EL QUE HABLA DEL FUEGO

 

Del cielo te ha hecho oìr su voz para educarte; sobre la tierra te ha enseñado su gran fuego y tù has oìdo sus palabras de medio al fuego. Dt. 4, 36

 

INSTITUTO DEL SAGRADO CORAZÓN FLORENCIA

 

CARTA DEL CARD. PACELLI

Abril 1938 Reverenda Madre, no dudan para nada que el Sagrado Corazón de Jesùs no tenga que agradecer la publicación de estas páginas todo llenas del gran amor inspirada por la suya amnistia a lo humilde su sirva a hermana Maria Josefa Menéndez; ellas puedan contribuir eficazmente a suscitar en muchas almas una confianza cada vez más llena y más amorosa en la infinita misericordia de aquel Corazón divino hacia los pobres pecadores como todo nosotros somos. Este el voto que formo bendiciendo Lo y toda la Sociedad del Sagrado Corazón. E. CARD. PACELLI

 

Texto de la carta con el que él entonces Card. Pacelli se dignó dar la aprobación y henedire la primera edición de la invitación al amor, aprobación que confirmó por la edición completa cuando se puso Piadoso XII.

 

«... El manantial de la pura contemplación, principio ìntimo y propulsor de cada vida espiritual, tienen que ser mantenida perfectamente libre o de nuevo purificada. A cadera de Teresa de Lisieux y Charles de Foucould se yerguen hoy las grandes almas oranti de Antonietta de Geuser, Elisabetta de la Trinidad, Josefa Menéndez, Edith Stein...». «... Pienso que Josefa Menéndez enseña a rogar, a ofrecerse totalmente en un salto ardiente de amor...». HANS URS VON BALTHASAR

 

SOR JOSEFA MENENDEZ

El 29 de diciembre de 1923 murió santamente, a 33 años, en la casa de los Feuillants a Poitiers, Josefa Menéndez, humilde hermana adjutora de la Sociedad del Sagrado Corazón, después de sólo cuatro años de vida religiosos deslices en el más tiniebla nascondimento. Usted serìa dicho que el mundo tuviera que ignorarla completamente, y que no le habrìa sido concedido si no el fugaz recuerdo de las hermanas de hábito; pero he aquì que, después de 40 años de la muerte, su nombre repica en el mundo, y, de la extremidad de América, de África, de Asia, de Oceanìa, la se invoca con fervor y se escucha con respetuosa concentración el Mensaje que, por mando divino, ella tuvo que transmitirles a los hombres. En el 1938, bajo el tìtulo «Invitación al amor», el apostolado del Ruego de Tolosa hizo conocer, en la parte sustancial, el Mensaje del Corazón de Jesùs y él entonces Card. Pacelli, en una carta de prefacio, se dignó encomendar a todo la lectura de aquellas páginas. Después de 5 años fue preguntada, con insistencia, la biografìa completa de Hermana Josefa. Se quiso conocer, en todos los detalles, una vida mucho humilde y maravillosa, desarrolla él en un cìrculo oscuro y estrecho, que hizo todavìa más destacarse la potencia de la acción divina. La segunda edición, muy completo, semeja contestar a tales deseos. Fue rellenada sobre las notas mismas trazadas por obediencia, dìa tras dìa, de Hermana Josefa, notas que, controladas por los testigos de la vida de ella la Superiora y el adjunto de la Casa de Poitiers y el Rev. Padre Boyer O. P., su director, ofrecen llena garantìa de veracidad. Sin duda, se abrirá el volumen con curiosidad, lo se correrá con compadecida admiración y se cerrará lo resueltos a diventar mejores y a querer una buena vez aquel Dios que manifiesta por sus criaturas un amor ilimitado. Todo en ello habla de la prodigiosa providencia del Corazón divino para el hombre. Ya en el S. Escritura, sobre todo en los Salmos, se presenta Dios absorto a vigilar sobre las criaturas humanas, casi escudriñara a uno a uno sus acciones y sus mìnimos gestos de adoración. Inclinado, desde el principio del mundo, con paternal amor, sobre los hijos rebeldes, háblales con la voz de los prodigios y las profecìas, hasta el dìa en cuyo encarnado él él destejo en el seno de Maria Virgo, asume nuestra humanidad y viene a decirles a los hombres, con lengua humana, quant'è infinito el amor de su Corazón. Jesùs Verbo encarnado, les transmitió a los hombres en su integridad el Mensaje recibido por el Padre: «Omnia quaecumque audivi a Patre meo, nota hice vobis» (Yo., XV, 15). Nada podrá ser añadido a lo que a Jesùs dijo y, a la muerte de S. Giovanni, ùltimo de los Apóstoles, la revelación divina fue cerrada y sellada. En el curso de los siglos no se podrá hacer otro que comentarla, pero es un tesoro sin fondo y los hombres, generalmente asì descuidados y superficiales en hecho de ciencia religiosa, con dificultad saben penetrar toda la profundidad del Evangelio. Por tanto, como otra vez en la antigua ley Dios mandó los profetas a avivar la fe y la esperanza del pueblo electo, asì Cristo, de tiempo a tiempo, en la ley nueva, suscita almas a que confìa la misión de explicarles a los hombres sus auténticas palabras, y de revelar de ello la escondida profundidad. En el alba de Pascua el divino Triunfador encargó Maddalena de llevarles a los Apóstoles el anuncio de su resurrección, y, luego en el curso de los siglos, a menudo les será a pobres y a humildes mujeres que Jesùs preguntará de transmitir al mundo sus divinos deseos. Basta con citar Santa Juliano de Montcornillon, inspirada por Dios a hacer instituir en la Iglesia la fiesta del Corpus Dominós y a avivar el culto eucarìstico; S. Margherita Maria que tuvo la insigne misión de afirmar en el mundo la devoción al Corazón de Jesùs con ardor nuevo y con concepto de más alto alcance; S. Teresa del Bambin Jesùs que les recordó a los hombres, olvidadizos, el mérito y el valor de la infancia espiritual. Asì ha sido para Hermana a Josefa. Los tres estrenos, con la canonización ya han recibido de la Iglesia el reconocimiento oficial de su misión; Hermana Josefa, que no ha recibido todavìa este honor, esperando de ser su hermana en la gloria, les es hermana en la gracia de los privilegios, habiéndose Dios se complacido con confirmar el testimonio de ella. él, que tramo sus criaturas con el máximo respeto «cum magno reverentia disponis nos» (Sap., 12, 18) se guarda el poder de contraseñar a sus enviados, para que sean reconocidos como portavoz de la divina palabra. Sus calles no son nuestras calles ni sus pensamientos nuestros pensamientos; y para enseñar más claramente que todo viene de él, solamente de él, elige débiles instrumentos, humanamente inadecuados a obras grandes, pero hace triunfar su fuerza en su debilidad. «No ha buscado, dice San Paolo, para establecer a Su Iglesia ni los sabios ni los adultos del mundo». Usted serìa puede atribuir la rápida difusión del Cristianismo a su alta inteligencia o a su prestigio. Eligió en lugar de los ignorantes, de los pobres, pertenecientes al pueblo menudo, y formó de ello de las macetas de elección. Para que luego el tamaño de la misión no los fascinara y los intentara de orgullo, los colocó continuamente frente al ustedes nada, a la impotencia y a la debilidad de su ser. Los regalos divinos sólo encuentran segura custodia. en las almas realmente humildes. ésta es la calle del Providencia. Sobre el nada Dios eleva su gloria. «Si hubiera podido encontrar un más pobre que tù, le dijo a S. Margherita Maria, la habrìa elegido...». Hermana Josefa a menudo entenderá las mismas palabras: «Si hubiera podido encontrar una criatura más pobre de ti, hubiera fijado sobre ella mi mirada de amor, y por su medio habrìa manifestado los deseos de mi Corazón. No teniéndola expediente, te he elegido» (el 7 de junio de 1923). Y de allì a poco añadirá: «Acerca de a ti, te tengo elección como un ser inùtil, desprovisto de todo, para que sea justo Yo, el que habla, que pregunta, que actùa» (el 12 de junio de 1923). Nada pareció designar a Josefa a una parecida misión. Los retrasos que se entremetieron a la realización de su vocación y que habrìan podido hacer dudar, a primera vista, de su fuerza de voluntad, el humilde sitio ocupado en su Instituto, la condición de simple novicia, la sombra en que se encontró envuelta sea por su amor a la vida escondido que por la habitual dificultad de expresarse en francés, parecieron obstáculos insuperables. Y fue, en cambio, justo aquel la contraseña divina. Lo humilde, oscura novicia que, por la excesiva sensibilidad apareció tan frágil al principio de la vida religiosa, se volvió luego de una fuerza invencible. En las deslumbrantes revelaciones divinas sabrá ampararse en el suyo nada y tan más se humillará cuánto más Jesùs se acercará a. A pesar de la evidencia de la acción de Dios, Josefa siempre temerá de ser engañada y de engañar los otros. Sus Superiora no tendrán a hija más sumisa, más dócil, más respetuosa que la autoridad, más deseosa que control, más lista a sacrificarse. En su piedad, en el aspecto, en el modo de hacer, nada exagerado, todo apareció simple y espontáneo. Su carácter moral, perfectamente sano, tuvo el sentido de la medida y el orden. Lo divino que actuó en ella y de que sintió, especialmente en ciertas horas, el peso y los indecibles tormentos, no alteró para nada su interior equilibrio. Todo eso, unido a la heroica paciencia en soportar padecimientos que superaron el lìmite de sus fuerzas, fueron, por sus Superiora, la mejor garantìa de la acción de Dios. «La señal lo daré en ti». Sobre el principio, mucho la Superiora que el Director se mostró prudentemente reservado y desconfiados, pero por fin tuvieron que rendirse a la evidencia de los hechos, y creer en la Misión de la humilde Hermana.

 

LA MISIÓN DE JOSEFA

Nuestro Dios se la reveló gradualmente. Más veces él le dijo que se habrìa valido de ella «para realizar sus dibujos» (el 9 de febrero de 1921) y «para salvar muchas almas que él costaron tan queridas» (el 15 de octubre de 1920). El 24 de febrero de 1921, por la tarde, a la hora santa la invitación es repetida de manera más explìcita: «El mundo no conoce la misericordia de mi Corazón, le dice a Josefa Jesùs. Quiero servirme de ti para hacerla conocer... te quiero apostola de mi bondad y mi misericordia. Te enseñaré qué eso significa; tù olvidado». Y como Josefa expuso sus temores: «Quiere y no temas de nada. Quiero lo que tù no quieres, pero puedo lo que no podrás. A ti no toca elegir, pero abandonarte». EL 11 de junio de 1921, pocos dìas después de la Fiesta del S. Corazón, en cuyo recibió numerosas gracias, Nuestro Dios le dijo: «Recuerda mis palabras y le crees; el ùnico deseo de mi corazón es de encarcelarte, poseerte en mi amor, hacer de tu pequeñez y fragilidad un canal de misericordia por muchas almas que se salvarán por tu medio. En ocurrirte revelaré los ardientes secretos de mi corazón que servirán al bien de un gran nùmero de almas. Deseo que tù escribas y que tù conservas mis palabras; serán leìdas cuando tù estés en cielo. No son tus méritos que me inclinan a valerse de ti, pero quiero que las almas vean como mi potencia emplea instrumentos pobres y pobres». Puesto que Josefa le preguntó si tuviera que también decir este a su Superiora, Jesùs contestó: «Lo escribes, lo se leerá después de tu muerte». Asì el dibujo de Dios va perfilándose cada vez más. él elige a Josefa como vìctima por las almas, especialmente por las almas consagradas y, en, el mismo tiempo divulgadora la quiere al mundo de su Mensaje de misericordia y amor. Su misión es dùplice: tiene que ser vìctima y mensajera; doble misión estrechamente unida. Ella es vìctima porque mensajera, y como mensajera tiene que ser vìctima.

La Vìctima

Una vìctima es esencialmente un inmolada y, generalmente un espiatrice. Aunque se pueda, a rigor de términos, ofrecerse a Dios como a vìctima, para darle gloria y alegrìa con los sacrificantes voluntarios, sin embargo las Señor suelas sólo poner sobre esta calle las almas elegidas por él como mediadoras, destina a sufrir y expiar por otros, para atraer, con su inmolación, gracias de misericordia y de perdón y para cubrir los ustedes pecados a los ojos de la justicia. Va de si que no podemos tragarnos, de misma iniciativa, en una empresa parecida. Para interponernos entre Dios y la criatura, hace falta el consentimiento divino. ¿Qué valor tendrìa la intercesión de quien es no le acepto al Dios? Ya en el antiguo Testamento, no se pudo ofrecerle a Dios a alguna vìctima sin que tuviera los requisitos requeridos, es decir perfecta, inmaculada, ofrecida por el sacerdote segùn el ritual prescrito. El ritual, observado rigurosamente, indicó los sentimientos de que tuvieron que ser animados el ofreciente y el immolatore. En el Nuevo Testamento en que el nuevo sacrificio ha reemplazado los antiguos, Jesùs es el ùnico mediador, el ùnico Sacerdote, la ùnica Vìctima, y su sacrificio tiene un valor, más solamente representativo, pero real e infinito. Si pues Nuestro Dios quiere asociarse a otras vìctimas, ellas tendrán que identificarse con él, participar en sus sentimientos, y no podrán ser que personas humanas, dotadas de inteligencia y de voluntad. De estas personas elegidas por él, él estando libres solicita la aceptación voluntaria. En tal modo ellas se meten en sus manos divinas, porque él las llevados de dueño absoluto. Le fundida en el Cristo y transformada en él, el alma vìctima le expresa al Padre celeste los sentimientos de Jesùs Cristo, y, delante de Cristo, los sentimientos que deberìan tener a los que ella representa, teniéndose en estado de humillación, de penitencia y de expiación. En fuerza de su identificación con Jesùs, ella participará de cerca en su dolorosa pasión, sustentará de ello los tormentos y las agonìas en vario grado, y en maneras diferentes, pero generalmente sobrehumanas. Si tiene que expiar para pecadores singularmente designados, padecerá las justas penas de sus delitos: enfermedades, pruebas de cada tipo y, a veces, también las persecuciones del demonio, de que se vuelve hazmerreìr. Eso ocurrió, de modo especial, a Hermana Josefa. Ella es vìctima por el deseo expreso de Nuestro Dios, y lo será de modo absoluto, no solamente acerca de a todo su ser, votado a la inmolación, pero además en todas las modalidades que comportan los muchos atributos de Dios, a los que es ofrecida distintamente. S. Teresa del Niño Jesùs se ofreció a vìctima del amor misericordioso; Maria des Vallées, especialmente como vìctima de la divina Justicia; S. Margherita Maria se ofreció a la Justicia y a la Misericordia; y asì ocurre para Hermana a Josefa, a cuyo Jesùs confìa esta misión de modo aùn más claro que no hubiera hecho con S. Margherita Maria: «Tù eres la vìctima de mi Amor» (el 2 de octubre de 1922) (el 23 de noviembre de 1920) «De mi Amor y de mi Misericordia» (el 30 de junio de 1921) «Yo quiero que tù seas la vìctima de la divina Justicia y el alivio de mi Corazón» (el 9 de noviembre de 1920). Por todos este tìtulos ella tiene que sufrir: «Tù sufres en el alma y en el cuerpo, porque eres la vìctima de mi el alma y de mi Cuerpo. Y como no sufrirás en tu corazón, si te tengo elección como mi vìctima del Corazón?» (el 19 de diciembre de 1920). Cómo vìctima del Corazón de Jesùs, ella sufre para consolar este Corazón herido por la ingratitud humana. Cómo vìctima de amor y misericordia, sufre porque el amor misericordioso de Jesùs pueda llenar de gracia a los pecadores, de él mucho queridos. Cómo vìctima de la divina Justicia, ella lleva la carga de las desaprobaciones divinas y expìa por muchas almas culpables que le serán deudoras de su salvación. Su misión la pone en estado de continua inmolación. Nuestro Dios no no se lo esconde. «Quiere, sufres, obedeces, le dijo, y asì podré realizarte en ti mis Dibujos» (el 9 de enero de 1921). Y el 12 de junio de 1923 le confirma más claramente su pensamiento: «Acerca de a ti, vivirás en la más completa y profunda oscuridad; pero porque eres la vìctima que tengo elección, tù sufrirás y morirás hundida en los padecimientos. No busques ni descanso ni alivio, porque no encontrarás de ello, teniéndome tan dispuesto. Pero mi Amor te sustentará. Tù no me echarás de menos nunca». Nuestro Dios, que quiso hacerla tanto sufrir, las pregunta anteriormente el consentimiento. Aunque dueño absoluto, respeta el libre albedrìo de sus criaturas: «Tù quieres?...» le dice a Josefa y, viéndola perpleja, se aleja, dejándola triste. Pero la Madre celeste le aparece: «No olvidar que estás libre en tu amor» (el 3 de marzo de 1922). Bastantes veces todavìa Josefa intentará sustraerse, y, Jesùs alejándose, ella tendrá que llamarlo con insistencia, para conseguir de él lo que las propuso primera. En la mayorìa de los casos ella acepta con generosidad. «Me he ofrecido a su servicio, ella dirá, porque cuente conmigo a su placer». Hasta de entonces Dios sabe que puede hacerella de lo que quiere y se lo repite: «Soy tu Dios y me perteneces, te has entregado a y, ya ya, tù no puedes rechazarme nula». «Si no te entregas a mi Voluntad, que quieres que Yo haga?» (el 21 de abril de 1922). Josefa se abandona. Como el Maestro divino, será una vìctima voluntariamente ofrecida. «Oblatus este de quia ipse voluit». Y, como él, será la vìctima pura. No se puede expiar por los otros si tenemos que expiar por nosotros mismos. Dios circundó a Josefa, desde el nacimiento, de pureza y no se divisa, en su existencia, alguna culpa plenamente advertida. Sus más grandes infidelidades, como ella desteja dijo, consistieron en el titubear de frente a una misión que la turbó, nada pero que hubiera podido en ningùn modo ofuscar de ello el corazón y el alma. Nuestro Dios vigiló celosamente. «Te quiero tan olvidadiza de ti, y tan abandonado a mi voluntad que no te permitiré la más pequeña imperfección sin advertirte de ello» (21febbraio 1921). Más veces, cuando las pregunta de entregué en estado de vìctima empieza con el otorgarle una gracia de total purificación. «Ahora, Josefa, sufre por mì, pero primera traspasaré tu alma con el dardo del amor que la purificará, ya que hace falta que tù seas muy pura como él cònviene a mis vìctimas» (el 17 de junio de 1923). Sobre tal blancura, el sufrimiento, que tiene que atormentarla, no encuentra obra purificadora de cumplir, y verterá sobre otras almas sus frutos saludables. Como en todas las verdaderas vìctimas, los sufrimientos de Josefa tendrán un dùplice carácter: como vìctima elegida por el propio Cristo para continuar y cumplir su Obra redentora, Josefa tendrá que tenerse en ìntima unión con Cristo Redentor y participar en su Pasión, sometiéndose a Sus mismos sufrimientos: como vìctima de expiación por las culpas ajenas, sus sufrimientos estarán en proporción de los pecados que expiar:

 

a. Participación a los sufrimientos de Cristo.

Solamente la Pasión de Cristo es redentora. Para ser purificados por los pecados y salvados, necesariamente hace falta meterse a contacto con la Sangre del cordero inmaculado. ¡El grito de Jesùs moribundo es una insistente invitación por todos los hombres, que tienen que apresurarse a acudir a los manantiales del Salvador de que derivan todas las gracias! Con las almas dóciles a esta invitación, el contacto vivificatore se establece enseguida. Muchas, desaforadamente, tienen voluntariamente lejanas. Para alcanzarla, Cristo se valdrá de otras almas destinadas a volverse los canales de sus Misericordias. Sarmientos más fecundos de la mìstica viña, llenos de sangre vital, porque en estrecho contacto con la cepa divina, tales almas se constituyen solidarias con los pecadores, responsables de sus culpas y consecuentemente unidas con ellos como soy unficate con el Cristo, de modo que en ellas y a través de ellas se establece el contacto de la gracia: éstas son las almas vìctimas. Para cumplir su despacho, debbono ser fundidasle a Cristo Crucifijo, con el corazón palpitante al unìsono con el Suyo, mientras él hará de ello sus vivientes imágenes, imprimiendo en su alma, en el corazón y en el cuerpo, su dolorosa Pasión. En estas almas, él renovará todos sus misterios dolorosos; como él, será contradicho, perseguìs, desentonadas, flageláis, crucificadas; y, lo que los hombres no harán, el propio Dios lo ejecutará con misteriosos dolores, agonìas interiores y stimmate, él de devolverle verdaderos crucifijos vivientes. Se comprende fácilmente cual potencia de intercesión y mediación tengan tales almas cuando suplican la Misericordia divina para los hermanos errantes, cuando, en ellas y por ellas, se eleva al Padre el grito de aquella sangre infinitamente más preciosa de aquel de Abel. Sin embargo en algunos San, como por ej. en S. Francesco de Asìs parece que la pasión se para a, y tenga como fin ùltimo de devolverlos copias perfectas del Crucifijo. En tal modo Dios contesta a su amor y a su devoción a la pasión, haciéndolos participar fìsicamente y moralmente a los dolores de Su Hijo querido. Por las almas espiatrici hay de más: ellas son expropiadas como a beneficio ajeno; la Pasión del Cristo, después de las haber señalado con su sello, da de ellas a cumplir sus frutos de salvación en otras almas por las que ellas expìan. Ellas son asì las portadoras de la gracia del Calvario, los corredentrici en el verdadero sentido de la palabra. El amor de lo próximo le empuja, y su misión es muy diferente de la de las otras almas. Mientras Dios se contenta por las otras de un amor que lo contempla y que se para a la gloria en tal modo tributado a Su infinita perfección, a los corredentrici que lo contemplan, él descubre su inmenso Amor por las almas y Su dolor por la pérdida de los pecadores. Tal visión casi parte su corazón y el deseo de consolar a Jesùs no se limita más a protestarle su amor, pero excita su celo, y ellas necesitan reconducir a toda costa estas almas al Cristo, mientras que él no falta de su parte de excitar cada vez más su celo. Les comunica su ardiente amor por las almas que ellas vienen a querer con su mismo Corazón. Este amor les da una fuerza sobrehumana de aguante que Josefa describe muy bien: «De una veintena de dìas mi alma se siente atraìda a sufrir. En pasado todo me dio miedo y cuando Jesùs me dijo de tenerme elección para vìctima, probé un estremecimiento en todo el ser; ahora es él opuesto. A dìas sufro tanto que si EgIi no me sustentara no podrìa vivir, porque padezco en todos los elementos. A pesar de eso mi alma querrìa aùn más soportar por él, aunque la naturaleza oponga a veces resistencia. Cuando empiezo a probar estos dolores tiemblo y retrocedo instintivamente, pero en la voluntad c e' una fuerza que hacha, que quiere, que desea sufrir de más. Si en aquel entonces se ofreciera o de ir en cielo, o de seguir padeciendo, preferirìa mil veces quedar en tierra para consolar el Corazón divino, aunque arda del deseo de unirme a él. Entiendo que es Jesùs que me ha cambiado asì...» (el 30 de junio de 1921). Josefa tiene razón: aquella fuerza no es suya: pero viene de Jesùs, más bien es la misma fuerza de Jesùs que la invierte, mientras él le comunica Sus sentimientos, deseos y dolores. «Como tù estás lista a sufrir, él le dice (el 19 de diciembre de 1920), sufrimos junto». Y le da Su Cruz. «Jesùs vino, con la Cruz en hombro y el atavìo sobre la mìa» (el 18 de julio de 1920). «Vengo a llevarte mi Cruz, porque quiero deponer de ello el peso sobre ti» (el 26 de julio de 1921). «Quiero que tù seas mi cirineo: Me ayudarás a llevar la Cruz» (el 23 de febrero de 1922). «Mi Cruz sea tu cruz» (el 30 de marzo de 1923). ¡Cuántas veces le depone sobre los hombros la Cruz, y ella la tiene por horas, por dìas, por noches enteras! También cónfìale la corona de espinas, que Josefa lleva durante largos perìodos de tiempo, en los que, como él, no sabe dónde descansar al jefe, dolorosamente transfijo. «Te dejaré mi corona, y no te quejes de este sufrimiento!... es una participación a la mìa» (el 26 de noviembre de 1920). «Yo mismo te ceñiré la frente con mi corona!» (el 17 de junio de 1923). Otras veces le hace sentir la transfixión de Su Costado: «Este dolor, le dice la Madre celeste, el 20 de junio de 1921, es una chispa que sale del Corazón de mi Hijo; cuando lo sientas más fuerte, es señal que entonces un alma lo hiere intensamente». Quiere también hacerle oìr el dolor de los clavos en las manos y en los pies. «Estoy a punto de darte otra prueba de Amor: hoy participarás en el dolor de mis clavos» (el 16 de marzo de 1923). Estrechamente adjunta la quiere a los sufrimientos de Su el alma y de Su Corazón. «Todos los viernes, y particularmente los primeros viernes del mes, te haré participar en la amargura de mi Corazón y a ti sufrirás de manera especial los tormentos de mi Pasión» (el 4 de febrero de 1921). El 10 de marzo de 1922 él le aparece con el rostro ensangrentado: «Me acercados a, le dice, descansa sobre mi Corazón y tomas parte en su amargura...». «Me hizo acercar a su Corazón y a mi alma estuvo repleta de tal angustia y de tal amargura que no puedo explicarlo». Y tiene que sufrir como por los otros a Jesùs ha sufrido. «Quiero que todo tu ser sufra para ganarme de las almas» (el 21 de diciembre de 1920). «Hay un alma que me ofende: no temas de sentir te desalientas porque quiero que tù participas en la agonìa de mi Corazón» (el 13 de septiembre de 1921). «Entrega mi Cruz hasta que aquel alma conozca la verdad» (el 24 de marzo de 1923). «Tomas mi Cruz, mis clavos, mi corona, mientras que Yo voy a buscar las almas» (el 17 de junio de 1923). Bastan por ahora este pocos ejemplos, que son abundantes en el curso del libro. Cómo vìctima espiatrice, Josefa participa en todos los dolores de Jesùs. En sus elementos, como en su corazón, ella lleva la huella de la indecible Pasión de él. Fundida con Jesùs Crucifijo, torturado por sus angustias, consumidas por sus deseos, quemados por su sed de almas, ella se ofrece a todas las reparaciones y a todas las expiaciones.

b. Las persecuciones diabólicas.

Dios permite que, de cada parte se abatan sobre ella las pruebas más duras. Si las fueron perdonadas aquellos procedentes por los malos fìsicos (pero quién puede saber él, acostumbrada como fue a no quejarse nunca?) y aquellos consiguientes de los hombres (su vida familiar y aquella religiosa podrìan aparecer eximidos por las terribles contradicciones le tocadas a S. Margherita Maria), por otro, ella, más que otras santos, fue dado en brazo al furor de Satanás. No hay que asombrarse de ello. Pocas vidas de San aparecen libres de la persecución de lo malvado. El adversario personal de Cristo, no pudiendo llegar a golpearlo en la gloria del cielo, se afana, con todos los recursos de su potente actividad, a obstaculizar la obra divina en el mundo. Más un alma es querida por Cristo, más Satanáses se encarniza para perderla, cierto en el orgulloso intento de aumentar el nùmero de sus sujetos desdichados, pero sobre todo para arrancar de Cristo de las almas que él quiere y ha rescatado con su sangre preciosa. Satanás por tanto toma especialmente de punterìa los San y los consagrados que quiere contaminar, seducir y deshonorar. Más que todo detesta las almas corredentrici y por tanto Josefa le fue odiosa de modo particular. Por amor de Jesùs, ella hizo alegremente los tres sacrificios que más costaron a su corazón: la mamá, la hermana, la patria. Usted fue ofrecida por la salvación de los pecadores y tuvo que arrancar de ello muchos del infierno; por este, Satanás los se levantó contra e hizo de ello su hazmerreìr. Dios le deja un poder mayor sobre las almas espiatrici y eso, quizás, es inherente a su vocación. Arrimándose los pecados ajenos ellas aceptan llevar de ello las consecuencias. Coll'acconsentire al pecado, el hombre, que quiere o nolente, tenga de ello o menos conciencia, da al demonio un gran poder de seducción y acción. En general raramente se entera, porque el demonio es superfino en disimular para no inquietar el alma. Refuerza las malas tendencias y detrás de ellas se esconde para multiplicar las ocasiones de pecado y adormecer el alma en una modorra que llevará a la muerte. Pero, cuando un alma vìctima se sustituye a un pecador, el demonio choca con una voluntad que se opone tercamente, y, impotente a hacerla caer, venga, desahogando sobre de ella aquel poder mismo que tuvo sobre lo culpable. Dios permite eso, antes de todo porque la existencia del demonio, de mucha misa en duda, apparisca evidente. ¿Existe Satanás como existe el infierno que se querrìa olvidar o enterrar en el silencio; es un ser vivo y real, cuyo perversa naturaleza se revela, de modo especial, frente a las almas santas; si es tan cruel con ellas, aunque no pueda ir más allá de un dato lìmite, que estará con los condenados que tiene completamente bajo de si? Además Dios quiere confundir el orgullo del espìritu de las tinieblas. A pesar de todo su poder y su tesón, no reconduce victoria sobre los San, más bien es plenamente de ello derrotado, con gran gloria de lo empinado. Asì ocurrió con Hermana a Josefa. El demonio tratará de engañarla con todos los medios transformándose en ángel de luz, y tomando perfmo el aspecto del propio Jesùs Cristo; pero, más a menudo todavìa, martirizando se esforzará la de hacerla desviar de aquel camino en que le arranca muchas almas. En esta lucha a cuerpo a cuerpo, entre la humana debilidad y la violencia satánica, Dios interviene para aumentar la resistencia heroica del humilde su vìctima, y le comunica una energìa invencible, capaz de superar cualquiera tentación y cualquiera sufrimiento. La fuerza diabólica se quebrantará contra la fragilidad de Josefa. Ella, el «nada» y el «miseria», como Nuestro Dios la llama, con la ayuda divina triunfará del «Fuerte armado». Pero muy tendrá que soportar. Ya durante su postulado, el calumnio el eje con un granizo de golpes, dìa y noche, que la son infligidos por mano invisible, especialmente en el ruego y cuando protesta de deseo ser fiel a cada coste. A veces, es arrancada violentemente de la capilla, o se encuentra en la imposibilidad de entrarvos. Otras veces las apariciones del demonio se suceden bajo el aspecto de un perro repugnante, de un serpiente, o, aùn más terribles, en forma humana. Bien pronto, a pesar de la asidua vigilancia de las Superiora, Josefa viene repetidamente en otro lugar pasajera. Bajo sus ojos ella, de repente, desaparece, y se encuentra la, bastante tiempo después, o en el desván, o bajo algunos móvil, o en algùn lugar desierto. En ellos presencia es quemada sin que el demonio parea, y se ven los vestidos de Josefa en llamas, y sobre el cuerpo las señales de las terribles quemaduras. Otras veces, y éste raramente ha ocurrido a otros San, Dios permite que el demonio la cara bajar viva en el infierno. Allá abajo transcurre largas horas, a veces una entera noche, en indecibles angustias. ¡Más que ciento veces desciende en el abismo, y, a cada pendiente, le parece de servos entrado por la primera vez y de llevarvos de siglos enteros! Excepto el odio de Dios, ella padece de ello todos los tormentos, entre cuyo no es lo mìnimo aquel de escuchar las estériles confesiones de los condenados, los gritos de odio, de dolor, de desesperación. ¡Cuándo Josefa sale fuera, quebrantada y agotada, cada sufrimiento para salvar las almas le aparece bien poca cosa, y, en volver a contacto con la vida, su corazón no sabe todavìa contener la alegrìa de poder querer! Su inmenso amor la sustenta. Sin embargo, a veces la prueba pesa extremadamente sobre de ella. Cómo Jesùs en el huerto, transcurre horas de amargo derribo y angustia. Testigo de la pérdida de muchas almas, pregunta a él mismo a qué las suyas sirven descendidas al infierno y a los atroces sufrimientos que tiene que sustentarvos. Pero pronto se restablece y el ánimo no lo abandona. La Madre celeste la socorre: «Mientras tù sufres, la acción del demonio sobre aquel alma es menos fuerte» (el 22 de julio de 1921). «Tù sufres para descansar a Jesùs y eso no basta para darte ánimo?» (el 12 de julio de 1921). Nuestro Dios mismo le revela los tesoros de reparación y expiación contenidos en cuyo prueba la somete (6 de octubre y el 5 de noviembre de 1922). ¡Dios las concede de ver, en el infierno las manifestaciones de rabia del demonio, cuando le evitan las almas que él creyó de haber hecho su, justo aquellos por los que Josefa expió! Estos dos pensamientos, de consolar y descansar a Jesùs, y de conquistarle de las almas, sustentan y excitan su ánimo. Aunque tenga demonio un horror instintivo, porque conoce de ello, a sus gastos, la terrible potencia y malicia, nunca el temor la aparta del propio deber. En un perìodo de su vida casi cada dìa el demonio la transporta en otro lugar, mientras que va a su despacho; ella preve aquel instante y tiembla, pero no retrocede, y cada dìa la encuentra decidida a encaminarse allá, dónde su despacho la quiere, sin ceder al miedo. Sin embargo, por esta heroica fidelidad, lo que nos aparece más admirable es que Josefa, bajo la acción de sus temores y a veces de sus repugnancias, se considera sinceramente una criatura ingrata e infiel, y es persuadida constantemente de no haber hecho nada para el Dios. Después de noches de indecibles tormentos, deshechos, pero no derribada, ella retoma, al alba, el usual trabajo y no acepta alguna exención de la vida comùn. El fuego del Corazón divino la quema, y todo lo que ha tenido que padecer en el infierno, todo lo que le es dado como partecipazone a los sufrimientos del Cristo en lugar de desanimarla y deprimirla, aviva y alimenta su ardor por el soffernza. Como ya S. Margherita Maria, ella se inmola por las almas religiosas, para los sacerdotes, para los pecadores de cada especie. Dócil al deseo de Quien al que se abandona, no desea que consolarlo, y se ofrece a todos los mártires con tal que conquistar almas, el más a menudo desconocidas, pero que quiere inmensamente por Jesùs. Como dijimos al comienzo, necesitó que ella fuera vìctima para ser mensajero. ¿No tiene asì, todos los tìtulos para ser escuchada por los hombres, quien que mucho por les ha sufrido? ¿Y, conocedora profunda del infinito Amor del Corazón divino, no fue designada quizás, más que cada otro, a transmitir al mundo el essaggio del amor y la Misericordia de Jesùs?

 

EL MENSAJE

1. Su sustancia

Y de veras Mensaje de amor y Misericordia. No te encuentres lo por entero en ninguna parte del libro pero él se puede reconstruir con los fragmentos que aparecen casi en cada su página. He aquì en resumen el resumen: a ) antes de todo, el Corazón de Jesùs y su excesiva caridad para los hombres os se destacan de modo raro. Usted puede decir una nueva revelación del Sagrado Corazón, que completa y perfecciona aquel recibido por S. Margherita Maria. Del 1675 son pasados más que dos siglos; otras corrientes de devoción recorrieron la Iglesia, y actualmente las almas se apasionan por el Cuerpo mìstico de Cristo, cuya realidad repica en el ìntimo de la conciencia cristiana. Se dirìa que la devoción al Sagrado Corazón haya dado atrás un paso y ahora sea menos incluida. Muchos consideran como la devoción al Sagrado Corazón una mutilación a la devoción al Cristo total, o como una devoción femenina, en cuyo el sentimiento, o mejor el sentimentalismo, tiene demasiada parte. Contra este falsas opiniones Nuestro Dios reacciona con fuerza. él les presenta a los hombres Su Corazón, traspasado por la lanza, Corazón amante y asì algo querido, cuyo herida, quedada abierta, gritos a grandes voces Su Amor. Amor deseoso de ser correspondido, tan más que el repuesto tan justo y natural ch'Egli exige, es para los hombres el ùnico medio para ser aquì abajo felices y alcanzar la felicidad eterna. Y sin este medio no hay por los que el terrible infierno a que van encuentro. El Corazón de Jesùs se sirve de Josefa para mandar al mundo su gran invitación al amor. b ) Para atraer principalmente a los hombres, manifiesta ellos, y es este lo que hace la novedad y la fuerza del Mensaje, Su infinita Misericordia. Todo él nos quiere individualmente, tales cuál somos, también los más miserables y los más pecadores. Les pregunta a los hombres no las calidades y las virtudes pero sus pecados y sus miserias; miserias y culpas, que soy un motivo para acercarse a en lugar de ser un obstáculo. Este el regalo más le acepto a Jesùs, y otro no exige de los pecadores que un verdadero arrepentimiento y una conversión por Su Amor. Su Corazón, impaciente en lo amargas, espera la vuelta de los pobres perversos y promete un perdón total. «No es el pecado que hiere principalmente mi Corazón, él dice, pero lo que más lo tortura es que las almas, después de lo haber cometido, no vienen a ampararse en mì» (el 29 de agosto de 1922). Lo que quiere, lo que desea ardientemente, es la confianza en su Misericordia y Bondades infinitas. c ) A. los suyos consagrados, que él quiere de un amor especial, Jesùs dirige una invitación a participar en su Vida redentora. Quiere que sean sus intermediarios por la salvación de las almas y, por tanto, a todo pregunta el espìritu de sacrificio en el amor. Comùnmente, no exige grandes sufrimientos pero insignia a los su elegidos la importancia de las acciones ordinarias, también mìnimas, acabadas en unión con él, en espìritu de inmolación y amor (el 30 de noviembre de 1922, el 2 de diciembre de 1922). Manifiesta ellos el valor de los más pequeños sacrificios, que conducen a alta santidad y, en el mismo tiempo, favorecen a la salvación de muchas almas (el 20 de octubre de 1922). Recuérdales cuanto sean en cambio peligrosos los relajamientos en la virtud, también pequeña, que arrastran en la tinta china fatal de las grandes infidelidades y exponen las almas a precipitar en los castigos del infierno, bien más terribles por los privilegiados que por los otros (el 3 de agosto de 1921, el 12 de diciembre de 1922, 14, 15, el 20 de 24 marzo de 1923, el 4 de septiembre de 1922). Las almas consagradas reaviven su confianza en el Sagrado Corazón de Jesùs. «Poco me importan sus miserias; quiero hacer su saber ch'Io las quiero con ternura duplicada cuando se tiran en mi Corazón después de las caìdas y las debilidades. Yo siempre perdón, y siempre anzuelo». Y añade: «No sabes quizás que más las almas son miserables y más atraen mi Amor?» Y todavìa insiste: «No quiero decir que un amma, por el hecho mismo que es escogida, ya no tenga que caer en defectos y sea liberada por cada miseria. No, caerá, y caerá más veces. Pero si se humilla y el suyo nada reconoce, si se esfuerza de arreglar las culpas con pequeños actos de generosidad y amor, si confìa y se abandona de nuevo a mi Corazón, me glorificará de más, y podrá sentarse más bien a las almas que si no hubiera caìdo nunca. Poco me cuido miseria; lo que me importa es el amor» (el 20 de octubre de 1922). Lo que el Corazón divino desea de los suyos es pues la humildad, la confianza y el amor. d ) A. todo, por fin, hace oìr la insistente llamada de la Pasión, presentada como señal de su inmenso Amor para los hombres y como ùnica calle de salvación. El Corazón de Jesùs siempre se manifiesta dolorido y apasionado y nos exhorta y nos suplica en fuerza de sus padecimientos indecibles. ¡Cuánto tiene que tenernos querido si ha aceptado sufrir mucho por nosotros! ¡Cuál horrible desdicha aquel de los que, por misma culpa, se sustraen a una parecida redención! Con el pecado el hombre ha cavado entre si y Dios un abismo irrecuperable. Pues, entre Si y el hombre, Jesùs ha puesto su Pasión. Nos viene a superando nuestro pecado y cubriéndolo con Su Sangre. El camino hacia Dios ha sido reabrido pues, pero hace falta cruzar la Pasión para retomar contacto con él. Imposible salvarnos, sin tomar parte, de alguna manera, a la Pasión de Cristo. El dilema es neto: o la pasión o el infierno. Misión y despacho de los consagrados es de hundirse en la Pasión, penetrarla, y, con sus sacrificantes personales, comunicar de ello los frutos, infundir de ello la eficacia en las almas por las que ruegan y expìan.

2. Su oportunidad

Un mensaje tan insistente nos aparece de una actualidad rara. De cada parte el pecado se extiende de modo espantoso y el orgullo humano, despreocupado de Dios, pretende transformar la tierra en un paraìso; no logra que reducirla a un pasillo del infierno, dónde la impiedad y la inmoralidad reinan soberanas, dónde las pasiones irrumpen, azuzando guerras furiosas en que la mayorìa de los hombres sufre en la pobreza y en la opresión, sin aquel consuelo que la fe sola puede dar. El Corazón divino se vuelve hacia los hijos miserables, les indica el camino de la felicidad, de la paz, y de la salvación. Este mensaje es transmitido y ha vivido. Jesùs nos instruye, no solamente con lo que le dice a Josefa, pero con lo que obra en ella. Los hechos golpean más que las palabras. ¿Se quiere conocer el amor divino por las almas? Se lean las páginas dónde ella nota los latidos, que ha oìdo, del Corazón de Jesùs. «Cada uno de estos latidos, él le dice, es una llamada a un alma» (el 26 de octubre de 1920). ¿Usted puede dudar quizás realidad de este Amor, cuándo se ve él quemar con sus llamas el corazón de Josefa, y hacerla asì intrépida, tan fuerte en sufrir para arrancar las almas del infierno? ¿Usted puede dudar inmensidad de este Amor, cuándo Josefa, que hacha de padecer un martirio indecible de que constatamos la intensidad, nos dice ser un nada su amor, comparado con el de Jesùs y su sufrimiento una sombra en comparación a la de la Pasión? (el 28 de octubre de 1920). ¿Usted puede dudar bondad de este Amor, cuándo descubrimos en la vida de Josefa el inmenso dolor del Corazón divino por la pérdida de las almas y la alegrìa por su arrepentimiento? (el 25 de agosto de 1920, el 26 de diciembre de 1920, el 34 de agosto de 1921, el 29 de julio de 1921, el 31225 de septiembre de 1922). «Me ayudas, él le dice , a revelar mi Corazón a los hombres. He aquì, quiero dir ustedes que en vano busca en otro lugar aquella felicidad que solamente en mì pueden encontrar. Sufres y quiere porque tenemos que conquistar las almas» (el 13 de junio de 1923). ¿En el amor que Josefa nutrió asì vehemente por las almas, como no divises el amor infinito del Corazón de Dios, que pudo inspirarlo sólo? En el mismo modo Jesùs manifiesta su ilimitada Misericordia a través de la vida de Josefa. «Yo te querré, le dice el 8 de junio de 1923, fiesta del Sagrado Corazón , y las almas comprenderán mi Amor del amor que tengo por ti». «Yo te perdonaré y las almas conocerán mi Misericordia de los perdones copiosos que te concederé». Un dìa llegó hasta decir: «La mìa es una locura de amor por las almas» (el 27 de septiembre de 1922). Esta expresión puede sorprender, pero también en la Sagrada Escritura se lee: ¡«Si una madre puede olvidar a su hijito, Yo no te olvidaré nunca! He aquì que tu nombre está escrito en mi mano» (Is., XLIX, 15, 16). ¿«Dónde están tus pecados? Ellos eché al final del mar!» (Mich., VII, 19; Is., XXXVIII, 17). «él me quiso y se inmoló por mì!» (Gal, El, 20). ¿No es toda esto una locura? En cuánto a la realidad del infierno, el Mensaje fue realmente experimentado de Josefa. Todos los sufrimientos de la pasión ch'ella padece, las persecuciones diabólicas y sus pendientes en el infierno, no tienen otro objetivo que para arrancar las almas de la perdición y reconducir los perversos sobre la calle de la salvación de que ellos se alejan. La dogma de la Redención y la Comunión de los San viene tan actuado. ¿Cómo negar la existencia del demonio, del infierno, del purgatorio y la eficacia de los sufrimientos propios por los otros, leyendo las conmovedoras páginas dónde estas grandes realidades sobrenaturales se imprimen en el alma y en la carne de Josefa? Nada nuevo en la sustancia del Mensaje. Ello sólo aclara, de modo más impresionante y más claro, lo que ya sabemos por fe. «Te lo repito una vez más: lo que te digo ahora, no es nada nuevo. Pero, como la llama necesita alimento para estallar, asì las almas necesitan un nuevo empujón para progresar y de nuevo calor para reanimarse» (el 15 de diciembre de 1923). ¡Como está lleno por fuerza la invitación, transmitido por la humilde Josefa!

 

3. Su autenticidad

El Mensaje no consiste solamente en las palabras le confiadas a Josefa, pero en la entera vida de ella. Usted privilegiada del Corazón divino nos habla sobre todo a a través de su vida. Toda su existencia es una maravillosa garantìa de la acción de Dios en ella. Ella sola oyó las palabras de Nuestro Dios, ella sola, por consecuencia, puede testimoniar y su vida es un testimonio de la verdad del Mensaje. Y es controlada, seguida por testigos irrefutables, que pueden afirmar y la virtud incontestable de la humilde y oscura mensajera del amor infinito, y la realidad de sus estados sobrenaturales de que han tenido la prueba palpable. La virtud de Josefa fue reconocida por todo en el cìrculo en que vivió, no porque tuviera algo de llamativo (Josefa fue cada vez más imitable que admirable), pero porque, a su insaputa, ejerció una influencia penetrante. Le se notó nunca en ella alguna señal de bùsqueda personal; apareció en cambio, en todo su exterior, una gran mortificación, una obediencia ilimitada y una dulce paciencia, frutos de sincera humildad. «Tù eres el eco de mi voz» (el 10 de diciembre de 1922) le dijo una vez a Nuestro Dios y, en efecto, en ella no hay qué resonancia divina. Una virtud tan alta y asì simple, bastarìa solo a convencernos de la acción verdadera y profunda de Dios, a probar la autenticidad de la ìndole sobrenatural consiguiente de Dios. Sin embargo, las Superiora y el director creyeron oportunos quedar voluntariamente un poco de tiempo incertidumbres y dudosos, y tenemos que ser su agradecidos de esta prudente discreción, de esta desconfianza intencional que esperó las pruebas. Cándida y leal como fue, cierto ella no habrìa querido engañarlos; pero pudieron preguntarse si su imaginación y su corazón no la hicieran caer en la ilusión, como ocurre no raramente también a las almas piadosas y sinceras. Sin embargo, y fue esta óptima señal, Josefa vivió continuamente en el temor de engañarse, siempre lista, a una seña de la Superiora, a creer como ilusiones lo que probó. Nada más caracterìstico de este hecho. A Roma, dónde, por encargo de Nuestro Dios, fue, para llevarle a su Reverendissima Madre General un mensaje concernente la Sociedad del S. Corazón, de repente, instigada por el demonio mentiroso, credette de haber caìdo vìctima de la fantasmagorìa de un sueño, y de no tener que alguna misión transmitir de parte de Dios. Sin titubear, ni considerar el daño que le vendrìa a en el juicio de sus Superiora, les reveló su estrechez, su certeza de ser ilusionada él y las suplicó de no creer para nada en lo que ella les comunicó. Esta rapidez tan humilde por la verdad, en un momento mucho importante, es indicio seguro de la veracidad de Josefa. Solamente un alma heroicamente humilde y olvidadiza de si pudo actuar en tal modo. Está en todos sus escritos la misma repica nota de verdad. Por orden de Nuestro Dios y el Virgo santo, ella tuvo sus Superiora a lo corriente de todo. «Tù tienes que escribir» le dijo el Maestro divino, para cerciorarse asì que nadie de sus palabras fuera perdido (el 6 de agosto de 1922); pero también para facilitar el control de los mìnimos hechos y palabras de Josefa, y devolverlos más creìbles a los ojos de todo. Ahora, en estos escritos, nada hay de inùtil, de falso o también sencillamente de equivocación, nada que ponga en resalto la personalidad de ella o que pueda indicar una sombra de vanidad: todo es simple, mesurado, conmovedor, san. Sus estados sobrenaturales no huyen de este control: cuando ella desciende al infierno, sale de los éxtasis, sus Madres le están vecinas, el suyo cuidadosamente vigilando vuelvo a la vida y notando las palabras dichas en el curso de aquellas horas de emoción. Cuando penetra en el purgatorio y de aquellas almas penanti que invocan su ayuda revela nombre, fecha y lugar en que murieron, todos este detalles, cuando será posible averiguarlos, siempre resultan exactos. Tan incluso no podemos dudar de los secuestros de Josefa cumplidos por el demonio y ocurridos bajo los ojos mismos de sus Superiora, impotentes a impedirlos; y tampoco de las visibles quemaduras sobre sus carnes que dejaron huellas sobre las prendas de ropa, que se mantienen todavìa y aparecen requemados. El hecho aùn más convincente es que todo esto sobrenatural diabólico de naturaleza de sobreexcitar la imaginación, no turbó para nada la ìntima calma de ella ni su lleno equilibrio, y que el mismo sobrenatural divino, con los privilegios de amor del Virgo santo y Nuestro Dios que habrìan tenido que conmover intensamente el su asì viva sensibilidad, la dejó tranquila, silenciosa, sin aquella necesidad, incluso asì natural al alma, de comunicar a otros su emoción. Sus Madres siempre notaron la extrema discreción con que comunicó los favores recibidos, y de que sólo ellas fueron las confidente. Y, por fin, las atrocidades de los sufrimientos, que habrìan tenido que incluso arrancarle un grito invocante piedad, no hicieron qué excitarla a un deseo más ardiente de principalmente sufrir por amor del Corazón de Jesùs y por las almas de él muchas amadas. Asì el complejo de los escritos de Josefa concuerda perfectamente con la vida de ella y le certifica en ella la acción divina. También los hechos más extraños asumen un objetivo y un sentido especial. Cada particular, cada revelación, cada palabra hace destacarse, con más fuerza, algunas verdades dogmáticas, nos introducen principalmente en el Corazón de Jesùs, en Su Amor, y nos induce a reflejar sobre el valor de las almas, sobre la felicidad del cielo, sobre la irreparable infelicidad de los condenados. Todo es gracia e invitación a querer en la vida de Josefa, gracia e invitación que no pueden dejarnos insensibles. Los escritos de esta humilde hermana adjutora, ignorante a los ojos del mundo, vendrán indudablemente camas y meditados de teólogos y de maestros de vida espiritual. Como ya por S. Teresa del Niño Jesùs, se publicará numerosas obras para comentar de ello la profunda doctrina y descubrir de ello los secretos de amor. Pero lo que es mejor, innumerables gracias de conversión y de santidad florecerán después de la lectura de estas páginas. El mundo podrá meravigiiarsi que de un nada, cuál es la vida de Josefa, puedan manar cosas muchos adultos, y es precisamente este nada la prueba divina. En verdad el Mensaje es firmado por mano divina: ¡Digitus De los este de hic! P. H. MONIERVINARD S. J.

 

Los

ELECCIÓN DIVINA

 

EL DESPERTAR DE UN ALMA 18901907

Quiero que tù seas toda mìa. (Jesùs a Josefa el 17 de marzo de 1901)

Sobre la tierra de España Nuestro Dios fue a buscar el alma privilegiada de su Corazón divino, que quiso trasplantar en Francia. Josefa Mènéndez nació en Madrid el 4 de febrero de 1890 y fue bautizada el 9, en la iglesia de San Lorenzo, con los nombres queridos, por su fe, de Maria Josefa. El padre, Leonardo Mènéndez, originario de Madrid, tuvo una dolorosa juventud: su madre, quedada enseguida viuda después del nacimiento de Leonardo, fue pasada a segunda bodas, asì que el niño no encontró en familia el cariño de que necesitó. Les fue confiado a los Padres de las Escuelas Piadosas y a diecisiete años tuvo la desdicha de perder a la querida mamá. Leonardo sintió calurosamente esta pérdida y para alejar la soledad que lo hizo sufrir, se alistó en el ejército y fue querido por los superiores, que descubrieron pronto y le apreciaron en él aptitudes artìsticas no comùnes. Nombrado decorador al Museo de Artillerìa, os consiguió cierta fama, tantoché sucesivamente Leonardo se complació con contarles como a los hijos no se celebrara nunca una fiesta militar sin que él dirigiera los trabajos ornamentales sea al Edificio Real sea a la Catedral de S. Isidro. EL 11 de febrero de 1888 se casó a Lucia de Morai, nata a Loeches, aldea cerca de Madrid. Profundamente creyente y entregada al deber, Lucia se consagró totalmente a su pequeño nido y los hijitos que llevaron la bendición divina en la familia naciente. Un pequeño Francesco voló bien pronto al cielo, dejándole a Josefa el sitio de primogénita, en aquella casa, dónde cola crìa fueron descendidas las complacencias de Dios. Tres hermanas, Mercedes, Carmen y Angela, vinieron bien pronto a sonreìr en el cìrculo de la privilegiada familia, mientras otro fratellino, Leonardito, murió de en cuanto pocos meses. El trabajo del padre, hombre enérgico e inteligente, pudo procurar a cierto bienestar y Josefa transcurrieron los primeros años serenamente felices. Las niñas crecieron en un entorno de fe y trabajo, de alegrìa y de caridad, en cuyo el alma de Josefa se abrió sin esfuerzo. A cinco años ricevette la Confirmación y el Espìritu Santo tomaron posesión de aquel alma, que tuvo que hacer asì dócil a la acción de Dios. El R.P. Rubio, gran zelatore de la devoción al Sagrado Corazón, le entrado luego en la Compañìa de Jesùs, fue el primero depositario de las confianzas de este alma privilegiada y la dirigió hasta la suya entrada al Sagrado Corazón. A siete años, en un primer viernes del mes, Josefa hizo su primera Confesión y asì escribió de este fecha memorable: «el 3 de octubre de 1897: mi primera confesión: si tuviera ahora la contrición de aquel dìa!». Hasta de entonces su confesor, golpeado por sus aptitudes sobrenaturales, lo inició a una vida interior proporcionada a la edad. La enseñó a sembrar, con progresiva frecuencia, en sus dìas de niña, de las invocaciones jaculatorias y asì poco a poco, Josefa se acostumbró a conversar interiormente y sin interrupción con el huésped divino. El R.P. Rubio quiso también formarla a la oración, y en cuanto tuvo diez años y supo leer, le regaló el libro «El cuarto de hora de Santa Teresa» de pequeña mole, con meditaciones simples y breves, que le gustaron tan. El director le explicó como tuvo que hacer: ligeras lentamente, reflejar, hablarle a Nuestro Dios, decirle su amor y siempre, antes de acabar, tomar una pequeña resolución práctica por el dìa. Desde entonces Josefa no faltó más de retenerse, cada mañana, con el que ya poseyó todo su corazón. ¡«Encontré mis delicias en aquellos libriccino contará más tarde, sobre todo cuando me habló de Jesùs Niño y de la pasión! Nos descubrì muchas cosas por decirle a Jesùs... También me gustaron los pasos que trataron del Reino... y aquellos sobre la elección del estado. Mì dije dentro de: quiero ser suyo... pero no supe de qué manera». Reflexiva y alegre, de carácter vivaracho y con un ciertamente fondo de alterezza, Josefa tuvo bien su sitio de primogénita. La mamá pudo contar sobre de ella y el papá la llamó «su pequeña emperatriz» y le dio de bueno gana de las señales de confianza y preferencia. Las hermanas supieron que él no le dijo que no y la cogieron como intermediaria si quisieran algo del papá. Este óptimo jefe de familia se complació, los domingos, de conducir la mujer y los figliolette a la Misa cantada y a la salida les distribuyó a las niñas de los soldini para que pudieran, desde pequeñas, acostumbrarse a la caridad. Por tanto ellas fueron conocidas por todos los pobres de la cercanìa. «Si el tiempo fuera bonito, cuenta a una de las hermanas de Josefa , por la tarde de los domingos hicimos bonitas excursiones campestres, de otro modo quedamos en casa, y el papá organizó y tomó parte en nuestros juegos, hasta la hora en cuyo, todo junto, recitamos el rosario». Leonardo quiso, él destejo, ser el primer maestro de Josefa y, maravillado de sus progresos, creyó encaminarla hacia la carrera de la enseñanza. Pero Nuestro Dios tuvo otras intenciones y preparó otra suerte por su predilecta. El encuentro con Jesùs Eucarìstico fue de ello la primera etapa y selló la unión precoz entre este alma infantil y el amigo de los corazones inocentes. En el febrero de 1901, a la edad de once años, encomendada por el P. Rubio, empezó cerca de las Reparadoras con un grupo de otras niñas la preparación a la primera Comunión. La función fue fijada por el 19 de marzo, precedido por una pequeña retirada, que la niña consiguió de poder seguir. Josefa notó, con cándido estilo, algunos pensamientos de aquel primero cambio de amor que tuvo que ser inmutable de ambas las partes. «De qué manera Jesùs me llamó por la primera vez. «El primer dìa ella escribe medité sobre estas palabras: "Jesùs quiere venirme a para que yo sea toda suya." Estuve repleta de alegrìa, siendo este mi más vivo deseo, pero no supe lo que habrìa tenido que hacer a tal objetivo. Una religiosa a la que me dirigì dijo que, si hubiera sido muy buena, hubiera podido ser todo de Jesùs. «El segundo dìa la meditación tuvo por sujeto: "Jesùs es el novio de las vìrgenes; él goza entre las almas puras e inocentes" Una luz penetrante me iluminó la mente y entendì que si fuera su novia, serìa toda suya, como la mamá fue todo del papá, porque fue de ello la novia. Asì, pensé, si fuera virgen, seré todo de él... y, sin saber qué fosos la virginidad, repitió mi promesa durante todo aquel dìa. La tarde, después de la bendición de lo Santo, hice la mìa le ofrecida a Jesùs Niño y, con gran fervor, le pregunté que me enseñara a ser toda suya. El pensamiento que pronto lo habrìa recibido me llenó de alegrìa y, en el silencio de mucha felicidad, entendidos una voz que no podré olvidar nunca y que se repercutidas en el ìntimo de mi el alma: " Sì, hija querida, quiere que tù seas toda mìa"!. «No sé decir qué me ocurrió en mì, pero salì de la capilla resuelta a ser muy buena. No supe en qué consistiera la vocación y creì que las religiosas no eran seres de la tierra. Desde entonces pero me probé en mì algo especial que no me dejó jamás. Incluidos, luego, ser aquel la vocación. «El tercer dìa renové mi resolución y el 19 de marzo fiesta de mi Patrón San Giuseppe, dìa feliz de mi primera Comunión, hice esta pequeña consagración que me surgió espontánea del ìntimo del corazón:

"Hoy, el 19 de marzo de 1901, le prometo a Jesùs, delante del cielo y a la tierra, cogiendo para testigos a mi Madre celeste y mi padre y abogado S. Giuseppe, de custodiar para siempre la preciosa virtud de la virginidad, y de no tener otro deseo que para gustar a Jesùs ni a otro temor que para sentirle. "Enseñadas me o Dios, como queréis que yo sea vuestro en la manera más perfecta, para que siempre pueda querer os y dolor ofendervos. éste es lo que quiero, en el dìa de mi primera Comunión: Virgo santo, domándovoslo hoy, fiesta de vuestro novio San Giuseppe. "Vuestro figliuola que os quiere,

"Josefa Mènéndez."

 

«La escribì, y cada vez que hice la Comunión, la repetì a Jesùs. Cuando le dije a mi confesor aquél que hice, él me explicó que las niñas no tienen que hacer otra promesa que para mantenerse buenas, y habrìa querido hacerme arrancar el folleto. Pero yo no pude hacerlo y repetì: Señor, de aquel dìa soy vuestro y para siempre». Josefa conservó preciosamente este estreno testimonio de su oferta, y aquellos bigliettino amarilleados, redactados con la gran escritura infantil, quedó, hasta la muerte, el tesoro de su fidelidad. Este primer encuentro con Jesùs Eucarìstico se entregó a la acción adivina el alma en la que ella habrìa sido tan potente y asì entera. La santa Comunión se volvió la gran alegrìa de Josefa, mientras ella trató de arraigarse en las virtudes sólidas, cuyos primeros botones ya aparecieron visiblemente. «De su primera Comunión en luego, su hermana escribe, se puede decir que dejó de ser niña. No me acuerdo de tenerla más vista participar en nuestros pequeños recreos que ella desteja nos preparó con gran corazón. Su caridad también irradió fuera de casa. Apenas sepa que alguna niña, frequentante la parroquia o el convento de las Reparadoras, estuvieron enferma, enseguida corrió a visitarla. Su piedad y el espìritu de abnegación, que sacó del buen ejemplo de los padres, unidos a las óptimas calidades naturales, ella hicieron del centro de la familia. Le tuvimos en Pepa, como la llamamos, una segunda mamá, a cuyo confiamos no solamente nuestros deseos, pero también las pequeñas penas y los temores infantiles. Recuerdo que un dìa, todavìa siendo yo chiquitina, fui mandada a comprar algo. Fui y olvidé de pagar. Enterándose yo de ello en volver, me sentì consternada; no osé ni volver atrás, ni reconducir a casa el dinero; lo envolvì en un folleto y lo depuse cerca de la puerta de una casa sobre la calle. En fin corridos por Pepa y le conté todo. ¡Con cuanta bondad me abrazó, me tranquilizó y se encargó de ir ella desteja a pagar! Y tan siempre nosotros les recurrimos a ella y a supo accomodar las cosas tanto bien, que nos ahorró muchas regañáis. Gracias a su dulce ascendiente sobre los padres, consiguió que una de las hermanitas adelantara de dos años el tiempo entonces establecido por la primera Comunión. Tan transcurridas la infancia de Pepa, muy simple, como por lo demás fue entonces la vida en las familias cristianas de nuestra condición, pero ya a los ojos de Dios, luminoso preludio de lo que habrìa sido luego nuestra hermana mayor». Poco después de la primera Comunión, los padres colocaron Josefa al «Fomento de los Artes» y allá ella aprendida la costura, el corte, el trabajo de modista, atrayendo bien pronto, con su actividad y destreza, la atención de las enseñante. Sus dedos, espabilados y hábiles, ejecutaron pequeñas maravillas, tanto que, correspondiendo a su trabajo el éxito, cada año le fue otorgado el diploma de mérito. A trece años volvió en familia porque fue necesario que las crìas menores empezaran su educación. Le ocurrió entonces al padre un accidente de trabajo que determinó la entrada de las hermanitas en la escuela del S. Corazón. Fue el año en que la inmaculada Concepción fue elegida como por la España católica a patrona de los Regimientos de Infanterìa. Una Misa a lo abierto tuvo que ser celebrada en aquella ocasión en el parque del Edificio Real. Leonardo, bajo los ojos atentos del joven rey Alfonso XIII, trabajó a la decoración del altar. A un rasgo, para retener un utensilio que, cayendo, habrìa podido herir al prìncipe, hizo un brusco movimiento y perdidas el equilibrio. Cayó del andamio y se rompió un brazo. El rey, conmovido por aquel acto que lo preservó, quiso encargarse educación de las hijas del decorador y le ofreció de colocarle al instituto Real de las Damas inglesas. Pero Leonardo, aunque conmovido por la bondad del soberano, no permitió a separarse de las hijas y prefirió ponerle a la escuela del Sagrado Corazón, vecina a su casa. La capilla de Leganitos se volvió hasta de entonces, el cotidiano atractivo de Josefa, porque Jesùs del tabernáculo ya orientó hacia su Corazón a aquella niña que lo hechizó. Una radiante felicidad reinó en el famigliola, donde "la pequeña emperatriz" tuvo el sitio de honor en el cariño de los suyos, porque fue el más servicial de las hijas. Todo fue simple en esta unión de familia y las alegrìas más suaves llevaron la huella de la fe de que fueron impregnadas. Por las tres hermanas fue un agradable premio irle a Loeches a visitar a la priora del Carmelo, hermana de su mamá. Fueron recibidas como princesas en el piso del capellán. En sus incursiones en su biblioteca lograron encontrar el libro de las Reglas, leìdo con ávida curiosidad. Cuando luego volvieron a casa se entretuvieron jugando «a las Carmelitas», salmodiando el despacho e imitando, bien de lejos, las penitencias del claustro. Josefa dirigió el juego, pero su alma ya encontró, en aquellos Carmelo improvisados, algo de más que una diversión infantil. Los padres, un algo enorgullecidos especiales aptitudes de la niña por la costura y de su objetivo buen gusto, decidieron que tuviera que especializarse en un laboratorio. Ella sufrió muy de encontrarse algo mundano en un entorno y ligero, pero su corazón quedó firme y el alma sacó cada dìa en la Comunión, conquistada a precio de sacrificios, la fuerza de mantenerse pura. «He atravesado muchos peligros ella escribió, pero Dios siempre me ha custodiado, entre las seducciones y a los discursos ligeros del laboratorio. Cuántas veces he llorado, oyendo cosas que me turbaron!... Siempre he encontrado fuerza y consuelo en Jesùs. Ninguna cosa y ninguna persona ha podido hacerme nunca cambiar, ni dudar que Dios me quiso todo por si». «El domingo, su hermana cuenta, Josefa a menudo fue a un patronato, cuyo presidente fue el sig. Maria X..., hija del propietario de la casa de nosotros habitados, un alma todo de Dios que consagró la mayor parte de sus sustancias en obras caritative. La tarde del domingo, al patronato las horas transcurrieron jocundamente y ùtilmente, y allì muchas joven encontraron el salvaguardia a su virtud. Josefa ocupó con salto, desinterés e inteligencia; la bienhechora, que le reconoció en la niña un espìritu de sacrificio a toda prueba, generalmente las asignó, en las pequeñas representaciones dramáticas recreativas, las partes que las otras rechazaron. Ella se prestó con espontánea sencillez, devuelta más atractivo de la gracia todo propia de las madrileñas. Josefa a menudo acompañó la señorita X... en las visitas a los numerosos pobres que socorrió, y asì fue testigo, no solamente de las limosnas benéficas, pero de los servicios humildes y bajos que la señorita con mucho corazón les prodigó a los pacientes. Este ejemplo incitó la tendencia a la caridad de su generosa naturaleza. Una vez Maria le confió en secreto a Josefa de haber descubierto entre los pobres a una desdichada leprosa, abandonada por todo, y habrìa querido encontrar a alguna amiga, que, con ella, la pobre paciente de curas y cariño circundara. La leprosa se llamó Trinidad y sufrió mucho. ¡Paralizada por el extenso accidente, con el rostro y las manos corroìdas por el mal, inhábil a moverse, sola todo el dìa! Pepa fue feliz de esta invitación, cuyo heroìsmo escondido contestó perfectamente a sus tendencias y, durante varias semanas, dejó Trinidad para entregarle la comida. Una vez se hizo acompañar de yo y credette de poder contar con mi discreción, pero tuve de ello una tal impresión, de volver a casa tan agitada que la mamá acudió y quiso saber todo. Se lo dijimos, y Pepa, con grande su pena, tuvo la prohibición de ir de la enferma». El tiempo pasó asì para Josefa, entre las ocupaciones domésticas, el laboratorio y el ejercicio de la caridad. Pero la ley austera del amor divino tuvo que bien pronto posar su huella sobre esta juventud en flor. Hizo falta que el viento del apuro scotesse el frágil arbolillo para robustecerla y probarla. « No dudar nunca amor de mi Corazón le dirá más tarde el amigo divino. Poco importa que el viento se sacuda a más reanudaciones: Yo mismo he plantado la raìz de tu pequeñez en la tierra de mi Corazón!».

 

LA ESPERA 19071920

Dejados conducir a ciegas porque Yo que te soy Padre tengo los ojos abiertos sobre ti para conducirte y conducirte. (Jesùs a Josefa, el 18 de septiembre de 1923).

El sufrimiento que tuvo que poner su huella sobre la entera vida de Josefa no tardó a entrar en aquella familia que hasta a entonces la ignoró. Fue acogida en paz, como saben acogerla le humillas y los amigos de Dios. Josefa aprendió a sufrir como aprendió a querer, y su joven corazón se abrió a la escuela del sacrificio y el dolor. El carácter se volvió más plegable, la naturaleza más dueña de si, el alma más robusta al contacto de la cruz y el amor se purificó sin perder en ardor. En el 1907, la muerte entró en aquella casa partiéndovos el hechizo de los dìas felices. Carmen, una hermanita doceañera, voló al cielo y, pocos dìas después, la siguió en la tumba la abuela materna. La pérdida de Carmencita fue un golpe cruel para los padres, que, aunque trataran de reaccionar al dolor, quedaron quebrantados. La mamá, algùn mes después, fue atacada por el tifus y Leonardo dio pulmonìa. Josefa, fuerte de su fe y de su ìntima unión con Dios, se reveló lo que fue. Dejó el trabajo para serse enfermera de los queridos enfermos, midiendo, sin desalentarse, la tarea que le cargó sobre los hombros. Las curas caras aumentaron de dìa en dìa, hizo falta proveer a las necesidades de las hermanas y a los pequeños ahorros desaparecieron rápidamente. La pobreza hizo en la casa desolada a su aparición y Josefa lo abrazó con ánimo. Por cuarenta dìas probó todas las estrecheces de las privaciones, las inquietudes del corazón, el peso de un responabilità llevado solo. «Nos dormimos todo y tres ella dice sobre un colchón por tierra. Nuestro buen médico habrìa querido hacer transportar nuestros padres al hospital, pero no pude permitir, seguro que el Providencia nos habrìa ayudado. Y Ella nos ayudó en efecto a través de las Madres del Sagrado Corazón. ¡Cuánto fueron buenas con nosotros! Podré quererle nunca bastante?». Santa Maddalena Sofìa quiso incluso inclinarse hacia la desdichada familia, dónde obscuramente creció a quien que serìa en fin su hija predilecta. Durante una novena a la Fundadora del Sagrado Corazón, la enferma, ya declarada incurable, por la noche llamó a la hija y le dijo: «No lloráis más, la Beata Madre ha venido a decirme que no moriré, porque todavìa necesitáis mì!». «No supimos nunca qué ocurrió, luego Josefa dijo , pero, el dìa después, la mamá fue fuera de peligro». También Leonardo se restableció, sin hallar pero el vigor de un tiempo y tuvo que abandonar el trabajo. Ya el bienestar desapareció para siempre de aquella casa y Josefa comprendieron cual fuera su tarea. Sin omitir de asistir a los padres con sus curas, trató de sustentar la familia con el trabajo de modista. Delicadamente Las Madres del Sagrado Corazón velaron sobre aquella desdichada familia. Josefa no tuvo que la máquina coser y sus pequeños recursos no le permitieron un parecido gasto. Entonces La Superiora intervino, la jovencita rogando comprar por el instituto la máquina, de probarla, encargándola, en el mismo tiempo, de querer coser algunos millares de escapulares del Sagrado Corazón para los soldados de Melilla. Cuándo Josefa quiso devolver la máquina, la Superiora no aceptó, diciendo que la costura de tanto escapulares cubrió abundantemente el coste de la máquina. El corazón delicado de Pepa quedó intensamente compadecido y esta generosidad, que ella comprendida sacada al Corazón divino, la apretó aùn más al instituto, y de entonces en luego no tuvo otro deseo que el de entrarvos. El trabajo empezó a afluir de varios partos y su fama de buena grapadora se extendió. Aunque la hermana Mercedes lo ayudara y trabajara todo el dìa y también parte de la noche, no pudo satisfacer ya bien pronto los numerosos pedidos. Hizo falta pues organizar un pequeño laboratorio, con algunas jovencitas como aprendiz. Cada mañana las dos hermanas, levantamientos a las seis, fueron a la Misa del Sagrado Corazón, luego se metieron al trabajo hasta mediodìa. Después de la comida, seguida por una breve visita a lo Santo, asiduamente trabajaron toda la tarde. La animación no les faltó en el pequeño grupo que Josefa, con su alegrìa, supo interesar y dilatar, también circundando con delicada atención a sus jóvenes ayudantes. Además fue vigilante respeto al orden y a la perfecta ejecución del trabajo, que consiguió con dulce firmeza, consciente de su responsabilidad. Cada tarde se recitó en comùn el rosario, continuación a menudo de una serie de ruegos que desatascaron espontáneas del alma fervorosa de Josefa. El sábado las dos hermanas, al final del dìa, fueron a confesarse de los Jesuitas es Josefa os encontró la fuerte y segura dirección del P. Rubio que la siguió y sustentó con paternal interés. «El domingo, su hermana cuenta , toda la familia se levantó de buon'ora y asistimos a más que una Misa. Por la tarde, Pepa y mì fuimos a visitar las Madres de las tres casas del Sagrado Corazón a Madrid y a la tarde los padres vinieron con nosotros por la Bendición Eucarìstica a los Leganitos». Cuando hubo que salir de casa, las dos hermanas se hicieron compañìa y se intercambiaron sus confianzas, que habrìan podido difìcilmente hacerse con libertad en casa. Su alegrìa consistió en hablar de vocación. Los dos tuvo la llamada a la vida perfecta, pero la mamá no pudo escuchar sin llorar tales discursos, y fue decidido no hacer nunca de ello palabra en casa. «Un dìa Mercedes escribe , Josefa me dijo que habrìa querido ser religioso, pero lejano de la patria para ofrecerle a Dios un sacrificio más completo. Puesto que le dije que no pensé como ella, me retomó, afirmando que para Jesùs todo es demasiado poco!». A pesar del carácter reflexivo, Josefa siempre fue alegre, y la serenidad que irradió alrededor de si hizo menos pesada el fardo de los otros, sabiendo tener frente, con continua abnegación, a todos los deberes. Pareció en cierto momento que la sonrisa volviera en aquella familia, pero fue por poco. Leonardo fue secuestrado por una crisis de corazón en el 1910 y, durante esta ùltima enfermedad, la mujer el assistette noche y dìa sin ahorrar nada por levantan. Un dìa ch'era ido a comprar por él una medicina, vio en una tienda, expuesta entre muchas antiguallas una estatuita del Sagrado Corazón. Fue conmovida de ello y quiso comprarla, pensando en la alegrìa y al tierno amor con que en su casa se habrìa rodeado la imagen. Entró y tìmidamente preguntó de ello el precio: superó de muy el contenido de su bolso, destinado a la medicina que el marido esperó. Disgustada, agradeció apartándose, pero en la calle se sintió volver a llamar del vendedor, que las ofreció de cederle la estatuita a cualquier precio. Feliz, Lucia le dio cuanto tuvo en el bolsillo y, vuelta de prisa a casa, le dijo al marido: «En lugar del remedio te llevo el Sagrado Corazón!». Leonardo, que soportó los sufrimientos con viva fe, probó de ello una profunda alegrìa y quiso que la estatuita fuera colocada a los pies de la cama para contemplarla continuamente. Y bajo la mirada del Corazón divino exhaló el 7 de abril de 1910, dejando a los suyos con la estatua doblemente querida, una prenda segura de protección. El P. Rubio, que el paciente asistió hasta al final, se volvió el consejero y el amigo de la casa en luto, mientras Josefa quedó el ùnico apoyo de la mamá, y, con su profesión, el ùnico recurso material de la familia. Pero ella vivió de amor y encontró la fuerza para soportar todo en repetir cada dìa su pequeña consagración que puso en fuga las sombras del camino. Incluso antes de que la muerte del padre, ella les manifestó a los padres el propósito de entrar al Sagrado Corazón y, por la primera vez, en aquella familia Leonardo se oyó, que fue un buen cristiano por otro, irritarse contra Pepa. La niña entonces, secándose las lágrimas, cerró en el silencio de su corazón el tesoro de la vocación. Poco después de tuvo la oferta de entrarle al Carmelo, dónde un religioso de aquel orden le habrìa conseguido la admisión. Aunque agradecido, Josefa rechazó porque supo no ser aquel su calle, pero aprovechó ocasión para repetirle a la mamá su deseo de darse a Dios. Lucia no se opuso, suplicando pero entonces de no ser por abandonado, y Josefa todavìa esperó. En cambio la hermana menor consiguió el consentimiento materno de entrar al Sagrado Corazón e hizo su entrada en el 1911 al noviciado de Chamartin (Madrid). Josefa, que la formó, esperando cederle el encargo de proveer a la familia, sintió en el más profundidad del corazón aquella desilusión. La fe en las disposiciones de Dios la sustentó y su virtud ya madura todavìa lo ayudó a olvidarse. A este propósito su hermana escribe: «Hasta que no entré en noviciado, quedamos inseparables. Mi salida fue por ella una pena que mi juventud y el deseo de darme a Dios me impidieron entonces medir. Después de entendì cual sacrificio las impuse y encontré solamente consuelo en pensar que Dios tuvo tan dispuestas las cosas por sus santos dibujos». Josefa continuó su vida laboriosa gastándovos asiduas curas y fatigas. Sus esperanzas fueron a posarse sobre la hermanita más pequeña, que habrìa oìdo más tarde incluso la divina llamada. En efecto, en el 1926, tres años después de la muerte de Josefa, Angela entró entre las Carmelitas de Loeches, tomando el nombre de Sor Maddalena Sofìa del Sagrado Corazón, y partió después poco para Portugal con un pequeño grupo de hermanas de hábito para concurrir a la restauración del Carmelo de Coimbra. Dios que condujo a Josefa por calles misteriosas pero seguros, tuvo que revolver repetidamente sus proyectos, enseñándolas asì la ciencia del abandono y el completo sacrificio de si. El P. Rubio, que la siguió sin perderla en ojo de doce años, credette en el 1912 que el momento hubiera llegado de hacerle realizar sus deseos y la dirigió hacia las Reparadoras que él conoció de cerca. Josefa, que tuvo ya veintidós años, dócilmente siguió el consejo del director, aunque, en el ìntimo de su el alma, sintiera potente el atractivo por el Sagrado Corazón. Entró pues de las Reparadoras y se encaminó de todo corazón en el

camino del postulado. Se encontró feliz en aquella familia religiosa de que gustó y apreció el espìritu, ya que arreglar a través del Corazón de Maria contestó a sus aspiraciones fervorose. Ninguna tentación turbó la paz de aquellos meses que pasaron en medio a humildes empleos materiales, en los que la vida interior pudo expandirse libremente. Sin embargo, también en seno a aquella paz, se hizo sentir otra llamada; dijo más tarde que las cercanas campanas del Sagrado Corazón despertaron cada vez en ella, y a pesar de ella, otros deseos que incluso se esforzó de sacrificar. El SS. Virgo mismo quiso advertirla que allá no estuvo el lugar de su descanso. Josefa fue encargada limpieza de una sala, dónde se encontró una gran estatua de la Virgen de los Dolores, vestida para el empleo español, con en mano una corona de espinas. Cuál fue el estupor del postulante en el divisar un dìa la corona todo iluminada, mientras no se vio de dónde la luz viniera. Por tres o cuatro dìas la cosa se repitió, pero Josefa no dijo nada a nadie. Por fin se arriesgó a subir para arriba, hasta cerca de la estatua y se percató que una espina, brillante, iluminó toda la corona. En el mismo tiempo oyó una voz suave decirle distintamente: «Tomas esta espina, mi hija; más tarde Jesùs todavìa dará otras de ello». Ansioso, desenchufó y la cerró al corazón, contestando al regalo materno con una oferta que no tardó a realizarse en la experiencia de nuevos dolores. Seis meses fueron transcurridos y la época de la toma de hábito se acercó. Desaforadamente en casa Mènéndez el malestar se hizo cada vez más sentir por la ausencia de Josefa y las estrecheces se volvieron más duras, tanto que la mamá negó su consentimiento a la entrada al noviciado; el mismo P. Rubio aconsejó la vuelta en familia y Josefa tuvo que todavìa sacrificarse. Asì la joven tuvo que salir de la dulce guarderìa, dónde saboreó las dulzuras de aquella vida religiosa, objeto de sus ardientes deseos, llevando consigo la espina, cuyo resplandor se extinguió, pero cuya realidad penetró más que nunca en su vida. Josefa tuvo que retomar la pesada subida en busca de Dios y se restableció atrevidamente a su deber. Cada quince dìas fue a visitar a la hermana Mercedes, al Noviciado de Chamartin, entreteniéndose con ella sobre eso de que tuvo lleno el pensamiento: la vida de hermana adjutora al Sagrado Corazón, que cada vez más comprendió ser la sola que contestara plenamente a todas sus aspiraciones. Se llevó a menudo también en los otros Institutos del Sagrado Corazón de Madrid para absolver sus incumbencias de modista por los uniformes de las educandas, y os apareció siempre como el tipo de la trabajadora modesta, simple, concienzuda. La religiosa empleada al ropero de uno de los colegios del Sagrado Corazón asegura que no podrá olvidar nunca aquella naturaleza ardiente que contempló derecho al deber, y escribió de Josefa: «Por la ìndole su servicial y su buen carácter, que vio siempre el lado mejor de las cosas, no tuve nunca la mìnima dificultad a tratar con ella; más bien, su rasgo, su prudencia, sus actividades silenciosas me fueron de gran ayuda. Fue un alma de fe, y devota a la eucaristìa. Quiso mucho el Sagrado Corazón y a menudo me dijo: "Cuando dentro de en esta casa me siento en mi elemento"». No fue asì, para la joven modista, en sus contactos con la clientela mundana. Más de una vez su conciencia delicada y su pureza probaron dolorosos sufrimientos. «Si supierais dijo en confianza Josefa , cuánto yo cuesta deber ceder por fuerza a la exigencia de ciertas personas que no se cuidan modestia en el vestuario!...». La vista del mundo y sus vanidades amargó intensamente su corazón, haciendo aun apetecerlas más fuerte el deseo de salir de ello. ¡«Ay! exclamó, desde niña pregunto cada dìa al Corazón de Jesùs de ser su novia, y ahora que veo más de cerca la vida real, lo suplico de hacerme morir, si no quiere atenderme, porque mi alma ya no puede vivir en el mundo». En efecto, ya, no vivió más que de su ardiente deseo y del Pan Eucarìstico. Al contacto del Corazón divino sacó no solamente la fuerza por si, pero además la bondad, el cariño y hasta la alegrìa que ella sembró sobre el camino de los otros, incluso conservando en el secreto su cruz y su espina. Amigas tuvo de ello poco, pero arrastró con su ejemplo y sustentó con los consejos el pequeño grupo de sus jornaleros. Su alegrìa las animó especialmente cuando un poco de tregua a las fatigas diarias les permitió alguna excursión recreativa. Las romerìas a Ávila y al «Cierro de los Angeles» los conducidos por ella estuvieron deliciosos y dejaron huellas profundas en los ánimos juveniles. Mientras tanto el tiempo pasó y Josefa esperó una señal divina para preguntar su admisión al Sagrado Corazón. Credette que hubiera venido en el 1917, y la pregunta fue aceptada con bondad. Con el consentimiento materno, la salida fue fijada al 24 de septiembre, fiesta de la Virgen de la Merced. ¡Llegó pues aquel dìa suspirado, pero, ay de mì! las lágrimas de la mamá enternecieron el amoroso corazón filial que no supo resistir delante de mucho dolor. El sitio de Josefa al noviciado aquella tarde quedó vacìa, y la pobrecita lloró inconsolablemente y a a lo largo de la que llamó «su gran debilidad». Pero «el que incluso trabaja en la oscuridad siendo la luz» realizó, por tales misteriosas alternativas, sus dibujos de amor. En aquel tiempo Francia, después de la tormenta, vio reflorecer la obra del Sagrado Corazón, reanimarse la llama en los hogares casi apagados y reavivarse, con nuevo fulgor, la fe. A Poitiers, el viejo monasterio de los Feuillants, quedado providencialmente en posesión de las hijas de S. Maddalena Sofìa, reabrió sus claustros todavìa invadidos por el recuerdo del Santa a Fundadora. Se creyó instituirvos un pequeño noviciado de hermanas adjutoras, y estuvo allá que, de toda la eternidad, el Corazón de Jesùs preparó el sitio de Josefa y allá tuvo que conducirla, por mano, por las ùltimas tempestades. Usted les estuvo en el 1919 y Josefa tuvo veintinueve años. Ella entendió, por oculta inspiración, que la hora de Dios vino y que ya no tuvo que tardar a preguntar de nuevo la admisión en la Sociedad del Sagrado Corazón. Aunque no osara esperar, el 27 de julio presentó humildemente su pregunta. «Pero la respuesta fue negativa, asì ella escribe. Sin embargo en mi alma repicó la voz de Jesùs que me dijo: "Insistes y me confìa en mì que soy tu Dios"!». Su insistencia no cambió el rechazo, que pareció irrevocable por las indecisiones anteriores del solicitante. «El 16 de septiembre, ella continùa, me tiré a los pies del Crucifijo y lo supliqué de recibirme en su divin Corazón, es decir en la Sociedad, o de hacerme morir, porque me pareció de no poder sufrir de más. Pues, creo, me enseñó Sus pies divinos y Sus manos divinas, diciéndome: Mira mis llagas, bésale y me dices si no puedes sufrir algo de más... Soy Yo que te quiero por mi Corazón"!. ¿«Como expresar lo que probé? Le prometì de sólo vivir para quererlo y sufrir... pero, o Jesùs, cuánto soy débil!». Todavìa transcurrieron dos meses de ansiedades y sùplicas y el 19 de noviembre llegó. «Aquel dìa en mi Comunión, dice Josefa, lo supliqué por Su Sangre y Sus Llagas de abrirme aquel lleva de la Sociedad que tuve de mì mismo dique. Reábrela, mi Jesùs, suplica de ello, ya que sabéis que no pregunto que para ser la novia de vuestro Corazón!». La hora llegó. Aquella mañana misma le fue a Chamartin para buscar trabajo. Allá fue esperada. Os llegó justo entonces una carta de Poitiers. Se preguntaron por el noviciado apenas fundado sólidas vocaciones. ¿Se apeteció Josefa de solicitar en Francia la admisión deseada? Enseguida con llena generosidad contestó que sì; y enseguida escribió para ofrecerse. «Me he tirado de nuevo asì escribe en los recuerdos, a los pies de Jesùs, que me infunde mucha confianza y con los ojos llenos de lágrimas y con el corazón aùn más lleno de amor, me he ofrecido a aceptar todo mientras me probé en mì, a pesar de mi debilidad, un ánimo insólito». La mamá, aunque desolada, no hizo esta vez ninguna oposición: Dios sacó los obstáculos. Para evitar el dolor del adiós Josefa dejó tácitamente la casa y sin tomar consigo nada. La caridad de las Madres del Sagrado Corazón proveyó a todo el necesario. ¡«Jesùs me tomó, ella dice, y no sé cómo me encontré a San Sebastián! No tuve ni dinero ni fuerzas: nient'altro que mi amor... ¡pero fui al Sagrado Corazón! Yo, siempre la misma, siempre mucha debilidad pero él siempre allì a sustentarme!». La casa del S. Corazón de S. Sebastián, que la acogió con fraterna caridad, Josefa retuvo por un mes y ella, agradecido, trató de ser ùtil ayudando incansablemente donde pudo. Sin embargo el pensamiento de la madre y la hermana, de cuyo recibió cartas desgarradoras, le laceró el corazón. Ya entrevio las dificultades de una lengua conocida, pero su voluntad fue ya fija en aquel Corazón que lo esperó en otro lugar. «Como haréis en un paìs de que no conocéis la lengua?» le fue preguntado. «Dios me conduce!...», contestó con sencillez. Y fue justo asì. El miércoles el 4 de febrero de 1920 dejó para siempre la patria para seguir, más allá de la frontera Quien cuyo Amor soberano puede preguntar toda.

 

II

A LA SOMBRA DEL CONVENTO «DES VIEUX FEUILLANTS»

 

EL CORAZÓN ABIERTO DE JESùS 4 febrero16 julio de 1920

¡Por todo lo que me das, Yo te doy mi Corazón! (Nuestro Dios a Josefa, el 15 de julio de 1920).

En su posición soleada sobre las laderas de los amenos cuellos de cuyo Poitiers domina el valle del Clain, el viejo monasterio de los Feuillants parece una de aquellas tierras privilegiadas, raleas por el encuentro de los fervores humanos con los favores divinos. En el 1618 una colonia cisterciense de Foglianti os se estableció, pero fue dispersada por la Revolución. Pasada la tempestad, Santa Maddalena Sofìa Barat reavivado entre las ruinas la llama del amor instalándovos el primero noviciado de la Sociedad del Sagrado Corazón. Os permaneció a menudo y en aquel viejo convento ricevette favores celestes asì insignes, que la casa, los claustros, el jardìn se volvieron como por su familia religiosa un relicario y un memorial de la Fundadora. Justo entre aquellas paredes bendito Jesùs quiso esconder a su predilecta, amorosamente cultivarla como una flor de elección, abrirle el Corazón, asociarla con Su sed de almas, y cumplir en ella y a través de ella, Su Obra de Amor. Sin embargo, a la llegada de Josefa a Poitiers, nadie habrìa podido sospechar el gran dibujo divino que empezó a realizarse. Como apareció al principio del postulado, simple, silenciosa, asidua al trabajo, desapareciendo entre las hermanas de hábito, asì Josefa quedó en los cuatro años de vida religiosa. Nada al exterior la distinguió de las otras: su fisonomìa seria dejó a veces traslucir el sufrimiento, pero se iluminó de una dulce sonrisa, cuando los se dirigió la palabra o los se preguntó un servicio. Los grandes ojos negros, llenos de expresión, hablaron por ella y a su insaputa. Toda su vida se reflejó en la mirada lìmpido detector de la interior llama y la profunda concentración. Josefa poseyó regalos no comùnes de naturaleza. Inteligente, activa, a todo se acostumbró y logró en todo. El sentido comùn iluminado, juntado al juicio recto, le aseguraron en ella un fundamento serio y equilibrado sobre el que la gracia pudo trabajar a su comodidad. El corazón tierno y generoso, fortificado en la prueba, supo custodiarse, incluso consagrándose completamente, y, como los que tienen muy atormentado, ella fue buena de aquella bondad que sólo el lleno olvido de si puede enseñar. Josefa llevó, entrando en religión, un espìritu maturado en el sacrificio, una comprensión sobrenatural de la vocación, una vida interior ya profunda y un amor ilimitado al Corazón de Jesùs. Estos regalos quedaron escondidos a quien circundó ella, como a los mismos sus ojos, y de su llegada hasta la muerte, pasó inobservada en la oscuridad de una vida fiel. El noviciado de las Hermanas adjutoras de los Feuillants no contó de principio que alguna recluta, venida por casas diferentes. Josefa fue el primer postulante y, después de poco, el decana de las novicias. Desde el principio aquella vida humilde y laboriosa asì parecida a la vida de Nazaret, las secuestró su corazón y encontró la respuesta a sus más ìntimas aspiraciones en el ideal concebido por el Santa a Fundadora del Sagrado Corazón: mucho trabajo escondido, para ayudar la obra del Corazón de Jesùs en la educación juvenil: trabajo todo empapado de amor, de silencio, de cuyo ruego la unión al Corazón adorable da toda la riqueza divina y el valor apostólico. Josefa abrazó con intenso ardor esta nueva vida tan luminosa por su fe y asì querida a su corazón. Para contar lo que fue externamente su postulado, el noviciado y los 18 meses que concluyeron su breve vida terrenal, bastarìan pocas rayas. ¿No nos ha enseñado Jesùs de Nazaret quizás que los piropos divinos no son aquellos del mundo? Y el Evangelio no resume quizás la historia de treinta años de vida escondido con la breve expresión: ¿«les estuvo sometido»? Asì la santidad de las Hermanas adjutoras del Sagrado Corazón es tan más real, cuánto más envuelta en el silencio, tan más profunda cuanto menos llamativo. Josefa tuvo que ser una de aquellas almas ignoradas sobre la tierra, que en cuanto se ven, hablan poco, y cuya historia se cuenta en algunas palabras. Pero bajo el velo que esconde su breve vida religiosa no tardó a refulgir una aurora resplandeciente, aquel de las gracias de elección de que el Corazón de Jesùs la ha hecho depositaria. Dìa tras dìa, los dibujos del amor infinito se perfilaron en la trama de aquella vida, sin que al exterior nada apareciera del secreto custodiado por el propio Dios. Las maravillas de la historia que estamos contando consisten nota en el contraste entre las apariencias exteriores y las realidades interiores, entre lo visible y lo invisible. ¡Josefa es parecida en todo a las hermanas de hábito en la vida diaria, y, sin embargo, entrega en el alma el peso de la divina predilección que, a veces, se lo entrega a todos los asaltos del dolor, a veces la subyuga delante de la cara de Dios! De ahora adelante una doble corriente de amor se establece entre Jesùs y Josefa: Amor divino de cuyo nada puede frenar el salto: amor frágil pero ardiente, aquel de Josefa, que se esfuerza sin pose de ofrecerse a todas las exigencias del Dibujo divino y de quedar fiel a la oferta. Las siguientes páginas querrìan exponer algo del misterio de esta vida. Incluso sometiéndose completamente al parecer del Santa Iglesia, solo juez en tal materia, se dirìa que el silencio y la sombra en que se desarrolló la historia de Josefa presenten la huella del espìritu de Dios, y no parece temerario descubrir Su Acción divina en la prudencia que, por encima de todas las posibilidades humanas, dispuso que quedara inviolado el secreto de esta existencia. En efecto, al infuori de las Superiora, nadie en la gran casa de los Feuillants supo nunca las maravillas que se desarrollaron entre aquellas paredes. Otra señal divina, y no menor, fue la cura celosa con cuyo Jesùs mantuvo Su instrumento pequeño a los ojos propios y ajenos. «No por lo que eres te tengo elección, no dejará de decirle pero por lo que no eres. Asì he encontrado dónde colocar mi Potencia y mi Amor». ¿No fue quizás necesario que el Dios de cada sabidurìa empezara con el cavar en aquel alma una capacidad abismal, para deponervos luego las predilecciones de su Corazón? Josefa, llegada al puerto de la vida religiosa, llena de esperanza, tuvo que bien pronto experimentar vientos y tempestades mucho más peligrosas de aquéllos que la revolvieron en el mar del mundo. «Quince dìas de paz deliciosa ella escribe siguieron mi entrada al noviciado». Bien pronto hizo conocimiento con las Madres, las Hermanas, la casa, el jardìn. A los Feuillants todavìa se acuerda la llegada de la pequeña española de los ojos negros, que no supo cómo expresar su inmensa alegrìa y su gratitud. Simple y amable supo enseguida ambientarse en la gran familia. La Madre Adjunta y muchas hermanas ancianas, que se familiarizaron con aquella lengua en bastantes años vividos en España, le proporcionaron la alegrìa inesperada de oìr y todavìa hablar el querido lenguaje castellano. Algùn dìa le bastó para restablecerse de las emociones de la salida, y luego fue dada como ayudo en cocina, trabajo insólito por ella. Os se aplicó de todo corazón y su cara radiante dijo cuánto poco le importara la forma del regalo, conque pudiera darse completamente sólo al que tuvo su amor. Usted serìa dicho que nada tuviera que turbar aquella felicidad. Pero el enemigo de cada bien previendo a cuál alturas de virtud habrìa llegado la joven principiante, en la sombra preparó sus acechos. Se acercó la hora en cuyo Dios habrìa permitido all adversario de entrar en escena. Josefa de repente se encontró envuelta de tinieblas. «Bien pronto ella escribe empecé a turbarme al pensamiento de la mamá, de mi hermana, de la patria lejana y de la lengua que no comprendì. Durante los primeros meses la tentación fue tan violenta que credetti no me habrìa sido posible de resistir. Sobre todo me logró insoportable el pensamiento que mi hermana tuviera que sufrir tan por mi causa. Sin embargo nos decididos a entregarse al Corazón de Jesùs todo y dos, para que él cuidara, y siguiendo un consejo que me fue dado, todas las veces que el recuerdo de la patria, o de la mamá, o de la hermana, se asomó al pensamiento, renové un acto de amor y confianza. «Una tarde, al principio de abril, la tentación de irme atacó más violenta. Durante el entero dìa no hice qué repetir: Mi Dios, te quiere, resuelta como fui de serle fiel. En acostar me metì el Crucifijo, como siempre, bajo la almohada. Hacia medianoche me desperté y, besándolo, dije de todo corazón: "de este momento siempre te querré de más." En aquel instante mismo me encontré agarrada por una fuerza invisible y sentì un tal cargo de golpes, como de puños, que credetti morir de ello. Aquel suplicio duró toda la noche y continuó durante la meditación y la Misa. Estuve tan asustada que no pudiera despegarme de mi Crucifijo; fui agotada y no osé hacer ningùn movimiento. Por fin, al momento de la elevación, vi pasar cerca de de mì un resplandor como un relámpago, y sentì un ruido parecido a un fuerte soplo. Todo dejó a la improvisación, pero quedé entumecida por bastantes dìas». En tal modo Josefa inició aquél lucha que sustentará toda la vida contra el enemigo de las almas. Pero queda calma e igualmente fiel a su deber diario y a la regla. Su confianza y la obediencia hacia la Maestra de las novicias aumenta y cerca de de ella encuentra paz y fuerza para sufrir principalmente. «El viernes 7 de mayo ella escribe no pudiendo de ello más, supliqué que me dejaran partir. Entonces la Madre Adjunta me enseñó el billete escrito por mì en que pregunté por el amor de Dios, del Santo Virgo, de mi Patrón San Giuseppe y de la Beata Madre Fundadora que, si mil veces preguntara de partir, mil veces se acordara que, en las horas de luz fui convencida ser voluntad de Dios que quedara al noviciado. De aquel dìa no tuve más un momento que paz, y Dios solo sabe aquellos que he sufrido!». Cinco semanas les transcurrieron en estas luchas tan excepcionales y Josefa repitió a cada instante la palabra de la obediencia: «Sì, Jesùs, q

uedará a Tu servicio, y quiero quererte coll'obbedire. No veo nada, pero, a pesar de las tinieblas, te seré fiel!» Una tarde, del mismo mes de mayo, el esfuerzo diabólico aùn más fue tangible. «Estuve en Capilla durante la adoración escribió más tarde y, de repente, fui rodeada por una muchedumbre furiosa. Vi hocicos horrorosos, oì gritos agudos y en el mismo tiempo todo mi cuerpo fue golpeado violentamente... logré ni siquiera pedir ayuda. Me sentì tan mal que tuve que sentarse y, sin poder rogar, fijé el tabernáculo. A la improvisación me sentì agarrar por un brazo, como si me quisiera arrastrar fuo los de Capilla: probé a resistir, pero fui arrancada por una fuerza irresistible. No sabiendo que hacer ni dónde ir, porque temì de encontrar a alguien, subì al cappellina de la beata Madre. Allá fui alcanzada por la Madre Adjunta que me preguntó qué hubiera sucedido. No pude hablar pero interiormente dije a mì mismo: "aunque me matan, iré a ella y diré todo"». «Salì de allá, pero enseguida me vi rodeada por la misma muchedumbre furibunda que gritó horriblemente. Llega a la puerta de la habitación de la Madre, todo disparve como un relámpago. Me encontré en perfecta paz y no habrìa querido más allá salir de. La misma cosa me ocurrió más veces sucesivamente, Josefa añade , pero siempre, cuando me decidì a hablar, todo apenas desapareció junta a la puerta de la Madre Adjunta. Observé especialmente la rabia del demonio cuando ella me hizo la señal de la Cruz sobre la frente, pegó enfadadamente los pies y, si a las veces la Madre olvidó de hacerlo, oì carcajearse horriblemente». Por estas pruebas se desarrolló el postulado de Josefa. El 16 de julio tuvo que llevarle la gran gracia de la toma de hábito. En cambio, muchos inesperados sufrimientos la echaron en perplejidades dolorosas y la perspectiva de tales padecimientos se irguió como delante de ella un obstáculo insuperable. A veces estuvo lista a abrazar la voluntad de Dios, a toda costa, tal'altra se sintió tan paralizada por no saber permitir a soportar cruces mucho pesadas. «Continué asì ella escribe hasta el dìa en cuyo Jesùs quiso hacerme experimentar Su presencia divina y, de entonces en luego, infundirme mucha luz y consuelo». El sábado el 5 de junio de 1920, después de un más formidable asalto infernal, Josefa, decidida a partir, entró con las hermanas de hábito en Capilla por la adoración Eucarìstica postmeridiana. Jesùs lo esperó. Ella bajo la acción diabólica dice: ¡«No, no vestiré el vestido, quiero volver a casa! Por cinco veces dije asì escribió más tarde pero no pude repetirlo de más. O Jesùs, cuanto has sido bueno conmigo!». De repente Josefa, envuelta por lo que ella llamó ingenuamente «plácido sueño», se despierta en la herida del Corazón divino. «No puedo explicar lo que me ocurrió en mì. Otro no te pregunto, Jesùs ella escribe que para quererte y quedar fiel a mi vocación!». En la luz de que es circundada, ve los pecados del mundo y se ofrece de dar la vida para consolar el Corazón transfijo de Jesùs. Un deseo vehemente de unirse a se la consume y ningùn sacrificio le parece demasiado arduo por restar fiel a la misma vocación. Las tinieblas del espìritu se han derrochado en la luz divina y la desolación ha desaparecido dando lugar a una felicidad indecible. ¡«Dios ha hecho este cambio ella observa en las notas escritas por obediencia me siento confusa por mucha bondad! Querrìa quererlo locamente y no le pregunto que dos cosas: ¡amor y gratitud hacia su Corazón adorable! Conozco más que nunca cuánto soy débil, pero más que nunca aspecto de él fuerza y ánimo... No descansé nunca en aquella divina herida... ¡ahora sé dónde ir a ampararse en los momentos del apuro; he encontrado el lugar del descanso y el amor! «Ahora siento calurosamente cuánto haya resistido a la gracia y mido toda mi infidelidad, pero tal conocimiento me empuja a mayor confianza y me hace esperar ch'Egli no me faltará nunca, también cuando me sienta abandonada. Lo que me torturó hasta ahora fue el temor de no ser fiel, sintiéndome sola. Pero me percato que Jesùs, a mi insaputa, me sustentó. ¡Ay! cuánto querrìa quererlo!». Cuándo Josefa todavìa sale de la Capilla todo empapada del contacto divino, se puede notar fácilmente cuál cambio, en pocos instantes, le haya ocurrido en ella. «No sé justo de qué libera escribe después dos dìas pero creo que Jesùs quiere descubrirme otro secreto porque a la meditación de ayer, lunes 7 de junio, me ha hecho entrar de nuevo en la herida de Su Costado. ¡Mi Jesùs, cuánto me quieres! ¡No podré corresponder nunca a mucha bondad! En aquella herida del Corazón me ha parecido divisar una pequeña abertura y habrìa querido saber cómo hacer para penetrarvos..., pero me hizo entender que lo sabrìa otra vez. «... Doce dìas son transcurridos escribe el 17 de junio, desde que el Dios me ha concedido una gracia mucho adulto. Durante este tiempo he tenido inmensos consuelos y, sobre todo, he podido profundizar las enseñanzas del Corazón divino. Me ha enseñado claramente que lo que más le gusta son los pequeños actos cumplidos por obediencia. He entendido que a éste tengo que aplicarme para aprender la renuncia total a mì mismo. Por pequeño que sea el acto acabado gustará muchìsimo al Corazón de Jesùs. Quiero consumirme de amor. Qué Corazón es aquel de Jesùs!». Pisada por el cùmulo de muchas gracias a Josefa sigue transcribiendo todo la llena de sus cariños. ¡«Hoy, miércoles 23 de junio, he meditado sobre la bondad del Corazón de Jesùs, reflejando que este Corazón tan lleno de amor por las almas y por la mìa, mi Novio se volverá, si le fuera fiel! No supe qué decir, ni como agradecer. ¡Mi Jesùs, no puede recompensarte que valiéndose de Ti, ya que si yo soy Tuyo, Tù eres mìo; me entrego a! Necesita que mi vida sea solamente en Dios y de Dios... ¡qué yo me dé completamente, hasta que todo en mì sea consumido y desaparezca y todo lo que soy y hago no venga que de él! «Después de tenerlo recibido en la santa Comunión le he dicho como siempre cuánto Los anzuelos y cuanto deseas de quererlo, y entonces él me ha introducido en el divino Refugio. ¡Y ya la tercera vez que descanso en su Corazón! No sé decir lo que me ocurre en mì, si no que me siento demasiado pequeña por muchas gracias. ¡Mi Dios, este Corazón colma de amor el que lo busca y lo quiere! «En los momentos de paraìso que transcurro en la herida de Su Costado, Jesùs me hace conocer como devuelve aquel poco que hago para serle fiel. Ya no quiero buscar en nada mi interés, pero, en todo, su gloria. Procuraré ser muy obediente y generosa en las mìnimas cosas, porque creo que la perfección consista en este, y que sea un medio para irle a». Frente al Corazón de Jesùs que los tan maravillosamente Josefa se abre no sabe más como demostrar los sentimientos que prueba. «Hoy, jueves 24 de junio, he visto, de modo indecible, lo que es el Corazón de Jesùs... ¡Lo he suplicado de darme sed de él! no sé explicar lo que he visto... ¡pero fue él! En él fue todo el cielo... ¡Mi Dios! ¡no sujeto a mucha felicidad! Querrìa ofrecer algo... ¡da al que muchos me da! Pero soy tan pequeña!... Le he prometido de nuevo de ser fiel y de dejarme conducir en todo para ir con más seguridad a Su Corazón divino». Sin dejarse sin embargo transportar del salto del alma, Josefa se para. Trata de penetrar al final del Corazón de Jesùs para descubrir lo que espera de ella y medir de ello la infinita bondad. «Observo dos cosas: antes de todo, un mayor conocimiento de la bondad divina, ya que, si siempre he creìdo que Dios quiere locamente las almas, ahora veo claramente lo que es este Corazón amantissimo. Su pena más grande es de no encontrar correspondencia a Su Amor, mientras que si un alma se abandona, puede estar segura que él la colmará de gracias y ella hará de un cielo para fijarvos Su morada. Por tanto he prometido de modo especial: fidelidad y obediencia, confianza y abandono. «La segunda cosa que observo es un conocimiento más claro de mì mismo. Me veo (y no sé si justo hasta el final) cuál soy: ¡frìa, despistada, immortificata, poco generosa! ¡O Dios! por qué quererme mucho, mientras sayas lo que soy?... ¡Señor, no perderé pero confianza! Lo que no podré hacer, lo harás Tù y con Tu Grazia y Tu Amor iré adelante». Y Jesùs la conduce cada vez más adentro en su Corazón. Las gracias de que la ha llenado en este mes de junio no estoy sino un preludio. En efecto Josefa escribe la tarde del martes 29 de junio: «Hoy la meditación estuvo sobre las tres negaciones de S. Pietro y, confrontando mi debilidad, con la suya, tomados la resolución de llorar mis culpas y de aprender a querer como él. ¡Cuántas veces también yo he prometido fidelidad! Pero hoy lo he hecho con más fuerza y con más decisión. ¡Usted, o Señor, te seré fiel! Te prometo no sólo de no rehusarte nada, pero de ayudar lo que sabré serte más agradable. «Mientras estaba conversando asì con mi Dios, él me introdujo en la divina herida de Su Costado. He visto abrirse la pequeña abertura en que no pude penetrar algùn dìa hace, y me ha hecho entender la felicidad que me espera, si fuera fiel a todas las gracias que me ha preparado. «No puedo decir lo que he divisado: fue un remolino de llama en que como mi corazón se consumió. Imposible ver el fondo de este abismo, porque fue inmenso y lleno de luz. Me encontré tan inmersa en aquellos que vi que no poder ni hablar; ni preguntar... La meditación y una parte delia S. Misa es transcurrido asì, pero poco antes de la elevación, mis ojos, estos pobres ojos!... Jesùs ha visto, lo ùnico bien del alma mi, mi Dios y Dios en medio a una grande llama. No sé repetir lo que haya ocurrido, porque no puedo!... Querrìa pero que el mundo entero conociera el secreto de la felicidad. No consiste que en lo amargas y en el abandonarse: el resto lo hace Jesùs. «Fui destruida como delante de mucha luz y a mucha belleza, cuando él me ha dicho junto con voz dulce y solemne: «En el mismo modo en cuyo Yo me inmolo, vìctima de Amor, quiere asì que tù seas vìctima: el amor nada rechaza». «Asì pasó este momento de paraìso, ya que no puedo llamarlo de otro modo. No fui capaz de decir que estas palabras: ¿mi Dios que ch'io quieres haga? ¡Pregunta y dispones, ya que ya no son mi pero Tu! Luego él disparve». Al recuerdo de esta inefable visita, Josefa no puede retener su ardiente amor. ¡«O Jesùs, ella escribe no deseo sino una cosa, que el mundo entero se conozca, pero sobre todo las almas elegidas a ser las novias de Tu Corazón adorable! Si te conocen, te querrán porque eres Bien lo ùnico. Inflámame de Tu amor y mì basta ya... inflama todas las almas y no te pregunto de más, ya que el amor nos conduce a Ti por la senda más breve. ¡Por mì no deseo otro que quererte y siempre de más, Tù sólo! Todo el resto no me será que un medio para llegarte a. ¡Si pudiera, también a precio de la vida, conducirìa todo a este divino horno! «Jesùs me ha dado el deseo ardiente que todas las almas lo quieran. Por tanto ofreceré todo, ayudaré lo que más yo cuesta para gustarle y conseguir que muchos corazones lo conozcan y lo quieran. «También le he prometido de no hacer nada, si no condujera de la obediencia y he entendido cuánto estará contento con verme simple, abierta, lista a dejarme conducir como un fanciullino». Después de algùn dìa de «aquel gran momento de paraìso» Nuestra Señor exhibición a Josefa lo que exigirá de ella: la sed de las almas que él ha empezado a comunicarle. Ella escribe el sábado 3 de julio: «Hoy trabajé al noviciado y pensé en la felicidad de vivir con él bajo el mismo techo, y de tenerlo para compañero en cada ocupación. ¡Ya no sé aquellos que le dije cuando, de repente, me ha enseñado el Corazón envuelto en una llama luminosa, circundada por una corona de espinas, y cuál espinas! Fueron largas, penetrantes y de cada uno desatascó mucha sangre... Habrìa querido sacarsela, pero en aquel entonces el corazón me ha sido arrancado por asì decir, con inmenso dolor y enviado junto a la herida del Costado bajo las espinas. Pero sólo eres se clavaron en el mìo, porque es muy pequeño. ¡Pasó un momento y no pude decir nada, sin embargo él supo cuanto deseara tener un corazón más grande para sacarle más espinosas! Entonces dolorosamente Su dulce voz me dijo: « Este y mucho más ha sufrido mi Corazón: ¡pero encuentro almas que se unen a y me consuelan, pero de las que alejan!» «Ay! ¡cuánto Jesùs ha sufrido! Incluidos que algunas espinas lo hieren más que otras y habrìa querido saber qué tuve que hacer para consolarlo, porque yo tengo que solamente pequeñeces ofrecerle, y soy demasiado poco por muchos sufrimientos, pero no no me lo ha dicho!» Usted domingo 4 de julio, Josefa le asiste como siempre al S. Misa, asociando con los divinos Misterios. ¡«Y para decir la verdad ella escribe no sabiendo qué decir ni qué hacer traté de humillarme, ya que cada dìa más conozco mi pequeñez y mi miseria, cuando, delante de mì, vi aquel Corazón adorable! Fue traspasado por una gran espina, que tuvo que ser muy larga porque la sangre corrió abundante. ¡O mi Jesùs! ¿quién te hiere asì? ¿Quizás sea yo? ¡Qué sufrimiento ver aquella Sangre divina! Y un dolor que no puedo expresar... ¡Señor mi, tómeme y mì haces de lo que quieres, pero que esta espina no quede clavada asì en Tu Corazón! Entonces he visto salir como un largo clavo que dejó una herida tan profunda que poder divisar el interior de aquel ardiente horno, y Jesùs me ha contestado: « Este gran clavo es la frialdad de mis novias. Quiero que tù lo comprendas para inflamarte de amor y consolar mi Corazón». «El martes 6 de julio, continua Josefa durante la meditación, me tiene de nuevo enseñado el Corazón, traspasado por seis espinas. Pruebo de ello una inmensa pena, mucho por lo que sufre, cuánto por mi pequeñez incapaz a levantar y consolar Su dolor. Me ha hecho comprender que las seis espinas son almas que actualmente lo ofenden de modo especial, y me ha dicho: « Son este las espinas que te pregunto de sacarme con tu amor y tus deseos». «Entonces hizo caer alguna gota de Su Sangre sobre mi corazón. ¡O Señor! mi corazón es demasiado pequeño por lo tanto Amor, pero es todo Tuyo!». El dìa después, 7 de julio, Jesùs introduciéndola una vez más en su Corazón herido le deja esta palabra de orden: « Me quieres en tu pequeñez, asì me consolarás». «De todas las gracias que recibo ella concluye el dìa mismo dos cosas quedan intensamente impresas en mi alma: 1° Un deseo ilimitado de querer y de sufrir para corresponder a Su Amor y a este lo realizaré con la fidelidad a mi vocación; 2° Una sed ardiente que muchas almas lo conozcan y lo quieran, sobre todo las que él elige por Sus novias. Creo que ésta es mi vida: nada ahorrar a tal fin, buscar las ocasiones de ofrecer muchos pequeños actos a Jesùs, al que anzuelo locamente o mejor, que deseo querer mucho!» Con estas disposiciones ella se acerca al dìa de la toma de hábito. El miércoles el 7 de julio de 1920 se abrió en efecto la retirada que tuvo que conducirla, no sin combates, al dìa ansiosamente esperado. «Ardiente deseo de darme completamente a Dios, sin omitir o rechazar nada de lo que conozco ser Su Voluntad. Ser atento a la voz de Jesùs, de modo que esta retirada sea como el fundamento de todo mi noviciado. Sobre todo preguntar un gran amor a mi vocación que es por mì el medio de unión y conformidad al Corazón de Jesùs». Asì empiezan las notas de la retirada sobre el quadernino de Josefa. Cada dìa ella escribe fielmente el resultado de sus esfuerzos y, de estas rayas hartas simples, escritas por si solo, trasluce la borrasca de las tentaciones que de repente surgen en el cielo de su el alma. «Hasta el tercer dìa de mi retirada, 10 de julio, ella escribe estuve en gran consuelo, pero en la meditación del juicio me sentì de repente sola delante de Dios juez. Entonces mi alma fue tomada por un temor tal que perdetti la paz que gocé desde el 5 de junio. Vi delante de mì todas las gracias recibidas que me acusarán un dìa, y me encontré en el mismo tiempo inmersa en mucha soledad y desolación que me pareció preferible no tener tales favores para no tener que darse cuenta. «Pasaron asì bastantes dìas y decididos de partir. ¡Pero, mi Dios, cuál noche transcurrida y cuantos sufrimientos! La mamá y mi hermana estuvieron a punto de llegar y este pensamiento aumentó la tentación, despertando más fuerte en mì la ternura por aquellos seres queridos y por la patria. «Desde principio dije todo a la Madre Adjunta y no dejé de repetir por obediencia el ruego de oferta que ella me enseñó y que otras veces me hizo tan bien; ya que ante todo quise restar fiel y, en ciertos momentos, entendì que fue una tentación. ¡Pero nada me levantó, más bien! «La vìspera de la Toma de hábito, 15 de julio, la lucha fue tan fuerte que no encontré otra cosa que ofrecer que esta tentación misma. ¡O Señor! lo que anzuelo de más, la libertad, la familia, la patria, en una palabra, todo lo que ahora me intenta, te lo ofrezco, y no quiero que serte fiel o morir!... Entonces Jesùs se dignó consolarme en el modo que diré». Pero, antes de empezar el cuento de las gracias extraordinarias, Josefa, siempre fiel a las invitaciones de Nuestro Dios, expone su respuesta de amor. Ella escribe: «Resultado práctico de las tres primeras semanas de la retirada y «he visto como Dios me llama a una gran perfección o sea a una total conformidad a Su Corazón. «Medios: mi vocación, las santas reglas. «Dios me invita a la intimidad con él. Quiere que viva inmolada como vìctima. él se encarga mi cruz: no debbo ni preguntarla ni elegirla. Me la dará de Su gusto. Quiere que transcurra mi vida en Su Corazón y tengo que comprender que las espinas y la cruz hay confitte. He aquì mi vida: asì tiene que ser y asì adempirò la voluntad de Dios. «En la contemplación para conseguir Su Amor no sé si lograra expresar lo que me ha ocurrido. Tuve un tal deseo de darle todo lo que me pregunta que repetì de todo corazón: Tomas Señor, y recibes toda mi voluntad: Te ofrezco lo que anzuelo de más al mundo... ¡Si aùn más quieres, te lo sacrificaré con alegrìa! Tomas mis miserias y le consumes, tomas el corazón y el alma, tómame, Señor!» Nuestro Dios no esperó sino esta oferta para colmarla de sus divinas liberalidades. Pues, dejando correr de su costado un riachuelo de Sangre en el que el corazón de Josefa fue sumergido: ¡« Por todo lo que me das él dijo Yo te doy mi Corazón!» «he creìdo de ya no estar sobre esta tierra! Hoy, él fue revestido de la tùnica cándida que hace destacarse Su Corazón de manera inefable... Su Rostro es un sol... ¡Mi Dios! ¡qué belleza! Tù secuestras los corazones que te conocen!» Ingenuamente Josefa explica, en las rayas siguientes, como para meditar sobre el cielo no le hiciera falta el libro. «Ya que el cielo mismo estuvo en mi corazón ella escribe otro no deseo sino el amor y siempre el amor!». Una vez más, antes del alba de aquel gran dìa Nuestro Dios las enseña cuál es la calle en que Su Amor quiere introducirla. La tarde venida, Josefa, que tiene el permiso de hacer la hora santa, la empieza con un acto de profunda humildad. «Adoré el Majestad divino ella escribe por lo tanto reflejé sobre las gracias recibidas por Dios, con un deseo cada vez más vivo de consolar Su Corazón. «De repente me lo vi delante, con la tùnica deslumbrante de blancura y el Corazón que pareció quisiera salirle del pecho. Puesto que estuve sola me postré con la frente a tierra, humillándome cuánto pude, incapaz de hablar. Después de un momento de silencio, enseñándome las seis espinas me dijo con aquella voz que penetra el alma. « Mi hija, saqùeme estas espinas». «El viernes 16 de julio, dìa de mi Toma de hábito, en el momento de recibir el velo blanco, y después, hasta al final de la Misa, Jesùs me apareció y me hizo entrar en la herida del costado. No pude pronunciar que estas palabras: Mi Dios, es para siempre Tuyo!».

 

VOCACIÓN REPARADORA 17 de julio el 25 de agosto de 1920

Participarás en la amargura de mi Cruz. (N. Dios a Josefa, el 5 de agosto de 1920).

El Corazón herido de Jesùs no tardó a reaparecer sobre el horizonte de Josefa. Fue elegida bien pronto por una participación especial a la redención de las almas y el Maestro divino le recordó su vocación de vìctima. El jueves 5 de agosto, algùn dìa después de la toma de hábito, la hace de nuevo participar en el dolor de las espinas que lo hieren. Luego la conforta con estas palabras: «Si fueras fiel, te haré conocer la riqueza de mi Corazón. Llevarás, sì, mi cruz, pero te llenaré de regalos como se casa a predilecta». «Esta vez Josefa escribe lo vi envuelto de un resplandor deslumbrante. El Corazón, envuelto por las llamas, semejó salirle del pecho. «El martes 10 de agosto, a la meditación continùa probé un gran deseo de consolarlo. Le he ofrecido todas las acciones del dìa, añadiendo que si algo deseara de más me lo hiciera conocer. Le he prometido de no olvidarlo tampoco un momento y le he repetido continuamente el deseo de quererlo. Por la tarde, antes de irme a la adoración, entré en el oratorio de Mater los para suplicar a la Virgen de ayudarme a consolar a Su Hijo. En el entrar a capilla me encontré de repente a la presencia de Jesùs... « No tengo otro deseo que el de ser querido. Mira mi Corazón, Josefa: sólo él puede hacerte feliz. Le descansados en él». Luego continuó: « Tuve seis espinas, tù has sacado cinco de ello. ¡Un sola queda y es justo aquél que más hiere mi Corazón! Quiero que tù no ahorras nada para sacarmela!». «Señor, contestó qué quieres que yo haga?». « Quiero que tù me quieres y me sea fiel. Recordados que sólo Yo puedo hacerte feliz. Te descubriré la riqueza de mi Corazón. Quiéreme sin lìmites!». «Y de nuevo me dejó sola». Se acercó a la fiesta de la asunción y Josefa, tiernamente unida a su Madre celeste, transcurre este dìa de ruego en ìntima unión con Usted. Y como el pensamiento del espinoso confitta en el Corazón de Jesùs no la dejó un instante: «La supliqué ella escribe de cuidar de aquel alma y de quitar la espina que Jesùs me preguntó de sacarle. «El dìa después, lunes 16 de agosto, hacia las tres de la tarde, mientras così y le ofrecì a Jesùs el deseo de transformar cada apunto en un acto de amor que pudiera consolarlo, lo vi de repente delante de mì. « No vengo para consolarte, Josefa, él dijo pero para unirte a mi sufrimiento. Sácame esta espina: ¡ve como traspasa mi Corazón! Este alma está sobre el punto de obligarme a entregarsela a mi justicia». Muchos sufrimientos serán reservados a a Josefa para cooperar a la salvación de aquel alma en peligro. Asì Jesùs lo inició, poco a poco, a la obra corredentrice que tomará mucha parte de su existencia. Nuestro Dios continuó: « Las ofensas de los hombres me hieren intensamente, pero nada mucho me aflige cuánto las de mis novias. « Esta espina es un alma religiosa que ellas he colmado de regalos y si los adapta... el orgullo la pierde!». «La tarde me enseñó el Corazón, toda llama, con la llaga abierta, y siempre... la espina!». « Tengo por cada alma dos medidas me dijo una de misericordia, y éste ya ha desbordado... la otra de justicia, que es casi al colmo. Nada me ofende más que la obstinación y la resistencia de este alma... le tocaré de nuevo el corazón, pero si no contesta, me lo entregaré a sus fuerzas». «A este punto no sé expresar lo que él me hizo comprender... ¡pero darìa mi vida para salvar aquel alma! «La tarde hice la hora santa, teniendo de ello el permiso y yo offersi en unión a él, en Su pasión. O Dios, no mires los pecados de aquel alma!... Mira la Sangre que has vertido por ella... ¡aquella Sangre que puede cubrir todos los pecados del mundo! «Luego recité las letanìas de la Virgen, repitiendo muchas veces: "Refugio de los pecadores, ruega por nosotros." Llegada a la invocación: "Cordero de Dios que borre los pecados del mundo..." me sentì rellena de angustia. Jesùs no dijo nada, como si no oyera. Pareció sordo. Al fin de la hora santa vino con el Corazón siempre traspasado por la espina. Lo supliqué de tener compasión de aquel alma, y como no contestó, le dije: pero pues, Señor, no quieres perdonarla?». « Todavìa le tocaré el corazón: si me escuchara, volverá a ser mi novia predilecta, de otro modo dejaré actuar mi justicia». Transcurrieron asì bastantes dìas. Josefa multiplicó las generosas ofertas, mientras que su alma fue sumergida «en una tristeza indecible». ¡«Creo que nunca he entendido cómo ahora aquel que sea resistir a la gracia! Me parece de experimentar algo del infinito dolor del Corazón divino cuando un alma le resiste». « Si tù eres dispuesto a sufrir Nuestro Siguore las repite el miércoles 18 de agosto Yo esperaré aquel alma, pero no puedo perdonarleella hasta que desteja no quiere. La he creado sin ella, pero ella está libre de salvarse o de perderse». Algùn dìa después de añade: « Cuando encuentro un alma que me quiere y desea consolarme, estoy listo a darle todo lo que me pregunta. « Esperaré pues, todavìa llamaré a la puerta de aquel corazón, ya que si quiere, el mìo es dispuesto a perdonan. «Y me dejó el alma en agonìa, enseñándome a a menudo repetir esta invocación: "Mi Dios, sufrirá todo por Tu amor y para consolar Tu Corazón"!». Tal sufrimiento oprime el alma de Josefa, pareciendo ella que la cólera divina haya caìdo sobre de ella. Las invitaciones de Jesùs la persiguen, sin dejarle tregua ni dìa ni noche. La responsabilidad de este alma pesa continuamente sobre la suya, sin que disminuya su deseo de arreglar. El miércoles 25 de agosto, después de una noche angustiada de sùplica, Josefa, siempre fiel al encuentro matutino, empieza la meditación con sus hermanas. «De repente ella escribe lo he visto... asì bonito que no sé repetir... De pie, vestido de blanco. Con las manos sustentó Su Corazón inmerso en un horno de fuego. Toda la persona adorable irradió una luz resplandeciente. El pelo pareció de oro, los ojos dos diamantes, el rostro... no puedo decir... porque no sé a qué compararlo!... ¡el Corazón, superado por la cruz, ya no tuvo la espina! De la herida todo abierta salieron llamas, pareció un sol... Las llagas de las manos y los pies ellas también emanaron viva llama... De vez en cuando abrió los brazos y le desdobló. No pude decirle otro que estas palabras: Mi Jesùs, cuánto eres bonito!... ¡Tù secuestras los corazones! y la espina?... ¡«La espina! ¡ya no lo tengo! Nada es más fuerte que el amor y Yo lo encuentro en mis novias!». «El Corazón pareció siempre se encendiera de más. Lo agradecì me haber llamado en esta Sociedad del Sagrado Corazón y lo supliqué de tener compasión de mì, cada dìa más miserable e indigno de encontrarme aquì: ¡Mi Jesùs, no permitas que mi miseria forma una mancha en el cándido grupo de estas novias de Tu Corazón! ¡No permitas sino las gracias de mì recibos sean mi condena, ya que soy capaz de todo! Concédeme de serte fiel o de morir!». Tan consolada, Josefa escucha la Misa, algùn instante después, uniéndose al agradecimiento del SS. Virgo. «Después de la Comunión lo supliqué de hacerme Su novia a través de una perfecta fidelidad, pero de dejarme en la calle comùn, ya que nunca lograré corresponder a Sus gracias». « Abandonados en mis manos, Josefa, se valdrá como de ti creeré bien. Tu pequeñez y tu debilidad poco me importan, lo que te pregunto ante todo es de quererme y de consolarme. Quiero que tù sepas cuánto mi Corazón te quiere, cual riquezas encierra, y que tù seas como encera blanda de poder modelar a mi placer...». « Quiero que tù me ofrezcas todo, también las mìnimas cosas, para consolar mi Corazón de lo que sufre, sobre todo de parte de las almas consagradas. «Quiero que tù repuse tranquila en mi Corazón. Mìralo y comprenderás a cuál pica es capaz de consumirte en ti todo lo que os se encuentra de imperfecto. « Quiero que te entregas a mi Corazón y que te preocupas solamente de gustarle. « Quiero que lo que te pregunto tù lo digas con sencillez a la Madre, y que te entregas a todo lo que será dispuesto por ti. Por fin te repito que tù tienes que ser como por Mì encera blanda que Yo pueda modelar a mi placer... Recordados que soy tu Padre, tu Novio, tu Dios!». «Luego sconiparve. ¡Nunca lo vi asì bonito! Durante aquel tiempo conocida Josefa pude escucharlo y hablarle, teniendo de ello el permiso. De ahora en luego me ha sido ordenado de no hacer caso de estas cosas y de no contestarle más».

 

LA PRUEBA DE LA DUDA 26 de agosto 8 de octubre

¡La señal lo daré en ti! (N. Dios a Josefa, el 20 de septiembre de 1920).

Hacia el fin de agosto del 1920, para probar el espìritu que la condujo, le fue prohibida a Josefa cada comunicación con la aparición que la secuestró. Los se impuso de distorgliersene, de no creer y de no dar importancia a lo que habrìa podido todavìa ver o sentir. Ya la duda incumbe sobre ella. Tiene de ello el alma trastornada y se pregunta con ansiedad si no se ha vuelto hazmerreìr de la ilusión, como, a cuánto parecido, se cree. Del resto más veces el demonio le sugirió este pensamiento que ella alejó como una tentación por restar fiel a lo que creyó ser la voluntad de Dios. ¿Dónde estuvo pues la verdad? En el mismo tiempo la idea que una tal vida, no querida ni buscada por ella pudiera ser un obstáculo a su vocación la torturó. El horror instintivo por las cosas extraordinarias, el deseo de una vida religiosa humilde y escondida todavìa revolvieron más de ello el alma agitada. Pero acostumbrada al sacrificio más ìntimo de si, penetrada de espìritu de fe y obediencia no titubeó un instante. Sin permitirse ni razonamientos ni compromisos, decididamente ella entró en la tiniebla senda en que su amor sufrirá tan como revelan sus notas. «El jueves 2 de septiembre escribe a la meditación vi a la misma persona tan bonita, con el Corazón abierto. Me preguntó dos veces si lo quisiera: por obediencia no contestó aunque yo costara un gran esfuerzo, sintiéndome involuntariamente empujado verso de ella». Tres dìas después, 5 de septiembre, Josefa se encontró en la sala del noviciado. «cuando de repente escribe vi una gran luz y en medio la misma persona, con el Corazón todo inflamado. Tuve mucha miedo que huì en la celda de la Beata Madre. Me mojé los ojos con el agua bendita y también me rociaron a la persona, pero la visión no desapareció». ¿« Por qué temes? me dijo la voz. « No sabes que está aquì el lugar de tu descanso?». Transcurridas algùn instante de silencio, luego añadió: « No olvidar que te quiero a vìctima de mi amor». «Luego todo disparve». La prueba continuó insistente dìa tras dìa. Josefa resistió y no contestó, pero a veces no logró sustraerse al atractivo que la dominó, a la alegrìa celeste y sobre todo a la paz que la invadió. « Vienes dijo la voz entra aquì... piérdete en este abismo!». El miércoles 8 de septiembre, hacia tarde, se encontró en ruego en la celda de Santa Maddalena Sofìa y como un relámpago pasó delante de ella el Corazón inflamado diciéndolas: « Qué prefieres, tu voluntad o la mìa?». «Incluidos ella escribe que fue la respuesta a lo que le pregunté a Jesùs con todo la alma: ser una buena religiosa completamente fecha al amor de Su Corazón divino, pero en la calle comùn, en la senda ordinaria, porque temì que todas este cosas fueran de obstáculo a mi vocación». El dìa después, 9 de septiembre, al Santa Puesto ella volvió a ver a Quien de que por mucho tiempo no dudó. Con una mano tuvo su Corazón, con la otra le entregó una copa: « He entendido tus gemidos le dice conozco tus deseos pero no puedo atenderlos. Necesito ti para descansar mi Amor. ¡Toma esta Sangre desatascada por mi Corazón! Y el manantial del amor: ¡no temas de nada y no me abandones! Me complazco con habitarte en ti, mientras que muchas almas huyen lejanas!». Josefa quedó en silencio: «Pero ella escribe no pude prescindir de pensar: ¡Mi Dios, si a vejas sabido no habrìa venido aquì! Me persigue la idea que quedando en el mundo todas este cosas no me habrìa ocurrido, y eso aumenta mi angustia cada dìa de más. Si Dios no me tuviera apretada a él, ciertamente volverìa atrás: ¡pero me siento atada de modo incomprensible y el amor a mi vocación se hace cada vez más fuerte! Por tanto me siento empujón a suplicar continuamente el Corazón de Jesùs de dejarme en la calle comùn, sin nada extraordinario también falto de consuelo, si asì quiere, con tal que quedar fiel en las más pequeñas cosas y querer sin lìmites Su Corazón». Este Corazón todavìa le aparece el jueves 16 de septiembre y las repite: «Hace falta, para satisfacer mi Amor, que tù me rodeas de las almas; le encontrarás sufriendo mucho y queriendo. Tendrás que soportar muchas humillaciones, pero no temas de nada: estás en mi Corazón». Entre muchas incertidumbres Josefa se esforzó de cerrar los ojos, pero no pudo apartarse de la necesidad de querer Dios que sintió cada dìa crecer de más. «Repetirle que lo quiero ella escribe es la ùnica cosa que me pone en paz y me separa de la tierra. En el pasado nutrì un viva ternura por los mìos queridos, y por otras personas... todavìa las quiero, pero en otro modo. Me parece que ahora nada puede llenar mi corazón, y a veces como repito instintivamente: ¡mi Dios, te quiere! Eso basta ya para ayudarme a cumplir cosas que me serìan de otro modo imposibles. «A veces, trabajando, me encuentro despistada, y de repente, como un relámpago, aquel Corazón me da delante, dejándome a largo inflamada de amor». Mientras la acción crocifiggente de la prueba se acentuó y crecieron las ansiedades de Josefa, la obediencia la mantuvo fiel y el espìritu de que fue animado se reveló poco a poco. Jesùs la desvinculó de cada cosa creada para unirla completamente a Si. El viernes 17 de septiembre, a la Misa, Nuestro Dios los se mostró, triste en rostro, con las manos atadas, la corona de espinas en jefe, el Corazón inflamado como siempre. Le presentó una cruz, que en un primer momento ella no tuvo vista y le dijo: «He aquì la cruz que te ofrezco: me la rechazarás?». «Me oigo una gran angustia para no poder contestar ella escribe porque mi alma se yergue verso de él a pesar de todo. Ardo del deseo de quererlo y la duda que no sea le me tortura. Por tanto lo que pregunto ardientemente es que todas este cosas dejen para siempre!». Pero él vuelve de nuevo: «A la meditación, domingo 19, reflejó sobre lo que habrìa podido hacer para quererlo principalmente ya que no logro pensar en otra cosa. De repente lo vi y su Corazón fue como un incendio... Aquel Corazón que me infunde mucha paz y me devuelve fuerte para sustentar cada sufrimiento!». « Si me quieres me dijo siempre te destaró parecido. Si me sigues continuamente, seré tu victoria contra el enemigo, me manifestaré a y te enseñaré a quererme!». El dìa después, 20 de septiembre, agobiado por la misma ansiedad, ella suplica a Nuestro Dios de querer conceder una señal a sus Superiora, para que sepan si todo estas cosas vienen de él o no. él de repente aparece y dice: « La señal lo daré en ti. Lo que quiero es que te entregas a». Esta señal en efecto Dios ya estaba imprimiéndolo en el alma dócil y generosa de Josefa, por una lucha que incluso la dejó invariablemente obediente. Las invitaciones divinas se multiplicaron, pero ella siguió manteniendo el silencio. «Vino pero un dìa en que escribe el 27 de septiembre no sé qué me haya ocurrido en mì. Me vi cómo obligada a rendirse, a entregarseme a lo que Dios quiso hacermì de y no pude retenerme del decirle: Sì, o Señor, soy Tuyo: ¡lo que me quieres lo quiero! Enseguida vi a Jesùs guapìsimo que me dijo: « No temer, es Yo». El viernes 29 de septiembre me dirigió de nuevo la pregunta: « Eres dispuesta a hacer mi Voluntad?». «Mi Dios ella escribe si eres Tù realmente me meto en Tus manos porque Tù mì hagas de lo que querrás. Lo que te pregunto es de no ser engañada y que nada ponga obstáculo a mi vida religiosa». «él me contestó: ¿« Si estás en mis manos de qué puedes temer? No dudes, ni de la bondad de mi Corazón, ni de mi Amor por ti». «Una llama se emanó de Su Corazón y me envolvió. «Lo que te pregunto él continuó es de siempre estar lista a consolar mi Corazón, cada vez que necesito ti. El consuelo de un alma fiel me compensa de las amarguras que me infligen muchas almas frìas e indiferentes. Sentirás, sì, a veces todo el peso de mi angustia, pero es asì que me consolarás. No temas de nada, estás contigo!». Sin embargo estas palabras no la alentaron completamente, y cuando se encontró sola su alma fue de nuevo inmersa en una angustia indecible. Animada entre los atractivos a veces irresistibles del amor, el temor de las cosas extraordinarias, la obediencia que le impuso el silencio, suplicó a Nuestro Dios de dejarla en la vida simple y comùn que su amor deseó, o de dar la luz necesaria para poner fin a muchas dudas y sufrimientos. Y ya cercana la hora en cuyo Quien que nunca es invocada en vano se inclinará sobre el humilde su hija. La tarde del domingo 3 de octubre, la Madre Adjunta, adivinando, del rostro de la novicia, su ìntima tortura, le dijo de ir a dormirse antes de la hora ordinaria. En el pequeño dormitorio Josefa, no logrando dormir, se echó a rogar a la Virgen. «Recité las letanìas del SS.ma Virgo ella escribe de todo corazón repetì la pregunta que no dejé de dirigirle a la Madre celeste de bastantes dìas: ¡Mi madre! ¡te suplico por amor de Dios, no permitas que sea engañada, y haces conocer si estas cosas son verdaderas o no! «En aquel entonces sentì como un paso ligero, como si alguien se acercara, y vi cerca de mi cama una figura vestida de blanco, envuelta en un largo velo, con un postre y gentil fisonomìa. Tuvo las manos cruzadas, me miró suavemente y dijo: «Mi hija, no les está pronto en el engaño y tu Madre lo sabrá; pero tù tienes que sufrir para conquistar almas a mi Hijo». «Luego disparve dejándome en una paz indecible». Fue el paso de la Regina del cielo y la hija amorosa no dudó de ello. Maria pero dijo: ¡Ten que sufrir! y a que st'invito al sufrimiento redentor, Josefa tuvo que consentir libremente. El dìa después, 4 de octubre, Nuestro Dios enseñándole el Corazón herido, le dijo: «Mira en que estado las almas infieles ponen mi Corazón. No conocen el amor con que las quiero, por tanto me abandonan. No te quieres... al menos ti... manera mi voluntad?». La ansiedad atacó a Josefa. «Callé ella escribe lealmente pero en mì todo se rebeló. él disparve e incluidos de le haber hecho pena». «El dìa después, martes 5 de octubre, mientras dije las letanìas de la Virgen, vi como delante de mì a la Madre celeste la primera vez. Después de algùn instante me dijo: « Si rechazas de hacer la voluntad de mi Hijo serás tù a herirlo en el Corazón. Acepta todo lo que te pregunta y no attribuir nulo a ti mismo. Sì, mi hija, es muy humilde!». «Desapareció después de tenerme de nueva ojeada con gran compasión». La Madre de amor y misericordia tuvo interceduto. Ya entró en la calle trazada por el Maestro divino por su predilecta y os quedará hasta al final. Junto a Jesùs, Maria tomará junto aquel sitio discreto y reservado, tierno y fuerte que le corresponde. Siempre dejará en primero llano el Corazón de Jesùs y solista intervendrá para alentar Josefa en sus indecisiones, fortificarla en los temores, reconducirla sobre la lìnea de la voluntad de Dios. Lo advertirá o la realzará, lo iniciará a las disposiciones de Su el Hijo y la preparará a su visita; las enseñará a estar en guardia contra el enemigo y a arreglar sus debilidades. Por fin siempre estará presente en las luchas peligrosas con el demonio para defenderla «fuerte como una armada alineada en batalla». La intervención de la Virgen confirmó la luz que, gradualmente, fue haciéndose alrededor de Josefa: ¿su obediencia simple y atrevida, la indiferencia y el abandono de que fue animada, como también la humilde desconfianza de si y el temor de las calles extraordinarias, y sobre todo el amor de su vocación que para nada al mundo habrìa abandonado nunca, no fue quizás aquì la señal de Dios? ¿Pudo oponernos más à a lo largo de a sus dibujos? A las guìas de Josefa ya pareció el tiempo de lasciar venido libre campo a la acción divina, aunque la humilde novicia tuviera que quedar circundado por el más atento control. Por tanto, a pesar de las mismas repugnancias, ricevette el permiso de «ofrecerse». «El viernes 8 de octubre ella escribe a la meditación, hice el acto de abandono a la Voluntad de Dios. Durante la Misa, un poco antes del Evangelio vi a la Virgen. La supliqué de interceder por mì cerca de Dios y le expliqué porque me repugnó recibir aquellas gracias, aunque fuera decidida glorificar el Corazón de Jesùs, consolarlo y adquirirle de las almas. Creo que haya tenido compasión de mì y me ha dicho: «Mi hija, le repite a Jesùs estas palabras a que Su Corazón no sabrá resistir: Mi padre, devuélvame digna de cumplir Tu santa Voluntad, porque soy toda Tuya». «Y añadió: « En las manos de un Padre mucho bueno qué puede faltarte?». «La supliqué de recibir mi acto de oferta y de repetirlo Ella le desteja a Jesùs». La tarde de aquel dìa, entrando a capilla por la adoración, Josefa se encontró a un rasgo en presencia de Nuestro Dios. «Lo vi con el rostro guapìsimo ella escribe con el Corazón cercado de llamas, y en el Corazón, delante de la cruz, un libro abierto. No entendì qué fosos... Me he ofrecido de nuevo, prometiendo de no más echarse atrás. Me ha posado la mano sobre el jefe y me ha dicho: «Si tù no me abandonas, tampoco Yo te dejaré. De ahora hacia adelante, Josefa, no me llames si no Padre y Novio. Si me eres fiel, haremos este pacto divino: ¡tù mi novia, Yo tu Novio! Ahora, escribes lo que lees en mi Corazón: es el compendio de lo que aspecto de ti». «Entonces cocidos en el libro: « Seré el ùnico Amor de tu corazón, el dulce suplicio de tu el alma, el agradable martirio de tu cuerpo. «Tù serás vìctima de mi Corazón, a través del asco amargo por todo lo que existe al infuori de Mì; mi vìctima del alma a través de las angustias de que la tuya es capaz, vìctima de mi cuerpo con la separación de todo lo que puede satisfacer la tuya, y con el odio hacia una carne culpable y maldita». «Cuando hube acabado la lectura Jesùs me hizo besar el libro y disparve».

 

III

A LA ESCUELA DEL CORAZÓN DE JESùS

 

Los PRIMEROS PASOS en 9 el 28 de octubre de 1920

¡Tu miseria me atrae! (Nuestro Dios a Josefa, el 15 de octubre de 1920).

El camino que se abrió luminoso delante de Josefa, pareció no tuviera que tener ni sombras ni obstáculos. ¡Pero bien diferentes son los dibujos de Dios sobre las almas predilectas! Le llama, y luego se esconde, las atrae y las deja perplejas, ellas repleta de sus riquezas y hace probarles una extrema indigencia, las lleva entre los brazos y les hace sentir los lìmites de la misma debilidad. A través de estas alternativas él les cava en ellas aquellas profundidades de separación, de abandono, de humildad que sólo pueden colocar definitivamente la criatura a su sitio de nada y devolverla orquesto dócil en las manos divinas. Este altos y bajos, Josefa los revela con sencillez conmovedora en sus notas, con tales acentos de verdad de constituir por nosotros un documento de valor irrefutable. Desde pricipio la obediencia las tuvo ingiunto de escribir todo lo que vio y sintió y fue un alivio por ella encontrar un desahogo a muchas gracias. Ella echó allá sobre el papel con ingenua expansión los sentimientos tumultuosos del corazón; pero bien pronto se enteró que aquellas páginas, que creyó de sólo escribir por si, habrìan estado por sus guìas un medio oportuno de control. Su habitual modestia, la desconfianza de si, el pudor virginal de que circundó sus relaciones con Nuestro Dios, retomaron la ventaja. Hizo el sacrificio de sus repugnancias a la obediencia que las mandó escribir, pero este sacrificio no estuvo sin luchas y titubeos de que las notas mismas llevan la huella hasta al final. De aquel momento su estilo cambia: ella escribe poco y sólo el esquema de los coloquios con el Maestro divino. Raramente hallamos la efusión de los primeros dìas. Pero, señal caracterìstica, no calla nunca las mismas debilidades ni las resistencias a seguir aquella calle que siempre le fue muy ardua. Indudablemente el Dios quiso dar, por este leal informe de si, el testimonio más vivo y auténtico de Su compasión y Sus incansables perdones. Antes de emprender el examen de estas notas de Josefa, hace falta contestar a una legìtima pregunta que puede surgir espontánea sobre el modo en que ellos fueron redactados. Desde los primeros contactos coll'al de allá, Josefa tuvo el orden de pedir el permiso para poder comunicar con las apariciones, y de darse enseguida después cuenta. Ella se sometió a tal control, por cuánto costara a la naturaleza. Eso les permitió a las Superiora de escribir enseguida, con el lugar y la hora de los divinos encuentros, también las palabras que vinieron de ella repetida como bajo la acción de una presencia invisible. Asì fueron escritas cada dìa, con la más rigurosa exactitud aquellas palabras de que el Dios dirá sucesivamente que nadie tiene que perderse. Por los dìas laboriosos, que no las dejaron tregua, Josefa abandonó tranquila en manos de sus Madres los preciosos folletos. La tarde, cuando el trabajo dejó o en las horas libres del domingo tuvo que copiarlos por obediencia. Dejando entonces de parte la aguja, la máquina de coser o la granada, se encerró en celda para esperar a esta ocupación que ella costó más que cada otra. Allá, más arrodillada delante del escritorio, ella transcribió con mano inexperta pero rápido, los notas que sus Madres custodiaron. Otro no añadió, si no el cuento de los hechos en que tuvieron que ser insertadas las palabras de Nuestro Dios o alguna breve expresión que las evitó del corazón recordando, o bien la confesión más pormenorizada de sus debilidades y faltas. Los preciosos autógrafos han sido conservados religiosamente. Ya en el 1938 el libro «UNA INVITACIÓN A. EL AMOR» publicó de ello los pasos más importantes, haciendo surgir en muchas almas el deseo de conocer más ampliamente lo que saboreó en las páginas de la breve biografìa. Ahora parece sea el momento oportuno venido de retomar en mano los cuadernos de Josefa para seguirlos apunto por punto. Estará seguro este el medio mejor para corresponder a los deseos del Corazón de Jesùs ávido de manifestar las riquezas de Su Amor y Su Misericordia. él quiere hacer comprender a las almas hasta cuál lo pica se conforma con vivir con ellos la vida cotidiana para transformarla en «dìa de vida divina». Tiene sed de esta unión que nuestras infalibles fragilidades no tienen que interrumpir; más ancla él tiene sed de enseñar a las almas la certeza del perdón que ofrece continuamente a sus debilidades. Pero desea hasta este punto su amor y su confianza para asociarsela en un regalo total, y continuar con ellas en Su Obra de amor y redención. Todo eso penetró dìa tras dìa, ahora por ahora, en la vida de Josefa. Si Nuestro Señor las impusiera claramente de contar los más minutos detalles, no lo hicieron por ella que se sometió con sacrificio a tal deseo, pero porque muchas almas recogieran en aquellas páginas las lecciones y las invitaciones de Su Corazón.

* * *

Del 8 de octubre, dìa de su oferta, Josefa ha hallado pues la paz y la luz. Del resto sus ocupaciones también habituales en el perìodo penoso quedaron inalteradas y Jesùs siempre pudo encontrarla allá donde la llamó el deber. «Hoy, viernes 15 de octubre escribe me ha dicho: «Tu miseria me atrae... sin Mì, que serìas?... Más te harás pequeña, más te destaró parecido: no lo olvides, y dejas hacerme lo que me gusta». Aquella misma mañana, antes de la Comunión, para prepararse a Josefa renovó su total abandono a la voluntad de Dios. Apenas acabó cuando Jesùs le apareció y le dijo: «Te perdona todo. ¡Eres el precio de mi Sangre y quiero servirme de ti para salvar muchas almas que se han costado tan! No me rechaces nula. Ves cuanto te quiero!». «En decir estas palabras me cubrió con la llama de Su Corazón y me infundieron un gran ánimo, tanto que ya ya no tengo miedo de sufrir y no deseo que cumplir Su Voluntad». Después de pocos instantes vino la Virgen a fortificarla principalmente: «Mi hija, no es verdadero que no abandonarás nunca a mi Hijo?». «No, mi Madre, nunca!». « No temer de sufrir, porque no te faltará la fuerza necesaria. Piensa asì: hoy sólo para sufrir y querer... una eternidad para gozar!». ¡«La he suplicado de no abandonarme y de conseguirme de Jesùs la fidelidad! Por fin le he preguntado perdón, y me ha contestado: « No temer, Josefa: abandonados en las manos de mi Hijo y le repites sin pose: "¡O Padre bueno y misericordioso, mire a Tu hijuela y la devuelves tan Tuyo que se pierda en Tu Corazón! ¡Mi padre! Qué el ùnico mi deseo sea cumplir Tu santa Voluntad"». « Este ruego le gustará, porque nada desea de más que se entrega a él. Consolarás asì Su Corazón, y no temas. Abandonados, Yo te ayudaré!». «Todo eso Josefa continùa me ha devuelto más atrevida, me parece, y ya siendo me fecha totalmente a Nuestro Dios, no me importa más que nada!». «Sábado 16 de octubre, le pregunté porque me hace muchas gracias sin ningùn mérito de mi parte, y, durante la adoración, me contestó mostrándose coronado de espinas: « No domándote de merecer las menciones que te hago, lo que quiero es que tù las recibas. Te enseñaré la escuela donde aprenderás esta ciencia». Esta escuela estuvo sobre el punto de abrirse para Josefa, ya que el dìa después, 17 de octubre, ella escribe: «Lo he visto cómo ayer, con el Corazón encendido y la herida cada vez más abierta. Lo he adorado respetuosamente preguntándole de inflamarme de Su Amor. Entonces ha dicho: « He aquì la escuela donde aprenderás la ciencia del abandono, y asì podré hacer decìs cuánto deseo». Josefa se prueba a mover los primeros pasos en esta ciencia de las ciencias. Necesita que desigual aquella total disponibilidad que dejará poco a poco al Maestro divino cada libertad en ella. Transcurren dos dìas en una gran soledad interior y ella se pregunta si en algo pueda haber hecho pena a Jesùs... Lo invoca y él no resiste a la ansiedad de un tal amor: « Estoy contento que me llamas, tengo mucha sed de ser querido!». «Asì diciendo me ha infundido un deseo tan ardiente de hacerme comprender que no tengo todavìa neppur empezado a quererlo. Lo he rogado enseñarme él». «Si eres dispuesta a quedarme fiel, verteré en tu alma el arroyo de mi Misercordia y conocerás el amor que te llevo; pero no olvides que, si te quiero, es por tu pequeñez y no por tus méritos». Esta lección de humildad a menudo se repetirá sucesivamente, y mientras suscita en el corazón de Josefa el deseo ardiente de quererlo, no deja de colocarla, de un lado, frente a su pequeñez, del otro, en vista de las almas de que él está sediento.

Hoy, jueves 21 de octubre, a la meditación escribe le he preguntado almas para quererlo: si deseas, o Señor, de ser querido, atrae muchas almas en esta Sociedad porque os aprenderán a querer tu Corazón». «Durante el agradecimiento de la Comunión, he visto en un primer momento este Corazón, coronado de espinas y circundado por una llama que es, creo, aquel del amor. Después de un momento me ha aparecido él en persona, con los brazos tensos y me ha dicho: ¡«Usted, Josefa, Yo busco solamente el amor de las almas, pero les me contestan con la ingratitud! Querrìa colmarle de gracias y les me traspasan el Corazón: las llamo y huyen lejanas de Mì!... Si aceptas, te haré encargado de como almas que tù me darás con tus sacrificios y con tu amor!». «Asì diciendo me tiene de nuevo acercada a Su Corazón y he oìdo de ello los latidos que han sumergido como mi alma en una agonìa. Luego ha continuado: «Sayas bien que te quiero a vìctima de mi Corazón, pero no te dejaré sola: se entregados a mi Corazón!». El sábado 23 de octubre, en un modo posible solamente a él, las enseñó que toda su vida tuvo que desarrollarse en el amor en la atmósfera como su propia: Josefa estaba trabajando en el ropero cuando Jesùs le apareció. Puesto que el trabajo fue de prisa, ella le preguntó de poder seguir cosiendo disculpándose. ¡«No querrìa hacerte sentir, mi Jesùs! Pero él disparve enseguida, y tuve un poco de pena de haber dicho a aquel modo continua por tanto para consolarlo le repetì continuamente palabras de ternura. La tarde, mientras ella subió al tercer plan para cerrar las ventanas de que fue encargada, continuó caminando a repetir su amor al que siempre le estuvo en el pensamiento. «De repente, llegando en el pasillo de sobre ella escribe lo vi en el fondo que avanzó verso de mì». Jesùs fue circundado de una luz resplandeciente que alumbró todo el largo y oscuro pasillo, caminó de prisa como si tuviera prisa de irlas encuentro. « De dónde vienes?» le dijo. «He cerrado las ventanas, Señor!». « Y adónde vas?». «Voy a acabar de cerrarle, mi Jesùs!». « No sabes contestar, Josefa!». «No comprendì lo que quisiera decir. él retomado: ¡« Vengo del amor y voy al amor, ya que sea que tù subas o tù bajes, siempre estás en mi Corazón que es el abismo del amor! Yo estoy contigo!». «Disparve y me dejó una tal alegrìa que no sé repetir». Este delicioso episodio devolvió sagrado a los Feuillants el pasillo del encuentro que fue denominado «pasillo del amor». ¡Pero en aquella época las horas de consuelo no fueron muchas para Josefa! Ella tuvo que aprender por misma experiencia qué sea la desolación y cuanto cuesten las almas. El miércoles 27 de octubre, durante la adoración, escribe «lo vi de nuevo y me repitió»: « Quiero que tù salvas estas almas... mira la llama de mi Corazón: es el deseo de sufrir por ellas de que tienes que ser consumida. Le ganarás con tus sacrificios. Me descansados en Mì y no temas de nada!». El dìa siguiente de aquel dìa le aparece en aquel mismo estado doloroso que le hace escribir: ¡«Cuanta compasión he probado! ¡Me ha mirado en tal modo que he comprendido cuanto el mìo padecer es una sombra en comparación del Suyo! En el mismo tiempo él vi detrás de una fila inmensa de almas, y él fijando me me ha dicho: «Todas este almas te esperan!... ¡Te hice elegir, Josefa! Pero si me quieres de veras no temerás de nada!». «Le confié de nuevo mi temor que todas este cosas puedan ser conocidas, y él: ¿«Que te importa? Si asì puedes glorificar mi Corazón!». «Señor, pero soy novicia!». « Lo sé, pero si quedaras fiel, nadie de estas cosas te dañará. No temas!». «Entonces me he ofrecido a servirlo, para que cuente como conmigo querrá». «Sì, ti haré de a una vìctima, ya que, si eres mi novia, Josefa, tiene que parecerme, y tù ves como soy reducido!». «Disparve y no lo vi más».

 

LECCIONES ES PERDONES DE TODOS LOS DìAS 29 octubre18 diciembre de 1920

Te buscaré en el tuyo nada para unirte a Mì (N. Dios a Josefa el 8 de noviembre de 1920).

La oferta hecha por Josefa tuvo que empujarla cada vez más adelante en el camino trazado ella del Maestro. En los dìas siguientes más que nunca ella experimenta lo que la voluntad divina está a punto de preguntarle de ánimo y de confianza. «Me encuentro en una tal tentación de frialdad y turbación escribe al final de octubre que me parece no tener más ni vocación ni fe, tanto me siento insensible e inmersa en la oscuridad. Ofrezco mis sufrimientos para consolar el Sagrado Corazón y ganarle almas, pero este mismo pensamiento repone bajo mis ojos toda mi vida infiel. Verme como soy y atrevimiento de rogar por otras almas, yo consternado!». Asì Nuestro Dios pareció se complaciera con abandonarla y estos abandonos aparentes, no raros en la vida espiritual, como sucedieron enseguida a los privilegios de amor, dejaron a Josefa insólitamente trastornada. Sin embargo reaccionó decidida a quedar fiel por cada dificultad. ¡«Mi Dios! ¡ escribe quiero consolar tu Corazón! ¡No te veo, no te siento, pero te creo en Ti y te quiero! ¿Eppoi, hace falta decirlo? le recurro continuamente a mi celeste Madre!». Transcurren asì ocho dìas. El sábado el 6 de noviembre de 1920, Josefa se despierta convencida de tener perdido la vocación y que todo ya sea inùtil. «Entre tal tormento escribe no pude que repetir esta invocación: ¡Jesùs, Jesùs no dejarme! Asì pasó la meditación, luego la Misa, y me comuniqué, pero no pude que llamar Jesùs en mi ayuda y repetir: ¡creo que Tù estás en mi alma, lo creo, mi Dios! «Su voz de repente me contestó: « Estoy aquì!». «En aquel instante me sentì invadida por una gran paz y lo vi. Le tuvo en jefe la corona de espinas y la frente rayada de sangre. La herida fue abierta y con las manos él me enseñó el Corazón». ¡«Mi Jesùs, como me dejas sola! y por lo tanto tiempo, e intentada». « Cuando te dejo asì frìa dijoes porque tomo tu ardor para calentar otras almas. Cuando me te entrego a la angustia, tu sufrimiento calma la cólera divina. Cuando te parece de no quererme sin embargo me repites tu amor, entonces tù consuelas principalmente mi Corazón. He aquì lo que quiero: qué estás lista a consolar mi Corazón cada vez que necesito ti». «Le contesté que lo que me atormenta de más es el temor de ofenderlo, ya que poco importa el sufrir, y él lo sabe bien». ¡« Vienes, Josefa, no temas de nada, no estás sola! No puedo abandonarte... Más eres pequeña y humilde, más necesitas ser custodiada...». Frente a tales seguros divinos, ella confiesa de nuevo sus debilidades y repite su amor y su abandono... «Lo he suplicado de darme las virtudes de que necesito mucha, sobre todo la humildad. Me interrumpió: « Tengo humildad por tu orgullo». «Soy en fin asì vil, asì débil en los sufrimientos!». « Yo soy la fuerza misma!». «Por fin me he ofrecido sin nada creer por mì». « Tù dices bien, Josefa: nada por ti... ¡tù, todo por Mì y Mì todo por ti! Cuando te dejo sola en la angustia abraza mi Voluntad, abandonados a mi Amor». El dìa siguiente, 7 de noviembre, el Maestro del amor insiste de nuevo, y apareciendo ella durante la meditación repite: « Me dices que me quieres: es lo que más me consuela!». «Le he contestado escribe que no quiero otra cosa si no lo quieras sólo». « Sì, serbia por Mì el corazón que te he dado y en todo no buscar sino el amor. Y cuánto deseo. Mi Corazón ardiente quiere consumir las almas en el fuego de este Amor». Pero en el mismo tiempo Jesùs le hizo conocer las exigencias de aquel amor que tuvo que poco a poco todavìa consumirle en ella lo que quedó en su naturaleza demasiado impulsiva e imperfecta. Las mìnimas faltas le aparecen como verdaderas infidelidades, de que se reprocha y no deja de preguntar perdón. «La tarde del 8 de noviembre (fue de lunes) mientras barrì las escaleras, le dije mi pena por un chasquido de viveza me evitado aquella mañana y de que sentì muy remordimiento. Casi llega al final de las escaleras, de repente lo vi delante de mì. De su mirada entendì que algo quiso: acabé de barrer luego lo seguì al noviciado. Allá me dijo: « No afligirte demasiado por tus faltas, ya que no necesito nada para hacerti de un santa. Pero quiero que tù no resistas nunca a cuánto domándote. Déjame actuar. Desentonados». Parecidas palabras alumbran el camino en que el Dios se complace con introducirla, hecho de humildad y obediencia. Desde el dìa siguiente, martes 9 de noviembre, de nuevo él insiste: « Te hago solamente estas gracias por tu fidelidad y tu obediencia a Mì y la Madre que me representa. Te lo repito, abandonados a mi Amor. Quiero que tù seas vìctima de la divina Justicia y el alivio de mi Amor. Te inmolaré, pero con los dardos del amor. Te haré a prisionera, pero con los lazos de mi Amor. No temas de nada, estás al final de mi Corazón. Abandonados». Esta acción divina continùa durante la prueba, en cuyo Josefa no divisa sino la debilidad propia. Otros pasan diez dìas que la dejan a las tomas con un esfuerzo penoso, largo, oscuro, difìcil a sustentarse contra las tentaciones interiores y externas. «Sin embargo escribe el viernes 19 de noviembre entre muchas luchas me parece de no tenerlo nunca ofendido!». Pero tal duda resurge en la delicada conciencia cuando la tarde misma de aquel dìa, estando en adoración delante del tabernáculo, Jesùs le aparece con el Corazón herido y lacerado por las llagas. «Mi Jesùs, es quizás yo que he herido tu Corazón?... no me dejó acabar: ¡«No, Josefa, no es tù! Y la frialdad de las almas que no corresponden a mi Amor. Si tù supieras mi dolor de querer y de no ser querido!». «Entonces su Corazón se volvió de repente como un incendio». « He aquì lo que tu amor hace mi Corazón, ya que aunque te sientas frìa y credos de no quererme, retienen mi Justicia sobre el punto de castigar las almas. Un acto solo de amor acabado en la soledad en que te dejo arregla las ingratitudes que se cometen contra Mì. Mi Corazón cuenta estos tus actos de amor y los recoge como un bálsamo precioso». Cada angustia de Josefa disparve en la llama que estalló de la herida divina. «Lo he rogado por todas las almas, suplicándolo que muchas lo quieran y conozcan la bondad de su Corazón». «Me complazco que tù estés tan hambrienta de mi Amor y consumida por el deseo de verme querido: solamente éste consuela mi Corazón. Sì, ruega por las almas que te he confiado: echa el ancla algùn sacrificio y luego vendrán». El sábado 20 de noviembre, después de la Comunión como un pobre le apareció para limosnear su amor: «Muchas pequeñas heridas le torturaron el Corazón», ella escribe. «Me dices, Josefa, qué no harìas para consolarme?... Compartes un instante la amargura de mi Corazón!». «Entonces mi alma se encontró como extraviada. Quedó allì. Luego, poco a poco, el Corazón se encendió y las heridas desaparecieron». «Escucha dijo. ¡Quiero que tù me des de las almas! Por tanto no te pregunto otra cosa que amor en cada tu acción. Haces todo por amor, sufres por amor, trabaja por amor y sobre todo abandonados al amor. Cuando te hago oìr la angustia y la soledad, acéptale y sufres en el amor. Quiero valerse como de ti del bastón sobre que una persona cansada se apoya... Quiero poseerte, consumirte completamente, pero todo con gran suavidad, de modo que sufrir un martirio de amor, tù deseas principalmente sufrir». Estas visitas en efecto dejan a Josefa frente a sufrimientos que a veces la desalientan, pero no se cansan la generosidad. «De algùn dìa escribe tengo el alma inmersa en el temor de Dios y fondo el peso de su Justicia... Me parece que no podré salir nunca de este abismo». Sin embargo Jesùs la opina y el domingo 21 de noviembre durante la Misa de repente le aparece: ¡«Vengo a descansarme en ti, ya que soy tan poco querido! ¡Busco amor y no encuentro que ingratitud! Son tan raras las almas que me quieren de veras!». «Le pregunté si no recibiera alguno consuelo de este noviciado. Luego para consolarlo Los offersi el amor de la Virgen, de los san, de todas las almas fieles y también el mìo». «Sì, quiéreme, Josefa, y no te canses de repetirmelo!». De todo corazón ella acepta el mando del Maestro a pesar de la interna oscuridad. «Me esforcé escribe el dìa siguiente de repetirle con todo la alma: Te quiero mi Jesùs!». «Y también yo» me contestó, de repente durante la meditación. «Me apareció sin luz, y un pobre pareció. Yo estuve en silencio, pero como me miró tristemente, osé hablarle y decirle sobre todo mi ardiente deseo de consolarlo». « Sì, hoy tienes que consolarme y, porque te olvidas ni siquiera de Mì un instante, quedaré a tu cadera». «Al fin de la meditación, como los quedó le he dicho: Señor, ahora necesita que vaya a barrer, pero sabes bien que todo lo que hago ùnicamente es por tu amor. Por dos veces todavìa, durante mi trabajo, me preguntó si lo quisiera». « A menudo me lo repites, para suplir al olvido de muchas almas!». Aquel dìa, lunes 22 de noviembre, pasadas todo entera en esta compañìa divina. «él siempre allì Josefa escribe sin sólo separarnos un momento». De vez en cuando Jesùs la interrumpió en su trabajo. Mientras barrió el antiguo claustro del viejo convento de los Feurnants con el ladrillado primitivo: ¿« Por qué haces éste? las pregunta». ¡Semeja complacerse en antelación de la respuesta que ya sabe, pero espera le sea repetida» «Señor, porque te quiero! Ves todos los ladrillos de este pasillo?... igualmente veces te repito que te quiero!». Más tarde, mientras que Josefa va a jardìn a tomar el carbón. ¿« Que haces? le dice. «Procuro, Señor, de probarte mi amor en todas este pequeñas cosas». él retomado. « Muchas almas creen que el amor consiste solamente a decir: ¡Te quiero, mi Dios! No, el amor es suave, actùa porque quiere y hace todo queriendo. ¡Quiero que me quieres asì como en la fatiga en el descanso, en el ruego y en la alegrìa como en la pena y en la humillación, probándome continuamente este amor con las obras, porque éste es amor! Si las almas comprendieran bien toda eso, cuánto progresarìan en perfección y cuanto consolarìan mi Corazón!» Sin embargo el hecho de esta presencia divina preocupa a Josefa, sobre todo cuando se encuentra entre sus hermanas. A veces parécele de ya no poder hacer el caso necesario a lo que hace, frente al Majestad divino que la domina completamente. ¡«Mi Dios! ¿escribe que estoy a punto de volverse? Temo de olvidar cada cosa!... Un poco antes de mediodìa le pregunté de alejarse porque tuve que ir a servir las niñas en refectorio. En cambio, Señor, no te olvidaré el mismo!» Jesùs me contestó. «Vas, le dices a la Madre que estoy contigo y le preguntas lo que hace falta hacer. Vamos junto». Dócil ella debe ser padecida en busca de la Madre Adjunta y le expone su incomodidad. No fue posible liberarla de aquel servicio. Josefa vuelve del buen Maestro y se disculpa de no haber conseguido nada. Y verdadero, Josefa, pero mientras tanto asì has hecho un acto de humildad y obediencia». La tarde transcurrió asì todo. ¿Si en aquel dìa Jesùs se hizo visible a Josefa no lo quiso quizás para reanimar luego en muchas almas la fe en la realidad invisible de su Presencia de gracia, mucho más seguro y auténtica de la otra? En cuánto a Josefa, fue tan simple en su fe que no se paró a tales favores; al revés, ellos temió y tembló por si, siempre temiendo de no poder ocultarlos a quién le estuvo alrededor. ¿«Como irá a acabar todo esto, Señor? ella dice no ves cuanto yo cuesta de estar atenta a otra cosa que a Ti, y pronto se percatarán...». «Sientes, Josefa: si un niño pequeño se encontrara a los pies de una cuesta pesada que subir, y su padre le fuera cercano lo dejarìa caer?». «Estas palabras me infundieron mucha confianza y de nuevo me entregué a la divina Voluntad». La tarde Jesùs que no la ha dejado tampoco sólo un momento completa las lecciones del dìa apareciendo ella durante la adoración en capilla. « Lo que hoy me ha consolado él dice es que tù no me has dejado solo, y aquellos que me gusta en ti es tu pequeñez. Tienes que siempre tenerme asì presente. Y más te ves miserable y pequeña, más puedes estar segura que estoy contento contigo. No olvides que seré tu divino tormento y que tù eres la vìctima de mi Amor. Pero soy tu sostén y hasta que quedarás fiel, no te abandonaré». Luego disparve. Sin embargo Nuestro Dios no las permitió de encerrarse sobre él mismo. La habitual presencia de que fue favorecida, no tuvo otro objetivo en el pensamiento de Dios que para hacer plegable el instrumento, conformándolo con la mano que quiso utilizarlo por la salvación del mundo. Cada vez más ella tuvo que ocuparse de las almas. «El dìa después, escribe el martes 23 de noviembre en el momento mismo en que le pregunté de darles a todas mis hermanas, como a mì, la alegrìa de sentirse a su servicio, vino y me dijo: « También eres feliz cuándo sufres?». «Sì, o Señor, porque es por Ti». « Quieres llevar el peso de otras almas?». «Sì, o Señor, porque te quieran!». « Ahora bien, tù sufrirás porque eres la vìctima de mi Amor, pero en el amor, en la paz, en el regocijo en todo y siempre». En uno de aquellos dìas Jesùs le dijo: « Uniré a tu fidelidad aquel de muchas almas». Y por la primera vez, siempre en consideración de las almas, la hace participar en los dolores de su corona de espinas. «Estuve en el cappellina de S. Estanislao escribe el viernes 26 de noviembre él me preguntó de consolarlo y yo busqué lo que habrìa podido hacer por este». « Te dejaré un momento mi corona, Josefa, y probarás lo que es mi sufrimiento». «En aquel instante sentì a mi jefe como cercado de espinas que os clavaron intensamente». Más veces este tormento se renovó, «tan fuerte ella escribe que casi estuve sobre el punto de quejarse, pero él me dijo: « No quejarte por este sufrimiento ya que nada valdrá a levantarte de ello, tù participas en mi dolor». Ya la corona de espinas entra en la vida de reparación de Josefa. Será por ella el testimonio de su unión a Jesùs Crucifijo, la parte de padecimiento confiada a su amor, a veces una señal de perdón a largo deseado. Habrán tiempos en que la corona no dejará su frente; sufrimiento pero misteriosa, sin huella visible. Podrá medir la intensidad de la extrema palidez del rostro y de la expresión dolorosa de los ojos. Su jefe, algo inclinado hacia adelante, no encontrará descanso ni dìa ni noche, y no se podrá que intentar sustentarla bajo la intensidad de un tal dolor. Asì ella continùa el aprendizaje de la obra redentora a cuyo ha sido elegida. Progresivamente Jesùs le revela la rapidez de su Corazón en la bùsqueda de las ovejitas extraviadas con una bondad que ninguna lentitud desanima y hacia el fin de noviembre le confìa un alma del que ella escribe el domingo 28 de noviembre: «Ayer ha venido en el ropero dónde trabajé, con el Corazón herido y el aspecto de un Ecce Homo». « Hasta que este alma no me vuelve a él dijo vendré a preguntarte al amor que me rechaza». «Lo seguì hasta el dormitorio y lo adoré con gran respeto». « Para que tù comprendas mejor mi dolor, Josefa, hará partìcipe de ello». «Mi alma fue atacada entonces por gran angustia. Jesùs quedó allì. No dijo nada: Lo consolé como pude... cuando me dijo: «Me has descansado porque me has dado amor». «El lunes 29 escribe durante la meditación me dijo: « Te dejaré mi corona de espinas y ofrecerás de ello el dolor por este alma. Si tardara a volver, nosotros uniremos dos nuestro deseo ardiente por su arrepentimiento. Asì mi Corazón será consolado». En el tiempo mismo en que le comunica el ardor con que espera las almas, le deja experimentarle en él mismo la paciencia de su sacratissimo Corazón. Ella conoce la misma debilidad cuando el Maestro se lo entrega a las mismas fuerzas. «No puedo expresar lo que sufro, continùa el 29 de noviembre. Me parece tener el alma lejana de Le y el cuerpo quebrantado y sin ánimo». Le pregunta al Maestro qué quiere hacerella de en aquel estado de impotencia, de desaliento. « Lo que quiero le contesta es que tù vivas tan unido a mi Corazón que nada sea capaz de separarte de ello». E incitando su generosidad: « Quiero descansarme en ti dice. No rechazarme lo que me pertenece!». Yo que siempre tengo mucha miedo de verme faltar el tiempo de trabajar confesa Josefa le dije: pero, Señor, seré con retraso por mi despacho». « No sabes pues que soy el dueño de tu corazón y todo tu ser?». Lo sabe bastante?... se sustrae a aquella invitación y a Jesùs desaparece. Muchas resistencias para continuar en la calle extraordinaria todavìa atraerán nuevos perdones. Por numerosas luchas, poco a poco, aprenderá «la ciencia del abandono». Hasta al final su amor de la vida comùn será naciente de repugnancias y de tentaciones. El divino Maestro parece quiera dejarle este campo de combate para tener la alegrìa de descubrirle cada vez más su incansable misericordia. «No lo he visto... pero no puedo vivir sin él... y de cuando me ha dejado no dejo de preguntarle perdona escribe. Ayer, 3 de diciembre, después de haber acabado de de trabajar, he ido un momento en Coretto delante del Santo Sacramento expuesto: ¡Mi Jesùs! ¡no merezco menciónte, pero me das una prueba de Tu perdón! Estuve allì, sin dir nulo, cuando de repente todas las tentaciones de estos ùltimos dìas desaparecieron y me sentì al jefe apretado por la corona de espinas». Esta señal del perdón divino habrìa sido seguida por uno de aquellos incomparables cambios de bondad y confianza de que ha florecido la vida de Josefa y que soy de por si una revelación del Corazón de Jesùs. «El dìa después, sábado 4 de diciembre, después de la santa Comunión se presentó a un padre que aspectos como su niño: « Vienes, dime tus temores». «Y enseñándome el Corazón: «Si no sabes sufrir, vienes acá!... «Si temes de ser humillada, vienes acá!... «Si tienes miedo, todavìa acercados más a Mì!... «Le he dicho cuántas estas gracias me asusten, ya que no las merezco». «Sé que no las mereces, pero lo que quiero es que tù las recibas». Mucha lastimosa bondad la llena de admiración y de deseo. Querrìa corresponder y siente calurosamente su impotencia y la que ella llama ingratitud. Pero la Virgen está allá para confortarla: «Y venidaescribe el lunes 6 de diciembre, mientras durante la meditación pregunté a Nuestro Señor perdón y amor». ¡« Pare mi me ha dicho no entristecerte asì! ¿Jesùs no sabes lo que es por ti? Y ùtil que tù sufras en silencio, pero sin angustiarte; que tù quieres mucho, pero sin considerar si quieres y sin saber que quieres. Si caes, no te aflijas demasiado. Estamos allì ambos para realzarte y yo no te abandonaré nunca!». «Le expliqué que el mayor mi sufrimiento consiste en el no poder seguir completamente la vida comùn y que tengo miedo de ser observada». « No olvidar que éstas es por las almas. El enemigo pone mucho tesón para hacerte volver atrás porque te ve como en ti un arroyo que, en su curso, arrastrará las almas a Jesùs». «Le he preguntado de bendecirme y de no dejarme sola, ya que sabe cuánto soy débil!». «Usted, te bendice y te quiero!». El dìa siguiente, martes 7 de diciembre, la reaparece: « Si quieres consolar a Jesùs, te diré gusta: ofrecerás todo por las almas, sin ningunos pero ùnicamente por la gloria de su Corazón». dulce Madre Y añade precisando el acto que cumplir: lo que tu interés, «Hasta que no te diré de dejar, recitarás cada dìa nueve Ave Maria con los brazos en cruz. Lo harás humillándote y reconociendo el tuyo nada, pero en el mismo tiempo adorarás la divina voluntad, dejándole a tu Creador llena libertad de contar como contigo querrá. Confìa en su Corazón y en Mì, que te soy Madre». Nuestro Dios, algùn momento después, afirma una vez todavìa el derecho que la Madre Su poco estreno hizo notar y le recuerda a Josefa Sus Dibujos sobre de ella. «Durante el agradecimiento de la Comunión me revistió con la llama de Su Corazón diciéndome: « Deseo que me dejas llena libertad para establecer entre mi Corazón y el tuyo una corriente tal que tù me vivas en Mì, sin vivir más para nada por ti». «Quedó un momento en silencio consumiendo mi alma en el ardor de aquella llama, luego añadió: «Quiero que me ayudas con tu pequeñez y tu miseria a arrancar del enemigo las almas que ése intentan devorar». «Hacia mediodìa me apareció con rostro radiante: « Vienes, descansa y gusta la alegrìa de mi Corazón... Un alma de más me ha vuelto a!». Asì por una sucesión de combates, de oscuridad, de humildes esfuerzos, Nuestro Dios la reanima enseñándolas hasta cuál pica el amor sabe trar ventaja de nuestras luchas. Se acercó la fiesta de la inmaculada Concepción y este dìa no pudo surgir sin que la Virgen lo iluminara de su presencia, desde la aurora. « Mi hija, no temas nunca ni sufrimientos ni sacrificios le dice las calles de Dios son hechas asì. Si quieres uscir victorioso de los asaltos del enemigo, te encomiendo dos cosas: antes de todo desentonados, ya que eres un nada y méritos nada; todo es gracia de tu Dios. En segùn lugar, cuando te encuentras abandonada, circundada por tentaciones, con el alma frìa y sin fuerza para combatir, no omitas nunca el ruego. Ruega con humildad y confianza y es vas padecido a abrir tu corazón a quien que mi Hijo te ha dado aquì abajo para madre. Crees, mi hija, no se engañará nunca asì. Recibes mi bendición. Sabes bien que son tu Madre!». Estos maternos consejos hacen claramente presentir que se acerca la hora de una prueba más fuerte y que ya el demonio está preparando sus baterìas contra las de Dios. Necesita que Josefa se fortalece con la lucha diaria y todavìa es la Virgen que le viene en ayuda. El viernes 10 de diciembre, después de la Comunión, Ella le lleva la corona de espinas, prenda de las predilecciones de Jesùs. « Mira dijo soy Yo que tù el puerto, porque te hayas más suave». «Ella desteja me la bajó sobre el jefe» Josefa escribe que de nuevo le repitió a Maria cuanto temió estas gracias. « Si tù rechazaras, mi hija, se expondrá a perderte. Si las aceptas sufrirás, pero la fuerza no te vendrá nunca menos. Yo no te abandonaré porque soy tu Madre, y ambos te ayudaremos». Desde la mañana del dìa después, 11 de diciembre, Nuestro Dios le pregunta otra prueba de amor. « Hoy le dice en el agradecimiento de la Comunión quiero encarcelarte en mi Corazón». Luego añadió: « Mira el fuego de mi Corazón... sin embargo hay almas tan heladas que esta llama misma no logra calentarle...». «Le he preguntado como ocurre que no se inflamen a contacto de su Corazón». « Porque no se acercan!» contestó. Entonces con aquella solemnidad que talla al final del alma cada de sus palabras, Jesùs revela el secreto de la generosidad total. « El amor no es querido: piensa en eso y no me rechazará más nula!». La noche baja pronto sobre estas horas luminosas y la tarde a misma Josefa siente levantarse en si una nueva oleada de repugnancia y temor frente a tales cosas extraordinarias. Todo le parece un engaño, y este pensamiento toma tal fuerza que su ánimo queda oprimido. «He ido adelante asì de las 11 al 17 de este mes de diciembre escribe después de haber dado algunos particulares alrededor de esta etapa oscura. Viernes hacia tarde fui a Capilla y le dije a Jesùs: ¡Señor! no permitas que te hayas infiel y me pones al final de tu Corazón para que muera sin separarme de Ti». Justo en este instante Jesùs le aparece, con el Corazón abierto y todo ardiente: ¿« Como quieres que te metas más en el fondo, Josefa? Cuándo crees de serme lejana añade justo entonces aùn más te hundo en mi Corazón, para custodiarte con seguridad». Y como si este seguro no bastara a Su Amor, el dìa siguiente, sábado 18 de diciembre, le revela la obra redentora que se ha realizado con el sufrimiento. «Me sirvo de tu miseria para salvar las almas, Josefa. Quiero que tù seas vìctima de este Corazón. No me rechaces nula: consuélame cada vez que necesito de ello y recordados que Yo no he ahorrado nada para probarte mi Amor». Después de tales palabras, otro no faltó a Josefa que a la mano de la Madre celeste para orientarla definitivamente hacia aquella generosidad que nada rechaza y nada ahorra por las almas. « Hija de mi corazón le dijo apareciendo después ella algùn instante te suplico de no rechazar nada a mi Hijo. No solamente tu felicidad pero aquel de muchas almas dependen de tu generosidad. Si fueras fiel y te abandonarás, muchas almas aprovecharán tus sufrimientos. ¡Si supiera lo que vale un alma! te lo repito: eres tù indigna de muchas gracias, es verdadero, pero si Dios quiere valerse tu pequeñez te tienes el derecho a resistir?...». «Le pregunté la bendición: ella me puso la mano sobre la frente y desapareció».

 

LA LISTA A. LAS ALMAS el 19 de diciembre de 1920 el 20 de enero de 1921

Quiero servirme de tus sufrimientos para la salvación de muchas almas (Nuestro Dios a Josefa el 25 de enero de 1921).

De cinco meses Josefa ha vestido al santo vestido y Nuestro Dios ha trabajado sin pose en aquel alma. Para hacerla plegable bajo su acción le ha enseñado el valor redentor de sus luchas y sus sufrimientos y en el mismo tiempo la repercusión de su fidelidad sobre la salvación de las almas. Ya ella caminará en esta doble luz y se incitará más más allá de en los intereses del Corazón divino. El domingo 19 de diciembre, en la mañana, oda ella bien conocida voz del Maestro: « Josefa!». Mira alrededor y no viendo lo continùa en su ocupación: pero llega al final de las escaleras, cerca de la Capilla: «Me sentì atraìda escribe y salli al noviciado: ¡estuvo allá! De su Corazón desatascó un arroyo de agua». « Y la corriente del amor, Josefa, ya que tu martirio será de amor». Ella que otro no ambiciona si no de querer y hacerlo amargas, exclama: ¡«Mi Dios! para ganarte almas no indietreggerò más, sufriré cuánto hace falta, conque no me dejes nunca salir de tu Corazón». « Asì tù me consuelas contestó con ardor y no quiero de ti otra cosa. Si tù eres pobre, Yo soy rico; si tù eres debilidad, Yo soy la fuerza misma. Lo que te pregunto es de no rechazarme nula». «Escucha los latidos de este Corazón: son por las almas que llamo... Yo las espero... las llamaré de nuevo y hasta que no contestarán las esperaré contigo. Sufriremos, pero vendrán, sì, vendrán pronto». Asì la unión se vuelve más estrecha en esta comunidad de sufrimientos. Nuestro Dios no deja pasar mucho tiempo sin repetir Sus deseos y a menudo viene a sorprender a Josefa entre el trabajo. «Fui al dormitorio rehaciendo las camas de las alumnas y repitiéndole mi amor escribe el martes 21 de diciembre cuando de repente ha venido a buscarme». « Vienes, necesito ti». « Quiero que hoy te ofrezcas como vìctima y que todo tu ser sufra para ganarme estas almas. Desentonados y pregunta perdón. Yo estoy contigo». Pues, envolviéndola en el fuego de su Corazón, añade: ¡« Ánimo! Sufrir es el regalo mejor que pueda hacerte, ya que es la calle que he elegido por Mì». Parece que ella les haya comprendido el valor del regalo y puede medir el progreso cumplido por el dìa en que Nuestro Dios le preguntó: «Me quieres?». Ahora puede decirle: «Quieres sufrir?». He aquì lo que le repite el dìa siguiente: « Hoy lo que te busca cuesta y te mortifica y multiplicación por Mì los actos de amor. ¡Si las almas conocieran este secreto, como se transformarìan! Como le morirìan a mismos y cuánto consolarìan mi Corazón!». Con la sucesión de los dìas y las noches Josefa no deja de ofrecerse. «La ùnica cosa que pregunto escribe es la fidelidad y el ánimo, ya que no quiero gozar sobre esta tierra». Jesùs contesta a su ruego: « Incluso yo no te pregunto que una cosa: amor y abandono». Y explicándolas lo que entiende con este deseo: « Quiero que tù seas como una maceta vacìa que Yo pensaré en llenar. Le deja al Creador de encargarse su criatura. En cuánto al amor, no tengas lìmites!». La tarde misma, viernes 24 de diciembre, le recuerda el por qué de este amor «sin medida» sobre el que quiere contar. «Estuve en ropero y oì su voz: « Josefa, mi novia». «No lo vi, pero le dije: Qué quieres Señor?... él no contestó; poco después en Capilla, durante la adoración todavìa me llamó: « Josefa, mi novia». «Señor por qué me llamas a novia mientras no soy que novicia?». ¿« No recuerdas el dìa en cuyo Yo vos elegì tù y me elegiste? Aquel dìa tuve compasión de tu pequeñez, no quise dejarte sola y nos hemos unido para siempre. Por tanto no tendrás otro amor que el de mi Corazón... Yo te preguntaré y te daré lo que me gusta. Tù no me resistas nunca!». «A la Misa de medianoche escribe el sábado 25 de diciembre ya estuve entre la Capilla para ir al sagrado Comedor, cuando vi venir me encuentro a la Virgen. Tuvo entre los brazos a Jesùs Niño bañado de un velo blanco que sacó después de que hube hecho la Comunión: él tuvo un camicina blanco y los manine cruzados sobre el pecho. Luego no lo tengo más visto... Vuelta al mi pone la Virgen se ha de nuevo me acercada a, ligeramente el Niño extendido ha levantado entre sus brazos. él ha abierto los braccine y ha acariciado a su Madre. Luego con el manina derecho semejó buscar la mìa que le entregué: agarró mi dedo y lo apretó con la mano. Un perfume delicioso los circundó los dos. La Virgen me sonrió y me dijo: « Mi hija, besa los pies del que es tu Dios y será tu compañero inseparable si tù no lo rechazas. No temas... acercados, es todo Amor!». «Le besé los prensatelas y él me miró; luego cruzó sobre el pecho los braccine. Entonces la Virgen lo revistió con su velo. Ella me miró y yo le pregunté su bendición: yo la' dio posándome la mano sobre la frente y disparvero. «Esta vez Josefa explica, con el ojo experto de modista la Virgen fue vestida de una tùnica blanca y de un manto rosa muy pálido, y el velo también fue ello roìdo, pero de un tejido más fino. El camicina del Niño fue de un tejido que no conozco, ligero como espuma. Alrededor del pequeño jefe resplandeció una aureola de luz, como incluso alrededor de la cabeza del SS. Virgo». La luz de Navidad se extiende a los dìas siguientes y a Jesùs después de tenerla adjunta a Sus dolores redentores, la hace partìcipe de Sus alegrìas de Salvador. Desde la mañana siguiente le aparece, resplandeciente de belleza, haciendo conocerlas que las almas asì esperadas a largo volvieron a su Corazón. ¡« Ves, mi novia le dice las hemos salvado! Tus sufrimientos han consolado mi Corazón!». Otra prueba de la predilección de aquel Corazón adorable todavìa lo espera. La fecha del 27 de diciembre señalará dos veces la breve vida de Josefa con una huella especial. Se trata de una parentesco de gracias con el apóstol S. Giovanni, el predilecto, de que no tardará a recibir las visitas celestes. La forma de los informes varìa poca. Aquel dìa, lunes el 27 de diciembre de 1920, ella nota el ruego que le dirigió continuamente a Jesùs: «después de la Comunión pregunté el amor!», ruego al que el Dios siempre contesta, también en la oscuridad de la fe. Ella lo sabe. Pero hoy el Maestro del amor se complace con darle de ello la prueba, llenándola de gracias como raramente ha hecho hasta ahora. «Jesùs vino ella escribe con la usual sencillez y me he encontrado como la primera vez, el 5 de junio, en la herida de Su Corazón!... Nada no me ha dicho: ¡sin embargo nunca he tenido el alma tan inundada de felicidad! Luego, todo ha desaparecido!». Y padecido después de añade: «Aquella misma tarde Jesùs me ha dejado sola!». ¿Todavìa hace falta notar este método divino con que Nuestro Dios la separa bruscamente de aquellos mismos gozos sobrenaturales y refinos, que no soy aquì abajo si no un relámpago para alumbrar el escarpado camino que sube hacia las alturas? «El dìa después ella continùa mi alma se ha encontrado asì árida y frìa que tuve que hacer un gran esfuerzo para decir alguna palabra a Nuestro Dios. Me probé sin embargo a multiplicar los actos de amor y confianza, pero pronto no riuscli más a dominar las tentaciones que se sublevaron en mi alma». Ella cuenta humildemente los detalles de esta lucha en que le parece que el ánimo venga menos. En efecto, aunque los asaltos del demonio boten bien poco cuanto al objeto, porque siempre directos contra su vocación, sin embargo asumen una agudeza tal que Josefa es sacudida de ello. «He vivido asì del 27 de diciembre hasta el domingo 9 de enero continùa sufriendo más de lo que pueda decir. Despertándose aquella mañana mi primer pensamiento fue que ya no pudiera sustentar una parecida lucha. Transcurridos la meditación en una agonìa indecible». Sin embargo, a pesar de su derribo, no deja de cercar fuerza en la obediencia que sola puede defenderla y con conmovedora fidelidad se prueba a seguir los consejos que querrìan levantarla y mantenerla fiel. «Le he prometido a Nuestro Dios escribe de hacer hoy muchos actos de humildad para atraer sobre de mì Su Misericordia, y, a la Misa, al momento de la Consagración, he repetido mi acto de oferta con toda la fuerza de mi voluntad. De repente, antes de la elevación de la copa, he visto a Jesùs con el rostro lleno de bondad, el Corazón muy inflamado. Me he postrado para suplicar Su perdón y humillarme a sus pies». « El amor no se cansa nunca de perdonar él dijo». Y con una compasión incomparable continuó: ¡« Pero tù no me has ofendido, Josefa! Como tù dices, los ciegos tropiezan... ¡Ven, acercados a mi Corazón y descansados en él! Si tù pudieras entender cuanto me has consolado en los dìas pasados!... Te tuve asì vecina a mi Corazón, que no habrìas podido caer si no en él!». Y como ella le pregunta porque permite tal oscuridad y muchas tentaciones: ¿« Te parece de no ver nada y de caer en un precipicio contestó pero que necesidad tienes de ver si eres conducida? Tienes que olvidarte, abandonarte, y no opongas resistencia a mis dibujos. Por mérito de los actos de ti acabado durante el sufrimiento bastante de aquellas almas, que verás más tarde, se han acercado a mi Corazón. Estuvieron lejanas... más bien lejanas... ahora están cercanas y pronto me vendrán a». «Le dije que cuando me encuentro tan intentada y sola, lo busco de todas las partes, pero no lo encuentro». « Cuando no me encuentras en ninguna parte cercaMi cerca de tu Madre. Se entregados a, ya que ella te conduce a Mì. Te la he dado por este y sabes que si tù haces lo que te pregunta, tù me gustas como si me obedeciera directamente a. Quiere, sufres, obedeces, asì podré realizar mis dibujos en ti». La tarde misma, con uno de aquellas deliciosas «lecciones simbólicas» cuál Jesùs se complace dar a las almas simples, le renueva las recomendaciones más queridas a su Corazón. Le aparece mientras ella ruega delante del Tabernáculo. «teniendo en la mano derecha escribe una cadenita de brillantes de que cuelgan tres chiavine, doradas y graciosas». « Mira dice uno... dos... tres... soy de oro. ¿Sabes qué representan estas llaves? Cada custodia un tesoro, de que quiero que tù te adueñas. «Lo primero de estos tesoros es un completo abandono a todo lo que te preguntaré directamente o indirectamente, confiándote continuamente a la bondad de mi Corazón que siempre tiene cura de ti. Arreglarás asì los pecados de muchas almas que dudan mi Amor. «El segundo tesoro es una profunda humildad que tendrá que consistir en reconocer que tù eres nada, en el bajarte delante de todas tus hermanas y, cuando te lo diga, en preguntarle a tu Madre que quiera humillarte. Asì arreglarás el orgullo de muchas almas. «El tercero es el tesoro de una gran mortificación en las palabras y en las acciones. Quiero que te mortificas en el cuerpo, tal como la obediencia te permitirá, y que reciba con vivo deseo los sufrimientos que Yo mismo te mandaré. Asì arreglarás el immortificazione de muchas almas y me consolarás de las ofensas que me vienen de muchos pecados de sensualidad y gozos malos. «Por fin, la cadenita de que cuelgan las tres llaves es el amor ardiente y generoso que te ayudará a vivir abandonada e inmolada, humilde y avergonzada». ¡Josefa conservará un imborrable recuerdo de aquellos chiavine simbólicos y más veces Nuestro Dios se complacerá con usar con ella estas simples similitudes, que abundan en el Evangelio y esconden las enseñanzas más profundas! Pero las horas de descanso se hacen cada vez más raras. Jesùs no deja de recordarle a Josefa las almas que las ha confiado. Este gran trabajo debe, en la vida de Josefa, prevalecer sobre todos los otros. « No cansarse nunca de sufrir las repite si supiera cuánto el sufrimiento favorece a las almas!». ¡Y no tarda en efecto a exigir de ella el sufrimiento de los sufrimientos, la que conoce ya y que tan a menudo se repite! De nuevo una violenta tempestad de dudas y tentaciones se subleva en su alma. «No le pregunto escribe de sacarme esta angustia, pero de darme la fuerza!». Entonces las notas se vuelven más largos y pormenorizados casi encontrara un alivio a manifestar su debilidad y sus faltas. Algunos dìas pasan asì. «El lunes 24 de enero escribe he invocado todo el dìa la Virgen porque me liberara. De repente, durante la adoración de la tarde, me he encontrado en una gran paz». La Madre celeste los es, sonriente con materna bondad: « Eccomi, mi hijadice hace falta que tù sufras. Pero el amor y el sufrimiento todo pueden conseguir... No te canses, eres por las almas!». La Virgen desaparece, pero la visita ha sido una aurora sobre que no tarda a quitarse la figura luminosa de Jesùs: él destejo se reserva de llevarle a Josefa el seguro que nada es cambiado entre ella y el divino Maestro. «Ha venido al principio de la Misa escribe el martes 25 de enero. Le he preguntado si le hubiera herido el Corazón. él sabe que eso me aflige más que cada otra cosa». « No contesta con bondad escucha esta palabra: El oro se purifica en el fuego, y asì tu alma se purificará en el apuro, y el tiempo de la tentación vos favorece muy a y a las almas». Animada por mucha compasión, Josefa le confìa al Maestro su más gran ansiedad, el tormento más doloroso de aquellos dìas de pruebas: «El temor ella dice que parecidas luchas acaben de con el poner en peligro mi vocación!». « Quién pues podrá dudar tu vocación, Josefa, si has podido resistir a tales apuros?...». Y previniendo la pregunta que lee en su alma: « Le permito por dos fines dice antes de todo para convencerte que solo no eres capaz de nada y que mis gracias sólo tienen origen en mi bondad y en mi gran Amor por ti. «En segùn lugar porque quiero servirme de tus sufrimientos para la salvación de muchas almas». Luego afirma de nuevo: « Tù sufrirás para ganar almas porque eres la vìctima elegida por mi Corazón, pero nada te dañará, porque no lo permitiré nunca...». A tal promesa Josefa contesta con la oferta de todo él mismo. El dìa siguiente, miércoles 26 de enero, Jesùs todavìa insiste sobre la necesidad del sufrimiento. «Durante la adoración vino escribe. No me dijo nada, pero me hizo escuchar los latidos de su Corazón. Le pregunté de mantenerme fiel, de enseñarme a quererlo, y de no permitir que yo afligiera su Corazón. Me pareció que él se alegrara a este ruego y me dijo: « El alma amante desea sufrir. El sufrimiento aumenta el amor. El amor y el sufrimiento atan estrechamente el alma a Dios y la hacen una sola cosa con él». Y como ella le repite la misma debilidad: « No temer para nada: Yo soy la misma fuerza. Cuando el peso de la cruz te parece superar tus fuerzas, pides ayuda a mi Corazón». Luego recuérdalas dónde buscar su Corazón: ¿«No sabes quizás dónde estoy, Josefa, y con toda seguridad? ¡Dejados conducir! Tengo los ojos fijos sobre de ti, tù fijas los tuyos sobre de Mì y abandonados».

 

VIDA FéRVIDA es ESCONDIDA 27 de eneroel 21 de febrero de 1921

Dime: ¿qué tienes que ofrecerme por las almas? (N. Dios a Josefa el 20 de febrero de 1921).

El Cuaresma se acerca y los dìas de los Quarantore llaman la comunidad de los Feuillants a una duplicación de amor y reparación. Fue el horizonte que se abrió cada vez más delante del alma de Josefa. Hasta aquel momento Jesùs no dejó de repetirle: «Eres la vìctima de mi Corazón». Ahora está a punto de probarselo. El primer viernes del mes, 4 de febrero, aniversario de la suya les entrada a los Feuillants, Jesùs le aparece y enseñándole el Corazón inflamado: «Todos los viernes dice, y sobre todo el primer viernes del mes, te haré partìcipe de la amargura de mi Corazón y sufrirás de manera especial los tormentos de mi pasión». Luego añade: «En estos dìas en que el infierno se abre para arrollar muchas almas, quiero que te ofrezcas a mi Padre como a vìctima, para salvar de ello el más gran nùmero posible». Después de haber quedado algùn instante en silencio, desaparece. El domingo de los quaratore, 6 de febrero, él renueva aquella misma invitación. Desde la mañana Josefa se ha ofrecido para arreglar las ofensas de los pecadores. Hacia las tres de la tarde, mientras se encuentra en Capilla, Jesùs la alcanza: «Hizo compasión escribe; el rostro, los brazos, el pecho fueron cubiertos de contusiones y de polvo y el jefe chorreó sangre, mientras que el Corazón resplandeció de luz y de belleza!». « Soy reducido asì por la falta de amor, él dice, y del desprecio de los hombres que corren como locos hacia la perdición». «Por qué pues, Señor, a pesar de los pecados del mundo tu Corazón es hoy asì bonito y ardiente?». él contestó: « Mi Corazón no es herido si no de las almas consagradas!». Esta palabra golpea intensamente Josefa y le descubre el dolor más intenso que Jesùs a menudo las preguntará de compartir con él, para consolarlo. Pero en aquellos dìas, ella tiene que arreglar delante de la justicia de Dios las culpas del mundo ligero e insensato. Por tanto transcurre delante de la Santa exposición todos los instantes libres y tiene el pensamiento constantemente fijo a las muchas ofensas que se cometen contra el Majestad divino. Jesùs, que el cargo de este peso, viene pero también a reanimar su ánimo y le aparece por la tarde el martes 8 de febrero a las ocho en Capilla, en acto de quien es oprimido por un pesado fardo. « Los pecados que se cometen, dice, son muchos y asì graves que la cólera divina desbordarìa si no fuera retenida de la reparación y del amor de mis almas selectas. ¡Cuántas almas se pierden! Pero un alma fiel puede arreglar y conseguir misericordia por muchas almas ingratas». Asì la reconduce al pensamiento de la misión redentora a cuyo la ha llamado fino de sus primeras visitas. Pero otro dibujo divino se revela poco a poco, y el 9 de febrero, miércoles de las cenizas, ella recibe de ello la primera seña reveladora. Aquella mañana, por la primera vez, Jesùs le confìa sus planes: « Mi amor por las almas y especialmente por la tuya es tan grande dice, que ya no puedo contener las llamas de mi ardiente caridad. A pesar de tu indignidad y tu miseria, me serviré de ti para efectuar mis dibujos». Esta invitación irá determinándose un poco a la vez, y hará entreverle a Josefa la entidad del regalo y el abandono con que tendrá que corresponder. Pero ya desde hoy el Maestro quiere que ella consienta y que una señal tangible sella su consentimiento. ¿« Quieres darme tu corazón? pregùntale». «Usted, o Señor, y más que mi corazón...». «Jesùs me lo arrancó, escribe, las tomas y lo acercó al Suyo... ¡Como fue pequeño junto a aquel Corazón! Luego yo las rendiciones, ardiente como una llama. De aquel momento me siento en mì un intenso fuego y necesita que te esfuerzas mucho para contenerme para que nadie se dé cuenta de nada...». Josefa se propone de tener oculto esta gracia insigne, contada con mucha sencillez. Pero Jesùs no quiere secretos y el jueves 10 de febrero, le aparece diciéndolas: « Sientes a Josefa, quiero que tù no escondas nada a tu Madre: ella tiene razón: tienes que escribir». Dos dìas después, 12 de febrero, Jesùs revela de nuevo la importancia que da a esta absoluta dependencia. « Siempre dices todo a tu Madre» insiste. Puesto que ella también teme la mìnima sombra de complacencia oculta a hablar de estas cosas, él la interrumpe con fuerza: « Tu silencio serìa orgullo: en cambio tu sencillez y tu confianza son humildad. Sabes pues que si Yo me preguntara a una cosa y la Madre otra, preferirìa que tù le obedecieras a antes que a Mì». A este fecha, sábado 12 de febrero, encontramos escrito de su mano, en un ancho paréntesis, la ingenua explicación de su actitud en cada visita de Nuestro Dios. «Para obedecer, mi Madre, las escribirá lo que pruebo cada vez que Jesùs viene. Antes de todo siento una gran necesidad de humillarme y siempre empiezo con el preguntarle perdona de todos mis pecados, ya que veo el alma mi llena de culpas, y si no fuera por un movimiento irresistible que me empuja verso de él; no me atreverìa avvicinannii ni hablarle cuando me encuentro a Su divina Presencia. Pero un alguno no sé que me atrae... mi alma se reposa... Más me humillo y más creo que él se complace. A veces no puedo decirle nula, sintiendo me destruida en la adoración. A veces me encuentro en un arroyo de consuelos, también cuando me hace sufrir con él. Me parece que mi corazón se dilata y se hunde en Dios. Otras veces pruebo como si, dentro de mì, ardiera un fuego divorante: Jesùs me quema en el fuego de su Corazón. ¡En el mismo tiempo me hace conocer a tal señal mi pequeñez, que no llego a entender cómo un Dios pueda quererme en esta manera! Eso siempre aumenta de más mi deseo de quererlo y de ganarle muchas almas. él me infunde un tal horror de mì mismo que no sé que harìa para desarraigar mis malas inclinaciones y arreglar mis pecados y mis ingratitudes. Mi alma es arrancada como de fuerza por esta tierra y después, cuánto yo cuesta aquì abajo ocuparme de las cosas de!... ¡Si supiera que pena es por mì de todavìa encontrarme en mi pobre cuerpo! ya que a menudo, cuando estoy con Jesùs, creo de ser allì para siempre». Sucesivamente y siempre por obediencia ella explica como él èabituata a hacer todo con Nuestro Dios y a confiarle todo. «A mediodìa escribe, del lunes 14 de febrero servì como siempre en refectorio. Vino a faltar el primer alcance y fui a cocina para tomar de ello: ¡pero no nosotros n'era más! No supe qué hacer, y como tengo la costumbre de decirle todo, exclamé: ¡«Mi Jesùs! No nos es más nada que comer!». «Saliendo una segunda vez del refectorio, lo vi de repente que estuvo delante de la fuente, cerca de la cocina, con los brazos extendidos, y me dijo sonriendo: Y mi culpa, Josefa, si no nos es más nada?». Disparve padecido y no sé cómo pudiera seguir sirviendo a mesa. ¡Fue tan bueno, asì bonito, que se habrìa dicho el cielo mismo! «De este modo le cuento todo lo que me ocurre. Si, barriendo, dejo caer algo, enseguida digo: "O Jesùs, se ha despertado con este ruido"!. Si pierdo un objeto, le pregunto: "Señor, dónde he dejado él?... vamos a buscarlo junto." Si me siento cansada, yo lo confìo a él. Si estoy con retraso en mi trabajo (cosa que a menudo me ocurre por las carreras que tengo que hacer en busca de lo que he olvidado) le digo: "Pronto, Señor, tenemos que acelerarnos hoy este, porque ya es tarde y hay mucho que hacer"!. Sobre todo el sábado, con los paquetes de ropa y los zapatos de distribuir en los dormitorios de las alumnas. Entonces, le cuento todos mis pequeños dolores. No lo veo a menudo, pero le hablo igualmente, seguro que está allì conmigo. A las veces le digo todo lo que me da por la cabeza, y de vez en cuando me pregunto si no sea una falta de respeto; pero creo de no, porque mi alma se siente asì feliz, y entonces recomenzo mis discorsetti. «A menudo invoco también a la Virgen, especialmente cuando me siento para coser: "Vienes, mi Madre, con nosotros dos. Jesùs está aquì, y nos tienes que también estar Tù." Asì transcurren mis dìas: le he contado todo, mi Madre, mejor que he podido». Estos ìntimos hablas, asì espontáneo, no le impidieron a Josefa de conducir con las hermanas de hábito una vida completamente simple y laboriosa. Después del postulado que pasó como ayudante en cocina, ella dio toda su actividad al ropero de las alumnas. Allá se dedicó de mañana a tarde al trabajo, ordenada de modo muy primitivo, ya que apenas se salió de la guerra y los locales del convento de los Feuillants que fueron ocupados por un hospital militar, solamente en parte pudieron ser repuestos en orden. Bastantes otras ocupaciones llenaron los dìas de Josefa, sin que nada filtrara fuera intervención de Dios en su vida verdadera, oculta bajo el regalo y el olvido de si. Seguimos pues siguiéndola en la oscuridad de la vida comùn y el trabajo cotidiano. No podemos callar un pequeño episodio que se refiere en aquel tiempo y que tiene su valor. Josefa lo cuenta asì: «Estuve delante del Tabernáculo rogando para la mamá y mi hermana. Me sentì triste a ellos concierno y habrìa querido poderle consular; pensé en lo que habrìa hecho si hubiera estado con ellos, y en aquel entonces no conté bastante con Jesùs. De repente él me apareció con el Corazón todo inflamado y con voz grave y llena de majestad, me dijo: " Solo, que podrìas hacer por ellos"?. «Y enseñándome el Corazón: " Obsesión aquì tu mirada"!. «Y disparve». El domingo 20 de febrero, segundo cuaresmal, ella escribe: ¡«Durante la santa Misa, después de la Consagración, Jesùs ha venido, guapìsimo! ¡hermosisimo! superlativo intraducible que ella a menudo emplea para describir aquella belleza que la secuestra. Dime, Josefa, qué tienes que ofrecerme por las almas que te he confiado. Pones todo en la llaga de mi Corazón, para dar a tu oferta un valor infinito." «Le he dicho de tomar todo, ya que aquéllas que tengo es por las almas». « Me lo dices en los detalles». «Entonces le tengo todo enumerado: la hora santa, mis pequeñas penitencias y mortificaciones, el sufrimiento de la corona de espinas, mis respiraciones, mi trabajo, mis temores, mi debilidad y miseria, todo lo que hago y que pienso... Todo es por Tu amor y por las almas, Señor, pero es bien poca cosa!... «A la Misa de las nueve ha reaparecido con el Corazón inflamado. " Mira, dijo, estas almas... ahora están justo al final de mi Corazón"». El dìa siguiente, 21 de febrero, después de la Comunión Jesùs los se mostró y, mirándola, con infinita bondad, ella escribe, le repitió Sus exigencias: « Te quiero asì olvidadiza de ti y abandonada a mi Voluntad, que no dejaré pasar la mìnima imperfección sin advertirte de ello. Tienes que siempre tener presente de una parte el tuyo nada y de la otra mi Misericordia. No olvides que del tuyo nada desatascarán Mis tesoros». En la mañana del lunes, mientras ella en el dormitorio de las educandas puso en orden los uniformes de la fiesta, Nuestro Dios le apareció con las manos atadas y la corona de espinas sobre el jefe ensangrentado. « Me quieres?», las pregunta con ardor. «No sé lo que he contestado... mil cosas... él sabe que lo quiero!..». « Quiero que tu sed aumentas, que tù yo salvas muchas almas, y que este deseo se consume!...».

 

Los DIBUJOS DEL AMOR 22 de febrero el 26 de marzo de 1921

¡El mundo ignora la misericordia de mi Corazón! Quiero servirme de ti para hacerla conocer. (N. Dios a Josefa el 24 de febrero de 1921).

La hora le es tocada en cuyo Josefa udrà por la segunda vez una invitación solemne. El jueves 24 de febrero ella cuenta la aparición del Maestro durante la adoración de la tarde. Ya le expresó el deseo que cada viernes fuera por ella un dìa de oferta con especial unión a su Corazón. Ahora viene para recordarselo. « Mañana tù ofrecerás a mi Padre todas tus acciones unidas a la Sangre que he esparcido en mi Pasión. Procurarás no perder sólo uno instante la divina Presencia y de alegrarte por cuánto te será posible de todo lo que tendrás que sufrir. No dejes nunca de pensar en las almas, a los pecadores. Sì, tengo sed de almas!». «Me ofrecì para consolarlo y darle almas... ¡Señor! no olvides pero que la mìa es la más ingrata y el más miserable de todo!...». « Lo sé, pero yo la trabajaré!». «Y partió. Yo yo offersi una vez más a él por todo lo que quisiera hacermì de, e incluidos que me tomó en palabra: ¡O mi Jesùs! sé bien que tendrás piedad de mì y me darás fuerza... «La tarde, a la hora santa, pensé en los pecadores que estoy en nùmero tan grande... Pero Su Misericordia aùn más es grande... De repente ha venido y, con voz solemne como aquel de un rey, me ha dicho: ¡« El mundo ignora la misericordia de mi Corazón! Quiero servirme de ti para hacerla conocer!» Cogida por temor a Josefa exclama: «Pero, Señor, olvidas pues que soy mucha debilidad y que caigo al mìnimo obstáculo?...» Como si lo hubiera oìdo ni siquiera, continuó Jesùs solemnemente: « Te quiero apostola de mi Bondad y mi Misericordia. Te enseñaré lo que éste significa: tù olvidado!». «Lo supliqué escribe, de tener compasión de mì y de dejarme sin estas gracias de predilección a que no sé corresponder, y de elegir otras almas más generosas de mì». Jesùs contestó solamente: «Olvidas quizás, Josefa, que soy tu Dios?». Sin embargo su Corazón no es ofendido. Sabe demasiado bien que ella le pertenece en el más profundidad del alma y que los mismos temores son una prueba de la humilde desconfianza de si, asì querida a Su Amor. Ya desde el dìa siguiente, viernes 25 de febrero, duante la Misa, él vuelve lleno de bondad. «Me ha mirado escribe, y lo he suplicado de dejarme como a todas mis hermanas de hábito, sin cosas extraordinarias, ya que asì no puedo vivir!». « Si tù no lo puedes, Josefa, Yo lo puedo!». «Pero yo no lo quiero tìmidamente ella continùa; querrìa ser como las otras!». « Y Yo lo quiero: no te basta eso?». Luego añade con fuerza: ¿« Dónde está tu amor? «Quiere y no temas nada. ¡Yo quiero lo que tù no quieres, y puedo lo que tù no podrás! A ti no toca elegir, pero abandonarte!». Cuánto luchas esta sumisión a los dibujos del amor costará al alma de Josefa!... Dios las permite, sin duda, para certificar con más evidente certeza la autenticidad de su acción y eliminar, a los ojos de todo, lo que habrìa podido suscitar la duda, o también solo prestar motivo de equivocación. Usted puede decir con verdad que Josefa no dejará nunca de temer esta misión y los tres años que seguirán serán señalados continuamente por las alternativas dolorosas entre un abandono que ella quiere y los temores que resurgen siempre. Algùn dìa después de la fecha memorable del 25 de febrero de 1921, nota con confusión que no tiene el ánimo de decir lo que Jesùs le manda de transmitir. «Entonces ella añade, él ha desaparecido». Usted puede imaginar fácilmente el dolor de Josefa, después de una tal salida. Se se esforzó, allì por allì, de disimular, pero el demonio explotó su silencio convenciéndola que ya todo fue inùtil y perdido para ella. La palabra «martirio» que usa no semeja demasiado fuerte para enseñar la potencia diabólica al que Dios deja mucha libertad en aquellas horas de tinieblas. ¡«Ay, mi Madre, que martirio! ella escribe después algùn dìa: no pude de ello más... no sé qué habrìa sido capaz de hacer si la fe no me hubiera sustentado». Y continùa dándose detenidamente cuenta de aquella lucha humillante: «La tarde del 3 de marzo estuve a punto de venir de ella para preguntarle el perdón, que supliqué ya de Jesùs, y empecé enseguida a ver las cosas de modo diferente... Sé bien que él siempre es dispuesto a perdonarme porque conozco Su Corazón!... «Durante la hora santa (fue el jueves de la tercera semana cuaresmal), me tiré a Sus pies y no sé lo que le dije... Pero me sentì levantada, aunque mi alma quedara frìa como una piedra». El dìa siguiente, primeros viernes, 4 de marzo, mientras la paz y la luz volvieron en aquel alma, el demonio intenta un esfuerzo que querrìa definitivo. Josefa se encuentra en jardìn a coger alguna flor por el cappellina de que es sacrestana, cuando de repente se siente chocada con violencia y cae sobre de una cristalera que se parte bajo de ella. La sangre desatasca del brazo derecho intensamente herido. Las curas inmediatas paran poco a poco la hemorragia, pero el brazo queda estadizo por varios dìas. Durante este tiempo, fiel a la obediencia, ella dicta las notas que no puede escribir de su mano. Os lee, en fecha del miércoles 9 de marzo (cuarta semana cuaresmal): «Durante la adoración ha venido la Virgen mucho buena y lastimosa: tuvo los brazos abiertos como una madre. Le he preguntado perdón y le he dicho mi deseo de saber si todavìa podré consolar a Jesùs y ganarle de las almas». Su pensamiento dominante siempre es éste: «Ya que ella añade, conociendo Su Corazón no puedo dudar Su perdón!». « Sì, mi hija, tù eres perdonado, la Madre celeste contesta. Pero la rabia infernal se prepara nuevos acechos... Pero, ánimo, no sucumbirá...». «Me dio su bendición y disparve». Esta materna visita se repite después dos dìas, el viernes 11 de marzo: ¡«Estaba repitiéndole a la Virgen cuanta querrìa que Jesùs olvidara todo, cuando, a la improvisación, ha venido y asì buena! Tuvo las manos cruzadas sobre el pecho. Me he arrodillado y me ha dicho: « Sì, mi hija, Jesùs te quiere como antes, y quiere que tù le des de las almas». Luego, aludiendo al brazo enfermo: « Si el demonio hubiera podido matarte lo hubiera hecho, pero no tuvo de ello el poder!». El propio Jesùs no tarda a enseñarle a la hijuela predilecta que Su Amor y su predilección quedan inalteradas. La gran quincena de la pasión y la semana santa se abre oportuna para dar ocasión a Josefa de arreglar y participar en los sufrimientos redentores del divino Maestro. «El 14 de marzo, lunes de pasión, después de la Comunión, él ha venido, escribe. Su mirada penetrante y lastimosa me hizo mucha impresión. « Ya no puedo resistir a tu miseria» me dijo. «Luego, después de un instante de silencio, añadió: « No olvidar que tu pequeñez y el tuyo nada son el imán que atrae mi mirada hacia de ti». «La tarde misma me encontré en Capilla, siempre bajo la impresión recibida por la mirada de Jesùs». Por la primera vez Josefa revela expresamente la fuerza de la mirada divina. «No me miró nunca asì ella continùa, Creo que aquellos ojos en un santiamén me han hecho ver todo aquel ch'Egli ha obrado en yo y lo que yo he hecho por él... correspondiendo, ay de mì, con mil ingratitudes a Su Amor!... Pero aquella mirada además me dijo que eso no importa, si soy decidida a esgerGli fiel, porque él siempre está listo a probarme Su Amor y a concederme nuevas gracias. Todo ésta estuvo presente a mi mente y no dejé de preguntarle perdona, repitiendo mi deseo de no hacer resistencia más a Su Bondad. «De repente ha reaparecido: « Mira, Josefa. Yo siempre estoy intercediendo por las almas y perdonándoles». «Me miró en silencio como por la mañana, pero cuantas cosas dijo callando!... También yo callé. Después de un instante añadió: « Sayas tù de veras lo que he hecho por ti?». «Entonces vi de nuevo todas Sus Gracias y todas mis ingratitudes. De la profundidad de mi el alma le dije que estuve resuelta a cumplir no sólo lo que me habrìa preguntado, pero todo lo que supiera poderle gustar. Mientras hablé, Su Corazón cambió completamente, se dilató, irrumpieron llamas de su herida, y Su Rostro se puso resplandeciente. Luego dijo: « Durante estos dìas te haré saborear la amargura de mi Pasión y sufrirás de alguna manera los ultrajes recibidos por mi Corazón. Me unida a, te ofrecerás a mi Padre para conseguir el perdón a muchas almas». «Todavìa me miró como si quisiera infundirme confianza y desapareció». Después de sus faltas, Josefa no deja un instante de suplicar el perdón de Jesùs: es una necesidad del alma, es la tendencia de su corazón delicado: el Corazón de Jesùs no resiste nunca a aquellas sùplicas. «El 15 de marzo, fiesta de las cinco llagas y martes de Pasión, después de la Comunión todavìa le pregunté perdón escribe. Como un relámpago pasó delante de mì, parándose un instante, y me dijo solamente: « El amor todo borra!». Esta lección se talla cada vez más en su alma, ella vive, mientras que está ocupada al trabajo. Aquella misma mañana se encontró en desván y: «Preparé asì escribe, la ropa de lavar; y como no deseo qué arreglar, preguntó con mucha sencillez a Nuestro Dios de ganarle muchas almas cuanto fueron los pañuelos que contar. He ofrecido a este objetivo todo mi dìa, uniendo mis sufrimientos a Su Corazón y a Sus méritos». Hacia tarde, precediendo de algùn instante la hora de la adoración general, ella entra a Capilla donde fue expuesto lo Santo. Nuestro Dios le aparece: « Si te ocupas de mi gloria, dice, Yo me ocuparé de ti. Haré firme en ti mi reino de paz y nada podrá turbarte más. Te estableceré en ti mi reino de amor y nadie podrá secuestrarte tu alegrìa». «Me se acercó a, la herida se abrió. Vi una fila de almas postradas en adoración, y me hizo comprender que fueron las que yo le pregunté aquella misma mañana». El jueves de Pasión, 17 de marzo, recurre el vigésimo aniversario de su retirada de Primera Comunión, fecha que no pasa nunca inobservada por el alma de Josefa. «Veinte años escribe, que Jesùs me tiene elección por él: nunca he sido tan indigna de Su Amor!». Entonces se humilla pensando en muchas gracias a que le parece si empre tener demasiado algo correspondido, y añade: «Estaba decidiéndome a cambiar completamente y, mientras que tomé esta resolución. él me ha aparecido con los brazos abiertos. Con voz cariñosa me ha dicho: Sì, Josefa, te ha llamado en aquel dìa y luego no te tengo más abandonada. Te he custodiado sin nunca separarme de ti. Cuántas veces habrìas caìdo si no te hubiera sustentado!... Hoy te lo repito una vez de más: Quiero que tù seas toda mìa... qué tù me seas fiel y corresponda a mi Amor. En cambio Yo me consagro como a me caso y te quiero como a la novia privilegiada de mi Corazón. Yo haré todo el trabajo: a ti no queda que querer y abandonarte. Poco me importan el tuyo nada y tus mismas caìdas: mi Sangre borra toda. Te bastas saber que te quiero: tù abandonado!». Pero siempre esta predilección divina reconduce Josefa al pensamiento de las almas. El martes santo, 22 de marzo, después del Comùnione, Jesùs le aparece con los brazos abiertos. Llena de atrevimiento por la que llama «la inmensa bondad del Maestro»: «Querrìa preguntarte muchas cosas, Señor!» le dice. ¿« No sabes pues, Josefa, está lo que escrito en mi santo Evangelio? Preguntáis y recibiréis!». «Lo evité de tener compasión de todo el mundo, y de incendiarlo con el fuego de Su Corazón divino...». « Ay, si se conociera mi Corazón!... Los hombres ignoran Su Misericordia y Su Bondad: he aquì el mayor dolor!». «Entonces lo supliqué de inflamar las almas del celo por su gloria, de multiplicar a sus sacerdotes, de suscitar muchas vocaciones religiosas. Luego me paré, pero, incluso callando, todavìa le hablé. Cuánto cosas él me dijo con la mirada. ¡Y sobre todo cuanta confianza me infundió! Por fin me enseñó las manos y me hizo besar las llagas. Luego disparve». ¿Rayas como este no bastan quizás solo a demostrar hasta cuál pica el celo ardiente del Corazón de Jesùs ya consume aquel de Josefa? Las almas ya se han vuelto el gran horizonte de su vida y ellas siempre se ocupa en sus encuentros con Jesùs. Durante la meditación, el miércoles santo, 23 de marzo, mientras que ella le pregunta qué entienda por «salvar las almas». «él me ha aparecido escribe, y después de me haber mirado con gran amor, contestó: « Escucha, Josefa: hay almas cristianas, y también piadosas, que un simple ataque del corazón basta a ral ralentizar en el camino de la perfección. Pero si otra alma ofrece por ellos las mismas acciones, unidas a Mis méritos infinitos, puede conseguir que salgan de aquel estado y retomen su carrera en la calle del bien. «Muchas almas viven en la indiferencia, y también en el pecado. También las ayudáis en la misma manera podrán regresar en gracia y salvarse un dìa. «Hay en fin otros de ello, y muy numerosas, obstinadas en el mal y ciegas en el error. Serìan condenadas si las sùplicas de algunos alma fiel no consiguieran sino la gracia tocas por fin su corazón. Pero siendo extremadamente débiles, correrìan el riesgo de nuevas caìdas: aquellos le tomo sin retrasos en la eternidad, y asì ellas salvo!». «Le pregunté como podrìa hacer para salvar de ello mucho». « Unes todas las tuyas accionas a las mìas, sea en el trabajo que en el descanso. Unes a mi Corazón los latidos del tuyo y tus respiraciones mismas. Cuánto almas podrás ganar asì!». Los ùltimos dìas cuaresmales el associeranno más ìntimamente a los sufrimientos del Calvario. Por la primera vez ella sigue paso paso el Maestro a lo largo de la pasión y el dìa del viernes santo, 25 de marzo, la transcurre continuamente a su dolorosa Presencia. «Después de haber acabado de de barrer escribe, soy subida a hacer un visitina a la Virgencita del noviciado. Apenas entrada, Jesùs ha venido con las manos atadas y el jefe coronados de espinas, el rostro sangrante y contuso. Me ha mirado solamente con gran tristeza, luego ha desaparecido». «Hacia las tres de la tarde todavìa lo volvì a ver escribe, y me enseñó la llaga del costado, diciéndome: « Lo que mira ha hecho el amor». «La herida se abrió y él continuó: « Usted es abierta para los hombres, por ti!... Vienes... acercados... y entra!». La Madre triste confirma las gracias de este dìa con una de aquellas palabras que revelan su corazón. Hacia la cinco Josefa se encuentra en el oratorio del noviciado: «Allá, en silencio, a los pies de la Virgen, revivì con el pensamiento a lo que vi e incluido. De repente ha venido: tuvo un vestido de color violeta oscuro como el velo, y tuvo entre las manos la corona de espinas ensangrentada. Me la enseñó diciéndome: « Sobre el Calvario, Jesùs me ha dado para hijos todos los hombres: ¡ven, ya que eres mi hija! Y tù, no sabes ya cuanto yo te hayas Madre?» «le pedì el permiso de besar la corona, y mientras me la entregó y se apoderó del hombro, me dijo: ¡« Ay! cuál lo recuerdo me ha dejado de si dándome las almas...». El alba del sábado santo, el 26 de marzo de 1921, señala el cumplimiento de este perìodo con uno de aquellos favores celestes que le dejan en Josefa una huella imborrable. « Sayas con cuál promuevo te doy mis gracias con mucha abundancia?» le pregunta a Nuestro Dios, apareciendo ella en la meditación con las llagas resplandecientes de luz. Y repite lo que un tiempo dijo, casi con las mismases palabras, a Santa Margherita Maria: « Quiero hacer tu corazón un altar, sobre el que arda continuamente el fuego de mi Amor. Pero quiero que ello sea puro y que nada lo toca de lo que podrìa mancharlo» «él me dejó Josefa escribe, y descendidos en Capilla para asistir a la Misa. Después de la Comunión gusté las alegrìas del paraìso!... Mì vi dentro de, sobre un trono resplandeciente, tres personas biancovestite. ¡Todo y tres parecidos y guapìsimas! Mi alma ardió de un fuego que, sin quemar, me consumió de felicidad. Luego todo desapareció». Esta gracia, completamente interior, se repetirá el 5 de abril siguiente. Delante de las tres Personas Josefa es invadida por una paz indecible. Intenta explicar algo de lo que le ha ocurrido asì en ella con una sencillez ignorante de la importancia de un insigne favor. «Generalmente escribe, la divina Presencia me envuelve todo, y también cuando dentro de en el Corazón de Jesùs, me encuentro le hundida en él. Pero estas dos ùltimas veces, en el momento de la Comunión, ha ocurrido como una gran fiesta que se ha celebrado en mi alma. Jesùs me entró como en mì en el propio edificio. No sé cómo explicarme... y como fui decidida firmemente a entregarseme completamente a él porque mì hiciera de segùn Su deseo, fue de veras una fiesta de cielo!». Después de tales contactos con el huésped divino, se comprende cuál violencia Josefa tuvo que hacerse para volver al trabajo habitual. Este esfuerzo a menudo fue la ocasión propicia al enemigo para desdoblarle sus acechos.

 

LA OPOSICIÓN DE SATANÁS 27 de marzo el 31 de mayo de 1921

El demonio se afanará con tesón para hacerte caer, pero mi gracia es más fuerte que cada malicia infernal. (N. Dios a Josefa el 6 de abril de 1921).

Los meses que siguieron el Cuaresma del 1921 fueron contraseñados, en efecto, de un recrudecimiento de los esfuerzos diabólicos. Sin embargo, en un primer momento, nada extraordinario manifiesta la presencia del enemigo. La tentación violenta explota hábilmente los atractivos y las repugnancias de Josefa delante de la calle en que el Maestro la empuja paso paso. La fidelidad de este Maestro incomparable y la potencia de la Madre celeste siguen a interviniendo para custodiarla, perdonarla, reponerla sobre el recto camino, ya que más veces sucumbe a la misma debilidad. Pero mientras tanto ella profundiza esta gran lección para transmitirla un dìa: el amor tiene el secreto de también servirse nuestras faltas para el bien de las almas. Mientras el dìa de Pascua, 27 de marzo, se ha quitado radiante, ella escribe: «Esta mañana durante la meditación me he un algo se quejada con Jesùs, ya que si me tiene asì absorta en él, como puedo hacer a aplicarme al trabajo?... ¡y hay mucho que hacer! Ya no serìa a mi sitio si me encontrara en otro lugar?» Tiene en cuanto el tiempo de acabar su quejido que Jesùs le aparece con una sombra de tristeza sobre el rostro: « Por qué te quejas, Josefa, mientras que te he atraìdo a esta porción preferida por mi Corazón?...». «Me ha dicho estas palabras con ardor, luego ha desaparecido». Josefa lo esperará por varios dìas, conservando en corazón el recuerdo de la tristeza leìdo en el rostro divino. «El 6 de abril, miércoles después del domingo en Albis, después de la Comunión, él ha reaparecido, con los brazos abiertos, mientras que le dije mi deseo de quererlo de veras. Me escuchó en silencio, como si quisiera que se lo repitiera. Le pregunté perdón diciendo: ¡Señor, me entrego a! Me miró con gran bondad y dijo: « El alma que se entrega de veras a, me gusta tanto que, a pesar de sus miserias y sus imperfecciones, le encuentro en ella mi cielo y me complazco con vivirle en ella. «Yo mismo te diré añadió, lo que me impide trabajar en tu alma para efectuar mis dibujos». Por tanto, contestando a la inquietud que le divisa en ella: « Sì, el demonio se afanará obstinadamente para hacerte caer; pero mi gracia es más potente que toda su malicia infernal. Le confiados a mi Madre, abandonados a mì y siempre eres muy humilde y simple con tu Madre». Josefa entiende la oportunidad de esta recomendación ya que es présaga del acercarse enemigo. Ruega y renueva su oferta: «Lo supliqué de modo especial escribe el jueves 7 de abril, de enseñarme a humillarme y a dejarme en la manera que le gusta. Creo que este ruego le es agradecido porque, enseguida, ha comparecido: « Tù puedes humillarte de varios modos, me ha dicho: en primer lugar adorando la divina Voluntad, que no obstante tù seas indigno de ello, quiere servirse de ti para derramar su Misericordia. Luego agradeciendo haber sido colocada en la Sociedad de mi Corazón sin ningùn tu mérito. No te quejes nunca de eso». «Talló tan profundamente estas palabras en mì que lo supliqué de olvidar mi ingratitud y le repetì mi deseo de arreglar las penas que pude procurar a Su Corazón divino». « Tù me consolarás, mi Josefa, con el a menudo repetir este ruego: ¡O Corazón divino! Corazón de mi Novio, el más tierno y delicado de los corazones, te agradece que, a pesar de mi indignidad, me tienes elección para derramar sobre las almas Tu divina Misericordia!». «Me miró de nuevo y me dejó». Aquella misma tarde en la celda de Santa Maddalena Sofìa, dónde fue para suplicarla de no dudar dolor del deseo que tuvo de ser su verdadera hija, Jesùs viene inesperado, y abriéndole el Corazón, os la hace entrar, diciéndolas una vez todavìa: « Aquì encontrarás el perdón!». Sin embargo la rapidez de la Virgen vela sin pose sobre la inexperiencia de su hijuela. « Lo que sobre todo temo, vino a decirle antes de la Comunión de sábado 9 de abril es que tù no estés bastante abierta con tu Madre y asì tù no te des cuenta lazos del enemigo. No te dejes ir, Josefa. Vela sobre tus pensamientos para no dar lugar a la tentación. Y si pruebas en ti mismo alguna complacencia, dila enseguida y desentonados. Te encomiendo de nuevo de ser muy simple con tu Madre. Y el ùnico modo para preservarte de las astucias diabólicas». Algùn dìa después Jesùs remacha la lección. El lunes 11 de abril, durante la meditación, ella le repite el ruego aprendido el jueves anterior. «Enseguida ha aparecido. Con la mirada semejó decirme su complacencia en el escucharme, y yo se la repetì de nuevo». « Cada vez que tù me repites estas palabras, las pongo en mi Corazón de modo que ellas sean por ti y por las almas un nuevo manantial de gracias y de misericordia». «Le he preguntado o antes lo he suplicado de usarme compasión, ya que soy yo la primera a necesitar misericordia!». « Si es por medio tuyo que quiero derramar los tesoros de mi bondad, Josefa, como no los derramarìa ante todo sobre de ti?». Luego Jesùs le recuerda la necesidad de nada esconderle a la Madre a que la ha confiado. « Tù tienes que aprender a decir lo que te humillas de más y en la manera que más tù cuestas, le dice. Si no hubiera querido someterte a la obediencia, ha añadido con fuerza, te habrìa dejado en el mundo, pero te he conducido a mi Corazón, para que tù no respires que para obedecer». Dos dìas después Josefa experimentó cuanta gracia se esconda en la obediencia. «El miércoles 13 de abril escribe ricevetti una carta de mi hermana y el pensamiento que uno su posible entrada al Carmelo habrìa dejado sola la mamá me revolvió. Sin embargo no paré de decirle a Jesùs mi voluntad de quedarle fiel. Pero, el dìa después, la tentación fue tan fuerte que vine de ella, mi Madre, a decirle todo, ya que sé que la luz me viene de ella. «Y le me ha dicho una cosa que más que cada otra se ha intensamente se tallada en mi alma. ¡«El Corazón de Jesùs quiere infinitamente a mi mamá más que aquél que puedo hacerme! He meditado sobre eso y tengo resuelto de todo entregarse a Dios. «El dìa después, durante el agradecimiento de la Comunión, Jesùs, que conoce mi debilidad, ha venido lleno de bondad y me ha dicho: « Si te entregas todo a mì, hallarás todo en mi Corazón. Con esta invitación a esperar cada cosa de él, Nuestro Dios la prepara a los dìas de tinieblas, ya pendientes. El viernes 22 de abril ella refiere que el demonio hace de todo para sacarle la paz. «Soy subida al oratorietto de la Virgen en noviciado para suplicarla de no dejarme caer. Enseguida Ella ha comparecido y muy maternalmente me ha dicho: « Mi hija quiero darte una enseñanza de gran importancia. El demonio es como un perro furioso, pero tiene la cadena, es decir una libertad limitada. No puede agarrar pues y devorar la presa, si no cuando este se acerca a y, para atraerla, su táctica habitual es de transformarse en cordero. El alma inexperta se acerca poco a poco, y sólo comprende su malicia cuando él está a punto de agarrarla. Cuando te parece lejano, tù, mi hija, vigila, ya que sus pasos son tácitos y disimulados, para lograr inobservados». «Me bendijo y desapareció». La tentación, en efecto, está cercana, y esta vez Josefa aprenderá cuánto sea grande la potencia infernal, también cuando Dios las deja solo «cierta libertad». «Dos o tres dìas después, ella escribe, me encontré sola y en desolación. Todo el furor satánico semejó acalorarse sobre de mì para cegarme y arrancarme la vocación. Sufrì mucho hasta el sábado 7 de mayo, sin dejar pero de invocar ayuda de Jesùs y de Maria. «Por la tarde de aquel dìa fui con mis hermanas a la adoración y para ayudarme un poco me eché a leer a alguien de las palabras de Jesùs en mi cuaderno de notas. Pero esta lectura en lugar de calmarme aumentó mi turbación suscitándome el pensamiento que todas aquellos gracias habrìan estado mi ruina. Me esforcé, al mejor, de repetir mi primera oferta, pero en aquel instante mismo se derramó sobre de mì como una tempestad de golpes. Asustada, salì de capilla para reponer el cuaderno y ver si la Madre Adjunta se encontrara en celda para contarle todo. Pero, llegada al final del claustro de S. Bernardo, estuve con violencia agarrada por un brazo y empujada en cocina con la idea de echar en el fuego el cuaderno. Estuve a punto de hacerlo, pero no pude levantar la marmita. Una Madre, que estuvo allá y me vio, me sugirió de echarlo en la caja de la leña de quemar». Josefa lo abarquilla, lo echa en la caja y sale levantada, sin darse cuenta de lo que ha hecho. Va a la habitación donde se despereza para empezar su trabajo. Pero poco a poco comprende la gravedad del acto que le fue arrancada como. ¿Qué ocurrirìa, en efecto, si aquel cuaderno, pasado en otras manos, revelara el secreto con que Nuestro Dios, con formal voluntad, quiere circundar su obra? «En otras circunstancias ella continùa, me habrìa sentido a desgraciada. Esta vez no; rogué con toda mi fe para ser liberada y sobre todo para conseguir el perdón... Volvì a cocina esperando que no hubieran quemado todavìa el cuaderno siendo el ya tarda hora; pero no lo encontré más y supliqué a la Virgen de ocuparle de ello ella mismo...». El dìa después, domingo, semeja largo a Josefa que no osa manifestar su culpa a la Madre Adjunta y bùsqueda, en vano, un motivo para callar. Pero la tarde, ya no logrando sustentar solo una tal inquietud, confesa todo a la Madre. «Cuando vi sus temores la Madre misma escribe, evité a la Virgen de calmarla y de reponer el cuaderno en sus manos». ¿Puede quedar Maria sorda a una sùplica tan filial? «El lunes 9 de mayo, barrì el pasillo de las celdas, siempre con el pensamiento fijo al cuaderno... pero tuve perdido la esperanza de hallarlo!». De repente Josefa oye la conocida voz de la Virgen: « Vas a cocina, lo encontrarás!». «Sin embargo, ella escribe, no quise cuidarnos y seguì barriendo, pensando que tuve perdido la cabeza. Pero, una segunda vez, oì las mismases palabras. Subì entonces al oratorio del noviciado y a una tercera vez la voz se repitió: « Vas a cocina, allá lo encontrarás!». De prisa bajadas las escaleras, llegaron en cocina y allá en la caja de la leña divisa el cuaderno!... bañado de papel blanco y mesurado contra un lado de la caja. Josefa lo agarra y, con gran conmoción, si se lo lleva. Dos o tres dìas transcurren llenos de gratitud, mixta a confusión por mucha bondad... El viernes 13 de mayo, durante la adoración, Jesùs, con los brazos abiertos, le aparece. «Enseguida le pregunté perdón», ella escribe. « Deja ir, dice mi Corazón ha borrado todo». Luego continua: « No desanimarte ya que en tu fragilidad resplandece mejor el infinito mi misericordia». Entonces ella lo suplica de no cansarse de ella, de su debilidad, de sus mismas caìdas!... « Mi Corazón no rechaza nunca el perdón al alma que se humilla él contesta acercándose, y sobre todo a la que lo pregunta con verdadera confianza: ¡compréndelo bien, Josefa! Yo levantaré un gran edificio sobre el nada, es decir sobre tu humildad, tu abandono, tu amor». La ùltima palabra de esta prueba le correspondió a la Madre celeste. El dìa siguiente, sábado 14 de mayo, mientras Josefa acabó la Calle Crucis, Ella le apareció más bonita que lo usual, con el vestido chispeante de reflejos argénteos y el rostro radiante. Le anunció la entrada en la patria beata de un alma por la que le preguntó a Josefa muchos dìas de ruego y sufrimiento. «En fin puesto que estuvo sobre el punto de andar calle Josefa escribe, la agradecì de nuevo del cuaderno hallado». « Qué quisiste hacer pues de ello?» la Virgen le pregunta. «Con pena le he dicho la verdad: Ay de mì, estuve a punto de quemarlo!». « Soy yo que te he impedido hacerlo, mi hija. Cuándo Jesùs pronuncia una palabra, todo el cielo lo escucha con admiración». Josefa que más que nunca entiende el valor de los acentos divinos, no sabe cómo expresar su pena. «Le he preguntado perdón y la he agradecido no haber permitido sino aquellos quademo fuera perdido». « Cuando lo has echado, Yo lo he recogido... Las palabras de mi Hijo, añade después algùn dìa, no las dejo aquì en tierra que por el bien de las almas, de otro modo las reconduzco en cielo». Josefa no deja de repetir su gratitud a esta Madre tan lastimosa que no lo abandona nunca. «Pensé, escribe el martes de Pentecostés, 17 de mayo, hasta cuál pica a la Virgen me quiere y de cuál ternura me circunda». ¿« Ay, mi hija, la Madre celeste le contesta, como podrìa no quererte? Mi Hijo ha esparcido su sangre por todos los hombres... todos son mi hijos. Pero cuando Jesùs fija su mirada sobre un alma, Yo le descanso en ella mi corazón». Esta unidad de predilección del Hijo y el Madre Jesùs está a punto de confirmarla. Ella escribe después el dìa, miércoles 18 de mayo: «Después de la Comunión mi alma ha gustado una tal paz que no he podido prescindir de decir: O Jesùs, sabe que estás aquì, soy seguro de ello... Acabé ni siquiera, que lo he visto delante de mì, con las manos tensas, el rostro lleno de ternura, el Corazón que semejó salirle del pecho, toda la persona envuelta de una luz resplandeciente. Usted serìa dicho que un horno ardiera dentro de él». «Usted, Josefa, está aquì!». «Me sentì como fuera de mì... pero pude dominarme para preguntarle perdona y exponerle de nuevo mis miserias, mis pecados, los temores que me atacan». « Si tù eres un abismo de miseria, yo soy un abismo de bondad y misericordia!». Luego, desdoblando los brazos hacia de ella, añadió: « Mi Corazón es tu refugio!». Asì tiene fin en una efusión de misericordia el episodio del cuaderno de Josefa. El demonio todavìa intentará, con otros medios, de suprimir aquellos escritos preciosos, pero no nos logrará nunca. El miércoles 25 de mayo, recurre la fiesta de Santa Maddalena Sofìa, que fue solamente beata en el 1921. Por la primera vez Josefa ve intervenir la Madre Fundadora ch'ella quiere con corazón filial. Con la usual sencillez cuenta este nuevo favor que secuestra y fortifica su alma. «Hoy, fiesta de nuestra Beata Madre, ha ido más veces en su celda para decirle un parolina y una de estas veces, entrando y quedando allì de pie, con mi delantal de trabajo, le he dicho a la evitada: ¡O mi Madre, te lo pregunta de nuevo, devuélveme tan humilde, para que sea de veras tu hija! En la celda no hubo nadie y este ruego huyó de alta voz de mi corazón, cuando de repente vi delante de mì a una Madre desconocida. Me cogieron el jefe entre las manos y, apretándolo con ardor, me dijo: « Mi hija, depone todas tus miserias en el Corazón de Jesùs, descansa en el Corazón de Jesùs, eres fiel al Corazón de Jesùs!». «Tomados su mano para besarsela, luego ella con dos dedos trazó sobre mi frente la señal de cruz y disparve». Este primer encuentro tuvo que ser seguido por muchos otros. A lo largo de los claustros de los Feuillants, tan a menudo recorridos por la Fundadora, en su celda, delante del tabernáculo donde ella tanto rogó, Santa Maddalena Sofìa le aparecerá como a su hija con el aspecto vivaracho y expresivo cuando fue en vida y sobre el que el reflejo del cielo ha señalado la huella sobrenatural. Josefa le hablará como les habla a sus Madres de la tierra, sencillamente y confiadamente: escuchará sus recomendaciones, recogerá sus consejos y le confiará sus dificultades. Bajo esta égida materna se sentirá a lo seguro en la gracia de su vocación. Sin embargo Jesùs, que las quiere enseñar la humildad a través de la experiencia de las mismas miserias, no la libera completamente de las debilidades de su naturaleza. Parece que él se complazca en verla pequeña y confusa a sus pies para recordarle sin pose la bondad de su Corazón. Las comparaciones más simples le sirven al Maestro divino para inculcarle a la discìpula Sus lecciones preferidas. «Lo supliqué, ella escribe el dìa de la fiesta del Corpus Dominós, jueves 26 de mayo, de darme la fuerza de vencerme, ya que echa el ancla no sé humillarme en la manera que le gusta». Dijo este durante la meditación, cuando el Dios le apareció. « No preocuparte, Josefa, dice con bondad; si echas un grano de arena en una maceta repleta de agua hasta el dobladillo, alguna gota saldrá. Echo un segundo de ello, otras saldrán y, poco a poco que la maceta se llenará de arena, se vaciará de agua. En el mismo modo, a mano a mano que Yo entraré en tu alma, tù te librarás de tù mismo pero un poco a la vez». Y tres dìas después, domingo 29 de mayo: ¿« Por qué temes? Sé lo que eres, pero te lo repito una vez de más... ¡poco me importa tu miseria! «Cuando un fanciullino empieza a dar los primeros pasos, en un primer momento la mamá lo tiene por mano, luego lo deja para incitarlo a continuar de si, pero le desdobla los brazos porque no caiga. Tienes que decirle a la Madre tuya que, más un alma y debilidad, más necesita sostén. Y quién es más frágil que tù?... «Mi Corazón encuentra su consuelo en perdonar. ¡No tengo deseo más grande ni alegrìa más grande que el de perdonar! «Cuando un alma me vuelve a después de una caìda, el consuelo que me da es por ella una renta, ya que la miro con más gran amor». Y añadió: « No temer de nada. No eres que miseria y por tanto quiero valerse de ti. Yo suplo a lo que te falta... déjame actuarte en ti». Este continuo cambio de misericordia de una parte, de humilde y generoso amor de la otra, se renueva como en cada página de esta vida una de las más importantes enseñanzas divinas. Pero el que lo imparte con mucha perseverante bondad no quiere que Josefa se encierra sobre la misma debilidad: todo tiene que servir a las almas.

 

IV

LAS EMPRESAS DEL AMOR

 

TRES ALMAS SACERDOTALES.UN PECADOR.

OTRAS DOS ALMAS el 1° de juniojulio de 1921

¿Me quieres consolar? (N. Dios a Josefa el 14 de junio de 1921).

«Un poco antes de la fiesta del Sagrado Corazón, no recuerda bien la fecha, Josefa escribe, Nuestro Dios ha venido. Su Corazón fue traspasado de tres nuevas heridas y de cada desatascó la sangre en gran copia». «Lo que mira deseo por mi fiesta!». Y como ella expresa la misma pena delante del dolor de Jesùs: «Son tres sacerdotes que hieren mi Corazón. Ofreces por ellos todo lo que harás». «Le he dicho cuánto sea pobre para que supla a lo que me falta, y él ha contestado con infinito amor y bondad: «Cuánto más tu miseria es grande, tan más mi potencia te sustentará. Te haré rica de mis regalos. Si me fueras fiel, haré tu alma mi morada e ivi yo rifugerò cuando los pecadores me rechacen. ¡Me reposaré en ti, y tù tendrás vida en mì! Todo aquel de que necesitas vienes a buscarlo en mi Corazón, aunque se trata de lo que te pregunto. Confianza y amor!». De aquel momento, muchos sufrimientos de alma y cuerpo afligen sin tregua a Josefa hasta el viernes 3 de junio, fiesta del Sagrado Corazón, que las revelará como la misericordia conteste a la potencia del ruego. «Durante la meditación escribe me abrió el Corazón diciéndome: «Entra aquì y continua a confiarme lo que te he preguntado». «Me ha descansado de todas las angustias de los dìas pasados, luego ha quedado cerca de de mì tan bonito y como si desbordara de alegrìa. Le pregunté de los tres sacerdotes». « Los preguntas a mi Corazón. No han vuelto todavìa... pero se acercan a». Secuestrado delante de asì resplandeciente belleza, Josefa él habla de aquella fiesta que tiene que darle mucha gloria. «Su Corazón se ha encendido principalmente a estas palabras, y nunca lo vi asì...». «Sì, hoy es el dìa de mi Amor. Las almas, estas almas que anzuelo mucho, me llenan de alegrìa viniendo a buscar fuerza y remedio en mi Corazón que desea tanto enriquecerle. He aquì lo que me glorifica y me consuela de más!». «Ha quedado hasta al final de la meditación y me ha seguido a la Misa». En aquel dìa en la Sociedad del Sagrado Corazón todas las religiosas renuevan solenpemente los votos, delante de la sagrada Hostia, al momento de la Comunión. Josefa no sabe cómo contener su emoción asistiendo a esta renovación, repetida con ardor de cada uno de sus Madres y Hermanas. ¡«Ay! ¡como soy feliz en mi querida Sociedad! escribe. Luego continua: De repente he visto su Corazón!... en un primer momento sólo, inmerso en un horno ardiente, luego, como si una nube ligera se derrochara, todo Jesùs me ha aparecido. ¡Asì fascinador! No sé lo que le he dicho... Cómo agradecerlo de todo lo que hace por mì?». ¡«Ahora te lo diré, Josefa! Tomas este Corazón y lo ofreces a tu Dios. Por su medio puedes pagar todas tus deudas. Tù sabes ahora lo que he querido hacer atrayéndote aquì. Deseo que tù correspondas a mis dibujos con docilidad, dejando manejarte, entregándosete a mi amor, que otro no busca si no te poseas y consumirte. El amor te desvestirá de tu yo y no te dejará pensar que a mi gloria y a las almas». Con insistencia más ardiente él añade: « Ahora pregami, dìgame lo que quieres, preguntas!». «Lo he rogado por todo lo que deseo escribe y ante todo por la Sociedad, naturalmente, mientras que le ofrecì todos aquellos actos de renovación por los tres sacerdotes... Durante el entero dìa no he parado de rogar por ellos... No sé cuántas veces le he repetido: Señor, me has dicho que hoy las almas secuestran tu Corazón y tus gracias... ¿no podremos ganarte pues aquellos tres almas? ¡Ay! dejados conmover!». Hacia las tres de la tarde, Josefa sube al noviciado. Pasando allì delante de la tribuna del órgano entra de nuevo, «para llamar escribe a la puerta de aquel Corazón, para que ya no pueda resistir a nuestras sùplicas. él ha venido padecido y me ha dicho, como si no hubiera entendido el ruego: ¿« Que quieres? me lo dices!». ¿«Pero mi Jesùs, no lo sabe quizás? y los tres sacerdotes?... Suplico de ello, ya que lo deseas mucho... Sólo tù puedes hacer eso!...». Pues, con solemnidad majestuosa y, a un tiempo, con regocijo divino, Jesùs enseñando su Corazón dijo: « Josefa, ha vuelto a mi Corazón!». Luego, como invadido por conmoción intensa, continuó: « Si hubieran rechazado mi gracia, hubieran sido responsables de la pérdida de muchas almas». Y mientras, postrada delante de su Maestro, ella no sabe que decir en su inmensa alegrìa, él añade: « Tù repetirás cada dìa estas palabras: O Jesùs, por tu querido Corazón, te suplico de inflamar celo de Tu amor y Tu gloria todos los sacerdotes del mundo, todos los misioneros y los que son encargados de anunciar Tu palabra divino affmché, encendidos de un santo celo, arranquen las almas del demonio para conducirle a la guarderìa de Tu Corazón, dónde puedan glorificarte para siempre». El recuerdo de esta fiesta del Sagrado Corazón no se borrará más de la memoria de Josefa. Ella comprendió la infinita alegrìa del Corazón divino cuando sus sacerdotes le dan la totalidad del amor que espera de ellos. De ahora en luego, el ruego aprendido por los labios del Salvador quedará antes su ruego cotidiano y las almas sacerdotales ella y la más gran intención de su vida inmolada. Una pequeña anotación custodiada secretamente hasta la muerte, prueba que a esta época Nuestro Dios siempre la tuvo frente a su misión. «El dìa 11 de junio, mientras temì a lo usual que a alguien alrededor de mì pudiera darse cuenta de algo, apareció a la improvisación a Nuestro Dios al que expresados mis temores y él con indecible ternura me contestó: «Recordados mis palabras y credos. El ùnico deseo de mi Corazón es de encarcelarte en ello, de poseerte en mi amor y de hacer de tu pequeñez y fragilidad un canal de misericordia por muchas almas que se salvarán por tu medio. Dentro de algùn tiempo te descubriré los ardientes secretos de mi Corazón que servirán al bien de un gran nùmero de almas. Deseo que tù escribas y todo lo que conserva te diré. ¡Todo será leìdo cuando tù estés en cielo! «No es por tus méritos que quiero valerse de ti, pero porque las almas vean como mi potencia se vale de instrumentos débiles y miserables». «Le pregunté si tuviera que también decir todo eso refiere ingenuamente y me contestó: «Lo escribes, lo leerán después de tu muerte». Asì, poco a poco, le reveló el gran dibujo de amor preparado él en el silencio y en el trabajo de sus dìas. Los sufrimientos no pudieron faltar, y Josefa, que caminó atrevidamente hacia la humildad, encontró muy a menudo la tentación. El demonio trató de transformar en obstáculos de los actos que, otra vez, su amor las hizo cumplir con mucha sencillez. Pero, como siempre la Virgen estuvo lista para iluminarla, conducirla, defenderla. «Le conté todo lo que me ocurre escribe el lunes 13 de junio, pero no lo esperé para nada, cuando de repente y venida como una Madre, asì buena!. «Escucha, mi hija, no hagas caso a lo que sientes. Crees: más fuerte es tu repugnancia, más adquisiciones mereces a los ojos de mi Hijo. Vigila sobre estos tres puntos, que son aquellos por que el enemigo trata de hacerte caer: antes de todo, no dejes arrastrarte de los escrùpulos ch'egli te sugiere al objetivo de hacer abandonarte la Comunión. «Luego, cuando mi Hijo te pregunta algùn acto de humildad u otra cosa, tienes que cumplirlo con mucho amor, repitiéndole sin parar: Señor, tù sabes cuanto eso yo cuesto... ¡pero Tù, antes de mì! «En tercer lugar, no hagas caso de la sugestión diabólica, ella que querrìa hacer creerte que tu confianza hacia la Madre algo saca a la ternura para Jesùs. Si el demonio vence sobre este punto, tiene todo ganado. «Abres con confianza tu alma y quiere a la Madre sin temor; le manifiestas con gran sencillez todo lo que piensas, lo que se agita, lo que se agita. También Jesùs en tierra ha querido querer los que le representaron al Padre, y se complace cuando eres abierta y simple. Sobre todo no olvidar de no dejar nunca la Comunión». ¿Quién no admirará la prudencia y la delicadeza materna de tales consejos? Con el seguirlos exactamente Josefa se volverá en la mano del Maestro aquel instrumento maleable y dócil de que él podrá servirse en muchas empresas redentoras. «El martes, 14 de junio, durante la adoración, Jesùs ha venido guapìsimoescribe y tuvo en mano la corona de espinas. Con expresión de infinita bondad me ha dicho: « Quieres consolarme?». «Naturalmente he contestado: sì...», y él ha retomado: Quiero tu ayuda para acercar a mi Corazón un alma querida. Pones la intención de ofrecer todo por ella. A menudo presenta a mi Padre la sangre de mi Corazón. ¡Besa la tierra para adorar aquella sangre ultrajada y pisado por este pecador a mì muy querido! Con el permiso de tu la Madre te diré lo que podrás hacer por él. Respetaré plenamente la observancia de la regla». Esta prisa del Maestro para la fiel observancia Josefa siempre mantendrá sobre el recto camino. « Tienes el permiso de la Madre?» le repitió después el dìa, en el agradecimiento de la Comunión. «Lo sabes bien, Señor Josefa contestó que la Madre no desea que para hacer gustarte!». « Lo sé, pero tù tienes que someterte a la voluntad de tu superiora, antes de hacer lo que te pregunto». Entonces él le traza el plan de su dìa de oferta espiritual. « Al tuyo despertarse, entra enseguida en mi Corazón y, os penetrada bien en el fondo, le ofreces al Padre celeste todas tus acciones uniéndolas a mis latidos. Todos tus movimientos los unes a los mìos, para que ya no sea tù pero Yo que te actùo en ti. Durante la santa Misa, presenta a mi Padre el alma que quiero salvar, para que haga recaer sobre ella la sangre de la Vìctima que se inmola. «Cuando te comuniques, ofrécele la riqueza divina de que dispones para pagar la deuda de aquel alma. «Durante la meditación colocada cerca de mì, al Getsemani. Participa en mi angustia, ofrécete al Padre como a vìctima lista a sufrir todo aquel de que es capaz tu alma. «Cuando tomas la comida, piensa que tù me ofreces a aquel alivio, y tan incluso cuando encuentres satisfacción en cualquier cosa. ¡Te separes ni siquiera de mì por un instante! «A menudo besa la tierra. «No dejar tampoco un dìa la Calle Crucis. «Si necesitara ti, te lo diré. «En aquellos que haces no contemplar que a mi voluntad, y la cumples con llena sumisión. «Desentonados intensamente, siempre uniendo a la humildad la confianza y el amor. «Haces todo por amor, siempre teniendo de punterìa lo que he sufrido por las almas. «Durante la noche descansarás en mi Corazón, que acogerá como los latidos del tuyo igualmente actos de deseo y amor. «De este modo me reconducirás aquél alma que me ofende mucho». ¡«Le he dicho de perdonarme si alguien de estas cosas no la hubiera hecho como él desea, ya que tengo buena intención pero soy mucha debilidad! «Por la tarde, durante la adoración, ha venido con las manos y con los pies sangrantes y, fijando el cielo, me ha dicho: « Le ofreces al Padre por este alma la divina Vìctima, ofreces la sangre de mi Corazón». «Ha repetido tres veces estas palabras y yo le he renovado el deseo de consolarlo y de hacer todo lo que me ha indicado». « No ponerte en pena: por todo esto tienes mi Corazón!». ¡Josefa aprenderá cuál escandallo hace falta desembolarse por el rescate de un alma! Por bastantes semanas será asociada con la oferta y a los sufrimientos redentores de Jesùs, y seguirá paso paso la calle de la vuelta de este alma extraviada. Después de algunos dìas, en efecto, fue atacada por un agudo dolor al extenso accidente del pecho, que vino a sumarse a los que habitualmente la atormentaron. Logró en cuanto a respirar a intervalos. Se trató en vano de levantarla, aunque el médico no encontrara nada anormal. Pero ella escondió en corazón el temor que aquel mal fosos un obstáculo a su vida religiosa. También esta vez le recurre a la Virgen para confiarle su preocupación más que su sufrimiento. El lunes, 20 de junio, ella ruega en el oratorio del noviciado. «El SS.ma Virgo vino de repente y con ternura me dijo: « No preocuparte, mi hija, y le dices a la Madre de no temer de nada. ¡Este tu dolor es una chispa del Corazón de mi Hijo! Cuando se hace sentir más agudo, ofrécelo generosamente: quiere decir que en aquel entonces un alma lo hiere intensamente. No temas de sufrir: ¡es un tesoro por ti y por las almas! «Me bendijo y desapareció». Aquella misma tarde, al refectorio, Josefa fiel a la dirección del Maestro: «Ofrecì la comida que le tomé a Nuestro Dios, como me ha enseñado escribe y he aquì que de repente apareció y me dijo: « Sì, dame que comer, porque tengo hambre... dame que beber, porque tengo sed!... « Tù lo sabes, de qué tengo hambre y sed?... de las almas... de aquellas almas que anzuelo mucho... Tù me das que beber!». «Quedó allì todo el tiempo de la cena continua Josefa luego dijo: « Vienes conmigo... no me dejes sólo!». El dìa después, 21 de junio, durante el agradecimiento de la Comunión él las pregunta de seguirlo en una calle de crecientes dolores. « Ofreces todo a mi Padre en unión con mis sufrimientos le dice. Todos los dìas te haré pasar tres horas en la angustia y en el retortijón de mi cruz, y eso será muy ùtil a aquel alma». Josefa no titubea a caminar en la calle dolorosa. Mientras tanto teme los favores, de que conoce la responsabilidad, está en cambio lista a compartir la cruz que tiene que salvar las almas. Nuestro Dios lo sabe, cuenta sobre de ella y multiplica las solicitudes. El jueves 23 de junio, al S. Misa, le aparece de nuevo: « Quiero que hoy tù pidas el permiso de hacer la hora santa. Este pecador presenta a mi Padre, recordándole que por aquel alma he sufrido la agonìa en el huerto. Tù le ofrecerás mi Corazón y tus sufrimientos unidos a las mìas... Le dirás a la Madre que estos sufrimientos son un nula comparada con la alegrìa que este alma me dará volviéndome a». «Esta noche continua Josefa me he despertado bajo el apretón del dolor y poco después de ha venido Jesùs coronado de espinas». « Vengo para sufrir junto contigo». «Juntó las manos y rogó a largo. ¡«Si hubiera visto, mi Madre, como fue bonito! Tuvo los ojos vueltos para arriba, y el aspecto fue imprimido a una tristeza llena de hechizo... Sobre su rostro golpeó una gran luz como un reflejo del cielo». Bastantes dìas y bastantes noches transcurrieron asì. Josefa refiere las visitas del Maestro divino que las repitió sin pose su sed y su espera. Ella asiste, por asì decir, a la persecución del amor que sigue aquel alma en peligro. Pero aunque Jesùs gliw deja de ello la responsabilidad delante de Dios, incluso quiere en su colaboración el más gran desinterés. Cuándo Josefa pregunta si el pecador se deja conmover, él contesta, el martes 28 de junio, apareciendo ella mientras está al trabajo. « Lo que escucha estoy a punto de decirte: ¿quieres gustarme de veras? No te ocupes que para sufrir y de darme lo que te pregunto sin querer saber como el y el cuando. En la noche del miércoles 29 de junio, hacia las dos, de repente la Virgen ha comparecido: «Yo le he hablado de aquel alma, Josefa escribe suplicándola de querer preguntarle a Jesùs de alejar de ella la ocasión del pecado y de infundirle la fuerza de restablecerse sobre el recto camino. Sus ojos se han llenado de lágrimas y ha dicho: ¡« Y caìdo mucho en bajo! ¡Usted es dejado engañar como un cordero! ¡Pero, ánimo! Haces todo lo que mi Hijo te dice y le pregunta de hacer pesar sobre ti lo que merece a aquel mención. Asì será ahorrado por la justicia divina. No temas de sufrir, no te faltarás la fuerza necesaria, y cuando no podrás de ello más, Yo te daré ánimo y te ayudaré. Soy el refugio de los pecadores: este alma no irá perdida!». El dìa siguiente, jueves 30 de junio, después de la Comunión, Jesùs, enseñado él a Josefa, le presenta las heridas de las manos y los pies, enseñándolas a descubrirvos la herida invisible del amor: «Mira mis llagas, dice y le adoras... bésale... No han sido hechas por las almas, pero del amor!». Y como Josefa no sabe qué decir, él repite: «Sì, es mi amor por las almas... el amor de compasión que nutro para los pecadores... ¡Ay! si supieran!». Entonces en el silencio del alma, Josefa deja que el Maestro le imprima en ella aquella invisible herida que ella tiene que compartir y levantar. La más gran recompensa que pueda dar a un alma continùa es de hacerla vìctima de mi amor y mi misericordia haciéndola parecida a mì, que soy la Vìctima divina para los pecadores». El 1° de julio, fiesta de la Preciosa Sangre y primeros viernes del mes, la Madre celeste viene una vez más a recordar a su hija la potencia redentora de aquella sangre que ella tiene que imponerse para aquel pecador. « Adora la sangre divina de Jesùs, hija mi y supplicalo que lo esparza sobre aquel alma para conmoverla, perdonarla, purificarla». Asì cada dìa repone a Josefa frente a su misión. « No dejar nunca de unir tus actos a los mìos y de ofrecer a mi Padre mi sangre preciosa». « No olvidar sino seis vìctima de mi Corazón...», las repite Nuestro Dios. De otra parte él no limita el horizonte de Josefa. El viernes, 8 de julio, las confìa otras dos almas de que le dice: « Mira como hieren mi Corazón y traspasan mis manos!...». «Durante la adoración Jesùs ha vuelto ella escribe diciéndome: ¡« Mira mi Corazón! Y todo amor y ternura, pero hay almas que no lo conocen!...» Usted puede suponer la energìa y la generosidad del esfuerzo sustentadas por Josefa: de una parte noches y dìas a contacto con lo invisible con todas las exigencias de oferta que eso comportó; de la otra, la fidelidad al deber que la tuvo siempre asidua al trabajo y a la regla. Por tanto, con incomparable bondad, Jesùs la conforta haciendo compartirlas su alegrìa de Salvador: «él ha venido, guapìsimo, durante la adoración escribe sábado 9 de julio y me ha dicho: « Ves, Josefa, una de aquellas dos almas por fin lo que me ha dado me rechazó, pero lo otra está muy cercana a perderse si no reconoce el suyo nada... «Sì, ofrécete para conseguirle el perdón. Si un anima se humilla, también después de haber cometido los más graves pecados, adquiere un gran mérito. Pero el orgullo provoca el desdén del Padre mìo que lo odia con odio infinito. «Busco almas que sepan humillarse para arreglar este orgullo». El martes 12 de julio escribe de nuevo: «Y vuelto hacia las cuatro de la tarde con el aspecto guapìsimo y triste, con el Corazón desgarrado por una ancha herida». « Me das tu corazón, Josefa, para que él repleto de la amargura del mìo y te ofreces continuamente para arreglar el orgullo de este alma. No me rechaces nada, Yo soy tu fuerza». «Por lo tanto ha dicho fijando el cielo: ¡« El orgullo el accieca...! ¡Ella olvida que Yo soy su Dios y que sin mì es nada! Qué vale elevarse aquì abajo?... Quiero que te postras continuamente delante de mi Padre y que tù le ofrezcas la humildad de mi Corazón. No olvides que sin mì el alma no está sino un abismo de miseria... Le levantaré humildes...: sus debilidades, los ellos mismos caìdas, poco me importan... lo que quiero es la humildad y el amor!». Las semanas transcurren asì, sin que Josefa pueda gustar un instante de descanso. El dolor al lado, aquel de la corona de espinas, todos los elementos atormentados, el alma quebrantada bajo el peso del desdén de Dios, todo le recuerda el encargo de que el amor las ha hecho regalo. Pero la Madre celeste la conforta: «Fueron, creo, acerca de las tres de la mañana, escribe el 22 de julio, viernes y Ella ha venido de repente, y apoderándose de los hombros me ha dicho: ¡« Pare mi corazón! Vengo para sustentarte ya que son tu Madre. Nada de lo que sufres es inùtil. Todavìa tendrás que padecer una gran prueba para salvar aquel alma orgullosa. Apenas sentirás el acercarse tentación, manifiéstala enseguida. Luego obedeces, obedeces, obedeces!». «Le he dicho que justo aquél que ahora yo cuesta tanto es hablar y obedecer». « Escucha, Josefa: éste es el momento bueno de someter tu juicio a la obediencia y con este acto de humildad, acabado en el fuerte de la tentación, tù expiarás el orgullo de aquel alma. Mientras tù combates, el poder diabólico sobre aquel alma es menos fuerte». E insistiendo principalmente: « Tù tienes que sufrir por las almas, tienes que ser intentada, ya que, compréndelo bien, el demonio tiene miedo de tu fidelidad... Pero, ánimo!». «Me bendijo y me dejó». Al alba de aquella noche doloroso Jesùs vino para confirmar las palabras de su Madre y se mostró a Josefa, después de la Comunión, merecido con luchas tan ásperas: «Ella fue guapìsima escribe, a pesar de la corona de espinas sobre el jefe y las llagas sangrantes». «Mira mis llagas y le besas. ¿Sayas quién ha hecho yo la? ¡El amor! Sayas quién me ha pisado esta corona?... ¡El amor! Sayas quién ha abierto mi Corazón?... ¡El amor! Si te quiero al punto de no tener nada desechado por ti, dime, Josefa, no podrá incluso tù sufrir sin rechazarme nula?... Abandonados!». Con estas palabras él aprieta a si, con más fuerza que nunca, la voluntad de Josefa. El fruto de muchos sufrimientos fue madurando durante aquellas largas semanas de oferta y lucha. Josefa no tarda a saberlo. La tarde del lunes 25 de julio Jesùs recuerda la recìproca promesa del 5 de agosto de 1920. «Si me fueras fiel, te haré conocer la riqueza de mi Corazón. Tù gustarás mi cruz, pero te consolaré como se casa privilegiada». Luego añade: «No falto nunca a la palabra fecha!». Aquella misma tarde, noticias llenas de esperanza relativa al pecador llegaron indirectamente al convento de los Feuillants. «No supe cómo agradecer escribió después el dìa, martes 26 de julio tan más que me encontré bajo la impresión de lo que me dijo: «No falto nunca a la palabra fecha!». «él me apareció continua y me dijo: « La obra no es cumplida completamente. Manifestaré principalmente mi bondad por aquel alma. Te pregunto una cosa sola: qué tù me seas fiel». El miércoles 3 de agosto, hacia las sectas y medio por la tarde, Jesùs apareció radiante y por fin dijo: «Aquel pecador que me ha hecho tanto sufrir, Josefa, ahora está en mi Corazón!». Después el dìa la recuerda el alma cuyo orgullo sigue hiriéndolo intensamente: ¡«Quiero que este alma me vuelve lo más pronto posible a! ¿Quieres sufrir por ella? Ofreces hoy todo lo que harás por esta intención. Volveré pronto». «Por la tarde, hacia las cuatro, Jesùs me hizo presentir a uno su visita escribe, y fui al coretto en el noviciado, dónde me alcanzó enseguida. En su Corazón ya no apareció la herida que lo torturó desde que me habló de aquel alma orgullosa». ¡« Vienes! ¡ me dijo, acercados y descansa! Aquel alma está en mi Corazón...». El viernes 14 de agosto Nuestro Dios confirmará definitivamente la salvación de aquellas almas que fueron adquiridas a sì querido precio. «La tarde Josefa escribe, Jesùs ha venido, guapìsimo, y me ha dicho: ¡«Aquél alma que quedó en tierra para purificarse completamente, está ahora en cielo! En cuánto a aquel pecador, mi Corazón ha reconducido sobre de él una victoria definitiva. De ahora adelante me consolará y corresponderá a mi amor. «Y tù, el Maestro ha continuado, me quieres?... «Tengo sobre de ti mis dibujos y son dibujos de amor!... No me rechaces nula!».

 

UNA COMUNIDAD RELIGIOSO agosto de 1921

Quiero servirme de ti para una obra grande (N. Dios a Josefa, el 26 de julio de 1921).

Aquella misma fecha, agosto de 1921, señaló la conclusión de una empresa de reparación a que Nuestro Dios invitó a Josefa. Necesita, para seguir dìa tras dìa de ello el desarrollo, volver atrás al martes 26 de julio, en cuyo, después de la Comunión, Jesùs le preguntó de nuevo a su novia: « Eres dispuesta a serme fiel?». «Le dije todo lo que temo mi debilidad, Josefa escribe, pero él sabe bien mis deseos!». « Quiero servirme ahora de ti para una obra grande. Tù tienes que reconducir a mi Corazón una comunidad que si n'è alejado. Quiero que mis novias vuelvan aquì». «Y señaló al Corazón. Le pregunté lo que esperó de mì». « Sigue haciendo todo lo que te he enseñado para aquel pecador. Ofreces toda mi sangre divina, cuyo precio es infinito». «A mediodìa ha vuelto carga de una gran cruz ella continùa: « Vengo a llevarte mi cruz, ha dicho, porque quiero que tù asumas de ello la carga en mi función». «Entonces ha quedado sin cruz y me he sentido oprimida por tal sufrimiento que, si Jesùs no me hubiera dado una fuerza especial, no hubiera podido soportarla». « Por esta empresa, él ha continuado, he elegido nueve almas. Ahora estoy contigo, luego te dejaré e iré de otra. Asì siempre será una de mis novias que me consolará». Después de haber quedado un instante en silencio ha continuado, como hablándole a mismo: « Sì, muchas almas es verdadero me hieren con sus ingratitudes, pero cuánto de más son aquellos en que me reposo y que forman mi delicia!». Bajo el peso de la cruz Josefa se ha restablecido al trabajo, en presencia de su Dios que le dice: « Le trabaja en mi compañìa». Encontrándose sola, de vez en cuando se arrodilla para adorarlo y ofrecerse a: « Quiero no solamente que me acerquéis aquellas almas, le explica a Nuestro Dios, pero que paguéis por ellos para que no tengan ningunos debido más hacia mi Padre». «A las cuatro, ella continùa, me ha dicho: « Ahora voy. Volveré cuando sea de nuevo tu turno». «Tomadas la cruz y disparve; y he quedado sin sufrir». De ahora adelante largas horas de expiación volverán exactamente al momento fijado por Nuestro Dios que va de la una a la otra alma de él escogido para llevar su cruz. El miércoles 27 de julio, después de la Comunión, se manifiesta a Josefa: « Vengo a descansarme en ti: ¡ le dice quiero que tù te olvidas, que me consuelas y que piensas tan a mì, que me quieres con tal ardor de no tener en tus pensamientos y en tus deseos otro que yo! No temas de sufrir... Soy bastante potente para tomarme ti cura de». Ella le habla enseguida de la obra de amor emprendida la vìspera. «Como si le hubiera recordado una cosa penosa, escribe, me contestó: « Se trata de una comunidad tibia y relajada...». «Quedó en silencio y, un momento después, añadió: ¡« Pero mìos se volverán! ¡volverán a mi Corazón! para reconducirvos las he elegido nueve vìctimas. Nada tiene más valor del sufrimiento unido a mi Corazón. Esta noche te llevaré mi cruz; seré de ti a medianoche, ya que es este tu hora de turno». Aquella misma tarde la Virgen también apareció para incluso confiarla a su hija un alma en peligro: « Hasta mañana le dice, querrìa que tù echaras todo tu fervor a salvar un figliuola que anzuelo!... Jesùs la quiso por si y le dio el tesoro de la vocación, pero ella lo tiene perdido con su infidelidad. Está a punto de morir mañana, pero desaforadamente (he aquì lo que me siente) el mìo escapular ha rechazado. Cuál consuelo serìa por mi corazón de Madre si esta hija se salvara!». Me bendijo y disparve. «No he podido dormir esta noche, angustiada como fui por aquel alma tan cercana a la muerte, sin decir al lado ch'ero doliente por el dolor, la corona de espinas y por todos mis habituales padecimientos de cada noche. Hacia medianoche ha venido Jesùs para darme su cruz, y ha quedado junto a mì, sin la cruz, que yo sentì cargar como sobre mi cuerpo un peso que lo pisara, mientras mi alma fue oprimida por un dolor indecible». En efecto el peso de aquella cruz invisible que cargó sobre su hombro derecho la tuvo dobladura en dos, como si la pisara. La respiración, ya penoso por el dolor al lado, aùn más se puso difìcil y nada valió a levantarla. « Sufres con ánimo, le dice a Nuestro Dios, para que mis novias se dejen penetrar del dardo de mi amor». Y de su Corazón salió un rayo ardiente. « Besa mis manos, también besa mis pies. Repites conmigo: ¿Mi padre, no tiene la sangre de vuestro el Hijo pues bastante valor? ¿Qué deseáis de más? Su Corazón, sus llagas, su sangre... Todo os ofrece por la salvación de aquellas almas!». «Repetì estas palabras con él Josefa escribe después el dìa. él estuvo en silencio, y creo qué rogara, ya que tuvo las manos llegadas y miró el cielo... A las cuatro de la mañana me ha dicho: « Ahora te dejo; otra de mis novias me espera. Como sabes sois nueve... ¡las elecciones de mi Corazón! ¡Volveré mañana a la una y te dejaré de nuevo la cruz, adiós! Tuve sed y me diste que beber. Seré tu recompensa!». El viernes 29 de julio, a la una de la tarde, como dijo, Jesùs volvió con su cruz. « Eccomi, dijo para hacerte participar en los sufrimientos de mi Corazón oprimido y lleno de amarguras». Se las confió su cruz e inmersas enseguida en aquella angustia experimentada en los dos dìas antecedentes. «Mucha sangre desatascó de la herida del Corazón», ella escribe. « Repites conmigo: él dice: Eternizo a Padre, miráis estas almas enrojecidas por la sangre del Hijo a vuestro Jesùs Cristo, de aquella Vìctima que a Os se ofrece continuamente. Aquella sangre que purifica, enciende y consume, no será bastante potente para conmover estas almas?...». «Quedó en silencio algùn minuto. Repetì bastantes veces sus palabras. Luego dijo con fuerza: ¡« Sì, quiero que me vuelvan a! Quiero que se inflamen de amor ardiente mientras Yo me consumo por ellos de amor doloroso». «Por lo tanto añadió con tristeza: «Si las almas comprendieran hasta cuál pica llega mi ardiente deseo de comunicarme a ellas!». «Pero cuánto son pocas las que entienden, y como mi Corazón queda herido!». «Lo he consolado como he podido y le he dicho de olvidar un poco las ingratas y de pensar, bastante, a las almas que lo consuelan y lo quieren. Su Corazón pareció dilatarse a estas palabras y dijo: «Soy la ùnica felicidad de las almas, por qué se alejan de mì?». «Señor, no todas se alejan, y, si caemos, a menudo es por debilidad, lo sabes bien!». « Poco me importan las caìdas... conozco la miseria de las almas. Lo que quiero es que no sean sordas a mi llamada y que no rechacen mis brazos cuando le desdoblo para realzarle. ..». «De la una a las cuatro de la tarde fui ofreciéndole asì al Padre la sangre de Jesùs y todos sus méritos, repitiendo las palabras que me enseñó». En el silencio que Josefa la circunda continùa su trabajo, después de que Jesùs ha retomado su cruz, pero interiormente no olvida la dolorosa intención de cuyo puerta el secreto. La tarde del sábado, 30 de julio, vuelve su hora de turno. «Subì la escalera del educandato, escribe cuando lo he encontrado con la cruz y me ha dicho: Te espero». Después de le haber pedido el permiso de reponer a sitio el trabajo que tuvo entre las manos. «Fui, escribe, y lo encontré que me esperó». Entonces ella le habló del alma infiel a la vocación, que le fue confiada por la Virgen. Ya del dìa anterior, en cuyo la rabia diabólica se acaloró duramente sobre de ella, ella supo de su Madre celeste que este alma, tan querida por Maria, triunfadora de los asaltos infernales salió. Pero la noche le apareció inmersa en las penas del purgatorio, suplicándola de interceder para que su sufrimiento fuera abreviado. Muy impresionado de este primer encuentro con el purgatorio, Josefa le confìa al Maestro sus temores: «Señor, si tal es el tormento de un alma del mundo, qué será de un alma religiosa que no corresponde a las gracias de que es colmada?». « Y verdadero», Jesùs contesta. Luego, consolándola con bondad: « Cuando cae una de mis almas queridas, siempre estoy allì para realzarla, si se humilla con amor. Poco me importa la miseria de quien cuyo ùnico deseo es de glorificarme y de consolarme. En su pequeñez consigue gracias por muchos otras... «Anzuelo la humildad... y cuánto se alejan de mì por aquellos a mì consagráis; que este deseo de darme almas y de verme querido se consume y que tu amor me consuela». «Por lo tanto quedó a largo en silencio ella continùa, y le dije muchas cosas para consolarlo... También le hablé de un alma que necesita su ayuda». « Si ella no busca la fuerza en mi Corazón, contestó, dónde nunca encontrará ella?... El amor da la fuerza, pero hace falta olvidarle mismos». «Entonces le dije: «Señor, perdónanos, somos muchas debilidades». «Cuando un alma desea con ardor de quedarme fiel, Josefa, Yo sustento su debilidad y sus mismas caìdas invocan con mayor fuerza mi bondad y mi misericordia. Otro no pregunto si no que, olvidadiza de si, él umilii y se esfuerza por satisfacción propia no, pero para darme gloria». Usted ha llegado al miércoles 3 de agosto, en cuyo Jesùs, acabada la conquista de aquel pecador, que costó mucho a Josefa, se manifestó diciéndolas: « Aquel pecador!... Ahora está aquì, en mi Corazón!». La misma tarde, yendo a dormitorio, encuentra al Maestro que está a esperarla con la cruz: « Tomas mi cruz le dice; vengo a descansarme en ti. Si las almas religiosas supieran cuánto las quiero y como me hieren con su frialdad o tibieza!... estas almas no comprenden el peligro a que se exponen echando poca cuenta de sus miserias. Empiezan con una pequeña infidelidad y acaban con el relajo. Hoy se conceden un pequeño placer, mañana descuidarán una inspiración de la gracia y, poco a poco, sin enterarse, se constiparán en el amor». Y para hacerles comprender dónde se encuentra el salvaguardia de la fidelidad, las imparte esta importante lección: « Te enseñaré, Josefa, como tienes que abrir el alma a tu Madre, con sencillez y umiltà'. «Te quiero santa, grande santa, y no lo serás que recorriendo el camino de la humildad y la obediencia. Te enseñaré eso un poco a la vez». Luego, antes de dejarla, añade: « Te encomiendo de siempre tener bajo los ojos y arraigadas en el corazón estas dos convicciones: «Primo: qué si Dios ha fijado su mirada sobre de ti, ha sido para manifestar principalmente su potencia levantando un gran edificio sobre un abismo de miseria; «Secondo: si él quiere conducirte a la derecha y tù quisieras ir a mano izquierda, tu ruina estarìa segura. «Por fin, Josefa, todo esto se sirva para tener un conocimiento más verdadero de tu miseria y un más completo abandono en las manos de Dios». Esta lección de confianza y humildad es tan querida al Corazón de Nuestro Dios que insistirá de nuevo y muy a menudo sobre el mismo argumento. Entre los notas de Josefa también se han encontrado los consejos siguientes custodiados celosamente: « Quiero hacer conocerte los más delicados atractivos de mi Corazón. Ya te he dicho con cuál sencillez tienes que confiarte a tu Madre y abrirle el alma, sin que el mìnimo pliegue ella quede escondida. Hoy quiero encomendarte de estrella atenta a no perder una sola ocasión de humillarte. ¡Cuando te encuentras libre de hacer o no uno de aquellos pequeños actos caros, vaya y relleno! «Quiero que tù informes fielmente a la Madre de los esfuerzos que has hecho y de las ocasiones que tienes perdido o de que has aprovechado. Cuanto más conocerás lo que eres tù, tan más sabrás lo que soy Yo. «No ir nunca la tarde al descanso con una sombra sobre el alma. Te lo encomiendo fuertemente: apenas cometes una falta, arréglala enseguida. Deseo que tu alma sea pura como el cristal. «No turbarte si aùn más cayeras de una vez. La agitación y la inquietud alejan el alma de Dios. «Te quiero pequeña, pequeña, muy humilde y siempre sonriente. Sì, siempre te quiero en la alegrìa pero fiscalìa de siempre serte a un poco verdugo de ti mismo. A menudo eliges lo que tù cuesta de más, quedando alegre y contenta, ya que, sirviéndome con paz y regocijo, glorificarás principalmente mi Corazón». Esta dirección, asì lineal, Josefa mantiene en la calle recta, la sola calle por la que tienen que caminar los obreros de la redención si quieren seguir al Maestro. Asì continùa el «gran empresa» como Nuestro Dios la llamó. Josefa continùa a llevar la cruz que Jesùs ofrece poco a poco a sus nueve almas selectas, para aquellas religiosas que él quiere reconducir a su Corazón. Pero esta obra está a punto de acabar. «Durante la Misa escribe el 5 de agosto, primeros viernes del mes, ha venido resplandeciente de belleza. « Quiero me dijo, que tù te consumes en mi amor. Ya te lo he hecho comprender: tù no encontrarás felicidad que en mi Corazón. Quiero que tù me quieres, ya que tengo hambre de amor, pero que tù también quemas del deseo de verme querido y que tu corazón ya no tenga otro alimento que este deseo. «Todos los dìas después de la Comunión, repites con el máximo ardor posible: "Corazón de Jesùs, que el mundo entero se encienda tu amor"!». En este ardor de fuego ella transcurrida aquel dìa «inflamada de deseo», como ella escribe desteja. Hacia las siete por la tarde sal a dormitorio. Jesùs está allá que lo espera. «Tomas mi cruz, le dice, y vamos a sufrir por las almas». Después de un instante de silencio, continùa: « Si mis novias tienen bien meditadas que yo soy todo amor y que mi más gran deseo es de ser querido, por qué me tratan asì?». Y explicándole el valor que el amor da a cada mìnimo esfuerzo de virtud: «Cuando un alma cumple un acto, incluso sea caro, pero por interés o para gustar, y no por amor, saca bien poco de ello mérito. En cambio una mìnima acción ofrecida con gran amor consuela mi Corazón tan que lo inclina hacia aquel alma, olvidando todas sus miserias. ¡«Sì! repite el ardiente mi deseo es de ser querido. ¿Si las almas supieran el exceso de mi amor, podrìan no correspondervos? Por tanto corro a buscarle y nada ahorro para reconducirla a mì!». ¡«Dijo estas palabras de modo conmovedor, fue un grito de amor! Luego quedó por un largo tiempo en silencio, casi absorto en ruego. Hacia las once por la noche desapareció después de haber dicho: « Sufres con gran amor... Ofreces continuamente mi sangre por las almas... Y ahora me devuelves mi cruz». Todavìa transcurrieron tres dìas, en cuyo a los dolores misteriosos que lo asociaron con la cruz del Maestro vino a sumarse el sacrificio impuesto a toda la casa de los Feuillants. Los cambios habituales a las familias religiosas, preguntaron entonces a la del Sagrado Corazón el cambio de la superiora. Josefa, con sus Madres y Hermanas, participa en esta oferta meritoria de que a Nuestro Dios se servirá para cumplir su obra. El lunes 8 de agosto les será a los Feuillants uno de aquellos dìas preciosos por el Corazón de Jesùs, en cuyo la Madre y las hijas, unidas en el salto de un solista y profundidad sacrificio, ofrece junto su separación. Después de la Comunión, Jesùs se manifiesta a Josefa: « Quiero que aquellos almas me vuelvan lo más pronto posible a. Ruega continuamente para que se dejen penetrar de la gracia. Aunque tù no podrás hacer otro que desear de verme querido, será ya mucho. ¡Mi Corazón será consolado ya que este deseo es amor! «Pronto, continuó, aquellos almas religiosas entrarán en retirada. Ofrécete para que se dejen traspasar del amor». La tarde hacia las siete, Jesùs volvió en el resplandor radiante de su Corazón y sus llagas. ¡Volvió, pero, esta vez, sin cruz! Josefa no osa creer en la felicidad que presagia del aspecto luminoso del Maestro. Le pregunta la cruz. ¡« No! contesta aquellas almas ya no hieren mi Corazón. Y luego, añadió, hoy he aceptado donde por ellas el sacrificio de esta casa he encontrado mucho amor. «Mañana aquella comunidad religiosa empezará la retirada y pronto se volverá por mi Corazón un refugio de gran consuelo». Asì acabó este episodio de la misericordia divina. Mientras tanto Josefa estuvo a punto de entrar en una nueva etapa de su camino.

 

V

LA GRAN PRUEBA

 

Los PRIMEROS ASALTOS en 26 de agosto octubre de 1921

¡No temas de sufrir! ¡Si tù vieras cuantas almas se han acercado al Corazón de Jesùs en el tiempo de la tentación! (La Virgen a Josefa el 24 de octubre de 1921).

El admirable dibujo de Dios sobre la vida de Josefa entra en esta época en una nueva fase. Del fin del mes de agosto de 1921 le fue impuesta una dependencia más estrecha. Ella no debió más, al infuori del tiempo del ruego comùn, contestar a la llamada del Maestro, sin previo permiso. Indicó este mando quizás la duda alrededor de ella?... La nueva superiora de los Feuillants, informada de todo desde su llegada y por indicación expresa de N. Dios, debió con prudencia usar la cautela de una sabia lentitud y una gran circunspección antes de prestar fe a aquella misteriosa conducta de Dios. Josefa con todo el amma se sometió a las prescripciones de la obediencia. Demasiado de cerca conoció el Corazón de Jesùs porque una sombra pudiera rozar su confianza, y además supo cuales exigencias de fidelidad la tuvieran atada a los dibujos del Maestro. Ninguna indecisión alteró la facilidad, la sencillez, la franqueza sobrenatural con que abrazó cada decisión de sus superiora. ¡Pero cuánto costó a su ìndole tan reservada en este género de cosas tener que hablar, explica, contesta a las preguntas que los se hicieron, expon todo al doble controlo suyas a dos Madres y sentirse objeto de una vigilancia cada vez más estrecha! Pero todo se enlaza divinamente en esta vida. La hora y junta en que la acción divina tiene que aparecer asì evidente en el humilde figliuola de no admitir ninguna duda alrededor de ella. Jesùs da la más auténtica señal concediéndole la fidelidad de una obediencia y un desinterés inalterable. Y junta la hora en que el enemigo está a punto de recibir el formidable poder de analizar el trigo precioso de las divinas predilecciones y Jesùs quiere circundar su obra con un baluarte de protección tal de enfrentar cada asalto de Satanás. En tal modo se abre para Josefa este nueva e impreveduta fase que tendrá que conducirla a los votos religiosos. En la gran casa de los Feuillants, dónde las alumnas abundan, entre la numerosa comunidad, el decana del pequeño noviciado que aumenta poco a poco, arista en la sombra, activa, todo fecha al deber. Solamente su Superiora y la Madre Adjunta custodian en secreto la obra que va cumpliéndose bajo sus ojos. El apoyo seguro y atento del R.P. Boyer, prior de los Dominicos, que es designado en esta época por Nuestro Dios mismo como cooperador de los dibujos divinos, hará desvanecerse cada ansiedad y desactivará las trampas diabólicas. Asì, mientras todas las garantìas de seguridad circundarán a Josefa, el Dios la empujará en las tinieblas de la gran prueba que no dejará si no el dìa de su consagración religiosa (julio de 1922). Será el bautismo del dolor que la consagrará a la obra de redención, de que tiene que ser testigo y colaboradora antes de volverse de ello la mensajera.

* * *

La hora del prìncipe de las tinieblas es pues junta y Josefa está a punto de medirse con él. Ya ella lo encontrará a cada paso de su camino pero Jesùs, que le combate en ella, le prepara al enemigo la más humillante derrota. Le hace sentir los lìmites de sus esfuerzos, la inutilidad de sus medios y la impotencia de sus astucias. Si deja al demonio la apariencia de fáciles triunfos, si Josefa abandona a un adversario que semeja superarla, si permite que sea arrastrada donde en los abismos es apagado el amor, él habita en las profundidades del alma que ha elegido para vìctima y la sustenta con la fidelidad de su amor. No será nunca como mucho presente en aquellas horas de verdadero martirio en cuyo solista la acción divina puede contrabalancear pruebas y humillaciones superiores a la humana experiencia. Por la fragilidad de su instrumento ocurre la verdadera lucha entre Dios y Satanás, entre el amor y el odio, entre la misericordiosa bondad, que quiere revelarse una vez más al mundo y el enemigo de las almas que presagia el dibujo divino y dirige contra ello su satánica rabia. Cada esfuerzo diabólico, en este largo perìodo de nueve meses, se agrupa en efecto contra la vocación de Josefa, ahora que todavìa hay tiempo de arruinarla. Nada es ahorrado para tronchar la voluntad de la novicia: tentaciones violentas, temores de un responsabiltà que el demonio agiganta haciéndola aplastante, insinuaciones mentirosas que alarman su conciencia, apariciones amenazadoras o engañadoras, golpes, secuestros y quemaduras... todo atormenta la frágil criatura como un torbellino en que parece tenga que quedar sumergida. Sin embargo resiste con energìa increìble, fruto del habitual su sencillez en el cumplimiento del propio deber y, todavìa más, de su fidelidad a dejarse conducir; especialmente fruto de la fuerza divina que la sustenta, siempre presente, aunque oculta en ciertas horas; de la fuerza de la eucaristìa de cuyo Josefa nunca se separará. En los ùltimos dìas de agosto algunas visitas celestes todavìa fortifican su alma en vista de las próximas luchas. El viernes 26 de agosto, a las nueve de la mañana Josefa, fiel a la entrega recibida, va a su superiora. Y todo inmersa en una concentración que hace sentir la presencia divina. Con pocas palabras pide el permiso de seguir por un momento N. Dios, ya que, ella dice: «Jesùs está aquì». Sus ojos bajos, su fisonomìa, su actitud de ruego, el esfuerzo mismo que hace para hablar, lo dice más que las palabras. «Cuando la he dejado, mi Madre, escribe le he dicho a N. Dios: tengo el permiso. él caminó a mi cadera y me ha conducido al coretto. He empezado con el decirle lo que le me ha encomendado: si tù eres realmente el que creo, Señor, no te ofendas si se obliga cada vez a pedir el permiso de escucharte y de seguirte. él me ha contestado: ¡«No soy ofendido de ello, más bien! Quiero que tù siempre obedezcas, e incluso Yo obedeceré». «Mientras dijo asì a un pobre pareció. Luego ha añadido: «Tus Madres me consuelan queriendo cerciorarse con mucha prisa que soy Yo. Hoy quedas unida a mi Corazón y arregla por muchas almas». Con delicadeza incomparable N. Dios permite que sus visitas sean de ahora adelante circundadas por precauciones continuas. Esta fidelidad de su Corazón, que sustenta aquel de la humilde hijuela, será el divino sello testigo de Su presencia. De otra parte en estos meses de agosto y septiembre de 1921, incluso sometiéndose al control impuesto él, no cambia nada de sus relaciones con Josefa y sigue preguntándole como estreno sus oblaciones a ventaja de las almas. «El jueves 10 de septiembre después de la Comunión, ha venido guapìsimo, ella escribe y cuando ha empezado a hablar su voz fue triste». «Deseo que tù me consuelas, ha dicho. La frialdad de las almas es grande... ¡y cuánto precipitan a ciegas en la perdición! Si pudiera como estreno dejarte mi cruz!». «Luego, después de que hube pedido el permiso, me ha conducido en el oratorietto de S. Estanislao y allá me ha dicho: «Si no encontrara almas para consolarme y atraer mi misericordia, la justicia divina ya no serìa contenida». Luego ha añadido: «Mi amor por las almas es tan grande que me consumo del deseo de su salvación. ¡Pero cuánto se perdonan! ¡Cuanto otras esperan, para salir del estado en que se encuentran, que sacrificios y sufrimientos les consigan esta gracia! Sin embargo, tengo muchas almas que me pertenecen y me quieren. Un sola de ellas consigue el perdón por muchos otras frìos e ingratas. «Quiero que te enciendas deseo de salvarme de las almas, que te tiras en mi Corazón y que no te ocupas más que otro que de mi gloria. «Volveré esta tarde porque tù extingas mi sed divorante y me reposaré en ti». «En efecto al principio de la hora santa él volvió y dijo: «Nosotros como vìctimas le ofrecemos al eterno Padre. Derribémosnos con profundo con respecto de su presencia... adorémoslo... presentémosle nuestra sed de su gloria... Ofreces y arregla unida a la divina Vìctima». «Ha dicho lentamente estas palabras, por lo tanto ha desaparecido un poco antes del fin de la hora santa». Después de algùn dìa la Virgen le ha aparecido a Josefa para sustentarla, ya que las ìntimas luchas no faltaron a su hija. «Si supiera cuánto deseo, Yo que te soy Madre, que tù seas fiel le ha dicho. Pero no te entristezcas: la sola cosa que Jesùs te pregunta es que te entregas a su voluntad. El resto lo hará él». «Le contesté cuanto yo costara de deber decir todas este cosas, no solamente a la Madre adjunta, pero ahora también a mi Superiora». «Más Jesùs te pregunta, más debes mi hija estar contenta, la Madre celeste contestó y, por lo tanto, como para arraigarla en la humilde desconfianza de si: «Delante de una obra maestra continuó, no es el pincel pero la mano del artista que se admira. Asì, Josefa, si ocurriera que grandes cosas se ejecutaran por tu medio, no te atribuyas nula, ya que es Jesùs que actùa, él que vive en ti y de ti se sirve. Dalo las gracias por mucha bondad... Eres muy fiel en las pequeñas cosas y en las grandes, sin cuidar si les te cuestan. Le obedeces a Jesùs, les obedeces a las Madres y guardados muy humilde y abandonada. Jesùs hace suyo tu pequeñez y yo te soy Madre!». El jueves 8 de septiembre N. Dios calma sus temores dándole el secreto para tener ánimo: « No ocuparte de otro que para quererme: el amor te dará fuerza». Y el amor tendrá que siempre mantenerla ocupada de las almas. « Tengo un alma que muy me ofende le dice apareciendo ella el martes 13 de septiembre Jesùs y vengo de ti para consolarme. Vas a pedir el permiso de quedar un momento conmigo. No te retendré a largo. No temas si te sintieras extraviada, ya que te haré compartir la angustia de mi Corazón. Pobre alma, como se precipita hacia el abismo!...» «Durante tres horas, en la noche del 14 al 15 de septiembre, me ha dejado su cruz y la corona», Josefa añade. Tan incluso durante las noches siguientes y en tal modo ella coopera por bastantes dìas a la vuelta de la ovejita extraviada. Al término de la noche, del 24 al 25 de septiembre, noche terrible de angustia y sufrimiento... «De repente todavìa Josefa escribe cada pena ha desaparecido. Una paz inmensa sucedió en mi alma. Jesùs estuvo allì, resplandeciente de luz, guapìsima, con la tùnica que pareció como de oro y el Corazón un incendio!». « Aquel alma, él me ha dicho, la hemos conquistado!». «Lo agradecì y adoré con respeto profundo, ya que en él traslució el majestad de Dios. Le pregunté perdón de mis pecados y lo supliqué de siempre mantenerme fiel, ya que me veo asì débil!... Sin embargo sabe bien que no deseo otro que quererlo y consolarlo!». « No angustiarte por tu miseria. Mi Corazón es el trono de la misericordia en que los más miserables soy el mejor acogido, conque vengan a hundirse en este abismo de amor. «He fijado sobre ti mi mirada porque eres pequeña y pobre. ¡Yo soy tu fuerza! Y ahora vamos a conquistar otras almas!... Pero primera descansa un poco sobre mi Corazón!». Este descanso tuvo que ser de corta duración y por «ganar otras almas» Josefa tuvo que dar más que aquél que no tuvo nunca entonces dato fino. Aquel mismo dìa, domingo 25 de septiembre, se abrió el perìodo de las grandes tentaciones, que quedarán en un primer momento en el dominio silencioso del alma, pero pronto tomarán un poder y una fuerza extraordinaria. Y en efecto la hora de los asaltos encarnizados llegada. A las tomas con la violencia de Satanás, Josefa no deja de repetir en su voluntad: «Ser fiel, o morir». Pero sin embargo pronto se cree abandonada y rechazada por Dios. Dos o tres veces la paz vuelve repentina al recuerdo de alguna palabra del Maestro. En aquellos raros minutos su alma regresa en llena posesión de si con amor tan ardiente que no encuentra expresiones suficientes. Entonces se puede constatar hasta cuál pica este figliuola es sincera y cuál martirio sustenta... cuánto es atacada a una vocación que ella cuesta tan querida, y que quiere por encima de todo. Otras veces es una desolación tal que no deja ningùn medio humano para ayudarla. Ella es hundida como en el dolor. ¡Sus Comuniones son rento de un esfuerzo de fe y ánimo, a veces no consigue victoria que al ùltimo minuto ya que el enemigo, incluso sin lograrvos, se encarniza para privarla de aquella Eucaristìa cuyo deseo la consume! Transcurre asì un mes, sin que exteriormente nada traicione la violencia de la lucha. A pesar de la continuidad de un tal sufrimiento Josefa espera invariablemente a su trabajo y a los deberes de la vida religiosa y siempre se encuentra la silenciosa y atrevida a su sitio. Pero mientras tanto el demonio duplica sus ataques. «Fui desesperada como escribe el lunes 17 de octubre, fiesta de S. Margherita Maria. Después de la Comunión supliqué el Santa de conseguirme del Corazón de Jesùs la gracia de ser fiel o de morir sin nunca separarme de él. Todo el dìa transcurrió en esta terrible tentación». El dìa siguiente bajo la fuerza de esta tentación se levanta decidido de todo dejar y partir. «A la hora de la Misa escribe estaba yendo a barrer el pasillo de las celdas, cuando de repente fui invadida de paz, mientras que este pensamiento se imprimió en mi corazón: ¿podrìa prescindir de él? «En aquel instante todo disparve como si no hubiera sufrido nunca... como si no hubiera tenido nunca aquellos tentaciones... Corridos a capilla y todavìa pude hacer la Comunión!». ¡Cuántas veces entre los asaltos infernal Josefa conocerá esta liberación repentina y riada, que no puede provenir que de Dios! Sólo por poco tiempo, sin embargo, el demonio afloja el apretón. él vaga alrededor de ella tratando de explotar las circunstancias propicias para hacer vacilar la voluntad. De su parte, Jesùs pregunta una confianza simple y absoluta que duplicará las fuerzas, manteniéndola en la humildad. Pero al mismo tiempo no le esconde los pendientes apuros. El jueves 20 de octubre, N. Dios le aparece con el Corazón inflamado. Enséñale una copa que tiene en mano, y le dice: No has bebido de ello que una parte, Josefa. Pero estoy listo a defenderte». Trastornada delante de la perspectiva de muchas pruebas, Josefa no sabe cómo decidirse a permitir y, por un instante, su ánimo semeja sucumbir. ¡No está sino una debilidad momentánea, pero lo dolorosa a su amor! Transcurren cuatro dìas en tal angustia, luego la Virgen viene a reconducir la paz con su presencia. Le aparece «llena de ternura» Josefa escribe la tarde del lunes 24 de octubre. « No temer de sufrir, dice. Si viera cuantas almas se han acercado a su Corazón en el tiempo de la tentación!». Y el Maestro, lleno de bondad y siempre cerca de los que sufren, contesta después a la llamada el dìa, 25 de octubre: « Vengo porque me has llamado!». En el desconcierto al que el demonio la empuja con sus insidias, Josefa, que teme siempre de haber cedido a la tentación, le pregunta a Jesùs lo que puede hacer para arreglar. « Lo que tienes que hacer, lo sabe: amargas, querer, querer!». El amor quedará pues antes ella y la ùltima palabra de la gran batalla que está a punto de empezar.

 

LA PERSECUCIÓN ABIERTO noviembre de 1921 el 14 de febrero de 1922

Te daré el ánimo por todo lo que te preguntaré de sufrir. (N. Dios a Josefa el 29 de noviembre de 1921).

Por alguna semana Josefa echa el ancla sigue fielmente escribiendo sus notas. Este esfuerzo de obediencia es tan más meritorio cuanto más es sincero. «Del viernes 11 de noviembre, escribe, ya no he tenido un instante de paz y he transcurrido los dìas y las noches sufriendo intensamente». «He encontrado alivio, añade el lunes 21 de noviembre, en el pacto que me han hecho hacer con N. Dios, preguntando lo que todas mis respiraciones y los latidos de mi corazón sean igualmente actos de fe y amor que le digan mi deseo de serle fiel hasta la muerte. Eso se ha resignado». Un rayo de cielo atraviesa la noche. El martes 22 de noviembre, en la mañana Josefa a lo usual barre la habitación de que es encargada. «De repente ella escribe dos manos se posaron dulcemente sobre mis hombros. Me volvì y vi a la Virgen, asì bonita y asì materna. Me dijo tiernamente: ¡«Pare mi! pobre pequeña!». «Le pregunté perdón y la supliqué de interceder por mì cerca de Jesùs». éste siempre es el primer movimiento del alma su delicada, que teme, por encima de cada pena, de herir el Corazón del Maestro, también inconscientemente. « No temer de nada, Josefa, la Madre celeste contestó Jesùs ha hecho contigo un pacto de amor y misericordia. Tù eres perdonado completamente y yo te soy Madre». «Me he sentido asì rebosante de alegrìa que no sé lo que le he contestado. ¡Y cada vez más Madre! La he agradecido y las he preguntado de conseguir de Jesùs que me devuelva su corona». « Sì, mi hija, te la devolverá, y si no no te la llevara él mismo, vendré a llevartela yo». «La tarde durante la adoración, Jesùs ha venido, guapìsimo, escribe y tuvo en mano la corona de espinas. Apenas lo vi le pregunté perdón y supliqué que tuviera compasión de mì. «Se acercó con bondad y posándome sobre el jefe la corona, dijo: « Quiero que tù penetras intensamente las palabras de mi la Madre: he hecho contigo una alianza de amor y misericordia. El amor no se cansa, la misericordia no se agota nunca». Tres dìas después Jesùs le aparece «con el majestad de un Dios» en el agradecimiento de la Comunión Josefa escribe el viernes 25 de noviembre: «Me enseñó el Corazón todo inflamado; la herida se abrió y me dijo: « Ves cómo mi Corazón se consume de amor por las almas, incluso tù tienes que inflamarte del deseo de su salvación. Quiero que hoy tù entras bien a fondo en este Corazón y que arreglas en unión con él. Usted, tiene que arreglar repitió. Yo soy la gran Vìctima y tù una pequeñìsima vìctima; pero, unida a mì, tù puedes ser escuchada por mi Padre». «Todavìa quedó un instante y luego desapareció». El sábado 26 de noviembre, hacia las tres de la tarde, Josefa cosió con el usual ardor los uniformes para las educandas en el laboratorio del noviciado. De repente Jesùs la alcanzó: « Quierodijo que tù le preguntes a la Madre el permitido ch'io quedas un momento contigo». «He ido padecido a pedir el permiso, por lo tanto a la capilla de las Obras, dónde él me ha alcanzado con su cruz». «Te he dejado descansar un poco, Josefa. Ahora deja ch'Io te descansó en ti. Deseo darte por algùn instante mi cruz: ¿la quieres? «Tengo muchas almas que me abandonan, y tanto que se perdonan. Pero lo que me aflige de más es que soy justo mis almas, aquellos sobre los que he fijado mis miradas y que he colmado mis regalos. En repuesto ellas no tienen por yo que frialdades e ingratitud. ¡Ay! cuánto poco encuentro de ello que correspondan a mi amor...». Le entregó la cruz y desapareció sin añadir palabra. El lunes 28 de noviembre refiere laconicamene la prueba que de ahora en luego no la dejará más en descanso. Al demonio ha sido dado un nuevo poder. Por la primera vez escucha la voz diabólica que ya la perseguirá dìa y noche en los pasillos, al noviciado, al laboratorio, al dormitorio: «Tù serás nuestro... sì, tù serás nuestro!... nos cansaremos... te venceremos... etcétera». Esta voz la aterroriza, pero no le saca el ánimo. Escribe la tarde de aquel dìa: «Durante la adoración Jesùs ha venido con la Cruz. Se la he preguntado y me ha contestado: « Sì, vengo para dartela. Quiero que tù me repuse y que amparos lo que mis almas rechazan a mi Corazón. Cuántas de ellas no son las que deberìan ser!». «Me dejó por una hora la cruz, y cuando volvió para retomarle le me dijo solamente: «Volveré pronto». «La noche, creo hacia medianoche, me he despertado de golpe. él estuvo allì: «Te llevo la cruz y arreglaremos junto». Josefa confiesa humildemente de ser sentida él faltar bajo el gran peso que lo oprimió. «Lo he suplicado de ayudarme escribe ya que sabe bien cuánto sea pequeña!». «Josefa, no consideres tu pequeñez. Considera la fuerza de mi Corazón que te sustenta. Yo soy tu fuerza y el reparador de tu miseria. Te daré ánimo por todo lo que te preguntaré de sufrir». «Entonces me ha dejado sola y ha reaparecido hacia las tres». «Me devuelves la cruz, te la reconduciré pronto». Ya al alba del martes 29 de noviembre, a la meditación, él se la reconduce. Cuelga mucho sobre el hombro de Josefa mientras Jesùs la sigue al trabajo y lo acompaña a la Misa. Después de la Comunión le recuerda el secreto de la generosidad: «Ahora tienes la vida en mì: Yo soy tu fuerza. Ánimo, entrega mi cruz!». «De aquel dìa continùa el demonio me ha atormentado muy». En la noche del domingo 4 de diciembre le sobrevino una nueva prueba. Arrancada violentemente de la cama, fue echada al suelo, bajo los golpes del enemigo invisible que la revistió de injurias. Transcurrieron asì largas horas y el martirio se renovó, también más marcado, en las dos noches siguientes. «Al término de una noche terrible escribe en la mañana del martes 6 de diciembre, no sabiendo más que hacer, ha quedado de rodillas a los pies de la cama. De repente, he oìdo un chirrido de dientes y un grito de rabia. Luego todo es acabado, y he visto, guapìsima, delante de mì la Virgen». «No temer de nada, mi hija, está aquì Yo». «Le he dicho cuanto miedo tuve del demonio que me atormenta mucho». «Puede atormentarte, pero no tiene el poder de dañarte. Y furibundo por las almas que le evitan... valen mucho las almas... Si tù supieras el precio de un alma!...». «Por lo tanto me ha bendecido añadiendo: «No temer de nada». «Le he besado la mano y ha ido». Después de esta aparición materna, la Madre y el Hijo se eclipsan por cierto tiempo del camino doloroso de Josefa. Josefa ya no escribirá nada de las luchas cotidianas por los que, de sufrimiento en sufrimiento, irá madurando y fortaleciéndose la generosidad de su amor. Sin embargo la relación de este perìodo fue hecha dìa tras dìa, poco a poco que los hechos se desarrollaron, y nos permite de echarvos una mirada para medir de ello, en parte, la desgarradora realidad. El martes 6 de diciembre, saliendo donde de la capilla se ha confesado, Josefa se encuentra de repente, por la primera vez, frente a la infernal visión: un enorme perro negro, con los ojos y las fauces abiertas que lanzan llamas, le cierra el camino haciendo esfuerzos para arrojarse sobre de ella. Josefa no retrocede, pero dominando el miedo que le aprieta el corazón, agarra la corona tendiéndola delante de si y continùa por su calle. Desde entonces en luego el demonio le aparece visiblemente. Después del perro amenazador que la sigue por los pasillos, he aquì un serpiente que se yergue sobre su camino. Bien pronto toma forma humana, la más espantosa de todo. ¡Ya estos encuentros diabólicos se multiplicarán en los dìas de Josefa, cuyas fidelidad y la dedicación al deber no se desmentirán nunca, pero a costa de cuál ánimo! Sin embargo está a punto de tocar la hora en que una más dura prueba exigirá un abandono todavìa mayor. El miércoles 28 de diciembre, hacia las siete por la tarde, volviendo del trabajo con las hermanas de hábito se encuentra de repente frente al enemigo. Con la rapidez del relámpago la coge y la transporta como una pajuela de paja, echándola al suelo en un desván de acceso difìcil a la otra extremidad de la casa. De aquel dìa Josefa ya no tendrá un instante de paz. El demonio se apoderará de ella desactivando cada custodia, excepto la de Dios. Estos raptos diabólicos se multiplican; también bajo los ojos de las Madres que tratan de no perderla de vista ella desaparece de repente, sin que se pueda decir como, porque siempre ocurre con la velocidad de un relámpago. Después de largas bùsquedas se encuentra la en alguna parte remota de la casa dónde el demonio la ha transportado, persiguiéndola. Pero Jesùs, que lo quiere más que cada otro, vela. Quiere probar que es dueño y que reserva a si la custodia divina. Interviene en la hora querida por él para afirmar sus derechos. El demonio con una blasfemia se hunde bajo los golpes de su potencia. Entonces Josefa liberada se alza; agotada, pero plenamente consciente, retoma ánimo, ruega, vuelve de nuevo al trabajo. El enemigo no logrará, en efecto, a dominar la invicta energìa de aquella pequeña criatura que Jesùs reviste su fuerza y reviste su sangre. La rabia del demonio semeja centuplicarse frente a asì imprevista resistencia. él intenta desvelar a todas las miradas el secreto de que es circundada su vìctima, pero los malvados esfuerzos fracasan, ya que nadie se da cuenta desaparición de Josefa. Pero de vez en cuando alguna escampada proyecta su luz sobre la senda tenebrosa. Entonces Josefa por obediencia recomenza a escribir: «El 10 de enero de 1922 cuenta durante la Misa de las nueve, poco después de la elevación, oyó una voz infantil que me hizo sobresaltar de alegrìa: «Josefa!... me reconoces?». «Enseguida vi como delante de mì a Jesùs un niño de acerca de un año, con una tùnica blanca, pero más corta de lo usual. Tuvo los prensatelas desnudos y el pelo de un rubio encendido... Fue encantadora. Lo reconocì enseguida y le dije: Ciertamente que te reconozco: ¡eres mi Jesùs; pero como eres pequeño, Señor mi! Sonreìdas y contestó: « Usted, es pequeñito, pero mi Corazón es grande!». «Diciendo estas palabras puso su manina sobre el pecho y vi su Corazón. No puedo decir lo que el mìo probó a la visa... ¡Ay, Señor! ¡si tù no tuvieras el Corazón que tienes, no podrìa quererte como te quiero, pero tu Corazón me secuestra! Con una ternura indecible él me dijo: « Por tanto he querido hacertelo conocer, Josefa, y por este te he colocado en el más profundidad de este Corazón». «Le he preguntado si ya todos aquellos sufrimientos fueron acabadas». « No, hace falta que tù todavìa sufras». Y ha añadido: «Necesito corazones que quieran, de almas que arreglen, de vìctimas que se inmolen... pero sobre todo de almas que se abandonen!». Luego, aludiendo a la palabra que más de una vez en los dìas pasados la ha fortificado: « Tus Madres han encontrado las palabras del abandono dijo. El demonio no tiene otro poder que el que los vien concedidos por lo alto. Dices ustedes que Yo estoy por encima de todo». Una ùltima recomendación de humildad, completa la enseñanza de Jesùs Niño. ¡«Ves cómo me he hecho pequeño, Josefa! Lo he hecho para ayudarte a ponerse pequeña pequeña también tù. «Me he humillado hasta este punto para enseñarte a humillarte a tu vez». «Con Su manina me ha bendecido y ha desaparecido». Aquì las notas de Josefa se interrumpen otra vez. La tarde misma recomenza la prueba, más violenta que nunca. El miércoles 11 de enero, su Padre director para confortarla las propuso de adelantar el dìa de los votos religiosos pronunciando aquel de castidad. De rodillas, en una alegrìa celeste, Josefa renueva esta donación ya hecha la vìspera de la primera Comunión y le promete a Jesùs fidelidad hasta la muerte. El dìa siguiente, 12 de enero, durante el agradecimiento de la Comunión, el propio Jesùs los se muestra y, aludiendo al voto pronunciado la vìspera: «Josefa, mi novia: dice sayas lo que tus superiores han conseguido con este voto?... Han obligado mi Corazón a cuidar de ti de modo especial. Dices ustedes que este acto me ha dado mucha gloria». «Le he preguntado si la prueba fue pasada». «Quiero que te abandonas y que tù siempre estés listo mucho a padecer como los tormentos del demonio a recibir mis consuelos». Nuestro Dios la quiere pues siempre tener y por cualquier cosa en la misma fuera de abandono. Ella tiene que proceder a ojos cerrados, seguro de él, sin otro gàranzia. El R.P. Boyer que la sigue de cerca la mantiene sobre esta calle de fe y humildad. «Me ha encomendadoescribe de hacerme pequeña pequeña y de ponerme debajo de todo, considerándome la más indigna como de las criaturas». Jesùs insiste de nuevo sobre esta recomendación que corresponde al deseo de su Corazón: ¿«Josefa, tiene bien comprendido los consejos que el Padre te ha dado? Usted, desea que tù seas pequeña pequeña». «Quiero ha continuado con fuerza que tù seas humillado y triturada. Dejados hacer y deshacer segùn los planes de mi Corazón». Aquella misma tarde por la primera vez la Virgen le hace entrever que su paso aquì en tierra será cumplido pronto. Josefa Usted expresa su deseo de no querer retirar nunca el sacrificio de la patria. Sì, la Madre inmaculada le contesta morirás aquì en Francia, en esta casa de Poitiers: diez años no pasarán que ya estarás en cielo». El 13 o 14 de enero el demonio recomenza sus asaltos: «él busca con un furor siempre creciente de hacerme dejar la vocación. Ha probado hasta de engañarme tomando el aspecto de Nuestro Dios». Aquì de nuevo las notas de Josefa quedan interrumpidas. Del viernes 13 de enero el demonio retoma sus asaltos sin pero llegar a desplazarla y la sienten contestar a las amenazas del enemigo con estas enérgicas palabras: «Ahora bien me matas!». Pues, como ella cuenta desteja, el demonio se transforma en ángel de luz y por mejor seducirla los se presenta bajo el aspecto de Nuestro Dios. En un primer momento pasmada, comprende tuesto el engaño. Las palabras que escucha no tienen la huella humilde y grande, fuerte y suave de aquellos del Maestro. Su alma retrocede invenciblemente delante de aquella visión que no las infunde ni paz ni seguridad. Más veces, sucesivamente, la prueba se repetirá. La humilde desconfianza de Josefa, su confianza en quién la guìa, la obediencia a la dirección que los vien dados, la salvarán del nuevo peligro. Por orden del Padre espiritual de ahora adelante en aparición cualquiera ella sea, tendrá que renovar el voto de virginidad, en espera de los votos religiosos. La astucia del demonio no podrá soportar este acto de fe y amor pronunciado a su presencia. Cambiará de aspecto y de actitud, se agitará, se traicionará de él mismo y desaparecerá de repentino blasfemando, como un embustero sorprendido en flagrante delito de mentira. A la renovación de los votos más tarde Josefa añadirá por obediencia algunas alabanzas a Dios y les preguntará a sus visitadores de recitarleella con. ¡El propio Jesùs, su santa Madre, la santa Fundadora parafrasearán estas invocaciones con un ardor incomparable, mientras el prìncipe de las tinieblas no podrá pronunciar nunca estas palabras de alabanza y bendición, él que ya no puede querer! Pues, destapado, duplica de furor y de violencia. Sin embargo y es bien éste que revela cuál espìritu la conduce y cuál amor la sustenta entre esta vida de sufrimientos, humillaciones y pruebas, Josefa queda fiel a la regla, a la vida comùn y a su trabajo cotidiano. Después de la meditación y la Misa está absorta a barrer las habitaciones te la asignas; está fiel en todo en su despacho: se ve la estirar, curar la capilla de las Obras; si los queda tiempo, cose y zurce. Los pequeños servicios extraordinarios, que no faltan nunca en casa, parece le despeina de derecho. Ella es preciosa, ya que siempre se encuentra la activa, inteligente en su trabajo y, aquellos que cuenta, completamente fecha y olvidadiza de si. Durante los dos meses de diciembre de 1921 y enero de 1922, como incluso en todos los partidarios, nada cambia en su vida. Aunque agotada, retoma el trabajo en cuanto el demonio desaparece, con un ánimo a menudo heroico, como si nada hubiera ocurrido. Siempre viéndola igual a él mismo, quién nunca podrìa sospechar las pruebas de ella padecéis y aquéllos que de un momento a lo otro están a punto de atacarla?... Un gran misterio lo envuelve y, a pesar de los esfuerzos diabólico nada aparece fuera calle dolorosa por que Nuestro Dios quiere hacerla pasar. éste es una de las señales que certifica la presencia y la acción de Dios. Como siempre la Virgen hará brillar en aquella noche algùn rayo de paz. El 3 de febrero, primeros viernes del mes, el R.P. Boyer condesciende a un deseo de Josefa, permitiéndolas, para fortificarla en su vocación, de añadir al voto de virginidad aquel de siempre quedar en la Sociedad del Sagrado Corazón, hasta tanto que las superiora querrán tenerla. Este segùn voto le infunde un intrepidità sin igual y la dispone a todo sufrir y a luchar sin tregua hasta que le gustará a Dios. El domingo 12 de febrero después de una mañana en que el demonio ha puesto todo en obra para vencerla, hacia tarde se encuentra con las hermanas de hábito en la capilla de las Obras, donde es impartida la bendición con lo Santo. De repente, después de la Bendición, envuelta en la luz y muy cercano a ella la Virgen comparece. Josefa trasalisce de alegrìa. Desde hace mucho tiempo tiempo no vio a su Madre celeste. Titubea, teme... Pero una gran paz que no engaña acompaña la conocida voz materna: « No temer, mi hija, es el Virgo inmaculado, la Madre de Jesùs Cristo, de tu Redentor, de tu Dios!». El alma de Josefa querrìa erguirse verso de ella: pero, fiel a la obediencia y para desactivar las trampas siempre posibles del diablo: «Si tù eres la Madre de Jesùs, dice me permites de renovar delante de ti el voto de virginidad que he hecho hasta el dìa en que tendré la felicidad de pronunciar los votos de religión en la Sociedad del Sagrado Corazón, y también renovar entre tus manos el voto de quedar en esta querida Sociedad hasta la muerte y de morir antes que ser infiel a mi vocación». Mientras habla no arranca los ojos de la dulce visión que la obsesión con ternura. El Virgo, tendiendo la mano derecha sobre el jefe de su la hija continùa: « No temer de nada, Jesùs está aquì para defenderte y tan incluso tu Madre». Luego huella sobre su frente la señal de la cruz, le aprieta las manos de besar y desaparece. Aquel instante de paraìso, inunda, Josefa de alegrìa y paz; aunque quebrantada, queda llena de confianza en el recuerdo de la luminosa mirada y la sonrisa incomparable de la celeste Madre. Durante algùn dìa la prueba parece dejada. La mañana de lunes el 13 de febrero de 1922, oda la llamada de su Dios: « Vienes, no temas, eres Yo!». «No estuve seguro que fosos él retoman las notas. Fui a advertir a las Madres y por lo tanto les fui al coretto y a os se encontró ya: « Sì, soy Yo, Jesùs, el Hijo del Virgo Inmaculado!». Nunca el demonio, a pesar de su osadìa infernal, logrará pronunciar parecidas palabras. «Señor, mi ùnico amor, contesta si eres tù, se dignados de permitir ch'io renuevas a tu presencia los votos hechos por ti». Me ha escuchado con complacencia y en cuanto hube acabado, contestó: « Les dices a tus Superiora que, como has sido fiel a hacer mi voluntad, Yo os seré incluso fiel. Dices ustedes que esta prueba es pasada, y cuánta gloria ha recibido de ello mi Corazón. Tù, Josefa, me descansa en mì, en mi paz, como Yo me he reposado en tus sufrimientos!».

 

Un poco de SERENO LOS QUARANTORE 14 de febrero el 3 de marzo de 1922

No creas que Yo tenga más amor por ti ahora que te consuelo que cuando te pregunto de sufrir (N. Dios a Josefa el 14 de febrero de 1922).

Un oasis de paz está abriéndose para Josefa, un borde de serenidad en un cielo borrascoso, algùn dìa de calma entre dos tempestades. Asì pueden llamarse las tres semanas que van del 12 de febrero al 3 de marzo de 1922. Nuestro Dios retoma con ella las divinas condescendencias. ¿Pero Josefa, asì atrevida en la lucha y tan abandonado en el sufrimiento, ahora lo es igualmente frente a las invitaciones del Maestro? Jesùs a menudo lo interrumpe en sus ocupaciones y el atractivo de la vida comùn semeja crecerle en ella cada vez que la debe sacrificar. Esta repugnancia a la singularidad siempre es por ella la puerta abierta a las tentaciones habituales, pero además es el manantial de la humilde contrición y las generosas reanudaciones, por los que el Corazón sacratissimo ha querido enseñar a las almas la incomparable riqueza de sus perdones. Ahora hace falta retomar en mano los cuadernos que cuentan dìa tras dìa las visitas celestes. ¡«El martes el 14 de febrero de 1922, durante la Misa scnve me preparé a la santa Comunión con un verdadera hambre de él! Poco después de la elevación él me apareció y me dijo: «Si tienes hambre de recibirme, incluso Yo tengo hambre de ser recibido por mis almas. Pruebo mucha alegrìa en descenderles en ellas!». «Después de la Comunión vino: « No creer que Yo tenga por ti más amor ahora que te consuelo que cuando te pregunto de sufrir. «De otra parte, no puedo dejarte sin sufrir. Pero tu alma tiene que quedar en paz, también entre el sufrimiento». «Aquella tarde misma cuenta humildemente entré en una fuerte tentación». El demonio, vencido por cierto tiempo, la circuye, en efecto, tratando de devorar su presa. Josefa queda vulnerable: resurgen vive sus repugnancias frente a aquella calle extraordinaria: acusa y cuenta todos los detalles de sus debilidades. Corren asì cuatro dìas de lucha hasta que Jesùs, lleno de compasión, le devuelve la luz y la perdona. ¡«Pobre Josefa! le dice la tarde del viernes 17 de febrero, apareciendo ella mientras ella se humilla mismas debilidades delante del tabernáculo. ¿ Que harìas si no tuviera mi Corazón? Pero más encuentro miseria en ti y más te quiero con ternura...». «Lo he suplicado de darme un verdadero amor escribe después el dìa, sábado 18 de febrero porque me parece que si supiera quererlo sabrìa mejor vencerme. Estaba haciendo la meditación y Jesùs ha venido de repente y me ha dicho: «Sì, Josefa, tu comida sea el amor y la humildad. Pero no olvides que también te quiero abandonada y siempre feliz porque mi Corazón ti tiene de una cura tierna». «Entonces le manifesté mi pena de no saberme vencer, ni corresponder a mucha bondad suya». «No temer, echado en mi Corazón!... Dejados bien conducir... éste basta ya». El dìa siguiente, domingo 19, después de la elevación, Jesùs le enseña sus llagas resplandecientes de luz: ¡«Aquì atraigo mis almas para purificarle e inflamarle en el remolino del amor! Aquì encuentran la verdadera paz y de su Yo espero el verdadero consuelo». «Le he preguntado como se hace para consolarlo cuando estamos llenas de miserias y de debilidades. Contestó enseñándome su Corazón: «Poco importa, conque las almas vengan aquì con amor y confianza: Yo suplo a su fragilidad». Se acercó el carnaval y aquellos dìas en que en el mundo se acumulan muchos placeres pecaminosos, muchas ofensas a Dios, no tuvieron que transcurrir sin que las almas volvieran en primero llano en las llamadas diarias del Salvador. El jueves 23 de febrero Josefa está en la lavanderìa con las hermanas de hábito cuando de repente Jesùs le aparece y le dice: «Querrìa que tù vinieras conmigo». Siempre fiel, advierte al Maestro que tiene que pedir el permiso, y él la sigue hasta la celda de la superiora. «Llamé dos veces escribe, pero nadie contestó. Estuve a punto de ir, pero él insistette: Pega otra vez». «Conseguido el permiso fui al coretto mientras Jesùs me caminó al lado. Calle haciendo, le pregunté perdón de lasciar pasar tanto pequeños actos de virtud que él deseó y prometì de ser fiel en las pequeñas cosas que le gustan: Si Tù, o Señor, quieres de más, me lo dices que lo haré». «Quiere, Josefa: el amor consuela, el amor se humilla, el amor es todo!... «Durante estos dìas en que recibo muchas ofensas quiero tenerte para cirineo. Sì, tù me ayudarás a llevar la cruz. Y la cruz del amor... ¡La cruz de mi amor por las almas! Tù me consolarás y todo y dos sufrirán por ellas». El dìa después de la Virgen confirma la invitación del Hijo. «Sì, mi hija, si eres dócil y generosa consolarás su Corazón y el mìo, y Jesùs glorificará en tu miseria». «Luego posándome la mano sobre el jefe ha continuado: ¡«Mira como su Corazón es ultrajado en el mundo! No pierdas la mìnima ocasión de arreglar en estos dìas. Ofreces todo por las almas y sufres con gran amor». Dìa no pasa sin que las ofensas del mundo se presenten al pensamiento de Josefa atravieso los dolores del Maestro divino. El sábado 25 de febrero, hacia las ocho de la mañana, mientras va a cerrar las ventanas del claustro de las celdas, divisa en el oratorio de S. Estanislao Jesùs cargo cruz. «He entrado escribe y me ha dicho: «Josefa, consuéleme porque las almas me crucifican otra vez. Mi Corazón es un abismo de dolor. Los pecadores me desprecian, me pisan... Nada por ellos es menos digno que amor del que los ha creado». «Me ha dejado la cruz y ha desaparecido. «Esta noche continua ha vuelto con una pesada cruz sobre los hombros, la corona de espinas sobre el jefe y el rostro rayado de mucha sangre». « Mira, en qué estado me encuentro. ¡« Cuántos pecados se cometen, cuantas almas se pierden! éste es el motivo por que vengo a buscar alivio cerca de las almas que ùnicamente viven para consolarme». «Quedó un momento en silencio con las manos llegadas; Sus ojos hablaron más que los labios. Luego dijo: ¡« Las almas corren hacia la ruina y mi sangre está perdido para ellas! «Pero las almas que me quieren, se inmolan y se consumen como vìctimas de reparación atrayendo la misericordia divina y esta salva el mundo». «Eso dicto ha desaparecido y creo por la noche fosos la una: he tenido la cruz hasta poco después de las cuatro». Mientras tanto el domingo 26 de febrero llegan los dìas de los Quarantore como una invitación más insistente a la reparación. Jesùs, expuesto sobre el altar, ve a todas las personas de la casa sucesión a sus pies, guardias de amor incesante que querrìan indemnizarlo y consolarlo de los ultrajes del mundo. Josefa, inadvertida entre las hermanas de hábito, participa en sus deseos y acoge en nombre de todas las confianzas del Maestro. «Durante la Misa de las nueve escribe en aquel domingo Jesùs ha venido con el Corazón resplandeciente de luz. Se habrìa dicho lo un sol». «He aquì aquel Corazón que da la vida a las almas ha dicho. El fuego de este amor es más fuerte que la indiferencia y de la ingratitud humana. «He aquì aquel Corazón que da a sus almas elegidas el ardor para consumirse y para morir, si hace falta, para probarme su amor». «Estas palabras tuvieron una tal fuerza que penetraron en el ìntimo del alma. Luego me ha mirado y ha continuado: «Los pecadores me torturan y me colman de amargura... No te querrás, pequeña vìctima que tengo elección, arreglar mucha ingratitud?». «Le he preguntado lo que quiso de mì, ya que bien conoce mi pequeñez». «Quiero que hoy tù entras en la profundidad de mi Corazón. Allá encontrarás la fuerza para sufrir. No pienses en tu pequeñez: mi Corazón es bastante potente para sustentarte. Es a tu disposición: le tomas en él todo lo que te hace falta. Le consumidos en él. Le ofreces al Padre celeste aquel Corazón y aquella sangre. No vivas más que de esta vida de amor, de sufrimiento, de reparación». «Por la tarde hacia las tres ha vuelto y me ha dicho: «Vengo a ampararse aquì ya que las almas fieles son por mi Corazón los baluartes como por una ciudad: me defienden y me consuelan. «El mundo corre a la ruina. Busco almas que arreglen muchas ofensas hechas al Majestad de Dios y a mi Corazón se consume del deseo de perdonar... Sì, perdonarles a estos hijos queridos por los que he vertido toda mi sangre. Pobres almas, cuánto perdona, cuánto precipitan al infierno...». Frente a tan inflamado dolor, Josefa no sabe cómo expresar su deseo de sufrir y de arreglar. «No preocuparte. Si no te separaras de mì serás fuerte de mi misma fuerza, y mi potencia será tuya!». «Entonces ha desaparecido y me ha dejado la cruz». El lunes de los Quarantore y la noche siguiente ven acumularse en ella los sufrimientos del cuerpo y las angustias del alma que acompañan la cruz de Jesùs. En la mañana de martes 28 de febrero se encuentra como siempre a la lavanderìa, pero después de alguna hora: «Al lado el dolor se ha vuelto tan fuerte que ya no logré respirar», escribe. Se retira en la buhardilla donde tiene el justo cama, consagrada ya de muchos sufrimientos y de muchas visitas divinas. «Jesùs ha venido padecido continùa, siempre asì bonito y con el Corazón todo flamante». « Cuánto me ofenden las almas!... Pero lo que me tortura de más el Corazón es de verle de él mismos precipitar a ciegas en la perdición... ¿Comprendes, Josefa, lo que sufro por la pérdida de muchas almas que me he costado la vida? He aquì mi dolor: ¡mi sangre es inùtil para ellas! Pongámosnos todo y dos a arreglar y a indemnizar al Padre celeste de muchos ultrajes que recibe». «Entonces me he unido a su Corazón ofreciéndole mis sufrimientos». Josefa nota la actitud suplicante del Maestro: las manos llegadas, los ojos vueltos al cielo, el silencio, todo en él expresa la divina y continua oferta al Padre. « Les dirás a tus Madres él continùa con bondad que esta casa es mi jardìn de delicia. Vengo aquì para consolarme cuando los pecadores me hacen sufrir.. Dices ustedes que estoy en esta casa realmente el dueño y que en este refugio mi Corazón se reposa!... «No busco y no pregunto cosas grandes. Lo que deseo, lo que me consuela, es el amor que empuja a actuar, él, el amor solo y este mis almas me lo dan». Por la tarde, durante la bendición de lo Santo, Jesùs le aparece de nuevo envuelto de la luz que irradia del Corazón. « Un pequeño grupo de almas fieles consigue misericordia por un gran nùmero de pecadores ha dicho. Mi Corazón no puede quedar insensible a sus sùplicas... He buscado quien me consolara y lo he encontrado». Los primeros dìas cuaresmales aun empujan más Josefa en esta calle de reparación. El 10 de marzo, miércoles de las Cenizas, durante la adoración de la tarde, Jesùs le aparece con el rostro sangrante y le dice: « No hay al mundo a criatura tan ultrajada y despreciada cuantos Yo lo son de los pecadores. «Pobres almas: ¡Yo les he dado la vida y ellas tratan de darme la muerte! ¡Estas almas que se han costado asì queridas no sólo me olvidan, pero llegan hasta el punto de hacerme objeto de sus escarnios y su desprecio! «Tù, Josefa, me acercada a, descansados en mi Corazón, participa en su amargura, consuélalo con tu amor. Son muchas las almas que lo colman de dolor... «Arregla por las que deberìan hacerlo y no lo hacen». «A este punto escribe la campana ha señalado el término de la adoración y he salido de la capilla. Jesùs caminó a mi cadera». « Va, Josefa, va a preguntar el permitido ch'io quedas contigo mientras trabajos». Cuando lo hube conseguido fui un momento al coretto y luego retomados mi trabajo en ropero, porque creo que sea lo que le gusta de más. Jesùs estuvo allá y me dijo: « Preguntas perdón por los pecados del mundo... Cuánto pecados... cuántas almas se pierden... almas que me conocen y que en el pasado me han querido... Y ahora prefieren a mi Corazón los gozos y los placeres... ¿«Por qué me tratan asì? ¿No he dado quizás su más veces prueba mi amor? ¡Y también les me han correspondido! Hoy en cambio me pisan, me hacen objeto de escarnio y hacen vanos mis dibujos sobre ellos... Dónde encontraré consuelo?...» «le he dicho: Señor, en esta casa, en nuestras almas. Todavìa hay, por todas partes, muchas almas que te quieren». « Sì, lo sé, pero Yo deseo aquellas almas. La quiero infinitamente!». «Yo offersi de nuevo a sufrir por ellas. Jesùs quedó allì y de vez en cuando repitió: « Recoges la sangre que he esparcido en mi pasión. Preguntas perdón por todo el mundo... por aquellas almas que, incluso conociéndome, me ofenden, y te ofreces en reparación de muchos ultrajes». «Ha quedado hasta hacia las once por la noche, luego si n'è va dejándome la cruz, el dolor al lado y la angustia en el alma. Poco antes de las tres todo es dejado y me he dormido porque fui agotada». Se acerca de nuevo la hora de la tentación. Parecerìa que Josefa no tuviera que jamás vacilar después de haber conocido tan de cerca el Corazón transfijo del Maestro. Jesùs prefiere dejarla en poder de su debilidad. Este dibujo particular de su amor por ella, elegida por su sabidurìa para custodiarla seguro entre muchas gracias de una parte, a muchos peligros de la otra, en la continua experiencia de la misma debilidad. Ya alrededor de ella se puede presagiar una reanudación de la ofensiva diabólica. El 2 de marzo, primeros jueves cuaresmales, ella humildemente confesa que hacia tarde a la solicitud del Maestro: « Querrìa que tù te consolaras» ha resistido en su alma. «Ya que escribe no acabé todavìa mi trabajo en ropero habiendo tenido que barrer el cappellina». « Es vas padecido a pedir el permiso el Dios insiste. Necesito vìctimas que me consuelen y arreglen, y si no las encuentro aquì, adónde iré?». «He ido a pedir el permiso, pero Jesùs no ha vuelto. También la cruz y la corona desaparecieron... y no sé decir toda mi angustia, ya que deseo sólo vivir para consolarlo; pero soy mucha debilidad!» El dìa siguiente, primeros viernes del mes, 3 de marzo, lo transcurre triste. Durante el entero dìa Josefa suplica a Nuestro Dios y sobre todo la Virgen de perdonarle, «porque ella escribe saben bien que es culpa de mi debilidad más que de la voluntad». Maria no resiste a la ansiedad de su figliuola y viene a alentarla mientras ella está acabando la Calle Crucis: « Quedas en paz, mi hija. Si lo quieres, Jesùs seguirá consolándose en ti: ¡deséalo tan! Pero no olvides que tu amor está libre». Entonces ella continùa la confesión de aquella culpa que siempre llamará la más grande de su vida. Aquella tarde misma, al principio de la noche, Jesùs compareció. Fue como siempre guapìsimo, pero con una cierta expresión de tristeza en los ojos. « Te reconduzco mi cruz y mi corona, Josefa. Descánsame: muchas almas me ofenden... muchas se pierden... estas almas que anzuelo mucho!». Y como ella suplica perdón y se ofrece a favorecer sus deseos: ¡« Sì! le dice no rechazarme nunca el consuelo que aspecto de ti. Tengo muchas almas que me quieren y me consuelan, es verdadero: pero nadie puede ocupar el sitio que te he reservado, ya que sobre de ti he fijado de manera especial mi mirada». A estas palabras Josefa, que conserva al final del alma el temor invencible de tal extraordinaria predilección, siente sublevarse en le como una fuerte oleada, la oposición que logra dominar con mucha dificultad. Este instante en que retrocede, lo llamará luego «su ingratitud». Jesùs, que ve el fondo de las almas, divisa en la de Josefa este temor que ella no logrará nunca vencer completamente. « Si tù midieras las ofensas que recibo, no rechazarìas mi cruz le dice. Sayas cuál es esta cruz?... Y la libertad que tienes que darme de tomarte cuando necesito ti, sin respeto a la ocupación, al lugar, a la hora: bastando con saberte que te pregunto de consolarme. Si estoy contigo, que importa que todos te vayan contra?». «A este punto lealmente Josefa escribe diré por mi mayor confusión que lo he suplicado de dejarme fuera de esta calle extraordinaria; me ha mirado tristemente y me ha dicho: « No puedo abandonarte, porque mi Amor por ti está sin medida. Pero ya que tù quieres asì, sea hecho como deseas. La herida de mi Corazón ninguno, en lugar de ti, podrá cerrarla...». Ha tomado la cruz y la corona y ha desaparecido. Después de algùn dìa Josefa añade; «no sé decir lo que sufro de aquel momento. ¡Ninguno otra cosa de la tierra podrìa causarme un tormento parecido! Ante todo sé que lo he herido y luego, si, no vuelve, mi vida será un continuo martirio porque he sido yo a cambiar los dibujos de su amor...». Ella no sondeó todavìa la profundidad de la misericordia del Corazón de Jesùs... A pesar de su debilidad, nada fue cambiado en los dibujos de este amor. Ellos se desarrollarán sobre de otro plan, que la Sabidurìa Divina ha previsto y que tendrá principio el 3 marzo de aquel año.

 

LA ENTRADA EN LAS TINIEBLAS DEL más allá 4 de marzo el 15 de abril de 1922

No olvides, mi hija, que todo lo que ocurre siempre regresa en los dibujos de Dios (S. Maddalena Sofìa a Josefa el 14 de marzo de 1922).

Y eccoci ahora a un perìodo que es quizás el más misterioso de toda la vida de Josefa. Parece a primera vista que su resistencia a la llamada de Nuestro Dios le haya atraìdo un castigo. Pero sobre esta oscura trama se perfila bien pronto un dibujo bien diferente, que manifiesta la predilección divina absorta a aprovechar de un instante de debilidad para hacer progresar rápidamente su obra en ella y a través de ella. Mientras es concedido al demonio un más amplio poder y los mismos abismos infernales semejan abrirse delante de Josefa, inmersa en un sufrimiento nunca probado hasta ahora, Jesùs la tritura en el dolor y, en el mismo tiempo, cava en el alma su profundidad de fe, de abandono, de humildad, que ninguna esfuerzo personal habrìa realizado nunca. El Maestro divino se ha reservado este deletreo en la hora de él querido y con medios que superan cada humana previsión.

* * *

Santa Teresa, en una página admirable, ha descrito su pendiente en el infierno que las dejó en el alma huellas imborrables. Josefa tiene más veces tendidas por obediencia la relación de sus largas pendientes en el abismo del dolor y la desesperación. Esta documentación, igualmente impresionante que simple, se refiere, después de cuatro siglos, a la descripción clásica de la grande contemplativa de Ávila. Tiene la misma resonancia de sufrimiento y contrición, de amor reparador y de celo ardiente. La dogma del infierno, tan a menudo animado o sencillamente callado por una espiritualidad incompleta, con daño real de las almas y hasta con peligro de su salvación, viene tan repuesto en luz. ¿Quién podrá dudar existencia de una potencia infernal encarnizada contra Cristo y su Reino leyendo en estas páginas lo que a Josefa ha visto, entendido y atormentado? Quién además podrá, transcurrió medir el mérito reparador de aquellas largas horas en aquella prisión de fuego?... Josefa, que os se cree encarcelada para siempre, testigo de los esfuerzos encarnizados del demonio para secuestrar eternamente las almas a Jesùs Cristo, experimenta el dolor de los dolores, aquel de ya no poder amargas. Algùn extracto de sus escritos podrá favorecer a muchas almas, que debbono remontar una pendiente y, sobre todo, será una llamada del amor por las que decidirán no ahorrar nada para arrancar las almas de la perdición... Llevó en la noche del miércoles al jueves 16 de marzo que Josefa conoció, por la primera vez, esta misteriosa pendiente en el infierno. Ya desde el primer lunes cuaresmal, 6 de marzo, poco después de la desaparición de Nuestro Dios, voces infernales lo tienen a más reanudaciones dolorosamente impresionadas. Almas caìdas en el abismo vienen, sin que ella las vea, a regañarle su falta de generosidad. Queda trastornada... Oye gritos de desesperación como éste: «Soy para siempre allá dónde no se puede querer más... ¡Cuanto breve ha sido el placer! y la desgracia es eterna... Qué me queda?... Odiar para siempre con odio infernal y este!». «Ay, escribe saber la pérdida de un alma, y no pueda ya hacer nada por ella!... Saber que por toda la eternidad un alma maldecirá a Jesùs y que no hay más remedio!... tampoco si pudiera sufrir todos los tormentos del mundo... Qué terrible dolor!... Serìa mejores mil veces morir que ser responsables de la pérdida de un alma». El domingo 12 de marzo le escribe a su Superiora, lejana por algùn dìa de los Feuillants por un viaje hacia Roma. ¡«Mi madre, si supiera con cuanta pena le vengo a! Del 2 de marzo ya no tengo a nadie de mis joyas (asì llama la corona de espinas y la cruz de N. Dios) porque otra vez he herido a Jesùs, mucho bueno por mì. Sin embargo espero que también otra vez él tendrá compasión de mì: pero mientras tanto ahora ella satisfecha bien querido porque de la noche del primer viernes el más gran sufrimiento ha reemplazado el demonio, después de tenerme golpe, ha desaparecido y me ha dejado libre... ¡No puedo expresar lo que tengo probado nell anima mi cuando me he percatado de estar viva y de poder todavìa querer Dios! ¡«Para evitar este infierno, aunque tenga un gran miedo de sufrir, no sé qué estarìa lista a soportar! Veo claramente que todos los padecimientos terrenales son un nada a comparación del dolor de ya no poder querer, ya que no se respira allá abajo que odio y sed de la pérdida de las almas». Desde entonces Josefa a menudo experimenta este suplicio misterioso en aquellos largos cuartos de estar en lo tenebroso «más allá». Las pendientes cada vez vienen preanunciarais de los ruidos de cadenas y de los gritos lejanos que se acercan, la circundan, lo asedian. Ella intenta huir, de distraerse, de trabajar para sustraerse a esta furia diabólica que acaba pero de con derribarla. Tiene en cuanto el tiempo de ampararse en su celda, y duro pierde conciencia de las cosas circunstante. En un primer momento, se encuentra colada en lo que llama «lugar oscuro» frente al demonio, que triunfa sobre de ella y semeja creer de tenerla para siempre en su poder. él ordena imperiosamente que les sea echada a su sitio y a Josefa, atada estrechamente, cae en el caos de fuego y dolor, de odio y de desesperación. Refiere sencillamente todo esto y objetivamente, como ha visto, entendido, experimentado. Al exterior solo un ligero brinco dio indicio de tales misteriosas pendientes. En el instante mismo el cuerpo de Josefa se puso completamente flojo, sin consistencia como aquel de quién, de pocos momentos, ya no tiene vida. El jefe, los elementos, no se sustentan más, mientras que el corazón normalmente golpea: ¡ella vive como sin vivir! Este estado se dilata más o menos, segùn la voluntad de Dios que se lo entrega asì al infierno, y sin embargo la custodia en su segura mano. En el momento de él querido otro imperceptible brinco, y el cuerpo abatido retoma vida. Pero no es liberada todavìa por la potencia del demonio en aquel lugar oscuro dónde ella repleta de amenazas. Cuando por fin la concede y ella poco a poco retoma contacto con los lugares y las personas que la circundan: «Dónde soy... ¿y vosotros quiénes sois? todavìa vivo?», pregunta. Sus pobres ojos tratan de encontrarse en un entorno que le semeja tan lejos en el pasado. A veces grandes lágrimas corren silenciosamente de sus ojos, mientras que el rostro lleva la huella de un dolor que no se puede expresar. ¡Reconquista al final el sentido lleno de la actual realidad y no es posible expresar la emoción intensa de que es invadida cuando, de repente, comprende de poder todavìa querer! Lo ha contado más veces con sencillez incomparable: «Domingo el 19 de marzo de 1922, tercer domingo cuaresmal. Soy descendida de nuevo en aquel abismo y me ha parecido vivirvos largos años. Os tengo muy atormentado, pero el mayor tormento es de creerme para siempre incapaz de querer N. Dios. Asì que cuando vuelvo a la vida estoy loca de alegrìa. Me parece de quererlo porque lo he querido y de estar lista a probarselo con todos los sufrimientos que él querrá. Me parece sobre todo de estimar y querer locamente mi vocación». Y, un poco más abajo añade: «Lo que veo allá abajo me da un gran ánimo para sufrir. Comprendo el valor de los mìnimos sacrificios. Jesùs los recoge y sirve para salvar almas. Ceguera grande es evitar el sufrimiento, también en las cosas más pequeñas, ya que, además de ser muy preciosa para nosotros, sirve a preservar muchas almas de asì grandes tormentos». Josefa ha intentado, por obediencia, de contar algo de aquellas pendientes al infierno, asì frecuentes en aquel perìodo. Todo no puede ser contado aquì, pero alguna otra página se valdrá de enseñanza preciosa. Ellas incitarán las almas a consagrarse y a sacrificarse por la salvación de aquéllos que cada dìa y a cada hora estoy sobre el dobladillo del abismo. «Cuando llego en aquel lugar escribe domingo 26 de marzo oigo gritos de rabia y alegrìa satánica porque un alma de más viene a hundirse entre los tormentos... En aquel entonces no tengo más conciencia de haber bajado otras veces en el infierno: siempre me parece que sea la primera vez y me parece de servos por la eternidad, lo que me hace tanto sufrir, ya que recuerdo que conocì y quise a Nuestro Dios... qué fui religiosa... qué Dios me hizo grandes gracias y dato numerosos medios para salvarme. Qué he hecho pues para perder muchos bienes?... Por qué he sido tan ciega?... Y no hay ahora más remedio... Incluso me acuerdo mis comuniones, de mi noviciado. ¡Pero lo que me atormenta de más es el recuerdo que quise mucho el Corazón de Jesùs! Lo conocì y fue todo mi tesoro... No vivì que por él... Cómo ahora vivir sin él?... sin quererlo?... ¿circundada por muchas blasfemias y desde hace mucho tiempo odio? «Mi alma queda oprimida y destrozada a tal señal que no poderse expresar porque es indecible». A menudo asiste también a los esfuerzos encarnizados del demonio y sus satélites para arrancar de la misericordia adivina algunos alma que Dios está sobre el punto de conquistar. Se dirìa que, en los dibujos de Dios, sus sufrimientos sean el rescate de aquellas pobres almas, que le deberán la gracia victoriosa del ùltimo instante. «El demonio escribe jueves 30 de marzo es más furioso que nunca porque quiere perder tres almas. Ha gritado enfadadamente a los otros: « Que no eviten!... van... ¡sobre! ¡sobre! tenéis firme!». «Oì gritos de rabia que contestaron de lejano». Por dos o tres dìas consecutiva Josefa fue testigo de esta lucha. «He suplicado a Nuestro Dios de hacermì de todo lo que querrá porque aquellas almas no vayan perdidas escribe de vuelta del abismo sábado 10 de abril. También me he dirigido hacia la Virgen que me infunde una gran paz, porque me siento dispuesta a sufrir cualquier cosa para salvarle. Creo que Ella no permitirá al demonio de reconducir victoria». El 2 de abril, domingo de Pasión, escribe de nuevo: «El demonio gritó: « No te la dejas ir... Están atentos a todo lo que puede turbarle... qué no eviten!.. hadas de modo que se desesperen...» «Fue una confusión horrible de gritos y blasfemias. De repente, emitiendo gritos de rabia, gritó: ¡« Poco importa! ¡Todavìa quedan de ello dos! Sácadles la confianza!». «Incluidos que una de aquellos almas le fue evitado para siempre!». ¡« Pronto, pronto! ¡ rugió; que las otras dos no os evite! Te agarras ella... ¡qué se desesperen! Pronto... nos escapan!». «Entonces en el infierno se oyó un rechinar de dientes y con un furor indescriptible al demonio rugió: « Ay, potencia... potencia de questò Dios!... qué tiene más fuerza que yo... Queda uno de ello; y aquel no no me la dejaré escapar!...». «El infierno no fue más que un grito solo de blasfemia, confusión de gemidos y quejidos. ¡Incluidos que aquellos almas se salvaron! Mi corazón fue lleno de ello de alegrìa, aunque en la imposibilidad de hacer un solista acto de amor... Sin embargo no pruebo aquel odio hacia Dios que tienen las almas infelices que me circundan, y cuando las oigo blasfemar y maldecir, siente de ello un tal dolor que soportarìa cualquier padecimiento porque Dios no esté tan ofendido y ultrajado. Solamente tengo miedo de también convertirse en yo, con el tiempo como aquellos otros. ¡Eso me tortura, porque recuerdo cuánto lo he querido y cuánto fue bueno verso de mì! «Tengo muy atormentado continua especialmente en estos ùltimos dìas. Sentì un riachuelo de fuego como darme de la garganta y atravesarme todo el cuerpo, mientras tuve a la persona estrecha entre ases ardientes, como ya he dicho otra vez. Me parece entonces sentirme salir los ojos de la órbita como si fueran arrancados, los nervios estirados; el cuerpo agachado en dos no puede moverse y un olor fétido invade todo 1 ~ ~ Y sin embargo éste es nada en comparación de lo que prueba el alma que conociendo la bondad de Dios se encuentra obligado a odiarlo, sufrimiento mucho más grande si ella lo tiene muy querido». Más allá otros misterios del están a punto de revelarse a Josefa. En esta misma época, Cuaresma 1922, mientras dìa y noche lleva el peso de tales persecuciones, Dios la pone en contacto con otro abismo de dolor, aquel de purgatorio.

NOTA: Este intolerable olor envolvió a Josefa al final de estas pendientes al infierno, como incluso en los secuestros y en las persecuciones diabólicas: olor de azufre y carne podrida y quemada, que quedó perceptible alrededor de ella, dicen los testigos, por el espacio de un cuarto de ahora o mezz ahora: ella pero guardó mucho más de ello largo.

Muchas almas vienen a suplicar sus sufragios y sus sacrificios con expresiones de profunda humildad. En un primer momento arista impresionada: luego se acostumbra poco a poco a las confianzas de aquellas almas penanti. Escùchala, pregunta su nombre, las anima y se entrega con confianza a su intercesión. Sus enseñanzas son preciosos y dignos de ser recogidos. Uno de ellas, viniendo a anunciarle su liberación dice: «Lo importante no es la entrada en religión pero la entrada en la eternidad!». « Si las almas religiosas supieran como hace falta abonar aquì las pequeñas caricias prodigadas a la naturaleza...», dijo un otra preguntando ruegos. « Mi destierro es acabado, ahora subo a la eterna patria». Un sacerdote dijo: «Cuanto infinita es la bondad y la misericordia divina que digna servirse de los sufrimientos y de los sacrificios de otras almas para arreglar nuestras grandes infidelidades. Cuál alto grado de gloria habrìa podido conquistar si mi vida hubiera sido diferente!». Un alma religiosa, entrando en cielo, todavìa le confió a Josefa: ¡« Como se ven de otra manera las cosas terrenales, cuando se pasa a la eternidad! Los cargos no son nada a los ojos de Dios: sólo cuenta la pureza de intención con que son cumplidas, también en las más pequeñas acciones. La tierra y todo lo que contiene soy poca cosa... sin embargo cuánto es querida!... ¡Ay, la vida, por larga que sea, es nada en comparación de la eternidad! Si lo que se supiera es un instante solo pasado en purgatorio y como el alma se consume y se consume por el deseo de ver a Nuestro Dios!». También otras almas, evitan por misericordia divina al extremo peligro, vinieron a suplicar a Josefa de acelerar su liberación. «Estoy aquì por la infinita bondad de Dios, uno de ellas dijo porque un orgullo excesivo me llevó sobre el dobladillo del infierno. Tuve bajo los pies a muchas personas: ¡ahora me precipitarìa a los pies de lo ùltimo de los pobres! «Tienes compasión de mì, haces actos de humildad para arreglar mi orgullo. Asì podrás liberarme de este abismo. « He dado siete años en pecado mortal otra confesó y han sido tres años se enfermados. Siempre he rechazado de confesarme. Me preparé el infierno y nos habrìa caìdo si tus sufrimientos de hoy no me hubieran conseguido la fuerza de regresar en gracia. Ahora soy en purgatorio y te suplico, ya que has podido salvarme: libérame de esta prisión mucho triste!» « Soy en purgatorio por mi infidelidad no habiendo querido corresponder a la llamada de Dios, vino a decirle otra alma. Doce años he resistido a la vocación y he vivido en gran peligro de perderme, porque para ahogar el remordimiento me dì en brazo al pecado. Gracias a la bondad divina que se ha dignado de valerse tus sufrimientos he tenido el ánimo de volverle a Dios... y ahora me das la limosna de liberarme aquì de!». « Ofreces por nosotros la sangre de Jesùs otra dijo en el momento de dejar el purgatorio. Qué nosotros serìa de si no fuera nadie para levantarnos?». Los nombres de las santas visitadoras, desconocidos a Josefa, pero esmeradamente anotados, con la fecha y el lugar de la muerte, fueron minuciosamente a sus insaputa controlados más de una vez. El Cuaresma estuvo a punto de acabar en estas alternativas de dolores y de gracias austeras. ¿Cómo habrìa podido Josefa, sin una ayuda especial de Dios, sustentar tales contactos con lo invisible y conducir en el mismo tiempo la suya usual, uniforme vida de trabajo y dedicación? Sin embargo fue este el espectáculo de virtud que su amor heroico ofreció cotidianamente al Corazón del que ve en el secreto, mientras quién circundó ella no pudo no engañarse acerca del valor de aquellos dìas siempre iguales al exterior, gastadas todo en el cumplimiento del deber. Dos hecho soy que señalarse en los ùltimos dìas de aquella semana santa. La tarde del jueves santo, el 13 de abril de 1922, Josefa escribió: «Hacia las tres y medio me encontré en capilla cuando delante de mì vi a alguien vestido como Nuestro Dios pero un algo más alto que estatura, muy bonito, con una expresión de paz en la fisonomìa que atrajo. Vistió una tùnica de color rojo morado oscuro. En mano tuvo una corona de espinas parecidas a aquél que Jesùs me llevó en el pasado». « Soy el Discìpulo del Dios dijo. Soy Giovanni el evangelista y te llevo una de las joyas más preciosas del divino Maestro». «Me dio la corona y él destejo me la posó sobre el jefe». Josefa allì por allì fue turbada por esta aparición inesperada, pero poco a poco se alentó sintiéndose invadido por una dulce paz. Se hizo valiente y osó confiarle al celeste visitador la angustia que lo oprimió por todo lo que el demonio le hizo sufrir. « No temer. Tu alma es una azucena que Jesùs custodia en su Corazón», el apóstol virgen le contesta. Luego continua: «He sido mandado para revelarte a alguien de los sentimientos que desbordaron del Corazón del Maestro en este gran dìa. «El amor estuvo por separan después de sus discìpulos de lo haber bautizado con un bautismo de sangre. Pero el amor lo empujó a quedar con ellos y el amor le hizo inventar el sacramento de la eucaristìa. ¡«Cuál lucha surgió entonces en su Corazón!! ¡Como se habrìa reposado en las almas puras! ¡Pero cuánta su pasión se habrìa dilatado en los corazones contaminados! ¡«Su alma exultó al acercarse momento en que le habrìa vuelto al Padre, pero como fue triturada por el dolor viendo a uno de los Doce, elegido por él, traiciónalo a muerte y, por la primera vez, haz inùtil su sangre por la salvación de un alma! «Su Corazón se consumió de amor pero la poca correspondencia de las almas de él muchas amadas sumergió este mismo amor en la más profunda amargura... Y que decir de la ingratitud y de la frialdad de muchas almas consagradas?» «Asì diciendo, disparve en un relámpago». Esta celeste aparición consoló a Josefa un instante, recordándole la invitación a la reparación que se dirige a las almas consagradas de la eucaristìa. Pero la tarde misma la corona de espinas desapareció, dejándola en un ansioso perpiessità. El demonio siembra la duda y la inquietud en el alma de su vìctima. Una pregunta agobiante se presenta a su espìritu: ¿soy hazmerreìr de ilusión y mentira? Más allá están todas este visiones del fantasmagorìas de mi imaginación?... ¿el producto de una naturaleza desequilibrada o una inconsciente sugestión? Tales interrogantes no se presentaron solamente a. Nada en esta criatura puede, tampoco de lejos, fìsicamente o moralmente, dar motivo a incertidumbres. Sin embargo la prudencia que la circunda vela sin pose y espera una señal auténtica que permita de discernir y de afirmarle en ella la acción directa del demonio. Dios está a punto de darlo, truncando cada duda. El sábado San, 15 de abril, hacia las cuatro de la tarde, después de haber transcurrido los dos dìas anteriores en dolorosos combates, oda, mientras es ocupada en coser, los ruidos que preanuncian el infierno. Sustentada por la obediencia resiste con la más gran energìa para sustraerse al demonio que se acerca y por fin lo derriba. Pues, como siempre, su cuerpo semeja quedar inanimado. Arrodilladas cerca de ella, las Madres ruegan preguntándole al Dios de no dejar incertidumbres sobre el misterio que se desarrolla bajo sus ojos. De repente, al leve brinco habitual, se percatan que Josefa está a punto de retomar vida. Su cara deshecha deja intuir lo que ha visto y atormentado. De repente, llevando alegremente la mano al pecho grita: «Quién me quema?». Pero no hay allì ningùn fuego. El vestido religioso está intacto. ¡Se desviste rápidamente; un olor de fumo acre y fétido se difunde en la celda y se ve quemarle encima la camisa y el jersey! Una ancha quemadura queda «cerca del corazón», como la dice, certificando la realidad de aquel primero atentado de Satanás. Josefa es revuelta de ello: «Prefiero partir escribe en el primer momento que ser más detenidamente el hazmerreìr del demonio!». La fidelidad divina en manifestar tangiblemente la potencia diabólica será de consuelo en los meses siguientes. Diez veces Josefa será quemada: este fuego dejará no sólo huellas sobre los vestidos, pero todavìa más sobre sus elementos. Llagas vivas, lente a cerrarse, imprimirá sobre su cuerpo cicatrices que ella llevará consigo en la tumba. Varios objetos de ropa quemados todavìa se mantienen y certifican la realidad de la rabia infernal y el ánimo heroico que resistió a aquellos asaltos para quedar fiel a la obra de Amor.

 

DESTELLOS DE LUZ EN LA TEMPESTAD 16 de abril el 8 de julio de 1922

¡Yo seré la luz de tu el alma! (N. Dios a Josefa el 17 de abril de 1922).

El dìa de Pascua, el 16 de abril de 1922, y Jesùs resucitado surge pisando con su victoria la potestad infernal permite un poco de descanso a su dulce vìctima. Desde la mañana, durante la santa Misa, Josefa lo ve aparecer, por la primera vez después del 3 de marzo. «Fue resplandeciente de belleza y de luz escribe pero le dije enseguida que no tuve el permiso de hablarle». ¿« No tienes el permiso, Josefa? contestó con bondad. Y para mirarme?...». «No supe que decir... y continuó: « Me miras y deja que te miras. Este nosotros basta ya». «Lo miré y él fijó sus ojos sobre de mì con tal amor que no sé lo que ocurrió en mi alma. Después de un instante me dijo: « Cuando la Madre te llame, tù le pides el permiso de hablarme». «Y disparve». El obediente figliuola, aunque encuentres pocos instantes después de su Superiora, espera segùn el mando de Nuestro Dios de ser llamada. «Hacia las once y medio continua la Madre me llamó y tuve el permiso. Les fui a capilla y Jesùs fue padecido». « Eccomi, Josefa!... Por qué quisiste que Yo volviera, al menos por una sola vez?». ¡«Ay, Señor! para preguntarte perdona porque necesito de ello. Entonces le he contado todas mis debilidades, mis miserias y él, con un amor indecible, me ha contestado: «El que no ha necesitado nunca perdón no es el más feliz, pero bastante quien muchas veces ha debido humillarse». Pues, abriéndole completamente el ánimo, versa en su Corazón divino todo lo que ha llenado de temores y de oscuridad su alma en las antecedentes semanas. También le expone su inquietud porque duda que haya sido justo él a mandarle la corona de jueves pasado para retomarsela enseguida después. Jesùs la alienta: «Sì, he sido yo que te he confiado aquel precioso tesoro de mi Corazón. Pero por ti, Josefa, fue demasiado consuelo y tù me has consolado muy más aceptando esta incertidumbre que llevando sobre el jefe mi corona». «Entonces le he hablado de la quemadura de sábado pasado y le he dicho que quedé muy trastornada para serme sentida el hazmerreìr del demonio. él con fuerza ha contestado: ¿«Dónde está tu fe? Si permito que tù seas el hazmerreìr del demonio, sabes que lo hago para dar una prueba irrefutable de los dibujos de mi Corazón sobre de ti». Esta aurora pascual se dilata por algùn dìa. Cómo un tiempo a sus apóstoles confusos y extraviados después de las horas de la pasión, él le aparece para repetirle las palabras que tranquilizan, consuelan y fortifican. Ella escribe el lunes 17 de abril: «Hoy el Evangelio fue aquel de la aparición a los discìpulos de Emmaus. Mientras yo le dije: «Señor, arista conmigo, porque se hace tarde», me ha aparecido de repente guapìsimo, y me ha dicho: «Sì, quedaré contigo. Seré la luz de tu el alma. Tienes razón: se hace tarde... Dime, que harìas sin mì?...». El viernes, 21 de abril, después de una noche en que la vuelta del demonio y los tormentos del infierno han desconcertado su esperanza de por fin encontrarse libre, escribe asì: «Esta mañana durante la Misa Nuestro Dios ha venido. Puesto que creì que todos aquellos suplicios ya fueran acabados, lo supliqué de dejarme libre para poder trabajar un poco. Jesùs contesta con autoridad: « Escucha, Josefa. Ya te he dicho que quiero servirme como de ti de un instrumento de mi misericordia para las almas. ¿Pero si tù no te entregas completamente a mi voluntad, que ch'Io quieres haga? ¡Hay muchas almas necesitadas de mi perdón! Mi Corazón quiere valerse de vìctimas que lo ayuden a arreglar los ultrajes del mundo y a difundir su misericordia. ¿Qué te importa el resto si Yo te sustento? Yo no te abandono nunca: qué quieres de más?». La semana pascual acaba pues con la llamada a una misión por la que hará falta sufrir mucho. En efecto el demonio no se aleja del camino de Josefa. Las almas del purgatorio ellas también siguen a suplicando la ayuda de sus sufrimientos. Pero Jesùs, fiel a Su promesa, ella queda parecido, haciéndose la luz de su vida. «Ha venido durante la Misa, asì bonito!... escribe el sábado 22 de abril. He renovado mis votos, y me parece que eso le guste, ya que su Corazón llameó con ardor». Ella le expresa más allá sus ansiedades por aquellas almas del que vienen a suplicar de ella ruegos y sacrificios. Nuestro Dios la alienta con su habitual bondad, haciendo entreverlas las gracias de salvación adquiridas con muchos dolores. « Te hago saber todas este cosas él dice para que tù no retrocedas delante de ningùn sacrificio y a alguno sufrimiento. No dudes nunca: cuando tù sufres de más me consuelas principalmente, y es cuando menos te das cuenta de ello que tù logras acercar un mayor nùmero de almas a mi Corazón». Y como ella le confìa al divino Maestro el agotamiento fìsico a cuyo el han reducido las terribles semanas transcurrieron: « No necesito tus fuerzas, pero de tu abandono le contesta con infinita ternura. La verdadera fuerza es aquel de mi Corazón. Quedas en paz y no olvides sino la misericordia y el amor te actùan en ti». Pues en el Corazón sacratissimo de Jesùs Josefa tendrá que sacar aquella fuerza de que siempre necesita para progresar en la calle del abandono, que es cada vez más su calle. «De varios dìas escribe el lunes 24 de abril el demonio me arrastra en el infierno, a la misma hora, y allá me tiene press'a poco el mismo tiempo cada vez. Eso me turba y me pregunto soy de alguna manera responsable». En efecto ésta es la primera cosa que le expone a Nuestro Dios cuando le aparece aquella misma mañana después de la Comunión: « No turbarte le contesta. Hay un alma que tenemos que arrancar del demonio y ésta es la hora del peligro. Pero con el sufrimiento la salvaremos. Son muchas las almas en peligro de perderse... Pero también soy de ello tanto que me consuelan y tanto que vuelven a mi Corazón!» «Entonces le he preguntado qué habrìamos podido hacer por la conversión de un pecador que ha sido encomendado a nuestros ruegos y que da mucho escándalo». « Hace falta poner mi Corazón entre este pecador y mi eterno Padre, Josefa. Mi Corazón mitigará su cólera e inclinará hacia aquel alma la divina clemencia. Adiós: consuélame con tu amor y con tu abandono». Los dìas de prueba suceden a los dìas de gracias, ya que Satanás multiplica sus esfuerzos para despertarle en ella una oleada de repugnancias. Mientras tanto lo oprime con cada especie de tormentos: le viene algo por todas partes encuentro un, la golpea, la quema, la arrastra al infierno... y viernes 29 de abril mucho la aterroriza con las amenazas, que ella no osa hacer la Comunión, mientras que la pena de una Comunión perdida le traspasa el alma como una espada. Estos dìas dolorosos sirven al rescate de los pecadores sin que ella tenga de ello aquel conocimiento que la fortificarìa. El martes 2 de mayo, hacia las diez de la mañana, mientras está barriendo la capilla de las Obras, de repente Jesùs le aparece en su luminosa belleza. «Fue de pie entre los bancos», escribe. « Josefa, quiere que venga contigo?... no te impediré trabajar...». «Renové mis votos y le dije que tuve que pedir antes el permiso». « Sì, vas!». «Disparve, y corridos enseguida a decirlo a la Madre. Cuando volvì a capilla, lo vi de la puerta abierta: siempre fue al mismo apuesto como si me esperara... tan lleno de ternura que no sé repetir... Una ternura de Padre que no se puede expresar...». « Deseo tanto venirte a, Josefa... y querrìas tù rehusarme la entrada?...». Esta pregunta es como un dardo que le traspasa el corazón. Ella le expone su debilidad frente al demonio que se encarniza para impedirle hacer la Comunión. ¿«Pero no sabes que puede atormentarte, pero no puede dañarte? Quién pues entre él y yo es más potente?». El miércoles 3 de mayo, después de la Comunión, Jesùs aparece de repente. « Josefa!». «Le pedì el permiso de renovar mis votos y luego, como siempre cuando lo veo, sentì la necesidad de decirle todas mis debilidades». « No puedes saber contestó cuanto mi Corazón se complace con perdonar aquellas culpas que no soy otro que fragilidad. No te preocupes. Precisamente porque eres tan débil he fijado los ojos sobre de ti». él es tan bueno, asì condescendiente, que Josefa osa exponerle su ardiente deseo: querrìa mucho, a pesar de todas las pruebas de sus dìas, seguir los ejercicios comùnes. « Dejas contarme contigo segùn mi voluntad el Dios contesta. ¿ A quienquiera crees que la vida comùn guste de más? A ti o a mì?...». Asì el Maestro del abandono no deja, por muchos hechos, de continuar su trabajo en el alma de Josefa. A veces le concede un poco de descanso durante la lucha, y en sus notas todavìa se leen páginas luminosas como éste: ¡«Por la tarde, a la adoración y mientras fue cantado O Crux Ave! siendo la fiesta de la invención del Santa Cruz, fui tomada por un ardiente deseo de besar las llagas de Jesùs. Besé mi Crucifijo y le pregunté a la Virgen de hacerlo por mì. «Ella vino de repente, con las manos cruzadas sobre el pecho, y dulcemente me dijo: « Que quieres, mi hija, que quieres?». ¡«Ay! Mi madre, besar los pies y las manos de Jesùs y, si tù me lo permites continua titubeando un poco también besar tu mano». «Y entregándome la mano añadió: « Querrìas besar las llagas de Jesùs?...». «Me dejó ni siquiera el tiempo de contestar... Jesùs ya estuvo allì, guapìsimo, con las llagas encendidas». « Que quieres, Josefa?». «Besar tus llagas, Señor». « Le besas!». él destejo le enseñó los pies por lo tanto las manos y por fin su Corazón: « Esta llaga es tuya, te pertenece. Ves que no te rechazo nada. Y me rechazarìas tù algo?...». Josefa le repite sus deseos, pero no sabe cómo expresar la desproporción que prueba en ciertas horas, entre lo que quiere y lo que realiza. «Tan a menudo le hago la promesa de no rechazarle nula y luego no la mantengo cuando llega la ocasión. Enseguida después de oigo calurosamente la pena que le proporciono, mientras que él me quiere mucho y es tan bueno conmigo». « Sì, mi corazón te quiere y se complace con tu miseria. Sabes qué puedes hacer para consolarme?... Quererme y sufrir por las almas sin rechazarme nula». Estas gracias de predilección siempre son para Josefa el preanuncio de sufrimientos próximos y el demonio, que no ha cambiado sus intentos sobre de ella, se lo hace duramente comprender en los dìas que siguen. Pero antes de entregarsela a la potencia del enemigo, Jesùs quiere todavìa reafirmar los dibujos de su amor por ella. «Le dije cuánto deseo tuve de recibirlo escribe el jueves 11 de mayo porque tengo hambre de él, y cuanto más me siento miserable, tan más lo suplico de llevarme él mismo el remedio por mucha miseria. Lo vi después de la Comunión con los brazos tensos. « Deseo encarcelarte todo en mi Corazón le dijo ya que mi Amor por ti es infinito. Y a pesar de tus culpas y tus miserias me serviré de ti para hacer conocer a muchas almas mi Amor y mi misericordia. ¡Son muchos de ello que ignoran la bondad de mi Corazón! y es mi ùnico deseo que estas almas se tiren y se pierdan en el abismo sin fondo de mi Corazón». Asì, ya por la segunda vez, le revela su próxima misión. Y como él lee en el ìntimo del alma lo que ella no osa expresar, añade enseguida: ¡« Cuando sientas tu debilidad y el miedo te invadirá, ven aquì a buscar la fuerza! Adiós». Este adiós de Jesùs abre el ùltimo perìodo que la separa de los votos. Nuestro Dios ahora desaparece allì de su vida y el demonio entra de dueño. Todos los tormentos de los meses pasados vuelven en acto para desplazar su fe y su fidelidad. La rabia de Satanás nada ahorra contra aquella vocación que él ve asì fecundo por la salvación de las almas. Josefa parece se convertida en su personal enemiga y durante aquellos dos meses es una batalla rara que se combate entre la potencia azuzada por el infierno y esta pequeña criatura, frágil por naturaleza, pero fuerte de la fuerza misma de Dios. Ya los dìas y las noches casi transcurren sin tregua en una lucha cuya violencia supera hasta ahora toda lo que ha sufrido. Y un milagro si las fuerzas la sustentan, si su trabajo no se interrumpe, si ninguna mirada llega a penetrar el misterio de una parecida prueba. Jesùs y la Virgen velan sobre de ella entre las oleadas de la tempestad que se quebrantan en la hora fijada por Dios. El viernes 19 de mayo el examen canónico requerido por la admisión a los votos religiosos transcurre en la paz de una mañana en que el demonio no comparece. Josefa prueba la ìntima alegrìa de haber podido afirmar su voluntad de seguir a Nuestro Dios y de serle fiel hasta la muerte. Pero el enemigo duplica su furor. La Ascensione, 25 de mayo y el Pentecostés, 4 de junio, transcurren sin que la luz ilumina esta tempestad. El domingo 11 de junio el correo va de la Casa Madre la encantada noticia de la admisión a los primeros votos. Josefa recibe el anuncio de la gran gracia con inmensa alegrìa, no pudiendo creer casi a una felicidad tan deseada. La hoja de admisión lleva la fecha: Roma, 5 de junio. Esta coincidencia la llena de admiración, ya que justo el 5 de junio, dos años antes, Jesùs las enseñó por la primera vez su Corazón. Estas gracias el demonio semejan exasperar, cuya rabia crece cada vez más y repite con tenacidad: «Aquel dìa no llegará... te destruiré... te atormentaré... te arrancaré aquì de!». Entre estos combates encarnizados el mes de julio llega. La función de los votos se ha sido fijada por el domingo en 16, fiesta de la Virgen del Carmelo, y Josefa tiene que entrar en retirada el viernes 7, primeros viernes del mes. Pero justo en aquel dìa el demonio le hace padecer el más espantoso asalto que haya probado nunca. Más tarde dirá que no se ha visto nunca asì como entonces vecina al abismo. Fueron horas de indecible sufrimiento, que sin embargo no lograron arrancar de la profundidad de su el alma la necesidad de Dios. También en aquel dìa la Madre de los dolores cuidó la de desactivar el acecho de Satanás. La tarde de aquellos primeros viernes y el sábado 8 de julio señalaron el punto culminante de los esfuerzos diabólicos. Son las cinco de la tarde; Josefa se ha sentado donde en la pequeña celda ha transcurrido las horas terribles de aquel dìa y aparece agotada. El Ave Maria semeja no oìr que quedito se multiplican cerca de ella, para recordarle a la Virgen el poder de sus dolores y suplicarla de acudir en ayuda de su figliuola. De repente la cara contracta se extiende, los labios se abren y poco a poco murmuran el mismo ruego. Entonces en la tranquilidad que va recobrando, las Madres tratan de releerle algunos de las palabras de la Virgen que Josefa ha conservado en sus notas. Cuando se llega a éste: « Mi hija, no es verdadero que no abandonarás nunca a mi Hijo?». «No, mi Madre, nunca!». Asì diciendo precipita de rodillas con el rostro iluminado. Delante de ella, ya libre, la Virgen Inmaculada está!... En un transporte de amor bien difìcil a describir repite con ardor: «No, mi Madre, nunca!». ¡Enseguida maravilloso, en cuyo todo el poder de Satanás se quebranta y se eclipsa frente a la intervención soberana de la Regina del cielo! Por una coincidencia que puede llamarse una delicadeza divina, en aquel entonces llega al Sagrado Corazón el Rev. padre Boyer, su director. Josefa puede verlo y sus palabras de ánimo y confianza la echan definitivamente en los brazos de Dios.

 

VOSOTROS

EL TRIUNFO DEL AMOR

 

LA AURORA DE LOS VOTOS 816 LUGLIO1922

Te lo repito, Señor, nunca me separaré de Ti. Te seguiré donde me conducirás. (Notas de la retirada de Josefa).

Josefa ha entrado en el silencio de la retirada. Todavìa quedan ocho dìas antes del 16 de julio, sin embargo no pasará alguno sin que el demonio se encarnice para debilitar su voluntad. Las notas de la retirada revelan esta lucha, pero destacan sobre todo el amor que tiene a Josefa incluso arraigada en aquella voluntad de Dios tanto contrario a sus naturales atractivos y tan exigente de inmolación. «Señor escribe sábado 8 de julio, la tarde misma de aquel dìa borrascoso Tù ves lo que soy... pero antes que abandonarte y faltar de fidelidad a tu invitación, prefiere mil veces sufrir. «Empiezo esta retirada sin alguno atractivo: sin embargo haces de mì y en mì todo lo que quieres. La ùnica cosa que te pregunto es de tenerme apretón a tu voluntad y que aquì abajo yo no haga nunca otra cosa que tu beneplácito. ¡«Este dìa, invocado por mì con mucho entusiasmo por fin ha llegado; pero cuál hielo en corazón! Me oigo sin fuerzas y sin amor... ¿en cambio, qué me volverìa sin mi Jesùs? retoma enseguida ya que el anzuelo inmensamente, aunque no apetezca de quererlo... Me dejaré pues conducir y haré esta retirada porque sé que es Su voluntad. Estoy segura que también entre la más gran oscuridad él prepara mi alma a la unión con él». Los primeros tres dìas de la retirada corren en una paz relativa. El demonio intenta en vano turbarla y atormentarla en cada manera. Fiel, a pesar de todo, Josefa continùa en cuanto le es posible, a notar el resultado de sus meditaciones. Aquellas páginas, escritas por ella sola, revelan la sencillez, la rectitud, el equilibrio de su espìritu. «Jesùs me ha dado al ser, la vocación, los medios de servirlo segùn sus dibujos escribe. él tiene sobre de mì cada derecho. Debbo entregarseme a su deseo con llena sumisión. Poco importa si el camino yo cuesta... La medida de mi abandono será un dìa aquel de mi felicidad y siempre encontraré la verdadera paz en cumplir la voluntad divina renunciando completamente a mì mismo... «En la meditación de la muerte he encontrado la fuerza de sufrir pensando que será una gran alegrìa en el ùltimo dìa el haber sufrido por Dios. ¡ Tù sabes, o Señor, cuánto deseos unirme a Ti para no perderte más! Por tanto no es la muerte que me asusta, sino la vida... Sin embargo sé que no me abandonarás y si quisieras hacerme sufrir estaré contenta, conque pueda consolarte... ¡Haz que mi vida sea toda fidelidad para que mi muerte no sea que regocijo! «Con el figliuol pródigo tengo un deseo vivo de echarme en tu Corazón, Jesùs, y allá deponer la carga de mis miserias... Estoy segura de ser bien recibida, ya que, para cuantos adultos sean mis culpas, mucho más grandes soy la ternura y la misericordia de tu Corazón!». Cuando llega el momento en que el alma purificada se mete delante de la llamada del Maestro, en la meditación del Reino, segùn el pensamiento de S. Ignazio, Josefa se encuentra inmersa en la noche y en la angustia: «Señor, escribe, tù ves mi extrema pobreza... ¿sin embargo quién puede verte lo primero al combate, sin desear de seguirte? Yo no me pararé delante de los temores de la naturaleza, pero miraré bastante a la alegrìa de caminar sobre tus huellas. Empléame segùn tu deseo: ¡Tù eres mi rey! Abandono todo para encontrar el todo... y te repito: nunca me separaré de Ti, te seguiré donde querrás conducirme. «La meditación de la encarnación me ha infundido ánimo continùa Jesùs viendo humillarse para hacer la voluntad del Padre. Asì debbo someterme humildemente a su voluntad, cualquiera ella sea... amargas esta dependencia y esta sumisión. Mi alma tiene que encontrarse en la disposición habitual de toda manera, todo sufrir, todo sacrificar para cumplir la voluntad de Dios. Quiero vivir en un despojo absoluto para que él pueda realizarme en mì sus dibujos». La contemplación de la Natividad reconduce en su alma la alegrìa del dìa de Navidad: ¡«Jesùs, mi vida! ¿Podrìa desear algo contemplándote en este extremo despojo? Mi Jesùs, asì pequeñito, cuánto eres bonito!... Me acerco donde a aquella paja descansó, beso tu prensatelas, tu manina... mìrame con tus guiños encantadores, dime de no temer ya que eres mi Salvador y me quieres de un Amor infinito. Mi hija, quiere que tù seas toda mìa. Ya lo soy, Señor, lo soy para siempre!». El miércoles 12 de julio la sombra de Satanás se tumba principalmente sobre el camino de Josefa. Ella sufre, en poder de la desolación que lo invade. Aquella tarde, una larga pendiente al infierno la pone frente a puestos vacìos, mientras el demonio hace suplicio de ella vengándose asì, como él dice, de las almas que sus sufrimientos le han sustraìdo. Vuelve en vida, destruida y exhausta de fuerzas, pero lista a todo sufrir por la salvación del mundo... Esta oferta no es hecha nunca en vano y enseguida su alma regresa en la noche oscura. El jueves 13 de julio es un dìa excesivamente doloroso. Ya en los dìas anteriores el manuscrito llevó la huella de este unduláis de dolor cuyos flujo y reflujo lo atacó. ¡«Jesùs, escribe vienes en mi ayuda! ¡ve en cuáles tinieblas son sumergidas! no me dejes en las manos de mis enemigos!». Luego, después de la meditación «de las dos estandartes»: «Tù sabes, Señor, que no tengo otro deseo de muchos años que para pertenecerte, vivir por Ti y quererte. Ahora me siento sobre el punto de ceder... ¡Ay, mìrame! ¡y desaparecerá el peligro; pero me miras, Señor! Faltan solamente dos dìas... si no encuentro la paz en Ti, adónde iré a buscarla?». ¡Cuál acento doloroso en el recuerdo de sus deseos más ardientes! ¡«Tù sabes, Jesùs, cuánto he suspirado esta retirada de mis votos! y he aquì que lo transcurro en dìas de temor y asco, de turbación y de sufrimientos... Por qué tiene el demonio mucha libertad...?». Luego, reanimándose en la fe: «Señor, me acampo todo de tu Corazón: ¡quiero ser toda tuya, y te lo repito en el momento más terrible que haya atravesado nunca! Tù sabes bien en cuál desolación soy sumergida!». Semeja querer sacar ánimo reafirmándole a mismo su voluntad de quedar fiel y confiando a su libreta sùplicas como éste: ¡«Señor! ¡dónde iré! ¿A quién daré yo mismo, si no a Ti? ¡Ya no pruebo ningùn deseo ni atractivo, pero quiero quedar fiel! Estoy lista a hacer todo lo que querrás, a sufrir cuánto querrás, a seguirte dónde yo condurrai, a donarme con la más completa generosidad, ya que Tù eres mi Dios y mi Dios y eres Tù que me tienes elección... ¡O Corazón lleno de amor y misericordia! ùsame compasión... no permitas que sucumba, dame fuerza para resistir, constancia para perseverar, amor para sufrir...». La hora es ya llegada en cuyo un tal grito de desolación y amor conmoverá el cielo. La tarde del 13 de julio, arrodillada en el cappellina de Santa Maddalena Sofìa, ella empieza la hora santa inmersa en aquella angustia difìcil a describirse. De repente se encuentra inundada de gran paz. Jesùs, una vez más, manifiesta su potencia. En la indecible alegrìa de esta transformación Josefa, libre, transformada, radiante, renueva los votos que la han atado ya al Corazón de Jesùs y a su Sociedad. El demonio está en fuga. Y sobre la mañana de viernes 14 de julio ella escribe con toda la expansión de su corazón agradecido: ¡«Jesùs, cuánto te agradezco me haber devuelto la luz y la paz! Estoy lista para todo lo que querrás de mì». Luego añade, casi hablándole a mismo: «Toda la vida sólo te he querido y nadie supo que te pertenecì. Ahora el cielo y la tierra sabrán que nos queremos y que somos para siempre novio y novia!». Los dos ùltimos dìas de la retirada quedan envueltos por esta paz. Ella no puede creer en mucha felicidad, pero continùa a trabajar en serio en su alma, mientras que el demonio busca hasta al final de secuestrarla lo intima alegrìa. «Jesùs en el desierto es intentado: escribe permite que el diablo se acerca a, para darme ánimo y enseñarme que la tentación es el crogiuolo de la virtud. «No sé si Jesùs ha experimentado la tentación en la vida escondida, pero quiere pasar por esta prueba cuando está preparándose a la vida pùblica. «Asì cuando el Dios quiere valerse de un alma tiene la misma lìnea de conducta: para hacerla sólida en la vida interior empieza con el esconderla; luego, cuando se acerca el tiempo de realizar sus dibujos, se lo entrega a la tentación para fortificarla, preservarla de cada vanidad y devolverla a través de la misma experiencia más ùtil a lo próximo. «Tengo que tener confianza en su Corazón que vela sobre de mì. Y la medida del sufrimiento (no no me lo ha enseñado más de una vez?...) será, un dìa, aquel del consuelo». La vista de Jesùs agonizante todavìa viene a confirmarla en su generosidad: ¡«Cuál enseñanza Tù me das aquì, o Señor! En el tiempo de la tentación y la desolación tengo que recurrir al ruego para tener alivio, pero sobre todo para encontrar la fuerza de cumplir tu voluntad. «Cuanto duro serìa mi corazón si delante de la pasión de Jesùs no me decidiera a seguirlo en el camino que me ha asignado, aquel de la humillación, de la renuncia, del completo abandono de mì mismo!». Aquellos viernes por la tarde, después de haber contemplado al Redentor crucificado, escribe: ¡«Señor, eccoti sobre la cruz! Tù estás a punto de morir y tu Corazón está a punto de abrirse por mì. ¡Corazón de mi Jesùs, enséñeme aquella abertura y dejas penetrarme hasta el final! «Mi morada está en su Corazón. Allá quedaré escondida, allá trabajaré, sufriré, me consumiré!... Más seré pequeña, más podré descender hasta el final a aquel abismo de Amor... Qué alegrìa conocer aquel Corazón y futuro su novia!...». Poco después de Josefa renueva sus promesas con toda la espontaneidad de su fervor. ¡«Señor! soy capaz de bien poco, pero te prometo de seguir el camino que me has indicado. ¡Si vacilara (y ocurrirá más de una vez) no perderé ánimo, pero te querré más ancla por la ternura que tienes por mì, Tù que me quieres como si no te hubiera ofendido nunca! Aunque caeré, me alzaré enseguida para correr a tu Corazón». El sábado 15 de julio, vìspera de los votos, Josefa transcurre el dìa en la espera de su felicidad. Su alegrìa está en el mismo tiempo tan fresca y grave que tiene que secuestrar el Corazón del que se complace en la sencillez y en el ardor del amor. «Dìa por mì de profunda paz, mientras que espero el momento que me unirá para siempre a él escribe. Cuando venga, no tiene que encontrar nada en mì que le sienta o que pueda impedir su entrada... Purificar bien la morada de mi el alma. Estoy a punto de casarse a un Rey que lleva riquezas superabundantes. Poner de parte mi pobre juicio para pensar como él, querer como él, someterme en todo a sus gustos». Hacia mediodìa el enemigo intenta un ùltimo esfuerzo, pero en vano... Josefa no lo ve y oye solamente de ello la voz: «Todavìa eres a tiempo, ruge, si quieres ser feliz: partos, te quemarán de otro modo!». Pero esta sombra no disminuye para nada su alegrìa. Durante la noche ella escribe a largo lo que su corazón contiene de intenciones y de deseos, «asì numerosos dice que mañana no tendré el tiempo de exponerlos todo a Nuestro Dios. Pondré esta carta sobre mi corazón y él la leerá durante mi agradecimiento, mientras apenas habré pronunciado los votos, y no podrá rechazarme nula!». Esta hoja, guardado preciosamente, testimonia el cariño refino de Josefa para las personas que conoce. Ella multiplica los nombres queridos a su corazón y con una escritura cada vez más cerrada, acumula las intenciones que le desbordan del alma con una caridad que se extiende hasta la extremidad de la tierra y abraza la Iglesia, Francia, España y todo el mundo. En este momento solemne de la vida se siente potente sobre el Corazón divino y participa más que nunca a la sed infinita del Redentor. «Cuánto a mì escribe en acabar, yo doy todo a Ti cuerpo y alma, con el solo deseo de glorificar tu Corazón que anzuelo mucho... Haces que todo el mundo se conozca y que las almas a Ti consagráis siempre te quieran de más... ¡Nada podrá separar más nos ni la vida ni la muerte! Inflámame de tu amor y no me des otro consuelo que el de consolar tu Corazón... «Recibes esta carta de las manos del santo Virgo. Aquì abajo y por la eternidad ya soy: «Maria Josefa Mènéndez de Jesùs». El dìa tiene fin en la luz radiante de Nuestro Dios que se acerca y la noche está llena de deseos. Ya todo está listo para la oferta que está a punto de cumplirse.

 

LA OFERTA 16 de julio el 7 de agosto de 1922

Ves como te he sido fiel... ahora empezaré mi obra... (N. Dios a Josefa el 16 de julio de 1922).

¡Un dìa de cielo está a punto de surgir en el viejo convento de los Feuillants! En aquella casa, dónde las funciones de toma de hábito y primeros votos se suceden frecuentemente, un acrecentamiento de fervor y regocijo acompaña siempre las privilegiáis que se acercan al altar por su oferta. Toda la familia religiosa os toma parte y nunca como en aquella circunstancia el lema del Sagrado Corazón: «Cor unum et anima uno en Cuerdas Jesu» aparece asì vivo. Pero en aquella mañana del 16 de julio 1922 nadie tiene conocimiento de las maravillas que se realizan en el alma se casa que se consagra a Jesùs, la pequeña Josefa Mènéndez. Dios lo ha custodiado celosamente a la sombra de Su cara, ha hecho de ello Su obra, la ha formado, trabajada, triturada, para conformarla con Su mano, la ha conducido por Sus calles, destruyendo los planes de Satanás. ¡La misericordia divina triunfa en esta miseria, la omnipotencia en esta debilidad! Hoy él la conduce al cumplimiento de Sus dibujos. La unión que está a punto de cumplirse enseguida frente al cielo y a la tierra a Josefa consagrará, no para gozar de él, pero para ayudarlo en la obra de amor destinada a estar entre ella y el Corazón divina consumición de unidad. Josefa estuvo sola a darse a Dios en aquel dìa. A las ocho de la mañana, en la capilla de los Feuillants, engalanada de flores veraniegas, llena de alumnas que circundan a sus madres y hermanas, Josefa hace su entrada en la alegrìa recogida de una felicidad que no es tierra. Su querida mamá y la hermana Angela venida por Madrid son allá incluso ellas; las sabe vecinas y este «dos amores de su corazón», como dice, hacen parte de su oferta. La hermana Mercedes, religiosa del Sagrado Corazón, se une a la alegrìa de familia de la casa de Las Palmas (Islas Canarias). Nada en la actitud, en el rostro calmo y radiante, revela la misteriosa vecindad del cielo. En el silencio del ruego interrumpido por cantos litùrgicos, la ceremonia se desarrolla con su ritual habitual. Después de la breve exhortación del celebrante, que revela el austero regocijo de la consagración religiosa, Josefa avanza hacia la balaustrada del altar. Contesta con voz firme a las preguntas que le son dirigidas y, a este ùltima: «Prendete Gesù Cristo per vostro sposo li beramente e con tutto il cuore?», l'anima sua vibra tutta nella risposta: «Sì, Padre, de todo corazón!». Recibe la cruz sobre la que es ya confitto el que tiene que ser su modelo y el ùnico objeto de su amor, y el velo negro de que se dice: «Recibes el yugo del Dios, ya que dulce es su yugo y ligero su peso». Empieza luego la santa Misa y al momento solemne de la Comunión, sola al sagrado comedor, mientras que el Sacerdote tiene elevado delante de ella la hostia Santa, Josefa pronuncia lentamente, en toda la plenitud de su voluntad y su amor, los votos que la unen para siempre al Sagrado Corazón de Jesùs... Momento conmovedor, si se piensa a cuál escandallo ha sido adquirido, y entre cuál tempestades la naveta ha arribado al puerto, y cuál milagros de amor las descubre para siempre el Corazón divino que ella tiene secuestrado con su pequeñez. Mientras las miradas de todo se posan sobre la sencillez de la oferta, otro espectáculo atrae la admiración del cielo. Algùn instante después, todavìa inmersa en el secuestro, Josefa escribe, para no perder nunca de ello el recuerdo, lo que el Dios se ha complacido con cumplirle en ella. «Después de la exhortación escribe, soy avanzada hacia el altar para recibir el Crucifijo de los votos y el velo negro. Entonces de repente he visto a la Virgen, guapìsima, todo vestido de luz. Tuvo entre las manos un velo y cuando volvì al reclinatorio Ella lo posó sobre mi jefe. Alrededor de Usted vi aparecer como a hacerle corona muchos testoline resplandecientes. Usted serìa visetti de crìos, con los ojos y el rostro iluminados de alegrìa. Con dulzura incomparable Ella me dijo: ¡«Pare querida, mientras tù sufriste estas almas tejieron por ti este velo! ¡Todas las que deseaste han dejado el purgatorio y ahora estoy en cielo por la eternidad! Allá les te protegen». ¡«Fue justo un cuadro encantador! La Virgen como una Regina apareció, con un aspecto mucho bonito, lleno de pureza y de ternura. ¡Tuvo una tùnica de oro y las manos virginales, asì blancas y delicadas! Y luego aquellos almas... aquellos testoline tan numerosos... ¡fue magnìfico! No puedo decir cuál impresión tuve de ello. Con aquel velo sobre el jefe y mi Crucifijo no supe que decir... Me dejé inundar de felicidad... y no pude hacer otro... «Cuando la Virgen hubo acabado de de hablar, los testoline desaparecieron uno tras la otra. Ella también me dio su bendición y disparve Usted. Credetti de encontrarme en cielo. «Por lo tanto el momento llegó de leer, y con cuanta alegrìa y con cuanta emoción, la fórmula de los votos. Luego hice la Comunión. ¡Entonces vi a Jesùs, asì bonito! Tuvo el Corazón inflamado y la herida todo abierta; salió como una fuerza que me atrajo, me hizo entrar hasta el final y me encontré perdida en aquel Corazón. « Ahora estoy contento dijo porque te tengo prisionera en mi Corazón. De toda la eternidad soy tuyo: ¡ahora tù eres para siempre mìo! Tù trabajarás por mì, Yo trabajaré por ti. Tus intereses son los mìos, los mìos son los tuyos. ¡Ve como te he sido fiel! «Y ahora estoy a punto de empezar mi obra». «Por lo tanto desapareció». Alguna hora después en su libreta deja desbordar la plenitud de sus sentimientos en estas rayas: ¡«Jesùs ha venido, la unión es cumplida! Pero lo sabe bien cuanto yo sea miserable, y que a pesar del deseo de gustarle y de quererlo, tal vez cuántas veces echa el ancla le haré pena?... ¡Sì, lo sabe mejor a mì! pero me quiere... ¡y eso no importa! él está listo a arreglar mis faltas, y por este me ha dado su Corazón». Entonces trata de determinar los empeños que la atan al Corazón de Jesùs: ¡«O Jesùs!, gracias por este incomparable regalo de los votos! ¡«Mi voto de pobreza! qué he querido con ello?... Sé que ya ya no tengo derecho a nada: todo aquél que yo vien determinado en uso es una limosna que se hace. Tengo en fin dejado todo aquél que más quise sobre la tierra: la mamá, la hermana, la casa, la patria, para no poseer a otro que Jesùs Cristo... Pero sobre todo tengo que desvestirme de mì mismo... ¡Jesùs será el mìo todo, y no los tendré otro deseo y otra ambición que! él es mi fuerza y mi paz: no quiero que él, nada que no me conduzca a él. ¡«Mi voto de castidad! ¡Ay, cuánto soy feliz en la vida religiosa! ¿Quién podrá secuestrarme tal tesoro? El mundo ya no existe por mì: me encuentro en un jardìn cerrado, cuyas flores son todo diferentes. Siempre viviré en este jardìn, entre estas flores, reservado al Jardinero divino. él me cultiva y yo lo alegro. ¡Me quiere y yo el anzuelo! Todo el resto, por mì es nada!... ¡O refino Jesùs! ¡Novio de las vìrgenes! ¡Te quiero porque eres la pureza por esencia, la que ha atraìdo mi corazón desde los primeros años! "Jesùs es el novio de las vìrgenes." ¡Esta palabra ha sido suficiente para hacerme gustar los hechizos reservados a tus novias y hasta de entonces mi alma ha sido la pequeña flor que no desea esparcir perfumo si no por ti! ¡O Jesùs! concedes a la pequeña flor de no perder nunca la blancura de la gracia ni el amor a la virginidad. ¿«Y mi voto de obediencia? todavìa añade. Ello me ata a mis legìtimas superiora, y me hace verles en ellas Tù que me hablas y me manifiestas tu voluntad. Pero mi amor tiene que empujarme más allá, y no solamente tengo que obedecer a autoridad cualquiera ella sea, pero también a la voz interior que me habla all alma y que a veces finjo de no sentir, porque yo cuesta hacer cuánto me dice, o decir lo que me manda transmitir. Sì, Señor, obedeceré por amor, sin preguntar como el, ni el por qué, sin titubear ni murmurar, porque ya no es mi voluntad pero la Tuya, Jesùs, que vive en yo y todo esto por tu amor». Y concluye: «Todo el dìa me he sentido asì feliz que no supe más qué decirles a Jesùs y a la Virgen...». En efecto pareció envuelta de una paz celeste y todo inmersa en Dios. Pero simple, buena como siempre, atenta a todo y a todo, pasó el dìa de los votos a irradiar alrededor de si la alegrìa de su corazón. Fue atenta de las enfermas y de las paciente por el beso de paz que no pudo intercambiar con ellos en capilla. Encontrarla fue como por todo un rayo de alegrìa y una expansión de caridad. La mamá y la hermana pudieron gozarla abundantemente en las horas que les consagró mostrándose, cuál quedó, tierna hija y hermana mayor llena de delicadeza y sobrenatural ternura. La tarde venida, en una larga adoración delante de Jesùs expuesto, halla el silencio de que tiene mucha sed para repetirle a Jesùs la oferta que la ha consagrado a su Corazón. Los dìas siguientes hacen más llenos el regalo, hasta el momento en que el Dios le desvelará el plan de su Corazón, realizando asì la palabra entendida la mañana de los votos. « Ahora estoy a punto de empezar mi obra». «El martes 18 de julio escribe, al sonido de la campana de la tarde, dejé a la mamá y mi hermana para llevarme en capilla. Caminando le dije a Jesùs que no se doliera si en estos dìas le hablo algo directamente y de tomar por si lo que ellas digo a, porque él sabe bien que hago todo por su amor. En el momento en que entra en el oratorio de S. Maddalena Sofìa, de repente Nuestro Dios le aparece: ¡« Josefa, mi novia, no temas! Yo soy tanto contento como si tù destejes conmigo. Veme en ellos, y vivos en paz!». «El sábado 22 de julio, al principio de la Misa, él ha venido guapìsimo escribe. Con una mano sustentó su Corazón, con la otra me hizo seña de acercarme». « He aquì la prisión que te he preparado de toda la eternidad, dijo. En mi Corazón vivirás hundida y escondida para siempre!». «Después de la Comunión añade: « Josefa, mi novia, deja que me dilatas en ti. Mi tamaño hará desaparecer tu pequeñez. Ya siempre trabajaremos unidos. Yo vos viviré en ti y ti vivirás por las almas» . Y como le recuerda cuanto es débil... « Dejados conducir!... Mi Corazón hará todo, mi misericordia actuará y mi amor destruirá todo tu ser». «Ayer todavìa escribe, la Virgen ha venido en la mañana». Esta Madre vela en efecto casi temiera que la hija siempre pueda olvidar los peligros escondidos sobre su camino. « Estás en paz, mi hija dijo. No reservarte nula y no te ocupes que del momento presente. Jesùs condrrà tù y tus Superiora. No te separes nunca de ellos, guardado fiel y sumisa al deseo de mi Hijo, sobre todo en las horas difìciles». Luego después de alguna recomendación añade: « Mi divin Figliuolo quiere servirse de este pequeño instrumento para su gloria y eso a pesar de todos los esfuerzos del enemigo». Asì ella viene a conocer de la Madre suya que el enemigo no ha desaparecido por mucho tiempo, porque si no ha podido arrancarla de su vocación, al menos intentará arruinar el plan de amor que se desarrolla dìa tras dìa en su vida. En un primer momento Josefa es desconcertada en encontrarse asì débil, a pesar de la gracia de los votos, frente a las tentaciones de que, desaforadamente, tiene la dolorosa experiencia. «El miércoles 26 de julio, le confié a la Virgen esta mi gran pena escribe. ¡ La rogué preguntar le perdona a Jesùs, de repetirle mi felicidad de pertenecerle y que mi ùnico deseo es de quererlo! Pero qué se digna considerar mi pequeñez!... Le hablé asì a corazón abierto, cuando Jesùs compareció de repente, se acercó y dijo: ¡« No temer! ¡Soy tu Salvador y tu Novio! ¡Ay, cuánto las almas poco comprenden estas dos palabras! He aquì la obra que quiero cumplir por tu medio: el deseo más ardiente de mi Corazón es la salvación de las almas, y quiero que mis novias, especialmente las de mi Corazón, sepan bien con cuanta facilidad pueden darme almas. Les haré conocer por tu medio el tesoro que tan a menudo dispersan porque no profundizan bien estas dos palabras: Salvador, Novio». El dìa después, jueves 27, la Virgen los se manifiesta durante el ruego de la tarde: « Hija mi querida, no te aflijas por tus faltas. Aùn más caerás de una vez pero el amor siempre te realzará, ya que eres sustentada por un novio que te quiere y que es tu Dios». Después de algunos dìas, la tarde del domingo 30 de julio, Maria anuncia a su figliuola la cruz de Jesùs: « Esta noche él te llevará la cruz!». «Y, apoyándome la mano en el hombro Josefa escribe, añadió: « No considerar tu pequeñez: piensa en el tesoro que te pertenece; ya que si eres toda suya, él es todo tuyo!». Pocas horas después, en la noche, Jesùs, envuelto de luz radiante, le lleva aquella cruz que de bastante tiempo no las tuvo más determinado. «Josefa, mi novia, quiere compartir la cruz de tu novio?». «Y posándola sobre mi hombro derecho: ¡« La recibes con alegrìa y la entrega con amor, ya que es por las almas que quiero tan! No te parece menos pesado ahora que en el pasado?... Ahora somos unidos por la eternidad, y nada puede separarnos más!». La deja cuidar a su trabajo en el dìa: sabe que siempre está lista a consolarlo en las horas de descanso. «En la noche dentro del sábado 5 y el domingo 6 de agosto escribe, ya me dormì cuando su voz se ha despertado: « Josefa, mi novia». ¡«Estuvo allì, tan bonito, de pie con la cruz, todo envuelto de luz! Enseguida me he levantado». « Vengo a llevarte mi cruz». «La depuso sobre mi hombro: Le dije mi alegrìa y mi deseo de darle alivio, a pesar de mi pequeñez». « Tù el puerto por la noche porque durante el dìa la doy a mis novias». Entonces Josefa le habla enseguida de las almas y sobre todo de los pecadores, su pensamiento dominante: «Sì: muchas almas me ofenden, muchas se perdonan; contesta con tristeza pero las que hieren más mi Corazón soy almas que anzuelo mucho y que sin embargo siempre se guardan algo y no se dan completamente a. Sin embargo, no les doy pruebas suficientes de amor?... no les doy todo mi Corazón?». «Le he preguntado perdón por aquellos almas y por mì, que me reservo a menudo tan algo: continùa humildemente lo he suplicado de recibir en reparación los actos y el amor de aquellas almas que desean consolarlo, y él con bondad me ha contestado: « éste es lo que quiero: arreglar las miserias de los un con los actos de las otras». Aquella noche pasada bajo la cruz fue de veras la preparación inmediata que convino al domingo el 6 de agosto de 1922 que quedará como en la historia de Josefa una fecha memorable principio y preludio de la obra a que es destinada. Pero el Maestro divino, que no puede actuar si no a través del nada de sus instrumentos, quiere también subrayar esta exigencia de su Corazón. Ella escribe: «Después de la Comunión, Jesùs ha venido guapìsimo. Su Corazón fue dilatado y la herida abundantemente abierta. Me miró en un primer momento, luego con una gran compasión me dijo: «Miseria, nada: éste es tu nombre. Pequeña quiere todavìa decirvos algo pero, Josefa, es nada!». «Dijo estas palabras con mucho amor que mi alma se abrió a la confianza y: «Sì, es verdadero, o Señor, soy nada y querrìa todavìa ser menos, porque el nada no te resiste ni te ofende, ya que no existe, y yo, te resisto... te ofendo!...». «Durante la segunda Misa ha vuelto y acercándome a su Corazón ha continuado: « Estás justo convencida del tuyo nada?... Ya las palabras que te digo no se borrarán jamás!». «He contestado cuanto tenga miedo que él quiera poner en mis manos la obra de amor, porque soy capaz de guastar todo, a pesar de mis buenos deseos. De su Corazón nos manó entonces una llama que infuocò». ¡« Empieza la obra mi agarrada a la mano de mi Madre! No basta eso para darte ánimo?». El corazón de Josefa asustó de alegrìa a esta pregunta. ¡«Sì, o Señor, contesta con salto un gran ánimo y una gran confianza! Dime lo que podrìa hacer para conseguir de esta Madre querida que no me deje nunca traicionar tu obra, que me conservas siempre fiel a tus dibujos, que me proteja y que tu Corazón me sustente porque es mi ùnico deseo!». Pues, después de un instante de silencio, Jesùs contesta como si se recogiera antes de pronunciar palabras de suma importancia: « Ya que mi Corazón quiere servirse de viles instrumentos para cumplir la más gran Obra de su amor, he aquì lo que harás en preparación a ella, durante los dìas que preceden la asunción de mi Madre: «Profundizarás bien el nada de mis instrumentos. «Te encomendarás completamente a la misericordia de mi Corazón y prometerás con todo la alma de no resistir nunca a mis solicitudes por cuanto puedan parecerte crocefiggenti. «Jueves harás la hora santa para consolar mi Corazón de las resistencias de las almas selectas. «Viernes te pregunto un acto de reparación por las ofensas y las penas que recibo de estas almas». La tarde mientras escribe estas rayas, Josefa es golpeada por el recuerdo del acento grave y solemne con que el Dios le ha hablado. No osa continuar temiendo de no acordarse exactamente sus palabras y de alterar asì el pensamiento del Maestro. He aquì que de repente le aparece y: «él mismo escribe, me ha dicho asì: ¡« Poco me importa! Cuando tù me escribas te diré todo. ¡Nadie de mis palabras irá perdido! Nada de lo que te digo vendrá nunca borrado. ¡Poco importa que tù seas miserable y pequeña hasta este punto! ¡Seré Yo que haré todo! «Demostraré que mi obra apoya sobre el nada y sobre la miseria y que éste es el primero anillo de la cadena de Amor que preparo a las almas de toda la eternidad. Me serviré de ti para enseñar que anzuelo la miseria, la pequeñez, el nada. «Haré conocer a las almas hasta cuál pica mi Corazón las quiere y las perdona, y como me complazco con los ellos mismos caìdas... sì, escrìbelo... ¡complazco de ello! Leo en el fondo de las almas y veo su deseo de gustarme, de consolarme, de glorificarme... y el acto de humildad que son obligadas a hacer viéndose asì débiles, es justo lo que consuela y glorifica mi Corazón. «Poco importa su debilidad: Yo suplo a todo lo que les falta. «Haré conocer como mi Corazón se sirve misma debilidad para dar vida a muchas almas que lo tienen perdida. «Haré conocer que la medida de mi amor y mi misericordia hacia las almas caìdas no tiene lìmite. Deseo perdonar, me reposo perdonando. Siempre estoy listo, esperando con amor que las almas me vengan a. ¡No se desanimen! ¡Vengan y se tiren en mis brazos! No, no teman para nada: ¡soy su Padre! «Muchas mis novias no comprenden bastante lo que pueden hacer para atraer a mi Corazón de las almas inmersas en un abismo de ignorancia, sin saber cuanto Yo deseo acercarla a mì para darles la vida... la verdadera vida. «Sì, te enseñaré mis secretos de amor, Josefa, y tù serás un ejemplo viviente de mi misericordia, ya que si tengo mucho amor y predilección por ti, que no eres que miseria y nada, qué no haré por otras almas mucho más generosas de ti?». «Me ha permitido de besarle los pies y ha desaparecido». De ahora adelante cada vez ch'ella tendrá que transmitir el Mensaje que el Corazón de Jesùs quiere comunicar al mundo, él destejo estará presente. él hablará con la más ardiente efusión de amor y Josefa transcribirá en su momento las invitaciones pronunciadas por el labio divino. En sus cuadernos se encuentran subrayados con tinta roja estos pasos para hacer notar el excepcional valor. «El lunes 7 de agosto, después de la Comunión dice Jesùs ha venido guapìsimo». « Que quieres decirme, Josefa?». «Señor, para obedecer, renovaré los mìos votas a tu presencia». (Recordamos el orden que le fue dado por bastantes meses para evitar cada engaño del demonio). «Mientras los renové, él me miró con ternura y compasión. « Vienes: ya que eres nada, entra en mi Corazón. Y tan fácil al nada de perderse en este abismo de amor!». «Entonces me ha hecho entrar en su Corazón» continua Josefa, impotente a expresar algo de aquel misterioso privilegio. Cuando sale de aquel abismo inescrutable, él dice: « De este modo consumiré tu pequeñez y tu miseria. Te actuaré en ti, hablaré por tu medio, me haré conocer a través de ti. ¡Cuántas almas encontrarán la vida en mis palabras! ¡Cuánto retomarán ánimo comprendiendo el fruto de sus esfuerzos! Un pequeño acto de generosidad, de paciencia, de pobreza... puede volverse un tesoro capaz de adquirir a mi Corazón un gran nùmero de almas... Tù, Josefa, desaparecerá pronto, pero mis palabras quedarán». «Entonces le he expuesto mis temores, ya que siempre tengo miedo de no ser fiel. Me ha fijado y con una bondad indecible ha añadido: « No temer. Te manejaré como convendrá mejor a mi gloria y al bien de las almas. Se entregados al amor, dejados conducir del amor, y vivos perdida en el amor!»

 

ME BALANCEO SEGUNDO

EL MENSAJE DEL AMOR

 

(PRIMERA PARTE)

 

PRELIMINARES

 

Del dìa en cuyo Josefa hubo pronunciado los votos, apareció bien pronto evidente que no fue escogida si no en vista de un dibujo divino de amor. Toda la gracia de su vocación desarrollada él en su alma entre las predilecciones de Dios, la forjó por esta obra. Novia del Corazón de Jesùs, tuvo que ser por él una respuesta viviente de amor... Y él fue revelándole los secretos del amor que espera de Su Sociedad: «el amor más tierno y generoso». Novia de su Corazón, tuvo que penetrar en la herida del costado divino, medir de ello la profundidad, y asociarse con su dolor, frente a la ceguera y a la pérdida de las almas... él las hizo comprender el sentido redentor de una vida consagrada y unida al Reparador divino. Novia de su Corazón, elegida por este Dios Salvador para ser instrumento de su amor y su misericordia hacia las almas que él tiene tan tiernamente a amadas, tuvo que compartir de ello la sed insaciable... y él la sumergió en el ardor consumante de su Corazón ofreciéndole como el mundo entero horizonte a su recìproco amor. Los años de la formación religiosa fueron pues para Josefa años de estudio para profundizar aquella gracia de vocación que llama cada miembro de la Sociedad del Sagrado Corazón a una vida de novia, de vìctima y de apóstol. El propio Jesùs se reservó de de dar resalto con su dirección a cada paso de la Regla, y de dar asì desde la aurora de esta vida religiosa el conmovedor testimonio de su pensamiento sobre esta Sociedad se basada en el amor como dirá un dìa él destejo y de que el objetivo y la vida no son que amor (el 12 de junio de 1923). Pero todo eso no estuvo sino la preparación de un más vasto dibujo. A más reanudaciones se complació con advertir a Josefa de sus planes. La encaminó, a pesar del temor y la resistencia de ella, con dulzura y fuerza, hacia la oferta incondicional por una misión cada vez más definida. En el dìa de los votos, afirmando sus derechos sobre de ella, él no dijo aquella palabra reveladora: ¿Ahora estoy a punto de empezar mi obra? (el 16 de julio de 1922). Esta obra, que él llamará la más grande de su Amor (el 6 de agosto de 1922), ya está a punto de desarrollarse, y tomar forma concreta en los dieciocho meses que constituyen aquì abajo la ùltima fase del rápido paso de Josefa. Pero la mano que la dirige, la acción que le obra en ella, ella con serveranno celosamente, a sus mismos ojos, el instrumento pequeño y vil elegido de preferencia de Dios. Por tanto el Dios permitirá que ella experimenta la misma debilidad en la lucha diaria por la que quedará fiel hasta al final: la tentación, el demonio, el mismo infierno serán las principales causas de sus sufrimientos. Este el contrapeso que Dios pondrá a sus gracias, para siempre arraigar mejor Josefa en el sentimiento de su bajeza y el suyo nada. Además, será el estìmulo que no le dejará un instante de tregua frente a los pecados del mundo, de las almas de salvar y a la llama divorante del Corazón del Maestro. ¿Antes de introducirnos en la ùltima y decisiva etapa de esta vida, no convendrá quizás pararnos un instante para echar una mirada sobre la fase que se cierra, y sobre la que está a punto de abrirse? Entonces el plan divino de esta obra de amor aparecerá mejor en el dùplice dibujo que semeja resumirlo y permitirá de admirarlo en todos sus detalles, como el propio Jesùs se expresará. Ante todo lo que se destaca en las enseñanzas del Corazón divino, como en su acción sobre Josefa es la huella doctrinal que pone en relieve los principios directivos de la fe católica. Parece que Nuestro Dios haya querido recordarlos a las almas en una divina acción práctica. El soberano dominio del Creador sobre la criatura, y lo que exige de dependencia y de abandono a su conducta, aparece como en primer lugar el sólido fundamento del verdadero amor. En el mismo tiempo toda la historia de Josefa es aquel del Providencia que no se engaña nunca en sus calles: «Hace falta él dijo un dìa que siendo tan pequeña, te dejas conducir de mi mano paternal, potente e infinitamente fuerte (el 26 de mayo de 1923). Te emplearé como conviene a mi gloria y al bien de las almas (el 7 de agosto de 1922). ¡No temas para nada, ya que te custodio con cura celosa como la más tierna de las madres su niño! (el 3 de mayo de 1923). Magnifica definición de la fidelidad divina que puede decirnos siempre, a cada dobla nuestro camino, como le dijo a Josefa: «No falto nunca a mi palabra!» (el 25 de julio de 1921). La presencia de la gracia que vivifica el alma, fundamento de su incorporación a Cristo, es recordado continuamente: «Yo le estoy en ella dice le vivo en ella. Me complazco con hacer una cosa sola con ella» (el 5 de diciembre de 1923). Pero en repuesto él pregunta que no lo dejas nunca sólo, que lo consultas en todo, que se revista de él y le desaparezca en él: «Más tù desaparecerás, más Yo seré tu vida» (el 5 de junio de 1923). Eso no comenta quizás el dicho de S. Paolo: ¿«Vivo, pero no más yo, pero vivas en mì Cristo»? Entonces es destacado el valor de aquella vital unión con él que transforma las mìnimas actividades humanas revistiéndolas con el oro de lo sobrenatural. Más veces, y de modo tangible, Nuestro Dios se dignó enseñarle a Josefa lo que el amor puede hacer de las mìnimas acciones cumplidas con él. Asì quiso reanimar en las almas la felicidad de creer en esta riqueza al alcance de todo. « Cuantas almas dijo retomarán ánimo comprendiendo el fruto de sus esfuerzos (el 7 de agosto de 1922) y cuanto adulto sea el valor de un dìa de vida divina!» (el 2 de diciembre de 1922). Aquì nosotros nos adentramos en la dogma que es como el punto vital de esta magnìfica enseñanza, aquel de la participación a los méritos infinitos de Cristo. Nuestro Dios le recuerda sin parar a Josefa el poder que el alma bautizada posee sobre los tesoros de la Redención. Si él las pregunta de cumplir en si lo que falta a la pasión de él, de arreglar por el mundo y de satisfacer la justicia del Padre, siempre está con él, por él, en él. «Mi Corazón es vuestro, cógedlo y reparadas por su medio» (el 15 de octubre de 1923). Desatascan entonces del labio divino aquellas ofertas omnipotentes sobre el Corazón del Padre, que Josefa ha recogido y nos transmitidas a: ¡«Padre bueno, Padre santo, Padre misericordioso! Recibes la sangre de Tu Hijo... sus Llagas... ¡su Corazón! Mira a su jefe transfijo de espinas... no permitas sino aquella sangre seas una vez de más inùtil... (el 26 de septiembre de 1922). No olvides que todavìa no ha llegado el tiempo de la justicia pero aquel de la misericordia!» (el 11 de febrero de 1922). La gran realidad de la Comunión de los San aparece por fin como la urdidura de la vocación de Josefa, el fondo del cuadro en el que su vida se desarrolla. Maria, Mediadora de todas las gracias y Madre de misericordia, tienen un sitio reservado en el centro de este maravilloso cambio de gracias y de méritos, entre los san del cielo, las almas en purgatorio y aquellas militantes aquì abajo... sólo el infierno es excluido de ello. Josefa, pequeñìsimo miembro del Cuerpo Mìstico de Cristo, aprende del Maestro cual repercusión tengan en el mundo de las almas la fidelidad, el sacrificio, el sufrimiento y el ruego. Pero por encima de estas lecciones doctrinal, con tal que mucho valor, el Mensaje directo que el Corazón de Jesùs las confiará para transmitirlo al mundo, es una invitación de amor y misericordia. Un dìa ella le dirigirá al Maestro esta pregunta: «Señor, no comprendo qué sea esta obra de que siempre me habla». ¿«No sabes qué sea mi Obra? él contestará Ella es obra de amor. Quiero servirme de ti para manifestar cada vez más la misericordia y el amor de mi Corazón. Las palabras y los deseos que transmito por tu medio despertarán el celo de muchas almas e impedirán la pérdida de muchos otras, y cada vez más se vendrá a conocer que la misericordia de mi Corazón es inagotable» (el 22 de noviembre de 1922). «A tiempo de tiempo dirá otra vez tengo sed de hacer oìr una nueva invitación de amor. (el 29 de agosto de 1922) Y verdadero que no necesito ninguna de ti... pero deja que te preguntes amor, y que por tu medio Yo manifiesto una vez de más a las almas» (el 15 de diciembre de 1922) .Questo gran dibujo de amor fue efectivamente le confiado a Josefa atravieso las comunicaciones celestes que van escalonando en los ùltimos meses de su vida. En la hora y en el dìa de su selecto Jesùs le dará congreso en la pequeña celda dónde ya le abrió tan a menudo el Corazón y ofrecido su cruz. Pero no podrá prever este llamáis. A veces él la querrá por bastantes dìas en seguida listos a escribir bajo su dictado; a veces interrumpirá la continuación de su Mensaje por enteras semanas. A veces no las dictará que alguna raya de prisa; tal otro la tendrá a largo arrodillada, para recoger, mientras él habla, los secretos de su Corazón. él quiere reinar a través de un conocimiento más seguro de su bondad, de su amor y de su misericordia. éste es el testimonio que ha venido a devolver en este mundo a su Padre: Deus caritas este: éste es lo que quiere que los suyos sepan y él digan de. él quiere con esta nueva efusión de su Corazón conseguir no solamente la reciprocidad de amor pero la respuesta de confianza que aùn más le es querida, porque es la prueba del amor más tierno y el manantial del amor más generoso. él quiere atraer y rehacer las almas en esta fe en la misericordiosa bondad que el mundo no comprende bastante y a cuyo sobre todo no cree bastante. él quiere reanimar sus almas elegidas con una seguridad más viva en su Amor, con una experiencia más profunda de su Corazón adorable de que pregunta a ellas de manifestar los rasgos divinos a los que lo conocen poco o no lo conocen para nada. él quiere que esta invitación despierta las almas adormecidas... realzas las caìdas... hartos las tenéis hambre... y eso hasta la extremidad de la tierra... Y expresa tal ardiente deseo en un modo tan resuelto que no se puede quedar insensibles a esta ardiente invitación del amor. En el mismo tiempo él recuerda a los suyos, que, segùn el orden constante del Providencia, sus dibujos dependen en parte de la libre cooperación de las almas. Esta cooperación la pregunta a todas las que valorarán el alcance de sus planes y el ardor de su espera, como incluso el sentido de sus medios de redención: «Cuando las almas conocerán mis deseos dijo no ahorrarán nada ni fatigas ni esfuerzo ni sufrimiento!» (el 5 de diciembre de 1923). Fue tan precisamente que Josefa comprendió aquella sed y aquel hambre divina que debieron en resumen tiempo consumir su vida.

 

VII

EL PREFACIO A. EL MENSAJE

 

LAS PRIMERAS SOLICITUDES en 8 de agosto el 30 de septiembre de 1922

¡Tengo de hacer oìr una nueva invitación de amor! (Nuestro Dios a Josefa, el 29 de agosto de 1922).

El mes de agosto apenas sea empezado, tres semanas ya son transcurridas por las gracias celestes del 16 de julio y los dìas siguientes, y parece que nada sea cambiado en la vida de Josefa. Y todo absorta en su trabajo como siempre, con la usual fidelidad y el ardor habitual. Quizás el velo negro le otorga una radiación de más expansiva caridad y profunda concentración mientras se ha de nuevo escondido en la sombra que tanto conviene a la vida ìntima de su el alma. De otra parte Dios se está a punto de cavarle en ella el nada del instrumento, y este bien delineado dibujo de amor no puede cumplirse que en la sombra y en el silencio. El jueves 10 de agosto 1922 Josefa escribe: «No sé cómo eso ocurra, pero de ocho dìas tengo de mì mismo un conocimiento tal, por qué en el pasado. No puedo decir la tristeza y la confusión que me han atacado a este visa, sobre todo pensando en la bondad de Jesùs!». El lunes 14 de agosto, vìspera de la asunción, añade: «Hoy, menlre così, me ha venido esta idea: por qué soy tan poco generosa y siempre temo el sufrimiento?... ¡He entendido que demasiado poco tengo fijo la mirada sobre de él, y echa el ancla demasiado sobre mì mismo! ¡No puedo continuar asì, tan más que mi vida será breve, y pronto ya no podré trabajar a Su gloria! He preguntado de hacer la hora santa para consolarlo de mi poca generosidad y un dìa de retirada para preguntarle de enseñarme a fijar la mirada sobre su voluntad, su gloria, su Corazón... sin más ocuparme de mì!». El martes 15 de agosto, bajo la protección de la Madre celeste, pasa un dìa de retirada. «Apenas se despierte escribe me he metido cerca de Jesùs y le he preguntado de enseñarme a quererlo de verdadero amor: es el ùnico mi deseo!». Nuestro Dios contesta a la solicitud sumergiéndola en el abismo del suyo nada. La reduce a nada y la tiene tan aniquilada delante de su Rostro. «Lo he suplicado durante el agradecimiento de la Comunión de darme mucha confianza en su Corazón e igualmente confusión por mis culpas». Pero el Maestro del amor quiere hacerla todavìa descender más a fondo en el conocimiento de su bajeza. Gliw dará la cognición neta aunque simbólica y he aquì en cuál Josefa acaba trata de expresarla: «En la mañana del 15 de agosto, sin devolverme cuento de dónde me encontré, me sentì de repente de frente a un lugar oscuro y calinoso. Pareció una popa hùmeda y tétrica, lleno de hierbajos, de matas espinosas cuyas ramas, desnudos de hojas, se enredaron entre ellos. «Un ligero claror se ha en fin se quitado, como un rayo de sol, y he podido divisar que el sterpaio de hierbas y espinas revistió un agua limosa de que se emanó un fétido olor. Luego todo ha desaparecido. No comprendì cosa todo eso significara y fui a capilla sin pensarnos más. La ùnica cosa que le pregunto hoy a Jesùs es de quererlo de verdadero amor y sólo fijar los ojos sobre él. De repente ha venido guapìsimo. De su Corazón manó un haz de luz y me ha dicho con mucho amor: «Mi querida, Yo soy el sol que te descubre tu miseria. Más la ves grande y más tienen que crecer tu ternura y tu amor por Mì. No temas: el fuego de mi Corazón consume tus miserias. Si tu alma es una tierra infecta incapaz de fructificar, Yo soy el jardinero que la cultiva, mandaré un rayo de sol para purificarla... y mi mano sembrará... Quedas pequeña, muy pequeño!... ¡Yo soy bastante grande; soy tu Dios, soy tu Novio! y tù la miseria de mi Corazón!». Aquel dìa de la asunción también la Virgen vino a recordarle a su hijuela que de esta miseria tomo nota de Jesùs quiso servirse para su obra. Mientras Josefa y las hermanas de hábito recitan el Rosario en el cappellina del noviciado, la Virgen aparece de repente. «Vestida Josefa escribe como en el dìa de mis votos, el jefe coronado de diadema, las manos cruzadas sobre el pecho y el corazón circundados por una corona de pequeñas rosas blancas». « Estas flores dijo mirando a las novicias arrodilladas alrededor de su estatua se cambiarán de perlas hartas preciosas por la salvación de las almas!». Y volviéndose hacia Josefa: « Sì, las almas... ¡he aquì lo que Jesùs quiere de más! Incluso yo las quiero, porque soy el precio de su sangre y cuántas de ellas se pierden!... ¡Mi hija, no resistas a sus dibujos, no le rechaces nada! abandonados todo a la obra de su Corazón que no es otro que la salvación de las almas!» Luego después de algùn consejo personal añade: ¡« No temer, para mi! ¡La voluntad de Jesùs él adempirà! Su obra se hará!». Y disparve. Esta afirmación materna que le abre gradualmente a Josefa la perspectiva de la obra en que la voluntad divina la empeña, no falta de suscitarle en ella un alboroto de aprensiones. Nada rechazar al plan que la concierne siempre será el campo de su lucha. El sábado 19 de agosto, mientras trabaja de costura, Jesùs aparece y la llama: « Vas y pides el permiso!». Después poco la alcanza donde en la celda, arrodillada, renueva sus votos. Frente a mucha belleza ella no sabe cómo expresar su amor. « Sì, repìteme que me quieres contesta me complazco en tu miseria!». Y como Josefa él expone la repugnancia que no logra vencer, cuando tiene que manifestarles a sus Madres los deseos ch'Egli las revela: «Lo que te impongo de decir por cuánto te pareces duro, Josefa, es por el bien de las almas... No se puede saber cuanto Yo quiero las almas!». Entonces su Corazón se dilata y continùa: « No se puede saber cuanto quieres esta casa... Aquì he fijado mis ojos; aquì he encontrado la miseria para hacer orquesto de ello de mi Amor. He confiado mi cruz a este grupo de almas, y no se la llevan solo porque Yo estoy con ellos y las ayudo. El amor se prueba con las obras. He sufrido porque las quiero: ellas toca a de sufrir por mi amor!». Dos dìas después Jesùs le recuerda a Josefa que la mirada de fe tiene que siempre custodiarla en el seguro camino de la obediencia. Parece que antes de confiar sus más ardientes deseos por el mundo, quiera salvaguardar la autenticidad con esta dependencia que será hasta al final la exigencia y la señal de su presencia. «Lo comprendes bien le dice el lunes 21 de agosto soy Yo que conduzco todas las cosas y no permitiré nunca que tù seas conducido por un camino que no sea el mìo. Confiados, y no mires que Yo, mi mano que te conduce y mi ternura que te envuelve con amor de Padre y Novio». Transcurren los dìas dejando a Josefa en espera de las disposiciones divinas. El jueves 24 de agosto, durante la meditación, Jesùs le aparece y no le dice que estas palabras: «Preguntas por Mì el permiso de hablarte!». Josefa pide el permiso, pero el Maestro no vuelve. Eso no la turba, porque sólo se entrega a la libertad del que desea. El martes 29 de agosto, en la mañana, mientras ella cose solo en la sala comùn de las hermanas, una voz bien conocida la hace sobresaltar: «Soy Yo!». Se echa de rodillas y Jesùs está allá. Se derriba, adora, y deja desbordar su corazón: ¡«Tù, mi Dios! Te esperé desde el otro dìa y empecé a temer de te haber causado pena!». « No, Josefa; Yo gozo cuando las almas esperan. Son muchos de ello que no piensan en Mì!». « Vas a tu celda: también vendré yo». Yo Josefa se dirige enseguida donde en el stanzetta a Jesùs la ha precedido. «Le he preguntado si estuviera contento que renovara mis votos» scrìve. «Sì contesta cada vez que tù los renuevas resumo con más fuerza los vìnculos que te atan a mì». «Entonces lo he suplicado de no permitir que yo resista nunca a sus dibujos ni que mis faltas le impidan cumplir su obra». « Tus miserias, Josefa, no me alejará nunca. Sabes bien que son ellas que han atraìdo mis ojos sobre de ti!». Después de un largo momento, Nuestro Dios volviendo a hablar: « Escribes dice con gran solemnidad en cuál modo mis almas harán conocer mi Corazón de Padre para los pecadores». Mientras Jesùs habla a Josefa escribe arrodillada a su escritorio: «Yo conozco el fondo de las almas, sus pasiones, su propensión por el mundo y sus placeres. De toda la eternidad sé cuántas almas colmarán mi Corazón de amargura, y que por muchas serán inùtiles mis sufrimientos y mi sangre... Sin embargo tal como las quise, todavìa las quiero... No es el pecado que principalmente hiere mi Corazón... lo que lo tortura es que, después de lo haber cometido, las almas no vienen a ampararse en Mì. «Sì, deseo perdonar y quiero que mis almas selectas hagan conocer como al mundo mi Corazón, rebosante de amor y de misericordia, aspectos los pecadores!». «A este punto conocida Josefa le he dicho que las almas ya lo saben, y que no olvidas cuánto yo sea miserable, capaz sólo de estropear sus planes». « Sé que las almas lo saben contesta con fuerza y bondad pero de vez en cuando necesito hacer oìr una nueva invitación de amor. Ahora ti es de, pequeña y vil criatura, que quiero servirme. Tù no tienes que hacer otro que quererme y entregarsete a mi voluntad. Te tendré escondido en mi Corazón y nadie podrá descubrirte. Mis palabras sólo serán hojeadas después de tu muerte. « Echados en mi Corazón: Yo te sustento con inmenso amor. ¿Te quiero, no lo sabes? no he dado pruebas de ello suficiente?». Y como Josefa todavìa opone a esta predilección sus numerosas faltas: «Le he visto de toda la eternidad él contesta sencillamente y por tanto precisamente te quiero!». Dos dìas después, el 31 de agosto, Nuestro Dios expresa claramente su voluntad. « Quiero que tù escribas, Josefa!». Y todavìa insiste: «Quiero hablarte de las almas que anzuelo tan. Quiero que ellas siempre puedan encontrar en mis palabras el remedio a su enfermedad». Sin embargo el dìa siguiente no la invita a escribir, pero propone como a su generosidad una de aquellas empresas redentoras, largas y dolorosas ya ha conocido de ello antes de los votos. También esta invitación hace parte del Mensaje que él quiere hacer leer a las almas por la vida misma de Josefa. Necesita pues, en este mes de septiembre de 1922, seguir el cuento de la bùsqueda de un alma «querida» como el propio Jesùs el tìtulo, un alma consagrada, un alma de sacerdote. A la continuación de Josefa necesita penetr

rey el dolor investigable del Corazón divino para entender cuál amor reparador ello exija y cuál sufrimiento redentor. «La tarde del primer viernes del mes, 1° de septiembre scrive Josefa al momento de acostarme, mientras besé mi crucifijo de los votos, Jesùs ha aparecido de repente guapìsimo y me ha hablado con gran amor de las almas, sobre todo de tres que nos ha confiado algùn dìa hace, y, como si de repente este pensamiento oprimiera su Corazón, ha dicho: « Dos de ellas todavìa está lejano, muy lejanos de Mì!... ¡Pero la que me causa torturo mayor es ella tercera! Mi justicia no puede actuar con igualmente rigor hacia los dos estrenos porque me conocen menos: pero ésta es un alma consagrada, un religioso, un sacerdote... un alma que Yo quiero... Ella desteja cava donde el abismo caerá si se obstina!». El domingo 3 de septiembre, después de la Comunión Josefa vuelve a ver al Maestro, resplandeciente de aquella belleza que ninguna palabra humana puede expresar. él baja la mirada sobre las religiosas inmersas en el agradecimiento de la Comunión, su Corazón se inflama y con ardor dice: « Ahora estoy sobre el trono que Yo mismo me he preparado. Mis almas no pueden entender hasta cuál pica descansan mi Corazón acogiéndolo en el ustedes, pequeño y pobre ciertamente, pero todo mi!... Poco me importan las miserias, lo que quiero es el amor. Poco me importan las debilidades, lo que quiero es la confianza. «éstas son las almas que atraen sobre el mundo la misericordia y la paz: sin ellas la justicia divina no podrìa ser contenida... Hay muchos pecados!». «Entonces dice Josefa su Corazón me pareció oprimido y bien pronto fue toda una herida!... He intentado consolarlo; me ha mirado tristemente y ha continuado: « Sì: los pecados que se cometen son innumerables e innumerables las almas que se perdonan... Pero lo que tortura mi Corazón reduciéndolo en este estado son mis almas selectas... Y la que me ofende!... ¡Yo el anzuelo y ella me desprecia! Debbo someterme hasta bajar sobre el altar a su voz... a dejarme tocar de sus dedos contaminados... ¡y, a pesar del estado horrible de aquel corazón, penetra en aquella madriguera de pecados! ¡Deja que me esconda en tu corazón, Josefa! ¡«Pobre alma! ¡Pobre alma! Si supiera cuál atormentas se prepara por la eternidad!». «Lo he suplicado de tener piedad de ella y le he recordado cuanto su Corazón desea perdonar. Le he ofrecido el amor y los méritos del Santo Virgo, de los San, de todas las almas justas de la tierra, también las aflicciones de la casa, en este momento hartos adultos!... Me ha contestado: «Mi justicia no actuará hasta tanto que encontraré de las vìctimas que arreglen». Entonces él le anuncia a Josefa que le hará experimentar los tormentos del infierno reservados a las almas consagradas e infieles. «Asì excitaré tu celo dice y mis almas sabrán luego las penas a que amenazan de exponerse». Luego hablándole a Mismo ha continuado: ¿«Alma que anzuelo, por qué me desprecias? No es ya demasiado que los laico me ofendan?... ¿Pero tù, que me eres consagrada, por qué me tratas asì? Cuál dolor por mi Corazón recibir muchos ultrajes de un alma que he elegido con mucho amor!». El lunes 4 de septiembre, Josefa conoció, segùn el preaviso del Maestro, el indecible dolor del infierno por las almas religiosas. Del julio no tuvo contacto más con el abismo del eterno dolor. Esta vez pero tuvo conciencia de llevarvos la huella de sus votos, es decir de un alma querida de preferencia. «No puedo expresar lo que dice ha sido este sufrimiento: porque si el tormento de un alma del mundo es terrible, sin embargo es nada frente al de un alma religiosa». Su pluma renuncia a describirlo, sin embargo nota que estas tres palabras: Pobreza, Castidad, Obediencia él ripercuotono sin parada en el fondo de aquel alma como una acusación y un remordimiento desgarrador. «Has pronunciado libremente los votos, en lleno conocimiento de lo que exigieron... ¡Tù destejas te has atado, y lo has querido! y la tortura indecible del alma es de repetirse continuamente: "Lo he hecho y estuve libre"!...». Y añade: «El alma se acuerda continuamente de haber elegido Dios para Novio y de tenerlo querido por encima de todo... de haber renunciado por él a los más legìtimos placeres y todo aquél que tuvo de más querido al mundo... ¡qué al principio de la vida religiosa gustó la dulzura, la fuerza y la pureza de este amor celeste, y ahora, por una pasión domada, tiene que odiar eternamente aquel Dios que lo tuvo elección para quererlo! «Esta necesidad de odiar es una sed que la consume... No un recuerdo que pueda dar el más pequeño alivio... «Uno de los tormentos más dolorosos escribe es la vergüenza que reviste aquel alma. Parece que todos los condenados que la circundan griten sin parar: "Que nos hemos perdidos nosotros que no tuvimos los mismos socorros de ti, nada extraordinario... pero tù!... Qué te faltó?... viviste en el edificio del Rey, comiste a la mesa de los privilegiados..."». «Lo que escribo concluye en comparación de lo que sufre el alma no está sino una sombra, porque no hay palabra que pueda expresar un parecido tormento». Josefa vuelve de estas visiones infernales más listas a dedicarse a la misión redentora que Nuestro Dios las ha asignado. Ha comprendido mejor la gravedad de la culpa en almas consagradas, la herida que proviene al Corazón divino, y sobre todo el ardor que lo consume para preservar tiernamente tan de parecidas llamas las almas de él amadas. El miércoles 6 de septiembre, durante la Misa el Maestro le aparece junto con un aspecto bonito y triste que la golpea. El Corazón de Jesùs es abundantemente herido y Josefa se ofrece enseguida para consolarlo. él como un pobre mendigo contesta: «No pregunto que tu corazón por potermici esconder y olvidar la amargura de que Yo colmado aquel alma cuando tengo que bajarle en ella. «Que las almas predilectas me traten asì: he aquì mi dolor!». «Después de la Comunión continua me repitió: «Tù, amada como la pupila de los ojos, escóndame bien en tu corazón!». «Le he contestado, con todo el amor de que soy capaz, ch'Egli os descienda incluso hasta el final... ¡Mi pena es de sólo tener un corazón tan pequeño! Querrìa tener muy a uno de ello adulto porque pudiera reposarse a su comodidad». « Poco importa que sea pequeño: ¡Yo lo agrandaré! Lo que quiero es que sea todo mìo!». En fin lentamente, parándose con largas pausas, para sumergirla en cada deseo de su Corazón divino, Jesùs le hace hacer el agradecimiento de la Comunión: « Me consuelas... Quiéreme... GlorificaMi a través de mi Corazón... Arregla por su medio y satisface a la justicia divina... Preséntalo al Padre mi como una vìctima de amor por las almas... y, particularmente, por aquellos a Mì consagráis». Luego añade: « Vivos con Mì, Yo viviré contigo. Escóndete en Mì, Yo me esconderé en ti». Y recordándole la unión reparadora que él quiere efectuar su nell alma: « Nos consolaremos vicendevolmente, ya que tu sufrimiento será la mìa y la mìa la tuya». No es quizás la misma comprensión de aquella unión de vocación, desatascada otra vuelta por el alma del Santa a Fundadora de la Sociedad del Sagrado Corazón: ¿«Que no exista nunca otra cruz para las novias del Corazón de Jesùs, si no la cruz misma de Jesùs»? Cada noche Nuestro Dios le lleva a Josefa la cruz preguntándolas de serla capacitado para el alma consagrada que lo hiere. «Quieres mi cruz?» él dice. Y ella se ofrece a sacar la carga de los hombros divinos. La tarde del viernes 8 de septiembre, él ha venido «como un pobre que tiene hambre» escribe. Palabra que devuelve bien la expresión de sùplica y tristeza que envuelve a la persona del Maestro. «Sì, él dice extingues mi sed de ser querido por las almas, especialmente de las que he elegido. «Aquel alma cuanto olvidadiza Yo lo quiere continùa aludiéndole al sacerdote infiel. Su ingratitud me reduce en este estado». «Entonces le he preguntado de aceptar todos los pequeños actos que se hacen aquì, los apuros de esta casa, y sobre todo el deseo que todas tienen de consolarlo y de contentarlo. él se digna purificar y transformar todo para dar valor a estas pequeñas cosas». «Yo no miro la acción, sólo considero la intención ha contestado. El más pequeño acto cumplido por amor adquiere mucho mérito y mucho me consuela... No busco sino el amor, no pregunto sino el amor!». ¿Podrìa la Virgen estar ausente cuándo se trata de la conquista de un alma? Ella viene a reanimar Josefa en las horas más dolorosas y le aparece después el dìa, sábado 9 de septiembre: « Mi hija, sufre con ánimo y con fuerza le dice. El sufrimiento consigue a aquel alma de no caer todavìa en culpas más graves». En efecto Josefa se somete a todas las voluntades del Maestro. Cada mañana él los se presenta como durante la Misa a un pobre extenuado de la fatiga y del dolor. « Me tienes dentro de tu corazón y participa en la amargura que me consume le repite el 12 de septiembre durante el agradecimiento de la Comunión. Ya no puedo soportar los ultrajes que recibo de aquel alma... ¡Pero Yo el anzuelo añade con ardor después de un instante de silencio el aspecto! Deseo perdonarle!... Con cuál amor Yo lo acogeré cuando me vuelva a!... «Tù, Josefa, consuéleme, acercado a mi Corazón, compartes mi sufrimiento». Luego Jesùs calla de nuevo, luego retoma: « éste es el momento de mi dolor: participa en este dolor que también es tu!». «La tarde de aquel 12 de septiembre Josefa cuenta al momento en que nos levantamos de mesa después de la cena, vi de repente a Nuestro Dios. Estuvo de pie al final del refectorio, resplandeciente de belleza; su tùnica blanca desprendió luminosa en la penumbra de la tarde. Tuvo la mano derecha levantada como bendijera. «Pasó delante de mì y dijo: « Están aquì entre mis novias, porque en ellos encuentro consuelo y descanso». Ella lo siguió hasta la misma celda, dónde le repitió las mismases palabras y añadió: «Ánimo, todavìa algùn esfuerzo y luego aquel alma me volverá a!». Otras ofertas contribuyen a este rescate: en aquel tiempo al Sagrado Corazón de los Feuillants hubieron vìctimas santas, todo os entregáis a la cruz de la enfermedad o la enfermedad. Precisamente de su Jesùs dijo el 13 de septiembre: « Muchas almas me acogen bien cuando las visito con el consuelo. Muchas me reciben con alegrìa en la Comunión. Pero poco son las que me abren de bueno gana cuando llamo a su puerta con la cruz. «Cuando un alma se tumba sobre la cruz y os se abandona, ella me glorifica... Me consuela... es la más cercana a Mì!». Y todavìa precisó: ¡«El sufrimiento de mis novias consigue que aquel sacerdote no caiga en un peligro mayor; pero hace falta todavìa sufrir muy por él! «Cuando me haya vuelto a añadió para que Josefa no perdiera de vista su misión te haré conocer mis secretos de amor por las almas, ya que quiero que todas sepan cuanto mi Corazón las quiere!». En la fiesta de sus Dolores, el viernes 15 de septiembre, la Virgen viene a confirmar este amor del Corazón herido de Jesùs. Es vestida de una tùnica color morado pálido y tiene las manos llegadas sobre el pecho. ¡«Y tan bonito! dice Josefa. «Le he preguntado de consolar ella mismo Nuestro Dios ya que, aunque no desees otro que para quererlo, no sabe hacerlo y necesito su corazón materno para querer y arreglar». « Mi hija contesta con tristeza a la Virgen aquel sacerdote tortura el Corazón de mi Hijo... Pero él se salvará añade después de pocos instantes pero todavìa harán falta muchos sufrimientos. No en vano Jesùs encarga de ello sus novias... Felices las almas sobre que fija sus miradas por su affidar esta alhaja deposito!». Los dìas y las noches se suceden para Josefa en padecimientos fìsicos y morales, que no lo abandonan nunca. «No temer: aquel alma no irá perdida las repite Nuestro Dios el 21 de septiembre volverá pronto a mi Corazón; pero para salvar un alma hace falta mucho sufrir!». Y en efecto Josefa hace de ello la experiencia. Los asaltos diabólicos se encarnizan contra ella, como si el demonio sospechara la misión redentora que ella cumple a favor del alma que él cree de ya tener en mano. ¡Las pendientes en el infierno se suman a las otras expiaciones dolorosas y a cada noche la cruz de Jesùs viene a pesar fuertemente sobre sus hombros! El lunes 25 de septiembre, al final de una noche más penosa de lo usual, apenas recobren, ve de repente aparecer el Maestro. «Su Corazón estuvo sin herida e irradió belleza y resplandor». «Mira!... exclama. Aquel alma me ha vuelto a: la gracia la ha herido y su corazón se ha dejado conmover. Quiéreme y no me rechaces nada para adquirirme el amor de muchas otras almas!» «Sì Jesùs repitió después el dìa aquel sacerdote se ha tirado en mis brazos y ha confesado su culpa... Sigue ofreciendo con Mì tus sufrimientos para conseguirle la fuerza de remontar la pendiente hasta el término». Algùn dìa después del Dios, rebosante de amor, añadirá: «Aquel alma me busca... Yo el aspecto con ternura para llenarla de mis más dulces favores». Por fin, el 20 de octubre siguiente, confirmando este arrepentimiento adquirido a él querido precio dirá: «Ahora aquel alma está al final de mi Corazón, y en el suyo no queda sino el mérito del doloroso recuerdo de su caìda». ¿Quién podrá dudar leyendo estas rayas de aquella misericordia tan llena de delicadeza, por cuyo la ovejita extraviada siempre será la predilecta, y el figliuol prodigo más ardientemente el esperado y el más tiernamente descubrimiento? Sin embargo Nuestro Dios no deja a Josefa a largo en descanso. La misión reparadora de las almas elegidas es de cada hora y de cada dìa, como lo soy los pecados del mundo y los peligros de las almas: parece sea este la enseñanza que el Corazón de Jesùs le da a Josefa invitándola continuamente a nuevas conquistas: «La tarde misma del martes 26 de septiembre escribe lo encontré cerca de la capilla con el jefe coronado de espinas, el rostro ensangrentado y el Corazón inflamado». « Josefa, no olvides la Calle Crucis». «He ido a pedir el permiso y después de que la hube acabado, él ha reaparecido y me ha dicho: « Tenemos que dos almas arrancar de un grave peligro. Ponte en estado de vìctima». Y lo que notando su Corazón entendió con aquella expresión: « Para hacer eso, deja contarme como contigo quiero». «Enseguida mi alma fue atacada de angustia y de sufrimiento, y no supe que otro ofrecer por la salvación de aquellas almas». Ella consigue el permiso de hacer alguna penitencia y no deja de unirse a la sangre redentora. Hacia tarde Jesùs la alcanza en su celda; «él llegó las manos escribe y volviéndolo mirada al cielo dijo con voz grave y lista: ¡« Eterno Padre, Padre misericordioso! Recibes la sangre de tu Hijo. Recibes sus llagas. Recibes su Corazón, por aquellas almas!». Calló un instante, luego recomenzó: ¡« Eterno Padre, reciba la sangre de tu Hijo! ¡Toma sus llagas, toma su Corazón! Mira a aquel jefe coronado de espinas. ¡No permitas una vez de más que aquella sangre sea inùtil! Ves mi sed de darte aquellas almas... O mi Padre , no permitas sino aquellos almas vayan perdidas!... Sálvale para que te glorifiquen para siempre!...». La noche siguiente transcurre para Josefa en ansioso ruego ya que el pensamiento de aquellas almas no puede dejarla. Al alba del miércoles 27 de septiembre Jesùs, guapìsimo, le aparece en el agradecimiento de la Comunión. Siempre fiel a la obediencia ella renueva sus votos. « Me dices una vez todavìa que me quieres exclama con ardor. Luego continùa: Incluso yo te quiero confiar un secreto de mi Corazón. Josefa escucha!... Ayùdame en esta obra de amor!». «Señor contesta no sabiendo cómo corresponder a aquel ardor Tù sabes que no deseo otra cosa... darte almas!... qué las almas te consuelen!... ¡que Tù seas conocido y querido! Pero como podrá servirte mi pequeñez?». El Maestro se lo explica: «Hay almas que sufren para conseguir a otras la fuerza de resistir al mal. ¡Si aquéllos dos almas hubieran caìdo ayer en el pecado, se habrìan perdidas para siempre! Los pequeños actos que habéis multiplicado les han conseguido el ánimo de resistir». Josefa se asombra que asì pequeñas cosas puedan tener una repercusión mucho adulto. « Sì continuo Jesùs mi Corazón da un valor divino a las pequeñas ofertas ya que lo que quiero es el amor». Luego insistiendo principalmente: « Yo busco el amor. Quiero las almas y me acampo la respuesta de su amor. Por tanto mi Corazón queda feritual, ya que tan a menudo en lugar de amor no encuentro que frialdad. ¡Dadme amor y me dadas almas! Unidas estrechamente las vuestras accionas a mi Corazón. Me vivìs en Mì que están con vosotros. ¡Sì, Yo soy todo Amor y no deseo que amor! ¡si las almas supieran como las espero lleno de misericordia! ¡Yo soy el amor de los amores! No encuentro descanso que perdonando!». Asì, al final de septiembre, se concluyen estas empresas de reparación y salvación a través de las que parece que Nuestro Dios haya querido trazarlo destejo el prefacio de su Mensaje Yo hablaré por tu medio, Yo te actuaré en ti, me haré conocer por ti dijo un dìa (el 7 de agosto de 1922). Y como durante la vida terrenal empezó con la manera antes de hablar, queda fiel a su método. Antes de dictar y mientras dice las revelaciones de su el amor y de su misericordia, quiere qué se lean, uno a uno y dìa tras dìa, en la vida ordinaria de Josefa. En tal modo las almas comprenderán mejor, del cuento experimentado de sus perdones, el Mensaje que su Corazón se está a punto de transmitirles.

 

INVITO A. LAS ALMAS ELEGIDO 1° octubre el 21 de noviembre de 1922

¿Saben Las almas que he escogido quizás bastante de cuáles tesoro le privan mismos y otras almas cuando faltan de generosidad? (Nuestro Dios a Josefa el 20 de octubre de 1922).

Como a menudo ocurre en la vida redentora de Josefa, la prueba no tarda a tener detrás de las horas más radiantes en que ella a la continuación del Maestro ha cooperado a la salvación de las almas. Con un recrudecimiento de asaltos y persecuciones el demonio semeja tomar su desempate sobre de ella. En realidad esta libertad regresa en los dibujos divinos. Pero es bastante el amor que cava en el alma de Josefa nuevas capacidades de gracia para sólo unirla al que tiene que poseer y manejar su instrumento. Los primeros dìas de aquel mes de octubre de 1922 transcurren dolorosamente, sin que Josefa abandona sin embargo su trabajo habitual. Apunto en aquella época ella viene encargado de los uniformes para las educandas. Su habilidad como modista la hace apta a este despacho sin que ella deja por este de tomar parte en los trabajos comùnes que solicitan la generosa cooperación de todo en ciertos dìas: lavar, estirar, barrer. La limpieza de la capilla de las Obras, situado al final de un corral interior en un local separado por la casa, arista siempre su ocupación preferida. La celda de Santa Maddalena Sofìa, transformada en oratorio, además del contiguo cappellina de S. Estanislao, dónde de vez en cuando el SS.mo Sacramento reside, incluso son ellas objeto de sus curas. En el mismo tiempo, y hasta los ùltimos dìas de su vida, es encargado de a una madre anciana, incapaz de servirse de si. Josefa tiene cura de ello, el vestido y vigila sobre de ella como si fuera su mamá con atento respeto y la querida paciente olvidadiza, a contacto con ella, las penas y los malestares de su estado. Haremos a menudo notar este incesante, humilde y activo trabajo, porque se hace una idea del esfuerzo con que tiene que sustentar de ello la continuidad mientras su vida interior se desarrolla en todo otro campo. Con eso se entiende mejor la generosidad a veces heroica, que trasluce por el desaliento de que su alma es atacada. El 6 de octubre, primeros viernes del mes, escribe en uno de aquellos momentos de sufrimiento más agudo: «Me sentì cansada de sufrir y pensé en la inutilidad de todas aquellos pendientes en el infierno, cuando de repente vi delante de mì una luz deslumbrante como aquel del sol que no podemos fijar y entendidos la voz de Jesùs: «La santidad de Dios es ofendida y su justicia exige satisfacción. ¡No, nada es inùtil! Cada vez que tù experimentas las penas infernales el pecado encuentra su expiación y se calma la cólera divina. Qué serìa el mundo sin la reparación de muchas culpas?... ¡Las vìctimas faltan! Las vìctimas faltan!...». ¿«Como arreglaré, o Señor? Josefa contesta exponiéndole al Maestro las mismas infidelidades. Yo mismo estoy llena de miserias y de culpas!». ¡«Poco importa! Este sol de amor te purifica y devuelve tus sufrimientos dignos de arreglar por los pecados del mundo!». Tal afirmación la fortifica, pero no disminuye el peso que sustenta delante de la justicia de Dios. Diez dìas después, el lunes 16 de octubre, la Virgen viene a realzar su ánimo concediéndole una gracia insigne que Josefa cuenta asì: «Esta mañana hacia las diez così a máquina, y posé cerca de mì la corona, diciendo durante el trabajo alguno Ave Maria. Me sentì angustiada como en los dìas pasados y agotados por los dolores que me traspasaron el jefe y la cadera. ¿No pude de ello más y dije a mì mismo; Como harìa si todo tuviera que continuar asì? De repentino vi a la Virgen de pie delante de la máquina de coser. Ella secuestró con su belleza y tuvo las manos cruzadas sobre el pecho. Con la mano izquierda tomada mi corona de la parte de la cruz y, teniéndola tan suspendida, lentamente la hizo pasar en su mano derecha. Entonces me apoyó tres veces la cruz en la frente diciendo: «Sì, mi hijuela, tù todavìa puedes sufrir de más. Tù padeces por las almas, para consolar a Jesùs!». Y he aquì el prodigio: en el momento mismo en que el Virgo santo cumplió el gesto maternas tres magnìficas gotas de sangre se imprimieron en el punto mismo en que por tres veces la cruz se apoyó en la venda que cubrió la frente de Josefa. Ella pero no si n'era prudente. «Sin dejarme el tiempo de proferir palabra, la Virgen repuso la corona sobre el escritorio de la máquina y desapareció, dejándome en el alma un gran ánimo de sufrir». Después de pocos instantes una novicia que cose cerca de ella se da cuenta gotas de sangre y advierte a Josefa de ello que, compadecida, se levanta y corre a su celda... Confusa por el acaecimiento querrìa hacer desaparecer aquella señal tan patente del favor celeste pero, como siempre, se restablece completamente a la guìa de sus Madres. La venda lleva hacinamientos, sobre la parte exterior del ancho dobladillo, tres manchas de sangre roja vivo, mientras la parte interior, a contacto con la cabeza de Josefa, está intacta. La frente de ella no enseña alguna huella de herida. El dìa después, martes 17 de octubre, Jesùs dirá a la suya privilegiada: ¡« Tù no puedes entender hasta que Yo pico te quieres! Lo que recuerda ayer he hecho por ti... ¡Sì mi Sangre! Custodìalo como una caricia de mi la Madre. Ello te purifica y te inflamas. En ello encontrarás la fuerza y el ánimo». Aquella pequeña venda más de una vez manifestó la potencia de Quien de que llevó la señal. El demonio será más de una vez todavìa enviado en fuga de la bendición fecha en nombre de aquella sangre preciosa. Pero un dìa la rabia satánica logró secuestrar aquel tesoro, custodiado bajo llave con la máxima cura. El 23 de febrero de 1923, ello disparve y las bùsquedas para hallarlo fueron vanas, hasta que Nuestro Dios mismo no vino a alentar a Josefa: ¡« No temer! le dijo después dos dìas, el domingo 25 de febrero el demonio si n'è apoderado, pero mi Sangre no es agotada». Luego contestando a los temores de ella frente a las amenazas del enemigo que se jactó de quemar los cuadernos dónde por obediencia transcribió las palabras del Maestro, él continuó: «Sì, su astucia diabólica trama mil planes para hacer desaparecer mis palabras. Pero no os logrará y hasta al final de los siglos muchas almas os encontrarán la vida». La tarde del siguiente 15 marzo de 1923, dìa de la fiesta de los Santa Llagas, la Virgen le renovará a la hija deleita el regalo de las tres gotas de la Sangre preciosa de su Hijo. ¡Y mientras apoyará en la frente de Josefa la cruz de su corona con el mismo gesto de la mano virginal, «te la Ofreces dirá para deterger las heridas que le causan los pecados del mundo! «Tù sabes cual alegrìa prueba su Corazón cuando las almas consagradas se ofrecen a para consolarlo». Otra vez, el 19 de junio de 1923, a través de su Madre, Nuestro Dios le dará a Josefa la misma prueba de su infinita bondad. Los dos sottocuffie marcados con la Sangre divina son conservados religiosamente y el Santa Fundadora el dìa siguiente dirá de esta gracia insigne: «La Sociedad conserva estos dos tesoros y el recuerdo del dìa en cuyo Jesùs las ha dejado tales preciosas reliquias. Estarán en ocurrir una de las pruebas que dará crédito la bondad de su Corazón en esta obra». Después de estas anticipaciones en efecto hace falta volver al final de octubre de 1922, en cuyo Nuestro Dios se está a punto de empezar oficialmente su obra, dictando las primeras páginas del Mensaje. El viernes 20 de octubre, hacia las siete por la tarde, ella está acabando su adoración delante de lo Santo, cuando de repente Jesùs aparece llevando la cruz. «Josefa le dice participa en el fuego que consume mi Corazón: tengo sed de la salvación de las almas... qué mi almas se acerquen a!.. qué mi almas no tengan miedo de Mì!... qué las almas tengan confianza en Mì». Su Corazón se dilata y se inflama, como si no pudiera contener este fuego. «Soy todo Amor continùa no puedo tratar con severidad las almas que anzuelo. Indudablemente todo son queridas a mi Corazón, pero hay muchos de ello que son las mìas preferìs. Le tengo elecciones para encontrarles en ellas mi consuelo y para colmarla de mis favores. Poco me importa si tienen defectos... lo que deseo hacer su saber es que mi ternura aumenta si, después de sus faltas y caìdas, se tiran humildemente en mi Corazón: entonces las perdona y siempre las quiero». Josefa delante de mucha bondad se hace valiente. «Le he preguntado si es por éste que me quiere mucho, porque cuando domándole enseguida perdón me demuestra con nuevas pruebas de amor que me ha perdonado». «No sabes pues, Josefa, que más las almas son pobres y más las quiero?... Si más que otras has secuestrado mi Corazón, ha sido a causa de tu pequeñez y a miseria!». «Entonces lo he suplicado de darme la cruz y le he preguntado porque hoy él la llevara... Quizás por algunos alma que lo ofendió?». «Llevo la cruz porque entre las almas que prefiero hay bastantes de ello que me oponen alguna pequeña resistencia y el conjunto de estas resistencias forma mi cruz... ¿«Quieres saber la causa de aquellas resistencias? Y la falta de amor... Sì, falta de amor por mi Corazón... excesivo amor de si!». Luego después de un instante de silencio. «Cuando un alma es bastante generosa que concederme todo aquellos que las pregunto, ella acumula tesoros por si y por las almas, arrancando de ello un gran nùmero del camino de la perdición. «Y a través de sus sacrificios y de su amor que las almas predilectas de mi Corazón tienen encargo de esparcir sobre el mundo mis gracias. «Sì casi ha continuado hablándole a mismo el mundo está lleno de peligros... Cuántas almas arrastradas hacia el mal necesitan una continua de una ayuda visible o invisible!... ¡Ay! ¿lo repito, saben mis almas selectas de cuáles tesoro se privan y privan otras almas, cuándo faltan de generosidad? «No quiero decir que un alma sea liberada de sus defectos y de sus miserias por el hecho mismo que Yo la tengo elección. Este alma puede caer y aùn más caerá de una vez; pero si se humilla, si el suyo reconoce nada, si trata de arreglar su falta con pequeños actos de generosidad y amor, si de nuevo confìa y se entrega a mi Corazón... ¡ella me da más gloria y puede hacer mayor bien a las almas que si no hubiera caìdo nunca! «Poco me importan la miseria y la debilidad, lo que pregunto a mi almas es el amor!». Nuestro Dios a menudo volverá sobre esta gran lección que parece la llave de su Mensaje de misericordia. «Sì él añade un alma aunque pobre puede quererme hasta la locura!... Comprendes pero, Josefa, que entiendo sólo hablar de faltas inadvertidas de fragilidad, pero no de culpas premeditadas y voluntarias». Y como ella le pregunta de dar a sus almas selectas aquel amor que no tiene que tener lìmites en la confianza y en la generosidad: «Sì, custodias en tu corazón el deseo de verme querido contesta. Ofreces tu vida, aunque imperfecta, para que todas mis almas comprendan bien la misión tan bonita que pueden cumplir en el ejercicio de las acciones diarias y sus esfuerzos cotidianos. Se recuerden siempre que no las he preferido a otras a causa de su perfección, pero sólo por su miseria!... Yo soy todo amor y el fuego que me consume quema cada su debilidad». Luego dirigiéndole directamente a Josefa que le ha expuesto de nuevo sus temores delante de muchas gracias y a una tan gran responsabilidad: ¡«No temer de nada! Si te he elegido asì pobre es porque se sepa una vez de más, que no busco el tamaño ni la santidad... Busco el amor y todo el resto lo hago de Mì!... «Todavìa te diré los secretos de mi Corazón, Josefa... pero el deseo que me consume siempre es el mismo: qué las almas conozcan cada vez más mi Corazón!». Asì fueron trazadas, el 20 de octubre de 1922, las primeras lìneas del MENSAJE DE AMOR. Aquellos dictados celestes de ahora adelante se alternarán en los dìas de Josefa con las enseñanzas directas de Nuestro Dios y formarán como la parte teórica de la lección viviente y práctica. «Quieres que te des mi cruz?». Le pregunta después el dìa, sábado 21 de octubre. «Jesùs, Tù sabes que no quiero si no lo que Tù quieres!... y le hablé de las almas... de muchas almas que se perdonan». él contesta con dolor: ¡«Pobres almas! muchas no me conocen, es verdadero. Pero más grande es el nùmero de aquéllos que me conocen y me abandonan para conducir una vida de placer. ¡Cuántas almas sensuales se encuentran en el mundo! Y hasta entre las almas mis predilectas son muchas de ello que tratan de gozar!... ¡Asì ellas se desvìan, porque mi calle es hecha de sufrimientos y de cruces! El amor solo infunde la fuerza de seguirme por ella. Por tanto busco el amor». Y mientras le entrega la cruz: «Me consuelas dice tù que Yo quiero. Precisamente porque eres pequeña has podido penetrar tan profundamente en mi Corazón». ¡Con cuanta cura hace falta recoger estas palabras, que contienen tan bien el «sentido de Cristo» de que S. Paolo habla! El lunes 23 de octubre, Nuestro Dios viene a asociarla con su herida más ìntima: «Hay almas muy queridas de mi Corazón que me ofenden... ¡No se han bastante fieles! Y justo porque soy principalmente almas que anzuelo me hacen tanto sufrir!». Estos quejidos llenan a Josefa de un ardiente afán de arreglar y compensar. «Pero, Sr. mi, Tù ves lo que soy!... No tengo qué deseas, no sé traducirlos en acto!... Con ardor indecible entonces me ha dicho: « Te tengo, Josefa, tan unido a mi Corazón, que tu deseo es aquel mismo que me consume por las almas!... Mi Corazón se reposa cuando puede comunicarse: por tanto vengo a descansarme en el tuyo cuando un alma me aflige y mi deseo de hacerle del bien te pasa en ti y se vuelve tuyo. «Hay es verdaderas muchas almas que me ofenden... pero además muchas en cuyo encuentro consuelo y amor!». Luego volviendo a las que lo hieren: « Cuando dos personas se quieren él explica la mìnima indelicadeza de uno basta ya a herir la otra. Asì ocurre a mi Corazón. Por tanto quiero que las almas los que aspiran a convertirse en novias se fortalezcan bien, por en fin más tarde nada rechazar al amor!». Se suceden bastantes dìas de sufrimiento que Josefa ofrece por estas almas infieles. El demonio intenta engatusarla, sus trampas y las amenazas se multiplican, mientras que los tormentos del infierno llenan sus noches. No se atreve contar todo lo que ve y entiende en aquel abismo de dolor, mucho su alma es aterrorizada de ello. Por fin se decide a hablar y la Virgen, apareciendo ella el miércoles 25 de octubre, le hace comprender como aquél adecuado de sinceridad regresas en los dibujos divinos sobre de ella. «Mi hija, viene a decirte de parte de Jesùs, cuánto gloria has dado hoy este a su Corazón... Compréndelo bien... todo lo que él permite que tù veas o sufra en el infierno no está solo para purificarte, pero también porque tù lo hagas saberles a tus Madres. No pienses en ti mismo, pero ùnicamente a la gloria del Corazón de Jesùs y a la salvación de muchas almas». Las noches siguen casi transcurriendo por entero en aquellos tormentos y el 5 de noviembre Josefa escribe dolorosamente: «He visto caer las almas a grupos cerrados... en ciertos momentos es imposible calcular de ello el nùmero!...» Ella queda trastornada y junto agotada. «Sin una ayuda especial ya no serìa capaz ni de trabajar, ni de hacer nada». Aquel domingo, después de una noche terrible de expiación, le aparece Nuestro Dios. Ella no puede contener su dolor y le habla para siempre de aquel nùmero incalculable de almas perdidas. Jesùs lo escucha con el rostro marcado a gran tristeza; luego, después de un instante de silencio: «Tù has visto las que caen, pero no has visto todavìa las que suben!». «Entonces corrieron una fila interminable de almas apretadas los un a las otras. Entraron en un lugar espacioso, ilimitado, lleno de luz, y se perdieron en aquella inmensidad». El Corazón de Jesùs se inflamó y él dijo: «Estas almas son las que han aceptado con sumisión la cruz de mi amor y mi voluntad». Algùn minuto después de volver sobre la parte de expiación y reparación de que quiere hacerle dono, Jesùs gliw explica asì el valor: ¡«En cuánto al tiempo en que te hago experimentar los dolores del infierno no la opinión inùtil y perdida! El pecado es una ofendida ralea al Majestad infinito y grita venganza y reparación infinita. «Cuando tù bajas en el abismo, tus sufrimientos impiden la pérdida de muchas almas, el divino Majestad las acepta en satisfacción de los ultrajes que recibe de aquellas almas y en reparación de las penas que sus pecados han merecido. No olvides nunca que es mi gran Amor por ti y por las almas que permite aquellas pendientes!». Josefa no lo olvidará entre las tempestades que seguirán aquel divino seguro. Parece que ella se encuentra de nuevo a los dìas más duros de su noviciado. ¡La rabia infernal que presagia la hora en que las efusiones del Corazón de Jesùs están a punto de esparcirse sobre el mundo, se encarniza contra el instrumento, del que sin embargo no llega a sacudir ni la pequeñez ni la confianza! «Te odio le dice el enemigo tal como es posible a mi rabia de infierno y te perseguiré hasta cuando te haga salir de esta maldita casa... Cuánto almas ella me arranca!... ¿confesará él un dìa y si es tan ahora, qué estará en ocurrir? No, impediré esta obra, haré desaparecer aquellos malditos escritos... ellos quemaré... emplearé toda mi potencia... ella es fuerte como la muerte!». Josefa queda inamovible. «Yo encontraré la paz cerca de mis Madres!» escribe sencillamente. ¿Pero quién puede medir el valor de este esfuerzo continuo de fidelidad al deber, por dìas y noches de continuo recrudecimiento de tormentos? ¿No se descubre quizás la importancia de la obra que está empezando de la rabia que enseguida los se yergue contra para cerrarle el paso? Pero todo es inùtil frente a los planes de Dios. El martes el 21 de noviembre de 1922, a pesar de las amenazas del demonio, Josefa renueva antes oficialmente por la primera vez los votos pronunciados cuatro meses.

La fiesta de la PRESENTACIÓN DE LA VIRGEN es uno de las más queridas a la Sociedad del Sagrado Corazón: recuerda en efecto la primera consagración al Corazón de Jesùs hecho por el Santa a Fundadora. Cada año en este fecha a las jóvenes religiosas todavìa no professe renuevan, delante de la hostia Santa al momento de la Comunión, los votos de pobreza, castidad, obediencia que han pronunciado el dìa de su primera oferta. Josefa participa en esta renovación. Y un rayo de luz que se refleja sobre los apuros de que se encuentra envuelta. Ella os llega con gran alegrìa y puede ofrecerle a Jesùs la convicción más profunda de la misma debilidad, pero también el testimonio más absoluto de su humilde confianza. En su cuaderno de retirada se lee este fecha: «el 21 de noviembre de 1922. ¡Mi Jesùs! Ya de cuatro meses he pronunciado mis votos, cuántas veces en este tiempo he sido infiel. He pensado más a mì mismo que a tu gloria y a las almas!... O Jesùs, te confìa la pena que pruebo de ello: de todo corazón te pregunto perdón, porque la felicidad de ser tu novia no es cambiada. Hoy renovación mis votos con alegrìa más grande de cuando los hice, ya que te conozco mejor, y Tù más a menudo me has perdonado... No cuides si a veces parezco ingrata, ya que mi voluntad no deja de quererte. Pero el demonio me engaña. Sin embargo otro no deseo que serte fiel hasta la muerte». Después de haber firmado esta protesta añade: ¡«O Jesùs, mi vida! Querrìa ser santa y quererte tan no por mì, pero para darte mucha gloria y adquirirte muchas almas!». Este la pura llama que le quema en el corazón y que el soplo de Satanás no hace qué atizar. ¡Jesùs lo sabe y su mirada se posa con ternura sobre esta debilidad en que divisa mucho amor!

 

EL SENTIDO REDENTOR DE LA VIDA COTIDIANA (22 de noviembre el 12 de diciembre de 1922)

¡El amor transforma y diviniza todo! (Nuestro Dios a Josefa el 5 de diciembre de 1922).

Cómo aurora después de una noche borrascosa, en la mañana del miércoles 22 de noviembre Jesùs le aparece a Josefa poco antes de la elevación de la Misa. ¡Y más bonito que nunca! El Corazón es inflamado y parece evitarle del pecho; tiene en la mano derecha la corona de espinas. «Enseguida he supuesto ingenuamente Josefa escribe que fue para darmela, pero no he osado preguntarsela. He renovado los votos y repetido las alabanzas divinas. él fijándome con aquellos sus ojos guapìsimos me ha dicho: ¿«Josefa, me reconoce? ¿Me quieres? Sabes cuánto te quiere mi Corazón?». Estas preguntas fueron flechas ardientes con que el amor hirió e inflamó su corazón. ¡«Lo sé que me quiere ella escribe pero no sé comprender hasta cuál pica! Incluso yo deseo quererlo sin lìmites, aunque no sepa corresponder a su bondad... Le he dicho mi alegrìa de haber renovado ayer mis votos y lo he suplicado de mantenerme fiel, ya que sabe bien de qué soy capaz!...». «No temer, Josefa, a pesar de tu pequeñez y a veces también tus resistencias, cumplen mi obra en ti y en las almas». «Señor, no entiendo qué sea esta obra de que siempre habla!». Entonces Jesùs se ha recogido un instante, luego con fuerza gravemente ha contestado: ¿« No sabes qué sea mi Obra? Y de Amor. ¡Quiero valerse de ti, que eres un nada y vales nada, para manifestar cada vez más la misericordia y el amor de mi Corazón! ¡Por tanto Yo soy glorificado cuando se da la libertad de hacer de ti y en ti lo que quiero! Mientras tanto tu pequeñez y tus sufrimientos salvan muchas almas... Pero más tarde las palabras y los deseos que transmito por tu medio, excitarán el celo de muchos otras e impedirán la pérdida de un gran nùmero de ellas; siempre se conocerá mejor que la Misericordia y el amor de mi Corazón son inagotables... No pregunto grandes cosas a mis almas, les pregunto solamente el amor!». «A este punto ella continùa lo he suplicado de darme este amor... y le he repetido el deseo de entregarseme completamente a él. Entonces con bondad indecible ha posado su corona sobre mi jefe y ha dicho: ¡«Tomas mi corona! ella se acuerda a cada instante tu pequeñez... ¡Te quiero y tengo asì gran compasión de ti que no te abandonaré nunca! Quiéreme, consuélame, abandonados!». Aquella tarde mientras Josefa hizo la Calle Crucis, Nuestro Dios le apareció a la oncena estación y enseñándole su cruz: ¡«Josefa, cásese mi Corazón! ¡he aquì la cruz que he sido capacitado para tu amor! Dime una vez más que quieres ser capacitado para mi amor la cruz de mi voluntad». El dìa después, 23 de noviembre, Nuestro Dios le hace saber cual será esta cruz ofrecida a su generosidad: «En mi Corazón empieza con el decirle las almas que saben renunciarle a mismos por mi amor encuentran la verdadera paz». Luego continùa: «Les preguntas a tus Madres de concederte cada dìa un momento en que tù puedas escribir lo que te diré». Ya la hora ha llegado en cuyo ella tiene que transmitir al mundo los secretos del Maestro. El sábado 25 de noviembre, en la mañana, él la alcanza en su celda. Josefa se ha postrado para adorar el Majestad divino, y Jesùs la deja asì a sus pies. Después de un momento de silencio, él dice: «Quiero que en renovar los votos tù te ofrezcas con llena sumisión. Hace falta que Yo me sienta libre y que no te encuentras en ti ningùn obstáculo a mis dibujos... Ahora escribes...». Entonces ella escucha y transcribe las palabras que salen, solemnes y ardientes, de los labios divinos. «Hablaré ante todo por las almas selectas y por todas las que se han consagrado. ¡Hace falta que les me conozcan por luego enseñar a las que ellos confiarán la bondad y la ternura de mi Corazón y decir a todo que si Yo soy un Dios infinitamente justo, también soy un Padre lleno de misericordia! ¡Mis almas selectas, mis novias, mis religiosos, mis sacerdotes hagan comprender a las pobres almas cuanto mi Corazón las quiere! «Todo eso te lo enseñaré poco a poco y asì me glorificaré en tu miseria, en tu pequeñez y en el tuyo nada. «No te quiero por lo que eres, pero por lo que no eres, es decir por tu miseria y el tuyo nada, porque he encontrado tan donde colocar mi tamaño y mi bondad». Jesùs se para un instante: « Adiós Josefa. ¿Vuelves mañana, no es verdadero? «Seguiré hablándote y tù transmitirás a las almas mis palabras con ardiente celo. Déjame actuar ya que Yo me glorifico y las almas se salvan... ¡Recordados que quiero ser servido con alegrìa y no olvides cuánto el instrumento sea inùtil! Sólo mi amor puede cerrar los ojos sobre tu debilidad... Quiéreme ardientemente para corresponder a mi bondad». Al cader de la noche Jesùs le lleva la cruz. ¡« Cuánto pecados! dice y cuantas almas esta noche caerán en el infierno!». Parece que este pensamiento oprima su Corazón. « Tù al menos me consuelas y arregla muchas ingratitudes. Cuánto sufre mi Corazón en ver la inutilidad de lo que he hecho por muchas almas!... Compartes este sufrimiento... Tomas mi cruz y me quedas unida, ché no estás sola». él desaparece después de le haber dado la cruz. Asì corren las horas de la noche bajo aquel peso a que se suman los mùltiples padecimientos del alma y el cuerpo, de que de largo tiempo tiene dolorosa experiencia. Sobre la manera de la mañana Jesùs vuelve. Sus semblantes siempre llevan la huella de aquella tristeza y aquella belleza que ella no sabe describir. ¡«Pobres almas! dice cuánto han ido perdidas para siempre!... ¡Cuántos otras, en cambio, volverán en vida! Tù no puedes calcular, Josefa, el valor redentor del sufrimiento... «Si consientes te haré a menudo compartir la amargura de mi Corazón. Asì tù me consolarás y muchas almas se salvarán. ¡Adiós! piensa en Mì, a las almas, a mi Amor». «Desde que Nuestro Dios les ha preguntado a mis Madres de concederme cada dìa un momento en que pueda escribir sus palabras ella nota me ha dicho de venir a celda, entre las ocho y las nueve de la mañana. A aquella hora los postulantes son ocupados en sus asuntos, y asì puedo escribir sin que eso me impida de coser y de preparar su trabajo». Fiel al mando recibido, ella va cada mañana a la misma celda y esperando al Maestro se echa a coser. A veces él no tarda a venir, otras veces ella inùtilmente espera: Jesùs la quiere sumisa y abandonada. Si no viene, hacia la nueve Josefa vuelve a su trabajo. El domingo 26 de noviembre, aunque la vìspera le hubiera dado cita, Nuestro Dios no vuelve. Ella no se agita pero, como le encomendó, sigue pensando «a él, a las almas, a su Amor!» Por la tarde, mientras está adorándolo delante del tabernáculo, le aparece de repente llevar la cruz: ¡«Se casa mi, Josefa! Te vengo en ti a descansarme!... ¡No puedes comprender lo que es el mundo por mi Corazón! Los pecadores me hieren sin compasión, y no solamente los pecadores, pero cuantas otras almas me traspasan con flechas que procuran gran dolor!». «Lo he suplicado de venir aquì, de nosotros, ya que aunque seamos tan miserables (lo digo por mì), deseamos tanto quererlo y consolarlo!». ¡«Tù sabes bien que lo hago! No ves cómo vengo aquì para descansar mi Corazón?... «Escucha continùa con bondad cuando te pregunto descanso y consuelo no creer que tù estés sola a darmelos. Si supiera cuál alegrìa prueba mi Corazón cuando las almas me dejan libertad y a través de su obras me dicen: "Señor, Tù eres el dueño"!. Crees quizás que eso no me consuela?... Qué eso no me glorificas?... «Tomas mi cruz añadió y no creas ser tù sola a llevarla. Me reposo y me glorifico en ti, pero también en mis almas... en aquellas almas que con amor y sumisión reciben y adoran mi voluntad, sin otro interés que para darme gloria. «Tomas mi cruz, Josefa: preguntas misericordia para los pecadores, luz por las almas ciegas, amor por los corazones indiferentes. Consuélame, quiéreme, abandonados. Un acto de abandono me glorifica más que muchos sacrificios!». El dìa siguiente, lunes 27 de noviembre, a las ocho de la mañana, ella es a su sitio en espera. «He empezado con el escribir todo lo que me ha dicho ayer nota y luego me he metido a su disposición». Y como Jesùs no aparece, está sobre el punto de ir, cuando de repente los se muestra: ¡«Vas a trabajar, Josefa! Mañana diré a mis almas que mi Corazón es un abismo de Amor. Piensa continuamente en Mì. Las almas me glorifican mucho cuando se acuerdan de Mì!». Josefa va al trabajo con la cruz, invisible a los ojos de todo, pero extrapesado sobre sus hombros. Ella trabajando puerta sobre de si el ruin fardo que su generosidad prefiere a cada dulzura. A las primeras horas del martes 28 es Jesùs que lo espera en la celda. Ella se precipita de rodillas y siguiendo el impulso habitual del alma su delicada le pregunta perdón de lo que, en ella también a su insaputa, ha podido herir la mirada divina. «No temer le contesta te conozco!... Pero te quiero tanto que ninguna miseria puede apartar de ti la mirada de mi Amor». Con un ardor que parece incontenible él habla, mientras que Josefa recoge aquellas palabras inflamadas. En un admirable resumen Jesùs revela a las almas en la sucesión de su vida redentora, el hilo conductor del amor infinito. ¡«Soy todo Amor! ¡mi Corazón es un abismo de Amor! El amor creó al hombre y todo lo que existe al mundo para ponerlo a su servicio. «El amor empujó el Padre a dar al ùnico su Hijo por la salvación del hombre perdido a causa del pecado. «El amor condujo un Virgo refino, casi niña, a renunciar a los atractivos de la vida al Templo, para permitir a volverse la Madre de Dios, aceptando todos los sufrimientos que la divina maternidad tuvo que hacerles probar. «El amor me hizo nacer en el rigor del invierno, pobre y desprovisto de todo. «El amor me tuvo escondidos treinta años en la más completa oscuridad, ocupado en los más humildes trabajos. «El amor me hizo preferir la soledad y el silencio... vivir de todos desconocido y sumiso voluntariamente a los órdenes de mi Madre y mi Padre adoptivo. ¡«Mi Amor vio que en el curso de los siglos muchas almas me habrìan seguido poniendo su alegrìa en conformar su vida a la mìa! «El amor me hizo abrazar todas las miserias de la naturaleza humana. «El amor de mi Corazón vio muy lejano y supo cuánto almas en peligro, ayudado de los actos y de los sacrificios de otras, habrìan hallado la vida. «El amor me hizo soportar los desprecios más ignominiosos y los más terribles tormentos... Me hizo esparcir toda mi sangre y morir sobre la cruz para salvar al hombre y rescatar el género humano. «El amor también vio en el futuro el gran nùmero de almas que habrìan unido a los mìos ¡dolores y enrojecido con mi sangre sus sufrimientos y sus acciones, también las más comùnes, para darme asì un gran nùmero de almas! ¡«Yo te enseñaré, Josefa, con claridad todo esto, para que se sepa hasta cuál pica llegadas el amor de mi Corazón por las almas! «Ahora vuelve a tu trabajo, y vivos en Mì, como Yo te vivo en ti». Josefa sale de su celda y les repone a sus Madres las preciosas páginas, apenas inscripciones. No las tiene por si sabiendo que es solamente de ello depositaria y su desinterés sobrenatural aumenta a medida que mejor descubre la importancia de lo que le es revelado. Pero le queda imprimido al final del alma el recuerdo de aquellos instantes en que ha tocado con mano la profundidad del amor; es invertida como de ello y le hace falta toda la energìa de su voluntad para hundirse de nuevo en las incumbencias en las que sus jóvenes hermanas bien pronto la alcanzan. ¡Fue este el misterio de toda su vida hasta los ùltimos dìas! El dìa siguiente, miércoles 29 de noviembre, mientras trabaja esperando a Nuestro Dios, su celda se llena de un rasgo de un dulce resplandor. No es Jesùs pero el apóstol predilecto de su Corazón. Lo he reconocido enseguida escribe. Tuvo entre sus brazos la cruz de Jesùs. Los he renovado los votos y me ha dicho: « Alma preferida por el divino Maestro, yo soy Giovanni el evangelista y vengo a llevarte la cruz del Salvador. Ella no hiere el cuerpo, pero hace esparcir la sangre del corazón... Los padecimientos que la cruz te trae disminuyen la amargura con que los pecadores torturan nuestro Dios y Señor... La sangre de tu corazón sea un vino delicioso que haga conocer a muchos anine las dulzuras y los atractivos de la virginidad... ¡Tu corazón esté unido en todo al Corazón de Jesùs! ¡Custodia bien estos preciosos testimonios de su Amor! ¡Ten fijas los ojos al cielo, ya que lo que es de aquì abajo no vale nada! El sufrimiento es la vida del alma y el alma que ha comprendido de ello el valor vive verdadera vida». Josefa ya observó el jueves santo 1922 la expresión celeste del rostro de S. Giovanni, de este amigo del más allá que reverá más veces todavìa y de que cada visita le dará paz y seguridad. La cruz que él las ha dejado hoy sobre todo balanza sobre su alma. «Aunque tranquila escribe me siento el corazón y el alma oprimidas y angustiados. La noche del 29 al 30 de noviembre ha sido penosissima. La cruz, la corona de espinas, el dolor al lado me han impedido dormir y he sido obligada a pasar la entera noche se sentada junto a la cama». El jueves 30 de noviembre Jesùs está allá a las ocho de la mañana, fiel al congreso. «Escribes por las almas dice y sin preámbulo continùa: «El alma que vive una vida constantemente unida a la mìa me glorifica y trabaja mucho al bien de las almas. Quizás su trabajo es de por si insignificante?... si lo moja en mi sangre, o lo une a lo que me he hecho durante mi vida mortal, cuál rento no producirá en las almas!... más grande quizás que si hubiera predicado a todo el mundo... Y eso sea qué estudias, sea que hablas o escriba, que cosa, barres, se reposó... conque la acción sea antes de todo reglaje de la obediencia o del deber y no del capricho; además que sea hecha en ìntima unión con Mì, bañada de mi Sangre, y con gran pureza de intención. ¡«Deseo tanto que las almas comprendan ésta! ¡No es la acción en si que tiene valor pero la intención con que es hecha! Cuando barrì y trabajé en el taller de Nazaret dì mucha como gloria al Padre cuando prediqué durante mi vida pùblica. «Hay muchas almas que a los ojos del mundo tienen cargos importantes y procuran a mi Corazón una gran gloria: es verdadero. Pero también tengo muchas almas escondidos que en sus oscuros trabajos son obreras hartos ùtiles a mi viña, ya que son movidas por el amor y saben mojar las mìnimas acciones en mi Sangre, y asì revestirle con el oro sobrenatural. «Mi Amor tanto puede que hace sacar a las almas inmensos tesoros de lo nula. Cuando uniéndose a por la mañana ofrecen todo su dìa con el ardiente deseo que mi Corazón sirve de ello para la ventaja de las almas... ¡cuando con amor cumplen cada ellos ahora deber por ahora, momento por momento, cuales tesoros no acumulan en un dìa! «Les descubriré cada vez más mi Amor... Ello es inagotable y es muy fácil para el alma que quiere dejarse conducir del amor!». Jesùs calla y Josefa posa la pluma y arista un instante en adoración delante de Quien cuyo Corazón tan abundantemente los se entreabre. ¡«Adiós! por fin le dice vuelve a tu trabajo, quiere y sufres ya que el amor no puede separarse del sufrimiento. Se entregados a la cura del mejor de los padres, al amor del más tierno de los novios!». éste siempre es la lección más querida al divin Salvador. La cruz es un regalo de predilección que supera los favores más insignes. En aquellos primeros viernes del mes la deja a Josefa que la llevará el dìa y la noche. El sábado 2 de diciembre ella escribe con sencillez: «He hecho mucha fatiga a ir a la meditación, porque me siento agotada». Sin embargo a las ocho de la mañana está a su sitio, Jesùs la alcanza. antes. «Escribes por las almas» le dice como dos dìas Ella se arrodilla delante del escritorio, cerca de Jesùs que le dice: ¿«Mi Corazón es todo amor y este amor abraza todas las almas; pero como podré hacer comprender a mis almas elegidas la predilección de mi Corazón que quiere servirse de ellas para salvar los pecadores y muchas almas expuestas a los peligros del mundo? «Por tanto quiero que sepan cuanto el deseo de su perfección me consume y como esta perfección consista en hacer todas las acciones comùnes y cotidianas en ìntima unión con Mì. ¡Si ellas entienden bien este, pueden divinizar su vida y toda su actividad a través de esta ìntima unión a mi Corazón, y cuál valor tiene un dìa de vida divina! «Cuando un alma es inflamada por el deseo de querer, nada le es difìcil; pero si todo está frìo e inerte se convierte en penoso y duro. ¡Ven mi Corazón a sacar ánimo! ¡Me ofrezca el derribo en que se encuentra! ¡Lo una al ardor que me consume y quede seguro que su dìa tendrá un valor incomparable por las almas! Mi Corazón conoce todas las miserias humanas y las compadece muy. «Pero no deseo solamente que las almas estén unidas a Mì de manera general: quiero que esta unión sea constante y ìntima, como aquel de los que se quieren y viven junto; ya que si también ellos no se hablan siempre, al menos se intercambian miradas y se usan vicendevolmente las delicadezas y atenciones inspiradas por el amor. «Si el alma se encuentra calma y en consuelo alguno le es fácil pensar en Mì. ¡Pero si es oprimida de la desolación y de la angustia no tema! Yo basta ya una mirada; la entiendo y aquella mirada sola conseguirá de mi Corazón las más tiernas delicadezas. «Repetiré de nuevo a las almas cuánto mi Corazón las quiere... Quiero que les me conozcan a fondo para poderme hacer conocer a las que el mi su amor confìa. «Deseo ardientemente que todas las almas de Mì elecciones fijen los ojos sobre de Mì, sin más apartarlos... qué en ellas no hay mediocridad, lo que a menudo proviene de una falsa comprensión de mi amor. No, querer mi Corazón no es cosa difìcil y dura, pero suave y fácil. No hace falta nada extraordinario para llegar a un alto grado de amor: pureza de intención en las acciones pequeñas y grandes... unión ìntima a mi Corazón y el amor hará el resto!» Jesùs calla un instante, en fin bajado él hacia Josefa que se ha postrado a sus pies: ¡« Vas le dice y no temas! Soy el jardinero que cultiva esta florecita para que no marchite. «Me quieres en la paz y en la alegrìa!». La tarde de este primero sábado del mes, Nuestro Dios contesta a sus ansiedades, ya que ella siempre teme las trampas del demonio en acecho para secuestrarle la paz, y la conforta asì: « Recordados de lo que un dìa les dije a mis discìpulos: porque no sois del mundo, el mundo os odia. «Os lo repito hoy: ¡porque no sois demonio, el demonio os persigue! Pero mi Corazón os custodia y a través de estos sufrimientos se glorifica. «Quiere y sufres, Josefa, es por un alma!». Y una vez más le confìa un alma consagrada que vacila en el amor y cuya generosidad le está mucho a corazón. «Jesùs ha desaparecido escribe dejándome la cruz». Esta cruz con todo el cortejo de sufrimientos que lo acompañan pesará sobre los hombros de Josefa los dìas y las noches que seguirán, mientras su pensamiento queda fijo a la herida que ella adivina en el Corazón del Maestro. Tres dìas después, el martes 5 de diciembre, Jesùs ya está a esperarla en la celda cuando ella os llega y renueva enseguida los votos. « Usted empieza con el decirle. Son aquellos Jesùs que quiere tiernamente las almas. ¡He aquì aquel Corazón que no deja nunca de llamarle, de custodiarla, de tomar ellas cura de! He aquì aquel Corazón inflamado por el deseo de ser querido por las almas, pero sobre todo de las almas de él escogido...». Luego continua: «Escribes, escribes de nuevo para ellas: ¡«Mi Corazón no es solamente un abismo de Amor, pero también es un abismo de Misericordia! Y como tampoco conozco todas las miserias humanas de que las almas más queridas deben ser eximidos, he querido que sus acciones, también las más pequeñas, pudieran revestirse, por mi medio, de un valor infinito, a ventaja de aquéllos que necesita de, ser ayudadas, y por la salvación de los pecadores. «No todas pueden predicar, ni ir lejano a evangelizar los salvajes pero todo, sì todo, pueden hacer conocer y querer mi Corazón... todas pueden vicendevolmente ayudarse para aumentar el nùmero de los electo impidiendo a muchas almas de perderse... ¡y todo eso a causa de mi amor y de mi misericordia! ¡«Diré como a mis almas mi Corazón aùn más se incita allá! No solamente se sirve de su vida ordinaria y de sus mìnimas acciones, pero quiere también utilizar por el bien de las almas sus miserias... sus debilidades... las mismases faltas. «Sì, el amor transforma todo y todo diviniza y la misericordia todo perdona!». Después de un instante de silencio Jesùs continùa: « Adiós, volverá todavìa para decirte mis secretos. En el ìnterin lleva mi cruz con ánimo. ¡Si me quieres, incluso yo te quiero! No me olvides». La vuelta del Dios se hará esperar bastantes dìas, pasados bajo el peso de la cruz. Sin embargo la fiesta de lo inmaculada no pasa sin que la Virgen venga a asegurar a la hijuela de su presencia y su protección. Josefa tiene muy atormentada todo el dìa. Su corazón está en la angustia y la tarde después de la bendición de lo Santo invoca en su ayuda a la Madre celeste. «Le he confiado toda la mi almaescribe y la he suplicado de tenerme por mano. ¡De repente me apareció tan bonita! Tuvo las manos cruzadas sobre el pecho y un velo cándido sobre el jefe con reflejos de oro. No me dijo que estas palabras: «Mi hija, si quieres dar mucha gloria a Jesùs y salvarle las almas, deje hacerlo de ti lo que querrá y abandonados a su amor». «Me bendijo, dejó que le besara la mano y disparve». Josefa retoma ánimo en aquél abandono que exige asì de ella grandes ofertas y sufrimientos para mantenerse fiel dìa tras dìa. Pero no puede librarse de una inquietud: parécele que alrededor de ella se intuya algo de los dibujos de que es el instrumento y su humildad, quedan atentos su deseo de nascondimento. «Quise hablar de este con Nuestro Dios durante los Crepùsculos escribe el domingo 10 de diciembre y apenas empecé cuando Jesùs ha venido: ¿« Josefa, por qué eres triste? Me lo dices!». Ella renueva los votos y le confìa su ansiedad. « Te he dicho que vivirás escondido en mi Corazón: ¿por qué dudas mi amor? Deja que mis palabras vayan a muchas almas que necesitan de ello». Luego, aùn más hundiendo ella en el sentimiento de su inutilidad: ¿« De otra parte, que viene de todo esto? «Cuando una persona habla del bajo de un gran entorno vacìo la voz repica para arriba. Asì ocurre de ti. Eres tù el eco de mi voz, pero si Yo no hablo, qué eres tù, Josefa?». Tales palabras le profundizan en ella la convicción del suyo nada y la confirman en la confianza y en la paz. ¿«Soy yo, Señor ella continùa que te impido venir? Porque ya son cinco dìas que no has venido!». « No contesta con bondad llena de compasión tù no me impides venir, pero me gusta cuando me deseas y me llamas. Volveré pronto a hablarte de mis almas. ¡Del resto si en algo tù te hicieras pena, te enseñarìa tu miseria y el tuyo nada, y te manifestarìa el dominio que tengo sobre de ti! «Adiós, arista escondido en mi Corazón y dejados cultivar de las delicadezas de mi Amor». Nuestro Dios no tarda, en efecto, a retomar sus confianzas y el martes 12 de diciembre reaparece a la hora habitual. En un primer momento insiste sobre su promesa: « Sì, Josefa, te lo ha dicho: no tienes que entristecerte, porque mi Amor nos coge cura de ti y me encargo de tenerte bien escondido al final de mi Corazón. ¡Quiero que tù no dudas nunca mi Amor! Lo que recuerda más veces te he dicho: no eres que una pequeña y miserable criatura que tiene que abandonarse en las manos de su Creador, con entera sumisión a su divina voluntad. «Y ahoracontinùa todavìa escribes algo por mis almas: «El amor transforma sus acciones más comùnes enriqueciéndolas de un valor infinito, pero hace de más: «Mi Corazón quiere tan tiernamente estas almas que quiere también utilizar sus miserias, las debilidades y a menudo también sus faltas. «El alma que se ve circundada por miserias no se atribuye nada bueno y aquellas mismases miserias lo obligan a revestirse de un cierta que humildad que no tendrìa si se viera menos imperfecta. «Asì cuando en su trabajo o en su encargo apostólico ella oye al natural su incapacidad, cuando prueba repugnancia a ayudar las almas en desdoblar a una perfección que ella desteja no posee, entonces es obligada a destruirse. ¡Y si en este humilde conocimiento de la misma debilidad ella me recurre a, preguntando me perdono su escaso salto, suplicando de mi Corazón fuerza y ánimo, este alma no puede saber hasta cuál pica mis ojos se fijan sobre de ella y cuánto hago fecundas sus fatigas! «Otras almas son algo generosas en hacer, momento por momento, los esfuerzos y los sacrificios de cada dìa. Su vida semeja transcurrir en bonitas promesas sin realización. «Aquì se impone una distinción: si estas almas se forman cierta costumbre a prometer, sin sin embargo reprimir en nada su naturaleza, ni dar para nada prueba de abnegación y de amor, Yo no diré ustedes que estas palabras: "Tenéis cuidado que el fuego no tome a toda esta paja que amontonáis en vuestros graneros, o que el viento no si no te la llevas en un santiamén." «Pero las otras y es de éste que quiero hablar empiezan el dìa lleno de buena voluntad y animadas por vivo deseo de probarme su amor: Me prometen abnegación y generosidad en este o en aquella otra circunstancia... pero llega la ocasión, el carácter, el amor propio, la salud, que Yo sé?... las impiden actuar lo que con mucha sinceridad me prometieron antes alguna hora. Sin embargo enseguida después de reconocen su debilidad y todo confusas me preguntan perdón, se humillan, renuevan sus promesas... ¡Ay! se sepa bien que estas almas me gustan como si no tuvieran que nada reprocharse!» Usted campana dio a la señal de un ejercicio comùn de religión y Jesùs, fiel a la primera señal de la obediencia, partió enseguida.

 

LAS GRACIAS DE LA LLEGADA ES NACIMIENTO 13 de diciembre el 31 de diciembre de 1922

¿Has comprendido el amor que tengo por las almas? (Nuestro Dios a Josefa el 16 de diciembre de 1922).

El mes de diciembre de 1922 estuvo a punto de procurarles a los Feuillants una visita que tuvo que ser en el mismo tiempo para Josefa una alegrìa y una prueba. Una de las Madre Adjuntas Generales de la Sociedad del Sagrado Corazón, venido por Roma, entonces Francia recorrió para visitar las casas de la Sociedad. Poitiers se alegró de acoger a la querida Visitadora y Josefa habrìa querido alegrarse de esta alegrìa de familia sin pensar en otro, pero presintió que sus Madres habrìan sometido a voz a la Madre Visitadora varias cosas que la concernieron y que ciertamente ella desteja habrìa tenido que contestar a alguna interrogación. Sus aprensiones de un tiempo intentan despertarse aunque ella no dude promesas del Maestro. «He conocido una vez de más escribe el miércoles 13 de diciembre la fidelidad de Jesùs en mantener su palabra. El Rev. Madre Adjunto general sólo me ha visto por un momento... y me ha recibido con una bondad que no habrìa osado esperar. Nuestro Dios más de una vez me lo ha dicho: "Si tù me eres fiel no te abandonaré y nada podrá dañarte nunca." Y este lo veo más claramente cada dìa». El dìa después, jueves 14 de diciembre, él viene a encontrarla en el silencio de su celda. ¡« Ves le dice como soy por ti a un Padre y un Novio fiel! No temas nunca nada, tampoco si parece que la tempestad esté a punto de estallar sobre de ti». Luego con un ardor que su Amor no puede contener: « Le dirás a la Madre que todas las circunstancias son permitidas o dispuestas por mi Corazón en consideración de mi Obra... qué muchas almas se salvarán a través de mi Sociedad... qué mis palabras reanimarán el fervor de muchas novias mìas... y qué muchas otras almas, que no aprecian bastante el valor de las mìnimas acciones hecho por amor, os encontrarán un manantial de gracias y de consuelo». Y después de haber contestado a todas las ansiedades que turban a Josefa: « Adiós le dice con indecible bondad se entregada a y no dudes nunca amor de mi Corazón. Poco importa si el viento viniera otras dirigidos a sacudirte; las raìces de tu pequeñez son hundidas en la tierra de mi Corazón. ¡«Hablaré por mis almas otra vez añade antes de desaparecer ahora me consuelas! Besa si quieres mis pies. Más tarde te daré mi cruz». En efecto no tardó a llevarsela. «Estaba esperando a Nuestro Dios mientras così escribe el viernes 15 de diciembre cuando hacia las ocho y medio ha venido llevando la cruz, pero sin sombra de tristeza. ¡Su Corazón, sus ojos fueron más belli que dolor!» Josefa no sabe cómo expresar su admiración! La actitud de Jesùs, su tùnica de una blancura resplandeciente, la cruz que se aparta oscura sobre mucha luz soy de una tal belleza que ella no puede expresarlo. «Me he arrodillado, renovando los votos. Lo he adorado, le he preguntado de infundirme un amor verdadero y le he dicho: ¡Qué alegrìa, Señor! Tù me llevas la cruz!». ¿« La quieres? él dijo padecido. Entonces ella se ofrece a toda lo que espera de ella. ¡« La coges y me consuelas! Ocupados de mis intereses, ya que Yo tengo cura de ti». Luego contestando al pensamiento que ha leìdo en el corazón de Josefa: « Sì, es verdadero que no necesito nadie... pero deja que te preguntes amor y que por medio tu Yo Yo manifiesto una vez de más a las almas. «Deja que mi Corazón se abra y se reposó difundiendo su amor sobre este grupo de almas selectas. Quiero que todas las almas sepan hasta cuál pica este amor le busca, las desea, las espera para colmarla de felicidad. «Mis almas no tengan miedo de Mì... los pecadores no se alejen de Mì... ¡Vengan a ampararse en mi Corazón! Los recibiré con tierno y paternal amor. «Tù, Josefa, quiérame y no temas para nada tu debilidad, ya que te sustentaré. Tù me quieres y Yo te quiero. Tù eres mìo y Yo soy tuyo. Qué puedes querer de más?». «Todo eso ha dicho con tal ardiente bondad Josefa escribe que he quedado perdida en él. No sé explicar lo que ha probado mi alma. Le he preguntado de enseñarme a quererlo, ya que no deseo aquì abajo otra cosa: vivir para querer a mi Jesùs tan bueno!». El dìa después, sábado 16 de diciembre, Nuestro Dios le enseña el secreto del verdadero amor: « Hoy tù tienes que consolarme: ponte justo al final de mi Corazón y le presentados al Padre mi bañada de todos los méritos de tu novio. Pregunta le perdona por muchas almas ingratas. Le dirás que estás lista a consolarlo y a arreglar en tu pequeñez las ofensas que recibe. Le dirás que eres una vìctima muy pobre, pero bañada de la sangre de mi Corazón. «Asì pasarás el dìa suplicando su perdón y arreglando. «Quiero que tù unas tu alma al celo y el ardor que consumen mi Corazón. ¡Sepan las almas que Yo soy su felicidad y su recompensa! ¡No se alejen de mì! Sì, anzuelo mucho las almas... todas las almas, pero sobre todo quiero que mis almas selectas comprendan la predilección de mi Corazón por ellos». Luego después de haber hablado de la Sociedad de su Corazón añade: « Y tù, Josefa, ha comprendido el amor que tengo por las almas?». ¡«Pero cierto, Señor! ella exclama. Tù siempre ellas eres ocupado de!». « Por este anzuelo mi Sociedad y mi Corazón se reposa en ella... Porque ha comprendido el valor de las almas y la gloria de mi Corazón. Adiós, Josefa, consuéleme y arregla!». Los adióses de Jesùs siempre dejan la misma entrega de querer. Poco a poco qué transcurren los dìas y los meses, la generosa hijuela comprende cada vez más la vida de reparación y como la gracia de su vocación la encadena a la cruz redentora del Salvador. éste es lo que Nuestro Dios tiene a inculcarle en cada coloquio. No la conduce nunca fuera de esta calle segura de su vocación, pero la empuja hacia las verdaderas consecuencias de una donación llena y absoluta a su Corazón. El domingo 17 de diciembre, un poco antes de la Misa de las nueve, él la alcanza en celda: « Ayer tù me has consolado le dice porque no me has dejado solo. Hay muchas almas que me olvidan y tanto que se ocupan de mil y mil futilidades y me dejan solos dìas enteros... muchos otras que no escuchan mi voz... y sin embargo les hablo continuamente... pero tienen el corazón atado a las criaturas y a las cosas terrenales. . «Te diré otra vez todo esto y te haré conocer el consuelo que me proporcionan las almas, especialmente mis electas, cuando no me dejan solo!... ¡Tù seguirás escribiendo porque sepan hasta cuál pica mi Corazón las quieres! Ahora vas... Volveré!». «La campana de la Misa tocó» ella escribe. Jesùs si n'era ido. Cinco dìas pasan. Cada dìa Josefa espera al Maestro que le ha dicho: «Volveré». ¡Pero no vuelve! Esta libertad absoluta no es ella menos importante entre las pruebas de su acción. Sin duda le gusta el abandono, pero semeja querer todavìa probar más con la incertidumbre y la rapidez de sus visitas que el visitador es justo él y que no puede existir acerca de esto ninguna duda. El 22 de diciembre Josefa escribe: «De cinco dìas Nuestro Dios no ha venido. Sin embargo me dijo que habrìa vuelto... Lo que yo inquieto es de no saber si le he sentido en algo, ya que no tengo más ni su cruz ni su corona!». Y continùa en las notas: «Antes de acostarme me he arrodillado para decirle adiós como todas las tardes y he añadido: Señor de cinco dìas te llamo y no vengas!». La frase no es acabada todavìa que Nuestro Dios está allì resplandeciente de belleza: ¡«De cinco dìas me llamas, Josefa! ¡Y Yo de cuantos dìas, meses, años llamo las almas y no les me contestan! ¡«Cuando tù me llamas Yo no estoy lejos de ti, pero cercano! Cuando llamo las almas muchas no me escuchan... muchas se alejan!... ¡Tù al menos me consuelas, llamándome y deseándome! Calma mi sed con el hambre que mì tienes de!». ¡Cuántas almas adivinarán en estos acentos desatascados por el Corazón inflamado de Jesùs, el motivo divino de las largas esperas de sus visitas! ¡Cuántas almas sacarán el ánimo, más bien la alegrìa, al pensamiento de poder extinguir su sed con el hambre que él tienen de! Este perìodo de vida que Josefa ha arraigado en su misión a reparadora y ha inaugurado el Mensaje que ella tiene que transmitir al mundo, le acaba a Navidad con la escena más encantadora que se pueda imaginar. Ella la describe en toda su sencillez..., su alma se acuerda cada vez más con la pequeñez de Jesùs Niño, pero entre no les tratan de otro que de la redención de las almas: ésta es la unión que aprieta más que nunca su amor. Hace falta reproducir el cuento sin añadirvos comento porque es suficiente de él mismo a dir todo. «Lunes el 25 de diciembre de 1922. ¡Durante los Crepùsculos le repetì a Jesùs Niño cuánto lo quiero, ya que a pesar de la gran tentación de los dìas pasados, él sabe que es mi ùnico amor, mi rey, mi tesoro! Sin él no puedo vivir... él es mi alegrìa y mi vida... Mientras hablé asì, de repente lo he visto pequeño, pequeño. Fue sustentado por algo que no divisé y envuelto en un velo blanco que no dejó destapadas si no los pequeños brazos y los prensatelas. Los brazos fueron cruzados sobre el pecho y sus ojos fueron tan encantadoras y resplandecientes de alegrìa que semejaron hablar. El pelo fue corto; todo en él fue pequeño. Con voz tierna y dulce me ha dicho: «Sì, Josefa, es tu rey!». «He probado una tal alegrìa en contemplarlo asì que he continuado: Sì, mi Jesùs, Tù eres mi rey, y si mis enemigos y mis malas tendencias trataran de hacerme caer, no nos lograrán, porque combatiré para siempre quedar tu!». «Nota porque tù combates, Yo soy tu rey. No tengas miedo que los enemigos se apoderen tu campo de batalla, ya que Yo te defenderé, aunque tù me veas tan pequeño... y también te quiero asì. «Y ahora Josefa, viene a preguntarte un regalo. Me lo darás, no es verdadero?». «Tuve miedo de lo que estuvo a punto de decirme humildemente Josefa escribe. Sin embargo le he contestado: Sì, o Señor, de todo corazón, conque tù me des la fuerza, porque sabes bien aquél que valgo!». «Quiero continùa el San Niño quiero que tù me hagas un pequeño vestido ornado de muchas almas... de aquellas almas que mi Corazón quiere mucho!». Luego volviendo sobre lo que ya dijo: ¡«Ves como soy pequeño! Quiero que tù aùn más seas pequeño. Y sabes cómo?... Con la sencillez, la humildad, la prontitud a obedecer. Eppoi, Josefa, mi Corazón busca el calor del amor, y sólo las almas pueden darselo. Dame tù este calor y me das de las almas. ¡He preparado muchos de ello! No retardes mi obra!... «Si tù me das de las almas, Yo te doy mi corazón. Dime: quién de nosotros dos hace el regalo más grande?... ¡«Volveré pronto! ¡mientras tanto empieza la pequeña tùnica y me das almas con tu amor! Ves cuanto se alejan de Mì... No le dejes huir... Pobres almas!... no le dejes andar calle, Josefa. No saben dónde van!». «Todo eso dijo ella cuenta con voz llena de ternura. Cuando ha empezado a hablar ha abierto los pequeños brazos. Fue tan bonito, asì encantador que me dio pena no poderle besar los pies, pero no he osado preguntarselo. Apareció como de fuego. Fue tan bonito que no puedo describirlo, y pronunció estas palabras con mucha dulzura que me es imposible hacerla comprender». Esta radiante fiesta de Navidad tuvo que tener después una continuación el dìa: «El martes 26 de diciembre continùa preparándome a la Comunión, le he preguntado a la Virgen que quisiera justo Usted hacer regalo de mì a su Hijo y enseñarme a quererlo y consolarlo. Le he hablado a una madre como con llena confianza y después de la Comunión la he suplicado de adorar a Jesùs por mì, de enseñarme a agradecerlo. «De repente Ella ha venido, vestida como dos años hace, con un manto y el velo color rosa pálido. Estuvo de pie y sobre el brazo derecho el Niño Jesùs tuvo envuelto en un velo blanco, como ayer, pero se vio

ni siquiera su testolina. Enseguida me ha dicho con mucha materna bondad: «Mira, mi hija, te lleva a tu Jesùs!». «Y asì diciendo lo ha descubierto». «Lo pones justo al final del corazón. ¡Ve cuanto tiene frìo! Al menos ti lo calientas con tu amor. ¡Y mucho bueno y te quiere tan! Sea él sólo el rey de tu corazón!». «Mientras Ella asì el Niño divino me habló siempre estuvo extendido en los brazos de la Madre y levantó los guiños para mirarla e incluso me miró de vez en cuando. «Le he dicho a la Virgen cuánto deseo quererlo, pero desaforadamente no soy a menudo bastante fiel a todo lo que me pregunta, especialmente cuando tengo que transmitir a otros algo a su nombre...». éste siempre es la causa de las resistencias que se reprocha. «Entonces Jesùs con tierna voz infantil ha dicho: «Mi madre, le ha preguntado a Josefa de hacerme una tùnica guarnecida de muchas almas. Son muchos de ello que me evitan... ¡Y tù sabes cuanto confìo de ello a las almas que quiero! Si ellas contestan a mi solicitud darán a mi Corazón la más grande de los consuelos!». «Enseguida la Virgen ha añadido: «Sì, hijuela, de él de las almas y no le dejes alejarse de él... Ves?... Está a punto de llorar!...». «Le he dicho que éste es el ùnico mi deseo, pero a veces sin quererlo le causo pena y le resisto porque el demonio me engaña». « No temer, mi hija, Jesùs no quiere otro que tu buena voluntad. Se esforzados, este sì, y le pruebas asì tu amor. ¿Sabes cómo puedes hacer él? Jesùs te quiere pequeña, muy pequeño, tan pequeña de poder estar aquì!». Y con la mano le indicó a Josefa el espacio entre su corazón y el Bambinello, apoyado a su pecho. «Ella sonrió diciendo asì Josefa escribe y el santo Niño sonrió con Usted mirándola». « Tù no sabes cuánto nos destaré bien!» la Virgen continuó. Y Jesùs agitando los braccine dijo: « Prueba, Josefa, y verás!». «Viéndolos asì todo y dos bueno tengo de nuevo preguntado perdón de mis resistencias, de lo que me da por la cabeza en los momentos de tentación... El Santo Virgo me ha contestado: ¡« Sì, es verdadero, en ciertos momentos eres muy ingrata! ¿Sayas por qué? ¡Tù piensas más a ti mismo que a Jesùs! No hagas caso a lo que tù cuestas, pero le das prueba de tu amor haciendo todo lo que te pregunta. Si te dice de hablar, habla; si te dice de callar, callas; si te dice de querer, quiere. Qué te importa el resto si él cuida de ti?». «Le he prometido de obedecer y como Ella hizo el acto de revestir el Bambinello, como para partir, le he pedido el permiso de besarle los pies!». « Sì, bésalos». «Mientras los besé Jesùs hizo correr su manina sobre mi jefe, con mucha dulzura... También he besado la mano de la Virgen. Ella ha revestido a Jesùs Niño diciéndome: ¡« Adiós, hijuela! ¡No olvides la pequeña tùnica! Caliéntalo y le das almas!». Luego han desaparecido». Las gracias de esta deliciosa visita debieron trovar cumplimiento el miércoles 27 de diciembre con S. Giovanni, el amigo de las vìrgenes. Josefa intenta esta vez de retirarlo a su modo escribiendo asì: «Ha venido durante mi adoración; tuvo un aspecto de majestuosa belleza. Con el brazo derecho tenso y la mano izquierda posadas sobre el pecho. De estatura esbelta, es más alto y robusto que Nuestro Dios y tiene los rasgos más duros y marcados. Tiene los ojos negros, el rostro pálido, el pelo castaño oscuro. Es envuelto de luz refina y cuando habla tiene un tono tan grave y sosegado que sus palabras penetran al final del alma. Su voz es junto postre y fuerte y tiene algo celeste. «He renovado los votos y enseguida me ha dicho: «Alma, novia del Corazón divino, ya que este Maestro adorable ha querido poner sus delicias en los corazones puros, vengo a avivarte en ti el fuego que tiene que consumirte de amor por aquel Corazón divino. «Es él que nos ha querido por primero. Necesita que nuestro amor conteste al Suyo con gratitud, constancia, ternura, generosidad; que sea puro y sin mezcla de interés propio. La bondad de este Corazón divino siempre se haya presente... y sea el móvil primero de un amor que sólo busca el bien y la gloria del que quiere. ¡«Anima que el divino Maestro tiene elección con predilección, fija tu morada en su Corazón! Dejados inflamar del fuego que lo consume. ¡Dejados purificar e inebriar de sus celestes dulzuras! «Tu paso sobre la tierra sea como aquel de la paloma que en cuanto roza el suelo. Como la abeja sobre la flor, tu alma no se reposó en esta vida si no para tomar de ello el necesario alimento. «Por un alma que quiere a Jesùs el mundo no es otro que un oscuro lugar de paso». «Ha cruzado las manos sobre el pecho y ha callado un instante: ¡apareció asì bonito que se habrìa dicho lo un ángel! No osé hablar... Por fin le he preguntado si Nuestro Señor encontrara consuelo entre las almas religiosas, ya que prefiere la virginidad... «S Giovanni ha mirado el cielo, su rostro se ha iluminado y ha contestado: « Las almas vìrgenes son la morada de amor donde el cordero Inmaculado encuentra su descanso. Pero entre les son de ello algunos que despiertan la admiración del cielo. El celeste Novio la obsesión con su refina mirada y en ellas depone la suave fragancia que emana de su Corazón». «Entonces tendiendo el brazo derecho, me ha bendecido diciendo: ¡«Dejados poseer y consumir de él! Toda tu cura y tu ardor estén en proporcionarle gloria y amor. Su paz te custodie!». La tarde de aquel 27 de diciembre Jesùs le renueva antes a Josefa la gracia insigne concedida ella en tal dìa dos años. «Hacia las ocho ha venido guapìsimo, con la herida del Corazón inflamada y abundantemente abierto». ¡«Vienes ha dicho entra en mi Corazón y le descansa en él! Más tarde me darás el tuyo por mi descanso» y la hunde en su Corazón. ¡«He creìdo de estar en cielo! ella escribe incapaz de continuar. No es posible explicar qué sea la entrada en aquel Corazón!...». Después de algo más de, una hora de este inefable descanso Jesùs le recuerda a su novia el objetivo de todos sus favores. «No olvidar dice que las almas que Yo elijo debbono ser vìctimas!». ¡Josefa no puede olvidarlo! El dibujo de amor del Maestro ya se ha demasiado imprimido en la profundidad de su el alma: ella ya sabe que su unión no puede cumplirse que sobre la cruz. Pero al momento en cuyo Jesùs se lo repite quiere, con uno de aquellos sìmbolos por el que quiere expresar su pensamiento, enseñarle que siempre será el amor y señalarla con su cruz. «Mientras él habló la he visto dice un columbina blanca, con las alas grigie abiertos, como si quisiera erguirse hacia el Corazón de Jesùs. Pero fue rechazada de ello por un dardo de fuego que salió de la llaga y cayó sobre el testolina de un blanco radiante. La columbina tuvo una cruz negra imprimida un poco fondo la garganta». Josefa no se para a comentar este hecho. Sucesivamente y hasta la muerte de vez en cuando esta misma columbina reverá. Pero ya el Maestro divino le habrá explicado el sentido de aquella visión, imagen de su alma. De momento la luz se oscurece. No es todavìa tiempo de desprender el vuelo hacia el Corazón de Jesùs. Un año de gracias, de luchas, de sufrimientos, de pruebas de cada especie todavìa la separan de la entrada definitiva en el Corazón adorable. El fuego del amor la creerá su prisionera en el dolor para seguir revelándose por su medio al mundo.

 

VIII

EL CUARESMA DEL 1923

 

LA CALLE DOLOROSO 10 enero el 17 de febrero de 1923

La obra de Jesùs tiene que ser fundada sobre muchos sufrimientos y sobre mucho amor. (La Virgen a Josefa el 21 de enero de 1923).

Somos a la aurora del 1923, el año que acabará con la muerte de Josefa. Se abre pues por ella el ùltimo perìodo de vida y lo presagia. Ya el 3 diciembre del año anterior, durante una función de Confirmación en la capilla del Sagrado Corazón, la Virgen las anunció que habrìa tenido que transmitirle al Obispo de Poitiers las palabras de su Hijo y añadió: «Aquel Obispo lo verás tres veces antes de morir». El cielo está pues delante de sus ojos y la esperanza de alcanzarlo pronto reanima su ánimo. Necesita de ello, ya que muchas sombras se hacen denso sobre su camino y los primeros dìas del año la llaman a otras pruebas. El demonio vuelve de nuevo sobre la escena y recomenza sus antiguos ataques. Pero entre los golpes, a las amenazas, a los secuestros, a las largas horas pasadas en infierno, Jesùs le talla en ella sus semblantes asociándola con la obra su redentora. Asì ella salva las almas y prepara la calle al Mensaje del amor. En vano la rabia de Satanás se exaspera y cree en las veces de triunfar; en el momento querido por el dueño del cielo y el infierno es obligado a rendirse con una blasfemia. El lunes 8 de enero 1923 Josefa escribe asì: «Esta mañana probé un gran deseo de Jesùs. En estos dìas en que sufro mucho la Comunión es un inmenso alivio. ¡Hoy luego, después de una noche terrible pasada en infierno, aùn más esperé a Jesùs con afán viva! «Mientras volvì a mi sitio, después de serme comunicada, he visto de repente Nuestro Dios caminar delante de mì. Usted se es vuelto y me ha dicho: «Vienes, Josefa, mi Corazón se espera». «Enseguida los he renovado los votos y ha repetido: «Sì, mi Corazón se espera!». «He renovado los votos una segunda vez y Jesùs ha continuado: «Tù me has dado descanso, ahora a mi vez quiero hacer reposarte!». «Su Corazón se ha abierto y os soy penetrada!». Pocos instantes, que Josefa llama «instantes de cielo» transcurren en aquella divina morada. «En cuanto he salido de ello ella escribe le he confiado todo mi temor por el demonio y sus amenazas, suplicándolo de no permitir nunca que logre engañarme». Jesùs contestó: ¿«Por qué temes? ¿No sabes que soy más potente que él y de todos tus enemigos? El demonio con toda su rabia no puede doler de lo que le permite mi amor. Soy Yo que permito los padecimientos de las almas que anzuelo. ¡El sufrimiento es necesaria a todo, pero cuánto más a las almas elegidas! Ella las purifica y asì puedo servirme de ellos para arrancar muchas almas del infierno». Y haciendo alusión a las vanas amenazas que sin parar ella tiene que escuchar: «No temer insiste: ¡ confiados a mi Corazón que os custodia como la pupila de mis ojos! Sì, Josefa, mi Corazón quiere grandemente esta casa... ¡aunque más de os viertes una vez la amargura de mi copa! «Volveré pronto para que tù todavìa escribas los secretos de mi amor... Mientras tanto, continua... sigue trabajando a mi tùnica!». Con esta llamada a su solicitud de Navidad Jesùs desaparece, y Josefa se encuentra de nuevo inmersa en las oscuras tempestades que tiene que atravesar. Una vez más, el 21 de enero, un rayo de cielo brilla entre las tinieblas oscuras. ¿No está La Virgen siempre cercana a la hija querida en las horas tenebrosas? Josefa, en aquella mañana más libre del domingo, está completando sus notas ìntimas: trabajo caro a su obediencia, sobre todo cuando tiene que decir lo que ha visto y entendido en el abismo donde en aquel tiempo desciende a menudo: «Lo he hecho ella escribe para obedecer y probarle a Jesùs mi amor». La Virgen, que le aparece hacia tarde en capilla, nota en un primer momento el mérito de aquel acto: «Porque has vencido tus repugnancias por amor le dice el cielo se ha abierto por la eternidad a un alma cuya salvación estuvo en peligro. «Si supiera cuántas almas pueden ser salvadas por estos pequeños actos!». «Ella es tan buena y materna que he tenido el atrevimiento de confiarle bastantes cosas y me ha contestado: «Jesùs quiere que, hasta que tù vives, sus palabras queden escondidas. Después de tu muerte serán conocidas por un jefe al otro de la tierra y a muchas almas a su luz se salvarán por la calle de la confianza y el abandono al Corazón misericordioso de Jesùs». Y como Josefa, siempre temorosa frente a cosas tan maravillosas, manifiesta todas sus ansiedades a esta Madre incomparable: «Mi hija le contesta con ternura no asustarte: la obra de Jesùs tiene que ser fundada sobre mucho sufrimiento y mucho amor... No temas: ¡Jesùs es omnipotente y es él que actùa! ¡Y fuerte, y es él que os sustenta! Y misericordioso, y es él que os quiere!». Luego, casi preparándola a los apuros por que tendrá que pasar: «él conoce lo que está en el ìntimo de los corazones y lo dispone todas las circunstancias. Si a veces te parece que sus planes sean obstaculizados, es porque quiere custodiarte asì muy humilde y muy pequeño». Josefa todavìa repite su temor de ser ella desteja obstaculizo a los dibujos divinos. «Cierto la Virgen contesta con compasión tù eres bien pobre, pero es justo a causa de esta tu miseria que Jesùs tiene compasión de ti y te pone a lo seguro al final de su Corazón, para que nada pueda dañarte. Mi hija, desentonados en tu pequeñez y en tu miseria, pero le confìa en él, porque te quiere y no te abandonará nunca. Toda tu ambición sea de darle muchas almas, mucha gloria, mucho amor!». «Le pregunté de bendecirme y Ella trazó sobre mi frente con dos dedos la señal de cruz diciendo: «Sì, te bendigo de todo corazón». «Y desapareció». El cielo semeja cerrarse de nuevo y el demonio hallar su potencia en los dìas y en las noches de Josefa. Sin embargo, el jueves 10 de febrero, Santa Maddalena Sofìa le aparece como mensajera de paz. La invita a ir en la celda que un tiempo Ella santificó con su ruego y santidad. Anuncìale la entrada en el cielo de cinco sus hijas, de que le dice el nombre, y casi aprobando su presencia en aquel lugar de bendición añade: ¡«Tù no puedes comprender con cuál alegrìa veo venir aquì mis hijas queridas! De lo alto del cielo las bendigo con ternura de madre y esparzo sobre de ellos muchas gracias... Mi deseo es que cada uno que ellas sea por el Corazón de Jesùs un lugar de descanso y amor». Algùn dìa después, el 4 de febrero, la reconforta con estas palabras: «No cansarse de sufrir. Las almas que sufren por amor verán cosas grandes, no digo en el tiempo, pero en la eternidad!». Y el sábado 10 de febrero, después de dìas de duras pruebas, viene a anunciar la próxima vuelta de Jesùs: «La paz de él custodie tu corazón o mi hija!... Pronto él vendrá: consuélalo con gran confianza. No olvides que si es tu Dios, también es tu padre, y no solamente tu padre, pero también tu novio. No temas, y le hablas de todo, ya que siempre está listo a escucharte. ¡Nuestro Dios es tan bueno! Su Corazón tan lastimoso!...» Y como es la vìspera de los Quarantore: «Te consuelas él y quiérelo añade. Su Corazón encuentra descanso en esta casa y tu pequeñez él salvas muchas almas!». Luego, insistiendo sobre el pensamiento dominante de toda su vida: « Usted, consuélelo con vuestra humildad, ya que dónde bien: no asì dónde ella falta!». Por tanto, después de le haber confiado sus deseos maternos: ¡«Adiós! le dice bendiciéndola; no rechazar nada a tu Dios!». Desde aquella tarde el demonio se irrita violentamente contra la intrusión del Santa y sobre todo contra sus consejos. «Aquella Beata también destruye mi poder con su sola humildad». Y como si fuera obligado a revelar su infernal secreto: ¡«Ay! ruge blasfemando si quiero poseer completamente un alma no tengo que de instigarle en ella el orgullo... ¡si quiero perderla no tengo que de dejarla ir detrás del instinto de su orgullo! ¡«Y el orgullo que me da mis victorias, y no tendré descanso hasta que el mundo no rebosas! ¡Me he perdido por orgullo, no permitiré sino las almas se salven con la humildad! «éste está seguro concluye con un grito de rabia todas las almas que alcanzan la más alta santidad se han hundido principalmente en el abismo de la humildad!». Josefa transcribirá esta confesión diabólica con gran emoción, y su amor filial exultará, entre sus dolores, por un testimonio tan inesperado tributado a la humildad de la santa Madre Fundadora. El tiempo de los Quarantore siempre ha sido por ella un tiempo de más intensa vida reparadora. Pero este año es él ùltimo de aquì abajo, en cuyo Nuestro Dios la invita a llevar con él la cruz de las almas que se perdonan en estos dìas de placeres desordenados y diversiones desenfrenadas. El amor de Josefa es muy aumentado por un año, y ahora se está a punto de participar en calidad de novia en las amarguras del Corazón herido de su Maestro. Ella está esperando, ya que Santa Maddalena Sofìa la ha preparado al próximo encuentro. El domingo de los Quarantore, 11 de febrero, durante la santa Misa, de repente Jesùs le aparece. Ya es un mes que ya no lo tiene visto: « Josefa le dice, quieres consolarme?». Ella renueva los votos y le expresa su ardiente deseo, aunque no sin alguna reticencia, «ya que añade temo de mì mismo, sintiéndome cada dìa más pobre...». «No pensar en lo que eres contesta Nuestro Dios. Te daré la fuerza por todo lo que te preguntaré. No olvides, Josefa, que Yo permito tus miserias y las faltas para que tù quedes continuamente delante del tuyo nada, a pesar de las gracias que te concedo». Luego su Corazón se inflama: «Ahora, ocupémosnos de las almas!... Muchas se perdonan... pero nosotros podremos arrancar de ello muchos otras de la calle de la perdición, y mi Corazón estará al menos consulado de las ofensas que recibe. ¿«Sayas tù, Josefa, cuántos me torturan los pecadores y cuánta necesito almas que arreglan? «Por tanto vengo a descansarme entre aquéllos que Yo mismo he elegido. ¡Sépanlas, a través de su fidelidad y de su amor, cicatriza las heridas infligidas me das a pecadores! ¡Cuánto es necessano que hay vìctimas para arreglar la amargura de mi Corazón y aliviar de ello el dolor! Cuánto pecados!... cuántas almas se pierden!...». Ella lo suplica de venir entre sus novias, que no desean otro, y de su ispirar aquellos que debbono hacer para consolar un tal dolor. «Lo que ùnicamente quiero contesta y el amor: amor dócil que se deja conducir de la acción del que quiere... Amor desinteresado, que no busca ni su placer ni la ventaja propia pero aquellos de lo querido. Amor acérrimo, ardiente, divorante, que supera cada obstáculo interpuesto por el egoìsmo: he aquì el amor verdadero, que arranca las almas del abismo en que precipitan». Animada por mucha condescendencia, Josefa continùa en sus ingenuas preguntas: «Por qué escribe, después de haber rogado meses y meses por un alma, parece que el ruego no las tenga nada conseguido?... ¿Por qué, él que desea mucho la conversión de los pecadores, no toca aquellos corazones acartonados para que muchos sacrificios y ruegos no vayan perdidos? Y le he hablado de tres pecadores, dos sobre todo, por cuyo aquì rogamos de mucho tiempo!...». «Cuando un alma ruega para un pecador con el ardiente deseo que se convierta Jesùs contesta con condescendencia, ella muy a menudo consigue su arrepentimiento, no fuera otro al final de la vida, y la ofensa recibida por mi Corazón es arreglada. «A cada modo el ruego no está nunca perdido, ya que de una parte consuela el dolor que me causa el pecado y, de la otra, su eficacia y potencia sirven, si no a aquel determinado pecador, al menos a otras almas mejores dispuestas a acoger de ello los frutos. «Hay almas que durante la vida y por toda la eternidad son llamadas a tributarme la alabanza que les corresponde y también la que me habrìan podido procurar otras almas que se han perdidas... Asì mi gloria no queda menguada y un alma justa puede arreglar los pecados de muchos otras. «Tu continuo ruego o Josefa sea éste: «Eterno Padre, por amor de los hombres has dado a la muerte a tu Unigénito: por su sangre, por sus méritos, por su Corazón, tienes piedad del mundo entero y perdon todos los pecados que se cometen. ¡«Recibes la humilde reparación que te ofrecen tus almas selectas! ùnela a los méritos de tu divin Paro, para que sus actos adquieran una gran eficacia. ¡«O eterno Padre! tienes piedad de las almas y recordados que no es llegado todavìa el tiempo de la justicia, pero todavìa es aquel de la misericordia!». « No rechazarme nada Jesùs dice antes de alejarse y no olvides que me hacen falta almas que continùen mi pasión para retener la cólera divina. Pero, añade alentándola, Yo te sustentaré!». El coloquio de la mañana acaba la tarde misma mientras Josefa se encuentra en la capilla de las Obras de que es sacrestana. De repentino Jesùs le aparece diciéndolas con bondad: « Tù no puedes saber cómo Yo me repuse en ti!». ¿«Pero, Señor, ella contesta, es nunca posible? No hago nada extraordinario!». « No asombrarte!... ¡A pesar de muchas ofensas que recibo de los pecadores, mi Corazón es consolado porque tengo muchas almas que me quieren! Sì, sin duda siento mucho la pérdida de muchas almas... pero este dolor no toca mi gloria. Compréndelo bien: un alma amante puede arreglar por las ofensas de muchos pecadores y consolar mi Corazón». «Le expliqué que querrìa ser de veras una de aquellos almas que lo quieren. Pero qué hacer para probarle mi amor?... Durante este Cuaresma querrìa probar a ser muy dócil y muy simple, pero sobre todo consolarlo con mi humildad, como nuestra Beata Madre me ha aconsejado pocos dìas hace; solamente no sé bien qué tengo que hacer por este!...». Entonces como un padre que se agacha sobre el hijito por mejor explicarle su enseñanza, Jesùs le dijo: « La humildad de que te ha hablado a tu Beata Madre no consiste precisamente en palabras y actos externos, sino en la fidelidad del alma, movida por la gracia a seguir de ello todas las inspiraciones sin dejarse arrastrar de las sugestiones del amor propio. Sin embargo nada impide a este alma de ayudarse con adecuados exteriores para adquirir la verdadera y sólida humildad. ésta ha querido a tu Beata Madre decirte. «Y ahora ha continuado, he aquì qué harás para consolarme de los pecados del mundo... sobre todo de los de mis almas consagradas. Durante el Cuaresma recitarás cada dìa el Miserere con verdadera humildad añadiéndovos el Pater. «Te postrarás a tierra tres veces durante el espacio de un Ave Maria para preguntar perdón y misericordia en nombre de los pecadores y con esta misma intención harás las penitencias que te serán permitidas». Luego el Dios expresa el deseo que tres veces por semana, entre las once y medianoche, Josefa se una a su ruego para calmar la cólera del Padre y conseguir perdón por las almas. Ella no osa empeñarse por esta ùltima solicitud: «Ya que dice, tal vez si me lo permitieran?». « La sometes como todo el resto al juicio de tus Superiora el divino Maestro ha contestado. Y ahora, ha continuado quiero de nuevo retomar mis confianzas. « Durante este Cuaresma también te haré conocer todo lo que podrìa sentirme en tu alma y me serviré de ti para consolar mi Corazón cada vez que necesitaré de ello. « Adiós, volverá pronto!... No me dejes sólo... No me olvides!». Este deseo del Corazón divino la sustenta en los dìas dolorosos que siguen. ¿Cómo sólo podrìa dejar él, mientras que los pecados de las almas se multiplican y estimulan continuamente su pensamiento reparador? El martes de los Quarantore, 13 de febrero, se encuentra de nuevo frente al infinito dolor de Jesùs ch'essa comparte con todo la alma. Mientras hace la Calle Crucis con las hermanas de hábito, Nuestro Dios le aparece triste y sangrante, pero con el Corazón inflamado. él las pregunta de quedar con él algùn momento. Josefa, conseguida el permiso, va en capilla donde es expuesto lo Santo: ¡« Mira mi rostro, Josefa; es el pecado que lo reduce asì! El mundo se precipita en los placeres. ¡El nùmero de los pecados que se cometen es tan grande, que mi Corazón es ahogado como en un arroyo de tristeza y amargura! ¿«Dónde encontraré un alivio a mi dolor? «Por tanto vengo a ampararse aquì y a buscar el amor que me haga olvidar la ingratitud de muchas almas!...» «he tratado de consolarlo Josefa escribe y después de un instante ha retomado: « Vienes con Mì en tu celda. Allá, arreglaremos junto muchas ofensas y muchos pecados». «He salido de capilla y Jesùs caminó delante de mì... luego disparve. Apenas he abierto la puerta de la celda él ya estuvo allá. Me he arrodillado y él ha dicho: « Postrados hasta tierra y adora el divino Majestad despreciado por los hombres. «Haces un acto de reparación y repites conmigo: ¡«O Dios infinitamente san! ¡Te adoro, me postro humildemente a tu presencia y te ruego en el nombre de tu divin Paro de perdonarles a muchos pecadores que te ofenden! Te ofrezco mi vida y deseo arreglar muchas ingratitudes!». «Se paró todavìa, y como le he preguntado si estas almas pecadoras lo hirieron: « Usted me ha dicho, me ofenden grandemente, pero mis almas selectas me consuelan». «De vez en cuando le dirigì la palabra y le expresé mi deseo de consolarlo... Pero qué puedo hacer?... Asì pobre, y capaz de asì poco?...» « Cierto él ha retomado. Pero no sabes que poco me importa la miseria?... ¡Lo que quiero es de ser Yo el dueño de tu miseria! No pienses en otro... ¡mi Corazón todo transforma! «Besa otra vez la tierra y repites conmigo: «Mi padre, Dios santo y misericordioso, recibe mi deseo de consolarte. Querrìa poder arreglar todas las ofensas de los hombres... pero como eso yo e imposible, te ofrezco los méritos de Jesùs Redentor del género humano, para satisfacer tu justicia». «Después de un instante de silencio le he preguntado si el demonio también me habrìa perseguido como la próxima noche las anteriores, o si habrìa podido hacer la hora santa, esta noche, con las otras». « Sì, te dejaré pasar esta hora unida a los sentimientos de mi Corazón que se consume por el afán de atraer a si las almas y perdonarle. ¡«Pobres pecadores, cuánto son ciegos! Yo no deseo que perdonarlos y ellos no piensan que para ofenderme. ¡«He aquì lo máximo de mis dolores! Qué muchas almas se pierdan en lugar de venir todo a mì para ser perdonadas por mi Corazón!». Entonces Josefa, aprovechando bondad de Nuestro Dios que semeja dispuesto a contestar a todas sus preguntas, las multiplica con la sencillez de una niña. «Le he preguntado si se acuerda nuestras faltas, después de que somos arrepentidos de ello y hemos suplicado el perdón». «Del momento en que el alma se tira a mis pies y suplica misericordia Yo olvido todos sus pecados». «Le he preguntado si hasta el fin del mundo siempre habrán muchas almas que lo ofenden». «Desaforadamente sì!... Pero hasta al final del mundo también tendré almas que me consolarán!». «He querido saber si él no hace oìr su voz a las almas inmersas en el pecado para arrancarle de aquel estado: porque lo veo bien en mì: cuando me encuentro en la tentación y le resisto, de repente me siento en mì algo que me hace comprender la verdad y enseguida me encuentro tomada por el remordimiento. Jesùs me ha contestado. «Sì, Josefa; corro detrás del pecador la justicia como detrás de los delincuentes. Pero la justicia ellos busca para castigarlos, y Yo para perdonarlos!». Por tanto, como ella le ofrece para consolarlo los deseos de las almas religiosas, más ardientes que nunca en estos dìas, él añade antes de partir: ¡«Mis almas son por mi Corazón aquél que es el bálsamo para las heridas! «Volveré más tarde, Josefa, sigue consolándome!». Por ahora ella lo debe consolar con la fidelidad, a pesar de las trampas que el diablo las siembra bajo los pasos. El sábado 17 de febrero la Virgen, disipando todas las sombras, viene a llevarle la prenda más agradable: ¡la corona de espinas de su divin Paro! «Es por ti, mi hija le dice. No pensar en todas las mentiras más con los que el demonio trata de turbarte». Y como Josefa le dice su pena para no saber cómo resistir a muchas insidias, la Madre celeste le confìa el gran secreto: « Piensa en la pasión y a los dolores de Jesùs». Luego, posando la corona de espinas sobre el jefe de su figliuola: « La coges añade bendiciéndola: ella te mantendrá a la presencia de mi Hijo». Después de alguna hora Jesùs le aparece con su paz: « Vienes... acercados le dice a Josefa titubeante, y me prometes de no dejarte más tomar asì en los acechos del enemigo». Ella lo querrìa, pero no osa prometerlo porque oye calurosamente su debilidad. « Si cayeras... Yo te realzaré». Entonces ella le confìa ingenuamente el consejo dado ella de la Madre Inmaculada que ella ya se esfuerza de practicar fijando el pensamiento, momento por momento, sobre la pasión de él. « Usted, Jesùs contesta con bondad piensa en mis sufrimientos!». E indicando cuál sentido asumirá su mensaje, añade: « De ahora en luego cada dìa vendré a hablarte de mi pasión, para que ella sea el objeto de tus pensamientos y mis confianzas por las almas».

 

LOS SECRETOS DE LA PASIÓN. EL CENÁCULO el 1828 de febrero de 1923

Josefa, novia y Vìctima de mi Corazón, te hablarán ahora de la pasión para que tu alma se alimente constantemente de este recuerdo y mis almas encuentren de qué saciar su hambre y extinguir su sed. (N. Dios a Josefa el 22 de febrero de 1923).

La gran historia de amor de la pasión está a punto de revelarse a Josefa de etapa en etapa, del Cenáculo al Calvario, durante el Cuaresma del 1923. No hace falta investigarvos la narración de los hechos: el Evangelio siempre es de ello el depositan auténtico y oficial. Aquì Jesùs quiere abrirse la profundidad de su Corazón, quiere dar testimonio de aquella confianza que revela sus secretos, de aquel dolor que quiere ser comprendido en lo que tiene de más ìntimo. Esta revelación se dirige pues a aquellas almas que tratan de penetrar en este Corazón divino, compartir de ello los sentimientos y nada rechazar a las exigencias de su cruz. Josefa será la primera a entrar en esta calle a la continuación de su Maestro. Y mientras él los se revela en la soledad de su celdilla, ella seguirá recogiendo el Mensaje del amor dolorido que se manifiesta al mundo. Transcurren pero algunos dìas sin que la promesa divina se realiza. El Dios quiere hacer dócil su instrumento con la espera paciente y el abandono. Pero, como ha preguntado, tres veces por semana, el lunes, el miércoles y el sábado, Josefa tiene el permiso de meterse en ruego de las horas once a medianoche.. Después de la noche del sábado al domingo 18 de febrero ella escribe: «Anoche me he ofrecido a todo lo que querrá y como temì de dormirme le he preguntado de tener la bondad de despertarse. Apenas acueste, he empezado a dormir... No sé qué hora fuera cuándo su voz me ha despertado: «Josefa!». «He quedado confusa y le he dicho: ¡Mi Jesùs, perdóneme! qué horas soy?». «Poco importa, Josefa... Y la hora del amor». «Jesùs fue guapìsimo, llevó la cruz. He renovado los votos y me he levantado. él ha continuado: «Y la hora en que el amor viene a buscar consuelo y alivio dejándote su cruz. Suplicamos perdón y clemencia por las almas... Tomas mi cruz y me descansas!». «Me ha dado la cruz y he sentido al lado de ello toda la pesadez con dolor, en el mismo tiempo que mi alma entró en una gran angustia. Habrìa querido consolarlo, pero me sentì indigna de llevar su cruz!». «Poco importa me ha dicho: la cruz se apoyará en tu miseria y Mì me reposaré en tu pequeñez... Mi cruz te fortificará y Yo te sustentaré. «Cuando un alma me viene a para buscar fuerza, Yo no la dejo sola: la sustento, y si su debilidad la traiciona, la realzo. «Ahora preguntamos perdón por las almas... arreglamos las ofendidas raleas al Majestad divino. «Repites conmigo; "O Dios santo y justo!... ¡Padre de clemencia e infinita bondad! Tù has creado al hombre por amor, y por amor lo has hecho heredero de los bienes eternos: ¡si por debilidad él te ha ofendido y es digno de castigo, recibe los méritos de tu Unigénito que se ofrece a Ti como a vìctima de expiación! «Por aquellos méritos divinos le perdona al hombre a pecador y se dignados de devolverle sus derechos a la herencia celeste. ¡O Padre mi, piedad y misericordia por las almas! «Josefa, Yo te dejo mi cruz porque tù me des alivio. ¡Yo soy tu fuerza! Consuélame!». «Entonces escribe si n'è ido, dejándome la cruz». La tarde del lunes 19 de febrero ella renueva su oferta antes de dormirse. «No sé escribe luego si haya sido su voz o su presencia a despertarme hacia las once... Jesùs estuvo allá con su cruz y me dijo: « Josefa, me quiere?». «No he osado contestar porque, pobre como soy, no sé querer!... Le he preguntado perdón para serme dejada turbar de pequeñìsimas cosas, que no merecen la pena». «Sì, haces provecho de todas este pequeñas ocasiones para salvarme de las almas». «Luego con su usual bondad ha continuado: « Tomas mi cruz y ambos nos echamos a arreglar muchos pecados que en esta hora se cometerán. Si tù supieras como las almas se precipitan en masa en la culpa!». «Me ha dado la cruz, y yo me he humillado a su presencia... Lo he adorado porque vi más que nunca mi indignidad frente a su tamaño. Juntó luego las manos diciendo: « Adoramos el Majestad divino ofendido y ultrajada. Arreglamos por muchos pecados. «O Dios, infinitamente san... ¡Padre infinitamente misericordioso! Te adoro. Querrìa arreglar todos los ultrajes que recibes de los pecadores sobre toda la cara de la tierra y en cada instante del dìa y la noche. Querrìa sobre todo, o mi Padre, arreglar las ofensas y los pecados que se cometen en esta hora. Te presento todos los actos de adoración y reparación de las almas que te quieren. Te ofrezco de especial modo el holocausto perpetuo del Hijo tuyo que se inmola sobre los altares en todos los puntos de la tierra... en todos los instantes de esta hora. O Padre infinitamente bueno y lastimoso, recibe aquella sangre refina en reparación de los ultrajes de los hombres, borra sus culpas y les haces misericordia!». «A este punto he quedado en silencio: Jesùs tuvo los ojos fijos al cielo. Mi alma estuvo en una gran angustia y mi corazón fue oprimido por el dolor. Después de un instante, Jesùs continuó: « Ofreces todo tù mismo para arreglar muchas ofensas y para satisfacer la justicia de Dios». «Le he repetido mi indignidad, ya que incluso yo soy una gran pecadora!». «Si tu indignidad y tus pecados son grandes, vienes a sumergirlos en el arroyo de la sangre de mi Corazón y dejados purificar. Luego hacha generosamente todos los padecimientos que te manda mi voluntad para ofrecerlos a mi Padre celeste. Deja que tu alma se inflama del deseo de consolar un Dios ultrajado, y servidos mis méritos para arreglar muchos pecados». Jesùs está a punto de dejarla: Entonces Josefa se hace valiente y le recuerda la promesa de hablarle de su pasión. «Sì, volveré dice. Mientras tanto consuela mi Corazón y arregla». Estas grandes noches ya reparadoras se suceden regularmente, sin dañar al trabajo, que ella retoma al alba. En la noche del miércoles al jueves 22 de febrero Nuestro Dios viene una vez más a despertarsela, ya que el cansacio la hizo dormir pronto. ¡«Eccomi! dice. Vengo a descansarme en ti!». Ella se levanta enseguida, renueva los votos y se ofrece para sacar la cruz de los hombros divinos. «Sì, Josefa, te la dará y, con la cruz, todas las angustias de mi Corazón!». «Enseguida me ha dado la cruz continùa y he tratado de consolarlo. él ha continuado: ¿«Me dices, existe quizás un Corazón más amante del mìo, y que encuentras menos correspondencia a su amor? ¿«Existe un Corazón que, más que el mìo, se consume del deseo de perdonar? ¡«Sin embargo, en repuesto de mucho amor, no recibo que las más grandes ofensas! «Pobres almas!... preguntamos perdón y arreglamos por ellas: «O mi Padre, tiene piedad de las almas. ¡No las castigues como merecen, pero les usa misericordia, como tu Hijo te suplica! «Querrìa arreglar sus culpas y devolverte la gloria que te es debida, o Dios infinitamente san, pero mira tu Hijo: ¡él es la vìctima de expiación por muchos pecados! «Quedas unida a mì, Josefa, y acepta con entera sumisión todos los sufrimientos de esta hora!». Jesùs va, y una hora pasa bajo el peso de aquel sufrimiento. «De repente escribe me apareció el demonio y echó este grito de rabia: «Y ahora me toca a!». La noche acaba bajo sus golpes, las amenazas, las blasfemias y Josefa, quebrantada, no encuentra fuerza que para ir a buscar la Comunión. El momento le ha venido en cuyo Jesùs, después de tenerla reducto al ùltimo lìmite de su debilidad y el suyo nada, quiere valerse como de ella de instrumento de que es completamente dueño. Aquella mañana misma, jueves 22 de febrero, mientras que ella, se amparada él en la pequeña celda se reposa un instante, transcribiendo los ruegos dichos con Jesùs la noche anterior, él aparece de repente. « Josefa, novia y vìctima de mi Corazón dice con solemnidad vengo a hablarte de mi pasión para que tu alma él alimentos continuamente de este recuerdo y mis almas encuentren de qué saciar su hambre y extinguir su sed». «No osé interrumpirlo escribe, sin embargo le he preguntado de permitirme de renovar los votos». « Sì, renuévalos: Yo siempre me glorifico cuando resumo los vìnculos que te unen a mì, y colmo tu alma de muchas gracias, que no sólo su pureza es renovada como en el dìa de los votos, pero adquiere cada vez un nuevo grado de mérito que la devuelve más querida a mis ojos. «Asì ocurre por todas las almas que se han unido con estos vìnculos indisolubles y sagrados. Cada vez que los renuevan se enriquecen de nuevos méritos y aùn más se acercan a mi Corazón que se complace en ellas. «Ahora, Josefa, empezará a desvelarte los sentimientos que me llenaron el Corazón cuando lavé los pies de mis apóstoles. «Observa como los he reunido todo y doce, sin esduderne alguno. Allá hubo Giovanni, el predilecto y Judas, que poco después de tuvo que darme en manos de los enemigos. «Te diré porque quise reunirlos todo y porque empecé con el lavarles los pies. «Los he reunido todo porque el momento vino por mi Iglesia de aparecer al mundo y, por todas las ovejitas, de no tener más que un ùnico pastor. «He querido además enseñar a las almas que, también cuando están cargadas de los pecados más graves, no rechazo nunca su mi gracia y no las separo nunca de aquéllos que anzuelo con predilección. Custodio en mi Corazón uno y otro para dar a cada uno las ayudas necesarias a su estado... ¡«Pero cuál dolor probé en ver le representáis en el desgraciado Judas tanto almas, a menudo asociadas a mis pies, laven con mi sangre, y en carrera hacia la perdición eterna! «A ellas querrìa hacer comprender que su estado de pecado no tiene que hacerles alejar de mì. No crean chè no hay más remedio y que ya no serán queridas como una vez... ¡No, pobres almas, este no son los sentimientos de un Dios que está a punto de verter por vosotros toda su sangre! «Me venìs a, todo, y no teméis, porque os quiero!... Os purificaré con mi sangre y os pondréis más blancas que la nieve... Vuestros pecados serán sumergidos en el agua en cuyo Yo mismo os lavaré, y nada podrá arrancarme del Corazón aquel amor que tengo por vosotros. «Josefa, dejada invadir hoy del deseo ardiente que todas las almas, y especialmente los pecadores, vengan a purificarse en las aguas de la penitencia, que se abandonen a sentimientos de confianza y no de temor, porque Yo soy el Dios de la misericordia siempre lista a recibirla en mi Corazón». Aquì acaba el primero dictado de Nuestro Dios que Josefa ha escrito con rapidez en una veintena de minutos. él habla «con tal ardor» ella dice que semeja querer verter todo su Corazón y dilatarse en esta expansión. Ella aprovecha estas palabras de fuego interrumpidas solamente por algùn instante de silencio. Luego él se para; su mirada se posa a largo sobre Josefa que, depuesta la pluma, arista arrodillada a sus pies. Luego con breves palabras Jesùs se despide y desaparece. Ella queda algùn momento inmóvil cerca del escritorio. donde todavìa está abierto el cuaderno, todo inmersa en el pensamiento de lo que tiene oìdo y escrito. No relee las páginas, pero las entrega a las superiora siempre presentes; tranquila vuelve donde al laboratorio su trabajo lo espera. Pero el recuerdo de las dolorosas confianzas del Salvador se prolongará por todo el resto del dìa. De en otra parte él destejo no la deja a largo sin preguntarle nuevas reparaciones por las almas en peligro. La tarde misma del jueves 22 de febrero, cuando está acaba

ndo la Calle Crucis, viene a recordarle que cuenta sobre de ella. Esta vez se trata de tres almas... « no sólo queridas, pero preferidas por mi Corazón», dice. « Por ellas vengo a ampararse aquì y a buscar consuelo entre vosotros. Cuida, Josefa añade, que lo que el demonio te ha dicho stamani es verdadero: aquì muchas almas encuentran la vida». Y precisando su pensamiento: « Os las atraéis a la verdad o a almas queridas a mi Corazón, con vuestras miserias y vuestro amor». Esta expresión despierta en ella maravilla: « Sì, el Maestro continùa. Aquì predominan dos cosas: la miseria y el amor. Por motivo del amor aquì muchas almas encuentran la vida; y la mirada de Dios se ha fijado sobre este grupo de almas atraìdo por la miseria». La tarde después, viernes 23 de febrero, al final de la Calle Crucis ch'ella ha hecho con las hermanas de hábito a Nuestro Dios los se muestra: «Estuvo delante de la balaustrada escribe. Llevó la cruz y la mirada nos fijó todo». « Cuanto consuelo me dado dijo. ¡ Ay, si pudierais ver, cuantas maravillas descubrirìais! Vuestros ruegos se cambian en tesoros por las almas!». «En decir estas palabras él se acercó... entregándome la cruz. Le confié mis temores ya que en las noches anteriores el demonio no dejó de insultar la casa...». «No temer, Josefa. No puede qué amenazar, porque Yo os custodio, que soy lo omnipotente. Os odia porque os quiero: si tù supieras cuál obra importante se cumple en esta casa, y como vosotros trabajáis por las almas y por mi Corazón!... «Pero, ahora ha continuado, mi Corazón versa en un mar de amarguras por aquellas tres almas que os he confiado. «Hasta que les me ofenderán vendré a buscar descanso y consuelo cerca de de vosotros. «Te entrego mi cruz, no me dejes sólo!». Luego ha añadido: «Me queridas y me consoladas!». La cruz los engorda sobre los hombros y Josefa sigue experimentando de ello la forma dolorosa ya que el demonio explota con rabia el poder concedido él en aquella época. Ella expìa por aquellas almas «predilectas» que se dejan seducir, y su conquista con sus luchas de dìa y por la noche la luz que tiene que reponerle en la verdad. El 25 de febrero, domingo, Jesùs la alcanza en la celda, desde la mañana. ¿«Por qué temes? le dice con bondad. Todavìa tienes bastantes imperfecciones, pero no se trata de pecados, como te acusas el demonio... Renueva los votos, cerrando cada vez más los vìnculos que te aprietan a mì. «Y ahora Josefa, recordada que no estás sino un instrumento muy inùtil y miserable. «Besa la tierra y escribes, ya que seguiré diciéndote mis secretos de amor. «Hoy te diré porque quise lavar los pies de mis apóstoles antes de la Cena. «Fue ante todo para enseñar a las almas cuanto deseo que sean incluso cuando me reciben en el Eucarestia. «También fue para recordar a las que han tenido la desgracia de caer que ellas siempre pueden recobrar la blancura perdida a través del sacramento de la Penitencia. «Quise lavarme mismo los pies de mis apóstoles para que a mi ejemplo los que se dedican a los trabajos apostólicos sepan humillarse delante de los pecadores, como delante de las otras almas su confiáis y traten todo con dulzura. «Quise ceñirme con un secador para indicar ustedes que el apóstol tiene que ceñirse de mortificación y de abnegación, si quiere tocar eficazmente las almas... «Quise además enseñarles la caridad recìproca, siempre lista a lavar los defectos de lo próximo, vale a decir a disimularlos y justificaciónlos sin nunca divulgarlos. «Por fin el agua que vertì sobre los pies de mis apóstoles fue imagen del celo que devora mi Corazón por la salvación de los hombres... «En aquella hora mucha prójima a la redención del género humano mi Corazón no pudo contener el ardor que lo devoró: y mi amor infinito para los hombres no pudo solucionarse a dejarlos huérfanos. «Por lo tanto para probarles este amor y para quedar con ellos hasta la consumición de los siglos quise convertirse en alimento, ellos sostén, ellos vida, todo ellos... «Ay, cuánto querrìa hacer conocer a todas las almas los sentimientos de mi Corazón, y penetrarle del amor ¡qué me inflamó por ellos cuando instituì el sacramento de la eucaristìa! «En aquel entonces vi en el curso de los siglos todas las almas que se habrìan alimentado de mi cuerpo y dissetate de mi sangre y los frutos divinos que habrìan recogido de ello. «En cuantos corazones esta sangre inmaculada habrìa engendrado pureza y virginidad... En cuanto otros habrìa encendido las llamas de la caridad y el celo!... Cuántos mártires de amor se agruparon en aquel entonces delante de mis ojos y en mi Corazón!... ¡Cuánto almas, después de haber cometido muchos y graves pecados, debiliten por la violencia de las pasiones, habrìan venido a hallar vigor alimentándose pan de los fuerte! «Quién podrá penetrar los sentimientos que se agolparon en mi Corazón en aquellos momentos?... sentimientos de alegrìa, de amor, de ternura... ¿Pero quién también podrá comprender su amargura? «Continuaré, Josefa. Ahora vas en mi paz. Consuélame, no temas de nada, porque mi sangre no tiene perdida su eficacia... y purifica tu alma!...» Jesùs calló. « Adiós, besa la tierra, volveré!». Esta vuelta se hace esperar varios dìas. Cada mañana Josefa es fiel al congreso, pero va sin haber visto al Maestro, mientras que los apuros diabólicos no dejan de oprimirla.

 

LA EUCARISTìA el 111 de marzo de 1923

La eucaristìa es la invención del amor. ¡Pero poco son las almas que corresponden a este amor que se agota y se consume por ellos! (N. Dios a Josefa el 2 de marzo de 1923).

El 2 de marzo, primeros viernes del mes, hacia las nueve de la mañana, Josefa desarraigada y activa va al trabajo. A largo ha esperado Nuestro Dios en su celda, pero también aquel dìa no los se ha mostrado. Ella escribe con sinceridad: «Tuve que mucho coser y estuve bastante contenta con poder contar con aquel tiempo... ya que, en ciertos momentos, soy perseguida por la idea que no concluyo nada, y que con todas este cosas no sirvo a nada!». ésta es la tentación habitual con que el demonio trata de explotar la ìndole su ardiente y siempre propensa a la abnegación. «De repente, al final de la escalera de S. Michele, me encontré con Jesùs. Me paró y me dijo: « Josefa, adónde vas?». «Voy al ropero para volver a ver los uniformes, Señor». « Vas a celda él continùa porque quiero que tù escribas». Ella esconde en si el deseo de mandar antes del trabajo y sal a celda, dónde Jesùs la ha precedido. ¿« Quién te ha creado, Josefa? las pregunta después de que ha renovado los votos». «Tù o mi Dios!». « Quién te ha dado mayores pruebas de amor de mì?... Quién tan a menudo te ha perdonado como Yo te he perdonado, que estoy todavìa listo a perdonarte?...». Confusa, ella se postra a sus pies. «Sì, desentonados, Josefa, besa la tierra y no me resistas más. «Ahora escribes por mis almas: «Quiero hacer su conocer la tristeza que inundó mi Corazón durante la Cena: ya que, si fuera grande mi alegrìa al pensamiento de las almas de que me hice alimento y compañero, y de los que hasta al final de los siglos habrìa recibido el testimonio de adoración, de reparación y de amor, no fue pero menor mi tristeza a la vista de muchos otras que me habrìan dejado en la soledad o habrìan creìdo ni siquiera en mi presencia real. «En cuantos corazones manchados de pecado habrìa tenido que entrar!... ¡y cuántas veces mi carne y mi sangre profanadas no habrìan servido que a la condena por muchas almas! «Vi en aquel entonces los sacrilegios, los ultrajes, las abominaciones horribles que se habrìan pedidos contra mì!... ¡Cuánto horas, cuantas noches habrìa tenido que pasar en la soledad del tabernáculo! ¡Y cuantas almas habrìan rechazado las amorosas invitaciones que del tabernáculo habrìa hecho su oìr! ¡«Josefa, dejada penetrar de los sentimientos de mi Corazón! «Por amor de mis almas quedo prisionero en la eucaristìa. Estoy allá para que en todas sus penas puedan venir a consolarse con el más tierno de los Corazones, con el mejor de los Padres y el amigo que no abandona nunca. «La eucaristìa es la invención del amor. Pero este amor que se agota y se consume por el bien de las almas no es correspondido... «Vestido entre los pecadores para ser su salvación y su vida, el médico y en el mismo tiempo la medicina por todas las enfermedades, engendrada por su naturaleza corrompida... Ellos en cambio se alejan de Mì, me ultrajan, me desprecian!... ¡«Pobres pecadores! No os alejadas por mì!... Os espero en el tabernáculo noche y dìa!... No os regañaré por vuestros delitos... no os los echaré a la cara... ¡pero os lavaré en la sangre de mis Llagas! No teméis pues... Me venìs a... Si supierais cuánto os quiero!... «Y vosotros, almas queridas, por qué estáis tan frìas, asì indiferentes a mi Amor?... Sé que las necesidades de vuestra familia, de vuestra casa... las exigencias del mundo os llaman continuamente... Pero no encontraréis nunca un momento para venir a darme una prueba de amor y gratitud?... ¡No os dejéis sumergir de muchas preocupaciones inùtil y reservado un momento para visitar y recibir al Prisionero de amor! ¿«Si vuestro cuerpo fuera debilidad y paciente no encontrarìais quizás el tiempo para ir al médico que tiene que curarvos? Venìs pues al que os puede hacer recobrar las fuerzas y la salud del alma... Dais una limosna de amor a este Prisionero divino que os espera, os llama, os desea!... «Todos este sentimientos me invadieron al momento de la Cena, Josefa. Pero no te he dicho todavìa lo que probó mi Corazón al pensamiento de mis almas consagradas, de mis novias, de mis sacerdotes!... Te lo diré sucesivamente. Ahora vas, y no olvides que mi Corazón te quiere. Y tù, me quieres?...». Josefa contesta a la solicitud de Jesùs más con la atrevida fidelidad que con protestas de amor. En la noche siguiente, doloroso, ella ha podido entender, entre las blasfemias del infierno, que las tres almas queridas al Corazón de Jesùs, y por cuyo ella sufrió de quince dìas, estoy sobre el punto de volverle a. Su alma es fortalecida. La tarde del primero sábado del mes, 3 de marzo, mientras está en adoración delante de la Santa exposición, Jesùs le aparece con el Corazón en llamas: «Josefa, le dice con ardor, dejas descansarme en ti, deja que mi Corazón se comunica su alegrìa: aquellos tres almas que os confié han vuelto ame!...». Y continùa: « Mi cruz es pesada, por éste vengo aquì a descansarme y a dar de ello una parte a cada uno de mis almas. Mi Corazón busca a vìctimas para reconducir el mundo al amor, y aquì él las encuentra!». ¡Con cuanta alegrìa Josefa se alegra con el Maestro! Le ofrece todos los deseos de la casa, que sabe asì ardientes y sinceros, para consolar su Corazón y atraerle muchas almas. Y, como ella ha quedado vivo en el pensamiento el eco de las palabras te la dicho antes de Jesùs el dìa, le pregunta si no quisiera comunicarle, por las almas consagradas, lo que espera de ellos en la eucaristìa. «Sì, contesta, quiero que tù lo sepas para que por tu medio estas almas que soy el objeto de mis predilecciones, mis sacerdotes, mis novias, lo sepan a su vez. Porque si sus infidelidades me hieren intensamente, su amor consuela y secuestra mi Corazón tan que casi olvido las ofensas de muchas almas!». «Entonces siguió hablándome a largo sobre este argumento: puesto que pero estuvimos en capilla, fui obligada a decirle que difìcilmente me acordarìa de todo por luego escribirlo». «Poco importa, deja hablarme y derramar mi Corazón!». La tarde del domingo 4 de marzo, mientras acaba la Calle Crucis, Jesùs le aparece de repente: «Si quieres consolarme le dice he aquì el momento. Esta tarde, aquì parecido, se tiene donde un congreso Yo estaré muy ofendido. Ponte en estado de vìctima de modo que arreglar los ultrajes de aquellas almas. Pobres almas, cuánto me ofenden!... y luego en cuál estado saldrán de allá?...». Pocos momentos y Jesùs transcurren la alcanza en celda, donde se ha echado a suplicar por aquellas almas. él le da la cruz y dirige su ruego. «Mientras aquellas almas ofenden tu soberano majestad y ultrajan con furor la sangre de tu el Hijo, permite a yo o Padre, que te presentas este alma que se ofrece como vìctima, unida a mi Corazón, para sufrir y arreglar. Hacha por estas almas o Padre de bondad, sus sufrimientos unidos a mis méritos!». Luego añade: «Ahora deja que sumerja tu alma en la amargura de mi Corazón!». Luego la deja en la angustia y fondo la cruz. ¡Baja la noche sobre este gran sufrimiento que se prolonga hasta la vuelta del Maestro! «Hacia las diez escribirá luego, ha vuelto y me ha dicho: « Me devuelves la cruz; os me habéis consolado!». «Lo he agradecido haber dado a conocerme que lo tuvimos un poco consulado y le prometì de no resistirle nunca...». « Usted, a la hora y el momento en cui' necesito ti, vienes a curarme las heridas causadas me das a pecadores. «Os me habéis dado de beber continùa por fin: Yo os pondré aparte Reino de los Cielos». Siguieron algunos dìas de interrupción, luego Jesùs retomó sus confianzas el martes 6 de marzo. ¿« Josefa, me espera? le pregunta encontrándola a las ocho de la mañana. «Vengo a revelarte el más gran misterio del amor... y del amor por las almas de mì elecciones y a mì consagráis. Empieza con el besar la tierra... «En el momento de instituir la eucaristìa vi presentas todas las almas privilegiadas que tuvieron que alimentarse de mi Cuerpo y de mi Sangre y que os habrìan encontrado algunos remedio a su debilidad, otro fuego devorador que habrìa consumido sus miserias y las habrìa encendido de amor... «Todo unìs por un mismo objetivo, serìan como un jardìn en cuyo cada habrìa producido su flor y me habrìa recreado con su fragancia. Yo calentarìa las que necesitaran calor, y mi cuerpo santo serìa el sol que las reanimarìa. Me acercarìa a algunos para consolarme, a otras para esconderme, a otras para descansarme... ¡Ay, si supierais, almas queridas, quant'è fácil consular, esconde, haz descansar un Dios! «Este Dios que os quiere de amor infinito, después de vos haber liberado de la esclavitud del pecado, en os ha sembrado la gracia incomparable de la vocación religiosa y os ha atraìdo misteriosamente en el jardìn de sus delicias. Este Dios, vuestro Redentor, se ha hecho vuestro Novio. «él destejo os nutre con su Cuerpo refino y vosotros disseta con su Sangre. «Si él estáis enfermas es vuestro médico: le venìs a y os curará. Si tenéis frìo, le venìs a para calentarvos. En él encontraréis descanso y felicidad. No os alejáis pues de él que es la vida y cuando os pregunta de consolarlo, no las heridas con un rechazo... ¡«Cuál amargura fue por mì el ver muchas almas favorecidas por mis gracias de predilección volverse por mi Corazón causa de dolor! ¿No soy quizás siempre el mismo? ¿Soy cambiado quizás a vuestro respeto? No, mi amor es inmutable, y hasta al final de los siglos os querré con predilección. «Sé que estáis llenas de miserias, pero por este no retiraré de vosotros mi más tierna mirada; al revés, ansiosamente aspecto que me vengáis a, no sólo para aliviar vuestras penas, pero para colmarvos de nuevos beneficios. ¡«Si os pregunto amor, no no me lo negáis; es tan fácil querer al que es el mismo Amor! «Si pregunto algo que cuesta a vuestra naturaleza, os doy en el mismo tiempo la gracia y la fuerza necesaria para vencervos. «Os he elegido porque seáis mi consuelo. Déjadme pues entrar en vuestro alma y si no tenéis nada que sea digno de mì, décidme con humildad pero con confianza: Señor, ves cuál flores y cuál rentas produce mi jardìn... ¡Ven y me enseñas lo que debbo hacer, para que hoy desteja pueda empezar a brotarme en mì la flor que deseas! «Al alma que me dice este, con verdadero deseo de probarme su amor, Yo contestaré: Alma querida, para que tu jardìn produzca la flor que anzuelo, deja que Yo lo cultivo mismo, deja ch'Io trabajas esta tierra, deja arrancarme hoy ciertas raìces que me molestan y que tu fuerza no llega a sacar... Si te pregunto el sacrificio de tus gustos, de tu carácter... aquel acto de caridad, de paciencia, de abnegación, aquella prueba de celo, de obediencia, de mortificación, todo eso será el abono que mejorará la tierra y le hará producir flores y frutos. La victoria sobre tu carácter conseguirá luz para un pecador, una pena soportada alegremente cicatrizará el herido ch'egli me ha hecho; arreglará la ofensa, expiará de ello la culpa. Si no te alteras recibiendo una observación, y más bien lo aceptas con alegrìa, conseguirás que las almas cegadas por el orgullo se humillen y pregunten perdón. «éste es lo que haré con tu alma si me dejas trabajar libremente. ¡Entonces las flores os crecerán rápidamente y tù serás el consuelo de mi Corazón! Yo cero este consuelo y la quiero encontrar entre mis almas selectas». ¡«Señor! ya sayas que fui dispuesta a dejar hacerte de mì lo que quisiste, pero... he caìdo, y te he disgustado. Todavìa me perdonarás a que soy tan miserable y que no puedo servirte en nada?». «Sì, alma querida, tus caìdas mismas sirven a consolarme. No te desanimes, porque aquel acto de humildad que tu defecto te obliga a hacerme ha consolado más que si tù no hubieras caìdo. ¡Ánimo, vaya adelante y dejas trabajarme en ti! «He aquì lo que Yo vi claramente cuando instituì la eucaristìa. El amor m inflamó del deseo de ser Yo misma comida de estas almas. No he quedado entre los hombres solamente para vivir con los más perfectos, pero para sustentar las debilidades y alimentar los pequeños. Yo los haré crecer y robustecer. Me consolaré en sus buenos deseos y me reposaré en sus miserias... ¿«Pero, entre estas almas selectas no habrán de ello de aquéllos que me darán pena? ¿perseverarán todo? Este el grito de dolor que sale de mi Corazón... ¡este el gemido que quiero hacer oìr a las almas! «Basta ya, por hoy. Adiós, Josefa, tù me consuelas cuando te consagras a con total abandono... Deja que te confìas mis secretos por las almas... porque no puedo hablar siempre asì. Déjame aprovechar los dìas de tu vida!». De nuevo, el dìa siguiente, miércoles 7 de marzo, el doloroso quejido de amor se hace oìr: «Besa humildemente la tierra!» dice Jesùs, como hace cada vez. Josefa se postra a sus pies, luego se alza, y el Maestro empieza a hablar: ¡«Escribes lo que sufrió mi Corazón en la hora en que, no pudiendo contener el fuego que me consumió, inventé esta maravilla de amor que es la eucaristìa! Contemplando entonces todas las almas que se habrìan alimentado de este pan divino, incluso vi toda la frialdad de muchas almas consagradas, de muchos sacerdotes... ¡Cuál sufrimiento por mi Corazón! Vi aquellos almas constiparse... entregarse a la fuerza de la costumbre y, peor ancla, al relajo, al aburrimiento y, poco a poco, a la tibieza... «Y sin embargo Yo estoy en el tabernáculo toda la noche y aspecto este alma. Deseo con ardor que ella venga a recibirme, que me hablas con la confianza de una novia, que me exponga sus penas, sus tentaciones, sus sufrimientos, que me pregunte consejo y que solicitas las gracias necesarias por si y por los otros... Quizás ella tiene bajo de si o en su familia almas que son expuestas al peligro y yerran lejanas de mì?... «Vienes, le digo, dime todo con entera confianza... interesados de los pecadores... ofrécete para arreglar... prométeme que hoy no me dejarás solo... y luego pregunta a mi Corazón si ello no desea de ti algo de más que pueda darle consuelo... «Este me esperé de aquel alma y de muchos otras... Pero cuando se acerca a recibirme en la Comunión, en cuanto en cuanto me dice una palabra... Es distraìda, cansada, contrariada... Los asuntos lo absorben... la familia él inquieto, el entorno los cuelga... la salud la preocupa... no sabe que decirme, arista frìa y aburrida... tiene prisa de ir... «Asì me recibes, alma predilecta, que toda la noche he esperado con mucha impaciencia?... «Sì, lo esperé para descansarme en ella y levantar sus penas... Le tuve preparación nueva gracias, pero ella las desea ni siquiera, nada me pregunta, ni consejo ni fuerza... sólo se queja, sin tampoco dirigirme a... Parece sea sólo venida para cumplir una formalidad o seguir el empleo y porque no ha pecado mortal que lo impida... Pero no es el amor que la empuja, ni el verdadero deseo de unirse ìntimamente a. No, este alma no tiene a nadie de las delicadezas que mi Corazón esperó de ella. «Y aquel sacerdote?... Cómo decir todo lo que me acampo de cada uno de mis sacerdotes?... Los he revestido de mi poder porque puedan absolver las almas... Me he metido a disposición, a la palabra de sus labios bajo del cielo en tierra... me abandono entre sus manos, para ser cerrado en el tabernáculo o distribuido en la Comunión... Ellos son, por asì decir, los mìos los dispensadores... Les confìo un cierto nùmero de almas porque con la predicación, la dirección, y sobre todo con el ejemplo, las conduzcan y las conduzcan por la senda de la virtud. «Contestan todo a tal llamada?... Cumplen todas aquella misión de amor?... En celebrar el santo Sacrificio el sacerdote sabrá confiarme las almas de que es responsable?... arreglar las ofensas que se hacen y de que ha recibido la confianza?... preguntarme la fuerza para desempeñar santamente su ministerio?... el celo para trabajar por la salvación de su rebaño?... Sabrá hoy renunciarse más de ayer?... Me dará el amor que me acampo?... Podré descansarme en él como en un querido y querido discìpulo?... «Cuál agudo dolor por mi Corazón cuando soy obligado a decir: Los laico me hieren las manos y los pies, me estropean el rostro pero las almas selectas, mis novias, mis sacerdotes, laceran y parten mi Corazón!... Cuánto mis ministros, después de haber devuelto la gracia a muchas almas, son ellos mismos en estado de pecado!... Cuánto celebran asì, me reciben asì... viven y mueren asì!... «éste fue el dolor más terrible probado a la Cena, cuando entre los Doce vi al primer apóstol infiel... y después de él muchos y muchos otros que lo habrìan seguido en el curso de los siglos!... ¡«La eucaristìa es la invención del amor! Y la vida y la fuerza de las almas, el remedio a todas las debilidades, el viático por quien da del tiempo a la eternidad. Los pecadores le hallan en ella la vida del alma... las almas tibias, el verdadero calor..., los fervorose, descanso y satisfacción de sus ardientes deseos... las perfectas, las alas para balancearse y desdoblar a siempre mayor perfección... los incluso, la dulce miel que es su más delicado alimento. «Por fin, las almas religiosas encuentran en la eucaristìa su morada, su amor, su vida. En ella encuentran el sìmbolo de los votos religiosos, vìnculos sagrados y benditos que las unen inseparablemente al Novio divino. «Sì, almas consagradas, encontrarán un perfecto sìmbolo de vuestro voto de pobreza en esta pequeña hostia, redonda y sutil, lisa y ligera. «Asì tiene que ser el alma que hace profesión de pobreza: sin rincones es decir sin pequeños cariños carácteres, ni a las cosas de que se sirve, ni al despacho que practica, ni a la familia, ni a la patria... Siempre lista a dejar, a partir, a cambiar... siempre vacìa de cada cosa terrenal, con el corazón libre, sin ocultos ataques... «Eso no quiere decir que aquel corazón tenga que ser insensible: ¡no! Más quiere, y más sabrá mantener intacto el voto de pobreza. Lo esencial por el alma religiosa es, antes de todo, de no poseer nada sin el permiso o el consentimiento de los superiores; en segùn lugar, de no tener nada y de no querer nada si no con la disposición de dejar todo a la primera seña de la obediencia. «Te diré otra vez el resto, Josefa!». Todavìa transcurren varios dìas sin que su camino penoso se haga más fácil. Frente a las vejaciones violentas del enemigo su conciencia mucho delicada siempre se alarma: «Tengo hasta perdido una Comunión!», escribe dolorosamente». El domingo «laetare», 11 de marzo, Jesùs vuelve llevándole la seguridad de su perdón. « Tomas mi corona, y no temas dice. La misericordia de Dios es infinita, y no rechaza nunca el perdón a los pecadores, tan más si se trata como de una pobre y pequeña criatura tù!». Y haciendo alusión a la Comunión omitida: « Si tù supieras, Josefa, como te esperé y cuanto deseé que tù te escondieras en tu corazón!». Ella no sabe que decir para hacerle olvidar esta pena. « Tù arreglarás Jesùs retoma con infinita bondad con el prepararte hoy con ardiente deseo a recibirme domattina. Mi Corazón se consolará cada vez que tù le expresarás este deseo... Y luego continùa, espìritu de fe y obediencia ciega siempre. «Ahora sigue escribiendo por mis almas. «Dices ustedes que ellas también encontrarán en la pequeña y cándida hostia la imagen perfecta de su voto de castidad. Bajo las especies del pan y el vino se esconde la presencia real de un Dios: bajo aquel velo Yo soy todo entero, con mi Cuerpo, mi Sangre, mi Alma, mi Divinidad. «Asì el alma le consagrada a Jesùs Cristo con su voto de virginidad tiene que cubrirse de un velo de modestia y sencillez, de manera que, bajo apariencias humanas, se esconda una pureza parecida a aquel de los ángeles. «O almas que formáis la corte del cordero inmaculado, sepáis que la gloria que me devolvéis en tal modo supera aquel de los coros angélicos, ya que aquellos beatos espìritus no han conocido las debilidades de la naturaleza humana, ni han tenido que luchar y triunfar para mantenerse puros. «Vosotros además os emparentáis con mi Madre, criatura mortal y sin embargo de una pureza sin mancha, sometida a todas las miserias humanas y sin embargo inmaculada en cada instante de su vida. Solo ella me ha glorificado más que todos los espìritus celestes y el propio Dios, atraìdo por aquella pureza, se ha en ella hecha carne y ha querido habitar en su criatura. «Más ancla, el alma consagrada con el voto de castidad, se hace parecida a mì, su Creador, cuánto es posible a una criatura, ya que siendo yo Yo revestido naturaleza humana sin exceptuar de ello las miserias, tengo pero experimentado sin la sombra de la mìnima mancha. «En tal modo, con el voto de castidad, el alma se vuelve la hostia cándida y pura que continuamente glorifica el majestad divino. «Almas religiosas, vosotros encontraréis por fin en la eucaristìa el modelo de vuestro voto de obediencia. «Allá son escondidas y como destruìs el tamaño y la potencia de un Dios. ¡Allá me contempláis como inanimado, mientras soy la vida de las almas, el sostén del universo! Allá no soy más dueño de ir o de quedar, de estar solo o en compañìa: sabidurìa, potencia, libertad, todo ha desaparecido en aquella hostia... Las especies del pan son los vìnculos que me encarcelan y el velo que me esconde. «Asì por el alma religiosa el voto de obediencia es la cadena que lo atrae, el velo bajo que tiene que desaparecer, para no tener más ni voluntad propia, ni justo juicio ni libertad de elección, si no segùn el querer divino, manifestado por los superiores». Después de un dictado tan largo, Jesùs calla y Josefa deja hablar su corazón: «Propio stamani ha sido una función de Primera Comunión escribe y le recordé el consuelo que tuvo que haber probado en aquellas tiernas almas tan puras e inocentes!». Su Corazón parece dilatarse a tal recuerdo: « Usted, contesta dulcemente, es justo en aquellas almas infantiles y en aquellos de mis novias que me amparo para olvidar las ofensas del mundo. «Los niños son por mi Corazón como botones de flores en los que busco un refugio. Cuánto a mis novias, me escondo y me reposo en ellas ya que como roìdas en llena floración me defienden con sus espinas y me consuelan con el amor. ¡«Y tù, Josefa, déme este amor! Preparados a seguirme al Getsemani. Allá te enseñaré a sufrir y te fortificaré con el sudor de sangre que me arrancaron los pecados de los hombres. ¡«Mientras tanto me consuelas, deséame como Yo te deseo, quiéreme como Yo te quiero, cercami como Yo te busco! Ves bien que no te abandono nunca!».

 

GETSEMANI el 1215 de marzo de 1923

Quedas cerca de de mì al Getsemani y deja mi sangre rociar y robustecer el radicè de tu pequeñez. (N. Dios a Josefa el 12 de marzo de 1923).

El dìa siguiente, lunes 12 de marzo, Jesùs invita Josefa a seguirlo al Getsemani. Empieza con el alentarla, porque la noche adelante las amenazas del enemigo se han multiplicado para impedirle la Comunión, mucho deseada la vìspera. «No temer le dice de nuevo, la potencia del demonio no es superior a la mìa. ¡Me gusta cuando tù me llamas y soy de ello tan consulado que cada tu deseo es como una comunión por muchas almas que no se acercan a! Desentonados, besa la tierra y vienes conmigo... le vamos al Getsemani... ¡y tu alma se llene sentimientos de tristeza que inundaron la mìa en aquella hora! «Después de haber predicado a las turbas, curado a los pacientes, da la vista a los ciegos, resucitado los muertos... después de haber vivido tres años entre mis apóstoles, para formarlos y enseñar mi doctrina... les aprendì por fin con el ejemplo a quererse y soportarse vicendevolmente, a ejercer la caridad hacia los otros, lavándoles los pies y haciéndomelas nutro. «Ahora la hora ha llegado en cuyo al Hijo de Dios hecho hombre, Redentor del género humano, está a punto de esparcir su sangre y dar la vida por el mundo.... «En aquella hora quise pormi en ruego para entregarseme a la voluntad de mi el Padre. «Almas queridas, aprendidas por vuestro modelo que la ùnica cosa necesaria, para grandes que sean las rebeliones de la naturaleza, es de someterse y ofrecerse humildemente con acto atrevido de la voluntad a hacer aquel de Dios en cualquiera circunstancia. «También aprendéis de él que cada acción importante tiene que ser precedida y vivificada por el ruego, porque en la oración el alma saca su fuerza en las horas difìciles y Dios los se comunica, aconsejándola, inspirándola, aunque ella no se entera. «Me aparté en el huerto de los aceitunos, es decir en la soledad, para enseñar a las almas a buscar Dios lejos de todo y en el ìntimo de ellos mismos. Para encontrarlo acallen los movimientos de la naturaleza, tan a menudo contrarios a la gracia, los razonamientos del amor propio o la sensualidad que tratan siempre de ahogar las inspiraciones de la gracia y se oponen al contacto del alma con Dios... «Adoráis sus dibujos sobre de vosotros cualquiera sean... ¡y todo el vuestro haberse derriba como conviene que haga una criatura a la presencia del Creador! «Asì yo offersi Yo para cumplir la obra de la redención del mundo. «En el mismo instante sentì pesar sobre de mì todos los tormentos de la pasión: las calumnias y los insultos... los flagelos y la corona de espinas... la sed... la cruz!... Todos aquellos dolores se agolparon delante de mis ojos junto con la multitud de las ofensas, de los pecados y de los delitos que se habrìan vendedores en el curso de los siglos. Y no solamente los vi, pero sentì bañado de ello... y bajo este fardo de infamias me tuve que presentarle al Padre celeste para suplicar misericordia. Entonces sentì sobre de mì la cólera de Dios ofendido e irritado y yo offersi como garante, Yo, su Hijo, para calmar su desdén y satisfacer a su justicia. «Pero bajo el peso de muchos delitos mi naturaleza humana fue tomada por tal angustia, de tal agonìa mortal, que todo mi Cuerpo fue cubierto de un sudor de sangre. «O pecadores, que me hacéis sufrir en tal modo!... os dará esta sangre la salvación y la vida?... ¿o estará perdido para vosotros? Como expresar mi dolor al pensamiento de este sudor, de estas angustias, de esta agonìa, de esta sangre... inùtil por muchas y muchas almas?... «Aquì nos pararemos hoy, Josefa. ¡Consuela mi Corazón! Mañana continuaremos. ¡Adiós! arista cerca de mì al Getsemani y deja que mi sangre rocìa y fortificas la raìz de tu pequeñez». ¿Cómo logra Josefa, después de parecidas efusiones del Corazón de su Maestro a restablecerse a las ocupaciones de la vida ordinaria? Sin embargo se ve la, siempre la misma, trabajar de sol a sol, mientras que entrega en si el peso de tales divinas comunicaciones. En la noche del 12 al 13 de marzo Jesùs vuelve con la cruz. Y este un derecho suyo que la obediencia ha ratificado. E incluso recordándole su indignidad, le confìa este postre tesoro de su unión. «Me reposo en tu pequeñez dice, pero también encuentro consuelo y alivio entre mis novias, ya que a ellas incluso, sin que lo sepan, confìo almas para que se salven y me vuelvan a... Tù custodias mi cruz, y te diré mañana mis secretos...». La noche acaba en el suplicio habitual de los asaltos diabólicos y por la mañana a Jesùs retoma su cuento: « Besa la tierra empieza con el decirle a su mensajera que se complace con ver pequeña a sus pies; no son tus méritos que me atraen, pero el amor por las almas. ¡«Sì, eccomi! continua. Vengo a manifestarte los sentimientos de mi Corazón, pero también para descansarme entre vosotros. Cuánto alegrìa me proporcionan las almas que saben recibirme con alegrìa... ya que Yo las visito sea para consolarle, sea para encontrar en ellos mi consuelo. ¡Pero ellas no reconocen siempre que soy Yo, especialmente cuando las someto al dolor! «Ahora, Josefa, continùa nuestra oración al Getsemani. «Me acercados a, y cuando me veas inmerso en un océano de tristeza, vienes conmigo a buscar a los tres discìpulos que he dejado a cierta distancia. «Ellos tomé conmigo para descansarme cerca de de ellos haciéndolos partìcipes de mis ruegos y de mi angustia. ¿Pero como expresar lo que probó mi Corazón cuándo, buscándolos, los encontré inmersos en el sueño? Como es triste, por quien quiere, sólo encontrarse, sin poderse confiar con los suyos queridos!... «Cuántas veces mi Corazón sufre el mismo dolor... y cuántas veces buscando algùn alivio cerca de las almas selectas le encuentro dormidas!... «En vano busco de despertarle y de llevarle fuera de él mismos, de sus preocupaciones personales, de las ustedes vanas e inùtiles ocupaciones... Demasiado a menudo me contestan, si no a palabras, al menos con los hechos: No puedo ahora... tengo que demasiado hacer... soy demasiado estancamiento... necesito paz!... «Entonces insistiendo dulcemente Yo repito a este alma: Un momento vienes, vienes a rogar conmigo: es ahora que Yo necesito ti: no tengas miedo de dejar por mì este descanso, porque Yo mismo seré tu recompensa... Y recibo la misma respuesta!... Pobre alma soñolienta que no puede velar una hora conmigo!... «Almas queridas, aprenden aquì todavìa como sea inùtil y vano buscar alivio cerca de las criaturas. Cuántas veces no encontraréis cerca de de ustedes que un acrecentamiento de amargura porque ellas son dormidas y no corresponden ni a vuestra confianza ni a vuestro amor... «Volviendo a mi ruego, me postré otra vez, adoré a mi Padre, suplicando su ayuda... No dije: «Mi Dios», pero «mi Padre». Cuando vuestro corazón sufre de más, entonces tenéis que también llamarvos Dios vuestro Padre. Suplìcadlo de ayudarvos, expónedle vuestros sufrimientos, vuestros temores, vuestros deseos, y con el grito de vuestra angustia le recordado que sois sus hijas. Décidle que vuestro cuerpo es agotado... vuestro corazón oprimido hasta la muerte... qué el alma semeja experimentar el sudor de sangre. Rógadlo con confianza filial y esperada todo del que hay Padre. él os consolará y os dará la fuerza necesaria para afrontar el apuro y el sufrimiento sea la vuestra sea el de las almas a vosotros confiáis. ¡«Mi alma, triste y consternada, tuvo que soportar una angustia aùn más mortal ya que, bajo el peso de las iniquidades de los hombres, y en repuesto de muchos padecimientos y mucho amor, no vi que ultrajas e ingratitudes! La sangre que me desatascó de todos los poros, y que habrìa vertido de todas mis heridas, habrìa sido inùtil para muchas almas!... muchas habrìan ido perdidas... otras en más gran nùmero me habrìan ofendido... y multitudes enteras me habrìan conocido ni siquiera... Y mi sangre lo habrìa esparcido por todo, y mis méritos habrìan sido ofrecidos a cada uno!... ¡Sangre divina! Mereces infinitos!... inùtiles por muchas y muchas almas!... «Usted, por todo habrìa vertido mi sangre y todo habrìan sido queridas de gran amor... Pero cuánto por cuyo este amor habrìa sido más delicado, más tierno, más ardiente!... De estas almas selectas me habrìa esperado más consuelos y más amor, más generosidades y abnegación... en una palabra, más correspondencia a mi bondad... Vi en aquel entonces muchas entre ellas alejarse de mì... algunos cerrar las orejas a mi voz... otras escucharla sin seguirla... otras corresponder a la llamada por un poco de tiempo, y también con cierta generosidad... luego dormirse poco a poco, diciéndome por fin con sus obras: He trabajado bastante... he sido fiel a mis obligaciones hasta las minucias... he vencido la naturaleza... he practicado la abnegación... ahora necesito un poco de libertad... ya no soy una niña... Muchas renuncias... mucha vigilancia no me hacen falta más... puedo bien dispensarme de aquella cosa que m incómodo, etc... ¡«Pobre alma! Tan pues tù empiezas a dormir?... Dentro de poco volveré y en tu sueño no me sentirás más... te ofreceré mi gracia y tù no la recibirás... ¿Te tendrás la fuerza de despertarte un dìa? No nos es bastante de temer que, quedada asì a largo sin nutrimento, te debilites y ya no pueda salir del letargo?... «Almas queridas, sepan que muchas fueron sorprendidas por la muerte en medio a un sueño profundo... ¿y dónde, y como se despertaron? «Todo esto estuvo entonces presente a mis ojos y a mi Corazón. Qué manera?... Degradar?... preguntar a mi Padre de liberarme de aquella angustia?... Representarle la inutilidad de mi sacrificio por muchas almas?... ¡No, me sometì de nuevo a su santa voluntad y acepté mi copa para agotarlo hasta la hez! «Lo he hecho para enseñarvos, almas queridas, a no retroceder frente al sufrimiento. No la creáis nunca inùtil, aunque no veis de ello el fruto. Sometéis vuestro juicio y dejáis que en os se cumpla la voluntad divina. «Por mì, Yo no quise degradar ni huir. E incluso sabiendo que allá, en aquel jardìn, mis enemigos estuvieron a punto de tomarme, os quedé. «Continuaremos mañana, Josefa: queda a mi disposición para que te encuentres despierta, si necesitara ti». pasada asì una hora en el silencio de la pequeña celda. Josefa, siempre arrodillada, no ha dejado un instante de escribir. Por fin se para y el Maestro, bajándolo mirada sobre de ella, dice: « Besa mis pies y arista en mi paz. Siempre estoy contigo, también cuando no me ves!». Desaparece, pero por poco y la mañana del miércoles 14 de marzo, esta vez sin ningùn preámbulo, continùa: « Después de haber sido confortado por el ángel mandado yo por el Padre, vi acercarse a Judas, uno de mis doce apóstoles, y detrás de él los que tuvieron que capturarme. Fueron armados de bastones y de piedras y estuvieron cargados de cadenas y de cuerdas para adueñarse de mì y atarme. «Me levanté y acercándome a ellos dije: ¿Quiénes buscáis? ¡«Entonces Judas, posándome las manos sobre los hombros, me abrazó! ¿Qué haces, Judas? qué significa este beso?... A cuantas almas podrìa decir: Qué hacéis?... ¿por qué me traicionáis con un beso? «Alma que Yo quiero, que vienes a recibirme y que muchas veces me has repetido de quererme... apenas me has dejado y ya me entregas a mis enemigos!... Bien sayas que en aquella reunión que te atraes se hacen discursos ofensivos por mì y ti que me tienes recibido stamani y que quizás me recibirás mañana... pierdes en aquel lugar la blancura preciosa de mi gracia!... «A un otra diré: ¿Por qué persistes en aquel asunto que te ensucias las manos? No sabes que no es lìcito el medio con que te procuras aquella renta, aquella posición, aquel bienestar?... «Tù me recibes, tù me abrazas como Judas... ¡porque entre algùn instante, dentro de alguna hora, tù darás les desteja a mis enemigos la señal de la que me reconocerán para apoderarse de mì! «También me dirigiré a, alma cristiana, que me traicionas con aquella amistad peligrosa. No sólo me encadenas y tù me lapidas, pero por tu causa también otra persona me traiciona. Porque me entregas asì... mientras me conoces y en varias ocasiones te engreirse de tu piedad y de tu caridad?... Sin duda podrìas recoger un gran mérito... ¿pero en realidad qué soy si no un velo que cubre tu malicia?... «mi Amigo, por qué has venido? ¡Judas, con un beso traicionas al Hijo de Dios, tu Maestro y Señor! El que te quiere y que está listo a todavìa perdonarte!... Tù, uno de los mìos doce!... Tù, uno de aquéllos que han sido a comedor conmigo, y a cuyo Yo he lavado los pies!... «Cuántas veces Yo puedo y tengo que hablar asì a las almas predilectas de mi Corazón!... «Alma amada, por qué te dejas transportar de aquella pasión?... por qué dejas ellas libre curso?... No está siempre en tu poder liberarte de ello: pero Yo no domándote que para combatir, de luchar, de resistir... ¿Qué son los gozos de pocos instantes si no los treinta dinero por los que Judas me traicionó y que ùnicamente sirvieron a su ruina? «Cuantas almas me han vendido y todavìa me venderán por el precio vil de un placer pasajero!... pobres almas... ¿quiénes buscáis? Yo?... Aquellos Jesùs que habéis conocido, que habéis querido!... «Dejáis que os diga estas palabras: ¡Velad y rogáis! sì, trabajáis sin tregua para que vuestros defectos y vuestras inclinaciones no se conviertan en costumbres. «Cada año, a menudo también a cada estación, hace falta segar la hierba de los campos: hace falta arar la tierra para fortificarla y desarraigar de ello las hierbas malas. Asì el alma tiene que vigilar y enderezar con cura sus defectuosas inclinaciones. No es siempre la culpa grave la que abre la calle a los peores desórdenes. Y el punto de salida hacia las caìdas más graves a menudo es una pequeña cosa: un pequeño gozo, un momento de debilidad, una condescendencia, quizás lìcita, pero algo avergonzado, una diversión legìtima en si pero poco conveniente... Y mientras todo esto crece y se multiplica, el alma poco a poco se enceguecerse, la gracia tiene cada vez menos eficacia, la pasión se fortalece y acaba de para triunfar. «Como es triste para el corazón de un Dios que quiere infinitamente ver insensiblemente muchas almas encaminarse al abismo... ¡«Nos paramos aquì, Josefa, por hoy! Recordados que no son tus méritos que atraen verso de ti mi Corazón pero tu miseria y la compasión que tengo por ti!». En la noche siguiente, ya avanzado, Josefa se despierta a la llamada del Maestro. Llévale la cruz, segùn el acuerdo, y sólo dice estas palabras: « Tomas mi cruz y no temas. No superará nunca tus fuerzas ya que la he medido y pesada sobre la balanza del amor. ¿Sayas tù realmente cuanto te quiero? ¿y cuántas quiero las almas? Por ellas Yo me valgo de ti, porque por cuánto pequeña tù seas y por cuánto poco tù valgas, quiero utilizar tu pequeñez conservándote unida a mis méritos y a mi Corazón. «Quedas con mi cruz y sufres por las almas y por mi amor!». Este sufrimiento nocturno asì querido al Corazón de Jesùs y a aquel de Josefa, continùa hasta el alba. En tal modo el Dios prepara el encuentro a que no ha faltado de varios dìas. Apenas ella se encuentra en su celda, la mañana del jueves 15 de marzo, fiesta de las Cinco Llagas, él la alcanza. De pie delante del escritorio cerca del que Josefa se ha arrodillado después de haber renovado los votos, Jesùs le dice como siempre: « Besa la tierra y desentonados!». éste es el acto que debe cada vez reponerla en Sus mam. « Te he dicho, Josefa como las almas que me ofenden gravemente me entregan a mis enemigos para que me dé la muerte, más bien son ellas que se constituyen mis enemigas y el arma del que se sirven contra mì es el pecado. «Pero no se trata siempre de graves caìdas. También hay almas, hasta entre las que he elegido, que me traicionan con sus culpas habituales, las malas tendencias combatidas, las concesiones a la naturaleza immortificata, las faltas a la caridad, a la obediencia, al silencio, etc... Y si mi Corazón sufre por las culpas y las ingratitudes del mundo, cuánto más cuando se trata de las ofensas que le vienen de almas particularmente queridas!... ¡Si el beso de Judas me causara mucho dolor, fue precisamente porque él fue uno de los mìos doce y de él como de los demás esperé más amor, más consuelo, más delicadeza! «De vosotros, elecciones por lugar de mi descanso y jardìn de mis delicias, también de vosotros espero mucho más amor, ternura y delicadeza que no de otras almas que no se han tan ìntimamente unidas!... «A os toca ser el bálsamo de mis heridas, secarme el rostro estropeado y desfigurado, ayudarme a iluminar muchas almas ciegas, que me agarran en la oscuridad de la noche y me atan para conducirme a la muerte. «No me dejadas sólo... Despértadvos y venìs a rogar conmigo, porque ya mis enemigos han llegado. «Cuando los soldados se acercaron para tomarme les dije: «Soy Yo!». Y he aquì las palabras que repito al alma que se acerca al peligro y a la tentación: «Soy Yo». Sì, «soy Yo». Tù vienes para traicionarme y entregarme: ¡no importes! Vienes, porque soy tu Padre y si quieres, todavìa hay tiempo: te perdonaré y en lugar de atarme tù con tus pecados te apretaré Yo con las uniones de mi amor. ¡«Vienes, son el que te quiere, el que ha esparcido su sangre por ti! ¡Tengo compasión de tu debilidad y te espero ansiosamente para recibirte en mis brazos! «Vienes, alma de mi novia, alma de mi sacerdote!... ¡soy la infinita misericordia! No temas, no te castigarás... no te rechazaré... pero te abriré mi Corazón y te querré con mayor ternura... Tu belleza hallada hará la admiración del cielo y mi Corazón se reposará en ti. ¡«Ay! ¡cuál tristeza por mì, cuando después de esta invitación a almas ciegas e ingratas, les me atan y me conducen a la muerte! «Después de que me hubo dado el beso de la traición, Judas salió del huerto y, comprendiendo la enormidad de su delito, se desesperó. «Quién podrá medir mi dolor cuándo vi mi apóstol correr a la perdición eterna?... «Pero la hora vino y, dejando cada libertad a los soldados, me entregué a con la docilidad de un cordero. ¡Me arrastraron enseguida a la casa de Caifa, dónde fui recibido con bromas e insultos y dónde uno de los sirves me dio la primera bofetada! «La primera bofetada... Josefa, compréndalo bien: superó este sufrimiento quizás aquel de los golpes de los flagelos?... no, sin duda, pero en aquella primera bofetada vi entonces el primero pecado mortal de muchas almas hasta en estado de gracia... y después de lo primero... cuánto echa el ancla!... y cuantas almas arrastradas por el ejemplo al mismo peligro... quizás a la misma desdicha: aquel de morir en pecado!... «Mañana continuaremos: en espera pasa hoy el dìa arreglando y rogando para que muchas almas conozcan donde conduce la calle que golpean...». La visita de la Virgen y el regalo de las preciosas gotas de sangre, de que ya hemos contado más sobre, completaron la fiesta de las Cinco Llagas. Pero aquella tarde la Madre celeste no quedó sino pocos instantes con su hijuela, y a su deseo tìmidamente expreso, contestó con estas palabras: «Volveré, y entonces podrás preguntarme todo lo que quieres...»

 

EL ABANDONO DE LOS SUYOS el 16 de marzo de 1923

Haré oìr el mìo les lamento de entonces a mis apóstoles y a mis almas elegidas de hoy!...

(N. Dios a Josefa el 16 de marzo de 1923).

Jesùs precede su santa Madre en la mañana del viernes 16 de marzo y Josefa lo agradece antes del insigne favor del dìa. ¿«Si tù eres fiel a mi amor contesta, seré quizás Yo pego fiel en consolarte? Te preparo otra prueba de amor. Ayer tù has recibido alguna gota de la sangre de mi Corazón, Josefa; hoy te haré compartir el dolor de mis clavos... También te dejaré la cruz, para que tù los puertos el entero dìa y tu amor me consuelas. Te sustentaré, ya que no dejo de quererte. ¡Tù ves que doy de ello las pruebas! Daré de ello muchas otra ancla, hasta el dìa en cuyo te conduciré conmigo en cielo. «Ahora, Josefa, sigue escribiendo por mis almas. «Mis apóstoles me han abandonado!... Pietro solo, movido por curiosidad, pero lleno de temor, se esconde entre los sirves. «Alrededor de mì se encuentran solista falsos testigos, que acumulan mentiras sobre mentiras para atizar la cólera de aquellos jueces inicuos. Aquellos mismos cuyos labios me tienen muchas veces aplaudidas por mis milagros se hacen hoy mis acusadores. Me llaman a perturbador, profanatore del sábado, falso profeta... y la servidumbre, excitada por tales calumnias, profiere contra mì gritos y amenazas. «Y aquì haré oìr de entonces una llamada a mis apóstoles y a mis almas elegidas de hoy: «Dónde estuvisteis, pues, vosotros apóstoles y discìpulos testimonias mi vida, de mi doctrina, de mis milagros?... De todos los de los que esperé una prueba de amor, nadie quedó para defenderme. Sólo me encuentro, acusado más viles delitos, circundado de soldados como de lobos hambrientos... Todos me maltratan... quien me abofetea... quien me reviste de escupitajos inmundos... otros me escarnece... «Y mientras mi Corazón se ofrece a todos este suplicios para liberar las almas de la esclavitud del pecado, Pietro, que constituì a jefe de mi Iglesia, Pietro, que pocas horas antes prometió de seguirme hasta la muerte... Pietro, cuando se presenta la ocasión de darme testimonio, contesta a una simple pregunta con una primera negación. Y como la pregunta se repite y el miedo se apodera cada vez más de él, jura que no me conoció nunca, que fue nunca mi discìpulo!... ¡«Ay, Pietro, tù juras que no conoces a tu Maestro! No sólo jùralo: pero la tercera vez lo reniega con horribles imprecaciones... «Almas selectas... Habéis medido vosotros cuanto sea doloroso para mi Corazón que se inflama y se consume de amor el verse renegado por los suyos?... Cuando el mundo se levanta contra mì, y muchas almas me desprecian, me maltratan y tratan de darme la muerte, mi Corazón volviéndose hacia los suyos no encuentra que aislamiento y abandono... Cuál tristeza y amargura!... «A vosotros, como a Pietro, diré: «Has olvidado las pruebas de amor que te he dado, los vìnculos que a me te aprietan y la promesa tanto veces repetidas de serme fiel y de defenderme hasta la muerte?...». «Si sois débiles, si teméis de ceder al respeto humano, venìs a preguntarme la fuerza de vencervos... No buscáis apoyo en vosotros mismos, pero me recurrìs a con confianza y Mì os sustentaré. «Si tenéis que vivir en el mundo, circundado de peligros y de ocasiones de pecado, no vos expongáis al peligro. ¿Habrìa caìdo Pietro quizás si, resistiendo con ánimo, no hubiera cedido a una vana curiosidad? «Y si vosotros que trabajáis en mi campo y en mi viña, en alguna circunstancia se sentida atraìda a obrar por alguna satisfacción humana: ¡huid! Pero si en cambio trabajáis puramente por obediencia, por mi gloria y la salvación de las almas no teméis... Yo os defenderé y pasaréis victoriosas por cada peligro... «Mientras los soldados me condujeron en prisión, vi a Pietro entre los sgherri y mis ojos se fijaron sobre de él. Incluso él me miró y lloró amargamente su pecado. ¡«Asì fijo mis ojos sobre el alma culpable! Pero se fija ella en su vez?... Se encuentran estas dos miradas siempre?... Cuántas veces mi mirada en vano el suyo busca: ¡este alma no me ve, es ciega! Yo hago dulce presión y no me oye... La llamo por nombre y no me contesta... ¡Trato de despertarla con alguno apuro, y ella no sale de su sueño! «Almas queridas, si ya no miráis el cielo, vosotros seréis aquì abajo como seres faltos de razón. Realzáis al jefe hacia vuestro objetivo, hacia la patria que os espera. ¡Buscad vuestro Dios y siempre lo encontraréis con los ojos fijos sobre de vosotros, y en su mirada la paz y la vida! Hoy nos paramos aquì, Josefa: mañana continuaremos. Quedas con mi cruz y me consuelas!». Ya son transcurridas tres semanas desde que Nuestro Dios ha empezado a revelarle a Josefa los secretos de su pasión de comunicar a las almas. él lo asocia con sus sentimientos con tal fona que la vida de le es de ello todo penetrada sin que nada valgo a distraerla. Ella va, viene, trabaja, se desvela y ruega, sin que el alma sus retretes un instante del retenerse en el recuerdo de aquellos dolores que cada mañana se imprimen en ella. Las noches reparadoras se intercalan en su oferta habitual, recordándolas continuamente que ha sido elegida no solamente para transmitir a las almas un mensaje, pero para cooperar efectivamente a su salvación. Nuestro Dios imprime en cada página de la vida de Josefa la unidad de su misión bajo el dùplice aspecto de vìctima y apostola: éste es el verdadero sentido de su vocación. El 16 de marzo la Virgen, contestando al deseo expresado la vìspera, le va a Josefa una nueva prueba de su amor materno. ¿« Quisiste preguntarme algo? le dice con bondad, acercándose hacia tarde mientras está ocupada a coser. Que deseos?». Josefa querrìa saber rogar Jesùs en el modo más agradable al Corazón divino. « Te lo enseñaré la Madre celeste contesta. Subes en tu celda y allá escribirás!». Apenas ha entrado en su cameretta, la Virgen la alcanza: «Lo que más le gusta a mi Hijo empieza a decir es el amor y la humildad. Por tanto escribes: ¡«O mi dulce y querido Jesùs, si tù no fueras mi salvador no osarìa venirte a! Pero tù eres mi salvador y mi novio, y tu Corazón me quiere con tierno y ardiente amor, como ningùn otro corazón es capaz de querer. «Querrìa corresponder a este amor que tù tienes por mì y querrìa tener por ti, que eres mi ùnico amor, todo el ardor de los serafini, la pureza de los ángeles y las vìrgenes, la santidad de los beatos que tù posseggono y te glorifican en cielo. Y si pudiera ofrecerte todo esto, todavìa serìa demasiado poco para alabar tu bondad y tu misericordia. Por tanto te presento mi pobre corazón, tal como es, con todas sus miserias, las debilidades y los buenos deseos. Se dignados de purificarlo en la sangre de tu Corazón, transformarlo, inflamarlo tù destejo de un amor puro y ardiente. En tal modo esta pobre criatura, incapaz de cada bien y capaz de cada mal, te querrá y te glorificará como los serafini más inflamados del cielo. ¡«Te suplico, por fin, dulce Jesùs, de dar a mi alma la santidad misma de tu Corazón, o mejor de sumergirla en tu Corazón divino para que en ello te quieres, sìrvete, te glorificas y en él se hunde por toda la eternidad! «Te pregunto esta gracia por todas las personas que anzuelo. Ellas puedan darte por mì la gloria y el honor de que mis ofensas te han privado...». Entonces Josefa se arriesgó a preguntarle a esta Madre tan buena un giacuiatoria de poder repetir durante el trabajo: « Le repites estas palabras que le harán gustar: ¡O mìo novio que también eres mi Dios, haga que mi corazón sea una llama de puro amor por ti! «Y cada tarde, antes de dormirte te continùa le repetirás este ruego con mucho respeto y confianza: «Tù conociste mi miseria antes de fijar tus ojos sobre de mì y ti no has apartado de ella tu mirada... más bien, a causa de ella me has querido con amor todavìa más tierno y delicado. ¡«Te pregunto perdono de tener hoy mucho dolor correspondido a tu amor! ¡Te suplico de perdonarme y de purificar mis acciones en tu sangre divina! Tengo un vivo dolor de tenerte ofendido porque eres infinitamente santo. Me arrepiento de todo corazón y te prometo de hacer lo posible para no recaer en las mismases culpas. «Luego, mi hija, dormidos en paz y con alegrìa». Un dìa Jesùs hará eco a la delicadeza de su la Madre. Adelantamos el cuento del hecho, transportándonos al 26 agosto de este ùltimo año 1923, para completar la historia de esta divina condescendencia. ¿« Josefa Nuestro Dios dirá la tarde de aquel dìa, es justo verdadero que deseas alguna palabra que pueda hacer gustar a mi Madre? «Escribes pues lo que te diré: «Entonces con voz ardiente e inflamada y más bien entusiasta ella dice, pronunció este ruego: « Madre tierna y amante, Virgo prudente, que eres la Madre de mi Redentor, te saludo hoy con el más filial amor con que pueda quererte un corazón de hija. «Son tu hija, y, como mi impotencia es mucho adulto, tomaré los ardores del Corazón de tu divin Paro: ¡con le te saludaré como la más pura de las criaturas, ya que has sido formada segùn los deseos y los atractivos del Dios tres veces san! «Concebida sin mancha de pecado original, eximida por cada corrupción, tù siempre has sido fiel a los movimientos de la gracia y a tu alma se ha enriquecido asì de tales méritos que elevarse por encima de cada criatura. ¡«Electa para ser la Madre de Jesùs Cristo, tù lo has custodiado como en un santuario refino y el que vino a dar la vida a las almas en ti él ha tomado destejo la vida y de ti ha recibido su alimento «Virgo incomparable! ¡Virgo inmaculado! ¡Delicia de la Santa Trinidad! Admirada de los ángeles y de los san, tù eres la alegrìa del cielo. ¡«Estrella mañana, rosal florido de primavera, azucena cándida, lirio delicado y gracioso, violeta bienoliente, jardìn labrado y reservado para deleitar al Rey del cielo! ¡Tù eres mi Madre, Virgo prudente, arca preciosa donde están encerradas todas las virtudes! ¡Tù eres mi Madre, Virgo potente, Virgo clemente, Virgo fiel! ¡Tù eres mi Madre, me amparo pecadores! Te saludo y me alegro a la vista de tales regalos que te ha concedido lo omnipotente y de muchas prerrogativas de que te ha coronado. ¡«Eres

bendecida y alabada, Madre de mi Redentor, Madre de los pobres pecadores! ¡Ten piedad de nosotros y nos cubres con tu protección! «Te saludo en nombre de todos los hombres, de todos los san, de todos los ángeles. ¡Querrìa quererte con el amor y los ardores de los más inflamados serafini, y eso todavìa serìa demasiado poco para satisfacer mis deseos y tributarte eternamente una alabanza filial, constante y refina! ¡«O Virgo incomparable, benedicimi porque soy tu hija! ¡Bendices a todos los hombres! Protégelos, ruega por ellos el que es omnipotente y que no puede rechazarte nula. ¡«Adiós, Madre tierna y querida! Te saludo dìa y noche, en el tiempo y en la eternidad!». «Ahora, Josefa, puede alabar a la Madre con las palabras del Hijo y el Hijo con las de la Madre». «Nunca J6sefa dirá, el Corazón de Jesùs me apareció asì bonito, y su voz asì llena de ardor y de entusiasmo!». DE LA PRISIÓN A. LA FLAGELACIÓN 1721 de marzo 1923 Ojeadas mis heridas y consideradas si hay alguien que tenga mucho atormentado para probarvos su amor!... (N. Dios a Josefa el 21 de marzo de 1923). «Veintidós años hace Josefa escribe el sábado el 17 de marzo de 1923, Jesùs me hizo oìr por la primera vez su voz, mientras que estaba preparándome a la primera Comunión. «Le recordé este fecha en mi agradecimiento, cuando me apareció repentino, guapìsimo, con una tùnica que pareció de oro y el Corazón tan inflamado que no lo sé describir!». « Josefa, Yo te dije entonces: «Quiero que tù seas toda mìa». Hoy puedo decirte: «Tù eres toda mìa!». Entonces te preparé para atraerte alyo Corazón: ¡ahora tù eres prisionera de este Corazón! Vienes, le entra en él ya que es tu casa!». Entonces su Corazón se abre y Josefa os penetra. «Me he encontrado como en cielo dice. He creìdo de ya no vivir sobre la tierra!...». Estos instantes de inefable felicidad no duran muy, y cada vez que gusta de ello la fuerza y la paz ella sabe que no estoy sino una parada entre dos etapas. ¡Asì fue dispuesto por Dios! Después de pocas horas se encuentra donde a su sitio a Jesùs la alcanza para continuar junto sobre el camino de sus dolores. « Me contemplas en la prisión donde pasé gran parte de la noche. Allá los soldados, uniendo palabras y actos, vinieron a insultarme, burlarme, ultrajarme, golpearme al jefe y toda la persona... «Por fin cansados me dejaron solo y atado en aquel lugar oscuro y hùmedo. Por silla me dieron una piedra sobre el que mi cuerpo entumecido quedó pronto se aterido por el frìo. «Ahora confrontamos la prisión con el tabernáculo, y sobre todo con el corazón de quién me recibe: «En la prisión no pasé sino una parte de la noche, pero en el tabernáculo... ¿cuánto dìas y cuantas noches? «En el prigone fui insultado y maltratado por los soldados que fueron mis enemigos... en el tabernáculo cuántas veces me maltratan y me insultan almas que me llaman a padre!... pero qué se comportan asì poco de hijos!... «En la prisión soffersi frìo, sueño, hambre, sed, dolor, vergüenza, soledad, abandono... Y vi en el curso de los siglos muchos tabernáculos en que me serìa faltado el refugio del amor... muchos corazones helados que serìan por mi cuerpo herido y entumecido como la dura piedra de la prisión!... «Cuántas veces habrìa esperado que este alma, aquel otro, viniera a visitarme en el tabernáculo o a recibirme en su corazón!... Cuánto noches habrìa pasado deseando su llegada... Pero ella se deja dominar de sus ocupaciones, de su indolencia o del temor que su salud padezca da... y no viene. ¡«Te esperé para extinguir mi sed y para consolar mi tristeza, y tù no has venido! «Cuántas veces, también, habrìa tenido hambre de almas: de su fidelidad, de su generosidad. ¿Sabrán ellas saciar mi hambre angustiosa con aquella pequeña victoria sobre el amor propio? ¿con aquella ligera mortificación? ¿Sabrán aliviar mi tristeza con su ternura y su compasión? Cuando algùn momento más doloroso venga por su naturaleza... cuando tendrán que soportar sufrimiento cualquiera... un olvido... un desprecio... una adversidad... una estrechez de alma o familia, sabrá decirme con el corazón: «Te ofrezco este para endulzarte la tristeza, para hacerte compañìa en la soledad?». ¡Ay! si ellas se unieran asì a, con cuanta paz afrontarìan las dificultades, como saldrìa fortificada su alma y como mi Corazón serìa consolado de ello y levantado!... «En la prisión algunas palabras obscenas proferidas contra me me cubrieron de confusión, y tal dolor todavìa se acrecentó al pensamiento que parecidas palabras habrìan salido un dìa de labios queridos!... «Y mientras manos sucias descargaron sobre mi cuerpo golpes y bofetadas, Yo a menudo me vi golpeado y abofeteado asì por almas que me habrìan oprimido bajo los golpes repetidos de sus pecados habituales y permitidos!... «Por fin en la prisión, cuando me empujaron y me hicieron caer a tierra atada y falto de fuerzas, vi muchas almas preferirme un dìa las mismas satisfacciones, encadenarme con sus ingratitudes, rechazarme y renovar mi caìda dolorosa alargando mi soledad... ¡«Almas selectas! ¡acércadvos a vuestro novio en la prisión; te contemplas él en aquella noche mucho dolorosa, consideradas que aquel dolor todavìa se dilata en el aislamiento de muchos tabernáculos y en el hielo de muchos corazones! ¿«Queréis testimoniarme vuestro amor? Déjadme vuestro corazón para que haga de ello mi prisión. «Me atadas con las cadenas de vuestro amor. «Me revestìs con vuestra delicadeza. «Me saciadas con vuestra generosidad. «Me dadas que beber con vuestro celo. «Consoláis mi tristeza con la fidelidad de vuestra presencia. «Sacáis mi penosa confusión con vuestra pureza y rectitud de intención. «Si queréis que en os descansó, preparáis mi cama de descanso con actos de mortificación. Sometéis vuestra imaginación y calmáis el alboroto de las pasiones... Pues, en el silencio de vuestro el alma, vosotros udrete mi voz que os dirá suavemente: «Mi novia, tù eres hoy mi descanso: ¡Yo seré el tuyo por la eternidad! ¡Me has custodiado con mucha vigilancia y amor en la prisión de tu corazón, que mi recompensa no tendrá lìmites! No añores nunca los sacrificios que habrás hecho por mì durante la vida... «Nos paramos aquì, Josefa. Deja que transcurra este dìa en la prisión de tu corazón. Le haces en ella gran silencio, para oìr bien mis palabras y corresponder a los deseos que te manifestaré». Tres dìas pasan después de esta contemplación, no sin irle a Josefa la gracia de los apuros a través de la que tiene que hacer compañìa al divin Prisionero. Ella echa el ancla no se ha dado cuenta de éste deletreo que semejarìa tenerles que sólo procurar dulzuras. Pero el amor que reclama a su Maestro quedará hasta al final amor fuerte, nutrido de luchas, de humillaciones, de sufrimientos. «Y buena cosa le dijo un dìa la Virgen, que tù quieres sin sentirlo y sin saberlo». ésta es la lección que no dejarán de impartir a las almas elegidas para hacer de ello los instrumentos de la misericordia infinita y el amor redentor durante toda la historia de Josefa Jesùs y su celeste Madre. La tarde de martes 20 de marzo, mientras Josefa está tendiendo en jardìn la ropa, encuentra de repente el Dios, que, mirándola con compasión, le dice: « Subes a celda; quiero que tù escribas!». Os llega apenas, Jesùs aparece. Entrega sobre el jefe la corona de espinas. Ella lo suplica de darsela. «Usted, te la da con gran amor, cógela y escribimos por las almas: «Después de haber dado una gran parte de la noche en la prisión hùmeda, oscura, sórdida... después de haber soportado los esquemas y los ultrajes de los soldados... los insultos y las injurias de aquellas chusmas deseosas de saber cuál habrìa sido mi suerte... cuando mi cuerpo ya se sintió agotado de fuerzas por muchos tormentos... escucha, Josefa, los deseos ardientes de mi Corazón: lo que me consumió de amor y me encendió en mì una nueva sed de dolores fue el pensamiento de muchas y muchas almas que Yo tendrìa en fin atraìdo a seguir mis huellas. «Le vi, fieles imitadoras de mi Corazón, aprender no sólo de ello la dulzura, la paciencia y la resignada aceptación de los sufrimientos y los desprecios, pero también el amor de los mismos que las habrìan perseguido. Le vi llegar por mi amor hasta sacrificarse como por ellos Yo mismo me sacrifiqué por la salvación de los que me trataron asì... «Le vi, sustentada por mi gracia, corresponder a mi llamada, abrazar el estado de perfección, cerrarse en los claustros, atarse de él mismos con los vìnculos del amor, renunciar a cada cariño legìtimo, reprimir con ánimo las revueltas de la naturaleza, dejarse juzgar, aceptar de ser despreciadas; difamáis, y fincas por insensatas... y por todo eso custodiar su corazón ìntimamente unido a su Dios y Señor. «Asì, entre los ultrajes y a los infames maltratos, el amor me consumió del deseo de cumplir la voluntad del Padre mi y mi Corazón, estrechamente unido a él en aquellas horas de soledad y dolores, se ofreció para arreglar de ello la gloria. ¡«Asì vosotros, almas religiosas que vivìs en la prisión elegida por el amor, y que más de una vez pasáis a los ojos de los hombres como a seres inùtiles y también nocivos, no temáis! en tal soledad y en aquellas horas dolorosas, dejáis que el mundo se levanta contra vosotros... Vuestro corazón se una más ìntimamente a Dios... ùnico objeto de vuestro amor, y arregláis su gloria ultrajada por muchos pecados!... «Al alba del dìa siguiente Caifa ordenó que me condujeran de Pilatos, porque él pronunciara contra mì la sentencia de muerte. «Amontonado me interrogó con sagacidad, esperando encontrar verdadero motivo de condena, pero no encontrando de ello alguno, sintió bien pronto su conciencia asustada por la injusticia que estuvo a punto de cometer. Asì, para deshacerse de mì, mandó que me condujeran de Herodes. «Amontonado es el tipo de aquellas almas que, animadas entre las mociones de la gracia y aquellos de sus pasiones, se dejan dominar del respeto humano y de un excesivo amor propio. Se encuentran de frente a una tentación u ocasión peligrosa?... se enceguecerse de él mismos y razonan hasta resignarse poco a poco que no hay ningùn mal o peligro, que tienen bastante discernimiento para juzgar y no necesitan ningùn consejo. Ellas temen de aparecer ridìculas a los ojos del mundo, faltan de energìa para vencerse y, despreciando la gracia, caen de una ocasión a la otra y acaban, como Pilatos, para darme en las manos de Herodes. «Si se trata de almas religiosas, quizás no sea cuestión de una ocasión de pecado grave: pero para resistir harìa falta aceptar una humillación, soportar una adversidad... Y si, en lugar de seguir la inspiración de la gracia y de descubrir lealmente la tentación, este alma le interroga mismo y se resigna no servos alguna razón de alejarse de aquel peligro y de negarse aquella satisfacción, ella les caerá pronto en un peligro más grave como Pilatos, se enceguecerse, perderá el ánimo de actuar con rectitud, y poco a poco, quizás también rápidamente, ella incluso me entregará a Herodes». Aquì Jesùs se para y dirigiéndole a Josefa: « Arista en mi paz y en la convicción de tu miseria y el tuyo nada. ¡Basta ya asì poco para turbarte! Pero no temas de nada: mi misericordia y mi amor son infinitamente más grandes que tu miseria, y tu debilidad no superará nunca mi fuerza». éste siempre es la doctrina que Jesùs no se cansará nunca de inculcarle, porque quiere a través de ella hacerla entender a las almas de que conoce sin duda la miseria, pero cuyas humilde confianza y la atrevida voluntad atraen su Corazón. No tarda a hacerles entender que nada obstaculiza sus dibujos, y que la debilidad de no le impide de ello la ejecución que por un instante. A las once por la tarde él le aparece. No entrega pero a la cruz y Josefa se agita, «... porque ella escribe, la noche siempre viene con la cruz, y luego las Madres me han permitido de esperarlo solamente a aquella hora para consolarlo... Yo mismo no deseo mi descanso pero el suyo!». Jesùs se complace con estas protestas muy simples y verdaderas de un amor que él conoce. « No temer dice, dónde soy Yo, la cruz me acompaña». Y enseguida ella prueba de ello el terrible peso sobre sus hombros. Jesùs continùa: «La entrega con mucho amor y respeto por la salvación de muchas almas en peligro». Después de un instante de silenzo qué transcurre en una actitud de ardiente sùplica, invita a Josefa a unirse a su ruego y lentamente pronunciación estas palabras: «Le ofreces a mi eterno Padre los tormentos de mi pasión por la conversión de las almas. Repites conmigo: ¡«O mi Padre! ¡Padre celeste! ¡mira las llagas de tu el Hijo y se dignados de recibirla para que las almas se abran a la gracia! «Los clavos que le traspasaron las manos y los pies traspasen los corazones acartonados y la sangre de se los conmueva y ellos empuje al arrepentimiento. ¡«El peso de la cruz sobre los hombros de Jesùs, tu divin Paro, consigue a las almas de librarse sus delitos en el tribunal de penitencia! «Te ofrezco, o Padre celeste, la corona de espinas de tu Hijo querido, y por el dolor que le causó haces que las almas se dejen penetrar de verdadera contrición de sus culpas. «Te ofrezco, o Padre, Dios de misericordia, el abandono de Jesùs sobre la cruz, su sed y todos sus tormentos, para que los pecadores hallen el consuelo y la paz en el dolor de sus pecados. «Por fin, o Dios lleno de compasión, por aquella perseverancia con cuyo Jesùs, tu divin Paro, te rogó por sus crocefissori mismos, te pregunto y te suplico de conceder a las almas el amor de Dios y lo próximo y la perseverancia en el bien. «Y como los tormentos de tu Hijo querido han tenido término en la eterna beatitud, asì los sufrimientos de los que hacen penitencia sean coronados eternamente con el premio de tu gloria!». «Ahora, Josefa, custodia mi cruz, arista unida a mis sufrimientos y le presenta continuamente al Padre las llagas de su Hijo». Todavìa transcurren pocos instantes y luego Jesùs desaparece, dejándola bajo el peso de la cruz. La mañana del 21 de marzo, miércoles de Pasión , él retoma el argumento del dìa anterior: « Sigue escribiendo, Josefa: «A todas las preguntas de Pilatos no contestó nada, pero cuando me preguntó: "Eres el Rey de los Judìos"?, entonces solemnemente, en la plenitud de mi responsabilidad, contestó: «Tù lo has dicho: Yo soy Rey, en cambio, mi reino no es de este mundo». «Asì el alma tiene que contestar con energìa y generosidad cuando se presenta la ocasión de vencer el respeto humano, de aceptar el sufrimiento o la humillación, que podrìa evitar fácilmente: «No, mi reino no es de este mundo», y por lo tanto no busco el favor de los hombres. Yo desdoblo a mi verdadera patria, donde me esperan descanso y felicidad. En esta vida no tengo que preocuparme de la opinión del mundo, pero sólo de cumplir fielmente mi deber. Si por éste tengo que padecer humillaciones y sufrimientos no indietreggerò. Escucharé la voz de la gracia, dejando que se apague el grito de la naturaleza. Si no soy capaz de vencer solo, preguntaré fuerza y consejo, porque sé cuánto a menudo el amor propio y la pasión traten de cegar el alma para empujarla sobre la calle del mal. «Amontonado pues, dominado del respeto humano y del temor de asumir la misma responsabilidad, mandó que me llevaran de Herodes. éste fue un hombre corrompido, que no buscó que para satisfacer sus pasiones desordenadas. él se alegró de verme delante de su tribunal, esperando entretenerse de mis palabras y de mis milagros... ¡«Pensáis cuanta repulsión probé delante de aquellos vicioso, cuyas preguntas, los gestos, la actitud me cubrieron de confusión! ¡«Almas puras y virginales, vengan a circundar a vuestro novio! Escucháis los falsos testimonios que se hacen contra mì. ¡Mirad la sed implacable de aquella muchedumbre ávida de escándalos y que me he convertido en el hazmerreìr! «Herodes espera que Yo conteste a sus sarcásticas interrogaciones para justificarme y defenderme, pero mi boca no se abre y conservo delante de él el más profundidad silencio. Este mismo silencio es la prueba de mi dignidad real, ya que aquellas palabras obscenas no merecen menciónse con las mìas refinas!... «Mientras tanto mi Corazón estuvo ìntimamente unido al Padre celeste. Me consumì del deseo de dar a las almas que anzuelo mucho mi sangre hasta la ùltima gota. El pensamiento de todas aquéllas que me habrìan seguido un dìa, atraìdo de mi ejemplo y de mi liberalidad, me inflamó de amor. No sólo me alegré durante aquel interrogatorio terrible, pero deseé de correr al suplicio de la cruz. ¡«Después de haber padecido las más atroces infamias en el más perfecto silencio, dejé que me trataran de loco! Bañado de un vestido blanco en señal de escarnio, le fui reconducido a Pilatos entre los gritos de la multitud. ¡«Ves hasta que pica a este hombre es asustado y agitado! No sabe que hacermì de, y para intentar calmar la sed de este pueblo que pregunta mi muerte, manda flagelarme. «Tal es el alma que falta de ánimo y de generosidad para romperla enérgicamente con las exigencias del mundo, de la naturaleza, de las pasiones. En lugar de mirar en haga la tentación y de tronchar de las raìces (lo preguntarìa como la conciencia), lo que entiende no venir del buen espìritu, ella cede a un pequeño capricho, se concede una ligera satisfacción. Si permite a vencerse en un punto, capitula en otro que exigirìa esfuerzo mayor... Si se mortifica en ciertos casos, es titubeante en muchos otros en los que, para quedar fiel a la gracia u obedecer a la regla, serìa necesario negarse muchas pequeñas cosas que alimentan la sensualidad y gustan a la naturaleza. «Ella se concede mitad de un capricho, mitad de lo que le pregunta la pasión y asì acalla los remordimientos de la conciencia. «Se trata, por ejemplo, de divulgar un defecto que cree de haber descubierto en lo próximo. No es la caridad fraterna y tampoco la rapidez por el bien que las inspiran tal deseo sino una pasión escondida, un oculto movimiento de envidia. La gracia y la conciencia le hacen oìr un grito de alarma y lo advierten del espìritu que la guìa y de la injusticia que está a punto de cometer. Sin duda este alma tiene un primero momento de lucha, pero la pasión mortificada las saca bien pronto la luz y el ánimo para rechazar la sugestión diabólica. ¡Entonces estudia el medio de callar solamente una parte de lo que sabe, pero no todo! Y excusa él mismo diciendo: «Necesita bien que lo se sepa... yo no diré sino una palabra... etc... ¡«Y asì tù me entregas, como Pilatos, porque sea flagelado! Bien pronto esta pasión te arrastrará a completar su obra. No creas de extinguir en tal modo su sed!... Hoy has dado este paso: mañana irás más adelante!... Y si tù has cedido en una pequeña ocasión, cuanto más cederás de frente a una tentación más grave!... ¡«Ahora contempláis, almas queridas de mi Corazón, como Yo me dejo conducir con la dulzura de un cordero al terrible suplicio de la flagelación! «Sobre mi cuerpo contuso por los golpes y agotado de fatiga los verdugos descargan con el más cruel frenesì sus varas y sus látigos... todos mis huesos son desplazados en el más terrible dolor... innumerables heridas me torturan... jirones de mi carne vuelan por aire extirpado por las varas... ¡la sangre desatasca de todos mis elementos, y Yo estoy bien pronto reducido a un estado tan lastimoso que tengo ni siquiera la apariencia de un hombre! ¡«Ay! ¿podéis contemplarme en este océano de amargura, sin que vuestro corazón se mueva a compasión? ¡«No son los verdugos que yo debbono consular sino vosotros, almas, que he elegido para aliviar mi dolor! «Contempláis mis heridas y consideradas si hay otro que tenga mucho atormentado para demostrarvos su amor!...». Luego, dirigiéndole a Josefa, Jesùs continùa: «Me contemplas, Josefa, en este estado de infamia». Luego queda en silencio, y ella levanta los ojos sobre su Maestro. Lo ve allá, en la condición lacrimosa en que lo ha reducido la flagelación. A largo él la tiene como obsesión en aquella dolorosa contemplación para imprimirla para siempre en su alma. «Me dices retoma por fin, si éste mi herìs no te infundirán la fuerza de vencerte y de resistir a las tentaciones?... «Me dices si no os encontraras la generosidad para sacrificarte y entregarse todo a mi voluntad?... «Sì, Josefa, contémpleme y dejados conducir de la gracia y del deseo de consolarme en este estado de vìctima. «No temer, tu sufrimiento será nunca no paras a la mìa!... y por todo lo que te preguntaré, mi gracia te asistirá. «Adiós. Siempre tenme asì delante de los ojos!». Y Jesùs desaparece. Josefa queda immobilé, con los ojos cerrados en una expresión de indecible emoción imprimida sobre la cara. Un silencio impresionante la circunda: ¡algo de asì sublime se ha cumplido en aquella celdilla! Jesùs ha recordado a las almas que «no ha sido para reìr» ch'Egli las ha querido y que el «su amor es un amor terriblemente serio». A poco a poco ella vuelve en si: grandes lágrimas le desatascan de los ojos, no puede hablar, sin embargo comprende que no está sino el instrumento de un mensaje, la testigo de los excesos del amor y que las almas tienen derecho al Mensaje de este amor infinito... Por tanto retoma la pluma y, con mano todavìa temblorosa, lo que escribe sigue: «él estuvo en el estado en que lo ha reducido la flagelación, y este visa me ha llenado de una compasión tal que me parece que tendrìa ya el ánimo de sufrir cualquier cosa hasta al final de mi vida. «Ningùn dolor podrá igualarse nunca al suyo!... «Lo que me tiene más impresionado han sido sus ojos, que soy asì habitualmente belli y cuya mirada dice muchas cosas al alma. Hoy fueron cerrados, muy hinchados, ensangrentados, especialmente el ojo derecho. El pelo lleno de sangre recayó sobre el rostro, sobre los ojos, sobre la boca. Estuvo de pie, pero curvo, atado a algo, pero yo pude divisarlo solamente. Sus manos fueron atadas la una a la otra al cinturón y a mantas de sangre; la persona surcada de heridas y de manchas oscuras, las venas de los brazos muy hinchados y negruzcos. Del hombro izquierda colgó un jirón de carne, próximo a apartarse y asì en bastantes partos del cuerpo. Sus vestidos le estuvieron a los pies, rojas de sangre. Una cuerda, muy apretón, sustentó al cinturón no un trozo de tela de que se podrìa decir el color, tanto fue ensangrentado!...». Luego Josefa se para, impotente a escribir: «No puedo decir exactamente en cuál estado lo he visto, ya que no logro expresarme!». Todo el dìa transcurre en el recuerdo indecible de cuyo Josefa lleva la huella sobre la cara. Nient'altro, sin embargo, traiciona fuera asì esta vida interior consumante. Quién podrìa imaginar nunca, en aquellos miércoles de pasión, que Nuestro Dios se digna manifestar en tal modo los suyos torturas al más escondido de sus novias?... Pero su divina mirada ya ella divisa detrás de muchas y muchas almas que leerán en estas rayas la prueba del amor infinito y su fe, reanimadas a la vista de muchos dolores, os sacará, como Josefa, el ánimo de una respuesta que ningùn sacrificio puede parar.

 

DE LA CORONACIÓN DE ESPINOSOS A. LA DESESPERACIÓN DE JUDAS el 2225 de marzo de 1923

¡Almas que quiero, consideradas cuidadosamente los sufrimientos de mi Corazón!

(N. Dios a Josefa el 24 de marzo de 1923).

Ya de varios dìas la Virgen ya no ha intervenido sobre el camino de Josefa, pero he aquì que le lleva la cruz la noche del 21 al 22 de marzo. «Me fui despertada escribe, de un ligero ruido y enseguida la vi vecina a mi cama: tuvo la cruz apoyada al brazo derecho». «Sì, mi hija, es Yo, que vengo a confiarte la cruz de Jesùs. Hace falta consolarlo porque muchas almas lo ofenden. Sobre todo uno colma su Corazón de amargura!». Por tanto, después de las haber recordado que el primero y grande medio de reparación es de dejarle a Jesùs la libertad de hacerella de todo lo que quiere, añade: « Ahora custodias esta alhaja tesoro, y ruega por las almas». Este ruego por las almas, empezadas bajo la cruz, continùa en los dolores del abismo infernal, en cuyo de algùn tiempo cada noche ella completa en si «lo que falta a la pasión de Cristo». El jueves 22 de marzo, hacia las nueve de la mañana, Jesùs la alcanza en el momento en que está a punto de dejar la celda. « Besa la tierra le dice y dejados penetrar de las palabras que mi Corazón quiere confiarte». Josefa se postra a tierra; luego, alzándose, se pone a transcribir rápidamente las confianzas que fluyen de los labios del Maestro. «Cuando los verdugos estuvieron cansados de golpearme, entrelazaron una corona de espinas, la antepondré sobre mi jefe y desfilaron delante de mì diciendo: «Rey, nos te saluda!...». él un me insultaron, los otros me golpearon la cabeza, y cada añadió un nuevo dolor a los que agotaron ya mi cuerpo... ¡«Me contempladas, almas que quiero, condenado por los tribunales, abandonado a los insultos y a las profanaciones de la muchedumbre, remitido al suplicio de la flagelación y, como si todo eso no bastara a reducirme al estado más humillante, coronado de espinas, cubierto de un harapo escarlata, saludado como rey de burla, estimado loco! «Sì, Yo, el Hijo de Dios, el sostén del universo, ha querido aparecer como a los ojos de los hombres él ùltimo y el más despreciable de todo. Lejos del huir la humillación, la ha abrazado, para expiar los pecados de orgullo y para arrastrar detrás de mi ejemplo las almas. «Permitì que mi jefe fuera coronado de espinas y sofrió para arreglar los pecados de muchas almas soberbias que rechazan de aceptar lo que las baja a los ojos de las criaturas. «Toleré que mis hombros fueran cubiertos por una capa de escarnio, y de ser considerado locas, para que muchas almas no titubeen a venir detrás de mì, en una calle que el mundo juzga vil y baja y que quizás también a ellos puede parecer indigna de su condición. ¡«No, ninguna calle, ninguna condición, es vil y humillante cuando se trata de hacer la divina voluntad! «Todo vosotros que interiormente os sentìs llamados a este estado no resistìs, no buscáis con vanas y orgullosas razones de hacer la voluntad de Dios, incluso la vuestra siguiendo. No creáis de encontrar paz o felicidad en una condición más o brillante a los ojos de las criaturas. No os la encontraréis que en la sumisión a la voluntad de Dios y en el lleno cumplimiento de todo lo que pregunta de vosotros... «También hay en el mundo muchas almas que tratan de arreglar aquì abajo su futuro... Quizás la una o lo otra se siente inclinada por una oculta atracción hacia alguien en que ella ha descubierto las calidades, el honor, la fe y la piedad, en una palabra, todo lo que contesta a su necesidad de querer. Pero he aquì que su espìritu se deja apoderarse del orgullo. Sin duda los deseos del corazón serìan satisfechos por este lado pero no la vana ambición de resplandecer a los ojos del mundo. Entonces este alma se vuelve para buscar en otro lugar lo que las atraerá de más la atención de las criaturas haciéndola comparecer exteriormente más rica y más noble. ¡Ay! cuánta este alma se enceguecerse conscientemente!... ¡No, ciertamente ella no encontrará la felicidad que busca en este mundo, y Dios quiera que después de ser puesta él en asì grave peligro pueda encontrarla en el otro! ¿«Y que decir de muchas almas que Yo llamo a la calle de la perfección y el amor, y que se comportan como si no entendieran mi voz? «Cuantas ilusiones en las que se dicen listas a hacer mi voluntad, a seguirme y a unirse a!... y qué sin embargo le hunden en mi jefe las espinas de la corona!... «Estas almas que Yo deseo como novias las conozco hasta las más ìntimas fibras del corazón... y queriéndolas como Yo las quiero, con una delicadeza infinita, las atraigo allá dónde, en mi sabidurìa, sé que encontrarán los medios más seguros para llegar a la santidad. Allá Yo les descubriré mi Corazón, allá les me darán el mayor amor y el mayor nùmero de almas que sea posible. ¡«Pero cuantas resistencias y desilusiones! Cuánto almas, cegadas por el orgullo, de la necesidad desordenada de consideración, del deseo de satisfacer la naturaleza y la mezquina ambición de ser alguien... se dejan ilusionar de razonamientos infundados y, por fin, rechazan de encaminarse por la calle que el amor las trazó. ¿«Almas ch'Io tuve elecciones, creéis vosotros que siguiendo vuestros gustos podáis darme la gloria que Yo esperé de vosotros? ¿Creéis cumplir mi voluntad resistiendo a mi gracia que os empuja a entrar en esta calle que vuestro orgullo rechaza? ¡«Ay! Josefa, cuantas almas cegadas por el orgullo!... ¡Querrìa que tù multiplicaras hoy los actos de humildad y sumisión a la voluntad divina, para conseguir que muchas almas se dejen conducir en la calle que Yo ellos preparo con mucho amor! «Mañana insistiremos de nuevo sobre este punto esencial». La mañana del 23 de marzo, viernes de pasión, Josefa está esperando al Maestro, pero él tarda a venir. Usted es repuesta a coser cerca del escritorio donde el cuaderno ya se encuentra abierto. De repente Jesùs aparece: « Josefa, me espera?». «sì, « O mi Dios», contesta. mucho tiempo que estoy aquì, pero tù no me viste. Besa la tierra y también besa mis pies. Seguiré explicando como a las almas ellas se dejen engañar del orgullo. «Coronado de espinas y revestido del manto de pùrpura, los soldados me recondujeron a Pilatos, cubriéndome a cada paso de gritos, de insultos, de esquemas... «Amontonado, no encontrándome en mì ningùn delito digno de castigo, me interrogó de nuevo y me preguntó por fin porque callara, mientras supe el lleno poder que él tuvo sobre de mì. «Entonces, rompiendo el silencio, dije: «Tù no tendrìas ningùn poder sobre de mì, si no te hubiera sido dado por lo alto, pero necesita que se cumplan las Escrituras!» y callando de nuevo, me abandoné... «Amontonado, agitado por la advertencia recibida por la mujer, oscilante entre el remordimiento de la conciencia y el temor de ver la muchedumbre desatada sublevarse contra él si se hubiera negado de condenarme a muerte, me presentó a las turbas en el piadoso estado en que me redujeron y propuso de liberarme, condenando en lugar a mi Barrabás, que fue célebre ladrón. Pero la muchedumbre gritó enfadadamente con una sola voz: «Que muera!... Queremos que muera y Barrabás sea liberado». «Vosotros que me queréis, consideradas como fui puesto en comparación con un malhechor... o mejor como me bajaron debajo del más perverso de los hombres!... Oìs los gritos de furor que levantan contra mì preguntando mi muerte. «Lejos del huir esta afrenta, lo abrazó en cambio por amor de las almas, por vuestro amor. Quise demostrarvos que no sólo este amor me condujo a la muerte, pero al desprecio, a la infamia, al odio de aquellos mismos por el que mi sangre habrìa sido esparcida en mucha abundancia. «Me han tratado de perturbador, de insensato, de loco, y he aceptado todo con la máxima dulzura y la más profunda humildad. «No creáis sin embargo que Yo no probara entonces repugnancia ni dolor... Quise en lugar de mi naturaleza humana probara todas las repugnancias que habrìais probado vosotros mismos para que mi ejemplo os fortificara en cada circunstancia de la vida. Asì, cuando tocó por mì aquella hora mucho dolorosa, y del que me habrìa sido tan fácil liberarme, no sólo no lo hice, pero lo abracé con amor para cumplir el deseo de mi el Padre... arreglar su gloria... expiar los pecados del mundo y procurar la salvación de muchas almas. «Ahora volvemos a las de que te hablé ayer... a aquellas almas llamadas al estado de perfección y que más de una vez sacuden a la voz de la gracia y dicen: «Como puedo presentarme a vivir en esta continua oscuridad?... No soy acostumbrada a este género de vida, a ocupaciones tan bajas. Mi familia, mis amigos las juzgarìan ridìculas... porque yo tengo capacidades y podrìa ser más ùtil en otro lugar, etc... «A estas almas contesto: Cuando tuve que nacer de padres pobres y desconocidos, lejos de mi paìs y de mi casa, en un establo, durante la estación más dura del año, a la hora más glacial y oscura de la noche... ¿he rechazado? ¿He titubeado? «Por treinta años he conocido los ruines trabajos de la vida de obrero. Soffersi, con mi padre San Giuseppe, los desprecios de los por que él trabajó... No me negué de ayudar mi Madre en los asuntos de la pobre casa... Y sin embargo, no tuve quizás más cogniciones de cuántas no sean necesarias para ejercer la modesta profesión de carpintero, Yo que a doce años instruì a los médicos del Templo?... Pero tal fue la voluntad del Padre mi celeste y en tal modo Yo lo glorifiqué. «Del principio de mi vida pùblica habrìa podido revelarme enseguida como Mesìas e Hijo de Dios para subyugar las muchedumbres y devolverle atentas a mis enseñanzas. Pero no lo hice porque no tuve otro deseo que para cumplir en toda la voluntad de mi el Padre. «Cuando la hora de mi pasión vino, por la crueldad de los un, los ultrajes de los otros, el abandono de los mìos, la ingratitud de la muchedumbre, en el indecible martirio de mi cuerpo y las vivas repugnancias de mi naturaleza humana, con un amor aùn más grande, mi Corazón abrazó aquella santa voluntad. Y sépalo bien, almas selectas: cuando hayáis superado vuestras repugnancias de naturaleza, las oposiciones de la familia, los juicios del mundo, cuando generosamente os hayáis inmolado a la voluntad divina, entonces el momento vendrá en cuyo, en este apretón unión de voluntad con vuestro novio divino, gozará inefables dulzuras. «Lo que he dicho a las almas que prueban tales repugnancias por la vida humilde y escondida, lo repito a las que son llamadas en cambio a prodigar su vida al servicio del mundo, mientras se sentirìan atraéis a la soledad y al nascondimento. «Almas queridas, sepan que vivir conocidas o desconocidas por los hombres, utilizar o no los regalos que habéis recibido, ser mucho o algo estimáis, gozar o no de buena salud, nada todo eso le está en él mismo vuestra felicidad... ¿Queréis saber cuál es la ùnica cosa que os puede asegurarla? Manera la voluntad de Dios, abrazarla con amor, unirvos y conformarvos a todo lo que ella exige por su gloria y vuestro santificación. «Nos paramos aquì, Josefa: mañana continuaremos. Quiere y abraza alegremente mi voluntad ya que tù sabes bien que en todo ella es trazada por el amor!». La tarde de aquel mismo dìa Josefa confiesa humildemente que tal recomendación del Maestro no le es inùtil. él quiere que ella consiga, con la victoria sobre las repugnancias de la naturaleza, una parecida gracia a muchas almas que necesitan de ello. Gran lección que podemos recoger en esta humilde declaración: «Siento de nuevo en mì una especie de potente vuelve contra este género de vida tan extraordinaria, que me saca la paz; porque querrìa trabajar tan!...» Nuestro Dios no tiene en cuenta tìo

ipugnanza, que no amenaza ni su voluntad ni aquel de Josefa, y ya la mañana del sábado de pasión, 24 de marzo, él comparece al congreso matutino. Nos ocupamos de mi pasión!», dice como para arrancarla de él mismo. ¿En efecto no es este el medio para olvidarse ofrecido por el amor a todas las almas? ¡«Medita por un momento el martirio de mi Corazón, tan sensible y delicado, cuando se vio le pospuesto a Barrabás! Y viéndome tan despreciado, Yo fui traspasado en el más ìntimo del alma de los gritos de la muchedumbre que preguntó mi muerte. «Recordé, entonces, las ternuras de mi Madre cuando me apretó al corazón, las fatigas y las curas que mi padre adoptivo se impuso por mi amor... «Revivì tan liberalmente con el pensamiento a los beneficios de mì esparcido sobre aquel pueblo: ¡la vista les devuelta a los ciegos, la salud a los pacientes, el empleo de los elementos a los que lo tuvieron perdido, las turbas saciadas en el desierto, los muertos resucitados! Y ahora eccomi de ellos reducidas en el más despreciable estado: objeto, más que cualquier otro, de odio de parte de los hombres... condenado como a un infame malhechor... La multitud ha solicitado mi muerte... Y Pilatos ha pronunciado la sentencia!... ¡«Almas queridas, mediten intensamente el sufrimiento mi Corazón! «Después de que Judas me hubo traicionado en el jardìn de los olivos, fue errabundo y fugitivo sin lograr hacer callar la voz de la conciencia que lo acusó del más horrible sacrilegio. Y cuando le llegó a las orejas la sentencia de muerte pronunciada contra mì, se entregó a la más terrible desesperación y se ahorcó. «Quién podrá comprender el dolor intenso y profundo de mi Corazón cuando vi precipitarse hacia la perdición eterno aquél alma que dio muchos dìas a la escuela de mi amor, escuchado mi doctrina, mis lecciones y tan a menudo oìdo caer de mis labios el perdón de los más grandes pecados. ¡«Ay, Judas! ¿Por qué no vienes a echarte a mis pies para que Yo me perdone? Si no osas acercarte a mì por miedo de los que me circunda con mucho furor, al menos me miras!... ¡y enseguida encontrarás mis ojos que están fijos sobre de ti! «Vosotros que sois sumergidos en el mal o que por más o menos tiempo habéis vivido errabundos y fugitivos a causa de vuestros delitos, si los errores de que sois culpables han endurecido vuestro corazón... si, para satisfacer vuestra pasión desordenada, habéis caìdo en los más graves escándalos, cuando vuestra alma se haga a cuenta de su estado o los cómplices de vuestros delitos os abandonarán, no dejáis sino la desesperación de os se se apodere. Hasta que le queda al hombre un soplo de vida todavìa puede recurrir a la misericordia y suplicar el perdón. «Si sois jóvenes y ya los desórdenes de vuestra juventud os han degradado a los ojos del mundo, no teméis!... Aunque el mundo tiene razón de tratarvos de criminales, de despreciarvos y de abandonarvos, vuestro Dios no permitirá que vuestra alma se convierte en presa del infierno... Desea en cambio con ardor que vosotros os acerquéis a para perdonarvos. Si no osáis hablarle, le dirigìs a vuestras miradas y el suspiro de vuestro corazón, y veréis muy pronto su mano mucho buena y paternal conducirvos al manantial del perdón y la vida. ¡«Si voluntariamente habéis pasado la mayor parte de la vida en la impiedad o en la indiferencia, y de repente, próximos a la eternidad, la desesperación trata de cegarvos, no os dejéis engañar, porque todavìa es el tiempo del perdón! Aunque un instante solo de vida os quedara, en aquellos segùn os podéis buscar la vida eterna!... «Si vuestra existencia más o larga pasada en la ignorancia y en el error, si habéis sido causa de graves males para los hombres, por la sociedad, por la religión misma, y si por circunstancia cualquiera por fin reconocéis de servos engañados... no dejéis derribarvos del peso de las culpas, ni del mal de que habéis sido instrumento. Pero vuestra alma penetrada más vivo arrepentimiento se tira en el abismo de la confianza y recurra al que os espera siempre para perdonarvos todos los errores de vuestra vida. «También hablaré por aquel alma que en un primer momento ha vivido fiel a la observancia de mi ley, pero luego se ha constipado poco a poco hasta la tibieza de una existencia cómoda. Ella tiene, por asì decir, olvidado su alma y sus aspiraciones hacia lo mejor. Dios le preguntó un mayor esfuerzo, pero cegada por sus defectos habituales ella ha caìdo en los hielos de la tibieza, peores todavìa de los del pecado, porque la conciencia sorda y dormida ya no oye la voz de Dios. «Si una fuerte sacudida la despertara de repente, la vida le aparecerá inùtil y vacìa por la eternidad... Ella tiene perdida innumerables gracias... y el demonio, que no quiere dejarse evitar la presa, la echará en el desaliento, en la tristeza, en el derribo, y poco a poco la sumergirá en el temor y en la desesperación. ¡«Almas que quiero, no escuchéis a este enemigo cruel! ¡Sois padecidos a echarvos a mis pies y penetráis de vivo dolor, suplicad mi misericordia y no teméis! ¡Yo os perdono! Retomáis de nuevo vuestra vida de fervor: hallaréis vuestros méritos perdidos y mi gracia no os faltará. ¿«Por fin Yo tengo que dirigir a mis almas consagradas? Podrìa darse que uno de ellas tenga pasado largos años en la exacta observancia de la regla y sus deberes religiosos... Sì, y un alma que favorecì mis gracias, instruida con mis consejos, un alma a largo fiel a la voz de la gracia y a las inspiraciones divinas... Y he aquì, por una pequeña pasión, una ocasión evitada, una satisfacción fecha a la naturaleza, un relajamiento en el esfuerzo necesario, se ha constipado poco a poco, ha caìdo en una vida ordinaria, luego vulgar... por fin tibia... ¡Ay! si por una razón o lo otra os despertaréis un dìa de vuestro entumecimiento, sepáis que en aquel instante el demonio, celoso de vuestro bien, os atacará en mil modos. Os persuadirá que es demasiado tarde y que todo es inùtil, os llenará de temor y de repugnancia para descubrir el estado de vuestro el alma, os cerrará la boca para impedirvos de hablar y de abrirvos a la luz, se esforzará de ahogarvos en vosotros la confianza y la paz. «Almas selectas, escuchan bastante mi voz decirvos lo que tenéis que hacer: apenas la gracia os mueve, primera ancla que empiezas la lucha, acudìs a mi Corazón: pregùntadle de verter sobre vuestra alma una gota de su sangre. Sì, me venìs a!... y no teméis por el pasado: mi Corazón lo ha sumergido en el abismo de la misericordia y mi amor os prepara nuevas gracias. El recuerdo del pasado no será por vosotros que un motivo de humillarvos y de aumentar vuestros méritos y, si queréis darme la más gran prueba de amor, contadas sobre mi perdón y creéis que vuestros pecados no llegarán nunca a superar mi misericordia infinita... «Josefa, queda escondido en el abismo de mi amor y ruega para que las almas se dejen penetrar de los mismos sentimientos». Aquella semana de pasión tuvo que acabar con una invitación dolorosa por la que se revela una vez todavìa la fuerte y tierna compasión del Corazón de Jesùs por las almas. Fue transcurrido algùn dìa después de la noche del 21 de marzo, en cuyo la Virgen, llevándole a Josefa la cruz de Jesùs, le dijo: «Muchas almas lo ofenden, pero sobre todo uno llena su Corazón de amargura». Tales palabras no la dejan nunca en la indiferencia. El celo siempre anima sus ruegos, su trabajo y sus sufrimientos. Pero cuando sabe que un alma hiere el Corazón del Maestro, ya no puede distraer su corazón, ya no conoce descanso. El sábado 24 de marzo, hacia las ocho y medio por la tarde, Nuestro Dios los se muestra, mientras sale de la celda, y parando se la dice: « Josefa!». «Llevó la cruz ella escribe y tuvo un aspecto triste, pero de gran belleza». « Quieres consolarme por aquel alma que me hace sufrir?». Derribada a los pies de Jesùs, ella se ofrece a toda lo que querrá. « Tomas mi cruz dice y me ayudas a sustentar de ello el peso». Por tanto, mientras se la entrega, continùa: « Nos ponemos a la presencia del Padre mi celeste y le preguntamos de dar a aquel alma un rayo de luz que la iluminas y lo ayudas a rechazar el peligro. Presentemos a nosotros como mediadores delante de él para que tenga compasión de aquel alma. Supliquémoslo de ayudarla, iluminarla, sustentarla, porque no sucumba a la tentación. «Repites conmigo estas palabras: «O Padre querido, Dios infinitamente bueno, mira a tu Hijo Jesùs Cristo que, colocándose entre tu justicia divina y los pecados de las almas, suplica tu perdón. ¡«O Dios de misericordia, tenga piedad de la fragilidad humana! Alumbra los espìritus perversos para que no se dejen seducir y arrastrar... Das fuerza a las almas para que rechacen las insidias que su hostiles cortinas y vuelvan con nuevo vigor sobre el camino de la virtud. «O eterno Padre, ve los sufrimientos que Jesùs Cristo, tu querido Hijo, ha opinado en su pasión. ¡Contémplalo delante de ti, ofrecido como vìctima para conseguir a las almas luz y fuerza, perdón y misericordia! «Josefa, une ahora tu dolor al mìo, la tuya angustia a la mìa, y los presenta a mi eterno Padre con los méritos y los sufrimientos de todas las almas justas. Ofrécele los retortijones de mi corona de espinas para expiar los malos pensamientos de aquel alma. « Repites conmigo: «O Dios santo, a cuyo presencia los ángeles y los san son indignos de comparecer, perdona todas las culpas que se cometen con los pensamientos y los deseos. Acoges, en expiación de estas ofensas, el jefe transfijo de espinas de tu divin Paro. ¡Recibe la refina sangre que desatasca en asì gran copia! Purifica las almas manchadas!... ¡Alumbra e ilumina los intelectos oscurecidos y aquella sangre divina sea su fuerza, su luz, su vida! ¡Acoge, o Padre santo, los sufrimientos y los méritos de todas las almas que, unidas a los méritos y a los sufrimientos de Jesùs Cristo, se ofrecen a con él y por él, para que Tù perdones al mundo! «O Dios de misericordia y amor, es la fuerza de las debilidades, la luz de los ciegos y el objeto del amor de las almas». «Asì pasó largo tiempo Josefa escribe. De vez en cuando él calló. El pesado fardo de su cruz cargó sobre de mì con grandes sufrimientos del cuerpo y el alma. Luego Jesùs añadió: « Repites conmigo: ¡«Dios de amor, Padre de bondad! por los méritos, los sufrimientos y las sùplicas de tu querido Hijo, das luz a aquel alma porque tenga la fuerza de rechazar el mal y de abrazar tu voluntad con energìa. No permitas ch'ella sea la causa de mucho mal por si y por otras almas inocentes e incluso!». Bajó la noche; Jesùs retomó: « Custodias mi cruz hasta que aquel alma conozca la verdad y se deja envolver e iluminar de la verdadera luz». «Por lo tanto él desapareció y yo quedé en el sufrimiento hasta por la mañana». ¡Sufrimientos misteriosos en su intensidad! Ella las sustenta humildemente y atrevidamente, en unión con el Maestro. Sabe que sólo él les da el valor divino qué arregla, la eficacia que puede alcanzar y transformar aquel alma. Todo el dìa del domingo de Ramos transcurre en esta dolorosa sùplica y mientras Josefa se ofrece a vìctima, Jesùs atrae, separa, conmueve y aquélla reconquista alma que quiere con mucha predilección. Aquella tarde misma su Corazón asustará de alegrìa en el riabbracciare el figliuol pródigo. El cielo se alegrará porque el Buen Pastor ha reconducido al redil sobre sus hombros la ovejita extraviada que su amor ha reconquistado.

 

SEMANA SANTO 25 marzo el abril de 1923

He aquì aquél que aspecto de ti en esta semana: me adorarás, te destruirás, yo consòlerai, me querrá y todo esto en espìritu de celo, para conseguir que muchas almas entren fuera en esta misma. (N. Dios a Josefa el 25 de marzo de 1923).

Mientras Josefa la tarde del domingo de Ramos, 25 de marzo, está en adoración delante de la Santa exposición, Jesùs le aparece para indicarle el programa de la semana santa, que está a punto de empezar y que coronará todas las gracias del Cuaresma. «Quiero él dice, que tù consagras estos dìas a adorar a mi divina persona ultrajada por los tormentos de la pasión. Te tendré continuamente a mi presencia. Me descubriré a, a veces con el majestad de un Dios, a veces con la severidad de un juez y, más a menudo, cubierto de las heridas, de las infamias de mi pasión. Asì, en tu incesante adoración, en tu profunda humildad, en tus reparaciones de cada momento, encontraré un alivio a mucha tristeza y a mucha amargura!». Apenas son transcurridos pocos instantes, y ya Josefa ve realizarse esta trìplice manifestación de Jesùs: ¡Dios, Juez, Salvador! «Lo he vuelto a ver todo de repente escribe siempre el mismo, pero con un tal majestad que mi alma quedó destruida por el respeto y la confusión. Habrìa querido esconderme, desaparecer de su presencia!... y después de haber renovado mis votos, lo he suplicado de purificarme para que el mìo nada pueda sustentar la vista de su tamaño. Me ha contestado con voz grave y solemne: «Desentonados delante del majestad de tu Dios y arregla en tal modo el orgullo de la humana naturaleza, tan a menudo rebelde a los derechos a su Creador!». Entonces Josefa siente cargar sobre su alma el peso de la divina justicia. Golpeada por temor, se postra a los pies de Jesùs, «... recordándole ella escribe ch'Egli es mi Salvador, mi Padre, mi Novio, y que puede borrar todas mis miserias y perdonar mis pecados. Jesùs me ha contestado y su voz tuvo un acento de bondad y conjunto de autoridad: « Sì, tù dices bien, soy tu Salvador, tu Padre, tu Novio y deseo consumir tus miserias en la llama ardiente de mi amor. Pero también quiero que tù comprendas, Josefa, hasta cuál te pica tenga que humillarte, destruirte, desaparecer en tu voluntad y en todo tu ser, para que la voluntad de Dios reinos y triunfos, no solamente en ti, pero en muchas otras almas. «Necesita que ellas reconozcan su culpabilidad y su miseria y que incluso ellas se humillen y se entreguen a la divina voluntad. «He aquì lo que aspecto de ti en esta semana: tù me adorarás, te destruirás, me consolarás, me querrás y, todo esto, en espìritu de celo para conseguir que muchas almas entren fuera en esta misma. ¡«Adiós! Te diré luego lo que deseo de ti». Asì los dìas santos tienen principio por el alma atenta de Josefa. El Maestro divino la conducirá, paso paso, en el austero camino que él le ha abierto y dónde la seguiremos.

 

LUNES: SOBRE LA CALLE DEL CALVARIO el 26 de marzo de 1923

El cortejo se avanza sobre la calle del Calvario: ¡Josefa, sìgame todavìa! (N. Dios a Josefa).

Desde la mañana del lunes San, el 24 de marzo de 1923, Nuestro Dios invita a Josefa a ir a celda, porque no ha acabado todavìa el cuento de sus dolores. «Besa la tierra y reconoces el tuyo nada él le dice. ¡ Adora la potencia y el majestad de tu Dios, pero no olvides que si él es infinitamente justo y potente, también es infinitamente misericordioso! «Y ahora continuamos a Josefa, y me sigues por la calle del Calvario bajo el peso de la cruz. «Mientras la eterna perdición de Judas sumergió mi Corazón en un abismo de tristeza, los verdugos, insensibles a mi dolor, me cargaron sobre los hombros torturados la cruz dura y pesada sobre la que estuvo a punto de consumirse el misterio de la redención del mundo. ¡«Ángeles del cielo, contemplen este Dios delante del que vosotros sois derribados en continua adoración! ¡Ved al Creador de todas las maravillas de aquì abajo subir hacia el Calvario bajo la madera santa y bendita que recibirá su ùltima respiración! «Y vosotros, almas que deseáis ser mis fieles imitadoras, contempláis mi cuerpo, atormentado por muchos tormentos, y que avanza agotado, mojado de sudor y de sangre. Ello sufre sin que nadie compadezca su dolor. La muchedumbre me acompaña... los soldados me circundan como lobos, ávidos de devorar la presa... ¡y nadie tiene piedad de mì! «Mi cansacio es mucha y la cruz mucho pesada que Yo caigo a medias camino... Miráis como aquellos seres inhumanos brutalmente me realzan: uno me agarra por el brazo, el otro me tira por los vestidos, quedaron adherentes a las heridas, otros me toma por el cuello, otros pei pelos, algunos me deshierran encima golpes terribles, con puños y patadas... La cruz cae sobre de mì pisándome bajo su peso... Las piedras de la calle hieren mi rostro... La arena y el polvo se mezclan a mi sangre para ofuscar mis ojos y pegarse a mi rostro: ¡soy el ser más despreciable de la tierra! «Todavìa me seguidas... pocos pasos más adelante encontraréis a mi Madre santa, con el corazón traspasado por el dolor. «Meditáis el martirio de estos dos corazones: por mi Madre, el que ella quiere ante todo es su Hijo... y, lejos del poderlo levantar, sabe todo lo que su presencia añade a mis sufrimientos. ¡«Por mì, la que quiero de más al mundo es mi Madre! ¡Y no solamente no puedo consolarla, pero el piadoso estado en que me ve reducido la traspasa de una pena parecida a la mìa, porque la muerte que Yo sufro en el cuerpo a mi Madre la soporta en el alma! ¡«Ay! como se fijan sobre de mì sus miradas y como mis ojos, deslustrados y ensangrentados, se fijan sobre de ella. No se pronuncia una palabra, pero cuantas cosas se dicen nuestros corazones en aquel doloroso encuentro!». Jesùs calla... Parece que el amor lo absorba en el recuerdo de la mirada de su Madre. Josefa es golpeada por este silencio. Por fin osa romperlo y le pregunta al Maestro si su Madre tuvo conocimiento de sus dolores durante aquellas horas trágicas. «Sì contesta con bondad. Todos los tormentos de mi pasión estuvieron presentes a su espìritu por revelación divina. Alguien de mis discìpulos, aunque de lejos por temor de los Judìos, también trató de informarse de lo que ocurrió para referirselo. Cuando supo que mi sentencia de muerte fue pronunciada, Ella salió para encontrarme, y no me dejó más hasta que no fui depuesto en el sepulcro. «Mientras tanto el cortejo avanza hacia el Calvario. «Aquellos hombres inicuos, temiendo de verme morir antes de llegar al término, empujados por una pérfida malicia y no de la compasión, se meten de acuerdo para buscar a alguien que me ayude a llevar la cruz; requisan por tanto, a poco precio, un hombre de las vecindades llamado a Simón. «Pero basta ya por hoy: hablaremos mañana. Ahora vas a preguntarles a tus Madres de permitirte de hacer la hora santa cada tarde de esta semana y de darme la libertad de tomarte, cuando necesite ti, a cualquiera hora». Ella en su cuor titubea un poco, pero el Maestro insiste con fuerza: « No olvidar que tengo sobre de ti todos los derechos. Sólo tus superiora, que me representan, pueden disponer de ti y de ellas he tenido llena libertad». «Me he equivocado a su presencia humildemente Josefa escribe y me he postrado a sus pies para preguntarle perdona!». Lo que la hace titubeante no es nunca el temor de sufrir, pero el afán cada vez más fuerte de trabajar y de devolver servicio, afán que no logrará nunca suprimir completamente y siempre será, hasta el fin, el motivo de su inmolación y el alimento de su amor. Aquella tarde, segùn los deseos de Jesùs, se abre la serie de aquellas horas santas en que el Corazón divino se revelará de nuevo a las almas. Nuestro Dios ya espera en el coretto de S. Bernardo cuando Josefa os llega por la tarde hacia las nueve. él aparece en una actitud triste, con el rostro cubierto de polvo y sangre. « Josefa dice en cuanto ella ha renovado los votos quiero que tù me hagas compañìa durante esta hora y que tù compartas mi tristeza en la prisión. Contémplame entre aquel soldataglia descarado. Penetra especialmente al final de mi Corazón... estudìalo: ves cuanto sufre en sólo encontrarse!... ¡ya que todos los que se dijeron mis amigos me han abandonado, todos se han alejado! ¡«Mi padre, Padre celeste! Te ofrezco esta tristeza y esta soledad del corazón para que te dignes acompañar y sustentar las almas en su paso del tiempo a la eternidad!». «Aquì calló escribe. Lo adoré y lo supliqué de darme su cruz». « Sì, te la daré, y tu corazón será traspasado por la misma tristeza del mìo. ¡«Ay! ¡como tu pequeñez puede ser grande, Josefa, si tù no haces qué una sola cosa conmigo! Deja que tu corazón se hunda en los sentimientos de humildad, de celo, de sumisión y de amor en cuyo el mìo se hundió, entre las afrentas de que fui vìctima durante la pasión. Otro no deseé que glorificar al Padre, devolverle el honor secuestrado él del pecado y arreglar las ofensas de que los hombres lo llenan. Por tanto me hundì en una tan profunda humildad sometiéndome a todo lo que exigió de mì su beneplácito y, inflamado de celo por su gloria y de amor por su voluntad, acepté sufrir con la más entera resignación». Aquì Jesùs calló de nuevo, y luego añadió: ¡«Mi Dios y Mi Padre! ¡Mi dolorosa soledad te glorifica! ¡Mi paciencia y mi sumisión te calmen! no golpees las almas con tu justa indignación. Mira tu Hijo... Ves sus manos atadas con aquellas cadenas con que fui cargado por los verdugos. En nombre de la paciencia admirable con que soportó muchos suplicios, perdona a las almas, susténtale, no le dejes sucumbir bajo el peso de su debilidad. Acompáñale en las horas de prigione' y les das fuerza para soportar las penas y las miserias de la vida con llena adhesión a la tuya santa adorable voluntad». Después de un prolongado instante de silencio dijo por fin: «Ahora vas, Josefa: entrega contigo mi cruz y durante esta noche no dejarme sólo; me tienes compañìa en mi prisión!». ¿«Como haré, Señor? pregunta tìmidamente. Temo de dormirme y de ya no pensar en ti!». El divino Maestro le contesta con infinita condescendencia: « Sì, Josefa, tù puedes y tienes que dormir sin sin embargo sólo dejarme. «Cuando las almas no tienen la posibilidad, como ellas desearìan, de quedar a largo a mi presencia, porque son obligadas a reposarse o a ocuparse en cosas que tienen absortas sus facultades, nada las impide hacer conmigo una convención, en cuyo el amor él industria y se manifiesta quizás más ancla que en el ardor de una devoción libre y tranquila. «Asì vas a descansarte, como debes, pero primera manda a las potencias de tu el alma de devolverme durante la noche el culto de tu amor. Deja llena libertad a los más tiernos cariños de tu corazón, para que, por el sueño de tus sentidos, ellos no dejen de quedar a la presencia del ùnico objeto de tu amor. «Basta ya un instante para decirme: "¡Señor! Voy al descanso, o al trabajo, pero mi alma le queda en tu compañìa. Mi actividad descansará durante esta noche o se ocupará durante este trabajo pero todas mis potencias quedarán bajo tu suave dominio y mi corazón te conservará el amor más constante y más tierno." «Vas en paz, Josefa, y tu corazón quede unido al mìo!». Esta norma, preciosamente recogida, será uno de los consuelos de los ùltimos sus meses de vida. Ella ha tratado de reproducirla con un estilo, quizás desadornado, pero las almas fieles sabrán descubrir en estas rayas el valor de la intención que las orienta hacia el huésped interior y obsesión, en las riquezas de su Vida, horas que pudieran semejar inùtiles a su Obra, y que en cambio él reviste de todo su sentido redentor.

 

MARTES: SIMÓN CIRINEO el 27 de marzo de 1923

El alma que quiere no mide verdaderamente lo que hace, ni lo que colgado sufre. (N. Dios a Josefa)

La mañana del martes San, Josefa, bajo el dictado del divino Maestro retoma el Mensaje, interrumpido el dìa anterior. Antes pero Jesùs exige de ella un acto de sumisión a la divina voluntad, y en el silencio de la pequeña celda, Josefa repite la oferta que el Dios se digna enseñarla: « Mi Dios y mi Dios, eccomi aquì junto a tu divin Paro que, a pesar de mi gran indignidad, también es mi novio. Someto mi voluntad a la tuya, y me abandono completamente para hacer y sufrir todo lo que se dignará preguntarme por el solista objetivo de glorificar tu majestad infinito y de cooperar a la salvación y a la santificación de las almas. Recibes por esta intención los méritos y el Corazón de Jesùs Cristo, tu hijo, que es mi Salvador, mi Padre, mi Novio». Josefa besa la tierra y luego retoma, la pluma: « Ahora continuamos nuestro obra. «Me contemplas sobre la calle del Calvario, carga de la cruz pesada. Mira detrás de mì a Simón que me ayuda a llevarla, y considera dos cosas: «En primer lugar aquel hombre, aunque de buena voluntad, es un mercenario porque, si me acompaña y toma parte en el peso de la cruz, lo hace para ganar la suma pactada. En efecto, cuando está demasiado cansado, deja que el peso carga de más sobre mis hombros y es asì que Yo todavìa caigo dos veces sobre la calle. «En segùn lugar, este hombre ha sido requisado para ayudarme a llevar una parte de la cruz pero no toda mi cruz. «Vemos el sentido simbólico de estas dos circunstancias: «Simón ha sido requisado, vale a decir que espera cierta renta por la fatiga a que fue obligado. «Asì muchas almas caminan detrás de mì: sin duda permiten a ayudarme a llevar la cruz, pero quedando preocupadas por el consuelo y el descanso. Aceptan de seguirme y a tal objetivo abrazaron la vida perfecta, pero sin abandonar su interés que queda más bien encima de sus pensamientos. Vacilan por lo tanto y dejan caer mi cruz cuando cuelga demasiado. Tratan de sufrir el menos posible, mide su abnegación, evitan esta humillación, aquella fatiga, aquel trabajo y, recordando quizás con añoranza lo que dejaron, prueban a concederse al menos ciertas satisfacciones. En una palabra, hay asì almas a interesadas y egoìsta que, siendo puesta él a mi secuela más por la ventaja ustedes que por el mìo, no aceptan si no lo que no pueden evitar o que las obliga estrechamente... Estas almas no me ayudan a llevar que una pequeña parte de mi cruz, y de modo tal que podrán adquirir los méritos indispensables por su salvación a mala pena. Pero en la eternidad ellas verán cuanto han quedado atrás y lejanas en el camino. «Hay en cambio almas y no poco, los que, movidas por el deseo de su salvación, pero más ancla del amor por el que ha sufrido por ellos, se solucionan a seguirme sobre la calle del Calvario. Abrazan la vida perfecta y se consagran a mi servicio no para llevar solamente una parte de la cruz, pero para llevarla todo entera. Su ùnico deseo es de darme descanso y consolarme. Se ofrecen a todo lo que a mì hace gustar. No piensan ni a la recompensa ni a los méritos que ellas vendrán a, ni al cansacio, ni a los padecimientos que podrán encontrar. Su ùnico deseo es de demostrarme su amor y de consolar mi Corazón. Sea que mi cruz se presenta a ellas bajo forma de enfermedad o que se esconda bajo una ocupación contraria a sus gustos o a sus aptitudes, que revista la forma de alguno olvido o cierta oposición de parte de quién circunda ellas, se la reconocen y lo aceptan con toda la sumisión de que su voluntad es capaz. «A las veces, bajo el impulso de un gran amor por mi Corazón y de un verdadero celo por las almas, han hecho lo que creyeron mejor. Pero a su espera contestan penas y humillaciones. Entonces estas almas que fueron inspiradas solamente por el amor descubren mi cruz bajo este fracaso: lo adoran, lo abrazan, y ofrecen por mi gloria toda la humillación que ellos vienen. ¡«Ay! ¡estas almas son aquéllas que realmente llevan todo el peso de mi cruz, sin otra ventaja o gano que el amor! ¡Son las que descansan mi Corazón y lo glorifican! «Tenéis por alguno que si vuestra abnegación y vuestros sufrimientos tardan a dar sus frutos, o semejan a lo mejor no dar de ello alguno, sin embargo no han estado ni vanas ni inùtiles. Un dìa la cosecha será abundante. «El alma que quiere no mide verdaderamente lo que hace, ni cuelga lo que sufre. No viene a pactos por la fatiga o por el trabajo, no espera pago, pero emprende todo lo que juzga ser más glorioso a Dios. «Y precisamente porque actùa lealmente, cualquiera sea el resultado del suyo obrar, no se disculpa, ni pone en campo sus intenciones. Y porque actùa por amor, sus esfuerzos y sus penas siempre llevarán a la gloria de Dios. No se agita ni se preocupa y menos todavìa pierde la paz si en alguna ocasión ella se ve o también perseguida y desentonada; el sólo móvil de sus actos es el amor, y el amor es su solista objetivo. «éstas son las almas que no quieren sueldo y que no buscan que mi consuelo, mi descanso, mi gloria. Son las que han tomado mi cruz, y sustentan de ello todo el peso sobre los mismos hombros!». No espera Jesùs quizás para ayudarlo eficazmente bajo su cruz de los corazones generosos que lo quieran de verdadero amor, leal y desinteresado?... Si se ha dignado trazar el programa de esta cooperación tan preciosa por su Corazón, no ha sido quizás para despertar el amor en muchas almas del temple de aquéllos que Santa Teresa ya definió: «Almas entregadas todo a ti... qué a ti se abandonan, para seguirte en todo sitio irás... hasta la muerte de cruz... almas listas a ayudarte a llevar tu carga, sin nunca sólo dejarte a sustentar el peso!...». Esta cruz bendita él la puerta de nuevo a Josefa cuando, bajada la noche, en el silencio que envuelve el convento de los Feuillants, Jesùs la halla en el coretto adonde ha venido a hacer la hora santa. ¿« Josefa, está aquì? Vienes a tenerme a compañìa!». le dice mientras le entrega la cruz. « Te pones cerca de mì para defenderme de los ultrajes y de los insultos de que fui vìctima en presencia de Herodes. «Contempla la vergüenza y la confusión de que fui cubierto escuchando las palabras de escarnio y escarnio con que aquel hombre me cubrió. ¡Dame continuos testimonios de adoración, de reparación y de amor! ¡«Adiós! Custodias mi cruz. Mañana te prepararé al gran dìa de mi amor!». La noche acaba bajo la persecución del enemigo. ¿No las ha enseñado Jesùs quizás, una vez más, a reconocer la cruz y a ayudarlo a llevarla, bajo cualquier aspecto se presenta? ¡Ella cree en su amor por cada sufrimiento!

 

MIéRCOLES: LA CRUCIFIXIÓN el 28 de marzo de 1923

Contempláis, ángeles del cielo y vosotros, almas que me queréis!... (N. Dios a Josefa).

La mañana del miércoles San, Nuestro Dios conduce consigo Josefa al Calvario. ¡« Besa la tierra le dice apareciendo ella, a las nueve en su celda, desentonados ya que eres indigna de recoger mis palabras! ¡pero Yo quiero las almas, y es por ellas que te vengo a! ¡«He aquì que nos acercamos al Calvario! La muchedumbre se agita, mientras que Yo apenas camino... y pronto, extenuado por la fatiga, caigo por la tercera vez. «Mi estreno caìdo les conseguirá a los pecadores, arraigados en la costumbre de la culpa, la fuerza de arrepentirse. La segunda anima las almas débiles, cegadas de la tristeza y de la turbación, a alzarse y a retomar con nuevo ardor la calle de la virtud. La tercera ayudará las almas a arrepentirse a la hora suprema de la muerte. «Hemos llegado al final del camino. Ves con cuáles avideces me rodean aquellos hombres del corazón acartonado... Algunos toman la cruz y la tienden al suelo, otros me arrancan los vestidos. Las heridas se reabren y la sangre corre de nuevo. ¡«Meditáis, almas queridas, cuál fue mi vergüenza en verme asì exposición delante de la muchedumbre! ¡Cuál suplicio por mi cuerpo y cuál confusión por mi alma! Tomáis parte en la aflicción de mi madre que contempla aquella terrible escena... ¡Y pensáis con cuál deseo ella querrìa adueñarse de la tùnica mojada y tinte de mi sangre! «La hora ha llegado: los verdugos me tienden sobre la cruz, me agarran los brazos, tirándolas para hacer llegar mis manos a los ya practicados agujeros de la madera. ¡A cada movimiento mi jefe es sacudido por un lado al otro, y las espinas de la corona os penetran más profundamente! Oìs el primero golpe de martillo que me clava el mario derecho... repica hasta la profundidad de la tierra!... todavìa escucháis... ya m clavan la mano izquierda: ¡delante de tal espectáculo los cielos braman y los ángeles se postran! «Yo mantengo profundo silencio, tampoco un quejido huye de mis labios!... «Después de haber clavado las manos, los verdugos estiran cruelmente los pies:... las llagas se abren... los nervios se rasgan... los huesos se dislocan... el dolor es intenso... mis pies son traspasados y la sangre moja la tierra!... «Contempláis un instante aquellas manos y aquellos pies lacerados y sangrantes... aquel cuerpo cubierto de heridas... aquel jefe traspasado por espinas agudas, bañado de polvo, empapado de sudor y de sangre... «Admiráis el silencio, la paciencia y la conformidad al deseo de Dios con que acepto tales padecimientos crueles. «Quién es el que sufre asì, vìctima de tales infamias?... Y, el Hijo de Dios!... El que ha hecho el cielo y la tierra y todo lo que existe... El que hace crecer las plantas y da vida a cada ser... El que ha creado al hombre y cuya potencia infinita sustenta el universo... él está allá, inmóvil, despreciado y desnudo de todo!... Pero pronto muchas almas le correrán a para imitarlo y seguirlo. Ellas abandonarán toda: suerte, bienestar, honor, familia, patria, para darle gloria y probarle el amor a que tiene derecho. «Y mientras los golpes de martillo repican de un extremo al otro del espacio, la tierra tiembla, el cielo se cierra en el más riguroso silencio y todos los espìritus angélicos él prostràno en adoración... ¡Un Dios es clavado a la cruz! ¡«Parados, Josefa! Tu divino novio contempla tendido sobre la cruz. ¡Y sin movimiento, sin honor, sin libertad, todo le ha sido sacado! ¡«Nadie tiene piedad de él, nadie lo compadece por su sufrimiento! Pero sin tregua nuevos escarnios, nuevas injurias, nuevos dolores se suman a los tormentos que soporta. ¿«Si tù realmente me quieres, qué no harás por rasso parecerse? ¿Qué omitirás para consolarme? ¿Podrás quizás todavìa rechazar algo a mi amor? «Ahora derribados a tierra, y deja que Yo te diga una palabra: ¡«Mi voluntad te triunfa en ti! ¡«Mi amor se consume! «Tu miseria me glorifica!». Josefa queda a largo con la cara a tierra. Qué ocurre entonces entre ella y el Maestro?... A cuál profundidad de aniquilamiento quiere reducirla?... ¿A cuál intercambias la invita? él no habla nunca en vano y cada palabra es un acto que su potencia puede realizar en un santiamén en el alma que se ha ofrecido a su acción. Cuando ella se alza, Jesùs ha desaparecido. A la diez Josefa va en la capilla de las Obras para seguirlo en el «Calle Crucis». Allá Jesùs lo espera: «Yo te acompañaré le ha dicho aquella mañana misma en el estado en que me encontré cuando, carga de la cruz, cruzó las calles de Jerusalén». «Llevó ella escribe, sobre la tùnica blanca un manto rojo manchado de sangre y arrancado en varios partos. La corona le estuvo muy pisada sobre la frente... Su rostro tuvo una expresión de tristeza, llevó las huellas de los golpes y la sangre casi coagulado. «Acercándomeme ha dicho: « Josefa, viene a contemplarme sobre la dolorosa calle del Calvario... Adora mi sangre esparcida y lo ofreces al Padre celeste por la salvación de las almas». Ella se levanta y lo sigue. él camina delante de ella y se para a cada estación. Ella se postra y besa la tierra para adorar su sangre, luego escucha las efusiones de aquel Corazón adorable... él las recuerda, con pocas palabras, el sentido de sus dolores, y hace oìr un grito de amor a las almas que llama a seguirlo. Todo aquel dìa transcurre en la atmósfera de dolor y amor de que el alma de Josefa es todo penetrada. Sin embargo, como ya hemos visto, y como veremos hasta al final, ella se aplica a su deber cotidiano sin que nada la aparte... misterio de la fuerza divina de que es poseìdo y que la maneja segùn su santo deseo en la gracia del momento presente. La tarde del miércoles santo, mientras todo está durmiéndose en la gran casa, Josefa se ampara donde en el coretto tiene el permiso de hacer la hora santa. Apenas se ha arrodillado, Jesùs le aparece en el resplandor de su belleza. Cada huella de dolor ha desaparecido y el Corazón inflamado semeja inmerso en un incendio: ¡« Josefa, le dice con vehemencia mañana es el dìa del amor! Contempla mi Corazón: ¡no puede contener el ardor que lo consume de darse, de inmolarse, de quedar para siempre con las almas! ¡Ay! como espero que les me abran su corazón, que me cierren en ello, y que el fuego que consume el mìo las fortifica y las inflamas!». «Su Corazón se dilató entre las llamas, y fue tan bonito que no sé describir Josefa escribe. Le pregunté de también consumirme con este auténtico amor, que no le resiste nunca, y él ha continuado: « Me dejas entrarte en ti, trabajarte, consumirte y destruirte, para que ya no sea tu voluntad que actùe, pero la mìa. «Mira como trasalisce mi amor en ver todas aquellos almas que mañana me recibirán y se dejarán poseer de la acción divina y serán el consuelo de mi Corazón. ¡«Sì, mañana el amor desborda, conságrate! Ay, como este pensamiento me consuela y este deseo me devora!... Darme a las almas y que las almas se me da a!... Tù, Josefa, abandóneme todo tu corazón sin temor de tu pequeñez. Deja que el amor el possegga y lo transformas!». Asì Jesùs diciendo desaparece. La noche acaba para Josefa en el recuerdo del ardor divino por el que ha podido medir una vez de más la profundidad de aquel Corazón que tiene mucho querido las almas!...

 

JUEVES: EL GRAN DìA DEL AMOR el 29 de marzo de 1923

El amor se humilla... El amor se consagra!... (N. Dios a Josefa).

¡« Josefa! He aquì He aquì su dìa de jueves San. el gran dìa del amor llegado!... fiesta!...», la dijo al alba del Jesùs Ella estaba rogando en su celda y de repente lo ve aparecer como antes el dìa, con el Corazón cercado de llamas; renueva los votos y se postra adorándolo. Jesùs continùa «Usted, éste es el dìa en que me doy a las almas, para ser lo que querrán que Yo sea: les seré padre si me quieren para padre... ellos me caso si me desean tal... me haré su fuerza si necesitan por fuerza y, si aspiran a consolarme, Yo me dejaré consular!... El ùnico mi deseo es de darme y de llenarla de las gracias que mi Corazón les tiene preparáis y que ya no puede contener!... Y por ti, Josefa, qué seré?...». ¡«Todo, Señor! ya que no tengo nada!...». Y Nuestro Dios le contesta: « Has dicho bien!». Este seguro, que llena su alma de gratitud y de paz, lo acompaña a la Misa y a la Comunión. Vuelta a su sitio, ella le renueva al Maestro tan bueno la oferta de un regalo absoluto de si y un abandono definitivo. Jesùs ratifica aquel acto diciéndole: «Nota porque no eres que nada y miseria, necesitan que tù me dejas incendiar tu corazón, consumirlo, y destruirlo. Sabes bien que el nada y la miseria no son capaces de resistir...». Este dìa transcurrirá bajo la acción «del amor que se consagra... del amor que se abandona delante de los suyos...». Josefa recogerá estas palabras de los labios del Dios, mientras revivirá, en el silencio y en la concentración que envuelve en aquel dìa todos los rituales de la vida religiosa, las ùltimas efusiones del Salvador entre los suyos. Hacia las cuatro de la tarde Jesùs le aparece en la celda dónde, arrodillada delante de la estatuita de la Virgen, reconsidera dentro de si aquellas palabras misteriosas: « Sì, Josefa, te ha dicho que el amor se da a los suyos y es verdadero. ¡Ven, acercados a mi Corazón y penetra los sentimientos que desbordan! El amor se da a los suyos como a alimento, y este alimento es la sustancia que les da la vida y los sustenta. «El amor se humilla delante de los suyos, asì él los eleva a la más alta dignidad. «El amor se da todo entero, con profusión y sin reservas. Se sacrifica, se inmola, consagrándose ardientemente y con vehemencia a los que quiere. Ay, cuál locura de amor es la eucaristìa!...» Parece en aquel instante que Jesùs no pueda contener la ardiente efusión de su Corazón. Luego su voz cambia y él añade con gravedad: « Y será precisamente el amor que me conducirá a la muerte». Entonces Josefa mirando: «Hoy, eres sustentada, consolada, fortificada por el amor. Mañana lo acompañarás y padecerás con él, hasta el Calvario». Las sombras de la pasión están a punto de descender sobre el radiante dìa. Durante la noche, pasada en parte delante del Riposizione, ella halla el tesoro que ha aprendido a estimar y a llevar: la cruz, la corona, las angustias y los dolores del Maestro. Hacia medianoche, él le aparece y lo invita a compartir la soledad de su prisión. Su tùnica blanca está hecho jirones y manchada de sangre. El rostro divino entregado la huella de las bofetadas y los maltratos viles recibidos. « Josefa, dice tù me has consolado... ¡Vengo a recobrar mi cruz! «Ahora me tienes a compañìa. No me dejes sólo en la prisión!... ¡Haz qué levantando los ojos para buscarte, Yo encuentro tu mirada fija en mì! ¿«Sayas cuanto adulto es por el alma que sufre el consuelo de tener a alguien que la compadece? «Tù que conoces la ternura de mi Corazón, puedes medir mi dolor entre los ultrajes de mis enemigos y el abandono de los mìos!». Entonces Jesùs desaparece, dejándole esta entrega de amor: « No te digo adiós, ya que tù vecina siempre me queda!».

 

VIERNES: LAS SIETE PALABRAS el 3031 de marzo de 1923

Todo lo que ves, escrìbalo... (N. Dios a Josefa).

Desde las primeras horas del viernes San el Salvador asociará a Josefa con su pasión, las revelará visiblemente sus dolores que se imprimirán en el mismo tiempo en el cuerpo y en el alma de ella. Ella seguirá la huella de sus pasos, compartiendo la compasión de la Madre, mientras que la continuación de los acontecimientos ahora se desarrollará por ahora bajo sus ojos. ¿Quién podrá medir la intensidad de aquella unión y la realidad de aquella configuración a los sufrimientos de Cristo? Josefa tratará de escribir algo de lo que ha visto, entendido, atormentado, pero las expresiones siempre quedarán inadecuadas bajo su pluma. Sin embargo ellas son un testimonio que su sencillez misma hace preciosa y está bajo este tìtulo que deben ser recogidas. «Hacia las seis de la mañana escribe lo he visto durante la meditación como esta noche: solamente sobre la tùnica blanca fue echado una capa roja. Apareció postrado de fuerzas y enseguida me ha dicho: «Josefa, enseguida mis enemigos cargarán sobre mis hombros la cruz, que es tan pesado!». «Lo he suplicado de darla a mì, porque querrìa levantarlo tan!». «Sì, toma la y tu amor me lo endulce un poco. Te he hecho conocer mis padecimientos, sigùeme en ellos, acompáñame y tomas parte en mi dolor...». Durante la mañana Jesùs vuelve para dictarle la Calle Crucis ch'ella ha hecho antes con él algùn dìa. «Su rostro fue lacerado, escribe los ojos hinchados y ensangrentados... Me ha hecho besar sus pies a la séptima, al onceno, a la decimotercero estación. Luego, antes de desaparecer, me ha dicho: «Se acerca la hora de mi crucifixión... te la haré conocer cuando toque». «Hacia mediodìa y medio lo he vuelto a ver: «He aquì el momento en que los verdugos están a punto de clavarme a la cruz, Josefa». «... Pues, ella escribe un dolor tan violento traspasó mis manos y mis pies, que mi cuerpo fue sacudido completamente de ello. En el mismo tiempo entendidos los golpes de martillo, lentamente repetido, que se repercutieron en lejanìa. Con voz apagado Jesùs ha dicho: ¡«He aquì la hora de la redención del mundo! Están a punto de elevarme de tierra y ofrecerme en espectáculo al escarnio de la muchedumbre... pero además a la admiración de las almas!...». «Después de algùn instante lo volvì a ver. Fue atacado a la cruz y a este fue enderezada: «El mundo ha encontrado la paz!... esta cruz, que fue hasta ahora instrumento de suplicio sobre que los malhechores murieron, se volverá la luz del mundo y el objeto de la más profunda veneración. «En mis llagas sacratissime sacarán a los pecadores el perdón y la vida!... Mi sangre lavará y borrará todas sus torpezas... «A mis llagas sagradas vendrán las almas puras a dissetarsi y a encenderse de amor... En ellas él rifugeranno y pondrán para siempre su morada!... «El mundo ha encontrado su redentor y las almas elegidas el modelo que tienen que imitar. ¡«Josefa! ¡estas manos son por ti para sustentarte, estos pies para seguirte y no te dejes nunca sola! «Todo lo que ves, escrìbalo!». De nuevo ella trata de trazar el retrato del Salvador. Sabe que no se manifiesta a que por las almas, y que ella no está allá que para transmitir el testimonio de aquellos dolores. Con toda la posible cura trata de no omitir ningunos particular: «Fue confitto en cruz. La corona circundó a su jefe, y grandes espinas os clavaron intensamente. Uno, más larga que las otras, entró por encima de la frente y logró cerca del ojo izquierdo que fue todo hinchado. El rostro, cubierto de sangre y de suciedades, fue inclinado hacia adelante, un po a mano izquierda agachado. Los ojos, aunque muy hinchados e inyectados de sangre, todavìa fueron abiertos y se fijaron en tierra. Sobre todo su cuerpo atormentado se vieron las huellas de los golpes que, en algunos apuntas, extirparon hasta jirones de carne y piel. La sangre corrió de la cabeza y de las otras herìs. Los labios fueron morados y la boca ligeramente contracta: pero la ùltima vez que lo he visto, hacia las dos y media, retomó su aspecto normal. Este visa inspira una compasión tan grande que no es posible contemplar Jesùs en tal estado sin tener el alma traspasada por el dolor!... Cuánto a mì, lo que me ha causado mayor pena fue que tuvo ni siquiera la posibilidad de acercar una mano al rostro. Verlo tan clavadas manos y pies me dará la fuerza de abandonar cada cosa y de también someterme a su voluntad en aquél de que yo cuesto más. «Lo que incluso he observado cuando lo he visto tan crucifijo es que le fue arrancada la barba, que da habitualmente a su rostro un gran majestad. El pelo que soy asì belli y añaden mucha gracia a su fisonomìa fue descompuesto, empapados de sangre y cayeron sobre su cara». Bien se puede comprender que un tal espectáculo le deja destruida y como extraviada en el dolor. Da la tarde en la pequeña celda, testigo de muchas gracias, y que en aquel dìa, por una misteriosa voluntad de Dios, se parece a la cumbre del Calvario. Un silencio secreto os reina, y un ruego mudo une el alma de Josefa a la oferta del Redentor. «Hacia las dos y media escribe Nuestro Dios ha hablado con voz partido». Ella recoge entonces las siete palabras, que Jesùs Crucifijo amplifica en el ardor de una ùltima efusión. «O Padre, perdóneles porque no saben aquellos que hacen. «No, el que no han conocido es su vida. Han arrojado sobre él el furor de su iniquidad... ¡Pero Yo te ruego, o Padre, haga caer sobre ellos toda la fuerza de tu misericordia! «Hoy estarás conmigo en Paraìso... ¡«Porque tu fe en la misericordia de tu Salvador ha borrado todos tus delitos, ella te conduce a la vida eterna! ¡«Mujer, he aquì tu Hijo! ¡«Mi madre! He aquì mis hermanos!... protégelos!... quiérelos... ¡Vosotros ya vosotros no estáis solos, por cuyo he dado la vida! Ahora tenéis una madre a la que podéis recurrir en todas vuestras necesidades». Aquì Josefa interrumpe el cuento: «He visto cerca de la cruz a la Virgen de pie, que Jesùs miró. Tuvo un vestido morado y un velo del mismo color. Ha dicho con voz triste pero punta: ¡«Ves, pare mi, hasta que pica lo ha reducido el amor por las almas! El que tù contemplas en un estado mucho triste y piadoso es mi divin Paro: el amor lo conduce a la muerte!... el amor lo empuja a unir todos los hombres en un vìnculo fraterno dándoles a la misma Madre». «Jesùs ha continuado: ¿«Mi Dios, por qué me has abandonado? «... Sì, el alma ahora tiene derecho de decirle a su Dios: Por qué me has abandonado?. En efecto, cumplido el misterio de la Redención, el hombre se ha vuelto hijo de Dios, hermano de Jesùs Cristo, heredero de la vida eterna». «Tengo sed!... «O mi Padre!... tengo sed de tu gloria. Y he aquì ya junta la hora!... ¡De ahora en luego, viendo realizáis mis palabras, el mundo conocerá que eres tù que me has mandado y serás glorificado de ello! «Tengo sed de almas, y para extinguir esta sed he esparcido hasta la ùltima gota de mi sangre!... Por tanto puedo decir: ¡«Todo es cumplido! «Ahora es cumplido el gran misterio de amor en el que Dios ha dado a la muerte a su Unigénito para devolver la vida al hombre. «He venido en el mundo para hacer tu voluntad. O Padre, ella es cumplida!». «En tus manos encomiendo mi alma y a ti entrego mi espìritu. «En tal modo las almas que han ejecutado mi voluntad podrán decir en verdad: "Todo es consumido!... Mi Dios y mi Dios, reciben mi alma, la repongo en tus manos"!. «Josefa, lo que has entendido, escrìbelo. Quiero que las almas escuchen y lean lo que es escrito... para que quién tiene sed él disseti y quién tiene hambre se llena». «Dichas estas palabras, desaparecieron. «La cruz, los clavos, la tristeza del alma y un sufrimiento que no sé explicar... He conservado todo eso hasta hacia las seis de la tarde, luego de repente todo dejó, exceptuados los dolores de la corona de espinas». Con la tarde de aquellos viernes San se cierra la prodigalidad de las visitas divinas. El dìa del sábado San, 31 de marzo, transcurre bajo la impresión de los recuerdos de la vìspera, de los que Josefa no sabe apartar el pensamiento. Durante la noche de Pascua, hacia las dos y media, la Virgen le aparece de repente, en todo el resplandor de su belleza. ¡«Pare mi Ella dice solamente, mi Hijo, tu divino novio, no sufre más! Y resucitado y glorioso!... Sus llagas están ya el manantial a que las almas sacarán gracias sin nùmero y la morada en que los más miserables encontrarán guarderìa. «Listos, mi hija, a adorar estas llagas gloriosas!». Dice eso la Virgen disparve y Josefa escribe: «No sé expresar mi pena viéndola alejarse... habrìa querido volar a su continuación para no quedar sola... pero no lo tengo más vista...».

 

IX

MARMOUTIER

 

VIDA DE FE 1° de abril el 2 de mayo de 1923

Las calles de Dios son inescrutables a las miradas de las criaturas.

(La Virgen a Josefa el 19 de abril de 1923).

Surge el alba de Pascua y Josefa se prepara a adorar las llagas gloriosas de su Dios. Pero a otra preparación la ha invitado la Madre del cielo, ya que solamente nueve meses la separan de su entrada en el reino beato, donde los electo él dissetano para siempre a los manantiales del Salvador. Aquì abajo ella no gustará que de paso alguna gota necesaria al restante camino. Jesùs, que le ha abierto abundantemente su Corazón, confiándolas por las almas el sentido de sus dolores, Jesùs que la ha fortificado, asociándola con su pasión, ahora se lo entrega a él mismo como un instrumento de que por un poco de tiempo semeja ya no necesitar. Se se complace con dejarla a las mismas posibilidades, pero justo entonces él le continùa en ella, a su insaputa, la obra de su amor, que será siempre una obra de destrucción y muerte, por lasciar puesto a su vida y a la libertad de su acción. Josefa cree en esta acción, en este amor, de que está segura. Se se entrega a sus disposiciones; pero su alma delicada no tarda a temer de ser la causa de la ausencia y el silencio del Maestro. «Toda la semana de Pascua es pasada escribe, sin que Jesùs haya venido... Soy quizás yo que pongo obstáculo a su vuelta?». Atrevida y fiel al deber como siempre, ella se restablece a la obra en el laboratorio, dónde sus ayudante siempre la han encontrado presente durante el tiempo cuaresmal. El laboratorio es tan el centro de su vida de trabajo en este año 1923, que no podemos renunciar a penetrarvos. Consiste en una vasta sala, al primer plan de los «Vieux Feuillants». Las ventanas de dos lados se abren sobre la capilla, que es separada por este local solo por un pequeño corral interior. Por bastantes meses Josefa os ocupó una de las camas que hicieron de esta habitación un dormitorio en otros tiempos. Os se venera todavìa el lugar donde Jesùs a menudo le apareció con la cruz. Allá tuvo los primeros asaltos diabólicos en el diciembre de 1921 y allá la Virgen el 16 de octubre de 1922 le hizo regalo por la primera vez de su las gotas de la preciosa sangre del Hijo. Esta habitación, algo apartado, grande y luminosa, fue transformada en casa de moda cuando Josefa tuvo el encargo de confeccionar los uniformes de las educandas. Allá pasa gran parte de sus dìas circundada por novicias y postulantes que ella forma y sigue en su trabajo. Desde el principio ha procurado de devolver aquel pequeño reino un oratorio dónde se ruega casi sin interrupción, una prolongación del tabernáculo, en cuyo insignia a sus ayudante a unirse a la oferta perpetua de Jesùs Hostia, un refugio de paz y alegrìa por su Corazón con la fidelidad silenciosa a la regla, un paraìso de delicias en que la más delicada caridad no conoce sombras. De aquel santuario se fija cuanto en un horizonte grande el mundo, porque las intenciones del Corazón de Jesùs son recordadas continuamente y da a los dedos una nueva agilidad y a las almas un nuevo salto. Esta rapidez de fervor no le impide a Josefa de velar a la formación de sus hermanas. Ella oye la responsabilidad, pero también gusta la felicidad de devolverle más adecuadas a servir la Sociedad del Sagrado Corazón. Ella no ahorra bajo este aspecto ni pena ni fatiga, discerniendo las posibilidades de cada uno, desarrollándolas pacientemente, soportándolas pequeñas ineptitudes de las principiante, corregiendo o acabando la tarea con una incansable bondad, exigiendo de todas la atención, la cura y la perfección que tienen que siempre acompañar una obra bien hecha. «Nunca se vio la impazientirsi una novicia de aquellos tiempos dice y si alguna costura le pareciera desaliñada dijo sencillamente: «No hace falta trabajar asì por Nuestro Dios». Su autoridad firme y dulce no fue puesta nunca en tela de juicio. El se respetó, la se quiso, y su presencia más que un estìmulo o un estìmulo fueron sobre todo una bonita y constante lección de verdadera vida religiosa. Ella quiso mucho a las alumnas, sobre todo las más pequeñas: se sintió lo en su trabajo y cuando las acercó por las pruebas de los vestidos. Su total dedicación fue cosa de su derecho, y las niñas lo supieron muy bien. Cuántas veces, por la tarde, pasando en los dormitorios para cerciorarse que vosotros faltarais nada, se vio la pararse, arreglar furtivamente algùn tirón desgraciado que una jovencita las presentó, o suplir a la incapacidad de alguna pequiñaja en pena. Todo eso se hizo con sencillez y sin ruido como la cosa más natural del mundo. Pero las madre guardianas lo notaron con gratitud y las niñas conservaron en su recuerdo el su ideal de una vida religioso y sacrificado ch'era aparecido por la humilde hermana. Todo por las otras a lo largo del dìa, puesto que quedó sola, incluso sin interrumpir su trabajo, se hundió de nuevo en las delicias de la concentración. Fue la natural tendencia de su alma. Una madre una tarde vino, después de que las novicias si n fue, a preguntarle un servicio. Ella estaba cosiendo activamente, pero su actitud dijo claramente dónde fueron dirigidos sus pensamientos: semejó perdida en Dios. La religiosa la contempló algùn momento con respeto, luego la llamó dulcemente. Ella sobresaltó y con verdadero esfuerzo echó sobre su interlocutora una mirada llena de Nuestro Dios. Se levantó enseguida con su deferencia habitual, pero su alma pareció que volviera de muy lejano. Muchas religiosas tuvieron ocasión de contactos con ella, porque Josefa siempre puso al servicio de quién deseó él su tiempo, su aguja, su habilidad. Se vino de bueno gana a confiarle una costura de hacer a máquina, un objeto de acabar o de estirar, un tejido de cortar, etc..., y en los dìas de vacación ella ayudó a vestir en costumbre a las actrices, por las fiestas recreativas del educandato. Las maestras de trabajo a menudo recurrieron a su complacencia. Al prepararse solemnidades de las primeras Comuniones, ella puso toda su fe y todo su amor en confeccionar los vestidos y los velos blancos. Desde el alba del gran dìa se pudo contar sobre de ella: nada faltó en el «cenáculo» donde las queridas pequeñas encontraron cada uno las mismas cosas preparadas con la más gran cura sobre mesas blancos ornatos de flores. Cosas de nada, se dirán: ¿pero cuándo es el amor que las multiplica sin reserva y sin parada, no es quizás este la señal más segura de un alma todo le fecha a Dios en el más completo desinterés de él mismo? De otra parte la vida de dedicación de Josefa no se agrupa solamente en su laboratorio. A más reanudaciones se han metido en evidencia los servicios que devolvió algo por todas partes un. Y cosa ùtil volvernos sobre, pero es necesario, siguiendo paso paso la calle extraordinaria que ella recorre, no pierdas nunca de vista la atrevida energìa y el invariable espìritu de sacrificio que se fijan en ella por todo, en su deber cotidiano. Y propio en este cuadro que Jesùs seguirá a actuando su plan sobre de ella durante el mes de abril del 1923, sin que ella lo vea o tenga conciencia de ello. En el secreto de cada uno de sus dìas él esconde las maravillas de su acción divina. él octava de Pascua acaba pues en la espera de Josefa y las semanas siguientes reconducen horas oscuras. El «león rugiente» que no deja de girar alrededor buscando su presa, no está nunca lejano. él reaparece repentino con toda su potencia y las tinieblas de espìritu, las dudas del corazón, las indecisiones de la voluntad, las persecuciones sensibles de dìa y por la noche intentarán de nuevo de sacudir la fidelidad de Josefa. El ánimo, restablecido en los dolores de su Maestro ìntimamente meditados en las semanas cuaresmales, enfrentará los asaltos repetidos del demonio, no sin pero todavìa hacerle tocar con mano su fragilidad. El viernes después del domingo en Albis, 13 de abril, un alma que del Purgatorio antes alguna semana le preguntó a Josefa de los sufragios, la es mandada por el cielo para darle fuerza. El alma revela su nombre y añade: ¡Vengo en nombre del que es mi beatitud eterna, el objeto ùnico de nuestro amor, para animarte a continuar en el sufrimiento la senda que su bondad te traza por tu bien y de muchas otras almas! «Un dìa tù contemplarás las maravillas de amor que él reserva, no en el tiempo, pero en la eternidad, a las almas de él más queridas. ¡Entonces tù comprenderás los frutos del sufrimiento y gustarás una felicidad tal que el alma no podrìa sustentarla aquì abajo! ¡«Ánimo! ¡hallarás pronto la paz! La obra redentora no se realiza que a fuerza de sufrir. Pero el sufrimiento purifica y fortifica el alma enriqueciéndola de méritos a los ojos de Dios!». Más allá estas palabras de la mensajera del reaniman a Josefa. Sin embargo ella sigue sustentando por la tarde la prueba dolorosa hasta del jueves 19 de abril, en cuyo la Virgen viene ella desteja a calmar la tempestad. Josefa, que no lo tiene del alba de Pascua más revista, asusta de alegrìa. Enseguida le encomienda un alma que sabe en peligro, ya que, más que sobre él mismo, su interés y su ruego se concentran en las almas. ¡Sufre! ¡Sufre! la Virgen le contesta. Lo que tiene gran valor hace falta adquirirlo a querido precio». Luego añade: ¡ Este alma se salvará! ¡Ofrece todos tus sufrimientos a este objetivo y te entregas de ello el resultado y la gloria a Dios Solista! Pero te lo repito, mi hija, este alma no se perderá!». Entonces con bondad, pero con firmeza, le hace entrever la perspectiva de un próximo sacrificio. Jesùs quieredice que tù hagas el sacrificio de esta casa!». A estas palabras Josefa queda se asombrada. No la aseguró La Virgen un dìa que les habrìa muerto a los Feuillants?... Y luego qué será de ella, frágil y como se conoce vulnerable, sin la ayuda que N. Dios le ha dado en sus Madres?... ¿Cómo podrá, sola y sin socorro, tiene que llevar la responsabilidad de la vida en que caminar? Su espìritu es turbado y su corazón agitado. No asombrarse, mi hija la Virgen continùa, alentándola con voz dulce y punta. Las calles de Dios son inescrutables a los ojos de las criaturas... No temas: este sacrificio es necesario por tu alma y por muchos otras. Jesùs te quiere, vivos sólo por él!». El dìa después, viernes 20 de abril, Nuestro Dios le confirma su voluntad. Y como ella le expone sus temores: ¿ No hay Yo, Josefa, a cuyo puedes confiar todo y hablar de todo? ¿Cuándo te he dejado nunca sola? ¡Tu amor por mì es un nada, en cuanto una sombra, en comparación de lo que Yo te llevo! «Quiero que tù me des esta prueba de amor y es necesario que la obra mis pasos por el crogiuolo del sufrimiento. No temas: nadie descubrirá el secreto que te envuelve, y la obra resplandecerá más que nunca ya que allá abajo dejaré huellas de mi paso». Por tanto, reanimando su ánimo y su confianza: Está a punto de empezar por ti un nuevo perìodo de vida. Tù vivirás de paz y de amor y mientras tanto nos prepararemos a la unión eterna. Ya nada nos separa, Josefa: tù me quieres y Yo te quiero... las almas se salvan... qué importa el resto?». ¡«Quiero que tù crezcas añade con tierna compasión; todavìa eres asì pequeña! Pero yo no te dejaré sola!». Esta voluntad divina, aunque imprevista, coincide sin embargo con aquel de sus superiora. No necesita sino esta breve vida religiosa sea priva de las gracias que llevan los cambios de casa, frecuentes al Sagrado Corazón. Además necesita que otras almas, más allá de los testigos habituales de su vida, aprecien su virtud simple y sólida, su separación, su obediencia, su fidelidad, el suyo humilde y lleno desinterés. Necesita sobre todo que el espìritu de que es conducido sea probado de modo que no pueda ser nunca dudado. Todas este razones de prudencia y sabidurìa regresan perfectamente en el plan divino. Es decidido que Josefa tomará lo más pronto posible la calle de Marmoutier y que ninguna información acerca de a sus calles extraordinarias la precederá ni lo acompañará cerca de las superiora a que es entregada. Dios, que le hace el camino, tendrá cura de ella segùn su santa voluntad. Ella es suya, es su obra, más ancla que su instrumento: tiene que ùnicamente ser confiadale a. El fin de abril encuentra a Josefa serenada y lista a todo lo que la obediencia decidirá a su respeto. «Aunque yo cueste dejar esta casa que anzuelo y todo el resto con ella, poco me importa: escribe iré donde Jesùs querrá ya que él sólo quiero querer y a él sólo placer!». Y Jesùs, con complacencia, ley todo esto en el más su profundidad del alma. « Josefa, tù me consuelas». le dice el lunes 23 de abril, mientras que ella está señalando el sujeto de su examen particular con estas palabras: multiplicar los pequeños actos de fidelidad sin rechazar nada a Jesùs. Sì, este examen me gusta. Si tù fueras fiel a todas las delicadezas del amor, Yo no me dejaré vencer en generosidad. Tu alma será inundada de paz. No te dejaré sola y, en tu pequeñez, tù serás grande porque Yo te vivo en ti!». Luego, para darle ánimo, añade: El amor te conduce, el amor te sustenta. Sì, ahora necesita que tù crezcas y que tù corras hasta alcanzar el abismo de felicidad que te preparo con mucho amor!». Se acerca el dìa de la salida. Josefa no necesita hacer preparativos: ¡es tan poco lo que lleva consigo! Hasta la ùltima tarde conduce su vida usual con sencillez y serenidad. Y lista a abrazar la voluntad de Dios. Pero el corazón sufre por la separación que siente calurosamente, y todavìa más por la aprensión de encontrarse sola bajo el peso del secreto que lleva consigo. ¡«Vas! las repite Nuestro Dios el domingo 29 de abril vas a aquella casa y me encontrarás. No te asustes. Te diré lo que tendrás que hacer y no te abandonaré!». El miércoles 2 de mayo cumple el sacrificio. Al alba, Josefa une la suya ofrecida a la de Jesùs Hostia y, santificada por la Comunión, va a dar el ùltimo saludo a todos los lugares queridos a su corazón: la celda de Santa Maddalena Sofìa, el pequeño oratorio de la Virgen al noviciado, el cappellina de las Obras que quiere mucho... Apenas salida de Jesùs los encuentra: «Me vino a con la corona de espinas. Probé una gran alegrìa porque desde hace mucho tiempo tiempo no la llevé más y fue un gran consuelo partir con aquel tesoro!... él el atavìo sobre mi jefe diciendo: «La coges y me sigues!». Algùn instante después de Josefa dejó los Feuillants. «Sobre la acera de la estación lo he vuelto a ver ella escribe donde en el quadernino apuntará todas las palabras del Maestro en el perìodo de vida que está a punto de abrirse. Pasó cerca de mì y me dijo: «Camino delante de ti». Y repite algo más tarde las mismases palabras un, cuando el tren ya llevó a la viajera hacia su destino. «Usted, Josefa, camino delante de tù y mi Corazón es glorificado!... ¡Cuántas almas se salvarán! y cuánto sorpresas te preparo!». «Luego no lo volvì a ver más añade pero lo supe allì y mi corazón le habló: me ofrecì con todo la alma a hacer su voluntad, renové más veces mis votos, le preguntaron de enseñarme a quererlo cada vez más, ya que no busco ni quiero que él sólo. Me entregué completamente a él y al viaje acabó con el gran consuelo de poder ofrecerle a Dios el sacrificio de la casa y las Madres que tanto quiso».

 

ASCENSIÓN EN LA SOLEDAD el 220 de mayo de 1923

El amor te conduce... El amor te sustentará. (N. Dios a Josefa el 2 de mayo de 1923).

¡Marmoutier, el gran convento! Se distingue lo de lejos por su gran torre campanario, su portal del siglo XII y la masa imponente de su construcción. Se eleva sobre el valle y se aparta sobre la roca rojiza de la ladera de Rougemont, cerca del Loira, de cuyo a veces es inundado, cerca de la ciudad de Tours, al que fue juntado una vez con una galerìa cavada bajo el rìo; sobre todo unido a la historia nacional y religiosa del paìs cuyas fechas célebres son imprimidas de sus piedras inmortalizadas por la leyenda benedictina. Marmoutier es el Gallia abierto al cristianismo con San Graciano, San Leobardo y San Patricio, de que las grutas todavìa llevan el nombre. Y la Francia de los obispos y los monjes, con San Martino, el fundador del gran monasterio, con San Brizio y los Siete Durmientes, con sus abades comendatarios, de cuyo Richelieu todavìa llevó el tìtulo. Y la Francia dolorosa del 1791 con la expulsión de los Benedictinos, las devastaciones de la Banda Negra, el abandono de las ruinas monásticas. Una cosa, en cambio, no muere, siempre consagrando los lugares: ¡la santidad! Un dìa, que en uno de sus viajes apostólico Santa Maddalena Sofìa costeó el Loira, sintió de ello los effiuvi y se propuso de hacerla revivir «en la Tierra de los San». En el 1847 os mandó a las hijas para que en aquel valle refloreciera el amor. A este tesoro de vida espiritual, acumulado por siglos, Josefa, el miércoles el 2 de mayo de 1923, vino a llevar la pequeña gota de su amor y algo de las riquezas divinas de que el Corazón de Jesùs la quiso mensajera. Ella os habrìa transcurrido sólo un mes, en el nascondimento y en el trabajo. Apenas llegada se dedicó todo a su nueva familia. Nada la distinguió de las otras, segùn el testimonio de la madre encargada entonces de las hermanas adjutoras, si no la fidelidad a las pequeñas cosas, la continua prisa a devolver servicio en los más humildes despachos, el silencio, la concentración, la amabilidad en las relaciones cotidianas. Este pero no tuvo que estar sin mérito, porque su sensibilidad refina intuyó pronto, a pesar de la caridad llena de delicadeza que lo acogió, la incertidumbre de que fue objeto, un interrogante que no los se puso directamente, pero que dio lugar a cierta indecisión sobre los motivos de su llegada. Por qué dejó los Feuillants?... Qué vino a hacerle a Marmoutier dónde ninguna necesidad solicitó ella?... « Aquì le dijo la tarde misma su Maestro aprenderás a querer la humillación, Josefa, ya que te esperas. Asì tu alma crecerá y me glorificará». Y las repitió: « No temer: te conduce el amor. Ello te sustentará. Vivos de amor para poder morir de amor!». Y Desde el dìa siguiente es dada como ayudo en porterìa. un despacho completamente nuevo por ella y que de principio puede lograr difìcil no conociendo a la casa y las personas. Pero nada retiene su deseo de hacerse ùtil. El se ve recorrer silenciosamente los largos pasillos del convento, perderse más de una vez, multiplicando los vaivenes para arreglar las equivocaciones involuntarias, y sacar, en los fervorose genuflexiones delante de la puerta de la capilla cada vez que os da davani (...) que Nuestro Dios no deja de encomendarle. « No temer las repite ya que Yo cuido de ti como una mamá de su hijito. Soy Yo la alegrìa de tu el alma: sufrirás: pero en la paz!» Con estas palabras Nuestro Dios compendia los dibujos de su Corazón. Esta etapa tiene que servir a madurar el alma de Josefa en el sufrimiento y en el mismo tiempo llevarle una prueba más evidente de la acción divina que le ha colocado en ella los fundamentos de la obra del que es instrumento. Rodeamos de seguir la lìnea de esta conducta que está en cada cosa sabidurìa y amor. Privada de los habituales socorros encontrados en sus guìas, Josefa viene a conocer no la soledad del corazón, ya que todo el suyo ha dado donde a la nueva familia se siente enseguida armónica, pero el aislamiento del alma, bajo el peso del secreto que tiene que custodiar entre si y Dios. Siempre abierta y confidente con las superiora, sufre de no poderse abrir hasta aquel fondo de gracias y de pruebas que soy al manantial de su vida interior y el que no puede sustraerse sin venir menos a su vocación. Nuestro Dios permite esta prueba para robustecer su fe y, todavìa más, para cavarle en ella las profundidades de separación y purificación, que luego su amor invadirá. El dominio absoluto de Dios está a punto de establecerse en quell alma sin ningùn obstáculo. él reserva la dirección y la hace subir hacia la cima de sufrimientos y de gracias que será por ella el cuarto de estar en la Tierra de los San. él las recuerda, a lo largo de los primeros dìas, lo que su Corazón es por Usted: su presencia: la felicidad... su conducta: la seguridad. él la alcanza en el ruego. Dale a lado como un relámpago en los pasillos. La tarde le aparece de repentino cuando está a punto de ir al descanso. Ella siente caer de sus labios los seguros de que su fe viva no ha dudado nunca, pero a los que las circunstancias dan un relieve nuevo. « Me hablas le dice porque estoy contigo, no estás sola, tampoco cuando no me ves. Yo te veo, te sigo, te oigo; me hablas, sónrìeme, porque soy tu novio, tu compañero inseparable...». Luego, haciendo alusión a la casa que ha dejado: «Aquì, como allá, tù estás en mi Corazón!». El primer viernes del mes, 4 de mayo, al alba, él le abre el Corazón adorable: «Vienes, entra acá: ¡ le dice aquì pasarás el dìa! Tù me estás en mì, Josefa, y es por tanto que no me ves siempre. Pero Yo siempre te veo, y este nosotros basta ya!». Luego él casi añade un pequeño compendio de teologìa de su presencia a través de la gracia: « Tù me estás en mì, Yo en ti. Cuál unión más estrecha podrìa unirnos?». ¡«Veo bien Josefa escribe, cada dìa de más que él es mi ùnica felicidad, mi ùnico amor! Le pregunto solamente la fuerza de serle fiel!». Durante el agradecimiento de la Comunión, se ofrece a esta presencia que es todo por ella: «En aquel mismo instante lo he visto asì bonito y paternal!». Y con estas rayas trata de expresar la seguridad que le infunde la mirada de Jesùs: « Josefa, Yo te estoy en ti, te sustento para que entre el sufrimiento tù conservas aquella paz que supera cada alegrìa terrenal y que nada podrá sacarte: mi paz... él, mi paz te inundará de una santa alegrìa, te fortificará y te sustentará en el sufrimiento!». Y como ella lo suplica de venirle en ayuda. «porque escribe querrìa darle sobre todo mucha gloria y muchas almas». Jesùs completa su pensamiento: « El amor te purificará, consumirá tu miseria y la fuerza misma de este amor, puro y ardiente, te conducirá a la santidad... Soy Yo que haré todo!». El sábado 5 de mayo, Nuestro Dios le recuerda la cooperación de amor que su Corazón espera de ella, y como esta cooperación se alimenta beneplácito divino escondido bajo las apariencias de cada momento presente: « Quiero que tù aprendes a ser generosa le dice porque la generosidad es fruto del amor. Sucesivamente te explicaré: ahora doy de ello la lección práctica: te encontrarás en mil circunstancias por las que no verás que yo, y si te será manifestada o dicho algo que dé pena o hiera el corazón, tù sonrìes con generosidad y amor, como si fuera Yo que te hablaras...». Para animarla, sin pero pararla durante el trabajo, continua a aparecerle, aquì y allá, sembrando a lo largo de los dìas las llamadas de su amor. « El sufrimiento pasa, el mérito es eterno!... Tù siempre estás en mi Corazón; no perderme de vista; el amor te conduce; me abandonas todo... Soy todo por ti!». La Virgen no pudo quedar ausente de aquella senda más ardua. « El camino que recorres es aquel de mi Hijo le dice. Lo agradeces hacerte ir con él... ¡tù participarás más de una vez a las angustias de su Corazón, pero en su paz! «No temer de sufrir los racccomanda el domingo 6 de mayo ya que asì atraerás nuevas gracias sobre las almas... Quedas en la alegrìa y tu exterior sea reflejado de la paz que te está en ti!». El miércoles 16 de mayo, mientras Josefa recuerda a los pies de Maria las gracias y las pruebas de los diez meses pasados después de los votos, esta Madre incomparable la confirmación de nuevo en la confianza. « Jesùs te conoce, mi hija: ¡sabe lo que eres y te quiere asì! Tus miserias no desaparecerán para que tù siempre puedas vencerte y luchar. Desentonados sin desanimarte. ¡Tù ya has hecho la experiencia de su Corazón! él pregunta y quiere la miseria y el nada para dar lugar a su misericordia y a bondad, que consumen y transforman todo. Y mucho bueno!... ¡Ay! si las almas lo conocieran, como lo querrìan de más!». Y bendiciendo la dice antes de desaparecer: « Paz y alegrìa, hija querida, humildad y amor!». También el Santa Fundadora sigue a Josefa, con su protección vigilante, en aquella casa muy querida a su corazón y de que conoció cada piedra. Su celda, transformada en oratorio, corona el portal dicho «de lo pastoral» e ivi sus hijas a menudo recurren a la intercesión materna. Josefa conoció pronto de ello la calle. En la mañana de martes, 8 de mayo, ella va al oratorio, en un momento libre: «No supe cómo arrancarme ella ella escribe en su quadernetto de notas entre las visitas de Jesùs y las interrogaciones que me fueron dirigidas sobre los motivos de mi llegada: si estoy enferma, si quedara aquì, etc... Le pregunté de ayudarme, cuando, de repente, el Santa Madre me ha aparecido: « Eccoti pues aquì, mi hija!». Se enseña asì buena que Josefa se desahoga con ella con llena confianza y el Santa Madre continuo: «No te diré que una palabra porque tù puedas saborearla durante todo el dìa: el amor no encuentra nunca obstáculos, y encuentra, los transforma en medios para alimentar la llama... ¡Te explicaré este a fondo, pero más tarde! Aquì, mi hija, cumple tu deber. Quiere, quiere, quiere!». El lunes 28 de mayo Josefa la vuelve a ver una vez más en el dìa de su fiesta, suspendida a aquel fecha en el 1923. En aquel dìa ella suplicará la materna compasión a la vista cada vez más viva de su miseria y su piccolezza,e Santa Maddalena Sofìa no resistirá a esta invitación de humilde confianza. Le aparecerá en capilla, y haciéndole la señal de cruz sobre la frente, le dirá: « Hija querida, es asì que te quiero, pequeña y miserable... ¡Incluso yo fui pequeño como tù, pero he encontrado el medio de utilizar mi pequeñez dándola completamente a Jesùs, a él que es grande! Me he entregado a su divina voluntad y no he buscado sino la gloria de su Corazón. He tratado de vivir en el conocimiento de mi bajeza y el mìo nada, y él se ha encargado de todo. «Mi hija, vivos de paz y de confianza. Eres muy humilde y abandonados a aquel Corazón que es todo amor!». Ahora hace falta volver a la segunda semana de mayo, en el que Josefa se encuentra obligada a meterse por una senda que no tarda a hacerse empinado. Ella comprende, de las repetidas preguntas que le son dirigidas y de la vigilancia de que se siente objeto, que sus superiora tienen alguna duda sobre de ella. La bondad, la delicadeza de las Madres no disminuyen cierto a su respeto, tan incluso la caridad cordial de las hermanas de hábito. Su alma es demasiado delicada para no agarrar las sombras, también ligeras, que poco a poco descienden alrededor de ella. Nada puede ser más penoso a su corazón. El Maestro lo sabe, y deja persistir y crecer cada dìa más esta angustia para acelerar la carrera de su hijuela hacia de él: necesita que ella suba apoyándose a su Dios. En cambio, para ayudar la etapa cotidiana. él se digna iluminarla con un deseo de su Corazón. Cada dìa él la incitará a dirigir su esfuerzo hacia la realización de aquellos deseos divinos que paso paso tendrán que encaminarla a la cruz. Ciertamente Nuestro Dios en aquella pequeña Josefa, asì sola y consternada, pero fiel y atrevida, vio muchas almas a las que se complació descubrir en tal modo el secreto del generoso olvido de si en el sufrimiento, con el horizonte abierto sobre los deseos de su Corazón. El jueves 10 de mayo, fiesta de la Ascensione, él le aparece durante el agradecimiento de la Comunión, «resplandeciente ella escribe con las llagas irraggianti luz guapìsima e intensa. «Cuánto eres bonito, o Señor!». ¡« He aquì el dìa él contesta con ardor, en cuyo mi santa humanidad ha entrado en cielo! Quieres que Yo devuelva tu alma otro cielo, donde pondré todas mis complacencias?». Ella se hunde entonces en su miseria. ¡« Poco importa! ¡tu miseria se valdrá de trono y Mì seré tu Rey! Mi bondad borrará tus ingratitudes. Yo te consumiré y te destruiré... Contéstame, Josefa: permites a darme tu corazón por qué haga de ello un cielo de descanso?». ¿Cómo expresar la plenitud de su abandono? «Le he contestado escribe que mi corazón es suyo, que se lo doy con todo la alma... qué él sólo yo basta ya... qué el anzuelo, y que por él estoy lista a dejar todo». Jesùs semeja complacerse con esta protesta. « Usted, te vivirá siempre en ti, me esconderé en tu alma para olvidar las ofensas de los pecadores, y cada dìa te confiaré un deseo de mi Corazón, que tù procurarás realizar. «Hoy mi deseo es que tù vivas mi alegrìa. Rogarás para que las almas sepan despreciar los placeres terrenales para adquirir los bienes eternos. Te alegrarás en ver a tu novio entrar como hombre en la patria celeste, y con él muchas y muchas almas santas que esperaron con ardor que se abriera por ellos aquella beata morada. ¡«Adiós, custodìeme y me escondes en tu corazón! «Vivos de mi alegrìa; también por ti pronto surgirá esta gloria sin fin. Por ahora, esperándola, deja descansarme en ti!». Todo aquel dìa Josefa lo pasará con los ojos fijos a la alegrìa del Maestro divino: al cielo donde él triunfa para siempre... all alma suyo que la presencia de él se digna transformar en cielo que ninguna sombra puede oscurecer. El viernes 11 de mayo, antes de que acabes el agradecimiento de la Comunión, él viene para expresarle su nuevo deseo. « Estás aquì, Josefa?», las pregunta él. «He contestado diciéndole cuánto, más que nunca, necesito él». « Incluso yo te esperé». Luego ha continuado: « Hoy en dìa de paz... ¡pero en el sufrimiento! Y como tù no puedes hacer mucho, Yo te presentaré numerosas pequeñas ocasiones de que aprovecharás para ofrecerme esta tarde un bonito ramo de flores perfumadas. No te asustes. ¡Yo soy la paz! y como vivo y reino en ti, tù incluso vivirás en mi paz». La tarde de este dìa en cuyo Jesùs, fiel a la palabra fecha, no las ha perdonado ni dificultad ni sacrificios, lo hallan en dormitorio al momento en que ella va para dormirse. Le dice: ¡«Todo pasa, y el cielo no acabará nunca! ¡Ánimo! «Yo soy todo por ti, y por tanto también allá tu fuerza; ahora, descansa en mi paz!». « Abres tu corazón, Josefa, y me dejas entrar» le dice el dìa siguiente, sábado 12 de mayo, en el momento que se acerca a recibirlo en la Comunión. Ella no sabe cómo decirle que su corazón siempre es abierto por él: « Sì, lo sé contesta con ternura pero deseo y quiero que cada dìa mi entrada en ti sea más solemne y que tù tengas un tal deseo, un tal hambre de mì, de venir menos. ¡Si supiera cuánto te quiero! ¡Si pudiera comprenderlo! Pero eres demasiado pequeña!». Luego, en la efusión de su Corazón inflamado, añade: « Hoy, dìa de celo!... Pondré en tu alma la sed de almas que devora mi Corazón. ¡Ay! las almas, las almas!». Este deseo ya inflama el corazón de Josefa, ya que las almas ocupan todos sus pensamientos, su ruego, y no vive que por esta obra redentora de que ha sacado el sentido en el Corazón mismo de Jesùs. «Cuando me ha dicho asì escribe le he hablado de las almas que me están a corazón, y me ha contestado: « Usted, ruega... ruega... sin cansarse, y no temas de ser importuna, ya que el ruego es la llave que abre todas las puertas: hoy en dìa de celo, Josefa... dìa de celo por las almas... almas... almas!...» Y ha desaparecido!». Y aquel dìa las almas no desaparecen del horizonte de Josefa. ¿Qué no harìa para extinguir esta sed de su Maestro? El domingo 13 de mayo Nuestro Dios la invita a recorrer la calle redentora por excelencia: « Pasaremos hoy un dìa de humildad le dice después de la Comunión. Yo mismo proveeré de ello las ocasiones sin que tù le rodeas. Sigue rogando por las almas y a humillarte por ellas y luego, a pesar de todo, sónrìeme continuamente». Josefa no nota nada de este dìa pero la tarde, mientras ella lo adora delante del tabernáculo, Jesùs, que ley al final de su corazón, viene él destejo a contestar a la pregunta que ella se puso: ¿« Pues tù no comprendes, Josefa, por qué te he conducido aquì? Antes de todo he querido establecerte en un total abandono a mi voluntad, en una absoluta separación de todo, también de lo que te pareció más necesario. Además he querido, hacer tocarte con mano la necesidad que tienes de ser sustentada para poder destruirte en ti los ùltimos restos del orgullo. Y también es por las almas que he querido este sacrificio de la separación ha continuado y haré uno de ello de las piedras que formarán el edificio de mi obra». Ella escucha al Maestro, adorando su amor y su sabidurìa en cada palabra salida por sus labios. ¡« Pues, Josefa, la dice al momento de dejarla hoy es dìa de humildad, pero en la alegrìa! Yo soy tu alegrìa... qué te importa el resto?». El dìa después, lunes 14 de mayo, Nuestro Dios le explica por la segunda vez, pero de modo más claro, lo que ella tendrá que hacer por la obra de su Corazón en un próximo futuro: ¿« Tù eres toda mìa, es verdadero? las preguntas durante la meditación tù no rodeas que mi gloria?... Tù no tienes sino un deseo: qué se cumpla mi obra?...» A. cada uno pregunta he contestado: «Usted, Usted, o Señor». « Entonces él continùa con solemnidad te manifestaré los dibujos de mi Corazón. Ya te he dicho que antes de morir verás tres veces tu Obispo. Hace falta por el bien de la obra mìa que tù se la entregas un poco antes de morir, ya que deseo que enseguida después del tu muerto mis palabras sean conocidas». Y le

da a Josefa temblorosa los detalles que indica su precisa voluntad: ¡«No temer! Lo que tendrás que decirtelo haré conocer, pero desde ahora quiero que tu alma recoja el mérito de este acto caro». Después de la santa Comunión él la conforta diciéndolas: ¡« Hoy, dìa de abandono y confianza! «No puedo negar nada al alma que espera todo de mì. Háblame, pregùntame, confiado a mi Corazón, ya que Yo te custodio!». La ascensión de esta semana acabará con el amor: ¡el amor que explica e ilumina todo, pero también el amor que todo exige cuando toca la hora querida por Dios! El martes 15 de mayo, a la meditación, Josefa, que no puede iberarsi de cierta aprensión acerca de a las perspectivas reveladas por el Maestro, le pregunta a Jesùs este amor porque ella bien sabe que es el solista oculto y la fuerza de cada oferta. «Jesùs ella escribe ha venido de repente y enseñándome el Corazón cercado de llamas: « Josefa, contempla mi Corazón, estudìalo y aprenderás el amor. El verdadero amor es humilde, generoso y desinteresado. Si pues quieres que enseñas a quererme, empieza con el olvidarte. No consideres los sacrificios: ¡no hagas cuento de lo que tù cuestas, no hagas caso a tus gustos! Haces todo por amor!». Asì Nuestro Dios fortifica el alma de su novia: hoy un dìa de amor; mañana la señal del amor que ilumina el horizonte... pronto la prueba del verdadero amor. «Fue aquel de Jesùs escribe, la habiendo reconocido para tenerla a menudo llevado todo luminosa, como si os se reflejara una luz de lo alto.». Durante varios dìas el Corazón inflamado de Jesùs y su cruz resplandeciente iluminan sus pasos, pero silenciosamente, sin que el Maestro se manifiesta. La mañana de Pentecostés, el 20 de mayo de 1923, toda la meditación transcurre delante de esta cruz que secuestra su mirada y nutre su amor, no sin porle en la mente una pregunta: ¡«Señor! Por qué la cruz, en una luz tan bonita y sin embargo sin ti?». El propio Jesùs viene a darle la respuesta durante el agradecimiento de la Comunión. ¿« Josefa, no sabe sino la cruz y Mì somos inseparables? Si tù me encuentras, encuentros también la cruz, y cuando encuentras la cruz, me encuentras. ¡«El que me quiere, quiere mi cruz, y el que quiere la cruz, quiéreme! Nadie podrá poseer la vida eterna sin querer la cruz, sin abrazarla de bueno gana por mi amor. «La senda de la virtud y la santidad es hecha de abnegación y de sufrimiento. ¡El alma que acepta y abraza generosamente la cruz, camine en la verdadera luz, sigue una senda recta y segura, dónde no hay temor de resbalar sobre las pendientes, porque no hay de ello! «Mi cruz es la puerta de la verdadera vida, por tanto es resplandeciente. Y el alma que ha sabido aceptarla y quererla, tal cuál Yo se la he dado, entrará por ella en los resplandores de la eterna vida. ¿«Comprendes pues ahora cuanto preciosa es la cruz? No la temas... Quiérela, ya que si soy Yo que te la doy, no te dejaré nunca sin las fuerzas necesarias para sustentarla. «Mira como Yo la he sido capacitado para tu amor. Tù entrega ella por mi amor!». Josefa está a punto de entender en cuál modo tiene que llevar la cruz de su Maestro. Hasta ahora en los planes divinos no entró todavìa, salvo raramente, la desconfianza de sus superiora. Nuestro Dios mismo previo y garantizado la seguridad de su apoyo y su control en la calle extraordinario ch'ella tuvo que recorrer. Las persecuciones diabólicas solicitaron esta ayuda, que no le vino menos. Pero la gracia de la oposición es demasiado preciosa porque el Dios no lo ofrezca a un alma que él quiere con amor especial. Y venida para Josefa la hora de hacer de ello la experiencia, y será justo la mano suave y fuerte de Nuestro Dios que pondrá esta cruz sobre sus hombros y la plantará en su corazón.

 

LA CRUZ ES LAS GRACIAS DE ELECCIÓN 20 de mayo el 2 de junio de 1923

Por cuanto oscura te pareces esta hora, mi potencia la domina y mi obra resplandecerá.

(N. Dios a Josefa el 20 de mayo de 1923)

El 20 de mayo Josefa, aprovechando las horas más libres del domingo, se está a punto de escribirle a Poitiers. Y una dulce alegrìa y en el mismo tiempo un consuelo, y ella lo espera con deseo, aunque no pueda confiar a una carta el secreto de todo aquél que ha ocurrido después de su salida. Pero de repente el Maestro interviene, encargándola de transmitir en su nombre algunas indicaciones a las Madres de los Feuillants. Ella, atemorizada a este pensamiento, en un primer momento rechaza. Protesta que no puede hacer pasar bajo los ojos de la actual superiora, ignorante de sus calles extraordinarias, parecidas comunicaciones. Jesùs insiste: «Por qué temes, si soy Yo que te lo mando?». Ella suplica al Dios de compadecerla y de no exigir de ella un acto que sin duda no pasará inadvertido y agravará la desconfianza que siente ya pesar sobre de ella. Después todo, no ha sido él a querer el secreto en aquella casa?... y no le ha prometido de hacerle de ello garante?... El Maestro divino se muestra inflexible esta vez, y su voluntad le impone a Josefa obediencia y abandono: «Quiere le dice y encontrarás la fuerza!». En su angustia todavìa queda titubeante y no puede solucionarse a un acto de que no nos quiere mucho a presagiar las consecuencias. Sin embargo, como resistirle al Dios?... Se decide por fin e introduce en la carta, en términos velados, lo que expresamente el Dios le ha dicho de escribir. La noche transcurre sin accidentes, pero no sin inquietud: desaforadamente sus temores no la han engañado. La vigilante bondad de sus Madres es puesta pronto en alarma por aquellas rayas que no son evitadas, y cuyo llevada parece ustedes que superas la competencia de una humilde hermana. Algo anormal sospechando, se meten en guardia de frente a una calle que, a primera vista, no puede no parecer peligrosa y atrevida. El dìa siguiente Josefa es llamada por su superiora que la interroga en un primer momento con bondad, luego las enseña con fuerza el peligro de la ilusión que ella harìa del hazmerreìr de una fantasìa exaltada... Ella escucha, aceptando humildemente las advertencias hartos fuerte que querrìan ponerla en guardia contra él mismo y contra el demonio. Pero su alma es revuelta de ello. No puede retener las lágrimas que corren silenciosamente mientras en ella se despierta el torbellino de las aprensiones, de los temores, de las repugnancias animadas por lo tanto tiempo y con mucha dificultad sometida a la voluntad divina: «He resistido mucho a entrar en esta calle escribe aquella tarde y mis más fuertes tentaciones todavìa son de sustraerme de ello... ¡Ay! ¡como serìa feliz si pudiera caminar en la calle simple y comùn de mi querida vida religiosa! Cuál inquietud, cuál angustia, cuál lucha... Mi Dios, que hacer?... tengo que como resistirte de nuevo he hecho demasiado largamente?...» Usted tarde del lunes de Pentecostés, 21 de mayo, después de un dìa de dolorosa incertidumbre, le pregunta ella al Maestro de perdonarla si ha faltado de prudencia dando lugar, de alguna manera, a los reproches que ella acepta con llena sinceridad de ánimo. En capilla, delante de lo Santo, busca la respuesta a este ruego insistente y al alivio a su angustia. «Jesùs ha venido de repente escribe. Su Corazón fue inflamado y sustentó con el brazo derecho la cruz, todo resplandeciente, como la vi en estos ùltimos dìas». « Tù no has hecho qué obedecerme, Josefa le dice. No temer nada de parte de tus superiora. ¿No ves cómo te he ayudado hasta ahora? ¿He cambiado quizás? Te quise antes y todavìa te quiero. Yo soy tu Padre, tu Salvador, tu Novio; pero también soy tu Dios y tù me perteneces. El Creador es el dueño de su criatura y por este tù eres mìo»!. Luego, reanimando su fe: ¿ Credos tù que algo ocurra sin mi permiso? Soy Yo que cuento con todo por el bien de todas las almas, y de cada uno en particular. ¡Por cuanto oscura te pareces esta hora, mi potencia la domina y mi obra resplandecerá! «Soy el tuyo todo, Josefa; no temer, porque no estás sola. Te he conducido aquì no por tu ruina, pero por amor y porque hace falta que todo sea asì». Tales palabras reconducen la paz en su alma, sin disminuir de ello el sufrimiento. La cruz queda al horizonte, pero tiene perdido su resplandor. Sin embargo Josefa lo abraza con todo el amor de que es capaz. Externamente, nada de cambiado en su actitud: siempre simple y confidente, parece que tampoco una sombra sea pasada entre ella y sus superiora. Su perfecto espìritu religioso ya es un testimonio del espìritu que el amma, y es la huella de Dios. Algùn mes después de la superiora de Marmoutier dirá con emoción la impresión sobrenatural que las hizo entonces la actitud humilde y dulce de aquella hijuela en recibir y aceptar los fuertes reproches que creyó su deber dirigirle. Más bien no dudará de añadir que, viéndola salir de su habitación, tuvo la intuición que aquel alma gozara predilección divina. En aquellos dìas mismos las hermanas de hábito, que no dudaron de nada, siempre la vieron olvidadiza de si, servicial en cada cosa, amable en recreo, donde llevó la irradiación siempre creciente de su virtud. La semana de Pentecostés transcurre asì en el sufrimiento y en la angustia ìntima de cuyo Dios solo tiene el secreto. «Tu corazón no ha sufrido todavìa como el mìo», las repite Nuestro Señor martes 22 de mayo, y como Josefa repite que no puede haber comparación entre el Corazón de él y el suyo «mezquino y miserable»: « Sin embargo él contesta, en la medida de tu capacidad y tus fuerzas quiero que tu amor sea un reflejo del mìo!... ¡No temas! te quiero y no te abandono nunca!». La hora le ha llegado en cuyo Jesùs está a punto de verter la llena de sus gracias en la nueva capacidad cavada con la humillación. Josefa ya conoce toda la fuerza de la divina paternidad pero la tarde del 25 de mayo, viernes de Pentecostés, recibe de ello un tal seguro, que su alma parecerá confirmada en el espìritu de infancia y establecida en la disposición de confianza y abandono que soy de ello el fruto propio. ¡«La tarde ella escribe, mientras estuve a punto de acostarme y besé el Crucifijo renovando los votos con todo el ardor del corazón, de repente Jesùs me ha aparecido y asì bonito! pero especialmente asì padre!». ¡No sabe cómo expresar lo que es por ella la realidad de esta palabra! « No temer le dice Yo te custodio, te conduzco, te quiero!». Aquì está todo el sentido de la divina paternidad. «Porque es tan bueno continùa lo he llamado Padre y le he dicho toda la ternura que pruebo por él». Entonces contestando con su ternura divina a aquel de la hijuela: « Me gusta que tù me llamas asì le dice. Cuando me das el nombre de padre obligas mi Corazón a cuidar de ti. Aquì abajo cuando el niño empieza a hablar y balbuce esta palabra tan tierno padre, los padres exultan de alegrìa y le abren los brazos, lo aprietan al corazón con tal amor que parece ustedes que todos los placeres del mundo sean un nada frente a esta felicidad. Si asì es para un padre o una madre de la tierra, qué probará el que es padre, madre, Dios, creador, salvador, novio?... ¿Quien cuyo Corazón no tiene lo igual en ternura y amor? ¡«Sì, Josefa, cuando te encuentras angustiada y oprimida, ven, recùrreme a, llámame a padre y descansa en mi Corazón! «Si en tu trabajo tù no puedes echarte como a mis pies desearìas, sólo dime: Padre!. Entonces Yo te ayudaré, te sustentaré, te conduciré, te consolaré. ¡«Ahora descansa en paz! Otro dìa es pasado, que contará por toda la eternidad!». Este estreno amnistia le dejará en ella una huella profunda, preludio de todas aquéllas que seguirán. El 26 de mayo, vìspera del SS. Trinidad, lo que le señala podrìa llamar una cumbre de predilección divina. Josefa nota sin embargo este favor insigne que le es hecho con expresiones tan simples que nos revelan hasta cuál pica su humildad le ignora mismo. Citamos sin comentarios: «Después de la Comunión he visto a Jesùs. Un mendigo pareció que no osara hablar. Después de haber renovado los votos, le he preguntado porque se mostró asì... él ha desdoblado la mano: «Lo que quiero?... No lo sabes?... Nient'altro que tu corazón, Josefa». ¡«Pero, Señor, tù sabes bien que es todo tuyo! ¡Desde hace mucho tiempo tiempo te lo he dado y no vos tengo otro amor que! «Su Corazón se ha todo inflamado. Entonces con ardor me ha dicho: «Lo sé, hoy quiero secuestrarte él!... y a su sitio pondré una chispa del mìo, que te devorará e inflamará sin pose». Y continuando con creciente ardor: «Sì, vivirás de amor y tu alma sufrirá una sed insaciable de poseerme, de glorificarme, de darme almas. Tu corazón se consumirá en la llama del amor. Esta llama lo incendiará de celo por las almas. Entonces nada podrá ser a tu carrera más de obstáculo en la senda que mi Corazón te ha preparado con mucho amor». Impresionada por el ardor con que Nuestro Dios ha pronunciado aquellas palabras, Josefa presagia que algo de adulto está a punto de ocurrir entre ella y Jesùs. Siempre temorosa y desconfiado de si en presencia de tales gracias, ella escribe: «Le he dicho que quiero quererlo sin lìmites, pero desearìa que mì fuera como de de aquellos fanciullini que quieren inconscientemente, no buscando las ocasiones ni las pruebas, pero siempre con sencillez: querrìa ser asì: quererlo y darle almas, pero en las cosas más pequeñas: entonces no tendrìa mucha responsabilidad». «No temer, Josefa; nada se opone a eso ya que tù ya no actuarás de ti, pero guiada y movida por mì. «Yo incluso quiero que tù seas como un fanciullino, pero quiero utilizar tu pequeñez. Precisamente porque eres pequeña hace falta que te dejas manejar y conducir de mi mano paternal, potente e infinitamente fuerte, y que, ancorché fuera algo de bueno en ti, no tù no te lo atribuyas nunca, ya que los niños nada saben y nada pueden. En cambio, si son dóciles, si se abandonan, su padre los conduce con su sabidurìa y su prudencia. «Josefa, deja que te rasgas el corazón». Sin darme el tiempo de contestar, Jesùs me lo arrancó continua. Oì un violento dolor, y, tomando una llama ardiente del fuego de su Corazón, la hizo caer sobre mi pecho. ¡Ay! Señor, es demasiado!». « Me dejas... deja hacerme... es el amor!». Y mientras ocurre este regalo misterioso el Dios continùa: ¡« La llama de mi amor se valdrá de corazón, pero no te impedirá sentir, ni de querer, más bien! Más el amor es fuerte, más es delicado!... «Ahora pasamos un dìa de celo, de ardor y de delicadeza. Yo por ti y ti por mì!». «Luego ha desaparecido ella añade llevándose vìa mi corazón!». ¿Qué ha ocurrido en este mìstico cambio contado de manera tan simple y objetiva? La tarde de aquel dìa Josefa, que no puede confiar a nadie la llena de sus sentimientos, trata de escribir algo de ello. En estas rayas hace falta buscar solamente un testimonio leal y sin pretensiones del hecho que ella desteja no busca ni de entender, ni de explicar. «De aquel momento he sentido en mi pecho un fuego tal que me parece casi insoportable. ¡Y luego todo me aparece asì defectuoso! ¡Yo mismo querrìa salir de mì! ¡querrìa atraer muchas y muchas almas a su Corazón! ¡Dale mucha gloria! Tengo hambre de él, y no lo poseas, todavìa vivir lejana de le me logra un martirio. No sé expresar lo que me ocurre en mì... Ahora más que tengo nunca un ardor, una llama que me consume del deseo de mi Dios. ¡Ay! como querrìa quererlo y verlo querido...». No sabe cómo expresar este destierro de la tierra, este vacìo de aquì abajo de que hasta ahora no tuvo la idea. Sola, tiene que llevar el peso de una gracia tan insigne que lo destruye en la adoración y en el amor; sin embargo nada traiciona el fuego que la consume. El dìa siguiente, 27 de mayo, fiesta del SS. Trinidad, Nuestro Dios añade a sus regalos aquel de que ya fue favorecida durante el noviciado. Las tres Divinas Personas se manifiestan a en una luminosa belleza. Josefa oye estas palabras: «Tres es Uno en santidad, en sabidurìa, en potencia y en amor. «El hombre, cuya naturaleza humana es divinizada por la gracia, se vuelve una cosa sola con Dios. Asì Dios habita en el alma donde habita la gracia. Ella es el templo del SS. Trinidad, donde las tres Personas se reposan y de que hacen sus delicias». «Entonces ella añade después de haber escrito sencillamente cuanto ha oìdo no he visto más que Jesùs solo. él, tendiéndome la mano, la mirada fija al cielo, ha dicho: « Los hombres adoren al Padre, quieran al Hijo, se dejen poseer del Espìritu Santo y la Trinidad beata les vives en ellos». Luego, bajando los ojos sobre Josefa: « Si tù pudieras contemplar el belleza de un alma en gracia!... Pero lo que no puedes ver con los ojos del cuerpo, mìralo con los de la fe, y conociendo el valor de las almas, consagrados a dar esta gloria al SS. Trinidad, ganando muchas almas en que Ella pueda vivir». Y siguiendo a instruyéndola con mucha sencillez: « Cada alma puede hacerse instrumento de esta obra sublime le explica. No es necesario cumplir grandes cosas por éste: bastan las más pequeñas: un paso que se hace, una pajuela recogida por tierra, una mirada retenida, un servicio devuelto, una sonrisa amable... todo eso, ofrecido al amor, es en realidad de gran provecho por las almas y les atrae arroyos de gracias. Inùtil que te acuerdas el fruto del ruego, del sacrificio, de cualquiera acción ofrecida para expiar los pecados de las almas y para conseguirlas de purificarse y volverse, a su vez, santuarios dónde reside la Trinidad Santa». Entonces Josefa le encomienda los órdenes apostólicos que trabajan por esta obra y le pregunta de inflamarlos de celo, de bendecir sus trabajos y sus padecimientos. Nuestro Dios contesta a su solicitud haciendo notar el desinterés de los obreros de su mies como ellos devuelva queridos a su Corazón: «Y si alguien dice consagra su vida a trabajar directamente o indirectamente a la salvación de las almas y llega a tal separación de si que olvidarse, sin sin embargo descuidar la misma perfección, hasta a abandonar a otros el mérito de sus acciones, de sus ruegos, de sus sufrimientos... este alma desinteresada atrae sobre el mundo gracias copiosas... Ella desteja sube a un alto grado de santidad, mucho más que si hubiera buscado solamente el propio progreso». Josefa nota esmeradamente estos seguros divinos. «Luego él ha desaparecido scnve. ¡ Cuánto sufro cuando quedo sobre la tierra, después de una tal contemplación! ¡Yo, asì pequeña, me encuentro incapaz de llevar mucha felicidad! ¡Cuánto me parecen viles las cosas de aquì abajo! ¡Como quedo indiferente a todo lo que es terrenal! ¡No sé cómo expresarme, pero veo en una luz tan vivo lo que es Dios solo, que me siento separada por cada otra cosa! «Hoy, después de la Comunión, he renovado los votos con todo el ardor de mi corazón, y me he entregado de nuevo a. ¡él ya se ha llevado el corazón, pero gliw he ofrecido de ello de nuevo el regalo, con todo lo que quiero de más; patria, familia, los Feuillants, todo! ¡No quiero que él y si mi alma tiene que todavìa sufrir, le ofrezco este sufrimiento! ¡Ay! cuál sed él tengo de!». La soledad y la pena en que su alma ya es sumergida por ocho dìas encienden doblemente esta sed. Ella sigue pero soportándole en silencio y religiosamente. Su obediencia hace de todo para entrar en las intenciones de sus Madres a través de un insistente ruego y una vigilancia más circunspecta, si es posible. El lunes 28 de mayo, fiesta suspendida de Santa Maddalena Sofìa y dìa de gran solemnidad por las casas del Sagrado Corazón, Nuestro Dios contesta a su fidelidad completando las gracias insignes concedidas ella en los dìas anteriores y casi haciéndolas saborear el cielo. ¡«Después de la Comunión me pareció escribe que el paraìso estuviera en mi alma! Jesùs ha aparecido asì bonito!... el Corazón le resplandeció como el sol y fue superado por una cruz de fuego... Me ha dicho: « El que come mi carne posee Dios, el autor de la vida, y de la vida eterna, por tanto este alma es mi cielo. Nada puede serle comparado en belleza. Los Ángeles lo admiran y como Dios le está en ella, se postran y adoran. ¡Ay! si las almas supieran su valor!... tu alma es mi cielo y todas las veces que me recibes en la eucaristìa mi gracia le aumenta en ella y todavìa se acrecientan su valor y su belleza!». Josefa no sabe que humillarse a los pies del Maestro. Confiésale sus pecados, sus miserias, su debilidad, conociéndose indigna de aquella santidad infinita que se humilla hasta el punto de hacer de su alma un cielo de descanso. «Señor, dice te doy mi corazón, la vida, la libertad, todo!». « Y la ùnica cosa que deseo: ¿ Jesùs que contesta me importa el resto? ¿Tus pecados? Yo los borro... ¿Tus miserias? Yo las consumo!... ¿Tu debilidad? Yo la sustento... quedamos unidos!». Esta etapa que Dios ha querido y plano en todos los detalles está a punto de acabar junto al mes de mayo. Josefa ha dado prueba del verdadero amor: destacada, separada, purificada en el aislamiento, sin otro apoyo que la voluntad del Maestro, ha entrado con llena docilidad en el dibujo que la ha conducido a una nueva experiencia de la cruz. Ella ha abrazado esta cruz con toda la lealtad de su espìritu de fe y toda la generosidad de su amor. Le libero en ella, Dios ha vertido en su criatura el cùmulo de las gracias de predilección que transforman el alma y la llevan en poco tiempo a un nivel que no habrìa alcanzado nunca solo. Asì la obra del amor se ha cumplido en ella antes de continuarse y de cumplirse en el mundo. La luz radiante que ha iluminado el fin del mayo semeja apagarse poco a poco, como la tarde de un bonito dìa. Sin parar de trabajar por todas partes donde se reclama su ayuda, Josefa padece de agudos dolores, de que no se cuida de conocer la causa, pero que la dejan quebrantada al final del dìa. No se queja nunca, acostumbrada como es a esta resistencia fìsica que va al extremo lìmite de la posibilidad de sufrir. ¡Pero el alma queda sola bajo la cruz! «Anzuelo mucho mis superiora escribe dolorosamente y he aprendido a no tener secretos por ellos; no poder su dir todo en este momento es mi más gran sufrimiento. ¿Si Jesùs no me opinara, como podrìa soportarla? pero cuando la angustia es mayor hago el sacrificio de cada cosa y eso me fortifica». Jesùs mide la plenitud y la sinceridad de este sacrificio total de él mismo, de su reputación, de la ayuda de sus Madres, de una eventual vuelta a Poitiers. Con gesto de amor está a punto de devolverle todo. El 10 de junio ella escribe brevemente: «Me han dicho hoy que mañana retomaré la calle hacia Poitiers. He agradecido Dios de ello porque hice de ello el sacrificio y no pensé más de volvervos». Después de pocos instantes Jesùs le aparece y le confirma su deseo: «He aceptado el sacrificio de todo lo que me has dado, Josefa, y hoy te devuelvo todo. Ahora recomenzaré a manifestarte mis secretos; el demonio te atacará de nuevo y más de una vez buscará de engañarte y de dañarte. ¡No temas! Yo te defenderé. Tu corazón custodie la llama del amor y el celo en la alegrìa y en el abandono!... Te quiero y soy todo por ti».

 

ME BALANCEO TERCERO

EL MENSAJE DEL AMOR

 

(Segunda parte)

 

X

LA INVITACIÓN A. EL MUNDO

 

 

VUELTA A. POITIERS

LA FIESTA DEL SAGRADO CORAZÓN el 210 de junio de 1923

Hablaré en te y mis palabras irán a las almas y no pasarán.. Te querré, y las almas descubrirán mi amor en el amor que tengo por ti. Te perdonaré y las almas conocerán mi misericordia en el perdón en que te envolveré!... (Nuestro Dios a Josefa Fiesta del Sagrado Corazón 1923).

El sábado 2 de junio Josefa volvió a ver los Feuillants. Esta vuelta completamente inesperada y que la llenó de estupor y de gratitud, también fue mucho consuelo a la familia de Poitiers. Ella os fue querida, como nos quiere en la vida religiosa pero algo de detalle, que todas presintieron sin poderlo definir, emanó de ella y el volverla a ver fue una fiesta recìproca. Enseguida Josefa retomó su sitio en el pequeño cìrculo de las hermanas adjutoras y su ancha parte de dedicación en el trabajo cotidiano. Ya el siguiente lunes las novicias la hallaron a jefe de su laboratorio, y pronto pareció que ella no fuera dolor salido por los Feuillants. Pero las alturas espirituales a cuyo el Corazón de Jesùs la elevó en aquel mes de lejanìa, calurosamente sus Madres golpearon: ella volvió envuelta de una nueva huella divina. ¡«Cuánto Nuestro Dios ha trabajado en aquel alma! la superiora de los Feuillants le escribió a la Madre General. ¡ No sé decir cuánto la hemos encontrado transformada en asì breve tiempo! ¡Cuál distancia entre ella y nosotros! Somos golpeadas de ello. Y una especie de consumición que le es empezada en ella bajo la acción de gracias, cuyo tamaño nos evita... y todo eso siempre bajo la sombra de una extrema sencillez, de una obediencia y de una separación que debbono gustar a nuestro Santa a Madre Fundadora. Parece que Nuestro Dios continùe la transformación de aquel alma a pasos de gigante. Ella ha retomado su vida de silencio y humilde trabajo, pero fìsicamente es agotada por los habituales sufrimientos, y todavìa más por el fuego interior que la consume, y que el Dios aumenta cada dìa de más». De parte su Josefa escribe en determinado lunes 4 de junio: «Del 26 de mayo, en cuyo Nuestro Dios me ha sacado el corazón, mì siento dentro de un ardor continuo, un deseo de quererlo, de consolarlo, de darle almas. Todo el resto me parece asì pequeño que, a pesar de mi tendencia a querer, me encuentro como separada por todo, con un deseo tal de Jesùs que querrìa salir de mì mismo para alcanzarlo, y me parece de estar en una prisión. No sé cómo expresarme!». Luego la vista de su pequeñez frente a gracias mucho señaláis la golpea, y continùa: ¡«Me siento manta de confusión viéndome cual soy! Quién nunca en el mundo, si hubiera recibido gracias parecidos a las mìas, no serìa ahora un san?... ¡y yo cada dìa más miserable, ingrata y, quizás Dios lo sabe pecadora! Este pensamiento me es una pena harta viva que, sin sacarme la paz, me hace sufrir mucho!». Mientras arrodillada en la celdilla donde ha retomado por obediencia el trabajo de sus notas escribe esta humilde confesión Jesùs le aparece: « No temer, Josefa dice con bondad deseo que tù seas un nada, y asì Yo seré todo. «Más una cosa es pequeña, más la se maneja con facilidad. Por tanto me valgo como de ti quiero, nota porque eres un nada. Y tù sabes, que no tengo necesidad de nada, te pregunto una cosa sola: qué te entregas a. Quedas en el tuyo nada. Tu miseria me importa poco... Pero mira y verás aquél que Yo, que todo puedo, haré tu miseria!». «Entonces ella añade vi pasar delante de él una muchedumbre de almas que no pudiera contar tanto fueron numerosas, y Jesùs me ha dicho: « Todas este almas me vendrán a!». La tarde de aquel dìa, 4 de junio, Nuestro Dios renueva por la primera vez la gracia misteriosa concedida ella el 26 de mayo. A la hora de los ùltimos ruegos le enseña el Corazón que semeja como inmerso en un incendio, y tomando una llama de aquel brasero: « Esta llama ha dicho tomará el sitio de aquél que ya he puesto al sitio de tu corazón». Ella asegura al Maestro que la primera todavìa la quema de un deseo de quererlo que es su más gran tormento. «... ya queescribe querrìa querer y creo de no saber!». ¡« Ay! ¡Josefa, éste todavìa es nuevo! Quiero incendiarte y consumirte!». En el mismo instante todavìa dejando caer la llama sobre el pecho de Josefa, desaparece. Sólo el Corazón queda visible por algunos segùn... de la herida se emana un rayo ardiente. ¡«Mi Dios! ella escribe que sufrimiento de no poderte amargas cuanto querrìa!». Estos segualate gracias se repiten bastantes veces en el junio de 1923. Ella las cuenta con toda sencillez, sin lograr expresar el estado de su el alma, consumida por este fuego divino. «No sé cuál padece al mundo no serìa dispuesta a soportar por él escribe el 5 de junio. Tengo una paz inmensa en el alma sin embargo tengo hambre de algo. Creo que es de Jesùs, de no separarme nunca de él, de quererlo.. no sé precisar qué sea, pero en ciertos momentos mi alma no puede contenerse...». Aquellos martes, 5 de junio, es el tercer aniversario del dìa en que el Corazón de Jesùs Je apareció por la primera vez (el 5 de junio de 1920). Durante la meditación él los se muestra y la tiene a largo inmersa en el fuego que mana de la herida del Corazón. Josefa se siente venir menos bajo el rayo de este amor que la sigue a la santa Misa. «Más lo veo bueno y adulto, más me siento pequeña ella escribe. ¡ Ay! no osarìa nunca acercarme a él si no tuviera a la Virgen para ayudarme y conducirme. ¡«Después de la Comunión lo he visto de nuevo, asì dulce, asì bueno, y tan padre, que me es imposible expresarlo! Me ha abierto el Corazón diciéndome: « Más tù desaparecerás, más Yo seré tu vida y tù mi cielo de descanso!». «Posible, o Señor, yo, asì miserable?». « No sabes pues, Josefa, que aquì abajo en tierra mi cielo son las almas?». Entonces su corazón de apostola tiene un brinco: «Le he preguntado escribe como podrìamos conseguir que muchas almas lo conozcan, lo quieran, se inflamen su amor...». « Rogar, Josefa, suplicar!... Sì, preguntas que las almas se dejen inflamar del amor!...». El Maestro, que las permite de acercarse a su Corazón, quiere sin embargo tenerla muy baja en la experiencia experimentada de su debilidad. Sigue dejándola sensible a las dificultades inherentes a su naturaleza, y quiere que ella se reprocha mìnimas impresiones imperfectas. ¡« Sì, he visto tu miseria! le dice la tarde de aquel mismo dìa, mientras en el ruego se acusa de algunos motines interiores que la conciencia las regaña. «Me ha expuesto todos mis defectos escribe y después me ha dicho: « Qué eres, Josefa, si no poco polvo sobre que se suena para dispersarla?». Y como ella le pregunta de todo corazón perdón: « Tù sabes que siempre te perdona. Si te advierto de tus miserias lo hago por amor, para que tù te destruyas y Yo pueda vivirte en ti. «Ahora cambiaré la llama que te he puesto en corazón, para inflamarte de nuevo y dar un nuevo salto al trabajo de tu destrucción». «Jesùs entonces ella escribe amaneció como antes y yo quedé en un gran sufrimiento. Mi cuerpo es sin fuerza y de algùn tiempo sufre en cada parte. El alma está en un estado de opresión que no me entiendo misma, pero que me deja una paz cada dìa más profundo». « Volveré cada tarde le dice Nuestro Dios la mañana del miércoles 6 de junio para consumir tus miserias y renovar la llama que Yo mismo he puesto al sitio del corazón». Fiel a la promesa el Maestro está allá aquella tarde misma, y después de haber escuchado cuidadosamente la humilde confesión que Josefa él hace sus debilidades: « Tù sabes contesta con bondad que el fuego tiene la propiedad de destruir y de inflamar. Asì mi Corazón tiene aquel de perdonar, de purificar, de querer. ¡No creas que pueda dejar de quererte por tus miserias! al revés, mi Corazón te quiere y no te abandonará nunca!». Luego renovando su gesto divino y agarrando la llama saliente del Corazón la hace caer sobre Josefa. Bajo la acción misteriosa del amor ardiente que lo invade, de repente ella ha sobresaltado: entrega las manos al corazón, como para contener de ello el intenso ardor. Parece ya no poder respirar mientras su mirada queda fijo con expresión de indecible deseo sobre el Corazón adorable que le está todavìa delante por algùn instante. Escena conmovedora de que la celdilla será en seguida testigo por bastantes dìas. Son las testigo de estos instantes solemnes que los han contado asì. Pero quién podrá decir cuál nuevas capacidades de amor, de sufrimiento, de unión a la obra redentora cava cada uno de estas invasiones divinas!... Durante el perìodo de estos favores excepcionales envueltos en el silencio, se desarrolla de dos dìas en la gran casa de los Feuillants el triduo que precede la fiesta del Sagrado Corazón: dìas de concentración, de ruego más intenso, en cuyo, sin interrumpir el trabajo apostólico, las Religiosas del Sagrado Corazón se preparan a renovar los votos. La tarde de la vìspera, jueves el 7 de junio de 1923, la hora santa le ha reunido todo delante del santo Sacramento, y Josefa está allá en el grupo de las hermanas de hábito. Sólo la mirada divina la distingue y en el silencio que envuelve la capilla Jesùs se humilla y los se manifiesta. «Habrìa querido consolarlo ella escribe el dìa siguiente pero la vista de mis miserias me cubrió de confusión y en el mismo tiempo de dolor. Le repetì mis deseos y como no oso preguntarle perdona por los pecados del mundo, mientras que incluso yo he cometido muchos de ello... «Ha venido a un rasgo, diciéndome con gran bondad: ¿«Por qué temes? ¿No sabes que mi deseo es de perdonar? ¿Crees que te tiene elección por tus virtudes? Sé que no tienes otro que miseria y debilidades, pero como Yo soy el fuego que purifica, te envolveré con la llama de mi Corazón y te destruiré. ¡«Ay! ¿Josefa, no te ha dicho muy a menudo que mi ùnico deseo es que las almas me da sus miserias? Vienes... y dejados consumir del amor!». «Entonces una llama se ha emanado de su Corazón, y cayendo sobre el mìo me lo ha incendiado antes como el dìa». Transcurre un instante en este ardor de que tiene ya la experiencia sin saberla expresar. «Por lo tanto añade lo he rogado por bastantes almas que necesitan su ayuda y me ha contestado: «Cuando un rey o un prìncipe se casa a la hija de uno de sus sujetos, se obliga por el hecho mismo de darle todo cuanto exige el estado a que la levanta. Soy Yo que os tengo elecciones y me he empeñado a darvos todo aquel de que estáis desprovistas. No os pregunto otro que lo que tenéis; me dadas vuestro corazón vacìo y Yo lo llenaré, me lo dadas desvisto de todo y Mì lo revestiré, me lo dadas con vuestras miserias y Mì las consumiré!... Yo soy vuestro suplemento, vuestra luz. Lo que vosotros no veis, os lo enseñaré. Lo que no tenéis, Yo contestaré!». «Me ha hecho comprender como con eso él ayuda las almas que no desean que para gustarle y como suple a lo que les falta». Luego volviéndose a Josefa que quiere ognor más convencer de su bajeza y del suyo nada: «Acerca de a ti le dice si hubiera podido encontrar sobre la tierra a una criatura más miserable, tendrìa sobre de ella fijada mi mirada de amor y tendrìa mariifestato a través de ella los deseos de mi Corazón. No teniéndola expediente te he elegido!». luego con una comparación familiar aclara su pensamiento: «Tù sabes lo que ocurre de una flor desprovista de belleza y perfume que brota a los márgenes de una calle muy batido: es pisado por los transeùntes que no hacen de ello ningùn caso y lo ven ni siquiera. «Josefa piensa, si te hubiera dejado como miserable y frágil eres, en manos de los rigores del frìo, a la fuerza del calor, en poder de los veinte: ¡la muerte te tendrìa bien pronto golpeada! Pero como quiero que tù vivas, te he trasplantado en el jardìn electo de mi Corazón. Aquì Yo te cultivo mismo fondo los rayos de un sol que te animas y vivìfica sin que su ardor pueda hacerte da. ¡Ay! ¡Josefa, abandonados a mis curas tal como eres! La vista de tu miseria se haga firme en la humildad, pero no disminuya nunca tu confianza!». Josefa le protesta esta confianza, y lo suplica de querer preparar su alma a la renovación de los votos, purificándola con su sangre divina. ¡«Ay! ¡ continùa con ardor al Dios si tu deseo es mucho adulto, cuál no es el mìo por tu alma! Yo te lavaré mismo y será mi amor que te purificará. Si tù supieras cuál ensalza recibiré mañana!». Estas palabras hacen surgir en la mente de Josefa a un interrogante y Jesùs le contesta: « No sabes el valor que mi Corazón agrega a la donación total y pùblica que un alma me hace de él mismo?... Queda en mi paz y vivos de mi amor». Desde el alba de la FIESTA DEL SAGRADO CORAZÓN, viernes el 8 de junio de 1923, el Maestro viene para prepararlo destejo la novia al acto que está a punto de renovar. Esta solemne renovación de los votos, ralea delante de la hostia santa al momento de la Comunión, no es al Sagrado Corazón un empeño que se coge de nuevo. Los primeros votos como él ùltimos, son definitivos en el dìa en que se pronuncian: pero este acto de devoción es la confirmación renovada de una donación que es irrevocable hasta la ùltima respiración y que cada renueva en la alegrìa de su el alma. El Corazón de Nuestro Dios, apareciendo ella, sólo, durante la meditación, Josefa sumerge en su llama. «Lo he suplicado ella escribe de darme un verdadero dolor de mis culpas. Más recibo gracias, más siento indigno de ello. Mientras de una parte mi alma se yergue hacia Jesùs, de lo otra me siento retenida por la conciencia de mis torpezas y no oso acercarme a él. Le he preguntado con todo el ardor de mi corazón de purificarme antes de renovar mis votos». Poco después cuando empieza el santo Sacrificio de la Misa en la capilla dónde toda la comunidad es reunida para presentarle al Dios la misma oferta, Jesùs le aparece. « Abres tu alma le dice ya que Yo mismo te purificaré». Por tanto, haciéndolas medir la plenitud de la oblación que él espera, llama la atención de ella sobre cada uno de los votos: «Desnudos de todo para no conservar nada de tus deseos, de tus gustos, de tu juicio propio... Luego te sometes completamente a la voluntad del que anzuelos. ¡Deja hacerme de ti lo que quiero Me y no lo que tù esperas! Tienes que llegar a este punto: qué mi voluntad sobre de ti la tuya también se vuelva: vale a decir: a la total sumisión y unión de tu voluntad con mi deseo y beneplácito. ¡Has dado de ello el derecho con el voto de obediencia! ¡«Ay! ¡si las almas entendieran bien que no soy nunca tan libres como cuando se han entregado completamente a, y que nunca soy más dispuesto a atender sus deseos, que cuando ellas están listas a hacer mi voluntad! ¡«Usted, bese estas cadenas que te aprietan a Mì! vas y renueva estos votos que te clavan a mis pies, a mis manos, y te introducen en mi Corazón». Josefa avanza hacia la balaustrada. Delante de la hostia que está a punto de recibir repite sus empeños de amor, luego vuelve a su sitio. Entonces Jesùs le aparece de nuevo y, en una verdadera efusión de su Corazón, pronunciación estas palabras: « Josefa, tù ahora me has dicho que no quieres que Yo, que te desvistes voluntariamente de todo por Mì, que no tendrás otra libertad ni otra voluntad que la mìa. Mi deseo será el tuyo, tu deseo el mìo. Seré dueño de tus pensamientos, de tus palabras, de tus acciones. Si no tuvieras nada, te daré todo. Te viviré en ti, te hablaré en ti, te querré y te perdonaré». Y retomando cada palabra: «Yo te viviré en ti, tù en Mì. «Hablaré en te y mis palabras irán a las almas y no pasarán. «Te querré, y las almas descubrirán mi amor en el amor que tengo por ti. «Te perdonaré, y las almas conocerán mi misericordia en el perdón que te concederé. «Son muchos de ello que creen en Yo pero pocos que creen en mi amor, y entre las que creen en mi amor, demasiado poco cuentan con mi misericordia. Muchas me conocen como Dios, pero poco nos confìan en Me como Padre. «Me manifestaré y a las almas, a aquellos sobre todo que soy el objeto de mi predilección, haré verte en ti que no pregunto nada de lo que no tienen. Lo que exijo èche me da todo lo que posseggono, porque todo es mìo. «Si no tienen que miseria y debilidades, aquellos Yo deseo, si no tienen también que culpas y pecados, preguntan aquéllos. La suplico de darmelos todo y de no conservar sino esta confianza en mi Corazón: os perdona, os quiero, y Yo mismo os santificaré!». Después de tales gracias parece que ya la voluntad de Josefa tenga que quedar para siempre atada a esta obra de que cada vez más constituida mensajera se ve cerca de las almas. Sin embargo en su quadernetto de notas ìntimas aparece el secreto de una interior lucha que no dejará que con el dejar vida. Nuestro Dios permitirá que esta repugnancia hacia la calle de él destinado le sea un estìmulo continùo a su generosidad en el adherir a la voluntad divina. Y esta repugnancia, que la mantiene en la humildad y en el constante esfuerzo, será una señal segura de la acción divina. «Sì, mi Jesùs escribe aquel mismo dìa acepto todo. Haré o diré lo que me mandarás sin curarme ni de mis atractivos ni de mis repugnancias. Acepto la calle en que Tù me conduces porque sé que es tu voluntad. Renovación de corazón la oferta que te he hecho de mis gustos, de mis inclinaciones, de mi persona, de toda mi vida!». ¡Cuántas veces estas protestas y otras parecidos fueron escritos y scnveranno echa el ancla! El Maestro divino las acoge y conoce valor de ello. él lee en cada uno de ellas todo el ardor del alma de Josefa. Este alma ha ido modelándose bajo su mano. El Corazón divino está para retomar en mano el instrumento y por su medio para continuar el Mensaje. ¡« Mañana le dice la tarde del sábado 9 de junio mañana recomenzaré a decirte mis secretos por las almas, ya que quiero que todas me vengan a! ¡Ay! las almas continùa con ardor. Rogáis, él, ruega por las almas vosotros que sois las privilegiáis de mi Corazón. ¡Vosotros que más que las otras estáis en obligación de consolarme y de arreglar! él, ruega por las almas!». Una gran lección de amor se valdrá de conclusión a las gracias de estos ocho dìas, y la dará a su hijuela Santa Maddalena Sofìa recordándolas y comentándole por la mañana del domingo 10 de junio la palabra de orden la dada a Marmoutier: «El amor no encuentra obstáculos». Le aparece durante la santa Misa, y bendiciendo se la dice: «Mi hija, viene a decirte Hoy como tienes que querer, sin que nada se oponga en ti al verdadero amor. «La base fundamental del amor es la humildad, ya que a menudo es necesario para probar nuestro amor someter y sacrificar nuestro atractivo personal, nuestro bienestar, nuestro amor propio... y este acto de sumisión no es otro que un acto de humildad que incluso contiene abnegación y renuncia, generosidad y adoración. En efecto, para probar este amor en algo que nosotros costamos, hemos tenido que pensar antes asì: si no fuera por Ti, mi Dios, no harìa éste. Pero es por Ti: ¡no puedo resistirte, te quiero y me someto! Dios me pregunta este y yo tengo que obedecerle. ¡No sé por qué él me pregunte eso, pero él lo sabe! Y asì, por motivo de amor, nos humillamos, nos sometemos a también hacer lo que no comprendemos, lo que no queremos si no de amor sobrenatural, ùnicamente porque es Dios que lo pregunta., «mi Hija, quiere, y los obstáculos y las dificultades que se presentan los conviertes en amor humilde y sacrificado, fuerte y generoso. Se conviertan en una perpetua adoración del ùnico Dios y Dios que es dueño de las almas. ¡No resistas nunca, no discutas, no titubees! ¡Haz lo que te pregunta, di lo que quiere que tù digas, sin temer, sin omitir, sin vacilar! ¡él es el Sabio y el San, él es el Maestro y el Dios, él es el amor! Adiós, mi hija!». Esta luminosa lección llega realmente a propósito, ahora que Jesùs está a punto de preguntarle a Josefa nuevos sacrificios para que cumpla aquì abajo su misión.

 

¿LO SABEN LOS HOMBRES? el 1014 de junio de 1923

He aquì mi deseo: inflamar las almas!... inflamar el mundo!...

(Nuestro Dios a Josefa el 12 de junio de 1923).

El momento ha llegado en cuyo de parte de la voluntad divina Josefa tiene que transmitirle al Obispo de Poitiers los deseos del Corazón de Jesùs. Con gran solemnidad el domingo 10 de junio Nuestro Dios retoma su Mensaje. Parece que quiera apoyar sus palabras en todas las seguridades posibles, y en el mismo tiempo fortificar a la frágil intermediaria de sus dibujos. «Jesùs ha venido stamani nota mientras escribì en mi celda. Su belleza estuvo llena de majestad y su soberana potencia se manifestó en el tono de la voz». « Josefa ha dicho desentonados y te sometes completamente a la voluntad de Dios». «Me he postrado a tierra, destruyéndome delante de él y él ha continuado: «Ofreces a mi Corazón el amor profundo, tierno y generoso del tuyo». «Lo he hecho con todo la alma, luego él ha quedado silencioso como si algo esperara en más. «He renovado los votos y le he repetido que soy suyo, lista a todo lo que querrá hacermì de. Creo que esperaba este, ya que ha añadido enseguida: «Como he triunfado sobre tu corazón, y sobre tu amor, me rechazarás tù algo?». «No, o Señor, soy para siempre tuyo!». « Entonces mañana vendré a comunicarte lo que tendrás que decirle ante todo al obispo.» Josefa es cogida por temor. « No he podido disimularlo escribe y le he dicho cuánto este pensamiento yo cuesto!». ¡« No temer! Jesùs continùa mi Corazón te custodia y es por las almas...» Este seguro divino calma un poco la ansiedad de Josefa. «Al pensamiento de deber hablarle a Monseñor Obispo de todas este cosas pruebo una gran angustia escribe pero tengo confianza que Jesùs me dará la fuerza necesaria. ¡«La tarde cuando ha venido a consumir mis pecados, le he repetido mis temores.» « Hace falta sufrir, Josefa, sì! Pero piensa que es por las almas... Yo, por primero, no he sufrido quizás mucho para redimirle y salvarle?». Con tales palabras el Dios incita a la generosidad a su novia y la coloca de nuevo delante de la obra redentora. La unión ìntima al Corazón divino es por ella, también en aquella circunstancia, la fuerza para sufrir todo lo que su misión exige de ella. Se prepara una gran semana. Del alba del lunes 11 de junio el Dios le recuerda la vastedad de sus dibujos. Le se revela a Josefa durante el agradecimiento de la Comunión: ¿« Por qué temes? ¿ le dice no sabes que te quiero y velo sobre de ti? ¡Y por las almas! Necesita que les me conozcan, que me quieran de más. Les corresponde a los hijos hacer conocer al padre. Vosotros sois mis hijas queridas; por tanto os tengo elecciones para revelarme por vuestro medio y porque mi Corazón sea glorificado. ¡No temáis! Yo soy la fuerza y os la comunicaré. ¡Yo soy el amor y os sustentaré! no os dejaré nunca sol!». Algùn instante después de Jesùs la alcanza en su celda. «Lo que estoy a punto de decirte, Josefa, es la primera cosa que tendrás que hacer saberle a tu Obispo. Besa la tierra!». Ella renueva los votos y se postra a los pies del Maestro. Entonces Jesùs coge a la palabra y Josefa escribe: ¡« Yo soy el amor! ¡Mi Corazón no puede contener la llama que lo devora! ¡«Quiero mucho las almas de dar por ellas la vida! «Por su amor he querido quedar prisionero en el tabernáculo. ¡De veinte siglos vivo allá, noche y dìa, velado bajo las apariencias del pan y escondido en la hostia, soportando por amor el olvido, la soledad, los desprecios, las blasfemias, los ultrajes, los sacrilegios! Por amor de las almas he querido dejarles el Sacramento de Penitencia, para darles el perdòno, no una vez o dos pero cada vez que necesitarán recobrar la gracia. Allá me acampo, allá deseo que vengan a lavarse sus culpas, no con el agua, pero con mi misma sangre. «En el curso de los siglos he revelado en muchas maneras mi amor a los hombres: he enseñado cuanto me consume el deseo de su salvación. ¡He hecho su conocer mi Corazón! Esta devoción ha sido una luz irradiante como sobre el mundo, y hoy es el medio de que se sirve para conmover los corazones la mayor parte de los que trabajan a la propagación de mi Reino. «Ahora pero quiero algo de más, ya que si pregunto amor a cambio de lo que me consume, no es solamente este que deseo de las almas: ¡deseo que ellas crean en mi misericordia, que esperen todo de mi bondad, que no duden nunca mi perdón! ¡«Soy Dios pero Dios de amor! Soy Padre pero un Padre que quiere con ternura y no con severidad. Mi Corazón es infinitamente santo, pero también infinitamente sabio y, conociendo la miseria y la fragilidad humana, se inclina hacia los pobres pecadores con una misericordia infinita... «Anzuelo las almas después del primer pecado, si vienen a preguntarme humildemente perdón, todavìa las quiero después de que han llorado el segundo pecado, y si cayeran no digo un mil millones de veces, pero de los millones de mil millones, Yo las quiero y siempre las perdona, y lavo en el mismo mi sangre él ùltimo como el primer pecado. ¡«No me canso nunca de las almas y mi Corazón espera continuamente ch'esse vengan a ampararse en él y eso mucho más cuanto más son miserables! ¿No se coge un padre quizás más cura del hijo enfermo que de aquellos sanos? ¿No son sus prisas y sus delicadezas quizás más grandes por él? Asì mi Corazón derrama sobre los pecadores, con más ancho todavìa que sobre los justos, su compasión y su ternura. «He aquì lo que deseo hacer saber a las almas: les enseñaré a los pecadores que la misericordia de mi Corazón es inagotable; a las almas frìas e indiferentes que mi Corazón es un fuego que quiere inflamarle, porque las quiere; a las almas piadosas y buenas que mi Corazón es la calle para progresar hacia la perfección y llegar con seguridad al término beato. ¡Por fin, a las almas a Mì consagráis, a los Sacerdotes, a los Religiosos, a las almas electas y a predilectas, Yo pregunto una vez de más que me da su confianza y no duden mi misericordia! Y mucho fácil esperar todo de mi Corazón!». Jesùs se ha interrumpido y le da a Josefa algunas indicaciones sobre la manera con que su director espiritual tendrá que informar de todo el Obispo de Poitiers; y como ley en el alma de Josefa la ansiedad que el eje: ¿«Pero por qué? insiste con bondad no sabes que te quiero?... No sabes que todo eso es por las almas y por mi gloria?... No te preocupes de nada. Haces sencillamente lo que te digo y me das todo el tiempo que te pregunto». El dìa después, martes 12 de junio, entrando a celda hacia las ocho de la mañana, os encuentra al Maestro que lo espera. Lo adora por algùn instante y renueva los votos ofreciéndose a su voluntad. Entonces Jesùs continùa el coloquio del dìa anterior: ¡« Quiero perdonar! ¡Quiero reinar! ¡Quiero perdonar a las almas y a las naciones! ¡Quiero reinar sobre las almas, sobre las naciones, sobre el mundo entero! Quiero difundir mi paz hasta las extremidades de la tierra, pero sobre todo sobre este suelo bendito, cuna de la devoción a mi Corazón. Sì, quiero ser su paz, su vida, su rey. Yo soy la sabidurìa y la felicidad. Soy el amor y la misericordia. ¡Soy la paz y reinaré! «Para borrar su ingratitud derramaré un arroyo de misericordia. Para arreglar sus ofensas elegiré de las vìctimas que conseguirán perdón... Sì, hay en el mundo muchas almas generosas que me darán todo aquél que posseggono porque Yo pueda valerme de ellos segùn mis deseos y mi voluntad. «Para reinar, empezaré con el hacer misericordia, ya que mi reino es de paz y de amor: he aquì el objetivo que quiero alcanzar, he aquì mi Obra de amor!». Luego con condescendencia todo divina, Nuestro Dios explica, porque Josefa lo transmita al Obispo, el motivo que le ha hecho bajar la mirada sobre la Sociedad del Sagrado Corazón, elegiendo a ella como intermediaria de sus deseos: «Se basada en el amor, tiene por fin el amor. Su vida es amor... y el amor es mi Corazón!». Asì él dice indicando la ìntima unión que apretará la Sociedad a esta obra por que la ha querido. «Cuánto a ti continùa te tengo elección como un ser inùtil y desprovisto de todo, para que Yo sólo sea el que habla, el que pregunta, el que actùa». Luego revelando el conjunto de su dibujo: « Mi invitación lo dirijo a todo: a las almas consagradas y aquellos del mundo, a los justos y a los pecadores, a los eruditos y a los ignorantes, a quien manda y a quien obedece. A todo Yo digo: Si queréis la felicidad, Yo lo soy. Si buscáis la riqueza, Yo soy la riqueza sin fin. Si deseáis la paz, Yo soy la paz... ¡Yo soy la misericordia y el amor! Quiero ser vuestro rey». Luego fijándose en él mirada sobre Josefa que está acabando de rodillas de de transcribir estas palabras inflamadas: «He aquì lo que harás leerle a tu Obispo en primer lugar». Y después de haber añadido alguna palabra que ella tendrá que transmitirle personalmente, todavìa continùa: «No se asombre a la vista de los instrumentos de que quiero servirme, ya que mi potencia es infinita y basta ya a él mismo. ¡Ten confianza en Mì! Bendeciré sus empresas!... Y ahora, Josefa, empezará a hablar directamente al mundo y después de tu muerte deseo que mis palabras sean conocidas. En cuánto a ti, vivirás en la oscuridad más completa y profunda, pero, como tù eres la vìctima elegida por Mì, tù sufrirás y morirás inmersa en los padecimientos. No busques ni descanso ni alivio: no encontrarás de ello, porque he dispuesto asì. Pero mi amor te sustentará y nunca tù me echarás de menos!». En estos breves instantes Jesùs le ha indicado a Josefa la ùltima etapa que le queda que recorrer: ¡su encuentro con la autoridad eclesiástica cuyo control asegurará la bendición divina, el Mensaje ch'ella tiene que transmitir a todas las almas que tienen sed de misericordia, de paz, de felicidad, su misión de vìctima, inseparable del Mensaje y que lo fecundará hasta al final la oscuridad en que quedarán envueltos los dolores de sus dìas y sus noches, la muerte por fin en el dolor más amargo! Y todo será de Jesùs dispuesto en los mìnimos detalles, y él no preguntará si no una adhesión total que ejecutará, en asì breve tiempo, la obra del amor en ella y a través de ella. Aquella tarde misma, renovándole el regalo de la llama del corazón, las repite: ¡«Vengo a consumirte y a inflamarte! Ya está mi deseo... Inflamar las almas... incendiar el mundo. ¡Desaforadamente, las almas rechazan la llama! Pero yo triunfaré: ¡ellas serán mìos y Yo su Rey! ¡Sufre con Mì para que el mundo me conozca y las almas me vengan a! El sufrimiento hará triunfar el amor». El miércoles, 13 de junio, Nuestro Dios, como anunció, se dirige directamente a la muchedumbre de las almas de que tiene compasión; a la muchedumbre de los que tienen hambre y sed, que sufren y luchan, que son afligidos y lloran sin esperanza y sin amor, a la muchedumbre que busca, afán, espera, y no encuentra aquì abajo la respuesta de seguridad y de felicidad de que está ávida. A estas almas Jesùs abre su Corazón. «Quiero que el mundo lo conozca dice. ¡quiero que se sepa mi amor! Lo saben, los hombres, lo que he hecho por ellos?». Y es éste que les explicará. Parece de haber vuelto a los tiempos de las parábolas, cuando Jesùs se sentado entre las turbas, en el cuadro ameno del paisaje palestino, atrajo los corazones con el hechizo de su palabra, y todavìa más con el dominio fascinador de la verdad. Pues, pequeños y grandes, justos y pecadores, eruditos e ignorantes, todos lo escucharon: algunos agitados hasta el más ìntimo de un alma angustiada, otros te rebelas a las ocultas invitaciones del amor, él un extasiados por la sencillez de sus cuentos... los otros subyugados por la claridad de sus enseñanzas: «El sembrador salió para sembrar», dijo Jesùs y la celeste simiente, echadas a profusión, cayó. Su mirada la siguió como solista él puede hacer, y su Corazón discernió en cada alma la respuesta que el amor esperó. Hoy Jesùs retoma su gran método educador y a través de una parábola revelará una vez de más al mundo el inmenso su amor. « Escribes a Josefa: «Un padre tuvo a un ùnico hijo. «Potentes, ricos, cercados de buen nùmero de sirves, de todo lo que hace el decoro y el bienestar y la comodidad de la vida, nada les faltó para ser felices. El, hijo le bastó al padre, el padre al hijo y a todo y dos encontraron el uno en el otro una llena felicidad, mientras sus corazones nobles, generosos, se volvieron con delicada caridad hacia las miserias ajenas. «Ahora un dìa ocurre que uno de los te vales de aquel óptimo dueño cayó enfermo. La enfermedad se agravó tanto que para sustraerlo a la muerte no fue más esperanza que en las curas más asiduas y en los más enérgicos remedios. «Pero el sirvo estuvo a casa su, pobre y solista. ¿«Que hacer por él? ¿Abandonarlo y dejarlo morir? El dueño bueno no puede solucionarse a este pensamiento. ¿Sirve mandarle uno de los? ¿Pero podrá descansar su corazón en paz sobre curas prestadas más por interés que por cariño? «Movido por la compasión, llama al hijo y le confìa sus ansiedades: le expone las condiciones de aquellos poveretto sobre el punto de morir. Añade que sólo asiduas y cariñosas curas podrìan devolverle la salud y asegurarle una larga vida. «El Hijo, cuyo corazón golpea al unìsono con el del padre, se ofrece, si tal es su voluntad, de curarlo él destejo con mucha vigilancia, no ahorrando ni penas ni fatigas ni velas, hasta que no haya vuelto en salud. «El padre consiente: hace el sacrificio de la dulce compañìa de este hijo que, sustrayéndose a la ternura paternal, se constituye sirvo y desciende a la casa del que, en realidad, es suyo sirvo. «Transcurre asì varios meses a la cabecera del paciente, velándolo con delicadeza atenta y prodigándole mil curas y proveyendo no solamente a lo que solicita su curación, pero también a su bienestar, hasta que no llega a devolverle las fuerzas. «El sirvo entonces, lleno de admiración a la vista de lo que ha sido por él a su dueño, le pregunta como podrá expresar su gratitud y corresponder a asì maravillosa e insigne caridad. «El hijo lo aconseja presentarse al padre y, curado como es, ofrecerse a para ser el más fiel de los suyos sirve, a cambio de su gran liberalidad. ¡«Entonces aquel hombre se presenta al dueño y en la convicción de lo que le debe, exalta su caridad y aquellos que todavìa es mejor, se ofrece a servirlo sin ningùn interés, ya que al servicio de un tal señor, no tiene de ser pagado como un criado, habiendo sido tratado y querido como un hijo! «Esta parábola no está sino una débil imagen de mi amor para los hombres y de la respuesta que aspecto de ellos. La explicaré gradualmente para que todos conozcan mi Corazón!». Jesùs calla un instante y por lo tanto procede con ardor: ¡«Me ayudas, Josefa, ayùdeme a manifestar mi Corazón a los hombres! He aquì que estoy por dir ustedes que en vano busca fuera la felicidad de Mì: no la encontrarán!... Tù, sufres y quiere, ya que tenemos que conquistar las almas!». El dìa corre y se cierra en el trabajo y la fidelidad que mantienen siempre Josefa exteriormente parecida a las hermanas de hábito. Sin embargo su pensamiento queda fijo en el del Maestro. A la hora del descanso el cambio de la llama reanima a sus deseos ardientes y Nuestro Dios antes de dejarla le confìa este deseo: «Tengo sed, Josefa, tiene sed de un alma que esta noche acabará su vida mortal». Ella le pregunta si se trata de un pecador que salvar. No, es un alma querida de su Corazón. «Pero quiero él dice que tu sufrimiento supla a las gracias de que, por fragilidad, no ha sabido aprovechar, para que alcance en este pocos instantes, un más alto grado de gloria». ¿Quién no admirará aquì la omnipotente bondad de nuestro Dios por las almas que quiere y a la perfección de los que trabaja hasta lo ùltimo ellos respiro? ¿Quién no quedará compadecido de la delicadeza con cuyo Jesùs también abre este horizonte al ruego y a la oferta apostólica? Los pecadores, indudablemente, necesitan intercesiones que tendrán que salvarlos a ùltima hora. El ruego que circunda las almas santas a punto de dejar la tierra es una cooperación importante a la acción divina, ya que en aquellos extremos instantes la gracia pone su mano al cumplimiento de su obra. Los dolores de la noche suceden a los del dìa hasta el momento en que una luz misteriosa atraviesa a su celda y Josefa se encuentra en una completa paz, libre de cada sufrimiento. « Aquel alma ha entrado en cielo!» le dirá después el dìa la Virgen, en el agradecimiento de la Comunión. Estas alegrìas apostólicas reaniman a Josefa y cada vez más la atan a los intereses del Corazón de Jesùs. El jueves 14 de junio, hacia las ocho de la mañana lo espera en su celda y él le aparece «todo envuelto de gran majestad» « Josefa, desentonados a tierra, tu Dios adora para arreglar las ofensas y el desprecio que recibe de la mayor parte de los hombres. ¡Quiérelo para suplir a la ingratitud de las almas! Ahora sigue escribiendo». Retomando entonces la parábola del criado, Jesùs quiere explicarla al mundo: « Dios creó al hombre por amor. Lo colocó sobre la tierra en condiciones tales que nada pudiera faltar aquì abajo a su felicidad, mientras que lo esperó eterna. Pero para tenervos derecho tuvo que observar a la ley dulce y sabio impuestos por el Creador. «El hombre, infiel a esta ley, cayó gravemente enfermo: cometió el primer pecado. El hombre, es decir el padre y la madre, la cepa del género humano. Toda la posteridad fue manchada su torpeza. En él la humanidad entero perdette el derecho a la felicidad perfecta que Dios le prometió y debió, de entonces en luego, afligir, sufrir, morir. «Dios en su beatitud: no necesita ni del hombre ni de sus servicios: basta a si mismo. Su gloria es infinita y nada puede disminuirla. «Sin embargo, infinitamente potente, también es infinitamente bueno. ¿Dejará sufrir y morir el hombre creado por amor? no, le dará una nueva prueba de este amor y, a un mal tan extremo, aplicará un remedio de valor infinito. Una de las Personas del SS.ma Trinidad tomará la humana naturaleza y arreglará divinamente el mal causado por el pecado. «El Padre da a su Hijo. El Hijo sacrifica su gloria bajando a tierra no en calidad de señor, de rico, de potente, pero en la condición de sirvo, de pobre, de niño. La vida que él condujo en tierra la conocéis todo. «Sabéis cómo del primero momento de mi encarnación, me sometì a todas las miserias de la naturaleza humana. «Niño sufrì el frìo, el hambre, la pobreza y las persecuciones. En mi vida de obrero a menudo fui humillado y despreciado como al hijo de un pobre carpintero. Cuántas veces mi padre adoptivo y yo, después de haber llevado el peso de un largo dìa de trabajo, nos encontramos la tarde a apenas haber ganado cuanto bastó a las necesidades de la familia... ¡Y asì he vivido por treinta años! «Entonces abandoné a la dulce compañìa de mi Madre, me consagré a hacer conocer a mi Padre celeste, enseñando a todo que Dios es caridad. «Soy pasado sentándose bien a los cuerpos y a las almas: a los enfermos he dado la salud, a los muertos la vida, a las almas?... ¡ay! a las almas... les he devuelto la libertad perdida con el pecado, les he abierto las puertas de la verdadera y eterna patria. ¡«Vino luego la hora en que para comprar su salvación el Hijo de Dios quiso dar su misma vida! ¿«Y en cuál manera murió? circundado por amigos?... aclamado como bienhechor?... Almas queridas, vosotros bien sabéis que el Hijo de Dios no ha querido morir asì: él no esparció otro que amor, fue vìctima del odio... él llevó la paz al mundo, fue objeto de crueldad encarnizada... él devolvió la libertad a los hombres: fue encarcelado, atado, maltratado, calumniado y murió por fin sobre una cruz entre dos ladrones, despreciado, abandonado, pobre y desnudo de todo. «Asì él se inmoló para salvar a los hombres... asì ejecutó la obra por la que dejó la gloria de su el Padre: el hombre estuvo enfermo y el Hijo de Dios bajó verso de él. No solamente las rendiciones la vida, pero le mereció la fuerza y las menciones necesarias para adquirir aquì abajo el tesoro de la eterna felicidad. ¿«Como el hombre ha contestado a tal favor? Usted es ofrecido el buen criado al servicio del Dueño divino como sin otro interés que los intereses de Dios?... «Aquì hace falta distinguir las diferentes respuestas del hombre a su Dios. «Pero basta ya por hoy. ¡Queda en mi paz, Josefa, y no olvides que eres mi vìctima! ¡Quiere y se entrega a todo el resto!

 

LA RESPUESTA DE LOS HOMBRES el 1519 de junio de 1923

¡Mis palabras tendrán mucha fuerza y mi gracia las acompañará de modo que las almas más obstinadas serán vencidas por el amor! (Nuestro Dios a Josefa el 19 de junio de 1923).

Sin embargo el dìa del viernes, 15 de junio, transcurre sin que Jesùs se muestra. Josefa ha sido, como cada mañana, a esperarlo 'y no ha venido, escribe. Ella le interroga mismo porque siempre teme su debilidad, y se acusa de una pequeña resistencia frente al camino que costará siempre a su alma. «Jesùs me ha hecho entender muy claramente que no sólo es una pena por su Corazón, pero también la causa por cuyo almas, que esperan la gracia de estos pequeños actos, no sean ayudadas a acercarse como a él querrìa. Asì cuando la tarde ha venido, le he preguntado perdón por mi poca generosidad. Con mucha bondad él me ha contestado: «Sì, Josefa, deja entrar la luz en tu corazón. Nada es pequeño de lo que se hace por amor. No, por mi amor no existen cosas pequeñas, ya que la fuerza misma del amor le devuelve grandes». Y siempre la misma lección que su Corazón no se cansa de repetir para que las almas no se cansen nunca de ofrecerle los más pequeños esfuerzos. Desde que Josefa ha vuelto de Marmoutier no sabe casi qué sea el descanso por la noche. Cuando Nuestro Dios la deja, después del regalo de la llama salido por su Corazón, ella queda a largo bajo la acción de aquel fuego que la consume. Luego los dolores que invaden alma y cuerpo no dejan de recordarle por largas horas que ella es la vìctima electa por La obra del Maestro. Sin embargo cada mañana ella llega puntualmente a la meditación, participa en el S. Misa con las hermanas de hábito, y enseguida después de retoma su trabajo, sin que nada traicione el misterio de la noche. Su energìa es invencible y la sonrisa trata de esconder la postración de las fuerzas que a veces se lee en su aspecto. «Hoy escribe el sábado 16 de junio Nuestro Dios ha venido a las ocho y enseñándome el Corazón me ha dicho: «Mira este Corazón de padre que se consume de amor por todos sus hijos. ¡Ay! cuanto querrìa que les me conocieran!». Y el propio Jesùs se digna hacer conocer las varias respuestas humanas, a las invitaciones y al amor de Dios: «Algunos me tienen realmente conocido y empujados por el amor, han sentido encenderse en corazón el vivo deseo de dedicarse completamente y sin interés a mi servicio, que es aquel de mi Padre. Le han preguntado lo que podrìan hacer de más grande por él y mi Padre les ha contestado: «Dejáis vuestra casa, los bienes, vosotros mismos, y venìs detrás de Mì para hacer lo que vosotros dirò'». «Otros se han sentido el corazón conmover a la vista de lo que al Hijo de Dios ha hecho para salvarlos. Llenos de buena voluntad se ha presentado a preguntando cómo corresponder a su bondad y trabajar por sus intereses, sin pero abandonar los propios. «A ésos mi Padre ha contestado: Observáis la ley que el Dios vuestro Dios os ha dado. Observáis mis mandamientos sin desviarvos ni a la derecha ni a mano izquierda; vivìs en la paz de los sirves fieles. ¡«Otros, luego, han entendido bien poco cuanto Dios los quieres! Sin embargo un poco de buenas voluntades lo tienen, y viven bajo su ley, pero sin amor. «Este no son de los sirves voluntarios, porque no se han ofrecido a los órdenes de su Dios... Pero, como en ellos no hay mala voluntad, en muchos casos les basta una sugerencia porque se presten a su servicio. «Luego otros se someten a Dios más por interés que por amor y en el apretón medida necesaria por la recompensa final prometida a quien observa la ley. ¿«Sin embargo los hombres se dedican todo al servicio de su Dios? ¿No soy quizás de ello de aquéllos que, ignorantes del gran amor de que soy objeto, no corresponden para nada a lo que a Jesùs Cristo tiene por ellos cumplidos? «Ay de mì!... Muchos lo han conocido y despreciado... muchos no saben ni siquiera quién sea!... «A todo el propio Jesùs ahora dirá una palabra de amor. «Hablaré en un primer momento a los que no me conocen. Sì, a vosotros, queridos hijos, que hasta de la infancia vivierais lejanos del Padre. ¡Vened! Os diré porque no lo conocéis: y cuando comprendáis quién él sea, y cuál Corazón amante y tierno tenga por vosotros, no podréis resistir a su amor. «No ocurre a menudo a los que crecen lejos de la casa paternal de no probar ningùn cariño para los padres?... ¿Pero si un dìa experimentan la ternura del padre y la madre no los quieren quizás más ancla que aquéllos que no han dejado nunca su hogar? «A vosotros, que no me queréis solamente no, pero me odiáis y perseguìs, Yo preguntaré solamente: Por qué este odio encarnizado?... Qué os he hecho por qué me maltratéis asì?.... Muchos no se han hecho nunca esta pregunta, y ahora que Yo mismo la dirijo ellos, quizás contesten: No so'. ¡«Ahora bien contestaré por vosotros! «Si de vuestra infancia no me habéis conocido, ha sido porque nadie os ha enseñado a conocerme. Y mientras vosotros crecisteis las inclinaciones naturales, el atractivo por el placer y por el gozo, el deseo de la riqueza y la libertad son crecidos con vosotros. «Luego un dìa habéis querido hablar de Mì. Habéis sentido decir que para vivir segùn mi voluntad necesitó querer y soportar lo próximo, respetar sus derechos y sus bienes, someter y encadenar la misma naturaleza: entonces, vivir bajo una ley. Y vosotros que hasta de los primeros años no vivierais que ejecutando el capricho de vuestra voluntad y quizás los impulsos de las pasiones, vosotros que no supisteis de cuál lee se tratara, habéis protestado con fuerza: ¡No quiero otra ley que yo mismo, quiero gozar de estar libre! «He aquì como habéis empezado a odiarme y a perseguirme! «Pero Yo que soy vuestro Padre os quise y mientras con mucho tesón trabajasteis contra Mì, mi Corazón más que se llenó nunca por vosotros de ternura. «Asì transcurrieron los años de vuestra vida... quizás numerosos... ¡«Hoy no puedo más detenidamente conteneré mi amor por vosotros! Y viéndovos en guerra abierta contra el que muchos os quiere, vengo a decirvos Yo mismo lo que soy. «Soy Jesùs, y este nombre significa a Salvador. Por tanto tengo las manos pinchadas por los clavos que me tuvieron confitto a la cruz sobre que he muerto por vuestro amor... Mis pies llevan las señales de las mismases llagas y mi Corazón es abierto por la lanza que me traspasó después de mi muerte!... «Asì Yo a os me presento para enseñarvos quien soy Yo y cuál es mi ley. No os atemorizáis, es ley de amor!... Cuando me conoceréis encontraréis la paz y la felicidad. ¡Vive como huérfanos es triste! ¡Vened, pare, vened a vuestro Padre! «Nos paramos, Josefa: mañana continuaremos. En cuánto a ti, tu Padre quiere y vivos de este amor!». Con estas palabras Jesùs la deja, y ella queda por algùn instante sumergido en la concentración de que la ha penetrado la divina presencia. Luego se levanta y entrega a la Madre donde el cuaderno ha trazado rápidamente las palabras del Maestro. Poco después, eccola vuelto a su laboratorio, siempre la misma, absorta al trabajo incansable que no deja traslucir nada de los secretos de la mañana. Sin embargo su debilidad aumenta. El amor la sustenta, pero ella padece su impotencia a dominar el cansacio que a veces la invade, y si lo regaña con la delicadeza de la conciencia que se alarma por cada mìnima sombra. «No temer le dice en la visita de la tarde Jesùs si grande es tu miseria, más grande muy es mi amor por ti, y sobre tu debilidad trabajará mi fuerza. ¿«Josefa le repite la mañana del domingo 17 de junio me dices si tù no hicieras lo imposible para devolver la salud a un enfermo que está a punto de morir? sin embargo la vida corporal es nada frente a la del alma!... ¡y muchas y muchas almas la hallarán en las palabras que te confìo! Sì, ya no pienses en ti mismo!». Luego volviendo al sujeto dejado en suspendido el dìa anterior: «Ayudamos aquellos pobres almas que me persiguen porque no me conocen. Quiero dir ustedes quien soy Yo y lo que ellas son: ¡«Soy vuestro Dios y vuestro Padre! ¡Vuestro Creador y vuestro Salvador! Vosotros sois mis criaturas, mis hijos, mi rescatados también, ya que a precio de mi vida y mi sangre os he liberado de la esclavitud y de la tiranìa del pecado. «Vosotros tenéis un alma grande, inmortal y creada por una beatitud eterna: una voluntad capaz de bien, un corazón que necesita de querer y de ser querido... «Si vosotros buscáis en los bienes terrenales y pasajeros la satisfacción de vuestras aspiraciones, siempre tendréis hambre y no encontraréis nunca el alimento que plenamente harta. Siempre viviréis en lucha con vosotros mismos, tristes, inquietos, agitados. «Si sois pobres y os ganáis el pan con el trabajo, las miserias de la vida os llenarán de amargura. De os sentiréis dentro sublevarse el odio contra vuestros dueños y quizás lleguéis al punto de desear su desdicha para que anch ellos estén sometidos a la ley del trabajo. Sentiréis pesar sobre de vosotros el cansacio, la revuelta, la desesperación misma, porque la vida es triste y luego, al final, hará falta morir!... ¡«Sì, comprensivamente considerado, todo eso es duro! «Pero yo vengo a enseñarvos la vida en una realidad opuesta a aquél que vosotros veis: «Vosotros que, faltos de los bienes terrenales, sois obligados al trabajo bajo la dependencia de un dueño, para acordar a vuestras necesidades no sois para nada esclavos, pero creados para estar libres... «Vosotros que buscáis el amor, y siempre os sentìs insatisfechos, sois hechos para querer, no lo que pasa, pero lo que es eterno. «Vosotros que amadas muchas vuestra familia, y que tenéis que asegurarle, por cuánto depende aquì abajo de vosotros, el bienestar y la felicidad, no olvidáis que, si la muerte separará un dìa de ello, no será que por breve tiempo... ¡«Vosotros que servìs a un dueño y que tenéis que trabajar por él, quiérelo y respetarlo, toma curas sus intereses, hazlos rentar con vuestro trabajo y vuestra fidelidad, no olvides sino este dueño no es vuestro dueño que por pocos años, ya que la vida corre rápido y os conduce allá dónde no seréis más de los obreros, pero de los reyes por la eternidad! ¡«Vuestro alma, creado por un Padre que os quiere, no de amor cualquiera, pero de un amor inmenso y eterno, encontrará un dìa, en el lugar de la felicidad sin fin preparado vosotros del Padre, la respuesta a todos sus deseos! «Allá encontraréis la recompensa al trabajo de que habréis soportado aquì abajo el peso. «Allá encontraréis la familia mucha amada sobre la tierra y por el que habréis esparcido vuestros sudores. ¡«Allá viviréis eternamente, ya que la tierra no está sino una sombra que desaparece y el cielo no pasará nunca! «Allá os uniréis al Padre vuestro que es vuestro Dios. ¡«Si supierais cuál felicidad os espera! «Quizás escuchando me diréis: En cuánto a mì no tengo la fe, no creo en la otra vida!. ¿«No tenéis fe? ¿Pero entonces, si no me creéis en Mì, por qué me perseguìs? ¿Por qué os rebeláis a mis leyes, y combatìs los que me quieren? ¿Ya que queréis la libertad por vosotros, por qué no la dejáis a los otros? «No creéis en la vida eterna?... ¿Décidme si vivìs felices aquì abajo; no os sentìs también la necesidad de algo que no podéis encontrar sobre la tierra? «Cuando buscáis el placer y lo alcanzáis, no os sentìs satisfechos... «Si queréis acumular riquezas y éxitos a conseguirla no os parecen nunca suficientes... «Si necesitáis cariño y si los expedientes un dìa, pronto sois cansados de ello... «No, nada todo eso es aquél que vosotros buscáis!... ¿Lo que deseado no lo encontraréis indudablemente aquì abajo, por qué eso de que necesidad tenéis es la paz, no aquel del mundo pero aquel de los hijos de Dios, y como podréis encontrarla en seno a la revuelta? «He aquì porque quiero enseñarvos dónde es esta paz, dónde encontraréis esta felicidad, dónde extinguiréis aquella sed que os tortura de asì largo tiempo. «No os rebeladas vosotros si me sentìs decir: todo eso lo encontraréis en el cumplimiento de mi ley: no, no vos asustéis de esta palabra: ¡mi ley no es tiránica, es una ley de amor! «Sì, mi ley es de amor porque soy vuestro Padre. ¡«Quiero enseñarvos lo que es esta ley, y lo que es mi Corazón que os la da, este Corazón que no conocéis y que tan a menudo herìs! ¡Bùscadvosme para darme la muerte, y Yo os busco para darvos la vida! ¿Quién de nosotros triunfará? ¿Y quedará vuestra alma siempre asì dura en contemplar al que os ha dado su vida y todo su amor? «Adiós, Josefa, este Padre quiere que es tu Salvador y tu Dios!». Ella no encuentra dificultad a repetir este amor por los mil detalles de su largo dìa. El pensamiento de muchas almas que sufren en la ignorancia, en el error y en la ingratitud, sordas a las invitaciones liberatorias del Salvador, no lo abandona nunca, y en este ruego incesante busca la tarde de aquel domingo de tomar el descanso nocturno. Pero apenas se ha dormido que de repente le aparece Nuestro Dios. Se levanta y postrándose a sus pies renueva sus votos. «Sus llagas ella escribe estuvieron abundantemente abiertas y salieron llamas. Con una mano tuvo la corona de espinas y los clavos, con lo otra sustentó la cruz». ¿«Josefa, quiere que te manifiestas mis deseos? «Mira mis llagas: querrìa hacervos penetrar a los pecadores. ¡«Sì, en esta noche, quiero atraerles en ellas muchas almas! «Tomas mi cruz, los clavos, la corona. Yo iré en busca de las almas y cuando estén sobre el dobladillo del abismo les concederé la luz porque hallen la verdadera vida. «Tomas mi cruz, custodìala bien!... Tù sabes que es un gran tesoro!». «Enseguida he sentido cargar pesadamente sobre mis hombros la cruz». «La corona y él me la pisó con fuerza sobre el jefe Yo mismo con ella te ciño la frente y las heridas de las espinas conseguirán luz a los intelectos obscurecidos. «También tomas los clavos: custodìalos!... Ves cuál prueba de confianza tù dò: ¡son mis tesoros! ¡Pero como eres mi novia, no temo de confiartelos, sé que me los custodiarás! «Y ahora voy a buscar las almas porque voglio que todas me conozcan y me quieran!». «A estas palabras su Corazón todavìa se ha más inflamado y ha continuado con gran ardor: ¡«Ya no puedo contener el amor que tengo por ellas, y el amor es tan grande que triunfará de cada resistencia! ¡Usted, quiere que me quieran! ¡Quiero ser su rey! Vamos a atraerle en mis llagas. Iré a buscarle, y cuando las haya encontrado, volveré a retomar mi cruz. «Ahora, Josefa, sufre por Mì!... pero primera haré penetrar en tu alma la flecha de amor que la purificará, ya que tù tienes que ser muy pura, como tienen que ser mis vìctimas». En el momento mismo una llama se derramó del Corazón de Jesùs sobre el de Josefa. «Entoncesdijo no he visto más que el sólo Corazón, luego todo ha desaparecido!». Josefa quedó largas horas en los dolores indecibles producidos por la corona, de los clavos, del peso de la cruz, a la cabeza, a las manos, a los pies, en todo el cuerpo. «El tiempo me ha parecido asì largo escribe y casi creì que más que un noche fuera transcurrida asì. «A la improvisación he visto Nuestro Dios en una luz radiante, y detrás de él, de dos lados, en el resplandor que irradió de sus manos, aparecieron muchas almas». ¡«Mira las almas que han venido detrás de Mì! ¡«Todas este me han reconocido! ¡Pobres almas! Como se habrìan perdidas, si no hubiera estado allá... Pero estuve allá para salvarle y darles la luz entre las tinieblas. Ahora me seguirán... y serán ovejitas fieles». «Me devuelves mis tesoros y descansa sobre mi Corazón». «Ha retomado la cruz y los clavos y me ha dejado la corona». ¡Con cuanta energìa al alba Josefa tiene que retomar su vida habitual! ¡Nadie supone cuáles resplandores han iluminado durante la noche la pequeña celda en que ella ha custodiado los tesoros del Maestro, mientras que él corrió a buscar las almas! ¡Cuál gracia todo especial tiene que sustentarla para suplir al agotamiento de sus fuerzas fìsicas! Y sin embargo una nueva empresa redentora ahora lo espera a favor de un alma por el que Nuestro Dios viene a buscarla en la celda el lunes por la mañana, 18 de junio. «Fue como un pobre ella escribe. ¡ Ay! ¡Señor! ¿qué te ha ocurrido? ¿por qué eres asì? He renovado los votos, con el mayor fervor posible, y él me ha dicho: ¡«Me consuelas! Mi Corazón es afligido porque tengo que entregarse un alma a Mì consagrada: un sacerdote!». ¡«Pero Señor, es imposible! recordados lo que me dijiste de los pecadores: qué Tù los quieres y que siempre eres dispuesto a perdonar!». «Mira en cuál estado este alma ha reducido mi Corazón... estoy a punto de entregarsela a las mismas fuerzas!». «He probado mucho dolor viendo su Corazón todo cubierto de heridas y sobre todo pensando que aquel alma pudiera ser se entregada a mismo, que lo he suplicado de acordarse de su misericordia y de su amor. Jesùs me ha dicho: «Si tù puedes soportar los sufrimientos que este alma me causa, te lo confiaré». ¡«Sì, o Señor, si Tù te dignas de ayudarme! Entonces lo he consolado como he podido, ofreciéndole el amor de esta casa, del mundo, de las almas santas, de los sacerdotes... He besado más veces la tierra y también he recitado el Miserere y luego, no sabiendo qué hacer, lo ha suplicado de decirme lo que deseó de mì». «Sì, te lo digo: no risparmiar nada para consolarme, ya que este alma no se niega nada para ofenderme». «He seguido a ofreciéndole lo que pensé poder serle más agradable y poco a poco su Corazón se ha dilatado y él me ha parecido menos triste». «La obstinación de un alma culpable ha dicho hiere intensamente mi Corazón pero la ternura de un alma amante, cierra sólo no mi herida, pero calma la justicia de mi el Padre». Luego Jesùs ha desaparecido, dejándome en un gran sufrimiento de alma y cuerpo, que he sustentado durante el dìa entero». La noche siguiente será una de aquellas largas y dolorosas reparaciones, a los que el Dios ha acostumbrado a Josefa cuando un alma necesita sus expiaciones. En su celda la tarde, le lleva la corona, la cruz los clavos: «Quiero le dice no sólo purificarte, pero inflamarte de aquel celo que devora y consume mi Corazón». Luego envolviéndola en la llama que estalla de la herida continùa: « También esta noche tendremos que sufrir por aquel alma que huye de Mì... Tomas mi cruz, mis clavos, mi corona. Estáme unida, e iré a buscarla...». Desapareció... Cuando volvió mucho después de dijo con gran bondad: «Tù sufres, Josefa y aquel alma resiste... la llamo y ella desprecia mi amor!». Quedó un instante en silencio, luego hablándole a mismo continuó. «No es mucho la ofensa del momento que me hiere, cuánto la obstinada resistencia de aquel alma. ¿Si queda sorda a mi llamada, como no la abandones? «Ahora descansados, y Yo iré a renovarle mi llamada». «Ha retomado la cruz, pero como pude dormir pensando en su dolor, y a aquel alma?». Durante el agradecimiento de la Comunión del dìa después, martes 19 de junio, Nuestro Dios le apareció a Josefa en su resplandeciente belleza: « Quell alma dijo está a punto de escuchar mi voz, y aunque su resolución no sea tomada todavìa, empieza a dirigirme a... ¡Tù sabes que te he encargado no solamente de su salvación pero de su santidad! Quiero que comprenda que todos los bienes de aquì abajo no soy nada por la eternidad... Hace falta conseguirle la fuerza para abrazar la austeridad de la calle en que la quiero, de otro modo quedará en gran peligro. ¡«Pobre alma! Necesita luz!». Josefa renueva la oferta de él mismo por aquel alma que siente tan querida al Corazón del Maestro. Luego, tomando atrevimiento de la bondad de él, lo que le confìa le está más a corazón. Desde que él ha empezado a transmitirle su Mensaje al mundo, ella se pregunta continuamente, en la meditación, si las almas, todas las almas sabrán luego recibirlo, entenderlo, correspondervos como él desea... El pensamiento que una tal invitación pueda quedar desoìda la revuelve a las veces, y su amor no puede aceptar por él una tal desilusión. De muchos dìas Josefa prueba esta ansiedad sin osar de manifestarla a Jesùs: ¡ahora ya no puede esconderla! Entonces con aquella fuerza indecible, que ella no sabe traducir, pero que da a la voz del Dios algo solemne y de postre junto, él contesta: «Josefa, no temas. ¿No sabes lo que ocurre cuándo un volcán irrumpe? La potencia de aquel fuego es tan grande que es capaz de desplazar las montañas y de destruirle de modo que hacer conocer que una fuerza irresistible es pasada de allá. Al mismo modo mis palabras tendrán tal fuerza y mi gracia las acompañará en tal manera que las almas más obstinadas quedarán vencidas por el amor. «La sociedad es pervertida cuando los que la gobiernan actùan sin justicia y sin verdad. Pero cuando el jefe sabe dirigirla, alguno todavìa muchos seguirán las calles torcidas, pero la mayorìa irá en masa encuentro a la luz y a la verdad... Lo repito, mi gracia acompañará a mis palabras y las que le harán conocer: la verdad triunfará, la paz gobernará las almas y el mundo!... Mi reino vendrá». Josefa queda golpeada por el vigor con que Nuestro Dios ha pronunciado aquellas palabras. No duda más del cumplimiento de la divina promesa, y su corazón asegurado se abre a la confianza: nada obstaculizará el dibujo de amor de que cada dìa más descubre la vastedad. Ninguna oposición será capaz de romper en su salto adivino los arroyos de misericordia que están a punto de sumergir el mundo. Algùn instante después de Jesùs acaba de dictar el suyo invito a las almas: «Josefa, me quiere?» le pregunta encontrándola en la celda. ¡«Señor es mi ùnico deseo! Entonces me ha contestado: «Incluso yo te quiero, porque tu pequeñez es toda mìa!». «Por lo tanto ha añadido»: ¡« Escribes! «Ahora, mi hijos, oye lo que vuestro Padre pregunta como prueba de vuestro amor: sabéis bien que una disciplina es necesaria en un ejército y un reglamento en una familia bien ordenada. Asì en la gran familia de Jesùs Cristo es necesaria una ley pero una ley llena de dulzura. «En el orden humano los hijos siempre llevan el nombre del padre, sin el que no podrìan ser reconocido como miembros a la familia». «Asì mis hijos se llaman a cristianos, nombre que las otorga a su nacimiento el Bautismo. Vosotros que habéis recibido este nombre sois mis hijos y tenéis derecho a todos los bienes de vuestro el padre. «Sé que no me conocéis y que no me queréis, más bien me odiáis y me perseguìs. Sin embargo Yo os quiero de un amor infinito. Quiero hacervos conocer aquella herencia a que tenéis derecho y el poco que tenéis que hacer para adquirirla: «Creéis en mi amor y a mi misericordia. «Me habéis ofendido: Yo os perdono. «Me habéis perseguido: Yo os quiero. «Me habéis herido con las palabras y las obras: quiero hacervos del bien y abrirvos mis tesoros. «No pensáis que Yo ignoro cuál estuvo aquì vuestra vida hasta: sé que habéis despreciado mis gracias, quizás también profanado mis Sacramentos. Pero os perdona!... «Y si queréis vivir felices en tierra y asegurar en el mismo tiempo vuestra eternidad, hadas de ahora adelante cuánto os diré: ¿«Sois pobres? ¡Aquel trabajo que la necesidad os impone te ejecutas él con sumisión y sepáis que incluso Yo he vivido treinta años assoggetandoMi a la misma ley, porque fui pobre, más bien pobre! «No consideráis nunca a vuestros dueños como tiranos, no nutrìs hacia de sus sentimientos de odio, no deseáis mal el ustedes, pero curáis sus intereses y les seáis fieles. ¿«Sois ricos? Tenéis bajo de vosotros obré y sirves?... No explotáis su trabajo, recompensáis justamente sus fatigas y fechas su prueba de cariño con dulzura y bondad. Pensáis que si vosotros tenéis un alma inmortal incluso ellos lo tienen: si vosotros habéis recibido las sustancias que poseéis, no es solamente por vuestro gozo y bienestar personal, pero para que administrándolas sabiamente podáis ejercer la caridad hacia los que os circundan. «Después de haber aceptado, otros, con sumisión esta ley del trabajo, reconoce humildemente la existencia de un Ser que preside a toda la Creación. Este Ser es vuestro Dios, y junto vuestro Padre. «Como Dios os impone de adempire su ley divina. «Como Padre os pregunta de sometervos de hijos a sus mandamientos. «Asì, cuando vosotros habéis dado toda una semana en vuestros trabajos, en vuestros asuntos, y también en vuestros alivios... os pregunta de ahora dar al menos un mezz al cumplimiento de su regla. ¿Y éste exigir mucho? «Vais pues a su casa. Os espera dìa y noche. Y cada domingo o dìa de fiesta le reservados este media hora, asistiendo a aquel misterio de amor y misericordia que se llama MISA. «Allá le habladas de todo: de vuestra familia, de los hijos, de vuestros asuntos, de vuestros deseos... Expónedle vuestras dificultades y vuestras penas... ¡Si supierais cómo os escuchará y con cuál amor! «Quizás vosotros me digáis: ¡No sé cómo asistir a la Misa! Desde hace mucho tiempo tiempo no he pasado el umbral de una iglesia!... no teméis por éste. Sois pasadas y solamente este media hora a mis pies. Dejáis que vuestra conciencia diga lo que debéis manera y fechas escucha a mi voz. Abrìs vuestro alma, y mi gracia os hablará. Ella poco a poco os enseñará como tenéis que actuar en cada circunstancia de vuestra vida, como comportarvos en familia y en los asuntos, como criar a los hijos, querer los inferiores, respetar a los superiores. Quizás ella os inspirará de dejar aquella empresa, de romper una mala amistad, de alejarvos enérgicamente de aquella reunión peligrosa. Os dirá que odiáis a la tal persona sin motivo y que tenéis que huir los consejos y separarvos de aquel otro que amadas y concurridas. ¡«Probadas a hacer asì, y poco a poco se dilatará la cadena de mis gracias! Mucho en el mal como en el bien, todo consiste en empezar. Los anillos de la cadena se siguen él un el otro. ¡Si hoy escucháis mi gracia y la dejáis actuarvos en vosotros, mañana lo escucharéis mejor, más tarde mejor ancla y tan de dìa en dìa la luz vendrá, la paz aumentará y vuestra felicidad será eterna! «El hombre no es creado para siempre quedar aquì abajo: es hecho por la eternidad. Si pues es inmortal, tiene que vivir por lo que muere no, pero por lo que duro. «Juventud, riqueza, sabidurìa, gloria humana, todo esto es un nada... ¡pasa y acaba! ¡Dios solo existe para siempre! «El mundo y la humana sociedad están llenos de odio y de continuas luchas, pueblos contra pueblos, naciones contra naciones, individuos contra individuos, porque el fundamento de la fe es casi completamente difunto. ¡«Renazca la fe y volverá la paz y reinará la caridad! «La fe no daña a la civilización, ni se opone al progreso. Más bien, más ha arraigado en los individuos y en los pueblos, más crecen en ellos la sabidurìa y la ciencia, ya que Dios es sabidurìa y ciencia infinita. Pero dónde ya no hay la fe, la paz desaparece, y con ella la civilización, la cultura, el verdadero progreso... ya que Dios no está en la guerra!... Entonces no hay que divisiones de ideas, luchas de clase, y en el hombre misma rebelión de las pasiones contra el deber. Entonces todo lo que desaparece hace la nobleza del hombre: no queda sino la revuelta, la insubordinación, la guerra!... ¡«Ay! ¡Dejad convencervos de la fe y seréis grandes! ¡Dejad dominarvos de la fe y estaréis libres! Vivìs segùn la fe y no moriréis eternamente!». Con estas ùltimas palabras el Mensaje al mundo es cumplido. Nuestro Dios baja la mirada sobre Josefa: «Adiós le dice tù sabes que aspecto de vosotros reparación y amor: el amor se prueba con los actos. Qué todo en vosotros prueba el amor. Seáis las mensajeras del amor en las cosas más pequeñas como en las más grandes. Hacéis todo por amor. Vivìs de amor!». Y asì diciendo desapareció.

 

XI

LA SOMBRA DE LA CRUZ

 

EL ANIVERSARIO DE LOS PRIMEROS VOTOS 20 de junio el 16 de julio de 1923

Repìteme tu alegrìa de ser mi novia.

(Nuestro Dios a Hermana Josefa el 16 de julio de 1923).

El adiós del Dios se dilata, y el demonio halla su libertad encadenada por algùn tiempo. él ahora comprende qué representen contra el reino de las tinieblas los planes divinos que van cada vez más claramente afirmándose. Su odio se encarniza para destruirlos, pero en vano. El 20 de junio Josefa nota humildemente que ha cedido a las repugnancias que le semejan a las veces invencibles frente a esta calle extraordinaria y a todo lo que ella exige. Jesùs no se muestra más, y su ausencia despierta pronto en su alma la visión harta neta que ella no puede sustraerse a esta voluntad divina al que se ha abandonado totalmente. A pesar de estas horas de debilidad que ella añora con mucha sinceridad, nada retira su oferta. El Maestro lo sabe y, si la deja de nuevo en manos de los asaltos de las tentaciones, la defiende y la conserva en el más profundidad de su Corazón. Sin embargo ella no tiene de ello ni la percepción ni el consuelo. Mientras el enemigo se yergue como otras veces sobre su camino, Josefa lucha y sufre en la más completa desolación. Este bonito mes de junio, asì luminoso en sus principios, él spenge pues en la noche. Pero los primeros dìas de julio despiertan los recuerdos del año anterior. Se acerca el aniversario de sus votos el 16 de julio de 1922 y es una pequeña luz que empieza a perfilarse al horizonte de aquella oscura galerìa. Josefa fija su mirada sobre esta oferta que se prepara a renovar una vez de más con toda la generosidad de su confianza y su ánimo. ¡Cuánto tiene que conmover y glorificar el Corazón de Jesùs el ardor de este deseo que ninguna apuro puede enfriar! La mañana del viernes 13 de julio, después de una noche más angustiosa de lo usual, se ve de repente en presencia del Maestro. No osa creer en la felicidad de una vuelta tan inesperada. « Josefa, no temas, acercado!», le dice. como ella todavìa titubea: « Si no te atreves acercarte a Mì, Yo me acercaré a. ¡Tù no puedes comprender hasta cuál pica te quieres! y para cuanto adulto pueda ser el nùmero de tus miserias, la misericordia de mi Corazón es mucho más gran ancla». ¡Josefa lo sabe y no puede dudarél de! «él es mucho bueno escribe que lo he suplicado de perdonarme, de salvar las almas, de no permitir que yo sea de obstáculo a Sus dibujos y a la obra su». éste siempre es su primera preocupación, entre todos los sufrimientos. «Ya eres de un trozo perdonado, Josefa y las gracias que estoy preparando por las almas no irán perdidas!... ¡no, no quedarán escondidas y las esparciré sobre el mundo! «En cuánto a ti, no me rechaces nula. Deja que mi Corazón tù trabajos y empleos para destruirte todos los medios necesarios, también los más enérgicos. Haces y dìa todo lo que te pregunto y no temas. Te quise antes de la prueba y siempre te quiero. Mi amor no cambia!». Este seguro la fortifica divinamente. El demonio podrá atacarla de nuevo, su rabia chocará en vano contra la peña de la fe y el amor. Inùtilmente se esfuerza de hacerle creer que sus astucias sabrán poner obstáculo a la llegada del Obispo y asì «impedir que la obra dé un paso definitivo»: su confianza es inamovible. El sábado 15 de julio, la Virgen hasta del S. Misa preside a este vigllia de concentración y promesas que Josefa desea ofrecerle a Jesùs para preparar el primer aniversario de los votos. a acerca de un mes Josefa no lo tiene más revista y por tanto prueba una inmensa alegrìa. Sin embargo el primer movimiento siempre es aquel de revelar su debilidad a esta Madre querida. Querrìa prometer: su deseo de ser fiel a la obra de Jesùs es tan profundo y sincero!... ¡Pero cuánto él teme sobre todo de mismo cuando Jesùs exige que transmita sus mensajes, e indicas su voluntad! « No asustarte, mi hija la Virgen le contesta con una ternura llena de compasión. Nada te pregunta sin darte la gracia. Y luego para vencer tus repugnancias recordadas que cuánto te comunica el efecto de su bondad y su amor por las almas». Le he dicho Josefa continùa cuál terror me deja todo lo que veo y escucha en el infierno». Pues, manifestándole el sentido de aquellas misteriosas pendientes, la Virgen le explica maternalmente a la hija cuál barro tengan en la obra de amor. ¡«No temer! le dice. Cada vez que Jesùs permite que tù sufras aquellas penas, tù tienes que sacar de ello un trìplice fruto: «En primer lugar un gran amor y un viva gratitud hacia el Majestad divino que, a pesar de tus culpas, te preservas del caer eternamente en aquel abismo. «En segùn lugar una generosidad ilimitada y un celo ardiente por la salvación de las almas, deseando ganar de ello mucho con tus sacrificios y con tus más pequeñas acciones, porque tù sabes bien que es lo que más le gusta. «Por fin la vista de aquel nùmero incalculable de almas encarcelada por toda la eternidad, de aquellas almas de que tampoco uno puede hacer un solista acto de amor... tiene que excitarte, tù que puedes querer, a hacer subirle a Dios un incesante himno de amor que cubre el, clamor de aquellas continuas blasfemias». Luego resumiendo todo en pocas palabras: «Mi hija: ¡gran generosidad por la salvación de las almas y mucho amor! Deja hacerlo de ti lo que quiere, deja cumplirlo su obra!». «Me ha bendecido: yo le he besado la mano, y ha desaparecido». Este dìa de retirada se ha realmente se desarrollado en la generosidad y en el amor. «He hecho mis propósitos Josefa escribe y veremos si fuera fiel hasta la muerte!». Esta previsión de la muerte ya está bien clara: la señala explìcitamente donde en el quadernino señala de etapa en etapa y por si solo sus deseos y sus promesas. En fecha el 15 de julio de 1923, os lee: «Vìspera del primer aniversario de mis votos: «...Sono la pobre criatura que Jesùs ha querido tomar por Su Obra de amor. Poco importa si yo cuesta: yo le debo una entera sumisión. Si él me dice de escribir, escribiré; si me dice de hablar, hablaré, y asì por todo el resto. ¡Ay, Jesùs! qué pena tener tan mal correspondido a tu amor!». Luego, con su salto habitual y tan simple: «Quiero corregirme, y con tu gracia procuraré vivir los meses que me quedan sin dejarme nunca turbar, ni rechazarte nada. Diré todo lo que querrás, enseguida aunque es por Mons. Obispo y haré todo lo que me preguntarás de hacer. éste es el primer propósito; «El segundo será de obedecer en todo a mis Madres, sobre todo cuando tengo que escribir lo que yo siempre cuesto; «El tercero será de manifestar enseguida mis tentaciones y las amenazas del demonio, ya que a menudo empieza con pequeñas cosas, pero si no el cartel acabo de con el dejarme turbar; «El cuarto será de cumplir muchos pequeños actos de humildad y amabilidad, porque sé cuánto te gustan. «Verás, Jesùs, que buscaré de ser fiel hasta la muerte... cuatro o cinco meses pasarán pronto!... Espero que me conducirás en cielo a Navidad y, a más tardar, al los Reyes. ¡Estoy contenta con morir porque la tierra es triste, y porque tengo miedo de mi miseria! Allá arriba todavìa te salvaré de las almas y te ayudaré. Por tanto hoy te pregunto de todo corazón de poder en estos meses arreglar todas las faltas de mi vida, y como soy tan pequeña y Tù eres mi Novio, tomo tu Corazón con todos sus méritos y os sumerjo mis acciones para dar a ellas el valor que arregla y que puede salvarte muchas almas». Luego, dejando que el corazón se expanda: «Adiós, mi Jesùs, pregunta lo que quieres y me escondes en tu Corazón hasta el momento en que me conducirás en cielo. ¡No olvides mi pequeñez y no me abandones! «Tu pequeña y miserable novia JOSEFA». Por fin el domingo, el 16 de julio de 1923, surge sobre estos humildes y ardientes deseos. «He repetido escribe rima del S. Comunión la fórmula de mis votos como hace un año, con mi voluntad de ser fiel hasta la muerte». Poco después de Jesùs le aparece y enseñándole el Corazón inflamado: «Josefa le dice y Yo?... he dejado nunca de serte fiel?». Luego, leyéndolas al final del alma continùa: ¡« No temer nada! tus miserias, tus negligencias, tus mismas culpas... ¡Yo suplo a todo! Mi Corazón es el reparador por excelencia... cómo no será él por ti?». Ella le repite sus promesas y lo suplica de cumplir a pesar de sus debilidades la gran Obra de su Corazón por la salvación del mundo. « Aunque no la hiciera por tu amor, Josefa, la ejecutarìa por las almas. ¡Porque Yo las quiero! «Ciertamente nada falta a mi felicidad infinita, pero necesito almas, tengo sed de almas y quiero salvarle!» Ya de algùn tiempo Jesùs ha comunicado esta divina sed a su novia pero a cada dìa de más lo intensifica en ella: Le he preguntado que surjan muchas santas entre las almas consagradas y en el mundo... muchas almas que lo consuelen y lo glorifiquen. ¡Ay! como querrìa ser mejor para conseguir una tal gracia!». « No inquietarte, Josefa, de lo que puedes y no puedes hacer. ¡Sabes bien que no puedes nada! ¡Pero Yo soy el que quiere y que puede! Haré todo, también lo que te parece imposible. Solamente deja que me sirva de ti para transmitir a las almas mis palabras y mis deseos. ¡Al resto Yo pensaré! Supliré a lo que no tenéis, a lo que no podéis. A vosotros bastas con darme vuestra libertad. A Mì basta con tener vuestra voluntad». Entonces inclinándose hacia Josefa: « Me repites tu alegrìa de ser mi novia!». Cómo pudo ella expresarle una tal felicidad?... No encuentra expresiones adecuadas. ¡« Sin embargo continùa a Nuestro Dios éste es nada! La verdadera felicidad no lo has gustado todavìa: vendrá enseguida... Entonces la poseerás sin temor de perderla. Esperando la retomaremos nuestras confianzas». La prospectiva prójima de la visita del Obispo incluso queda siempre una nube al horizonte de Josefa. Ella suplica al Maestro divino de ayudarla, de explicarle bien lo que tendrá que decir, porque no puede prescindir de temer aquella hora. « Os indicaré todo lo que tendréis que hacer contesta Nuestro Dios con bondad. ¡No temáis! Os diré todo y os ayudaré en todo. Déjadme actuar!». «Entonces ella escribe le he repetido los propósitos tomados ayer en mi retirada del mes. Los ha escuchado subrayando cada uno con una breve palabra, luego ha añadido: « Bendigo estas resoluciones, Josefa, y si a veces te sintieras incapaz de cumplirle, vienes de Mì. Dime lo que te agitas, que te da temor. Te daré la fuerza, me resignaré. Ahora vas y quedas en mi amor, todo abandonada a mi deseo». Asì Josefa acabó aquel radiante dìa en la paz y en la alegrìa de ser toda suya. ¡«Soy tan feliz! escribe. No tengo deseo, aquel de transcurrir este ùltimos sin rechazarle nula. Pero tengo miedo de mì retrete de preguntar fuerza y amor». La tarde todavìa las lleva otra gracia. qué un demeses de vida misma y no «me encontré hacia las siete, en el oratorio de nuestra beata Madre Fundadora, cuando de repente ella siempre me apareció tan simple y humilde y primera ancla que acabara de renovar los votos me dijo: « Mi hija, un año ya es pasado desde que los has hecho!». Josefa que tiene una confianza ilimitada en esta madre, le expone la felicidad de pertenecer para siempre a Jesùs y a la pena de sentirse, como ella dice, cargo de ingratitudes «tan numerosas». ¡«Pero, pare mi, tù sabes bien que aquel Corazón es un fuego! y qué aquel fuego es para consumir nuestras miserias. Apenas tù se las abandonas, Jesùs ellas olvidadizas. Y si hasta aquì te ha concedido muchas gracias, él está listo a hacerte de ello mucho de más. Su Corazón es un manantial inagotable: más da, más desea dar. Più' perdona, más desea perdonar!». Y como Josefa le repite todas sus promesas de deseo ser fiel hasta la muerte, que asì vecina sabe, su Beata Madre lo escucha y lo anima: «Me crees, mi hija, Jesùs no recuerda más ni tus miserias ni tus resistencias pero tien siempre presentas tus buenos deseos para complacer. Su Corazón es un abismo de misericordia que no se agota nunca en perdonar. Y también un abismo de riqueza que no se agota nunca en dar. Quiérelo cuanto más puedes: no quiere otro. Reconoces tu pequeñez y quedas sumisa y abandonada a su voluntad. «Lo dejas descansarte en ti y descansados en él. Cuando recibes sus gracias eres tù que te reposaste en él: ¡cuando él se prueba, de cualquier modo, es él que se reposa en ti! ¡«Lo agradeces más que puedes del favor extraordinario que te ha hecho elegiendo a tù como novia de su Corazón y, incluso reconociéndote muy indigna de pertenecerle, quiere la Sociedad, que es la porción electa de su Corazón! «Adiós, es muy generosa y humilde, no olvides nunca que eres un nada. Sólo su misericordia puede quererte asì, manta como eres de miserias. ¡Pero confianza! y ya que de ti no puedes nada, dejados conducir. Vives en la gratitud, en la paz y en el amor. Adiós, mi hija!». «Me ha dado su bendición, le he besado la mano y ha desaparecido». ¿Habrìa podido La Virgen faltar de visitarla en el dìa aniversario de los votos? Josefa no duda de ello, y sin embargo la tarde ha llegado, se ha arrodillado delante de la estatuita de lo inmaculada para ofrecerle la noche y rimetter el alma en sus manos. En este adiós encuentra su fuerza cada tarde. Hoy ello está lleno de esperanza... De repente la celda se llena de resplandor y Maria se muestra a la hija querida. «Siempre estoy contigo!» le dice. Y contestando al ruego de Josefa: «Si mi hija serás fiel, sin nunca apoyarte en ti mismo, pero sólo sobre Jesùs, él te dará la fuerza, él te ayudará... y te ayudaré también yo!». Josefa nula puede esconderle a esta Madre incomparable y dejando difundirse su alma, la sùplica de no abandonar su debilidad, sobre todo cuando se encuentra delante del enemigo y a las largas pendientes en los abismos infernales cuyo sólo pensamiento siempre la llena de terror y de inquietud. « Recordados lo que tu beata Madre te ha dicho la Virgen le contesta. En el sufrimiento Jesùs se reposa en ti: ¿por qué pues temer? Se entregados a la voluntad de Dios: ahora tù no puedes comprender la alegrìa que probarás durante toda la eternidad en ver muchas almas salvadas por ti con los pequeños actos de virtud y con tus sacrificios. ¡Ánimo! La vida es una nada, y tus dìas correrán como un relámpago. Aprovechas de ello y los llenas dando al Corazón de tu divino Novio esta gloria de entregarsete totalmente a su voluntad y a su beneplácito. Vivos de su paz y de su amor, vivos bajo su mirada, y dejas hacerlo!». «Ha tendido la mano para bendecirme y ha desaparecido».

 

DìAS DE PRUEBA 16 de julio el 24 de agosto de 1923

No temas: todo es dispuesto y gobernado por mi amor.

(Nuestro Dios a Josefa el 13 de agosto de 1923).

En la vida de Josefa harta a menudo las horas luminosas aparecen como presentadoras de nuevos dolores. Aunque la senda de este privilegiada no esté nunca exento de sufrimientos, Nuestro Dios se complace con adornarlo, de vez en cuando, de cruces más dolorosas, para que el amor se mejore. Más se acerca el término de esta existencia, y más se afirma la ley invariable de la conducta divina. Necesita que Josefa se apresura en cumplir en si lo que falta a la pasión de Cristo, hace falta que ella sea vìctima, en el lleno sentido de la palabra, y que el Mensaje de que es intermediaria entre el Corazón de Jesùs y las almas llegue al mundo por sus padecimientos. El demonio hasta el término, será el instrumento de estos dolores. Ninguna oposición, ni persecución de los hombres pudo, más que las diabólicas, hacerles alcanzar con ugnale seguridad e intensidad las profundidades en cuyo Dios quiso santificarla con el sufrimiento. No tenemos que maravillarnos pues de los dìas tenebrosos que están a punto de llegar. ¡También ellos hacen parte dibujos del amor, tal como las gracias que han inundado las semanas radiantes del mayo y el junio! Son aquellas calles escondidos por los que el Dios penetra en las almas a ellos insaputa, y les prepara en ellas atravieso la noche los resplandores del alba cercana. Asì será para Josefa del fin del julio de 1923. El aniversario de los primeros votos apenas es transcurrido bajo la mano benedicente de Maria, cuando de repente el demonio se levanta de nuevo sobre su camino. En realidad ello no lo dejó nunca a largo tranquila, pero en el perìodo qué hora Josefa se abre lo verá, como un tiempo el Cura de Ars, bajo forma de un gigantesco perro, repugnante, furioso, que los se tira contra sin lograr sin embargo a derribarla. En el mismo tiempo las largas expiaciones en el infierno siguen llenando la mayor parte de sus noches, y en este tormento su alma experimenta de nuevo cada género de suplicios. El demonio, como si estuviera en su poder de destruir los dibujos de Dios, pica todo sus artes para impedir la intervención del Obispo de Poitiers que sabe parecido, y de que supone la importancia. Josefa, habitualmente tan frágil frente a las mentiras del enemigo, esta vez no cede. Y como le ha prometido a Nuestro Dios, busca fuerza y ayuda en la humilde confesión de la misma debilidad. Sin embargo, los ùltimos dìas de julio, le llevan un poco de consuelo, y aùn más las confirman que Dios continùa su obra y la custodia en su mano. El viernes 27 de julio S. Giovanni Evangelista le aparece mientras ruega delante del tabernáculo: «Fue envuelto escribe de majestuosa belleza. Apenas lo vi los renové los votos y me dijo: «Alma predilecta del divino Maestro, ya que el Dios quiere servirse de ti para manifestar a muchas almas su misericordia y su amor, prepara la calle a su llegada: «Tu voluntad sea dócil y completamente sumisa a su divino deseo. La llama de su Corazón se purifica y te consumes. Y cuando él se humille hasta tù, recibes sus palabras con respeto y amor, ya que el que te hablas es el mismo delante del que la corte celeste entona, sin nunca dejar, la cantiga de la alabanza y el amor!». «Luego llegando las manos: «El Dios te custodie e inundas tu alma de las celestes delicias de su Corazón!». «Ha desaparecidoescribe y un instante después de he visto el Corazón de Jesùs, sólo!... La herida se ha abundantemente se abierta, dejando caer una llama sobre mi pecho, como siempre hizo Jesùs cuando cada tarde vino a consumir mis miserias... Este fuego me quema y el alma se enciende de tal deseo de él, que el resto no me parece más que un nada!». Dos dìas después, la tarde del domingo 29 de julio, la Virgen viene a anunciar la vuelta de Jesùs. Tiene entre las manos la corona de espinas y posándola sobre la frente de Josefa: «Mi hija le dice vengo a ornarte con las joyas de tu Novio, para prepararte yo mismo a su llegada. Cuando habrás acabado tu adoración, remontas a celda y lo encontrarás. Mientras tanto prepárale la calle con actos de humildad, de sumisión, de amor». Y como el corazón materno intuye la ansiedad de su hijuela al pensamiento de lo que el Maestro querrá preguntarle: «Adiós le dice bendiciéndola. Os ayudará porque se trata de su obra. Confianza y ánimo, sumisión y humildad, amor y abandono!». Josefa no duda ya más que la importancia de este coloquio listo con mucha solemnidad. Pocos instantes después Nuestro Dios aparece en su celda. Ella se postra a sus pies, se ofrece a la voluntad soberana de que adora en antelación todas las exigencias. «Sì él dice soy Yo. No temas, todo es dispuesto y gobernado por mi amor». Pues, en el silencio impresionante que lo envuelve, Jesùs le dicta todo lo que tendrá que ser hecho y dice para que el Obispo de Poitiers sea informado lo más pronto posible dibujos divinos. él se expresa con tal claridad de detalles que nada podrá ser dejado al caso y a la gracia de su divina conducta resplandecerá en esta circunstancia más echa el ancla, si es posible, que en todas las otras. «No temer repite luego acabando os ayudaré y os conduciré. Quiéreme, confiado a mi Corazón, y Yo no te abandonaré nunca!». El lunes 30 de julio, en una audiencia muy paternal concedida al R.P. Boyer O.P., director de Josefa, el Obispo de Poitiers ricevette el primero mensaje personal del Corazón de Jesùs. Ya una nueva seguridad, más preciosa que cada otra, vendrá a circundar las ùltimas gracias y las ùltimas pruebas de la vida de Josefa. Como hubo que esperarse, un recrudecimiento de rabia diabólica y persecución se acalora por este progreso de la obra divina. ¡Del 30 de julio al 12 de agosto Josefa nota los multiplicados asaltos del demonio, sus mentirosas afirmaciones, su loca seguridad de triunfar sobre de ella, sobre el Obispo, sobre el dibujo mismo de Dios! «No estás sola Jesùs las repite; apareciendo ella el domingo 12 de agosto. No sabes que Yo soy tu vida, tu apoyo, y que si no estuviera contigo, no pudieras sustentar nunca un tal peso?». El dìa siguiente viene de nuevo para determinar exactamente lo que ella tendrá que decir de su parte al Obispo de Poitiers. Todo hace prever, en las palabras del Dios, en los consejos que le da a su mensajera, en la cura con que la prepara a este primer encuentro, cuánto esperas de ello por la realización de sus dibujos. Mientras tanto su bondad alienta a Josefa. La perspectiva de deber salir de la oscuridad en que ha quedado hasta ahora, a tratar de cosas que soy el alma de su el alma, y sobre todo comunicar los deseos de su Maestro serìa por ella una prueba mayor de cada otra, si Jesùs no le diera por fuerza una gracia excepcional y de paz. «No asustarte Jesùs las repite aquel dìa antes de dejarla. El amor te sustentará y siempre te conducirá. Te diré todo y te ayudaré. No teméis: os custodio en mi Corazón, y eso basta a darvos ánimo!». La fiesta de la asunción de Maria, miércoles el 15 de agosto de 1923, abre un radiante paréntesis entre estas luchas cotidianas. La tarde de aquel dìa feliz la Virgen se muestra a la hija querida en toda su belleza. Escucha maternalmente el cuento de los apuros actuales y las aprensiones por el futuro, y sobre todo la confesión de su fragilidad y miseria. «Mi hija el Virgo Santa le dice no desanimarte por tu debilidad: confiésala con humildad, pero no pierdas confianza, porque sabes bien que a motivo de tu miseria y tu indignidad Jesùs ha fijado sobre ti su mirada... Mucha humildad pero mucha confianza!». Y aludiendo a le duplicáis persecuciones del demonio: « No temer, ello no puede hacer otro que multiplicar por ti la ocasión de grandes méritos. Yo te defiendo, y Jesùs no te abandonará nunca!». Entonces Josefa, apartando el pensamiento de él mismo, no piensa más que a la alegrìa de la Madre Inmaculada de que el mundo entero tiene en aquel dìa celebrado la entrada en cielo. Maria semeja exultar a aquel recuerdo que es por Usted la beatitud del eterno presente. «Sì Ella dice justo en este dìa la alegrìa llena y perfecta es empezada por mì, ya que durante toda mi vida mi alma fue traspasada por una espada». «Le he preguntado ingenuamente Josefa escribe si la presencia de Jesùs Niño, asì pequeño y asì bonito, no hubiera sido por ella un inmenso consuelo». «Mi hija, escucha el Virgo continuó hasta de mi infancia tuve conocimiento de las cosas divinas y las esperanzas recónditas en la llegada del Mesìas. Asì, cuando el arcángel me anunció el misterio de la encarnación y me vi elección para madre del Redentor de los hombres, mi corazón aunque plenamente sumiso al deseo de Dios fue sumergido en un arroyo de amargura, porque supe todo lo que el tierno y divino Niño tuvo que sufrir, y la profecìa del viejo Simeón no hizo qué confirmar mis angustias maternas. «Tù puedes representarte luego cuál tuvieron que ser mis sentimientos en contemplar los atractivos de mi hijo, su rostro, sus manos, sus pies, toda su persona, que supe tuvieron que ser un dìa tan cruelmente maltratado. «Yo besé aquellas manos y me pareció que mis labios ya se empaparan de la sangre que un dìa habrìa desatascado de sus heridas. «Besé sus pies y ya los contemplé confitti a la cruz. «Arreglé su maravillosa melena y la vi manta de sangre, ingrovigliata en las espinas de la corona. ¡«Y cuando, a Nazaret, él hizo los primeros pasos y me corrieron encuentro con los brazos abiertos, no pude retener las lágrimas al pensamiento de aquellos brazos extendidos sobre la cruz donde tuvo que morir! «Cuando llegó a la adolescencia le apareció junto en él un tal de gracia fascinadora que no él se pudo contemplar sin quedar secuestrados. Pero mi corazón de madre se arrimó al pensamiento de los tormentos de que probé en antelación la repercusión... «Después de la lejanìa de los tres años de la vida apostólica, las horas de la pasión y su muerte fueron por mì el más terrible de los mártires. «Cuando el tercer dìa, lo vi resucitado y glorioso, cierto la prueba cambió aspecto ya que ya él no pudier

a sufrir. ¡Pero cuanto dolorosa tuvo que ser la separación de él! Consolarlo, arreglar las ofensas de los hombres fue entonces mi solista alivio. ¡Pero qué largo destierro! ¡Cuál ardores de vampavano de mi corazón! ¡como suspiré el instante de la eterna unión! ¡Ay, que vida sin él! ¡Qué luz obscurecida! ¡Qué unión deseada! ¡Y como tardó a venir! «Llega al settantatreesimo año mi alma dio un relámpago de la tierra como al cielo. Después de tres dìas los ángeles recogieron mi cadáver y la transportaron en triunfo de jùbilo para reunirla al alma. ¡Cuál admiración, cuál adoración, cuál dulzura cuando mis ojos vieron por la primera vez en su gloria y en su majestad entre las filas angélicas mi Hijo y mi Dios! ¿«Que decir luego, mi hija, del estupor que invadieron me a la vista de mi bajeza que fue coronada de muchos regalos y circundada por muchas aclamaciones? No más tristeza ya, no más sombra alguno!... Todo es dulzura, gloria, amor!...». El Virgo Santo, luego Josefa dirá, se ha expresado con entusiasmo, y sin embargo un reflejo de humildad envolvió cada su palabra. Ella calló un instante, inmersa en el magnìfico recuerdo de su entrada en el cielo: luego, bajando su profunda mirada: « Todo pasa, mi hija le dijo y la beatitud no tiene fin. Sufres y quiere: enseguida mi Hijo coronará tus esfuerzos y tus fatigas. No temas: él y Yo te queremos». Y después de algunas maternas recomendaciones: « Quedas fiel a Jesùs y no le rechaces nada. Prepárale el camino con tus pequeños actos, ya que pronto vendrá. ¡Ánimo! ¡Generosidad y amor! El invierno de la vida es breve y la primavera será eterna». Josefa escribe que no puede recordar las palabras precisas de aquella larga efusión. «Pero el viernes 17 de agosto ella continùa mientras fui a celda para probar a escribir algo, de repente me apareció de nuevo la Virgen, guapìsima y resplandeciente de luz. Sonriendo dulcemente lo que me repitió me dijo la tarde de su fiesta, me entregó la mano, me bendijo y desapareció». Todavìa transcurre algùn dìa tranquilo. El lunes 20 de agosto, Josefa está meditando durante la oración, sobre aquellas palabras: «Jesùs es la luz del mundo». «A un rasgo ella escribe vi delante de mì una gran cruz de madera todo luminosa. En el centro resplandeció el Corazón de Jesùs, herido y cercado de espinas. De la herida manó un viva llama y oì una voz que dijo: ¡« He aquì aquel Corazón que da al mundo la vida! Pero la da de lo alto de la cruz. Asì las almas selectas como vìctimas para ayudarme a difundir la luz y la vida sobre el mundo deben, con gran sumisión, dejarse clavar en cruz, segùn la imagen y el ejemplo de su Maestro y Salvador!». La cruz quedará pues hasta al final para Josefa su luz y seguridad. Ella lo sabe y os se ofrece. La tarde misma la Virgen vuelve para fortificar esta generosa voluntad. Le aparece al oratorio del noviciado, dónde Josefa se arrodilló delante de su estatua. « Sì le dice me das tu corazón y lo custodiaré; me das tus actividades y las transformaré; me das tu amor, tu vida, y Yo transmitiré todo a Jesùs». Luego acercándose y levantando sobre la frente de Josefa la mano virginal: « Te bendigo con todo mi corazón de Madre. Esta bendición te infunda ánimo y generosidad para cumplir en toda la voluntad de Jesùs. ¿Qué puedes temer si en él confìas, mi hija? No sabes que es omnipotente, que es bueno, que es todo amor?...» Josefa lo sabe, no teme por la misión de que es encargada. Están cercanos los dìas de la retirada anual, y ésta constituyen toda su esperanza. Ella los confìa a su Madre, preguntando las ayudo, porque no olvida sino este perìodo de gracias abrirá delante de ella la ùltima etapa de su vida. Maria contesta a su ruego con estos maternos consejos: « Si quieres que el alma tus provechos plenamente de estos dìas de gracias, tienes que prepararte a menudo repitiendo el ruego que mi hijo Ignazio dijo con mucho ardor: «Tomas, Señor, y recibes toda mi libertad, mi memoria, mi intelecto, mi voluntad... «Sì, ofreces todo a Jesùs porque me adueño de ello y se valga de ti segùn su beneplácito. También multiplica los pequeños actos de humildad, de mortificación y de generosidad... En tal modo tu alma estará lista a recibir en estos dìas de gracia los favores divinos. No olvides que son los ùltimos ejercicios espirituales de tu vida. Deja pues que Jesùs te trabaja y te preparas como le gusta a la unión eterna». Luego, inculcándole el secreto del abandono más generoso: «Ya que quieres las almas, piensa en ellas y dejados triturar como es necesario para salvarle». Estas ùltimas palabras han devuelto a Josefa todavìa más atenta. El Virgo santo la ha mirado a largo, como para disponerla a una nueva oferta: «Recordados, mi hija le dijo por fin que eres completamente indigna de los favores de Dios. Pero lo agradeces porque se complace servirse de tu indignidad y del tuyo nada para salvar muchas almas manifestándoles su misericordia». Por tanto, con toda su autoridad de Madre, la Virgen le revela el próximo futuro que lo espera: irá a Roma para comunicarle directamente a su Superiora General el mensaje personal, de que Nuestro Señor tien por ahora el secreto. Josefa a estas palabras queda aterrorizada. Ya la perspectiva de los coloquios con el Obispo de Poitiers, la llena de viva aprensión. ¿Hará falta pues aùn más salir de la oscuridad y del silencio que hasta ahora la custodiaron? Andar lejano?... Es hacer sobre todo conocerla desteja aquellas cosas que ya ella cuesta revelarles a sus madres de los Feuillants?... Su alma es revuelta, pero el Virgo la retiene a largo a sus pies y a su mirada por fuerza y de paz, calma poco a poco la tempestad, Josefa en la parte más ìntima de su voluntad adhiere a los mandos de Dios. La gracia potente que triunfa de cada su repugnancia la empuja, una vez más, a entregarse a ciegas a esta obra de amor que de ella puede exigir cualquier cosa. «No temer por fin el Virgo santo añade Jesùs te dirá sus deseos y todo se hará con facilidad, sencillamente y humildemente. Cuánto mi hijas sois felices, de ser el instrumento de esta obra entre las manos de Dios». Maria desaparece. ¿Como ocurrirá todo eso? Josefa tampoco si el pregunta. El trabajo de abandono que Dios le continùa en ella ha dado un paso de gigante. Se toca lo con mano en la circunstancia actual: transmite a quién de deber el dibujo de Nuestro Dios y hasta la salida no hará acerca de esto alguna pregunta. La palabra que expresa toda su vida ahora se imprime como en su alma en el primero dìa de su llegada a Francia, pero mucho más intensamente: «Dios me conduce!». El viernes, 24 de agosto, durante el agradecimiento de la Comunión, Jesùs la confirmación en esta oblación que sólo el amor puede explicar y hacer estable: «Me dices, Josefa, todo lo que me dirìas si tù no te vieras. No te corresponde siempre a de escuchar: Incluso yo gozo y me complazco con oìrte». «Entonces ella escribe le he repetido mi deseo de quererlo, de serle fiel, de no rechazarle nula. Pero sabe bien cuanto soy débil!... Jesùs me ha mirado con aquella su mirada tan bonita y buena que me llena de confianza». «Sì, dame esta prueba de tu amor, porque el amor devuelve todo fácil. Sigues el ejemplo de mi Corazón: he creado las almas por amor y las quiero salvar con el amor. ¡Las almas a su vez me prueben el ustedes! Y si deseo tan ardientemente de ser querido por las almas... ¡cuanto más de las que son mis novias! PagaMi pues con tus actos que soy la moneda del amor!». ¡«Señor! mis actos son tan pequeños, asì mezquinos...». «Poco importa: dame tu miseria, Yo lo enriqueceré... y por un sacrificio que me ofrecerás, Yo te pagaré con las delicadezas de mi Corazón!». Pero aquì abajo estos divinos cambios se hacen con un método diferente de aquellos humanos. Ella ya lo sabe y aùn más lo aprenderá. Su viva fe sabrá descubrir, a la sombra de la cruz cada dìa más oscuro, la prueba del amor infinitamente fuerte y delicado del Corazón de Jesùs. En efecto antes de que se realice el cuarto de estar a Roma tendrá que cruzar un perìodo doloroso, que será la preparación querida por Dios.

 

RETIRO EN EL SUFRIMIENTO 25 de agosto el 2 de septiembre de 1923

Yo trabajo en la oscuridad, pero mi Obra verá un dìa la luz de manera tal, que podrán admirar todos los detalles. (Nuestro Dios a Josefa el 30 de agosto de 1923).

Todavìa quedan nueve dìas antes de la retirada que Josefa tiene mucho deseado... ¡él ùltimo de su vida! nueve dìas de tinieblas y padecimientos, sin un hilo de luz sobre su camino: «Tengo mucho atormentado hasta el 29 de agosto cuando los Ejercicios se han abierto por la comunidad». Aquellos dìas de desolación lo tienen tan agotada que no tiene la fuerza de mirar en cara esta nueva fatiga. Se lee en su quadernetto ìntimo: ¿«Mi Jesùs, me ha abandonado? ¡ve como me encuentro! Sin embargo te quiero... sì, te quiero más que cada otra cosa al mundo... querrìa hacer lo que Tù deseas de mì, pero estoy ni siquiera segura de lo que haré entre un instante!... cuenta pero sobre de Ti, me abandono. Sé que me sustentarás y me perdonarás. Sé que me quieres. ¡«Cuál angustia! todavìa añade. Tù sólo, mi Dios, conoce mi angustia. La cruz me pesa... la calle por que me conduces me parece superior a mis fuerzas... ¡Señor! ¡ven en mi socorro, reálzame, ilumìname! «Esta tarde, miércoles 29 de agosto continùa alguna raya más abajo Jesùs ha venido un instante. He visto su Corazón y he comprendido que su amor por mì e ilimitado, lo he entendido de su mirada. Me he tirado a sus pies y tengo effuso mi corazón en el suyo». ¿«Que importa? me ha dicho. Yo soy rico, potente y fiel. ¿No te he repetido ya, no uno pero muchas veces, que te quiero a causa de tu miseria y tu debilidad? Crees en mis palabras y a arista en mi paz!... Aprovecha de estos dìas de retirada para corresponder con mucho amor a las gracias de que te he llenado. Recita cada dìa cinco veces el Miserere, añadiéndovos un Pater para honrar cada uno de mis Llagas. Escóndete en ellas... y siempre sean tu refugio. Desentonados y no temas: Yo soy tu sostén y tu vida y siempre te defenderé». ¡«Ay! ¡ella exclama como estas palabras bastarìan a hacer santa un altr'anima! ¡y la mìa queda insensible! ¡cuánto sufro, mi Dios! Sólo tù lo sabes, y sin embargo querrìa quererte... no puedo separarme de Ti!». Podrá resistir Jesùs a tal sùplica?... el jueves 30 de agosto al alba ella halla, de repente, él mismo: «Eccomi Jesùs a tus pies, como soy: miseria, pecada, ingratitud, un ser despreciable. Pero te veo cual eres: amor, bondad, misericordia!». La humilde confianza que no él duda de atrae y el Maestro divino secuestra. «Ha venido de repente Josefa escribe guapìsimo y mucho bueno!». « No temer. No sabes que mi Corazón no desea otro que consumir tus miserias e incluso consumirte?... ¡Te conozco y te quiero! No me cansaré nunca decìs!». «Más lo acerco ella escribe más sufro de no saber quererlo, y el ùnico mi recurso es de preguntarle perdona!». « Sayas bien él contesta que soy dispuesto a perdonarte no una vez, pero cada vez que tu debilidad sucumbe. Si tù eres debilidad Yo soy fuerte. Si tù eres pobre, Yo soy el fuego que consume. Me acercados a con confianza y dejas purificarme tu alma!». ¡«Y ahora, toma mi corona! Te cercioras de mi perdón y de mi amor. Dejados conducir, eres muy humilde y fiel. Yo te conduzco y mi acción te gobernará». «Lo he agradecido y lo he suplicado de no permitir que yo ponga obstáculo a su obra». Jesùs la alienta: ¡« No temer! Yo trabajo en la oscuridad, pero mi obra vendrá a la luz de manera tal que un dìa podrá admirar todos los detalles». La paz en que el Maestro la deja no está sino una parada. Siempre simple Josefa procura hundirse en las meditaciones que se suceden durante los primeros dìas de los Ejercicios. Continua también a apuntar sus deseos. ¡«He meditado sobre la muerte escribe el 10 de septiembre y he sido golpeada por cierto temor pensando que por mì es mucha vecina! Tengo pero retomado ánimo y me he consolado al pensamiento de este paso decisivo que yo haré entre cuatro o cinco meses. ¿Por qué temer? ¿Ciertamente no tengo ningùn mérito pero aquellos de Jesùs no son quizás mi? No tengo que contar quizás con él que puede todo, y es toda misericordia?... ¡Sì, Jesùs es bueno, misericordioso, y es mi Novio! ¡Si le vivo en él, le moriré en él para encontrarlo sin temor de perderlo más! ¡Ay, divina, eterna unión, venga, ven! Digo asì, pero no siento este deseo porque la naturaleza teme... y tengo miedo que el corazón me traicione. ¡Mi Dios! ¡tù sabes cuanto mi corazón quiere y se pega! Te abandono todo. ¡Tù sólo, Jesùs! Tu Corazón solo!». ¡éste es justo el momento de apoyarse solamente a! Aquel sábado, 1° de septiembre, le llega a Josefa el anuncio que el Obispo de Poitiers, segùn la invitación recibida, se dignará venir al Sagrado Corazón para concederle a algùn instante de coloquio. El silencio de la retirada que envuelve la casa favorecerá el desconocido de esta visita episcopal. Asì, por las circunstancias humanas, el Maestro divino dirige las mìnimas particularidades de su la obra mientras tiene a freno, bajo la fuerza de su voluntad, las potencias infernales obligadas por un instante a retener su rabia. «No temer de nada Jesùs las repite durante la hora santa. Estás en mis manos. Eres muy simple y Yo estaré contigo y te diré todo». «Hoy, 2 de septiembre ella escribe después de la visita del Obispo he hablado por la primera vez a Monseñor. Al principio me sentì muy emocionada pero poco a poco he dicho todas mis repugnancias por esta calle extraordinaria, mis tentaciones de sustraerme, mi poca fuerza de resistencia, el desaliento que me toma a veces cuando veo mi impotencia a mantener mis proposifi. Monseñor me ha dirigido palabras tan benévolas que me han fortificado y consolada muy». Josefa no añade otro sobre esta hora bendecida por Dios que tuvo que tener mucha repercusión sobre la obra del amor. Ella ha seguido fielmente las indicaciones precisas del Maestro, tiene conse gnato al Obispo el mensaje sólo dictado por él y que quedará secreto. Le ha comunicado los dibujos de Nuestro Dios sobre el mundo, y contestando sencillamente a todas las preguntas que le han sido dirigidas, ha abierto su alma con el más filial y respetuoso abandono a aquella paternidad que es, por ella aquella misma de Dios. En el mismo dìa asì su superiora le escribe a la Madre General: «El coloquio de esta mañana ha sido simple, fácil, consolador. Monseñor sólo ha venido, y el S. Misa, al oratorio de S. Estanislao, entre la comunidad en retirada, con un bonito canto polaco de las novicias y con alguna palabra de Su Excelencia, ha sido de veras un momento de gracias. Luego hemos seguido punto por punto la lìnea de conducta trazada con mucho amor y claridad de Nuestro Dios cuyo Corazón ha sido tan fiel. Luego Monseñor, muy paternal y benévolo, ya informado de todo del R. padre Boyer, en particular Josefa ha visto por unos cuarenta minutos... Acabado el coloquio Su Excelencia se ha dignado decirnos cuánto quedó conmovido por la sencillez, de la blancura de esta hijuela que le ha hablado sin pretensiones, en un francés pintoresco, pero como llena de Dios. Monseñor ha tomado y llevado consigo personalmente las comunicaciones directas a él las 11 y 12 de junio, y nos ha encomendado de rogar mucho, diciéndonos que fue dispuesto a entrar en los dibujos divinos. Su Excelencia volverá indudablemente antes de noviembre: cuál alivio y paz nos deja este estreno visita!». « Haré todo Yo» dijo Nuestro Dios y su palabra se ha realizado una vez de más. Josefa todavìa volverá a ver a menudo Su Excelencia Mons. de Durfort. Hasta al final será el apoyo y la seguridad de su calle. él leerá todos sus escritos y se dignará él destejo interrogarla y sustentarla. Su echas manos recibirá el extremaunción y delante de él pronuncerà los votos de su profesión religiosa. él se entretendrá con ella y la bendecirá más veces en los ùltimos dìas de vida. Y cuando ella haya consumido su holocausto y acabada la carrera terrenal, el Obispo de Poitiers se reservará de darlo destejo a lo humilde privilegiada del Corazón de Jesùs las ùltimas bendiciones de la Iglesia. Pero de momento el Maestro divino parece celoso de la humildad y del nascondimento de su instrumento. Las horas de tran quillità no ha estado en el pensamiento divino, que una manera de facilitar un paso difìcil y decisivo. No se dilatan muy y ya el lunes, 3 de septiembre, la oscuridad invade de nuevo el alma de Josefa: aridez, abandono, desolación, tentación de desesperación... nada las es perdonado, y en este abismo de sufrimiento continùan los ejercicios de la retirada... Su cuaderno no presenta más que estas palabras que soy un grito de angustia: «Sexto dìa... aquì tengo perdido mi Jesùs!... Cómo he hecho esta retirada?... Dios lo sabe!». Sì, lo sabe, y por estos padecimientos su amor trabaja al cumplimiento de sus dibujos y a la consumición de la vìctima. Quiere ch'essa tocas el fondo de su miseria y que sea pisada por el peso de los rigores divinos. Le da el sentido penoso del término que se acerca, del vacìo de su vida, de la responsabilidad de las gracias en que ha sido sumergida. En el mismo tiempo la reduce a una total impotencia consumiéndola en una sed insatisfecha de quererlo. Josefa no sabe cómo expresar este desaliento a que se suma la postración penosa de su organismo. Asì acabará el mes de septiembre. Sólo algùn resquicio de luz sustentará su ánimo. «El viernes 14 de septiembre escribe he visto el R.P. Boyer que me ha reconducido sobre la senda de la confianza y, aunque yo sufra de no poder querer a Jesùs cuánto deseo, me siento tranquila, ya que espero todo no de mì mismo, pero de sus méritos y de su misericordia». Aquel Corazón infinitamente bueno que la sustenta a su insaputa le aparece de repente la mañana del 18 de septiembre. «Durante el agradecimiento de la Comuniónescribe aquellos martes yo lo adoré y lo quise con el corazón del Virgo Santa, ya que de mì no soy capaz de nada, cuando de repente lo he visto, guapìsimo, y con el Corazón inflamado. Con indecible bondad me ha dicho: « Josefa, viene, acercados a este brasero de amor. «Pones aquì todas tus miserias para consumirle en este fuego!». «Le he dicho de compadecerme ya que cada dìa me encuentro más indigna, no sólo de sus gracias, pero de su perdón y de su misericordia!». « No temer... Más miserias te encontraré en ti y más amor tù me encontrarás en Mì». «Entonces le he dicho todos mis deseos... y también mis pecados para ser perdonada». «Conozco tu miseria, Josefa, y me encargo de arreglarla. En cambio me consuelas y arregla por las almas!». Convencida de su indignidad se asombra que el Maestro todavìa se digna contar con ella. ¿«No te he dicho quizás que m encargo de todo? él continùa. Yo arreglo por ti, tù arreglas por las almas». y después de haber reanimado su confianza y reconducido su mirada sobre las almas, las recuerda que se acerca la hora de una nueva misión. «Ahora él dice me escuchas bien: Tengo que varias cosas confiarte por tu Obispo y tu Madre General... Ciertamente tù eres indigna de recibir y transmitir mis palabras. Pero cuando me sirvo de te lo hago por amor de las almas. «Mientras tanto tù sabes mis gustos: deseo mucho tus pequeños actos de humildad. Deja que el amor los elija con delicadeza y generosidad». Todavìa dos veces, los viernes 21 y 28 de septiembre, entre las tinieblas que oscurecen el camino de Josefa, el resplandor del Dios brillará de repente. él vendrá para hacerles escribir bajo dictado el mensaje directo que él reserva a la Sociedad del Sagrado Corazón y ch'ella tendrá que entregarle a su Madre General. «Quiero que tù lo digas desteja», Jesùs insistirá. Momentos solemnes de cuyo Josefa comprende la gravedad y la importancia: la vastedad de los dibujos divinos supera infinitamente su pensamiento, sus previsiones, sus mismos temores. No hay otro que hacer, frente al plan divino, que abandonarse en la fe: asì Josefa alcanza las cumbres a que el Maestro la ha elevado. «Dejados conducir a ojos cerrados Jesùs le ha dicho el 18 de septiembre de 1923 ya que te soy padre, y mi ojos están a punto de abiertos conducirte y conducirte».

 

XII

ROMA

 

LA CASA MADRE: GARANTìAS DIVINO 226 octubre de 1923

Como después de un dìa borrascoso el sol todavìa resplandece, asì después de mucho sufrimiento mi obra aparecerá en toda su claridad.

(Nuestro Dios a Josefa el 14 de octubre de 1923).

Por la segunda vez Josefa se apresta lejos a dejar los Feuillants y por un viaje que la puerta. Desde que Nuestro Dios ratificando las palabras de su la Madre (el 20 de agosto de 1923) ha manifestado la expresa voluntad que Josefa le transmita a su Madre General un mensaje personal concierno a la obra de su Corazón, muchos cambios de correspondencia y sobre todo de ruegos han tenido de punterìa la realización de este dibujo. De otra parte el que dispone los corazones ya tiene desde hace tiempo inspirado a la Superiora General del Sagrado Corazón el deseo de conocer a esta hijuela. De Roma la sigue y controla su calle con la más materna bondad sin duda, pero también con la más circunspecta e iluminada prudencia. Hoy esta sabidurìa sobrenatural que guìa siempre los amigos de Dios busca para realizar este dibujo la señal de alguna circunstancia providencial. Una retirada tiene que reunir pronto a la Casa Madre un espeso nùmero de Superior que vendrán de todas las casas del Sagrado Corazón de Europa para fortalecerse en la unidad de un mismo espìritu y un mismo fervor. ¿No es este la señal de Dios? ¿No podrìa acompañar Josefa a la superiora de los Feuillants, también ella invitada a ir a Roma? ¿No encontrarìa su llegada un justo motivo en la superabundancia de trabajo causada a la Casa Madre de la afluencia de las religiosas en retirada? El viaje se decide y la salida es anunciada. Eso regresa en el orden de los sacrificios que la obediencia a menudo impone en la vida religiosa, y a cuyo el corazón no se acostumbra nunca. El corazón de Josefa está demasiado conforme al de Jesùs para no sentir, en su delicada sensibilidad, la amargura de apartarse de lo que ella ha querido mucha a los Feuillants: sus Madres, las hermanas de hábito, la celda de la Madre Fundadora, la capilla, los pasillos y todos aquellos lugares queridos que encierran por ella, como en un cofre, muchas gracias. ¿Tendrá que separarle para siempre de ello? Ella lo supone. Una religiosa del que lleva caritativa ayuda de dos años, escribirá al recuerdo de esta salida: «La encontré delante de la capilla de las Obras ch'ella quiso mucho, y a cuyo vino a dar su adiós. Allá, sobre el a umbral de la morada del Maestro, en el que tan a menudo nos encontramos junto, hicimos un pacto de ruego para quedar unidas en el Corazón divino. "¿Que preguntaremos a la una por la otra?" le dije. Y como ella calló añadì: "¡Que Jesùs cumpla perfectamente sus dibujos sobre nuestras almas! ¡ «Sì, ella padecida contestó, su voluntad, todo está allì! ¡Que él nos esté perfectamente en nosotros libre!" Y continuó: "¡Para cuanto adulto sea el sufrimiento de cada dìa, la gracia de cada dìa siempre será suficiente para llevarla!" De la expresión de su mirada intuì que entonces un sufrimiento intenso tuvo que ser por ella la expresión de la voluntad divina, en el mismo tiempo que la prueba práctica de su amor. Al momento de partirme todavìa dijo: "Soy feliz de hacerle a Jesùs el sacrificio de esta casa. Me es tanto compruebo dejar España; y ahora yo cuesta mucho dejar Francia que es la patria de mi el alma, la cuna de mi vida religiosa. Pero es la voluntad de Dios!». El martes el 2 de octubre de 1923, a mediodìa, Josefa y su superiora partieron para Roma. Nuestro Dios se dignó de hacerse el compañero de la primera etapa del viaje. Apenas el tren se ha movido, en la concentración de un compartimiento a la completa Josefa empieza a rogar. Muchas emociones diferentes le llenaron el corazón que no se calma que al contacto silencioso del huésped divino. No tiene que buscarlo a largo: la tendencia de su espìritu va directamente a aquella soledad que ningùn ruido externo puede turbar y bien pronto se siente la todo absorta en la presencia que es todo por ella. De repente Jesùs le aparece. Quién nunca, entre los viajeros que la circundan, que van y vienen, suben y bajan, podrìa suponer lo que contemplan los ojos entornados de la humilde y pequeña monja?... « Mira mi Corazón Jesùs le dice mientras ardientes chispas manan de la herida. Las almas no saben venir a buscar en este Corazón las gracias que deseo esparcir sobre de ellos. ¡Son muchos de ello que no se dejan atraer del divino imán de mi amor! ¡Por éste tengo mis almas selectas! Quiero que ellas esparzan este imán sobre toda la tierra. ¡Vosotros no podéis saber cuánto me glorifican vuestra fe, vuestra confianza, la sumisión a mi deseo! Os bendigo, y de os me me serviré para hacer caer sobre el mundo mis gracias y mi amor!». Jesùs disparve, pero hacia tarde, poco antes de la llegada a Parìs, él vuelve y le manifiesta su llano respeto a este perìodo de su vida. «Quiero salvar el mundo dice y valerse de vosotros, pobres y miserables criaturas, transmitiéndovos mis deseos, para que por vuestro medio muchas almas conozcan mi misericordia y mi amor!». Y como ella le pregunta una vez todavìa lo que tendrá que hacer y decir allá abajo, aquellos allá abajo que representa por ella una ansiedad del desconocido, « no temer de nada le contesta te lo diré. Soy Yo mismo que os conduzco... Tù hablarás sin miedo, Josefa, ya que con este medio empezarán a realizarse mis dibujos». Luego insistiendo repite: « No temer. A veces mis pasos están como sobre una tierra arenosa, y su huella semeja a veces desaparecer. ¡Pero no es asì! Cuánto a ti, eres muy dócil. No te preocupes de nada, y no te atemorices de lo que podrán pensar o decirti de. Soy Yo que conduzco todo, y sé lo que conviene a mi obra». Animada por esta paternal bondad, Josefa todavìa osa exponerle todo aquél que la turba y la preocupa. « Si vosotros no tuvierais fe, comprenderìa las repite Nuestro Dios pero si me creéis en Mì, por qué inquietarvos?... «Crees estas palabras, Josefa: Yo trabajo en la oscuridad y sin embargo soy la luz. Te he advertido más de puesto che un dìa vendrá en cuyo todo parecerá perdido y la obra mi destruida. Pero hoy te lo repito: la luz volverá y más resplandeciente ancla!». Tales seguros anuncian claramente lo que Roma les prepara a y a la obra de cuyo puerta en el alma el precioso depósito. Hará falta padecer mucho, pero quedar seguros de él. Qué serán estos sufrimientos tan claramente antedichos?... Nada podrìa hacerle suponer cuando las viajeras llegan a Roma el 5 de octubre de 1923, primeros viernes del mes, hacia las doce y media. Ya varias superiora las han precedido; las llegadas se multiplican y en la alegrìa religiosa de aquellos volverse a ver a la pequeña hermana, venido para ayudar en casa, asì al menos se cree desaparece en la sombra mucho querida a su corazón. Bien pronto se encontrará ronroneos en el grupo de las otras hermanas y se ambientará en la vasta morada, tan oportunamente llamada «Casa Madre». El alma de Josefa se encuentra enseguida a su comodidad, llena de felicidad y de seguridad: ¡quiere mucho sus madres! La primera entrevista con la Madre General es una nueva prueba que el Dios le prepara la calle: su bondad la confunde, la acogida la llena de gratitud. Ella gusta en antelación la alegrìa de darse para colaborar al trabajo de la casa que se volverá pronto un cenáculo. Vuelve a ver allá a varias superiora y jóvenes religiosos españoles de su conocimiento. Oìr y hablar la misma lengua, retomar asì contacto con la patria le logra de deliciosa sorpresa: nessun'ombra sobre esta felicidad simple y profunda de que la vida religiosa tiene el secreto y entrega de vez en cuando la ocasión. Josefa con sencillez goza y exulta en su corazón delicado y ardiente: le parece que las nubes se hayan escabullido al caliente sol de Italia y que, al menos por una vez, ella sea nient'altro que lo humilde, pequeña adjutora de la Sociedad mucha amada. Pero los dibujos de Dios son bien diferentes, y sin demora Jesùs recuerda a la suya yo ssaggera que ha venido para gozar pero para sufrir no, y para ayudarlo en la obra de amor. El sábado 6 de octubre, la invita a coloquio con él porque, le dice, necesita ch'ella escriba los deseos de su Corazón para la Madre General. Siempre fiel, ella retoma el yugo de las divinas exigencias tan contrarias a sus atractivos y, mientras la Casa Madre a la antevìspera de la abertura de la retirada se llena de personas en llegada, Josefa recibe el mensaje que Nuestro Dios las confìa. El secreto de aquellas páginas no puede ser revelado; queda reservado a la Sociedad del Sagrado Corazón. Pero repuesta asì en presencia de su misión a Josefa se desalienta y siente de nuevo subir en su alma la llena de las aprensiones. Durante el agradecimiento de la Comunión del dìa después, domingo 7 de octubre, Jesùs contestando a la ansiedad de su el alma le aparece: « Por qué eres triste?» la pregunta como a los discìpulos de Emmaus. «Señor ella contesta soy triste en siempre verme en esta calle extraordinaria donde a veces parece que me perderé!». ¿«No sabes pues, Josefa, que no te dejo nunca sola? Mi ùnico deseo es de revelar a las almas el amor, la misericordia y el perdón de mi Corazón. Te tengo elección por este, miserable como eres. No te preocupes: Yo te quiero, y tu miseria es precisamente la causa de mi amor. Te he querido por Mì, y como eres miserable, he hecho milagros para custodiarte con cura. Sì, anzuelo todas las almas, pero con cuál predilección las que soy más débiles y más pequeñas!». E insistiendo con fuerza sobre estas palabras: ¡«Te he querido y te he custodiado, Josefa! ¡Te quiero y te custodio! ¡Te querré y siempre te custodiaré! «Me escondes amorosamente en tu corazón. En cuánto a Mì, te tengo en el mìo con ternura y misericordia». Poco después, durante la Misa de las nueve, el Maestro divino le aparece de nuevo. Nada traiciona la divina presencia. Arrodillada entre las hermanas de hábito, después de haber renovado los votos ella recoge estas palabras: «Yo busco el amor de mis almas, y vengo a ripeter su lo que Yo quiero, lo que pregunto, lo que suplico de darme: ¡el amor y solamente el amor! En cuánto a ti, Josefa, es muy fiel y dócil. ¡Yo te diré todo en su momento,

y pronto te conduciré en el resplandor que no tiene fin! Entonces mis palabras serán leìdas y mi amor conocido!». Por la tarde de aquel domingo Jesùs, como dijo, vuelve para continuar el mensaje y cuando él desaparece Josefa retoma como siempre el trabajo humilde y simple, entregándose a la prudencia de sus Madres los secretos de que sabe de no ser que una frágil e inùtil intermediaria. Más veces le entregará en persona a la Madre General las hojas sobre que ha trazado las palabras del Maestro. Estas visitas circundadas por la discreción necesaria, la llenan de confusión. Os lleva su discreción habitual de la que no se aleja nunca y que el olvido de si engalanado de un cariñosa, reverente devoción filial. Del resto Nuestra Señor conserva su alma en el sentimiento doloroso de la misma miseria. ¿Es éste la lìnea bien clara de su acción, y cuál oposición, cuál humillación del orden humano podrìa alcanzar la profundidad de estos aniquilamientos a cuyo Dios mismo reduce su criatura cuándo le gusta? Y ella se deja destruir bajo este poder irresistible. «Le dije a Jesùs escribe (1 lunes 8 de octubre durante mi agradecimiento de la Comunión mi temor de sus juicios, cuando me veo asì prójima a la muerte. «De repente se ha mostrado, guapìsimo, y me ha mirado con inmensa bondad». Josefa se complace con notar la mirada divina, que de por si ya es la paz. Cuánto almas, leyendo estas rayas, él nanimeranno en la convicción de esta mirada que penetra y purifica, pacìfica y fortifica: mirada divina de que la fe viva nos prohibe de dudar. Cuando los ojos de Jesùs lo tienen tan penetrada hasta el final: « Todo eso es verdadero él dice si miras solamente tus obras. Pero soy Yo que te presentaré delante de la corte celeste. Soy Yo mismo que preparo la tùnica de que te vestiré. Y tejida del precioso lino de mis méritos y tinte en la pùrpura de mi sangre. Mis labios imprimirán sobre tu alma el beso de paz y amor. No temas, no te abandonarás hasta que no te habré conducido en el cuarto de estar de los eternos resplandores». «Jesùs me ha sacado el temor que tuve muerte» añade sencillamente. Pero tales coloquios casi siempre son la señal de horas terribles y las que están a punto de llegar llevarán la prueba de las pruebas. En aquella mañana Josefa, que está ayudando sus hermanas a la colada, siente de repente el primero ataque de un mal que nada pudiera hacer prever: un ligero emottisi, que trata en un primer momento de disimular. Pero la palidez del rostro revela el accidente. El médico no encuentra nada alarmante: pero después de un minucioso examen, e informado él de su edad no tiene que tretatré años se asombra porque él dice «es tan desgastada». No pudo ser de otro modo, y el misterio de aquella vida dolorosa de dìa y por la noche explica bien el prematuro desgaste. Pero esta arista en los secretos de Dios. Josefa descansa un poco en los dìas siguientes sin abandonar completamente su trabajo y la vida comùn. A una de las Adjuntas Generales que se informó su cansacio con bondad contesta ingenuamente: «Ya que tengo que morir, incluso necesita que tenga algo!». Sin embargo la postración fìsica es un nada en comparación de lo que lo espera. De repente, la tarde del 8 de octubre, con satánica astucia el demonio logra engañar a Josefa. Bajo el aspecto de Nuestro Dios intenta desnaturalizar el plan divino. El exceso mismo de esta insidia diabólica lo hace manifiesto, y no es la primera vez que el enemigo se disfraza de ángel de luz. Entonces se descubre, cambia aspecto, amenaza, blasfemia y desaparece en una oscura nube de humo, mientras que Josefa queda aterrorizada y llena de incertidumbre. «Me siento inmersa escribe después poco en u ¡duda tan profunda que creo en realidad de haber sido no sólo ahora el hazmerreìr del demonio, pero siempre! creo que todo lo que he visto y escrito fino a ahora haya sido su obra tan que no puedo hacer otro que suplicar a Nuestro Dios de darles a mis superiora la luz necesaria para conocer la verdad». Continùa luego el martes 9 de octubre: «Siempre el mismo dolor y la misma ansiedad!... ¡El sólo pensamiento que todas este cosas no hayan provenido nunca de Jesùs, pero del demonio, me sumerge en un desaliento indecible! La ùnica gracia que pregunto es que mis Madres también se dan cuenta de ello ellos!». Un rayo de paz y verdad todavìa alumbra el principio de este gran apuro. Aquel dìa destejo a Maria Santo contesta a la sùplica de la hija querida. Josefa en su turbación no cree en la realidad de esta presencia. Pero, después de haber escuchado la renovación de los votos, y repetidas con ella las alabanzas divinas, Maria la alienta y le dice: « Sì, mi hija, es justo yo, la Madre de Dios, la Madre de Jesùs que es la pureza y la luz eterna. Soy justo Yo, la Madre tuya que vengo a resignarse. «No temer añade Jesùs os defenderá y hará de modo que la astucia del enemigo sea descubierta cada vez que intentará engañarte... Si dudas le mandas atrevidamente: "Retirados, Satanás: ¡no tengo que nada hacer contigo, que no eres que mentira! Le pertenezco a Jesùs que es verdad y vida." No teméis, mi hijas, su Corazón os quiere, y os conducirá hasta al final. Te quiero y te bendigo, Josefa; arista en paz!». Estas palabras confortan un instante: pero es la hora de las tinieblas. El demonio la convence de haber sido engañada por tres años y cada otra evidencia, lejos del iluminarla, la echa en una más gran ansiedad, porque a esta certeza tan dolorosa por su alma se suma aquel de tener, sin saberlo, arrastrado en el error todos los que lo han sustentado hasta ahora. Tal pensamiento la sumerge en una inquietud tan desgarradora que le parece no haber atravesado nunca una parecida angustia. Dios solo puede medir este agudo sufrimiento que no sabe dónde apoyarse, pero él sólo además medida en aquel entonces el valor de una fe y un abandono que alcanzan sin duda el heroìsmo: Josefa no ha buscado otra que para ser fiel a la verdad. Su separación de esta calle que ella ha creìdo ser aquel de Dios, la humildad con el que, entre esta noche oscura, hacha todas las consecuencias de lo que ella dice «la perversión»... la paz dolorosa que la obsesión, por todo, en la ùnica voluntad de Dios, el suyo restablecerse a esta misteriosa conducta de que ve más ni siquiera las huellas, la sencillez de una obediencia que no busca seguridad si no en la palabra de las superiora: ¿no le está todo esto quizás en ella la señal auténtica del espìritu de Dios? Mientras el demonio usa de la potencia que le es permitida, y todos sus esfuerzos semejan triunfar sobre la obra del Corazón de Jesùs, las miradas atentas que siguen a Josefa disciernen por esta tempestad la acción cada vez más luminosa del que le da en su hijuela la prueba segura de su presencia y sus dibujos. «Yo trabajo en la oscuridad y sin embargo soy la luz». Nunca como se ha realizado entonces tal afirmación divina. En cuánto a Josefa, juzgando debajo de cada compasión y digna de cualquier desprecio, a pesar del cansacio que la derriba, continùa humildemente su trabajo. El demonio no deja de oprimirla con sus acusaciones mentirosas, sin lograr cansarse su fe y sus energìas. Dios permite que los seguros de las superiora no logren calmar su angustia. ¡Parece que él destejo la haya abandonado, y su ruego que es bastante un grito de náufrago queda sin respuesta! Transcurre asì una interminable semana. Ningùn rayo de esperanza aparece al horizonte. Josefa lleva la cruz sin doblarse y sin que nada traicione fuera el extremo su sufrimiento. Solamente su aspecto es turbado a veces, y ella falta las fuerzas. En vano la bondad de la Madre General trata de proporcionarle algùn alivio. Mater Admirabilis, la Virgen milagrosa de la Trinidad de los Montes, la verá a sus pies y escuchará de ello la invocación dolorosa. Su Santidad el Papa Piadoso XI la bendecirá en una audiencia de paso. La fe viva de Josefa se apoyará en esta insigne gracia. Su alma de hija de la Iglesia exultará de gratitud, sacando la fuerza por el sufrimiento, sin que la cruz deja un instante de pesar gravemente sobre sus hombros. Quien, cuya sabidurìa tiene tan dispuesta, se reserva la hora de la liberación. El domingo, 14 de octubre, durante el agradecimiento de la Comunión, Josefa se encuentra de repente delante del Maestro que calma las oleadas y las tempestades. Ella titubea, teme, quiere dudar y rechaza de si la visión que cree a engañadora. «No temer nada!». Jesùs contesta, con la voz fuerte y dulce que destruye todas las astucias de Satanás. Y, como después de haber renovado los votos, ella persiste en su rechazo, protestando enérgicamente su voluntad de resistir a cualquiera mentira: «No temer nada el Maestro repite Yo soy Jesùs, soy el Novio a que eres unida con los votos de pobreza, de castidad, de obediencia, que tù ahora me has renovado. Soy el Dios de la Paz!». Estas palabras bajan en su alma con tal potencia y tal seguridad que cada resistencia es vana. «Involuntariamente escribe uno asì gran luz se ha hecho en mi mente que he quedado convencida que fue él!...» Alguna hora después del demonio intentará en vano probarle el contrario, pero a la adoración de la tarde: «Quien escribe que creo ser Jesùs ha vuelto. Le he preguntado de repetir conmigo que él es realmente el Hijo de Maria Inmaculado. Entonces con una paz que irradió de su rostro como de su voz me ha dicho: «Sì, Josefa, es el Hijo del Virgo Inmaculado, la Segunda Persona de la Santa Trinidad, Jesùs, Hijo de Dios y el propio Dios Yo, me he revestido santa Humanidad para dar mi sangre y mi vida a las almas. Yo las quiero y te quiero, Josefa... y ahora busco pe ~ manifestarles mi amor y mi misericordia, y es por éste que me he humillado hasta tù. No temas nada, mi potencia te defiende». Luego, con soberana autoridad: «No, tù no eres engañado!». El espeso velo que envuelve a Josefa se desvanece a estas palabras y a Jesùs continùa: «de a tus Madres que quiero que tù escribas. Y como el sol aparece más fùlgido después de un oscuro dìa, en el mismo modo, después de este gran sufrimiento, mi obra aparecerá en todo su resplandor». El lunes 15 de octubre, cuando Josefa pasa delante del oratorio de Santa Maddalena Sofìa, se siente llamar de una voz bien conocida. Siempre temorosa, huye en un primer momento, pero el Santa Fundadora lo atrae en la confianza y en la paz: « Son tu Madre le dice, y para darle de ello certeza añade: «Te diré solamente que durante mi vida no he buscado otro que la gloria del Corazón de Jesùs. Y ahora que vivo en él y de él, la propagación de su Reino es más que nunca mi ùnico deseo. Por tanto pregunto que esta pequeña Sociedad sea por muchas almas el medio de conocerlo y de quererlo cada vez más. ¡«No temer! El demonio trata de dañarle porque ella es el objeto de las predilecciones del Corazón adorable de Jesùs. Pero este divino Maestro no permitirá que ella caiga en las trampas que las cortinas su enemigo. «Vas, mi hija, va a tu trabajo. Yo te bendigo». La misma tarde, en el silencio de la retirada que se desarrolló mientras ella experimentó tales hechos, Nuestro Dios aparece para continuar el Mensaje dolorosamente interrumpido: « No creáis él dice que Yo quiera hablarvos de otro que de mi cruz. «A través de ella he salvado el mundo, a través de ella quiero reconducirlo a la verdad de la fe, y sobre todo a la calle del amor... «Os manifestaré mis deseos: he salvado el mundo de lo alto de la cruz, es decir con el sufrimiento. Vosotros sabéis que el pecado es una ofensa infinita y solicita una infinita reparación... Por éste pregunto que vuestros sufrimientos y vuestras fatigas le ofrezcáis unidas a los méritos infinitos de mi Corazón. Sabéis bien que mi Corazón es vuestro. Cógedlo y reparadas por su medio!... A las almas que acercaréis inculcadas el amor y la confianza. Sumérgidle en el amor, sumérgidle en la confianza hacia la bondad y la misericordia de mi Corazón. En todas las circunstancias en que podéis hablar y hacerme conocer, dice siempre a las almas que no teman, porque Yo soy un Dios de amor. «Os encomiendo especialmente tres cosas: «1°. El ejercicio de la hora Santa, ya que es uno de los medios para ofrecerle a Dios Padre, por la mediación de Jesùs Cristo su divin Paro, una reparación infinita; «2°. La devoción de los cinco Pater en honor de mis llagas, ya que por su medio el mundo ha recibido la salvación; «3°. Por fin la unión constante y la oferta cotidiana de los méritos de mi Corazón, ya que asì daréis a todas vuestras acciones un valor infinito. «Valerse continuamente mi vida, de mi Sangre, de mi Corazón; es un secreto que muchas almas no conocen todavìa bastante. Quiero que vosotros, os lo conozcáis y aprovechéis». Luego después de haber expuesto algunas solicitudes precisas dirigidas a la Sociedad del Sagrado Corazón, añade: « Arista en mi paz. Yo os quiero, os conduzco, os defiendo. No dudáis nunca mi bondad!». La aurora se quita por lo tanto más lìmpida y radiante después de la tempestad y Josefa, siempre ignorante de si, no supone cuál nuevos seguros sobrenaturales el Dios se ha complacido con imprimir sobre su obra durante esta tormenta. La Madre General que ha seguido de cerca el apuro de su hijuela ha podido tocar con mano la solidez de su virtud y la sinceridad de su separación. Nunca la contraseña del Espìritu de Dios fue tan impresionante, ni aparecido más auténtico que en aquellas horas en que, inmersa en la angustia, ella aceptó, en la paz de un abandono total, el derrumbamiento de aquél que ella creyó una obra de amor, y por el que sacrificó la vida y dato todo su ser. El cuarto de estar a Roma está a punto de acabar: Nuestro Dios os ha realizado su plan. Echa el ancla algùn dìa de gracia: el viernes 19 de octubre, el Santa Fundadora recuerda una vez de más a su hija querida cuál pone tenga que tener la cruz en la obra que está a punto de cumplirse: « No temer le dice su Corazón adorable siempre ha gobernado y dirigido esta pequeña Sociedad. Pero a veces es muy lo difìcil reconocer su acción. La fe les falta en el mundo y Jesùs quiere que sus novias arreglen esta falta de fe con sus actos de confianza. No temas y no te preocupes si no tienes la luz. Jesùs te la dará: poco a poco él dispondrá que todo se cumpla segùn sus dibujos. En cuánto a ti, basta ya que tù obedezcas y te abandonas. Sì, cierto, hay momentos de oscuridad: es la cruz que se yergue delante de nosotros y nos impide verlo. Pero él destejo entonces nos dice: «No teméis, soy Yo». Sì, es él que conducirá y ejecutará su obra hasta al final. No temas, eres fiel y arista en la paz». La fiesta de Mater Admirabilis asì querido a la Sociedad del Sagrado Corazón, sábado 20 de octubre, no transcurre sin que esta admirable Madre también la tenga alentada a su hijuela: Soy la Madre tu, la Madre de Jesùs y la Madre de la misericordia». dice insistiendo por bien probar su identidad. Y cuando Josefa todavìa las confìa los temores que no logra siempre dominar: ¡«No volver atrás, para mi! Deja que Jesùs glorifica en tu pequeñez y en tu miseria. Asì resplandecerán principalmente su potencia y su bondad... Considera como su mano paternal te ha conducido y custodiada aquì. No temas, te ayudarás hasta al final. Quedas muy simple, ya que en cielo no tendrás otra gloria que el de tu sencillez. Los niños pequeños no tienen justo ningùn mérito: asì es decìs. Eres ella privilegiada de su Corazón, sin haber hecho nada por divenir tal; es él que hace todo en ti, que te perdonas y te quiere!». El dìa siguiente, domingo 21 de octubre, mientras Josefa está meditando, Jesùs le aparece y le descubre el Corazón «todo inflamado» y le dice: ¡« Mira mi Corazón! Y el libro en que tienes que meditar. Te enseñará todas las virtudes, especialmente el celo por mi gloria y la salvación de las almas. «Mira bien mi Corazón. Y la guarderìa de los miserables y, por consecuencia, el tuyo: ¿ya que quién más miserable que tù? ¡«Mira bien al final de mi Corazón, Josefa! Es el crogiuolo en que los corazones más contaminados se purifican y se inflaman de amor. Vienes, acercados a este horno: deja aquì tus miserias y tus culpas. ¡Ten confianza y credos en Mì que soy tu Salvador! ¡«Todavìa mira mi Corazón, Josefa! Es el manantial de agua viva. Sumérgete en ella y bebes hasta a extinguir tu sed. Deseo y quiero que todas las almas vengan a este manantial para encontrarvos alivio. «En cuánto a ti, te he puesto al final de mi Corazón. Tù eres tan pequeño que no habrìas podido venirvos solo. Aprovechas pues de ello, y bebes las gracias que tù dò; deja mi amor actuarte en ti, obrarte en ti, y quedas muy pequeña!». La tarde de aquel mismo dìa el Santa Fundadora le aparece a la hija su y sus recomendaciones maternas acaban con este ardiente deseo: «Jesùs sea querido y glorificado de manera especial de las almas que componen la pequeña Sociedad de Su Corazón!». «Le he preguntado de bendecirme Josefa escribe ya que es mi Madre. ésta ha sido la ùltima vez que la he visto a Roma. Los dìas siguientes transcurrieron por mi alma en paz y verdadera alegrìa. El miércoles 24 de octubre hemos dejado Roma y le hemos llegado a Poitiers».

 

ùLTIMA VUELTA A. LOS FEUILLANTS

PURIFICACIÓN 26 de octubre el 30 de noviembre de 1923

Hasta a ahora mi cruz ha descansado sobre de ti: Yo quiero de ahora en luego que tù repuse sobre de ella. (Nuestro Dios a Josefa el 27 de octubre de 1923)

Génova... Parìs... ¡Poitiers! El rápido viaje que les reconduce a los Feuillants Josefa, tiene término el viernes 26 de octubre. Como en el pasado junio, después de la alegrìa de encontrarse y el cuento de aquel cuarto de estar romano con cuyo alma alegremente los primeros recreos, la sombra vuelve a bajar sobre Josefa. Y el marco en cuyo Jesùs querrá hasta al final esconder los privilegios de su Corazón y sus ùltimos mensajes, como incluso los sufrimientos y las pruebas que debbono completar su Obra. El cansacio extremo que prueba en todo su ser se lo dice bastante, pero más ancla la apartada invitación que no engaña, aquel del amor que lo atrae, la separa, irresistiblemente la empuja. La ùltima etapa será breve: Josefa lo sabe. El sábado 27 de octubre, después de una noche relajante, ella escribe sus gracias sucursal a la Madre General. Estas rayas simples y espontáneas tienen que encontrar aquì su sitio, porque revelan el fondo de aquel alma tan fresca y tonta, asì ignorante de cada refinamiento en sus expresiones. «Reverendissima Madre, con inmensa alegrìa le escribo hoy para agradecerla de todas las bondades que ha tenido por mì. Jesùs el rimeriti de todo!... Se lo pregunto de todo corazón, y a ella, Reverendissima Madre, promete de hacer todo lo que me será posible para ser fiel en este ùltimos tres o cuatro meses de vida que me quedan. Haré y diré lo que Jesùs me dirá y procuraré ser un algo más humilde: creo que es aquél que más yo cuesta... Por tanto se lo prometo con toda sinceridad, y a través de estos esfuerzos trataré de arreglar un poco mi vida pasada. Por ahora me encuentro en paz y muy feliz, aunque no tenga todavìa revisado Jesùs ni la Virgen ni nuestro Santa Madre. Soy tanto contento de hallarme a Poitiers, aunque no olvides los dìas pasados a la Casa Madre y el cariño materno que os he encontrado. Yo no la olvidaré de veras en mis ruegos y sobre todo cuando esté en cielo procuraré hacer muchos «regalitos» (regalini) a mis Madres, que anzuelo mucho, y de conseguirles pequeñas alegrìas en las cosas que ellos son necesarias. Me bendiga, Reverendissima Madre. Siempre quedo la suya pequeña, humilde hija en el Corazón de Jesùs JOSEFA MENFNDEZ. La vuelta de Nuestro Dios no tarda mucho. Semeja tener prisa de descubrirle su plan sobre las ùltimas semanas de su vida. «Y venido guapìsimo escribe la tarde de aquel 27 de octubre llevándole en jefe la corona de espinas. He probado de ello una gran alegrìa ya que ya no lo tuve visto después de Roma. Le he dicho todo lo que me llenó el corazón y me ha contestado con mucha ternura: Credos tù, Josefa, que no sepa aquì sino seis convocatoria?... ¡Soy Yo que te he reconducido! «No asustarte él continùa leyendo en su alma el temor siempre resurgiente de las insidias diabólicas soy justo Yo, Jesùs, el Hijo del Virgo Inmaculado, tu Salvador, tu Novio!». En fin gravemente, con bondad: « Hasta ahora mi cruz ha descansado sobre de ti. Quiero de ahora en luego que tù repuse sobre de ella. Tù sabes que es el patrimonio de mis novias». ¿Cómo no te entregues sin reserva a aquel amor que a ella rápida a sufrir? Josefa se ofrece... y mirando la corona que tiene mucho deseado, osa preguntarla al Maestro. «Sì contesta hoy mi corona de espinas, y pronto la corona de gloria!... Deja obrarme en ti y por tu medio por las almas!... Te quiero... quiéreme!». Verdaderamente bajo este trabajo misterioso y divino va cumpliéndose la obra del amor. El dìa después, domingo 28 de octubre Josefa ha retomado sus costumbres que, a dir verdadero, no ha dejado nunca completamente. Hacia tarde va a hacer, segùn lo usual, la Calle Crucis. Jesùs le aparece. «Después de haber acabado escribe recité los cinco Pater a sus llagas, y apenas empecé lo primero cuando ha venido. él tendido la mano derecha, luego la izquierda, y mientras procedì en decir los Pater, un rayo de luz salió de cada uno de sus llagas. «He renovado los votos y al final me ha dicho: ¡«Usted, Josefa, es Jesùs, Paro Virgo Inmaculado! ¡He aquì mis llagas abiertas sobre la cruz para rescatar el mundo de la muerte eterna y devolverle la vida! Son ellas que consiguen misericordia y perdón a muchas almas que provocan la cólera de mi el Padre. Son ellas que de ahora en luego les darán luz, fuerza y amor». Luego enseñando su Corazón herido: «Esta llaga es el divino volcán en que quiero que se inflamen mis almas selectas y en speciai modo las novias de mi Corazón. «Esta llaga les es, y todas las gracias ch'essa encierra ellas pertenecen a, para que las viertan sobre el mundo, sobre muchas almas que no saben venir a buscarle, y sobre muchos otras que las desprecian!». «Entonces Josefa escribe le pregunté de enseñar a estas almas el modo de hacer lo conocer y querer». «Les daré toda la luz necesaria para que sepan valerse de este tesoro y no solamente hacerme conocer y querer, pero todavìa arreglar los ultrajes continuos con que los pecadores me oprimen. Sì, el mundo me ofende, pero ello será salvado por la reparación de mis almas selectas. ¡«Adiós, Josefa! Quiere, ya que el amor es reparación y la reparación es amor!». Los dìas siguientes contestarán a la dulce invitación. Con el principio de la semana Josefa vuelve a su laboratorio. Usted es trabajado mucho durante su ausencia en aquel mes de octubre; ella está contenta en el admirar los esfuerzos de las hermanas y contenta sobre todo de darse cuenta que ella será bien reemplazada y su salida por el cielo no pondrá a las madres en demasiado incomodidad. Ya necesita que se acostumbren a no le dejes más la responsabilidad del laboratorio: y por tanto en las largas horas que ella consagrará a este querido trabajo procurará encargarse más humildes reparaciones, dejando la iniciativa a su joven sustituta que ella no conduce más si no con la mirada llena de estìmulo. Este apuesto escondido que la separa de lo que su actividad ha querido mucho, le es precioso. Su corazón os se apega, mientras que su bondad todavìa se hace más servicial, y la sonrisa más radiante, a pesar del agotamiento que sus rasgos certifican. Atravieso a estos ùltimos esfuerzos al Dios acaba en secreto de tallar la configuración del suyo orquesto a su pasión y a su cruz. En los primeros dìas de noviembre el demonio todavìa intenta renovar la prueba espantosa que Josefa ha conocido a Roma. Los se muestra bajo las apariencias de Nuestro Dios y le deja renovar los votos. Rechaza pero de repetir las alabanzas divinas y la afirmación que Jesùs repite cada vez con mucho salto: «Soy Jesùs, el hijo del Virgo Inmaculado». «Lo dices tù, éste basta ya» el engañador infernal contesta. En vano trata de aparentar las palabras del Maestro. Josefa las rechaza con indignación. Su alma pero queda turbada e inquieta: el pensamiento de la muerta vecina añade desaliento, los dìas se suceden en esta dolorosa angustia. «Asì, del 28 de octubre al 13 de noviembre ella escribe ya no he vuelto a ver a Nuestro Dios». La fiesta de S. Estanislao, patrón del noviciado, martes 13 de noviembre, reconduce un poco de luz celeste. «Stamani después de la Comunión escribe Jesùs ha venido guapìsimo, con las llagas chispeantes de llamas, y, primera ancla que abriera boca, él ha dicho: « No temer, es Jesùs el Hijo del Virgo Inmaculado!». Y empujando la condescendencia hasta repetir con ella las alabanzas divinas, añade para alentarla completamente: ¡«Sì, soy el amor! ¡el Hijo del Virgo Inmaculado, el Novio de las vìrgenes, la fuerza de las debilidades, la luz de las almas, su vida, su recompensa, su objetivo! Mi sangre borra todos sus pecados, ya que Yo soy su Reparador y Redentor!». Esta infinita bondad da ánimo a Josefa que le confìa al Maestro los sufrimientos de los dìas anteriores, el extremo cansacio que le saca el modo de trabajar y le hace presagiar a la muerta vecina. ¿« Como, Josefa, contesta tiernamente no deseas pues poseerme y gozar de Mì sin fin? ¡Yo sì, te deseo! Yo me glorifico en las almas que cumplen siempre mi voluntad y en todo, y te tengo elección por éste. Deja hacerme de ti lo que sé convenir a mi gloria y a tu bien. Pasa el invierno de la vida!... Yo soy tu felicidad!». Luego le da congreso para comunicarle lo que tendrá que transmitir próximamente por la segunda vez al Obispo de Poitiers. Después algùn instante la alcanza en su celda y Josefa retoma la pluma. En un primer momento él dirige sus palabras al Obispo; luego, descubriendo un más ancho horizonte, añade: «Quiero que mi amor sea el sol que ilumina y el calor que calienta las almas. Por tanto deseo que se hagan conocer mis palabras. Quiero que el mundo entero sepa que Yo soy un Dios de amor, de perdón, de misericordia. Quiero que todo el mundo lea mi deseo ardiente de perdonar y de salvar: los más miserables no teman!... los más culpables no huyan lejos de Mì!... ¡qué todos vengan! Los espero como un padre, con los brazos abiertos, para darles la vida y la verdadera felicidad. «Para que el mundo conozca mi bondad necesito apóstoles que le manifiesten mi Corazón, pero que, antes de todo, ellos mismos lo conozcan... se puede enseñar lo que se ignora?... «Por tanto hablaré durante algunos dìas por mis Sacerdotes, mis Religiosos, mis Religiosas. Entonces conocerán claramente lo que pregunto. Quiero formar una liga de amor entre las almas consagradas, para que ellas enseñen y publiquen hasta los confines de la tierra mi misericordia y mi amor. «Quiero que el deseo y la necesidad de ampararse despierten y aumenten entre las almas fieles y las almas consagradas, ya que el mundo ha pecado... Sì, el mundo, las naciones provocan en este momento la cólera divina. Pero Dios, que quieres reinar con el amor, se vuelve a sus almas selectas y especialmente a las de esta nación. Les pregunto de arreglar primera para conseguir el perdón, pero sobre todo para atraer nuevas gracias sobre este paìs, que ha sido lo primero, todavìa lo repito, a conocer mi Corazón y a propagar de ello la devoción. «Quiero que el mundo sea salvo... qué la paz y la unión reinen entre los hombres. Yo quiero reinar y reinaré a través de la reparación de las almas selectas y un conocimiento nuevo de mi bondad, de mi misericordia y de mi amor. Mis palabras serán luz y vida por un nùmero incaicolabile de almas, y todas serán imprimidos, leìdas, predicáis, y les daré una gracia especial para que iluminen y transformen las almas». Nuestro Dios calla... él ha hablado con mucha fuerza y ardor que Josefa ha quedado golpeada de ello. Ella adora aquella voluntad que afirma sus planes, y cuya divina seguridad disipa cada duda. «Le he preguntado perdón para haber dudado ella escribe pero él sabe cual insidias me desdobla al demonio!... Entonces me ha contestado con gran bondad: ¿« Credos tù que os pueda dejar en poder de aquellos hostil cruel? Os quiero y no permitiré nunca que seáis engañadas. No teméis de nada, tengáis confianza en Mì, que soy el amor!». Hay que asombrarse si parecidos mensajes se compran a precio mucho querido?... Quien que los transmite tiene que ser la primera a pagarlos con toda su capacidad de sufrir. Ella lo sabe, y su oblación cada dìa se vuelve más profunda. A los primeros de noviembre los dolores fìsicos de dìa y sobre todo por la noche semejan destruir poco a poco todo su ser; dolores intensos de que no se encuentra la causa, y que cada viernes todavìa aumentan. El viernes 9 de noviembre lo ha transcurrido extendida y casi sin poderse mover, con la cabeza, el pecho, los elementos todo torturaran por violento sufrimiento... Un nuevo emottisi la reduce al extremo, y tampoco una consulta médica logra descubrir de ello la causa. El jueves 15 de noviembre, hacia las ocho por la tarde, atraviesa una crisis dolorosa que semeja echarla como en agonìa y que se renueva la noche. Sin embargo al alba del viernes 16 Nuestro Dios la visita en el S. Comunión y los se muestra durante el agradecimiento: momentos benditos en cuyo Josefa le halla en él la fuerza de continuar su dura subida al Calvario. « No temer le dice Jesùs soy tu vida y tu fuerza. Soy todo por ti y no te abandonaré nunca». Luego, después de le haber recordado la próxima visita del Obispo, añade: «Cuánto a ti, arista a mi disposición para que pueda hablar a mis almas selectas. ¡Déjame llena libertad! En tal modo Yo me glorificaré». Esta libertad divina ahora se expresa sobre todo a través de los padecimientos. En aquel mismo viernes tres veces todavìa: a las nueve de la mañana, a mediodìa, entre las tres y las cuatro de la tarde, Jesùs Crucifijo semeja asociarla con los dolores de su cruz. Pero en cuanto retoma un poco de fuerza, se levanta e intenta enérgicamente restablecerse al trabajo. De dìa en dìa Josefa, ofrecida al que lo inmola, avanza hacia su consumición. El martes 21 de noviembre, fiesta de la Presentación de Maria, ella renueva pùblicamente los votos entre las joven sus hermanas de hábito. Su fervor ha preparado este acto con un amor devuelto más ardiente del sufrimiento. Ella sabe que es la ùltima vez que su voz repetirá en aquella capilla la promesa que la ha atado al Corazón de Jesùs y a su obra de amor. Durante el agradecimiento de la Comunión Jesùs le aparece y dice: « Yo incluso, Josefa, renovación la promesa que te he hecho de quererte y de serte fiel. Aunque te hagas sufrir, no creas por éste que te quieres menos: te quiero, y no dejaré de quererte hasta al final. ¡Pero tengo de sufrimientos para curar las llagas de las almas! Adiós, arista con Mì, como Yo quedo contigo!». Después de algunos dìas, el sábado 24 de noviembre, Mons. Durfort le reve a larga Josefa: esta visita paternal es una gracia insigne que su fe recibe con gratitud y sencillez. El olvido de él mismo calurosamente el Prelado golpea. Ella no se ocupa que de los intereses del Corazón de Jesùs. La parte que ella tiene en esta obra, sus sufrimientos que son reveladas por los rasgos trastornados, nada cuentan por ella frente a los deseos del Maestro. De otra parte ella los transmite con una claridad y precisión objetiva sin que su lenguaje torpe altera de ello ningunos particular. Luego con la misma sencillez con que ha salido de la sombra por algùn momento se esconde de nuevo en la calle dolorosa y purificante que es más que nunca la suya. Una vez más, sobre el acabar de aquel noviembre, el martes 27 Nuestro Dios los se muestra como una feliz visión de paz. Ella lo escribe en estos términos: «Esta tarde durante la adoración del santo Sacramento no logré decirle nada, y para no gastar tiempo he leìdo lentamente las letanìas del Sagrado Corazón. Luego, como la hora no fue transcurrida todavìa, he tomado las invocaciones de la novena del primer viernes del mes y junta a éste: «Unión ìntima del Corazón de Jesùs con el Padre celeste, a os se une», de repente Jesùs me ha aparecido resplandeciente de belleza. Su tùnica pareció de oro: el Corazón fue como un incendio y de la herida manó una luz deslumbrante. He renovado mis votos y le he preguntado perdón de estar tan frìa a sus pies. Sin embargo me parece que no sea por falta de amor, ya que lo quiero más que cada otra cosa al mundo. Me escuchó y miró, luego ha dicho: « Esta invocación, Josefa, me es tan agradable y tiene tal valor, que supera de muy aquel de los ruegos más elocuentes y elevas que las almas puedan ofrecerme. En efecto, qué puede ser vosotros de más gran valor que la unión de mi Corazón con el Padre celeste?... Cuando las almas pronuncian este ruego penetran por asì decir en mi Corazón y adhieren al beneplácito divino, cualquiera ello sea sobre de ellos. Ellas se unen a Dios y éste es el acto más sobrenatural que se pueda cumplir sobre la tierra, ya que empiezan a vivir algo de la vida del cielo que consiste en la perfecta y ìntima unión de la criatura con su Creador y Señor. «Continua, Josefa, continùa tu ruego. ¡Con ella tù adoras, tù arreglas, tù mereces, tù quieres! Sì, nos continùa tu ruego y continùo mi obra». «Le he confiado todas mis insuficiencias ella escribe, después de este cuento y me ha contestado: «No preocuparte, eres Yo que conduzco todo!». Y la hora de la fe viva en la conducta del amor por todas las oscuridades. Josefa, derribada por la postración fìsica, semeja abandonada a él mismo. Su alma es reducida a una especie de agonìa moral. Sin embargo su fe no duda del que permite estas horas dolorosas, y se entrega a la acción purificador del amor de que está segura.

 

XIII

EN FINEM DILEXIT

 

EL SELLO DIVINO

¡La señal, lo dará en ti! (Nuestro Dios a Josefa el 20 de septiembre de 1920)

Diciembre de 1923. Y el ùltimo mes que Josefa transcurre aquì en tierra. El Rey de amor está cumpliendo su obra en un conjunto de paz, de orden, de sabidurìa, de potencia y de soberana libertad, que no pertenece que a él. ¿No es quizás este el momento de dar una mirada al alma de Josefa y buscarvos el sello divino, indicio auténtico de su misión? «El árbol se conoce de los frutos». Es al rayo de este principio evangélico salido por los labios de la Sabidurìa divina cada virtud se mide y cada acción sobrenatural es confirmada aquì abajo. Un dìa el Dios contestando a un oculta e instante ruego de las guìas de Josefa le dijo a la humilde hermana, ignorante de las perplejidades de sus superiora: ¡«No se pregunten más señales, Josefa! La señal lo daré en ti!» Contestada divina que, en efecto, encontró su realización en los cuatro años de aquella breve vida religiosa, señalándola de una huella que nos aparece infalible. El sello divino se ve de veras imprimido en aquella sencillez de niña que la hace entrar sin esfuerzo en el reino de Dios. Ella es una de aquellas almas muy pequeñas y simples que secuestran el corazón del Rey y descubren de ello los secretos. La ignorancia de si, la docilidad confiada, sin excusas, golpean quien acerca él. En su piedad, no hay alguna bùsqueda ni complicación en su vida. Los fundamentos sólidos de la fe la precaven de las vanas exageraciones y de los pasajeros entusiasmos. Ella va recta a Dios. Aquella sencillez que la pone sin esfuerzo a la altura de las comunicaciones divinas y le hace atravesar las pruebas sin profundizar de ello el alcance extraordinario, la recoloca en fin enseguida y sin esfuerzo en el plan usual de la vida ordinaria. Su modo de devolver cuenta de si es aquel de una niña sin pretensiones, que bajo la forma de una cándida ingenuidad siempre respetuosa, deja traslucir la interior mirada que no busca que Dios. También el estilo y la escritura de las notas trazadas por Josefa expresan un alma lìmpida y franca. La humildad y la caridad, doble caracterìstica del Corazón de Jesùs, que la Iglesia reconoce como las virtudes distintivas de la Fundadora de la Sociedad del Sagrado Corazón, incluso son ellas una de las notas de seguridad con cuyo Dios caracteriza la virtud de Josefa. La humildad añade a su sencillez aquel alguno que de serio y de maduro que deriva de la vista de la misma pequeñez tocada con mano en la verdad. Su naturaleza orgullosa y viva ha sentido por un trozo el precio de los adecuados exteriores impuesto en este campo de la vida religiosa. Eso fue permitido por el Dios sin duda para que siempre tuviera que ejercer su amor en cosas hartas pequeñas y pudiera, por la experiencia de la misma debilidad, considerarse en realidad él ùltima de todo. El olvido y el sacrificio continuo de si son una consecuencia lógica de la convicción del suyo nada, asì verdadera y asì riada, que es a menudo la causa de los combates que se suceden incesantes en su vida. Ella no acepta esta calle que por una sumisión a menudo heroica a la voluntad divina, mucho prueba repugnancia de ello. La desconfianza de si, la separación del propio juicio, la humilde confianza en la autoridad, señala todos sus pasos. La humildad de hermana Josefa parece tan más auténtica, en cuánto va a acabar en caridad todo sobrenatural que dilata de dìa en dìa su corazón en el de Jesùs. Una virtud sólida habrìa podido prevalerse de aquellas gracias excepcionales para aislarse de su entorno, desertar las calles golpeadas por las otras y cerrarse en una cierta complacencia de si. No fue para nada asì. Más el Corazón de Jesùs las descubre sus secretos y la llena de su vida, y más le abre en ella nuevos manantiales de caridad. Ella, asì vecina al invisible e inmerso en lo divino, se muestra cada dìa más servicial y bueno entre las hermanas de hábito. No sabe poner lìmite al regalo de si, a su interés, a sus ruegos y a eso bien se siente alrededor de ella. El mundo entero, que desea conquistarle a Dios, se ha vuelto el habitual su horizonte... Pero en el mismo tiempo no deja evitar ningùn pequeño placer que pueda hacer. Además, con el mundo de las almas y aquel de su familia religiosa, vosotros èancora puesto en su corazón por aquel otro mundo, reflejo de la belleza del Padre y regalo délla su bondad, la naturaleza: los pájaros, los insectos, las flores... el cielo y sus estrellas... Ella quiere todo y todo abraza con aquel cariño ancho y fuerte, simple e ingenuo que secuestra el Corazón de Jesùs, porque en Josefa no está sino la efusión de su amor por él. Pero la obediencia queda la señal más segura y está en fuerza de ella que Nuestro Dios establece sus preferencias. Esta obediencia, que los testigos de la vida giomaliera de Josefa ha notado más veces como caracterìstica de su alma religiosa, Usted es afirmado más ancla en el plan sobrenatural sobre que la obsesión la voluntad de Dios. El control de la acción y el espìritu que la conducen hace destacarse admirablemente su perfecta sumisión de intelecto y corazón: no un deseo, no un ataque, no un repliegue sobre él mismo... adhesión completa a la lìnea de conducta que la es trazada, desinterés que no las permite nunca de volver, para complacer, sobre las gracias recibidas. Josefa que sólo ha escrito por obediencia, siempre con reluctancia, nunca pregunta de releer sus notas: todo ella ha entregado y abandonado a sus superiora. Desde el principio Jesùs le ha enseñado esta dependencia absoluta en la calle en que la quiso. Basta con recordar aquellos palabras ya emplazadas: «Te he atraìdo a mi Corazón para que tù no respires que para obedecer... ¡Sabe que si Yo te pregunto una cosa y la Madre otra, prefiero que tù le obedezcas a antes que a Mì! Vas y pides el permiso!» siempre Insiste para mantenerla fiel a la dirección recibida, y él destejo le explica hasta cuál pica y en cuál particulares tiene que ser abierta y transparente, dócil y plegable. Cuántas veces, en un modo o en el otro, las ha hecho entender esta gran lección de espìritu religioso: «CercaMi en tu Madre; recibes sus palabras como si salieran de mis labios!... Yo le estoy a punto de en ella conducirte!» Y con esta mirada de fe Josefa siempre ha considerado la obediencia. El amor de la regla y la vida comùn le encuadra en ella las gracias divinas, y la preserva de la ilusión y de las trampas del diablo. Josefa tiene de ello el culto y lo prueba con su fidelidad generosa. Este amor de la vida comùn y ordinaria, que, sin un expreso seguro de la voluntad del Maestro, las habrìa hecho abandonar más de una vez el camino trazado por su Corazón, sirve a afirmar cuanta ella sea atacada a la calle segura de la vida religiosa. La regla que observa con exactitud delicada solicita de ella en ciertos momentos una voluntad y un ánimo de que alrededor de ella se ignora el valor. Bajo las amenazas del enemigo y en la certeza moral de las luchas que lo esperan, en cuanto suena el timbre, venciendo su ìndole temorosa (y quién no habrìa temblado frente a la potencia diabólica?) ella no titubea nunca; su amor afronta todo para quedar fiel. Hace falta añadir que el sello divino se ve lo también imprimido en la perfecta concordancia entre la regla, mucha amada de Josefa y las lecciones del Corazón de Jesùs; entre el espìritu que las anima y lo que la santa Fundadora les ha dejado a sus hijas: espìritu de amor y generosidad, de reparación y de celo que tiene que contraseñar cada miembro de la Sociedad del Sagrado Corazón con el carácter de novia, de vìctima, de apóstol. Josefa, que posee este espìritu a un grado mucho alto, allì es arraigada por su Maestro mismo. Bajo la luz de Dios las gracias de que es favorecida no le parecen nunca tales de poderse comparar con la de la vocación, de las normas de la obediencia, de la seguridad de la regla. La señal prometida por Jesùs Josefa lo ha actuado pues dìa tras dìa en si, ahora por ahora, en los parti~olari de la vida religiosa, mientras que el silencio lo envuelve, y nadie supone cual plenitud de amor generoso se esconde en aquella oscuridad. Pero, se ha visto lo, hay horas, dìas, meses en que la obediencia de Josefa, el amor al deber, el ánimo y la sumisión al querer divino, su fe y el suyo me entrego a la conducta divina, semejan alcanzar el heroìsmo. Cuántas veces los testigos de aquellas luchas y aquellos sufrimientos han tenido que admirarle en aquella hijuela tan simple, asì ignorante de. si y asì fiel, la libertad y la omnipotencia de la gracia que infundió en el débil instrumento la marca de una virtud que no engañes!... La historia de esta vida ahora está a punto de cerrarse bajo la señal de Dios, aquel de la muerte que él ha predicho. Nuestro Dios y el santo Virgo se la han anunciado a más reanudaciones, e incluso conservándola en el abandono, gliw ha desvelado de ello el tiempo y las circunstancias de modo que no exista ninguna duda. Josefa ha advertido pues a sus Madres, sobre la sola garantìa de la palabra divina, que no habrìa acabado en tierra los ùltimos dìas del 1923. En efecto, a la época que él le ha indicado, y en la manera de él dispuesto, el Dueño de la vida y la muerte viene er poner el sello definitivo a la obra de su Corazón.

 

EL CUMPLIMIENTO DEL MENSAJE el 19 de diciembre de 1923

¡Quiero ahora dirigir a mis almas consagradas! (Nuestro Dios a Josefa el 4 de diciembre de 1923)

Surge con el mes de diciembre el Adviento, el ùltimo y solemne Adviento, el más bonito, el más rico en sentido en la vida de Josefa: ¡expectación en el verdadero sentido de la palabra! Esta beata prospectiva alumbra, de vez en cuando, la noche que envuelve el alma. Entonces ella exulta al aproximarse dìa eterno vierto el que su corazón se yergue con mucho deseo y vehemencia. En fin de repente el horizonte se cubre de nubes tenebrosas que parecen todavìa más oscuras después de este destello de luz. Las ùltimas rayas del Mensaje divino están a punto de ser trazadas en la primera semana de diciembre, y ya, el lunes 3, Santa Maddalena Sofìa prepara su querida hija al cumplimiento de la obra. «Vienes en mi celda!». le dice en la mañana, y Josefa contesta a la invitación. La santa Madre está allá y la alienta: «Sì, son tu Madre, la pobre criatura de que el Dios se ha dignado de hacer la primera piedra de esta Sociedad». Después de esta declaración que tranquiliza a la hijuela, continùa: ¡«Jesùs está a punto de venir! Espéralo con mucha humildad, pero también con alegrìa y confianza. él es el Padre de misericordia siempre dispuesta a derramar su bondad sobre todas las criaturas, pero sobre todo sobre las más pequeñas y pobres. Recibes sus deseos, sus recomendaciones, sus palabras con gran respeto y la Sociedad las custodie celosamente!». Luego recordando a su querida Sociedad la señal auténtica de Dios: «No tema el sufrimiento: ¡no degrades delante del sufrimiento y, sobre todo, y ésta es la recomendación de mi corazón materno las gracias de que es colmada no hagan nunca disminuirle en ella el precioso tesoro de la humildad! Más será humilde, más Nuestro Dios la favorecerá!». El momento le ha llegado en cuyo Jesùs está a punto de revelar a sus almas consagradas las ùltimas invitaciones de su Corazón. Mientras Josefa, el mattima de martes 4 de diciembre, trabaja rogando en la misma celda, la Virgen le aparece de repente como la aurora antes del surgir sol. Josefa renueva enseguida los votos y las pregunta de repetir con ella lo que el demonio no ha podido nunca decir: «Mi Dios, te quiere y deseo que todo el mundo se conozca y te quieres!» Con una condescendencia todo materna y un ardor virginal Maria contenta la pregunta de la hijuela. Ella repitió estas palabras dice Josefa y añadió: ¡porque Tù eres infinitamente bueno y misericordioso! Sì, mi hija, Jesùs tiene compasión de las almas pequeñas y miserables. La perdona y las quiere. Su bondad lo inclina hacia los pequeños y su fuerza sustenta las debilidades. ¡Deja que tu pequeñez se pierda en su tamaño! ¡Espéralo con amor! Está a punto de venir...». «Maria disparve y un instante después Nuestro Dios estuvo allá. He renovado mis votos y enseguida él ha dicho: ¡«Usted, Josefa, es Yo! No temas. Soy el amor, la Bondad y la Misericordia!... Soy el Hijo del Virgo Inmaculado, el Hijo de Dios y el propio Dios Yo!». Luego después de estos seguros frente a los que desaparece cada indecisión, él habla y Josefa escribe: « Quiero ahora dirigir a mis almas consagradas, para que puedan hacerme conocerles a los pecadores y al mundo entero. «Muchas entre ellas no saben todavìa profundizar mis sentimientos. Me tratan como uno que vivas lejos de ellos... uno que conocen poco y en cuyo no tienen bastante confianza. Quiero que reanimen su fe y su amor, que vivan en intimidad y confianza con el que ellas quieren y que las quiere. «En una familia es el hijo mayor que conoce mejor los sentimientos y los secretos paternales. En efecto el padre a él se confìa más completamente porque los más jóvenes no son todavìa capaces de interesarse en los graves asuntos, ni de ir más allá de la superficie de las cosas. Por tanto al mayor corresponde de transmitirles a los hermanos los deseos y los deseos del padre cuando éste viene a faltar. «En la Iglesia tengo hijos mayores y son las almas que tengo elecciones por Mì. Consagráis del sacerdocio o de los votos religiosos, ellas viven más cerca de Mì, participan en mis gracias de privilegio, y a les confìo mis secretos, mis deseos... ¡y también mis padecimientos! «Soy ellas que encargo, a través de su ministerio, de velar sobre los niños, ellos hermanos, y directamente o indirectamente instruirlos, conducirlos y transmitirles mis enseñanzas. «Si mis almas selectas me conocen plenamente, sabrán hacerme conocer, si me quieren de veras, sabrán hacerme amargas. Pero qué enseñarán a los otros si me conocen poco?... Ahora Yo domando: ¿se puede querer mucho al que se conoce mal? Usted puede hablar con verdadera intimidad a Quien de que nos tenemos lejano?... a Quien en que tenemos poca confianza?... «He aquì lo que quiero recordar a mis almas consagradas. No es una cosa nueva, ciertamente, pero ellas necesitan reanimar su fe, su amor y su confianza. «Quiero que me traten con mayor intimidad, que me busquen en su interior, ya que ellas saben que el alma en gracia es templo del Espìritu Santo. ¡Y allá me vean cómo Yo soy, es decir como Dios pero Dios de amor! ¡Tengan más amor que temor, crean en mi amor sin nunca dudar de ello! Muchas, en efecto, saben que las tengo elecciones porque las he querido, pero cuando se sienten oprimidas por sus miserias, y quizás también de las culpas, entonces le invade una vez la tristeza al pensamiento de que Yo no tenga por ellos más el amor». Aquì Josefa se para, no pudiendo de ello más. Le pregunta al Maestro el permiso de sentarse; y Jesùs lleno de compasión se lo permite. La conforta como sabe hacerlo, siempre reconduciéndola al pensamiento de las almas: luego desaparece. El miércoles 5 de diciembre, a la misma hora, él va a encontrarla en celda. Josefa retoma la pluma, y siempre arrodillada a su escritorio escribe mientras Jesùs continùa: «Te he dicho ayer que aquellos almas no me conocen. ¡Aquellas almas no han entendido qué es mi Corazón! Ya que soy nota sus miserias y sus culpas que inclinan mi bondad hacia de ellos. Y cuando reconocen su impotencia y debilidad, se humillan y me vienen a con llena confianza, entonces aùn más les me glorifican que antes de su culpa. «Asì cuando ellas ruegan por si y por los otros: si titubean, si mì dudan de, no honran mi Corazón, mientras me glorifican cuando esperan con seguridad lo que me preguntan, algunos que no podré rechazarles si no lo que serìa dañino a sus almas. «Cuando el Centurión vino a suplicarme de curar al criado, me dijo con mucha humildad: "Soy no me digno que Tù entras a mi casa..." pero lleno de fe y de confianza añadió: "Sin embargo, Señor, si dices una sola palabra el mìo sirvo curará." Este hombre conoció mi Corazón, y supo que no puedo resistir a las sùplicas de un alma que espera todo de Mì... Este hombre me ha glorificado grandemente porque a la humildad ha juntado una confianza firme y total... ¡Sì, este hombre conoció mi Corazón, sin embargo no me manifesté como a me manifiesto a mis almas selectas! «Con la confianza ellas conseguirán innumerables gracias, no solamente por él mismos pero por los otros, y es lo que quiero que comprendan plenamente, ya que deseo que espectáculo los sentimientos de mi Corazón a las pobres almas que no me conocen». Aquì Nuestro Dios se interrumpe un instante, luego retoma insistiendo: «Todavìa lo repito: lo que ahora digo no es nada nuevo. Pero como una llama necesita ser alimentada por no spengersi, asì las almas necesitan un nuevo estìmulo que le haga avanzar, y de nuevo calor que las reanimas. «Entre las almas a Mì consagráis, poco hay de ello que me tienen en mì una verdadera confianza, porque son pocos de ello que viven en ìntima unión con Mì. Quiero que se sepa que anzuelo las almas cuáles ellas son. Sé que la fragilidad le hará caer más de una vez. Sé que en muchas ocasiones no mantendrán lo que me han prometido: pero su propósito me glorifica, el acto de humildad que harán después de una caìda, la confianza que ponen en me me honran tan que mi Corazón esparce sobre de ellas un arroyo de gracias. «Quiero que cuanto se sepa deseo que las almas consagradas se reanimen y se renueven en esta vida de unión e intimidad con Mì. Ellas no se limiten a hablarme cuando son a los pies del altar. Estoy allá presente, es verdadero, pero Yo también ellas vivo dentro de, y me complazco a no hacer qué una cosa sola con ellos. «Me hablen de todo!... Me consulten en todo!... Me pregunten todo!... Yo vivo en ellos para ser su vida. Vivo en ellos para ser su fuerza... Sì, lo repito no olviden que me complazco con hacer una cosa sola con ellos... Se recuerden que Yo les vivo en ellas... y qué allá las veo, las escucho, las quiero. ¡Allá espero que correspondan a mi amor! «Hay muchas almas que cada mañana hacen oración: pero no es bastante una formalidad que un coloquio de amor?... Escuchan o celebran la Misa, y me reciben en la Comunión... pero una vez salidas de iglesia no se dejan quizás tan absorber de los asuntos, que ya no piensan en dirigir una palabra?... «Me encuentro como en estas almas en un desierto: no me dicen nada; no me preguntan nada: ¡y cuando tienen de ser consoladas a menudo se dirigen a alguna criatura de que van en bùsqueda, antes que a Mì, ellos Creador, que vivo y les están en ellas! ¿«No es esta falta de unión, falta de vida interior o, viene lo que a ser el mismo, falta de amor? «Quiero también recordar a las almas consagradas que Yo las tengo elecciones de modo especial, para que viviendo con Mì de esta vida de unión me consuelen y arreglen por todas las que me ofenden. «Quiero que se acuerden el deber que tienen de estudiar mi Corazón, para compartir de ello los sentimientos y realizar de ello los deseos por cuánto les es posible. «Cuando un hombre trabaja en el propio campo se aplica con ardor a desarraigar todas las hierbas malas, y no ahorra ni pena ni fatiga hasta que no os haya logrado. Asì Yo quiero que las almas a Mì consagráis, apenas conocidos mis deseos, se apliquen con celo y ardor a efectuarlos, sin degradar delante de cualquiera dificultades o sufrimiento, para aumentar mi gloria y arreglar las ofensas del mundo. «Te repetiré este porvenir, ahora vas en mi paz!». Las notas de Josefa en aquel dìa acaban con un episodio de gran sencillez: «Ayer, después de un dìa de gran sufrimiento espiritual y malestar fìsico escribe he pasado instantes de tal angustia que me pareció de morir. Se han presentado al pensamiento de modo impresionante todas las culpas de mi vida pasada, y me encontré como incapaz de hacer ningùn acto de confianza y amor». Ella a menudo ha experimentado estas impotencias con que el demonio intenta paralizarla y echarla en la desesperación. «El sufrimiento fue tan agudo que pareció evitarme la vida. De repente he visto en mi celda a cierta altura un columbina todo blanca, con el cabezal resplandeciente de luz. Hizo esfuerzos para tomar al vuelo pero una de las alas, todavìa un poco gris, pareció pegada. Quedó asì algùn instante, luego dio un golpe de ala y huyó fuera... He pensado fosos la que vi otra vez, y de cuyo Jesùs me dijo: "Aquella paloma es la imagen de tu el alma." «Pero cuando él ha venido stamani, y le he expresado mi deseo de morir el 12 de este mes, fiesta de la Virgen de Guadalupa, aniversario del nacimiento de nuestra Fundadora, y también un miércoles, dìa le consagrado a San Giuseppe a mi patrón, Nuestro Dios con gran bondad me ha dicho: «Y qué hace emo de aquella aleta todavìa gris?». Entonces Josefa le expone el temor de ofenderlo, de allonta narsi de él, de caer en las trampas del demonio que siente encarnizado contra ella. «Escucha Jesùs le dice Hace falta que tù todavìa seas purificado en el amor. Abandonados, y no tengas otro deseo que para cumplir mi voluntad. Sabes bien que te quiero, que puedes querer de más?». Aquel dìa, 5 de diciembre, pasadas como la anterior en la estrechez del alma y en las oscuras tentaciones del demonio. Atrevida y dócil Josefa se esfuerza de hacerse estable en la fe y en el amor. Estas horas de tinieblas que la conducen rápidamente al final, la dejan derrocada y sin fuerza. Sólo la obediencia queda el seguro apoyo y conmueve ver hasta cuál pica se arrima a ella, hasta en los más pequeños detalles. El jueves, 6 de diciembre, la halla en su celdilla dónde muchas veces ha esperado a su Maestro. él es fiel al congreso y lo escucha con bondad. Ella no puede esconderle su esperanza de morir el 12 de diciembre bajo la protección de los tres grandes amores de su alma religiosa. « Que has hecho, Josefa, para merecer la mención?». «Nada, Señor, pero me has prometido de darme tus méritos». « No te basta, quizás, vivir en mi Corazón?». «Cierto dice Josefa pero eso no me saca el deseo del cielo, ya que allá lo veré para siempre y no lo ofenderé nunca!». «Dejas elegirme la hora dice Jesùs Ahora escribes por las almas consagradas. ésta es la ùltima vez que Josefa recogerá por las almas los deseos ardientes del Corazón de Jesùs: « Le invito todo, mis Sacerdotes, mis Religiosos, mis Religiosas, a vivir en ìntima unión con Mì. «Corresponde a ellas conocer mis deseos y compartir mis alegrìas y mis tristezas. «Toca a ellas de ocuparse de mis intereses sin ahorrar ni fatigas ni sufrimientos. ¡«A ellas arreglar, con los ruegos y sus penitencias, las ofensas de muchas y muchas almas! ¡«A ellas sobre todo corresponde duplicar la unión con Mì, y no me dejes sólo! No me dejes sólo... ¡Ay! muchas no comprenden, y olvidan que ellas toca a tenerme a compañìa y consolarme!... «A ellas, por fin, de formar una liga de amor y, todo unìs en mi Corazón, suplicar por las almas el conocimiento de la verdad, la luz y el perdón. «Y cuando penetráis de dolor a la vista de las ofensas que recibo de cada parte, mis almas selectas se ofrecerán para arreglar y trabajar a mi obra, su confianza esté entera, porque no podré resistir a sus sùplicas y las atenderé plenamente. «Se apliquen pues todo a estudiar mi Corazón y a profundizar de ello los sentimientos. Se se esfuercen de vivir unidas a Mì de hablarme, de consultarme. Revistan mis méritos y cubran con mi sangre todas sus acciones. ¡Consagren su vida a la salvación de las almas y al acrecentamiento de mi gloria! No se achiquen considerándole mismos, dilaten en cambio su corazón viéndose revestidas de la potencia de mi sangre y mis méritos, ya que si actùan solo, no podrán hacer gran cosa, pero si trabajan con Mì, en mi nombre y por mi gloria, entonces serán potentes. ¡«Las almas a Mì consagráis aviven sus deseos de arreglar y pregunten con confianza que surja sobre el mundo el dìa del Rey divino, es decir el dìa de mi Reino universal! ¡«No teman, espérenme en Mì, cónfìenme en Mì! «Sean devoradas de celo y de caridad para los pecadores!.. ¡Tengan compasión de ello, rueguen por ellos y ellos traten con dulzura! ¡«Les hablen a todos los hombres de mi bondad, de mi amor, de mi misericordia! ¡«Revistan sus trabajos apostólicos de ruego, de penitencia y sobre todo de confianza, no en sus industrias, pero en la potencia y en la bondad de mi Corazón que las acompaña! ¡«En tu nombre, o Señor, obraré y sé que seré potente! «ésta fue el ruego de mis Apóstoles, hombres pobres e ignorantes pero rico y sabios de la riqueza y sabidurìa divina!... «Tres cosas pregunto a las almas consagradas: «Reparación, es decir vida de unión con el Reparador divino: obrar por él, con él, en espìritu de reparación, en estrecha unión a sus sentimientos y a deseos. «Amor, es decir intimidad con el que es todo amor y que se mete al nivel de sus criaturas, para preguntar de no dejarlo sólo, y de darle su amor. «Confianza, es decir seguridad en el que es bondad y misericordia... en Quien con el que yo vivo dìa y noche, que me conoce y que yo conozco... qué me quiere y que yo quiero... en el que invita sus almas consagradas porque viviendo con él y conociendo su Corazón esperen todo de él. Las ùltimas rayas del Mensaje son trazadas!... Josefa lo que todavìa el Maestro nota desea que ella transmita de su parte al Obispo de Poitiers, de que sabe la próxima llegada, por lo tanto posa la pluma. Da un instante en un cambio de amor que queda el secreto de Dios. ¡Ahora solemne que señala el cumplimiento de la invitación a las almas! Jesùs desaparece, Josefa ha cerrado su cuaderno y ha retomado la aguja. Todavìa alguna página será escrita sobre aquellos hojas que soy él ùltimo. El viernes, 7 de diciembre, Mons. Durfort se digna venirles a los Feuillants, y os recibe las ùltimas palabras transmitidas por él de parte de Nuestro Dios. Con una sencillez infantil Josefa le habla de su ardiente deseo del cielo, y de su próxima muerte. Estas afirmaciones son conmovedoras porque, si su fisonomìa lleva la huella de los sufrimientos que la agotan dìa y noche, la vida ardiente del alma la sustenta tan, que no parece para nada que se haya tan cercanos al final ch'ella anuncia. Sin embargo Josefa es segura de ello y lo repite al Obispo de Poitiers con una convicción que su abandono devuelve más impresionante. EL 8 de diciembre, sábado, transcurre alegremente. Josefa consagra sus ùltimas fuerzas a los preparativos de la procesión tradicional al Sagrado Corazón. ¡Con cuanta cura engalanada con adornos de fiesta la Virgen del oratorio del noviciado! Su corazón se alegra triunfo de la Madre Inmaculada. Pero no tendrá la fuerza de participar en aquella procesión de amor, y, escondido en un rincón del pasillo de la enfermerìa, se unirá a los cantos, a los ruegos y contemplará una ùltima vez el blanco desfile de las alumnas que le llevan al Virgo santo la oferta de su azucena. Por la tarde ella les escribe a la mamá y a las hermanas su ùltimo saludo: cartas conmovedoras que serán custodiadas como reliquias y que ella le pregunta a la Madre de enviar solamente después de su muerte. Nos parece ùtil de citarla aquì, porque ponen en el mismo tiempo en evidencia el cariño tierno y sobrenatural que el amor de Jesùs en lugar de destruir transforma y vivìfica. Asì le escribió a la mamá: «Estoy contenta con morir, porque sé que es la voluntad del que anzuelo. Y luego mi alma desea mucho de poseerlo y de verlo sin el velo que lo esconde aquì abajo. No llores, ni entristecerte: la muerte es el principio de la vida por el alma que quiere y que espera. ¡Será breve nuestra separación, porque la vida pasa veloz, y pronto nosotros nos encontraremos unidas para siempre! ¡Del cielo pensaré en ti y rogaré porque no venga a faltarte lo necesario y que tù puedas un dìa morir en la paz y en el gozo del que es nuestro objetivo, nuestra felicidad, nuestro Dios! No pongas el luto por mì, pero ruega mucho para que pueda presto entrar en cielo. No sé el dìa de mi muerte: desearìa pero que fosos el 12 de este mes... ¿Lo querrá Jesùs también? Estoy lista a todo lo que él dispone. No creas que sea triste: ¡estos cuatro años de vida religiosa han sido cuatro años de paraìso! La ùnica cosa que deseo por mis hermanas es que sean felices cuanto lo he sido yo y que sepan que no hay nada que llevas mucha paz cuanto la manera la voluntad de Dios. No creas que muera por sufrimientos y padecimientos, al revés!... ¡creo que la mìa es bastante una muerte de amor! No me siento a enferma, pero tengo algo que me hace desear el cielo, ya que no puedo vivir sin ver a Jesùs y la Virgen!». Con la hermana Mercedes, religiosa adjutora en la Sociedad del Sagrado Corazón, se confió ìntimamente: «Muero feliz y lo que me da tal felicidad es saber de siempre haber hecho la voluntad de Dios. él me ha conducido por calles muchas contrarias a mis atractivos y a mis deseos, pero me recompensa en estos ùltimos dìas en que me envuelve de una paz de paraìso. Te suplico, querida hermana, de servir Nuestro Dios y la Sociedad Nuestra Madre con alegrìa y fervor en el despacho que te da, en la casa dónde te coloca y cualquiera sean tus superiora... sin cuidar ni a tus atractivos, ni a tus repugnancias. Nada se resigna cuanto mucha al momento de la muerte el serte renunciado para hacer la voluntad divina. No te entristezcas por tus miserias: Jesùs es bueno y nos quiere como somos. Lo veo por experiencia: tienes confianza en su bondad, en su amor, en su misericordia. Yo muero feliz... La Sociedad ha sido por mì un verdadera, tierna madre. Jesùs me ha dado de las superiora que me han circundado de la más gran delicadeza. No puedo corresponderle en tierra, pero en cielo tendré a la Virgen que me dará todo lo que preguntaré por ellos. En Francia he sido muy feliz: es la patria del alma mi y el Dios me ha concedido gracias numerosas». Y acaba con estas rayas: «Siempre nos hemos a muchas amadas, mi hermana, y ahora nuestra separación de algùn año aùn más nos unirá ìntimamente y fuertemente. ¡Adiós! Te espero donde en cielo seremos unidas con los vìnculos fraternos y más ancla con nuestro amor de religiosas». Estos adióses intensamente oìdo no las sacan sin embargo la fuerza, pero después de tenerlos acabados va a presentar la suya ofrecida al Santo Sacramento expuesto, delante del que pasa la mayor parte de la noche. Allá la Virgen lo espera para hacerle saborear el encuentro eterno. ¿Quizás pudo esta Madre incomparable resistir hoy a los deseos de la hijuela? Josefa cuenta lo que sigue y son este las ùltimas rayas de su quadernino: «Esta tarde, mientras estuve en capilla, la Virgen ha venido a la improvisación. Vestida como siempre, pero circundada por una luz radiante. Estuvo de pie sobre una tajadera de nubes cerùleas y ligeras. Sobre el jefe apenas fue posado un velo de un azul muy pálido, que se perdió entre las nubes sobre que posaron los pies. Fue tan bonita que no osé hablarle, sólo sintiéndome el alma secuestrada a contemplarla. Por fin he renovado los votos, y me ha dicho con voz dulce y solemne: « Mi hija, la Iglesia me alaba y me honra contemplando mi inmaculada concepción. Los hombres admiran los prodigios que el Dios ha obrado en me y la belleza de que todavìa me ha revestido primera que el pecado original pudiera manchar mi alma. Sì, el que es Dios eternizo, me tiene elección para Madre y me ha colmado de gracias raros de cuyo nessun'altra criatura ha sido favorecida nunca. Toda la belleza que me resplandece en mì es el reflejo de las perfecciones de lo omnipotente y las alabanzas que se dirigen el que glorifican siendo mi Creador, mi Dios, ha querido hacermì de a Su Madre. «Mi más bonito tìtulo de gloria es de estar inmaculada y junto Madre de Dios. Pero Yo me complazco sobre todo con unir a este tìtulo aquel de Madre de Misericordia y Madre de los pecadores!». «Apenas dichas estas palabras, desaparecieron y no lo tengo más vista». Las notas de Josefa acaban definitivamente en esta dùplice afirmación de la Madre divina, casi fosos la firma con que quiso contraseñar el Mensaje de Jesùs.

 

LA UNIÓN SOBRE LA CRUZ el 916 de diciembre de 1923

¡Pronto surgirá el dìa eterno! (Nuestro Dios a Josefa el 12 de diciembre de 1923).

¡Los ùltimos dìas de la vida de Josefa han llegado! Veinte dìas todavìa la separan del encuentro eterno, veinte dìas de sufrimiento, de gracias, de pruebas, por los que consumirá aquì su misión en tierra. De ahora adelante ella no escribirá más que los mensajes personales dictados por el Maestro y las ùltimas recomendaciones que la Madre Fundadora transmitirá por su medio a las hijas. Pero hija de obediencia hasta al final, después de cada visita del Dios o Maria Santo, ella les confiará fielmente a las Madres el secreto de estas fiestas celestes de los que ninguna palabra irá perdida. El fervor de su el alma a menudo se desahogará en simples coloquios que fueron recogidos a su insaputa. Asì seguirán dìa tras dìa registrándose las riquezas del Corazón de Jesùs escondidos en aquel alma a través de la que él se ha complacido realizar asì grandes cosas a favor del mundo. La fiesta de la inmaculada Concepción se ha cerrado con una noche de vivos sufrimientos. Bajo la fuerza del dolor Josefa se desmaya más veces, quedando pero en un estado misterioso en que ella conserva la conciencia de este dolor que se lee en sus rasgos altèrati. En este estado a menudo se verá la en estas ùltimas semanas, sin que nada logre levantarla. Al alba del domingo 9 de diciembre, apenas logra levantarse para ir a buscar la gracia de la Misa y la Comunión de que tiene sed. Pero a la vuelta un largo desmayo lo derriba, y la deja agotada. Sin embargo la costumbre a sufrirla ha hecho tan atrevida que todavìa transcurre una parte de la tarde delante de la Santa exposición: son los ùltimos adióses al tabernáculo de aquella capilla, testigo de muchas gracias y muchas ofertas. Aquella misma tarde, después de la bendición de lo Santo, Josefa, agotada, se se rinde y se acuesta por no más alzarse. Entonces empieza una crisis de dolores agudos que se dilata toda la noche. En los raros instantes en que retoma conciencia de lo que la circunda todavìa encuentra la fuerza de sonreìr, de besar el Crucifijo que tiene siempre en mano. Apenas habla y más que entenderla se adivina. Levanta a duras penas la mano y haciendo señal con tres dedos, murmura lentamente: «Tres dìas... sólo tres dìas todavìa!»... La esperanza de la próxima salida ilumina su rostro contrato del sufrimiento. «Sois seguro de ello?». «No, pero lo espero... el aspecto!... Jesùs es asì bueno y lo difìcil serìa encontrar una fecha que reùna estos mis tres amores: la Virgen, la santa Madre, San Giuseppe!». Luego calla por mejor sufrir. La mañana del lunes 10 de diciembre, aunque postrada de fuerzas intenta sin embargo de levantarse en vista de con esfuerzo heroico la santa Comunión. Pero recae inerte y el hambre de Jesùs le arranca las lágrimas. No puede hablar ni tragar una gota de agua, y de vez en cuando cae en deliquio. Está El fin pues cercano como Josefa espera?... ¿Le abrirá el 12 de diciembre el cielo? Alrededor de ella se empieza a preguntarselo. Al término de la mañana una ligera mejorìa permite de llamar a un sacerdote que le lleva la Comunión. El Maestro divino dispondrá las cosas de modo que la eucaristìa no le faltas nunca a su pequeña vìctima. ¿Cómo podrìa sin aquel pan de los fuerte cruzar las sombras y los peligros de sus ùltimos combates? Hoy durante el agradecimiento Jesùs se muestra a que no sabe cómo expresar su gratitud. «Josefa le dice he aquì que vengo Yo mismo a prepararte para entrar en mi patria celeste». «Será el 12, Señor?», pregunta ella ingenuamente. « Si quieres soy dispuesto a darte esta alegrìa le contesta pero no serìas bastante tù generosa de concederme algùn dìa de más, de que necesito por las almas?». Tales solicitudes son provocaciones de amor frente a las que Josefa ya no tiene deseos. «Tù sabes que soy tuyo y que te tengo todo abandonado!». « Sì Jesùs continùa con bondad inefable. ¡ Te custodio, tomo ti cura de! Deja hacerme mi voluntad y elegir la hora!». Luego añade: « Esta tarde volveré, y tù escribirás». Hacia las dos y medio de la tarde él está allá. Semiseduta sobre la cama y sustentada por almohadas, porque le faltan las fuerzas, Josefa está esperando. «Y venido dirá después algùn instante guapìsimo, con el Corazón todo abierto y todo llamas». « Ves la morada que te preparo por la eternidad... Y tù, Josefa, que me preparas?». ¡«Ay! Señor, mis pecados, mis miserias, mi dolor de haber hecho tan poco por ti». ¿« Que importa? ¡Dame todo y consumiré todo en el fuego de mi Corazón! Ahora escribes!». Bajo el dictado del Maestro escribe con mano temblorosa un mensaje de transmitir después de la suya le muerta al Rev. P. RUBIO S.J. padre y director de los suyos primeros años. « Volveré mañana» dice Jesùs y desaparece después poco. La misma tarde, en un momento de más intensos sufrimientos, Josefa, que está sola, oye las fuerzas faltar y evitarle la vida. No tiene voz para invocar ayuda, pero el Cielo vela: Santa Maddalena Sofìa aparece de repente, más materna que nunca, y cogiéndola entre los brazos ella desteja la sustenta y la conforta. Luego manifestándolas algo del plan de Nuestro Dios: « No le dice tù no morirás el 12, pero Jesùs te vendrá a para unirte a él, con las uniones más estrechas, y será por la eternidad!». Entonces Santa Maddalena Sofìa preciso a la hijuela que recibirá la unción de los Pacientes, y hará la profesión religiosa perpetua en aquel bendito dìa. « Vengo a decirtelo de Su parte» añade. Josefa deberá prepararvisi en la alegrìa. « Jesùs dispone asì tu vida santo Maddalena Sofìa añade y por cuánto difìcil éstas parece a las criaturas, todo ordena en el modo que conviene mejor a sus dibujos». Luego contestando a una solicitud de la hija: « Usted, vendrá con la Virgen y con Jesùs, que no te dejas nunca sola... Todo y tres estarán aquì... ¡ánimo! Echa el ancla algùn dìa que transcurrir en tierra para merecer la mención celeste. Descansa en paz, ya que velo sobre de ti». Y desaparece. Algùn momento de sueño reparador sigue la visita materna y, aunque la tregua no sea larga el pensamiento de las gracias tan cercanas del 12 de diciembre envuelve de paz y de abandono los padecimientos de la noche y el dìa siguiente. Por la tarde del martes, 11 de diciembre, fiel a su palabra de la vìspera, Jesùs vuelve de Josefa. Y para dictarle una ùltima palabra le dirigida a la Madre General del instituto del Sagrado Corazón, y que acaba con esta expresión: «Anzuelo mi Sociedad, Yo conduciré mi obra!». Sin embargo las celestes indicaciones no bastarìan para determinar las decisiones relativas a Josefa. La mañana del miércoles 12 de diciembre, una ligera mejorìa suscita alguna incertidumbre. ¿Se encuentra ella bastante en peligro para recibir la doble gracia del aceite de los Pacientes y la profesión en «articulo mortis»? Josefa misma es turbada por la duda que supone alrededor de si. Su director la alienta y le hace hacer después de la Comunión un acto de llena adhesión a todo lo que será decidido a su respeto. Mientras tanto es llamado el médico. Una vez de más el Dios hace ratificar sus planes de sus instrumentos aunque inconscientes de tal despacho. Ignorante de las gracias extraordinarias que sustentan la vida de la pequeña enferma, el médico, después de tenerla minuciosamente visitado como ya ha hecho bastantes otras veces, se muestra preocupado por un mal de que no sabe determinar la causa. Y quién podrìa?... Sin embargo a causa de la extrema debilidad y las largas horas de deliquio aconseja no retardar de un dìa la administración de los ùltimos Sacramentos. ¿Cómo no veas patente la acción del que todo conduce, saca las incertidumbres y obliga las criaturas a seguir sus indicaciones sobrenaturales? El dìa transcurre en una espera llena de concentración, de fervor, de paz. Mons. Durfort ha decidido presidirlo destejo la ceremonia que Josefa doblemente consagrará. Toda la familia religiosa, que la sabe gravemente se enfermada por algùn dìa, es invitada a circundarla de un ruego más rápida que nunca, mientras se hacen los preparativos en la pequeña celda, testigo de tanto divinos favores. Hacia las cinco de la tarde empieza la conmovedora función. Josefa es radiante en su concentración. Las hermanas de hábito se agrupan en el pasillo y en las habitaciones cercanas a la celda, demasiado pequeña para acogerle todo. Solo Mons. Durfort, el Kan, de Castries, capellán del instituto, y el P. Boyer os penetran con las madres que circundan la cama de Josefa. Semeja de estar en un santuario. Cerca de la estatua de la Virgen arde el cirio de la profesión. Lo Santo es depuesto sobre el altarino improviso, y en el silencio que la circunda con voz firme Josefa se acusa humildemente faltas de su vida religiosa, para tener el perdón de las madres y las hermanas. Entonces el Obispo se acerca y empieza el ruego de la unción de los Pacientes. Pero ya todo ha desaparecido a la mirada de la enferma. La Virgen y la Fundadora le aparecen de repente. Mientras las sagradas unciones continùan, y ella está presente a todas las ceremonias del Sacramento, no ve más que sus Madres del cielo absorto a revestirla de una tùnica blanca que los Ángeles han puesto en sus manos. ¡«Ves, pare mi le dice el Santa Fundadora lo que el Dios en su misericordia ha hecho por su pequeña novia, no por respeto a sus méritos, pero a los de Su santo Corazón! «Y ahora que eres revestida de esta tùnica mucho pura la Virgen continùa tu novio vendrá a darte el beso de paz y amor. Abandonados plenamente a él; en sus manos divinas estás en la más gran seguridad. Y él que te acompañará para conducirte a la eterna patria, y que te presentará a los habitantes del cielo!». El sagrado ritual es acabado. El Obispo le dirige entonces a Josefa alguna palabra llena de fervor y delicadeza. Pero ella se entera ni siquiera, inmersa como está en la profundidad del éxtasis que su exterior en cuanto en cuanto deja traslucir. El «Veni Creator», los ruegos litùrgicos con que la Iglesia bendice las insignias de la profesión, la cruz y el anillo, se suceden sin que Josefa salga de su concentración. Jesùs entonces, uniéndose a su Madre y a Santa Maddalena Sofìa le aparece, y es justo delante de estos tres celestes testigos que Josefa con voz firme contesta a las preguntas que el Celebrante dirige a la nueva profesa Sociedad del Sagrado Corazón, antes de reponerle la doble prenda de la eterna unión. ¿ Permitìs pues a coger a Jesùs Cristo por vuestro Novio? «Sì, Padre, consiente de todo corazón!». «Recibìs pues este anillo como señal de la eterna unión que están a punto de apretar con él». Luego entregándole la pequeña cruz de plata que brillará sobre su pecho: «Recibìs, mi hija, esta alhaja prenda del amor de Jesùs Cristo y os recordadas que su novia volviéndose vosotros debéis de ahora en luego vivir en unión y conformidad con su divin Corazón. Vuestro Querido sea por vosotros como un fascetto de mirra: colócadlo sobre vuestro corazón en señal de amor y eterna unión». Entonces en el silencio que circunda aquella cama vuelta un altar, el Obispo se acerca elevando la sagrada Hostia, y Josefa lee a alta voz la fórmula de los votos perpetuos y hace la Comunión. La Virgen y el Santa Madre desaparecen saludándola asì: «Volveremos todo y dos para tomarte y conducirte en cielo!». Jesùs sólo queda!... «Josefa, por qué me quieres?». «Señor, porque eres bueno!». «Y Yo te quiero porque eres pobre y pequeña. Por tanto te he revestido de mis méritos y bañada con mi sangre para presentarte asì a mis electo del cielo. Tu pequeñez ha hecho sitio a mi tamaño... tu miseria y también tus culpas, a mi misericordia... ¡tu confianza a mi amor y a mi bondad! «Vienes, apoyados a mi Corazón y descansados en él, ya que eres mi novia. Pronto entrarás en esta morada para no dejarla más!». Josefa deja desbordar toda la su alma. Le expresa su felicidad y sobre todo su ardiente deseo que la bondad de su Corazón sea conocida hasta la extremidad de la tierra, porque no se conoce bastante la. «Sì, dices bien: ¡Yo soy bueno! Para comprenderlo no falta a las almas que una cosa: unión y vida interior. Si mis almas selectas vivieran más unidas a Mì, me conocerìan de más...». «Señor ingenuamente Josefa contesta es difìcil... porque tienen a veces mucho de hacer por Ti...». « Sì, lo sé, por tanto cuando se alejan le busco para acercarla a Mì. «He aquì cuál será nuestro trabajo en cielo: enseñar al las almas a vivir unidas a Mì, no como si Yo estuviera lejos de ellos, pero en ellos; ya que a través de la gracia viva en ellos. ¡«Si mis almas selectas viven tan unidas a Mì y me conocen realmente, cuanto bien podrán hacerles a muchas pobres almas que viven lejos de Mì y no me conocen! «Cuando mis almas selectas se unan estrechamente a mi Corazón, sabrán cuanto soy ofendido!... comprenderán mis sentimientos... Entonces me consolarán, arreglarán y, llenas de confianza en mi bondad, preguntarán perdón y conseguirán gracias por el mundo!...» Jesùs casi calla un instante para dejar a Josefa frente a estas magnìficas perspectivas de misericordia y salvación, luego retoma: «Josefa, por qué me quieres?». «Señor, porque eres bueno!». ¡«Y Yo te quiero porque eres pequeña y porque esta pequeñez tù me la has dado! He cuidado de ti con ternura!... te he custodiado con fidelidad!... No temas, surgirás pronto el dìa eterno. Adiós, arista en Mì!...». Y desaparece. Durante el divino coloquio la función tiene término: las religiosas, después de la salmodia del «Tù Deum» han cantado a una de las cantigas preferido por Josefa, los sacerdotes se han apartado. Solo Mons. Durfort ha quedado en ruego en aquella habitación, que parece el zaguán del cielo. Casi sesión en la cama, con los ojos cerrados, las manos que aprietan el Crucifijo con un gesto de indecible ardor, el rostro tranquilo y sonriente, Josefa todavìa está inmersa en el éxtasis... ¡Después de la haber bendecido el Prelado se aparta lleno de una conmoción que no logra esconder y las hermanas de hábito se dispersan poco a poco llevar el recuerdo de aquellos momentos de los que no tienen sin embargo penetrado todo el misterio! Las Madres solas todavìa la circundan de ruegos. Ahora transcurre otro cuarto de, luego Josefa vuelve sobre la tierra, en la alegrìa calma y radiante de este trato de cielo de que es iluminada la noche. La cruz y el anillo le quedan como prenda auténtica del cambio de amor que ha sido consagrado para siempre. De otra parte es bien sobre la cruz y a través de la cruz que tendrá que consumirse la ùltima oferta. Desde la noche que sigue las dolorosas crisis se renuevan, dejándola aparentemente falto de conocimiento bajo la agudeza del dolor. Sin embargo puede hacer la Comunión la mañana del jueves 13 de diciembre, y durante el agradecimiento Nuestro Dios le aparece enseñándole a Josefa, inmerso en la llama del Corazón divino, el corazón de ella que parece asì pequeño. «Tù sabes bien, Josefa, que lo he tomado, y con ello todos tus cariños: me lo confìas porque quiero lo que tù quieres y tendré cura de todo aquél que te es querido en tierra». Entonces ella le habla de la mamá, de las hermanas, de la Sociedad del Sagrado Corazón, de aquella casa y de las almas que le son queridas. Jesùs con infinita condescendencia contesta a todo, por lo tanto antes de dejarla: «Todavìa me esperas algùn dìa, Josefa!». Y haciendo alusión a la columbina. «Todavìa hace falta romper las uniones que retienen el ala, pero ahora ella es todo blanca!». Y desaparece. Esta alusión la conforta entre los sufrimientos que recomenzan más agudas en la mañana. La alegrìa del cielo las supera todo y Josefa besa en el Crucifijo aquella mano de Jesùs que, como ella dice ingenuamente, «cortará la unión y liberará al final el palomita». La comunidad que no ha podido manifestarle su unión después de la ceremonia de la vìspera es invitada a visitarla largo el dìa. Las hermanas de hábito se suceden a pequeños grupos, y todas salen encantados por aquellos breves momentos. Han conocido poca Josefa que la observancia y el trabajo siempre han envuelto de sombra y de silencio, y hoy la descubren asì simple y feliz que el acercarla hace bien. ¡El reino de Dios irradia y le trasluce en ella! En ciertos momentos no sabe contener su felicidad y cuando queda sola con sus Madres deja difundir su alma sin moderación. Son entonces saltos de amor y fervor que son recogidos a su insaputa, y que revelan la profundidad de su vida y su sencillez de niña. Citamos algunas expresiones: «Jesùs me espera... estoy lista a partir. Soy a la estación... sobre la acera... el billete ya es tomado... los equipajes son registrados... son los méritos de su Corazón!... «Sé adonde voy... no temo para nada, no deseo nada... he dado todo!». Y acordándose de la columbina escribe a lápiz este «versitos», como los llama, donde filtra el frescor y la poesìa de su el alma: «Pobre colum