos separara. 43 A los lados de Jesús fue crucificados los dos ladrones. Yo sentí que sus sufrimientos, sus cruces aumentaron la carga sobre de mí: sobre la cruz de Jesús que me estuvo en mí. Sentí salir del Corazón divino de Jesús el mismo amor, las mismases gracias; uno las aceptó, el otro las rechazó.
«Junto a la cruz algunas mujeres estuvieron: la Madre de Jesús... y el discípulo preferido» (Gv 19,25-26)
¡44 corazones mucho afligidos circundaron la cruz! 45 Giovanni, los tres Marie... 46 pero el corazón de la Mamá no se pareció para nada al de los otros. 47 con los ojos fijos sobre Jesús, Ella agonizó con Él, mientras que dos manantiales de lágrimas corrieron por su rostro. 48 Jesús no vio con sus ojos humanos el llanto de la querida Mamá, porque los tuvo ahora cerrados, ahora levantados al Cielo; pero todo vio y oyó con sus ojos y orejas divinas.- - 49 penetró todo el dolor que en el más íntimo del corazón lo hizo agonizar. 50 de lo alto de la cruz susurró: ¡«Mamá, mi Mamá, hasta tú me eres de martirio! Tu dolor aumenta el mío: ¡tampoco tú puedes darme alivio! ». 51 ella murmuró: «Tú me eres hijo, yo soy tu madre: mi agonía es tu agonía». ¡52 La Mamá, cuánto ha sufrido con Jesús! Sobre la cruz, sólo fue Él con Usted un corazón, una sola alma, un sólo dolor, un sólo amor. 53 yo como Jesús, quisimos secar las lágrimas de la Mamá, cogerla en regazo para hacerle lo que bien pronto Ella le habría hecho a Jesús, ya muerto. 54 Sentí continuamente la necesidad de abrazar yo mismo, para apretar de más en mí el corazón de la Mamá.- Más Ella sufrió, más yo lo quise, más lo sentí mi Madre.- 55 sobre la cruz fue nosotros tres en el mismo dolor.-
«Mi vestidos dividen entre ellos, sobre mi vestido echan las suertes» (Sal 21,19)
56 vio amontonar los vestidos de Jesús, luego cortarle y sortearla. 57 sintió como si la espada hubiera hecho en mi corazón el gran corte hecho sobre la capa roja: no hirió el paño, pero me hirió. 58 me hirió la maldad cruel con que lo hicieron. 59 algunas partes de los vestidos, muy empapados de sangre, se pegaron en mi alma. ¡Como las sentí al natural! ¡Sangre y carnes del inocente Jesús, en los trozos de sus vestidos! 60 por el peso del cuerpo, las llagas se destrozaron cada vez más; 61 la sangre cayó de las manos y de los pies en abundancia.- 62 por la violencia del dolor sintió como si también se abriera una vena cerca del corazón:- salió mucha sangre que se difundidas en el cuerpo por luego desatascar de todas las heridas. 63 sintió todas las llagas, pero más calurosamente aquel del hombro; mientras la cintura pareció todavía ser cortada por las cuerdas.- 64 los nervios vibraron: pareció que se contrajeran. 65 el dolor alcanzó su ápice.
¡Cuál afán de verlo desaparecer a cada coste!
66 ha sentido el casco de espinas apretar sobre el jefe:- me causó mucho dolor de hacerme casi desmayar; el corazón casi dejó de palpitar. No fueron manos que en lo alto de la cruz me comprimieron fuertemente el casco, pero fue el rencor más que infernal de muchos corazones. 67 Sentí como si me flagelaran y escupieran, incluso estando en cruz.- Sentí los flagelos en el alma, como si me fueran dados en el cuerpo. 68 en el oír las injurias más infamantes, sintió correr sobre mi cuerpo revuelar de un sudor de muerte. 69 me pareció que todo el cuerpo y el alma fueran rasgadas por el dolor, a parecido de una tela arrancado hilo por hilo. ¡70 yo costó mucho la cruel ingratitud de aquella gente desdeñosa y altanera que agolpó el Calvario!- 71 sintió que en muchos corazones aumentó el odio, la aversión contra Jesús, el afán de verlo desaparecer de sus miradas; fosos como fuera, costara lo que costara.- 72 el inocente Jesús estuvo en un gemido continuo.
La Pasión de Cristo siempre se renueva
73 de donde de insultos, tormentos, maldades cayeron sobre de mí. 74 no sintió sólo los maltratos del Calvario sino aquellos de la humanidad entera. 75 yo vi todo por los tiempos, todo. 76 de la cruz observó los males que en el mundo entero, en el correr tiempos, habrían renovado la Pasión de Cristo, que se revistió de mí.- - 77 sintió las afrentas de toda la humanidad, persona para persona: algunos se encarnizaron con la máxima crueldad y maldad; otras, forzadas, y hasta inconscientes del mal que hicieron. 78 sintió todo; todo me estuvo delante: el pasado, el presente, la ingratitud y la maldad del futuro.- ¡79 quiso poder llorar mis culpas y aquellos de toda la humanidad; quise el dolor y el arrepentimiento del Maddalena; pero no, no lo tuve! Sólo tuve ansiedades de abrazarme a la cruz por amor de Jesús. 80 se sintió abrazada a ella. Quise sufrir, quise morir. 81 mi calvario muerto tuvo lágrimas; estas lágrimas sumergieron en si la humanidad entera.- Esta muerte gritó y junto tuvo un dolor infinito y ansiedades infinitas de dar la vida.-
Del amor por la cruz nacen árboles de vida
82 yo, crucificada, seguí sintiendo que mi cuerpo no fue si no un cadáver. Mi vida fue Jesús en mi corazón. Yo muerto, pero con Él fui a vivir. El su divin Corazón en agonía bebió ávidamente todo el sufrimiento, en la ansiedad de comunicarme a su Vida y hacerme vivir de ella.- 83 vio claramente que su dolor fue maná, bálsamo fecundo, vida por las almas.- 84 me pareció que mi corazón se transformara todo en el de Jesús: fue todo amor. Tuvo una sed devoradora de sufrimiento, porque vio que solamente este, con la muerte, pudo dar la vida y abrir el Cielo. Me entregué, me dí todo al martirio. 85 quedó sobre la cruz y fui la cruz. De mi corazón salieron uniones que la atrajeron: fueron uniones de amor. Este amor echó raíces de la cruz vierto la Tierra; de ellas nacieron árboles floridos, árboles de vida. Yo fui todo esto y de todo esto huí. 86 el Corazón divino de Jesús no me dejó en mí de querer. Estuvo dentro de mi corazón que Él quiso la humanidad entera.- Y yo no pude dejar de querer la cruz: vi y sentí que solamente la cruz fue vida. 87 A brazos abiertos y a ojos al Cielo, yo offersi al Padre como a víctima; a la humanidad offersi el corazón y el amor.
El Corazón, antes de que de la lanza, es abierto por el amor
88 la sangre regó el Calvario. Y fue como si regara el mundo entero, todo allí presente. 89 vio que el mundo huyó de aquella sangre, y yo quise salvarlo: con otro medio no puede ser salvado. ¡90 fue muchos los que lo despreciaron y lo huyeron a pasos de gigante! Y Jesús, loco de amor, sin poder arrancar los brazos de la cruz, los llamó y los invitó a entrar en su divin Corazón abierto. 91 deseó liberar los brazos para enseñarlo al mundo y decirle: «Antes de ser traspasado por la lanza, es desgarrado por el amor: ¡es para recibirte! ». 92 el Corazón fue abierto en un abismo infinito de amor y perdón.- 93 Jesús quiso, Jesús quiere; Jesús perdonó, Jesús perdona. ¡Bondad incomparable! 94 La suya contestada a todo fue y es: amargas, querer de un amor infinito. 95 La calle al Corazón divino de Jesús siempre fue abierta; fue luminosa. Acercó a cuanto quisieron. ¡Ay, si mi alma en su ignorancia supiera enseñar la belleza infinita de aquella calle que, al mismo tiempo, fue para Jesús motivo más gran agonía! ¡Tan pequeño fue el número de los que fueron a su Corazón ansioso; mucho adulto fue aquel de los que se apartaron de Él y huyeron por sendas erradas!- -
¡«Recibes, mi Padre, el incienso de este amor! »
96 Jesús quiso ofrecer todo al eterno Padre. Y yo los quise ofrecerle a Jesús. ¡Tanto rehusaron de entrar en el Corazón divino! ¡Qué humillación! ¡qué vergüenza! ¡A nada valieron los sufrimientos de Jesús y su sangre esparcida! A nada valió mi martirio. Jesús estuvo avergonzado delante de su Padre. Y yo estuve avergonzada delante de Jesús. Mi agonía aumentó a lo sumo. Jesús, tomando la copa de mi corazón, lo levantó, el offerse repetido le vuelto al eterno Padre diciendo:- ¡«Recibes, mi Padre, el tributo de este martirio, el incienso de este amor! » En verdad yo quise siempre tener que un turibolo de incienso de amor ofrecerle a Jesús. 97 en un martirio doloroso de alma y cuerpo, durante las tres horas de agonía, me fijé en el Corazón divino de Jesús.- 98 quiso sufrirme tan sola, a su sitio; y no logré a nada. Ofrecí con Él, con Él agonicé. 99 con los ojos del alma al Cielo y al corazón en Dios, aceptó todo: quise y, ya que quise, sufrí.
¡«Padre, perdóneles, que no saben lo que hacen! » (Lc 23,34)
100 el alma de Jesús lloró; yo sentí sus lágrimas. Oí este gemido de su Corazón: ¿«Mi hijos, por qué me herís? ¿Por qué os comportáis así? ». 101 en recibir los insultos y los maltratos, suspiró silenciosamente y murmuró:- ¿«Y así que me queréis? Es correspondida así que mi amor?». Pero enseguida añadió: ¡«Padre, perdóneles, que no saben lo que hacen! ». 102 el Corazón quiso tan: pareció lanzarse a los pies de cada criatura para preguntar de dejarse conquistar.- 103 sintió como en el alma un estruendo de flagelos: no porque los torturadores me flagelaran en aquel entonces, pero porque desearon hacerlo. Jesús, dentro de mi pecho, ya casi moribundo por el dolor angustioso causado por aquellas malas intenciones, levantó los ojos al eterno Padre y murmuró:- ¡«Mi padre, yo cuesta la ingratitud; pero perdona ustedes que no me reconocen por Tu hijo! ». 104 sintió que Jesús del Calvario amplió las miradas a toda la humanidad. 105 palpitó de amor por el mundo acartonado y culpable; palpitó de dolor en preguntarle al Padre compasión.- -
«La hora» de Cristo y de Maria
106 La Madre, cerca de la cruz, unió sus lágrimas a las de Jesús. ¡Cómo Jesús quiso! 107 vio sus lágrimas y fuerza de ánimo: se tuvo recta de pie con los ojos fijos en su Jesús. ¡108 contempló Sus llagas, vio Su sangre correr de las carnes laceradas!- 109 quiso abrazarlo, limpiarle el rostro cubierto de escupitajos y polvo, todo ensangrentado, y recoger así cada gota de la preciosa sangre, que fue también su.- 110 quiso hacerle a echa el ancla vivo, lo que le habría hecho después de muerto. 111 habría querido que sus brazos se volvieran alas para poder volar hasta sobre la cruz a abrazar a su Jesús y unirlo de más a si.- ¡Unión sin igual! ¡locura de dolor y amor!- 112 estuvo en sus Corazones santos el mismo dolor y los mismos anhelos: acoger y custodiar para siempre el mundo entero, mucho rebelde y cruel.- ¡Como la Mamá quiso! Yo participé mismo amor, del mismo dolor, del mismo regocijo.
El Padre invoca
Apenas 113 Jesús pudieron mover los labios para gritar al eterno Padre invocando; pero su corazón estuvo en un grito continuo.- 114 Este se elevó al Padre, pero fue por el mundo, que, duro y sordo, no lo escuchó ni se conmovió.- 115 sobre el Calvario todo pasó inobservado: el grito, ya moribundo, no entró en las orejas ni penetró en los corazones. 116 pocas veces Jesús levantó las miradas al eterno Padre, pero los ojos de su alma siempre estuvieron fijos en Él.- 117 con Jesús yo también suspiré, con Él gemí, con Él me condolí para la pobre humanidad. A sus ojos divinos uní los míos, ya casi moribundos; los levantamos al Cielo en gran agonía para preguntar socorro.- - ¡118 o agonía triste o tinieblas angustiosas! 119 o mundo o almas, cuánto Jesús nos quiso. ¡Querámoslo nosotros incluso! Nuestro dolor, en comparación al suyo, es un nada. Fue un dolor infinito, fue dolor de un Dios hecho Hombre. ¡Querámoslo, querámoslo sin dejar! Querámoslo día y noche. Mi corazón va, como un pajarito extraviado, a limosnear amor, siempre amor para Jesús.
El Padre exige la reparación
120 o corazón quiero mucho, tanto que no rehusó de revestirse de todo el barro inmundo, para consumirlo en si y hacerlo desaparecer. Quiso mucho, tanto que se entregó al Padre como a culpable de cada culpa, para arreglarla.- Quiso locamente hasta dar la vida, porque nosotros poseyéramos la eterna Vida del Cielo. ¡121 fue abandonado por el eterno Padre! Grité, pero sin ser escuchada. 122 sintió Jesús en cruz, sobre la cruz que fui yo. Me está en mí incluso fue Él. Fue indispensable una ayuda; fue necesario un consuelo. En lugar de ayuda y consuelo, sentí como si el Cielo se humillara con todo el peso de su justicia para pisarme fuertemente contra la gran madera de la cruz.- La agonía aumentó y con ella el abandono. El eterno Padre no dio consuelo. Sólo exigió la reparación. Fue el Juez a preguntarme cuento de todas las culpas de la humanidad.- ¡«Mi padre, mi Padre! ¡Ya he dado todo; ya he esparcido toda mi sangre! » 123 el peso de la justicia divina sobre de mí fue muy grande, infinito: ¡pareció arrancarme de los brazos de la cruz para hundirme en la Tierra, para ser la Tierra misma!-
¿«Mi Dios, por qué me has abandonado? » (Mc 15,34)
¡124 fue noche, terrible noche! ¡125 o agonía, o abandono, u oscuridad! 126 gritó, pedí sin desistir: ¡«Padre, mi Padre! ¿Hasta Tú me dejas? ¿hasta Tú me abandonas? ». 127 no fue yo que grité: fue mi corazón. No fui yo que quise gritar, pero me obligaron la violencia del dolor y la agonía. 128 consternado por las tinieblas y el abandono, oí salir del corazón mucho y muchas veces el grito: ¡«Padre, Padre, Padre! ¡No apartes de mí Tu rostro! ¡No alejes de mí Tus miradas! ». 129 mi grito doloroso y moribundo resonó al final de la montaña: 130 resonó como dinamita en la roca. Pero el Cielo, sí, el Cielo pareció cerrado por mí. 131 quedó sobre la cruz con Jesús y Él conmigo, en la espera de dar la vida por nuevas vidas. En la extrema agonía, Jesús dentro de mí gritó: ¡«Padre, Padre, mi Padre! ». El mundo, como contestada a este grito de agonía, dio crueldad, más crueldades; ingratitud, más ingratitud.
¡«Pares mi, tengo sed de vosotros! »
132 sintió una sed ardiente y el más grande de los abandonos. Salió de mi corazón este grito: ¡Tengo sed, tengo sed! ». Incluidos que fue de Jesús y me acordé que Él tuvo sed de almas. 133 el amoroso Jesús, entre los insultos, sintió la sed devoradora de su divin Corazón y susurró, lleno de ternura y de cariño:- ¡«Pares mi, tengo sed de vosotros! ¿Es así que me saciáis? ». 134 en el mismo instante sintió pasar sobre mis labios, uno y luego otra vez, una esponja. ¡La sed de los labios quedó; aquel del corazón aumentó! 135 fue sed mucho ardiente, que sólo el amor de los corazones del mundo entero pudo saciar. 136 el grito continuó: «No es la sed de mis labios, que quiero saciada; sino aquel del corazón: ¡es sed de almas! ». 137 hasta a última hora , fue esta sed la vida de todo el mío sufrir.
El amor, unido a la gracia, triunfa sobre el dolor
138 sobre la cima, no perdetti la unión con el Padre. 139 me sintió en mí dos vidas o dos naturalezas: uno que no resistió a mucho dolor; la otra que todo venció. 140 me llevó a agonizar la visión de todos los crímenes, de las ingratitudes y maldad de la humanidad entera.- 141 En estas horas de agonía, fue la vida divina que venció en mi cuerpo llagado, cadavérico. El amor, unido a la gracia y a la vida divina, triunfó sobre el dolor, triunfó sobre la muerte. 142 yo dí al mundo la misma Vida que yo fui, que recibí del Padre. 143 ancla antes de exhalar sentí que me traspasaron el corazón: este dolor me fue adelantado, porque, una vez fallecida, no lo habría podido sentir. 144 sintió la lanza abrirme el costado y entrar hasta a atravesarme el corazón:- el corte fue como de espada afilada. 145 Con el corazón en aquel estado, lancé una mirada al mundo y dije: ¡«Es por ti que estoy así! » 146 le gritó al Padre, pero siempre resignada.
«Venidos para ver el espectáculo volvieron a casa batiéndose el pecho» (Lc 23,48)
147 se hizo oscuro sobre el Calvario. 148 muchos de los que me hicieron sufrir descendieron asustados:- fueron a esconderse un detrás de los otros como hormigas en el propio hormiguero. 149 fue asustado: temieron algún ulterior acontecimiento. ¡Fue el temor y no el amor la causa de su desaliento! 150 A poco a poco el Calvario quedó en el silencio. Se oyeron solamente los suspiros de Jesús. Reinó el dolor, aumentado por el rencor de muchos corazones que, ahogados no sé de que, no hablaron más. 151 después de los maltratos, las blasfemias y las calumnias, quedó a oír aquel silencio del Calvario:- - 152 un silencio harto de remordimientos. Sólo dos Corazones, muy unidos como si fueran un solista, se hablaron uno a otro: sólo fueron uno dolor, un sólo amor. 153 La Mamá, a los pies de la cruz, punta como una estatua, murió casi de dolor. 154 yo sentí que del Corazón de Jesús bajaron hacia el Corazón de la Mamá muchas gracias, mucha vida, mucho amor. Todo esto le alivió el indecible dolor y le dio vida para mantenerse firme sin derrumbarse, hasta que Él exhalara.- 155 solamente con la fuerza divina Ella resistette sin desmayarse.-
«No puedo hacer de más»
156 en mi pecho sintió el resuello de Jesús. 157 unido al mío, incluso palpitó su divin Corazón. 158 palpitó con mucha fuerza y rapidez que un latido no dio tiempo al otro.- Sus divinos labios me imprimieron en mí, como en un disco: ¡«Tengo sed! ». Mi corazón, en sentir este, comprendió la sed de Jesús; le dijo: ¡«Al menos mí pudiera saciarte! ». 159 los ojos agonizantes de Jesús quedaron en mi alma un algo entornados a fijarse en el Calvario, la humanidad.- 160 se cerró luego y Él murmuró: «Estoy a punto de morir. Lleváis provecho de mi divin sangre y de mi muerte, si queréis salvarvos: muero para darvos el Cielo». 161 Jesús fue exhausto: anheló morir para dar luz y manera vivir. 162 su divin Corazón dijo: ¡«Pares mi, pare mi! ¡Os quiero mucho hasta morir por vosotros! 163 E' junta la hora del amor: muero por vosotros; no puedo hacer de más».
«Mi madre, hacha el mundo»
164 sintió que mi corazón estuvo trepado con raíces de amor a todos los corazones humanos. 165 y su ingratitud, siempre a herirme, siempre a llevarme a la muerte.- 166 logró susurrar a todo el mundo: ¿«Puede, tu ingratitud exigir de más de mí? ». 167 y a la mamá murmuré: «Mi madre, hacha el mundo: ¡es tuyo! Es hijo de mi sangre; es hijo de tu dolor. Para salvarlo, tienes que cooperar conmigo». Después de esta profundidad susurro, con los ojos al Cielo, añadí: «Todo es consumido». 168 La Madre siempre estuvo como quién, en la misma cruz, participa mismo dolor, del mismo martirio y locura de amor, en la misma tarea de salvación.- 169 de Usted mí vierte de hubo un canal de salvación. Todo pasó de mi corazón o, bastante, del Corazón de Jesús que me estuvo en mí, hacia aquel de Usted. Todas las almas recibieron las gracias y los frutos de la Redención por la Madre.- 170 muy profundamente y al natural sentí cuanta Ella cooperó con Él a nuestra salvación.- ¡De lo que le somos deudosos!
Padre, a Ti confío mi vida» (Lc 23,46)
171 sintió que Jesús dio las últimas gotas de sangre. Ellas ardieron: fue el amor que le hizo arder.- 172 enseñando al mundo el divin Corazón abierto, susurró:- «Por ti tengo latto questo:ho dato toda la sangre y te he querido hasta no poderte amargas de más». 173 agonizó y repitió más veces: ¡«Padre, Padre, Padre, acepte mi agonía! 174 padre, en tus manos entrego mi espíritu. ¡Y por Ti mi último suspiro! ». ¡175 tampoco un grito, tampoco un gemido fue acogido por el eterno Padre!- ¡Hasta la entrega del espíritu pareció no ser acogida! ¡176 agonía de mucha aflicción! Yo murmuré continuamente: ¡«Jesús, Jesús! ». Y me sentí en mí otra voz que repitió: «Padre, a Ti, en Tus manos entrego mi espíritu». 177 con Jesús fui apagándome; con Él me sentí morir.- 178 mi cuerpo y mi alma él disfacevano totalmente como por lepra.- 179 el alma tembló por el dolor y por el miedo, como el cuerpo tiembla por el frío. 180 estuvo remitida al abandono. Estuvo completo: ¡no tuve que nada más esperar, tampoco del eterno Padre!
Se agotan Sus fuerzas pero no Su amor
181 dentro de mí, Jesús estaba exhalando: sólo de vez en cuando 182 emitió un suspiro; entre uno y otro quedó como si no tuviera vida. 183 dolores pudieron gritarle a su Eterno Padre. 184 fue los últimos estertores. 185 prójimo a dar su última respiración, por un impulso del corazón, todavía le vinieron a los labios algunas salidas de sangre.- Y corrieron a lo largo de su rostro las últimas lágrimas. 186 lo vio levantar al Cielo por la última vez sus miradas e inclinar luego al jefe. 187 sintió como si Él no apartara las miradas de la Mamá. 188 salió de su Corazón reluces luminosos hacia el Corazón de Usted, como fueran Sus adióses. 189 sintió en mi corazón sus últimas miradas y la dulzura y el amor que dejó caer sobre de mí. 190 Las ternuras del Corazón de Jesús se difundieron verso los que estuvieron crucifijos a los lados: a la derecha fueron aceptadas; a la izquierda rehusada. Sentí la revuelta del que las rechazó y el amor del que las aceptó. 191 se agotó Sus fuerzas, le vino pego la vida; pero no se agotó ni vino pego su divino amor: se difundió por todo el Calvario, y del Calvario al mundo como a soplo de vida, como perfumo delicioso.- -
La Vida que lo llevó sobre la Tierra se acerca al Cielo
192 en la ansiedad de darme totalmente, en el amor cada vez más loco, el momento llegó de dar la vida.- 193 me pareció de ya no tener manos y pies, muchos adultos fueron las llagas. Y ya no tuve corazón que pudiera ser herido más allá de: 194 yo fui víctima y hostia. Antes de exhalar, sentí como si fuera atada a la cruz por el jefe a los pies, con espantosos serpiente: fueron como cadenas que me ataron a la madera. Me causaron susto. 195 sobre la cima de la montaña, terrible montaña, siguió gritando; la violencia del dolor, a parecido de agua que mueve la rueda del molino, hizo rodar la montaña. Y éste quedó sobre de mí. 196 todo mi ser fue corazón para querer y entregarse al Padre.- 197 el corazón fue muriendo lentamente. Y aquella Vida que me llevó sobre la Tierra se acercó de nuevo al Cielo.
«El sol se oscureció y el gran velo del templo se desgarró a medias» (Lc 23,45)
198 la agonía, mucha grave, hizo sí que todo el mío haberse azotara, justo hasta a las entrañas. 199 sintió como si me corrieran a lo largo del rostro y el cuerpo los sudores fríos de la muerte. 200 un grito doloroso, ahogado, pasó por mi corazón: fue el último grito de Jesús agonizante. 201 fue tal el esfuerzo, tal la violencia del dolor, que Jesús pareció apartarse de la cruz. 202 el grito de agonía, dolorosa, repicó en todo el Calvario o, mejor, yo sentí como si resonara en el mundo entero, y sacudiera todo. 203 movió y removió la Tierra. 204 el cielo pareció abrirse en grietas de fuego. Oí un como resonar estrepitoso de truenos. 205 el velo del Templo se desgarró y cayó. 206 toda la tierra tembló. Fue un poder supremo que la hizo sacudir. ¡207 sintió como si el pie de la cruz se enterrara de más… 208 Que miedo, que susto vino dalia tierra; que desaliento vino del cielo! 209 sobre el Calvario fue oscuro. Se abrieron grandes grietas. Todos huyeron. Solamente las almas amigas de Jesús quedaron. 210 los ojos de mi alma siempre estuvieron fijos al Cielo a preguntar perdón y misericordia por la Tierra.
El Cielo reconciliado con la Tierra
211 sintió, primera en el corazón y luego en todo el cuerpo, un frío escalofriante: fue la muerte. Jesús exhaló. 212 el misterio de la muerte reinó sobre el Calvario y en mi alma. 213 cuando Jesús exhaló, el Cielo se abrió. Todo nosotros ya pudimos ir a casa del Calvario al Cielo. En aquel entonces 214 ocurrió una prodigiosa mezcla entre Cielo y Tierra:- quedaron dos en un solista. La Tierra se reconcilió con el Cielo: ahora todo nosotros pudimos vivir la misma Vida. 215 el Cielo se unió a la Tierra en tal modo que me hizo sentir y recordar lo que de pequeño vi:- el amasijo hecho por el panadero en el cilindro; aquella rueda mezcló toda. ¡Qué movimiento! ¡Cielo y Tierra, una misma masa! 216 quedó el Cielo reconciliado con la Tierra. 217 un sonido armonioso llenó Cielo y Tierra.
Libera las almas en espera
218 el Calvario estuvo en tinieblas. Y yo descendido en un lugar de tinieblas. Y yo mismo fui la luz que todo iluminó. Digo «yo» pero no fui yo, porque yo soy tinieblas y muerte.- Fue aquella Vida que me vivió en mí, que triunfó sobre el Calvario y sobre la Cruz. 219 descendido como en un infierno pero no un infierno de fuego, de maldición y tormentos, sino a un infierno solo de terrible oscuridad, donde no entró luz ni alegría:- fue un infierno de ceguera y ansiedad. Sentí como si nuestro Señor mismo en mí, contento, con los brazos abiertos, comunicando la misma alegría a una multitud en espera.- Sentí que de nuevo salí, llevándomí detrás de aquella fila innumerable de seres que no fueron cuerpos. 220 oyó la alegría del Cielo y muchas almas. 221 yo sentí y vi todo, pero siempre quedé inmersa en el dolor, en la ceguera y en la muerte.-
Su Vida divina se ha saparata de mí
222 voló su Alma santa. Y yo quedé en el mismo dolor de la Mamá, a sentir la misma pérdida. 223 su Vida divina se separó de mí. 224 quedó como si el alma me hubiera dejado y ya no tuviera vida: 225 aquella Vida de lo alto siempre fue la fuerza de tanto sufrir. 226 Jesús exhalaron; y yo quedé en este tirón: no le pertenecí a Dios; no pertenecí a la Tierra. 227 La muerte de Jesús oscureció el calvario de mi alma; 228 el silencio de la muerte reinó en el calvario de mi alma. 229 poco después, vi dar el golpe de lanza en su divino costado. 230 mí fue dentro de que Él fue traspasado. 231 el Corazón fue traspasado: dio las últimas gotas de sangre; 232 las últimas de su preciosa sangre y, al final, gotas de agua. 233 quedó rayos del Corazón a iluminar la Tierra; mientras el sol, como se avergonzara, se escondió tras las nubes que temblaron juntamente al suelo del Calvario.- 234 de todas las llagas salió rayos de luz como rayos de sol de grietas
La Madre llora a muchos hijos muertos por el pecado
235 mi alma vio a Jesús mientras fue depuesto por la cruz: el jefe colgando, un brazo ya desenclavado; la Mamá ya sesión, con los brazos abiertos, para recibirlo.- Me sentí en mí el cuerpo de Jesús sin vida, helado:- me estremecí. 236 sintió como si Él, muerto, mismas en mí y también yo, con Él, en los brazos de la Mamá: fuimos un cuerpo solo, un sólo cadáver. 237 sintió a la Mamá apretarlo al Corazón, hacerle todo lo que poco estreno deseó ardientemente hacerle, en lo alto de la cruz. 238 Las lágrimas de la querida Mamá cayeron sobre mi rostro. 239 yo fui Jesús y Usted fue mi Madre; yo fui el mundo y Usted fue la Madre del mundo. 240 quiso consolarla y abrazarla y no pude.- Fue entonces que Jesús, más muerto en mí, pero vivo, me dijo: «Mi hija, las lágrimas de mi Madre santa son parecidas a aquéllos que Ella esparcida, en otra hora, sobre de mí, sobre el Calvario. Hoy ella no llora, al ver el Hijo muerto en sus brazos, pero llora al ver, en toda la humanidad, muchos hijos, la mayor parte de sus hijos, muertos por el pecado. ¡Qué dolor, aquel de su santo Corazón, y que dolor aquel de mi divin Corazón, por la visión de esta pérdida, de esta muerte casi total! Dame tu dolor: arregla nuestros Corazones muchos heridos. ¡Ten ánimo! ». Probé mucho dolor que me pareció de morir. 241 fue el amor que llevó Jesús a dar la vida. Y la Mamá continua la misma misión: amargas nosotros como Jesús.
«Cristo ha muerto y ha vuelto en vida para ser el Dios de los muertos y los vivos» (Rm 4,9)
242 entre las negras nubes de la muerte, Jesús irrumpió: se quitó para arriba; fue a brillar más más allá de. Venció todo y sobre todo triunfó. Pero yo no lo acompañé en aquella victoria, en aquel triunfo, en aquella luz: siempre quedé en mi dolor, en mi amargura y agonía.- Él fue en el gozo de un triunfo luminoso, pero siempre quedó conmigo: me unido a, transformado en mí, sufrió. Querría saber hablar de este desdoblamiento de Jesús: en el gozo y, al mismo tiempo, en la unión dolorosa dentro de mi cuerpo. Pero no sé. Lo que sé, es que la agonía continuó. 243 Jesús murió y siempre vivió. Sentí que Él murió y sentí que siguió viviendo. ¡O Vida o Vida celeste!
«Os llamo con amor de Padre»
244 A la improvisación se iluminó todo mi alma de una luz que iluminó el mundo. 245 sintió como si, de cabo a rabo, se desgarrara un velo: Jesús me apareció con su Luz y me dio su Vida. 246 resucitó e hizo resucitar mi alma. Sentí que en mi corazón Él dijo: ¡«Oís, pare mi, la voz de Jesús que os llama! Os llama porque os quiere. Escucháis con atención: ¡es la hora de la Grazia que pasa! ¡Recíbidla, propicíala, acéptala! Golpeo con insistencia, pregunto con todo el ardor de mi corazón: ¡Vénedme a! Os llamo con amor de padre».
«Creo, Jesús, cree»
247 en una estrechez lancinante repitió mis actos de fe: «Creo, Jesús, cree que fue por mí tu Nacimiento, tu Huerto, tu Calvario. ¡Creo, Jesús, cree! ». Mis abismos fueron tan tétricos y profundos que solamente un Dios pudo penetrarles en ellos: fue cuanto Jesús hizo. Descendidas hasta mi profundidad, llevó a la superficie a mi pobre ser y lo iluminó con algunos rayos de su Luz.
CRONOLOGÍA DE LA VIDA ES EVOLUCIÓN MÍSTICA DEL ME VALGA DE DIOS
Presentamos una breve cronología, poniendo en evidencia algunos dais más significativas; somos conscientes que la complejidad de una evolución espiritual no se puede embridar dentro de fechas precisas, sin embargo pensamos pueda ser útil al lector como a orientación.- - Sacamos de la autobiografía, del Diario, de las cartas a los dos directorios espirituales.- Dónde es omitida la indicación del manantial, es sobreentendida la Autobiografía que Alexandrina, por obediencia, le dictó brevemente a la maestra del país Saozinha y advenediza de botaduras hechas del segundo director y del cofrade salesiano D. Ismael.-
Alexandrina Maria de Costa nació el 30 de marzo de 1904 a Balasar, modesto país de Portugal, perteneciente a la diócesis de Braga, situado a acerca de 50 km de Oporto; os murió el 13 de octubre de 1955. Desde los primeros años manifiestos una constitución fuerte un carácter vivaracho y gracioso: ¡«Los rico - dijo la mamá - tienen el bufón en sus edificios; yo no soy rico, pero tengo igualmente en casa quién nos tiene alegres! ». 1911-1912 frecuenta el estreno elemental a Pòvoa de Varzim. Siempre a Pòvoa, preparada por el p. Álvaro Matos, se comulga: .... Fijé la hostia santa en tal modo que yo quedó imprimida en la mente; tuve la impresión de unirme para siempre a Jesús.- Me pareció que Él atara a si mi corazón.- La alegría que probé es indecible de ello». 1913-1917 hacia los nueve años inicia a trabajar en los campos; más tarde es obligada a hacer tal trabajo a servicio, para ganarse el pan.- 1918 el sábado santo salta de una ventana, situado a m 3,35 del suelo, para salvarse de la pasión de un hombre penetrada en casa. De aquí tiene principio una mielitis comprimida a la espina dorsal, que será reconocida más tarde por exámenes clínicos; consigue de ello una parálisis progresiva (parte médico clínico del dott. Azevedo). Pasa más que seis años se enfermado, un poco de pie, un poco a cama. 1924 en junio, con mucha fatiga, participa en el Congreso Eucarístico de Braga:- ¡desde entonces no saldrá más de casa si no transportara! 1925 el 14 de abril se pone para siempre a cama. Diolinda, la hermana, se vuelve su enfermera, porque la mamá tiene que ocuparse de los trabajos de campo; Diolinda les trabaja en casa como modista. 1928 con ocasión de una romería parroquial a Fatima, se reaviva en ella la esperanza de la curación; pero no consigue la gracia. En la autobiografía leemos: «Murieron mis deseos de curar, y para siempre, sintiendo, ognor más, mayores ansiedades de amor al sufrimiento y de pensar solamente en Jesús.- Un día, mientras estuve sola, ocurriéndose que Jesús estuvo en el Tabernáculo, le dije: "Mi buen Jesús, Tú capturado y yo incluso... Tú atraído por el amor por mi bien, yo capturado por Tus manos... Quiero lo que Tú quieres; y sufrir con resignación. ¡No me faltes, o buens Jesús, con Tu protección! "». 1930 en el mayo escribe sobre la cubierta de una libreta: «O Mamá querida del Cielo, les viene a los Tabernáculos del Tuyo y a mi Jesús, preséntale Tú mis ruegos y haces válidas mis súplicas... Además dile que quiero mucho sufrimiento, pero que no me dejas sola tampoco un momento». En este período, cada mañana, en sus ruegos dice, además: «Me uno espiritualmente a todos los S. Mies que, día y noche, se celebran sobre la Tierra.- Jesús, inmóleme cada momento con Ti sobre el altar del Sacrificio; me ofreces al eterno Padre según Tus intenciones».- 1931-1932 durante sus ruegos y ofertas a Jesús empieza a sentir un fuerte calor que parece quemarle el corazón; se siente como secuestrada. En uno de estos momentos oye la siguiente inspiración: sofirire, amargo, arreglar. No comprende cosa exigieran de ella aquellos palabras: ¿«O mi Jesús, cosa quieres que yo haga? », pregunta más veces; y cada vez no siente si no aquellos tres palabras.- 1933 el 16 de agosto le viene a Balasar a predicar un triduo en honor del Corazón de Jesús el p. Mariano Pinho, S.J. En esta ocasión Alexandrina como su director espiritual lo consigue. Tal sacerdote las inspira mucha confianza: gradualmente le expondrá los problemas de su alma.- 1934 «estuvo en septiembre que nos resignados plenamente haber sido la voz del Dios, no un salto mi, a sugerirme las palabras sufrir, querer, arreglar.- Fue entonces que Jesús me preguntó: "Me echas tus manos, las quiero crucificar; me das tus pies, los quiero clavar conmigo; me das a tu jefe, lo quiero coronar como de espinas me hicieron a; me das tu corazón, lo quiero traspasar como con la lanza traspasaron el mío.- - Conságrame todo tu cuerpo; te ofreces todo a mí... ». La frase «nos resignados haber sido la voz del Dios, no un salto mío» es muy significativa. En efecto la verdadera experiencia mística es caracterizada por la iniciativa de Dios, particularmente fuerte: tal es decir que el alma pueda advertirla como no procedente de ella mismo, pero de Dios.- A los principios de octubre Jesús le dice: «Me valgo de ti porque muchas almas me vengan a: por medio tu muchas son estimuladas a quererme en la santa Eucaristía» (Lett. a p. Pinho, 4.10.34). El 14 de octubre Alexandrina, con la sangre sonsacada por una herida, escribe sobre el reverso de una imagen: «Con mi sangre o mi Jesús, te juro de quererte mucho.- Sea tal mi amor que yo muera abrazada a la cruz. Te quiero y muero por Ti, mi querido Jesús. Quiero habitar en tus Tabernáculos». En la carta a p. Pinho del 1 de noviembre, se lee: «Jesús me dice que, como Él es fiel en el habitarme en mí para consolarme, yo tengo que serle fiel en el habitar en espíritu en sus Tabernáculos y consolarlo y quererlo». 1935 Jesús le dice: «Me das tu sangre por los pecados del mundo.- Ayúdame en la Redención. Sin mí no puedes hacer nada; pero conmigo tendrás poder por todo, para socorrer a los pecadores y por muchas, muchas cosas en más» (Lett.- a p. Pinho, 3.1.35). El 30 de julio Jesús le dice, después de la Comunión: «Das a conocerle a tu director que, en prueba del amor que tienes por mi Madre santa, te pregunto a que se consagra el mundo entero a Usted con una fiesta solemne, como le pregunté a Maria Margherita Alacoque, que se consagrara a mi divin Corazón» (Lett.- a p. Pinho, 1.8.35). Alexandrina contestó: «Soy tu víctima, la víctima de la eucaristía, la pequeña lámpara donde resides en perpetuo por amor, la centinela de tus Tabernáculos. Mi Jesús, quiere ser víctima para los sacerdotes, para los pecadores,... por el mundo entero, víctima por la paz, por la consagración del mundo a Maria». 1936 el día 7 de junio, fiesta del SS. Trinidad, Alexandrina experimenta por la primera vez la muerta mística, que se presenta como exteriormente una muerte aparente; fenómeno misterioso que ha sido comparado por la teología cristiana a la transformación del gusano en mariposa, en cuánto con ello Dios purifica las almas y le devuelve cada vez más elevadas (Santa Teresa, S. Giovanni de la Cruz).- - - - El día 11 de septiembre p. Pinho envía al cardinai Pacelli la solicitud por la consagración del mundo al Corazón Inmaculado de Maria. 1937 el día 2 de febrero el Santa Sede encarga al arzobispo de Braga de estudiar el caso de Alexandrina y de mandar noticias precisas acerca de la petición de la consagración del mundo a Maria (Cf Cristo Jesús en Alexandrina, p.- 707). En el éxtasis del 31 de octubre Jesús le dice: .... Mi hija, te tiene elección por cosas muy sublimes; me he servido de ti para comunicarle al Papa mi deseo que el mundo le sea consagrado a mi Madre santa» (Lett.- a p. Pinho). 1938 después de una retirada espiritual, iniciado el 30 de septiembre, en su cameretta, de p. Pinho, Jesús las predice en el éxtasis del 2 de octubre, que habría sufrido toda su santa Pasión por la primera vez el día 3 de octubre y luego todos los viernes de las 12 a las 15.- - «No me negué y avisé de todo mi director; esperé el día y la hora muy afligida, porque ni yo ni él tuvimos idea de lo que habría ocurrido. En la noche del 2 al 3 de octubre, si fuera grande la agonía del alma, fue grande también el sufrimiento del cuerpo... Con estos sufrimientos experimenté por la primera vez la Pasión.- ¡Cuál horror yo me sentí en mí!- ¡qué miedo y terror! ». La experiencia de la Pasión revivida, como se repone del cuento de Alexandrina, no nace, específicamente hablando, del sentimiento, de la emotividad, de la meditación y de la reflexión de ella, aunque sus disposiciones han podido, bajo ciertos aspectos, ser un útil elemento para abrir la calle al carisma divino. 1939 el 20 de enero, durante el éxtasis, Jesús le dice que seguirá reviviendo la Pasión en esta forma hasta a que el mundo le será consagrado a la Madre Inmaculada (Lett. a p. Pinho). El 20 de marzo, poco después de la elección de Piadoso XII, Jesús las predice que será este el Papa el que consagrará el mundo a Maria. El 28 de junio Jesús le predice la guerra como castigo de los graves pecados cometidos por el mundo; y ella se ofrece a víctima por la paz (Lett.- a p. Pinho). 1940 el 4 de julio se ofrece junto a víctima a otras almas en unión con la Virgen, para conseguir que al menos su patria sea ahorrada por la guerra. Jesús acepta la oferta y afirma categóricamente: «Portugal será ahorrado por la guerra» (Lett. a p. Pinho). Así ocurrió. A diciembre Jesús las asegura que también el santo Padre habría sido perdonado por los horrores de la guerra, pero que habría tenido que sufrir muy moralmente (Lett. a p. Pinho, 6.12.40). 1941 tiene el primer encuentro con el médico, dott. Emanuele Augusto Diaz de Azevedo, el que la coge en cura, siguiéndola con generosa dedicación y espíritu cristiano hasta a la muerte.- El día 29 de agosto el p. José Alves Terças, del orden de los Misioneros del Espíritu Santo, asiste a la Pasión; publicará de ello la descripción en el n. 10 de la revista «Vida de Cristo, a Paixao doloroso» vol. V, Lisboa, 1941. 1942 y privada su director espiritual. El día 20 de marzo sufre por la última vez la Pasión, en la forma de participación física. El viernes siguiente, 27, viernes santo, no sufre la Pasión más en susodicha forma, pero revive de ello en el íntimo las varias fases (participación interior, ). En el mismo día Jesús le dice: «No temer, mi hija: ya no serás crucificada. La crucifixión que te tienes es la más dolorosa de las que la historia puede registrar» (Diario, 27.3A2). Quiere decir que desde entonces habría participado más intensamente también en todos los sufrimientos morales y espirituales, sin manifestaciones externas.- En este período sus condiciones físicas se agravan mucho: tan que un día parece moribunda y recibe el en aceite san; dice sus últimas disposiciones. Entra en cambio una segunda vez en la muerte mística, que durará unos dos años. En este período incluso inicia el ayuno y el anuria completas, que durarán hasta la muerte:- se alimentará sola Hostia consagrada: ¡más que 13 años! El día 31 de octubre el San Padre hace la consagración oficial del mundo al Corazón Inmaculado de Maria (Cf Cristo Jesús en Alexandrina, p. 117). 1943 del 10 de junio al 20 de julio es hospitalizada en el hospital «Refugio de parálisis infantil» de Desembocadura del Douro, cerca de Oporto, bajo la observación del dott.- Gomes de Araùjo: la autoridad eclesiástica dispuso que fuera hecho un severo control acerca del ayuno y el anuria, cuyo muchos no creyeron; incluso los médicos quisieron averiguar con el máximo rigor. La relación hecha por el dott. Gomes de Araùjo concluye diciendo: «Y absolutamente seguro que durante los 40 días de estancia en hospital en el Refugio Alexandrina no comió ni bebió, no orinó, ni defecó...- ». 1944 a pesar de susodicha prueba, continúa a diffon-
erguí dudas y habladurías acerca de su ayuno y su vida rica en carismas; este las causa sufrimientos indecibles, tan más que se encuentra priva de guía espiritual. El Providencia le viene encuentro confiándola a la dirección de un salesiano. Este, devueltos él cuenta que en Alexandrina allí y realmente la obra de Dios, las impone de dictar su diario hasta la muerte.- Le es secretaria heroica la hermana Diolinda, «aquel ángel que Dios las puso a lado como enfermera». El 1 de diciembre ocurre la boda mística, es decir el estado de unión amorosa entre Dios y su alma. Jesús le dice: «Tú eres novia y eres madre, madre que no deja de ser virgen. Eres madre de los pecadores...». Sábado, 2 de diciembre, la Virgen le confirma las palabras del Hijo y añade: «Hacha mi santo manto... puedes cubrir el mundo entero: basta ya por todo. Acepta mi corona... eres reina». 1945 sufre por la impresión de ser casa de pecado y el pecado mismo y abona las varias categorías de los pecados. Se recrudecen y se hacen más frecuentes y violas los asaltos del demonio. Al mismo tiempo experimenta varios grados de la transformación de su alma en Cristo:- «Quiero dilatarte el corazón, quiero hacerlo grande, grande como mi divino amor... error penetrar en el mundo que he depuesto en tu corazón» (Diario, 3.3A5). Y algún mes después: «Cogidas en sus divinas manos al Don Humberto Pasquale. Este, rogados por ella, la inscribe entre los Cooperatrici salesianos el 15 de agosto de 1944. mi corazón e hizo después de ello un gran globo que poco me colocó al sitio del corazón:- "Mi hija, tu corazón es un globo de amor..."» (Diario, 22.6.45). «Mi novia, mi reina; vivos de mí, tu vida es la mía, te soy transformado en ti porque tu vida es divina... Tú eres la fuente y Yo el agua que desatasca, lava, purifica... » (Diario, 1.9.45). 1946 Las articulaciones de los brazos y las vértebras se desconectan; el dott. Azevedo decide vendarla en todo el cuerpo y de colocarla sobre duros ases, sobre cuyo quedará hasta a la muerte (Diario, 4.10.46). Nuevos exámenes de teólogos y médicos, que la dejan en doloroso estado (Diario, 26.11.46). 1947 se siente muy grave de salud y escribe de justo puño, con inaudito sacrificio, su carta-testamento a los pecadores: «He dado mi vida a sufrir y pasaré mi Cielo a querer y a rogar por vosotros o pecadores. ¡Convertid a vosotros y queridos Jesús!- ¡Querida Mamá! ¡Vened! Vamos todo en Cielo. Si probarais por algún tiempo a los mártires que he sufrido por vosotros, estoy convencida que no pecaríais más. Si conocierais el amor de Jesús, ay, entonces moriríais de dolor para tenerlo ofendido. ¡No pequéis! ¡Nos ha creado! ¡Y padre! 1948 relleno de la caridad de Cristo, intensifica el apostolado parroquial y la ayuda a los pobres que recurren cada vez más numerosos a ella; ayuda las vocaciones, el siembran y las Casas Religiosas de formación.- - Aumenta cada vez más el número de las personas que van a hacerlas visita para tener aconsejas de ello. Jesús le dice: «Y con tu dolor que socorres: confía que tu dolor es por las almas más que el agua por los peces, más que el sol por la tierra». El 14 de julio escribe de su puño el epitafio por su tumba: ¡«Pecadores, si las cenizas de mi cuerpo pueden ser útiles para salvarvos, acércadvos, pásadvos sobre, písate ella hasta que desaparezcan, pero no pecáis más!- ¡Ya no ofendáis a nuestro Jesús!- ¡Pecadores, querrían decirvos muchas cosas! Para escribirle todo no bastaría este gran cementerio. ¡Convértidvos! ¡No ofendáis a Jesús! ¡No queráis perderlo por toda la eternidad! ¡Él es mucho bueno! ¡Basta ya con el pecado! ¡Queridos Jesús, quiéranlo! El día 23 de septiembre recibe la última visita del suyo según director, obligado a volver a Italia. A él pero mandará sus diarios hasta la muerte. Quedada también priva segundo director, se siente decir de Jesús: .... Yo soy el artista divino y en el tuyo nada yo realizo la obra maestra más maravillosa... está con tu oscuridad que doy luz a las almas» (Diario, 1.10.48). 1949 Jesús las promete de llamar a su túmulo a muchos pecadores y de convertirlos (Diario, 2.9.49). El Virgo del Rosario le aparece con la corona del Rosario y le dice: .... el mundo agoniza y muere en el pecado.- Quiero oración, quiero penitencia. Envuelves en esta mi corona del Rosario los que quieres... y todo el mundo» (Diario, 1.10.49). 1950 en el éxtasis del 28 de julio Jesús le dice: «Me das tu reparación y escucha mi urgente mensaje: "Quiero que el Papa recurra al mundo...:- oración, penitencia, renovación de vida, vida pura..." Es al 1 de septiembre añade: «Unes a mi angustia la tuya, a mi agonía la tuya, a mi Calvario el tuyo: es calvario de dolor, es calvario de salvación...- » (Diario). Alexandrina participa hasta en los sufrimientos de Cristo y a de ello ricevette los estigmas, que quedarán siempre invisibles, pero dolorosas.- Jesús le dice: «Mi hija, transporte bálsamo de mis llagas a las tuyas, ocultas pero dolorosas, bien profundos, porque tus manos siembren por las llagas dolorosas mi simiente divina y porque tus pies, que no caminan por las llagas abiertas, arranquen de los caminos errados las almas que corren hacia la perdición...- transporto bálsamo de las heridas de mi jefe al tuyo por soavizzare el dolor de tus espinas, para que, devuelta más fuerte, tú puedas con estos sufrimientos arrancar de los espíritus las malas intenciones y los pensamientos inicuos...- - de mi corazón transporto bálsamo amoroso, bálsamo de fuego, porque tú Yo anzuelos y cara querer, porque tú enciendas este fuego, este amor, porque tú possegga siempre la ternura, la dulzura del mío» (Diario 1.9.50). 1951 en el éxtasis del 19 de enero Jesús solicita: ¡«Pronto, pronto, más oraciones, más penitencia!- ¡Presto a renovar la vida y las costumbres! Pronto, mi hijos!... » (Diario). Alexandrina contesta: «Tú dices pronto; yo digo "espera, Jesús"... digo "espera; les das tiempo, Jesús; soy Tu víctima y quiero perdón por el mundo"» (Diario, 19.1.51). El alma víctima se hace cada vez más parecida a la Víctima divina. La identificación de Alexandrina con el Cristo es desde hace años operante: «Tú vives con mi vida, sufres con mi dolor, anzuelos con mi amor: vivos con mi vida porque con ella te hago vivir; sufres con mi dolor porque te lo hago sentir, en cuanta víctima para arreglar; anzuelos con mi amor porque tú las infusiones en tu corazón para que con ello Yo anzuelos y cara qué yo sea querido» (Diario, 23.11.51).- 1952 el 18 de enero en el Diario leemos: «No sé cosa siento en el corazón: me parece que tenga dentro a alguien que, como los pescadores, lanza redes y redes para capturar este mundo inmenso de almas.. Cuánto más redes salen del corazón, muchas más tiene que de ello lanzar. ¡Y cuál ansiedades infinitamente grandes de tenerle todo colmadas!- ¡Qué tarea, que cansacio incesante!- ». De este año aumenta espantosamente el número de las personas que van a verla y a preguntarlas aconsejo; son innumerables las conversiones. A pesar de todo esto, siente muy aguda otro sufrimiento: la impresión que toda su vida y su martirio sean inútiles:- «Todo el mío vivir se ha vuelto inútil» (Diario, 16.5.52). 1953 pero el 9 de enero dice: «Bálsamo al mío sufrir soy solamente la esperanza y la confianza; no apetezco de tener confianza, pero confío... La vida sin dolor me parece insoportable...- No hay nada que se pueda comparar con la dulzura de la cruz cuando la aceptamos y la llevamos con amor» (Diario).- A propósito de la agonía sobre el Calvario dice: «Fueron secretos y misterios de amor... fueron secretos y misterios de redención» (Diario 1.5.53). Alexandrina ha entendido el gran valor salvador del sufrimiento. Y Jesús le dice: .... Soy el sol, la vida, el amor de tu corazón... vida y amor divino está solas. Me doy, me comunico por tu medio a las almas... Estás en la vida pública de Jesús... » (Diario, 15.5.53). Está en el éxtasis del 20 de noviembre a Jesús dice: «He elegido este Calvario por amor de los pecadores, por amor de la humanidad entera; Yo Jesús, lo titula "Calvario de los pecadores"» (Diario).- - El 25 de diciembre tiene el último éxtasis público, que tuvo interiormente generalmente después de la Pasión experimentada.- 1954 este año recurre el 12 aniversario del principio de su ayuno y anuria completos; Jesús le dice: «Te he puesto al mundo, te hago sólo vivir de Mí, para probar al mundo lo que vale la eucaristía y lo que es mi vida en las almas: es luz y salvación por la humanidad» (Diario, 9.4.54). En el mayo le escribe a p. Pinho: .... ¡Cuánto necesidad ella tendría de, para abrirle mi alma, para enseñarle un libro de innumerables páginas que tengo en el corazón! Y un libro que se podrá comprender y sólo leer todo en la luz de la eternidad.- En ello son escritas las ansiedades de darme, de consumirme en el amor de Jesús y de conducirle a las almas todo, justo todo.- No puedo permitir que tampoco pierdo de ello uno.. ¡Cuánto habla este libro! » (28.5.54). Este libro vivo, no es si no Cristo crucificado con cuyo Alexandrina se siente identificada. En el septiembre Jesús le dice: «Tu vida es mi Pasión que continua...- es Pasión mística, pero que encierra toda mi santa Pasión» (Diario, 24.9.54). Pocos días se lee después en el Diario: «En aquel entonces, de la llaga de su divin Corazón salió un relámpago tan grande, con rayos mucho luminosos que hicieron resplandecer todo.- Poco después, de todas sus llagas divinas salieron rayos que me traspasaron los pies y las manos; de su jefe sacrosanto vino hacia el mi un sol que me ha traspasado el cerebro. Acerca del primer relámpago y los rayos que salieron de su divin Corazón, Jesús me ha dicho con toda claridad: «Mi hija, a parecido de S. Margherita Maria quiero que tú enciendas en el mundo este amor por mí, mucho apagado en el corazón de los hombres... por tu medio quiero que este amor sea encendido en toda la humanidad, tal como por tu medio fue consagrado el mundo a mi Madre bendita. Haces, novia amada, que se difunda en el mundo entero el amor a nuestros Corazones» (Diario, 1.10.54). A pesar de todo esto, sufre terribles crisis de fe y se siente en las tinieblas. En el Diario leemos: «He repetido el mío creo con mucha dificultad; le dije a Jesús el mío creo, espero y confío, pero me pareció una constante mentira» (8.10.54). 1955 el 7 de enero Jesús le predice la muerte: ¡«Estás en tu año! ¡estás en tu año! Confía, me confía en Mí». EL 11 de febrero Jesús le dice: ¡«Ánimo, para mi, tu habitación, tu vida, cuantas enseñanzas dan al mundo! Y escuela divina, que les enseña a los hombres; es luz de Dios que los ilumina en las tinieblas» (Diario). El día 13 de octubre, aniversario de la última aparición de la Virgen a Fatima, Alexandrina vuela al Cielo:- el su corazón, incinerado por el amor, deja de golpear a las horas 20 y a 29 minutos. Por su expresa voluntad fue enterrada con el rostro revuelto al Tabernáculo de su parroquia como señal de su amor para Jesús Eucarístico.